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La Celestina. Tragicomedia de Calixto y Melibea

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La loca pasión por Melibea , hija de un rico mercader, lleva al joven Calisto a romper todas las barreras y a aliarse con una vieja alcahueta. Desde el momento en que entra en escena, Celestina avasalla toda la obra hasta convertirse en un personaje literario de fama universal / Celestina was published in 1499 and became Spain's first-ever bestseller. Readers thrilled to the salty character of Celestina and her world of prostitutes and black magic even as they mourned the fate of Calisto and Melibea, the young lovers she unites using her wiles as a seller of perfumes and potions. Fernando de Rojas's exhilarating mix of street wit, obscenity, and cultured rhetoric mark Celestina as a masterpiece: an original, explosive, genre-defying work that paved the way for the picaresque novel and for Cervantes.
Year:
1914
Publisher:
Espasa Calpe
Language:
spanish
File:
EPUB, 1.06 MB
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Christian Dogmatics

Year:
2011
Language:
english
File:
MOBI , 2.46 MB
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2

La Celestina. Tragicomedia de Calixto y Melibea

Year:
1914
Language:
spanish
File:
AZW3 , 1.19 MB
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	Fernando de Rojas





	La Celestina



	Tragicomedia de Calisto y Melibea





Fernando de Rojas, Tragicomedia de Calisto y Melibea, edición de Julio Cejador y Frauca, Madrid, 1913, Espasa Calpe.

	Introducción: Patrizia Botta, La Celestina, en C. Alvar, J. M. Lucía Megías (eds.), Diccionario filológico de literatura medieval española: textos y transmisión, Madrid, Castalia, 2002.

	Edición digital y maquetación: SnrB 2019





	Manuscrito de Palacio (fol. 93v)





Introducción, por Patrizia Botta



	La Celestina (=LC) aparece vinculada al ambiente cultural de la Salamanca de fines del XV, siendo impresa por primera vez hacia 1499. Su composición debe ser algo anterior aunque no vaya demasiado atrás (se especuló sobre una posible alusión a la toma de Granada). El Auto I podría retro-datar su fecha si se acreditara en las declaraciones del autor, que nos lo da como inacabado y ajeno, por tanto anterior, y más tarde insinúa que pudo ser de Mena o en todo caso de un autor que en el año de 1500 ya murió (cfr. Coplas Acrósticas, estr. 9, v. 7).

	La cuestión de la autoría ha suscitado polémicas y varias posturas críticas y nace de las declaraciones prologales que se hacen en la misma obra, que de hecho apuntan a una pluralidad de autores: mejor dicho, LC por primera vez sale anónima (Mp y B, cfr. siglas infra) y luego más tarde van apareciendo nombres, no ya en los títulos de las portadas o del viejo incipit (=Síguese) sino diseminados en los epígrafes (Proaza, autor de sus octavas), en los Acrósticos (Rojas, autor de los Autos II-XVI), en un retoque posterior del primer Prólogo y de los Acrósticos (Mena o Cota, autores del Auto I, antes anónimo), y siguiendo aún, en el segundo Prólogo (los «impressores», autores de los Argumentos -que en algunos testimonios no van y en otros se añaden), nuevamente en el segundo Prólogo donde también se habla de una «nueva adición» autorial (implícitamente, Rojas otra vez, padre de cinco actos nuevos, con sus Argumentos -cuya autoría se calla), y más tarde aun, una vez más e; n los epígrafes (Proaza, que retoca y completa sus estrofas), y en el subtítulo de una las seriores (Sanabria, autor del Auto de Traso, 1526). Por tanto, se va de un acto suelto originario, según se nos declara, a un texto en 16, a otro en 21 (el que se afirma en la tradición siguiente), y a otro más en 22, y por otra parte con materiales prologales y finales que también se añaden o se modifican en las distintas etapas primitivas.

	La crítica a este respecto ha discutido sobre todo en lo que atañe a la autoría de las partes dramáticas (Autos I-XXI, divididos según su historia redaccional en A =Auto I, B =Autos II-XVI y C =interpolaciones), y menos, paradójicamente, sobre quién compuso aquellas partes donde habla el autor (Preliminares y Finales), considerando todos unánimemente el Auto de Traso espurio y fuera de discusión. Las polémicas se han dado entre unitarios y divisionistas, llegando estos últimos a atomizar aún más la atribución (un tercer autor para la parte C, o hasta un «taller» de literatos a la obra, como supuso Lida), siendo mayoritarios en los últimos años quienes creen en dos autores, según declara Rojas, y minoritarios, y mucho más recientes1, quienes se desentienden de las declaraciones dándoles el valor que pudo tener el Cide Hamete Benengeli de Cervantes, y vuelven a plantear la fuerte unidad de composición de LC (por la que yo misma me inclino tras la experiencia de estudiar la redacción de sus albores: Botta, 1997).

	En cuanto a su génesis, como en parte ya se ha visto, la obra se nos presenta de varias formas y con distintos títulos a lo largo de su historia. Según un reciente hallazgo de un fragmento manuscrito, Mp (Faulhaber 1990, 1991, 1993), no autógrafo sino copia descuidada (Botta 1993), parece que el texto circulara en una versión primera que pudo retocarse y unificarse para la imprenta (Botta 1997). Esta versión no llevaba aún los Preliminares ni tampoco los Argumentos de cada Auto, y arrancaba con el incipit (o título de la fase manuscrita que ya rezaba: Comedia de Calisto y Melibea), seguido por el Argumento General de toda la obra y por el arranque del Auto I para arriba (aunque la pérdida de cuadernos en Mp nos dé tan solo la mitad del Auto I). A seguir, en la fase impresa, según B, su primer testimonio conservado, tenemos un texto pulido y renovado respecto al fragmento de Mp, y que luego continúa hasta el final y nos entrega una obra completa en 16 actos, dotado cada uno de su Argumento. No lleva portada, y ni siquiera el incipit, por faltarle la primera hoja, y no sabemos si se llamaría Comedia. El título impreso Comedia de Calisto y Melibea aparece por primera vez en 1500 en la portada del testimonio C, dotado también de incipit (que repite el título), de Preliminares (una carta dedicatoria del autor «a un su amigo» seguida por unos «metros»: 11 octavas acrósticas), y de Finales (6 octavas de Alonso de Proaza). El texto dramático sufre pequeños retoques y el editor de C añade libremente algunas frases. Comparte esos materiales liminares y retoques otra ed. de 1501, D, pero sin las adiciones singulares de C y acudiendo por su parte, para pequeñeces, al texto en 21 actos ya salido (contaminando por tanto con la nueva redacción: Lobera 1998). Ya en 1500, según sabemos por un colofón del que se copiaba una ed. de 1514, P, debía de haber aparecido la versión en 21 actos, titulada Tragicomedia de Calisto y Melibea, que amén de los cinco actos nuevos (introducidos en la mitad del Auto XIV y que reciben el nombre de Tratado de Centurio), es portadora de profundas modificaciones al viejo texto que consisten en largas interpolaciones (marcadas con cursivas modernamente), junto con la supresión de algunas frases y con el retoque de unas cuantas otras. Todo ello configura lo que suele llamarse «la segunda redacción» de Rojas. Lo que sigue es ya historia posterior, no autorial sino editorial: al texto de LC se le aplican numerosos reajustes, retoques, normalizaciones estilísticas, modernizaciones de arcaísmos léxicos, correcciones por conjetura, desplazamientos de párrafos que no iban en su lugar, integración de proverbios dejados truncados por el autor, adición de un Reparto, cambio de título (Libro de Calisto y Melibea y de la puta vieja Celestina, y por último La Celestina) y cuantas libertades más se podía tomar un editor del siglo XVI al preparar una edición destinada a la venta del gran público, llegando a añadirle incluso un Auto entero (Traso) del mismo tenor del Tratado de Centurio y en plena sintonía con el género de la celestinesca que ya empezaba a estrenar las «continuaciones» o «segundas partes» de LC. Como se ve, un texto cuya génesis, cuya historia editorial primitiva, y cuyas nieblas de semi-anonimato y de declarado colectivismo en las paternidades autorizaban quienquiera a meterle manos y a apropiársela al editarla para el público, invirtiendo en el gran business de su venta: porque las ediciones de LC, según sabemos, se contaban por centenares entre 1499 y 1640, un caso anormal de transmisión textual y un caso único en la literatura medieval y renacentista, un verdadero best-seller que se imprimió y vendió por toda Europa y tuvo gran resonancia ya a principios del siglo XVI.

	Si se ha hablado de unas 200 ediciones antiguas de la obra, hay que habérselas con lo concreto del número efectivo de testimonios conservados, menos de la mitad, y formado por varias copias del texto castellano y, por tradición indirecta, por un buen número de traducciones a las principales lenguas europeas (una temprana al italiano de 1506, dos alemanas de 1520 y 1534, tres francesas de 1527, 1578 y 1633, tres inglesas de ca.1530, 1598 y 1631, una holandesa de 1550, y una latina de 1624). Frente al éxito de la obra son inmediatas también las imitaciones (con el abundante género de la celestinesca), las refundiciones poéticas (un romance anónimo de principios del XVI, una Égloga de Urrea de 1513 que refunde el Auto I y una versión poética del texto entero debida a Sedeño en 1540), como abundantes también son las noticias de su lectura en público y de citas de la obra a lo largo del Siglo de Oro.

	Testimonios manuscritos

	Por lo que hace a los testimonios del texto castellano, de tradición directa, tenemos sólo dos manuscritos:

	Mp Real Biblioteca (Madrid): ms. II-1520 (olim 2.A.4)

	LC comentada Biblioteca Nacional (Madrid): ms. 17.631

	Descripciones

	(1) Mp: códice facticio de finales del siglo XV o principios del XVI; consta en la actualidad de I+106+I folios (184 x 136 mm.), en papel. Ha transmitido las siguientes obras:

	ff. 1r-92r: Juan de Lucena, Diálogo «De vita beata»

	f. 93r: [Glosa al romance «Rey que no hace justicia»]

	ff. 93v-100v: La Celestina

	ff. 101r-106r: [Sermón en alabanza de los Reyes Católicos por la conquista de Granada]

	El texto trasladado de La Celestina (¿de principios del XVI?) es antiguo y portador de una redacción distinta, según ya se dijo, y llega hasta la mitad del Auto I, arrancando con el Síguese. Se remite para la descripción del ms. a Faulhaber 1990, para la confección codicológica y modalidades de copia a Botta 1993, y para la historia del códice a Michael 1991 y a Conde 1992, reseñados en Conde 1997 y Conde en prensa.

	(2) LC comentada: códice de hacia 1560; consta de 221 folios, copiado por un anónimo anotador quizás jurista. Su mayor interés radica no tanto en el texto que transmite (acogiendo, por ejemplo, el Auto de Traso) sino en el comentario que lleva al margen, o al pie, y que apunta casi exclusivamente a fuentes (por lo que ha sido muy visitado en nuestro siglo por quienes abordaban las citas puntuales o ecos en LC de tal o cual autor). Para su descripción y contenido se remite a la bibliografía ya publicada sobre el tema.

	Por su parte, el texto impreso se ha conservado en los siguientes incunables y ediciones quinientistas (para los que se remite a las descripciones detalladas de Penney 1954, Norton 1978 y demás trabajos bibliográficos):

	Comedia

	 		 			 B

			 Burgos, Fadrique de Basilea, 1499



		 			 C

			 Toledo, Pedro Hagembach, 1500



		 			 D

			 Sevilla, Stanislao Polono, 1501



	 	Tragicomedia

	 		 			 N

			 Roma, Eucharius Silber, 1506 (traducción italiana)



		 			 Z

			 Zaragoza, Jorge Coci, 1507



		 			 H

			 Toledo 1502 (=Toledo, Pedro Hagenbach, 1510-14)



		 			 I

			 Sevilla 1502 (=Sevilla, Jacobo Cromberger, 1511)



		 			 K

			 Sevilla 1502 (=Sevilla, Jacobo Cromberger, 1513-15)



		 			 P

			 Valencia, Juan Joffré, 1514



		 			 J

			 Sevilla 1502 (=Roma, Marcellus Silber, 1515-16)



		 			 U

			 Valencia, Juan Joffré, 1518



		 			 L

			 Sevilla 1502 (=Sevilla, Jacobo Cromberger, 1518)



		 			 M

			 Salamanca 1502 (=Roma, Antonio de Salamanca, 1520)





	 		 			 Sev-23

			 Sevilla (=Venecia), Juan Batista Pedrezano, 1523



		 			 Sev-25

			 Sevilla, Jacobo y Juan Cromberger, 1525



		 			 Bar-25

			 Barcelona, Carles Amorós, 1525



		 			 Tol-26

			 Toledo, Remón de Petras, 1526



		 			 s.i.t.

			 [s.i.t.], [Valladolid, Nicolás Tierry, h.1526-1540]



		 			 Sev-28

			 Sevilla, Jacobo y Juan Cromberger, 1528



		 			 V

			 Valencia, Juan Viñao, 1529



		 			 Med-ca.30

			 Medina del Campo, [s.i.], [ca.1530]



		 			 Bur-31

			 Burgos, Juan de Junta, 1531



		 			 Ven-31

			 Venecia, Juan Batista Pedrezano, 1531



		 			 Bar-31

			 Barcelona, Carles Amorós, 1531



		 			 Ven-34

			 Venecia, Estephano da Sabio, 1534



		 			 Sev-35

			 Sevilla, Juan Cromberger, 1535



		 			 Bur-36

			 Burgos, Juan de Junta, 1536



		 			 Sev-36

			 Sevilla, Domenico de Robertis, 1536



		 			 Ven-36

			 Venecia, Estephano da Sabio, 1536 (+II.ª Celestina)



		 			 Tol-38

			 Toledo, Juan de Ayala, 1538



		 			 Amb-39

			 Amberes, Guillome Montano, 1539



		 			 Sal-40

			 Salamanca, Pedro de Castro, 1540 (=Sedeño)



		 			 Lis-40

			 Lisboa, Luis Rodríguez, 1540



		 			 Sal-43

			 Salamanca, Juan de Junta, 1543



		 			 Amb-ca.44

			 Amberes, Martín Nucio, [s.a.], [ca.1544]



		 			 Amb-45

			 Amberes, Martín Nucio, 1545



		 			 Zar-45

			 Zaragoza, Diego Hernández, 1545



		 			 Zar-45

			 Zaragoza, Jorge Coci, 1545



		 			 Sev-50

			 Sevilla, Jacome Cromberger, 1550



		 			 Ven-53

			 Venecia, Gabriel Giolito de Ferrariis, 1553



		 			 Zar-55

			 Zaragoza, Agustín Millán, 1555



		 			 Ven-56

			 Venecia, Gabriel Giolito de Ferrariis, 1556 (colofón 1553)



		 			 Est-57

			 Estella, Adrián de Anvers, 1557



		 			 Amb-58

			 Amberes, viuda de Martín Nucio, 1558



		 			 Est-60

			 Estella, Adrián de Anvers, 1560



		 			 Cue-61

			 Cuenca, Juan de Cánova, 1561



		 			 Bar-61

			 Barcelona, Claudi Bornat, 1561



		 			 Vall-61-62

			 Valladolid, Francisco Fernández de Córdoba, 1561-1562



		 			 Sev-62

			 Sevilla, Sebastián Trugillo, 1562



		 			 Alc-63

			 Alcalá de Henares, Francisco Cormellas, 1563



		 			 Med-63

			 Medina del Campo, Francisco del Canto, 1563



		 			 Med-66

			 Medina del Campo, Francisco del Canto, 1566



		 			 Amb-68

			 Amberes, Philippo Nucio, 1568



		 			 Mad-69

			 Madrid, Pierres Cosin, 1569



		 			 Alc-69

			 Alcalá de Henares, Juan de Villanueva, 1569



		 			 Sal-69

			 Salamanca, Mathias Mares, 1569



		 			 Sal-70

			 Salamanca, Mathias Gast, 1570



		 			 Tol-73

			 Toledo, Francisco de Guzmán, 1573



		 			 Alc-75

			 Alcalá de Henares, Juan de Lequerica, 1575



		 			 Val-75

			 Valencia, Juan Navarro, 1575



		 			 Sev-75

			 Sevilla, Alonso Picardo, 1575



		 			 Sal-75

			 Salamanca, Álvaro Ursino de Portonariis, 1575



		 			 Sal-77

			 Salamanca, Pedro Lasso, 1577



		 			 Sev-82

			 Sevilla, Alonso de la Barrera, 1582



		 			 Med-82

			 Medina del Campo, Francisco del Canto, 1582



		 			 Bar-85

			 Barcelona, Hubert Gotart, 1585



		 			 Alc-86

			 Alcalá de Henares, Juan Gracián, 1586



		 			 Sal-90

			 Salamanca, Juan y Andrés Renaut, 1590



		 			 Alc-91

			 Alcalá de Henares, Fernando Ramírez, 1591



		 			 Lei-91

			 Leiden? Amberes?, Oficina Plantiniana, 1591



		 			 Tarr-95

			 Tarragona, Felipe Roberto, 1595



		 			 Lei-95

			 Leiden?, Oficina Plantiniana, 1595



		 			 Sev-96

			 Sevilla, Fernando de Lara, 1596



		 			 Lei-99

			 Leiden?, Oficina Plantiniana, 1599



		 			 Mad-601

			 Madrid, Andrés Sánchez, 1601



		 			 Zar-607

			 Zaragoza, Carlos de Labayen, 1607



		 			 Mad-619

			 Madrid, Juan de la Cuesta, 1619



		 			 Mil-622

			 Milán, Juan Baptista Bidelo, 1622



		 			 Mad-632

			 Madrid, viuda de Alonso Martín, 1632



		 			 Pam-633

			 Pamplona, Carlos Labayen, 1633 (bilingüe español-francés)



		 			 Rou-633

			 Rouen, Charles Osmont, 1633 (bilingüe español-francés)



		 			 Rou-633-4

			 Rouen, Charles Osmont, 1633-1634 (bilingüe español-francés)



		 			 Rou-644

			 Rouen, Charles Osmont, 1644 (bilingüe español-francés)





	◊ ◊ ◊ ◊ ◊





	Como se ve, el libro, gran clásico de la literatura española, y quizá el más importante del periodo que abarcamos, fue seguramente el que tuvo en la época el más alto séquito de público y éxito incluso comercial, un verdadero best-seller como ya dijimos. Quizás por ello mismo presenta una tradición textual corrupta en muchos puntos y de todas formas colosal y ardua en su inmensa materialidad, con dificultades incluso prácticas en localizar y aunar todos los testimonios conservados. Otros problemas son el ser su transmisión mayoritariamente impresa (para lo cual disponemos de menos instrumentos teóricos crítico-textuales con que abordarla adecuadamente), un caudal oceánico de variantes entre los testimonios, sea de copia sea variantes de redacción, autoriales y editoriales, con un texto que va creciendo a medida que aparecen las ediciones, un texto movedizo que cambia entre su fase manuscrita y la fase impresa de sus primeros incunables, y que aun sigue creciendo o «moviéndose» en transformaciones en las ediciones que aparecen a los pocos años o en las seriores, sin que sepamos, exactamente, a quién atribuir cada caso, cada cambio.

	Varios fueron los estudiosos que trataron de establecer relaciones de parentesco entre los testimonios o que apuntaron qué camino seguir para la edición crítica de la obra. Los únicos que propusieron stemmata tras una labor personal de collatio material del texto fueron Herriott 1964 y Marciales 1985 para la Tragicomedia, y Rank 1978 para la Comedia, los dos últimos también llevando a cabo una edición. A Herriott se le indicaron varias objeciones (Ferreccio Podestà 1965, Whinnom 1966, Brault 1968, cfr. Scoles 1975), pero basadas en los materiales que él mismo ofrecía. A Marciales (tras una acogida calurosa) y a Rank se le pusieron reparos que venían de un nuevo examen de los originales que llevaba a trazar un stemma muy distinto (Scoles/Botta/Lobera [1989] 1994). A partir de esa fecha la labor crítica se ha ido concentrando en nuevos rumbos (Botta 1992, 1995, 1996, 1997, y Lobera 1993, 1996, 1998) y en los últimos años gran espacio se le ha dedicado a Mp por las novedades redaccionales que traía (para una relación detallada de todas las intervenciones cfr. Conde 1997 y ahora Conde, en prensa), mientras últimamente acaba de llamar la atención el hallazgo de un ejemplar completo de Preliminares del primer testimonio en 21 actos, el ya citado Z toledano. Y en todos estos años ha sido incansable la labor sobre lecturas difíciles y estudios de variantes, que ayudan inmensamente en la reconstrucción del texto crítico, junto con las concordancias que nos dan el usus scribendi imprescindible a la hora de decidir entre una variante y otra, o de corregir por conjetura.

	El nuevo examen de las primitivas, extendido a la tradición editorial posterior, ha demostrado la existencia de un arquetipo (w) responsable de los errores comunes a todos los testimonios. Luego la tradición impresa se desarrolla en dos vías distintas, una para la fase primitiva de la Comedia, con sus lectiones características y su propio nivel de redacción (parte alta del stemma con subarquetipo en w16, y en s16 para los tres impresos), y otra para la fase posterior de la Tragicomedia o segunda redacción, mayoritaria en la fortuna editorial siguiente (parte baja con subarquetipo en s21). Lo que sigue después es la rama baja de la tradición, con innovaciones y libertades que se toman en la imprenta (nuevos errores y retoques de redacción) que se originan en cada uno de los nudos (y1 a y7) de los que depende un cierto número de testimonios (por ejemplo, un error que se forma en y5 pasará, si no es corregido por conjetura, a todas sus ediciones derivadas I J K L M, y otro que se produce en y7 sólo constará en L M). Pero también libertades se habían tomado, como se ha visto, los editores de la Comedia primitiva, C y D. Privilegiados por altura en el stemma, por no contener los nuevos errores que luego se forman en la tradición siguiente, son B para la Comedia y Z para la Tragicomedia, cada uno más cercano a su propio subarquetipo, w16 y w21. Sin embargo no han dejado descendencia (por lo que nos consta) y permanecen como testimonios aislados del turbillón de innovaciones de la tradición siguiente. El texto que se establece e impone en el más avanzado siglo XVI (digamos la vulgata), no es el primitivo y autorial transmitido por B y Z, sino el otro, retocado y modificado, de la parte más baja del stemma: la de las innovaciones (crombergerianas) que nacen en y6 y que se reimprimen, con nuevos retoques, a lo largo de toda la centuria. Todas estas relaciones de los testimonios primitivos pueden representarse con el siguiente árbol genealógico:



	Apéndice

	Ejemplares conservados de los testimonios impresos

	1. Burgos, Fadrique de Basilea, 1499: Hispanic Society of America (Nueva York).

	2. Toledo, Pedro Hagenbach, 1500: Biblioteca Bodmeriana (Ginebra).

	3. Sevilla, Stanislao Polono, 1501: Bibliothèque Nationale de France (París): Rés.Yg.63 (olim y.6310).

	4. Roma, Eueharius Silber, 1506 (traducción italiana): British Library (Londres): C.62b.17; Biblioteca Marciana (Venecia): Dramm.2988; Biblioteca Menéndez y Pelayo (Santander): R-V-9-13; University of Harvard (Cambridge).

	5. Zaragoza, Jorge Coci, 1507: Real Academia de la Historia (Madrid): Colección San Román Inc.37 (olim 2.7.2/3566); Biblioteca Cigarral del Carmen (Toledo).

	6. Toledo 1502 (=Toledo, sucesor de Pedro Hagembach, 1510-14): British Library (Londres): c.20.b.9.

	7. Sevilla 1502 (=Sevilla, Jacobo Cromberger, 1511): British Library (Londres): C.20.c.17.

	8. Sevilla 1502 (=Sevilla, Jacobo Cromberger, 1513-15): University of Michigan: PQ 6426 A1 1502.

	9. Valencia, Juan Joffre, 1514: Biblioteca Nacional (Madrid): R-4870.

	10. Sevilla 1502 (=Roma, Marcellus Silber, 1515-16): British Library (Londres): c.20.b.15; Public Library of Boston: XD.170B.9; Biblioteca Zalbálburu (Madrid); Biblioteca Nacional de Buenos Aires: FD-214 (R 705).

	11. Valencia, Juan Joffre, 1518: British Library (Londres): c.64.d.4.

	12. Sevilla 1502 (=Sevilla, Jacobo Cromberger, 1518): Biblioteca Nacional (Madrid): R-26.575(4).

	13. Salamanca 1502 (=Roma, Antonio de Salamanca, 1520): Hispanic Society of America (Nueva York); British Library (Londres): G.10224.

	14. Sevilla (=Venecia), Juan Batista Pedrezano, 1523: Hispanic Society of America (Nueva York); Österreichische Nationalbibliothek (Viena): BK 38.B.234; Library of Congress (Washington).

	15. Sevilla, Jacobo y Juan Cromberger, 1525: British Library (Londres): G.10223.

	16. Barcelona, Caries Amorós, 1525: Biblioteca de Catalunya (Barcelona): Bon.7.III.28.

	17. Toledo, Remón de Petras, 1526: British Library (Londres): C.63.c.24.

	18. [s.i.t.], [Valladolid, Nicolás Tierry, h. 1526-1540]: Biblioteca Pública (Leningrado): 6.20.4.24.

	19. Sevilla, Jacobo y Juan Cromberger, 1528: Hispanic Society of America (Nueva York); Biblioteca Nacional (Madrid): R-30.275.

	20. Valencia, Juan Viñao, 1529: British Library (Londres): c.63.f.25, 11725b.

	21. Medina del Campo, [s.i.], [ca.1530]: Biblioteca Nacional (Madrid): R-3801.

	22. Burgos, Juan de Junta, 1531: Biblioteca de Catalunya (Barcelona): Res. 1522-12º.

	23. Venecia, Juan Batista Pedrezano, 1531: Biblioteca Nacional (Madrid): R-12.435.

	24. Barcelona, Caries Amorós, 1531: Österreichische Nationalbibliothek (Viena): BK 622.185-B-th.

	25. Venecia, Estephano da Sabio, 1534: Hispanic Society of America (Nueva York); Biblioteca Nacional (Madrid): R-2877; Public Library of Boston: XG.3356.12.

	26. Sevilla, Juan Cromberger, 1535: Biblioteca Trivulziana (Milán): H.3579.

	27. Burgos, Juan de Junta, 1536: Biblioteca de Catalunya (Barcelona): Esp.65-8º.

	28. Sevilla, Domenico de Robertis, 1536: Bayerische Staatsbibliothek (Munich): P.o.hisp.62y.

	29. Venecia, Estephano da Sabio, 1536 (+II.ª Celestina): Bayerische Staatsbibliothek (Munich): p.o.hisp.195.

	30. Toledo, Juan de Ayala, 1538: Hispanic Society of America (Nueva York); Biblioteca Nacional (Madrid): R-4423

	31. Amberes, Guillome Montano, 1539: Hispanic Society of America (Nueva York); Real Academia de la Historia (Madrid); Public Library of Boston: D.178.24.

	32. Salamanca, Pedro de Castro, 1540 (=Sedeño): Hispanic Society (Nueva York); Biblioteca Nacional (Madrid): R-9683.

	33. Lisboa, Luis Rodríguez, 1540: British Library (Londres): C.20b.13.

	34. Salamanca, Juan de Junta, 1543: Biblioteca Lambert Mata (Ripoll).

	35. Amberes, Martín Nucio, [s.a.], [ca.1544]: Hispanic Society of America (Nueva York); Biblioteca Nacional (Madrid): R-3340.

	36. Amberes, Martín Nucio, 1545: Hispanic Society of America (Nueva York).

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	46. Cuenca, Juan de Cánova, 1561: Biblioteca Jagiellonska (Cracovia): CIM.5689.

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	48. Valladolid, Francisco Fernández de Córdoba, 1561-1562: Biblioteca Nacional (Madrid): R30.464.

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Tragicomedia de Calisto y Melibea





	Tragicomedia de Calisto y Melibea, Juan Jofre, Valencia, 1514





	El autor a vn su amigo

	Suelen los que de sus tierras absentes se hallan considerar de qué cosa aquel lugar donde parten mayor inopia o falta padezca, para con la tal seruir a los conterráneos, de quien en algún tiempo beneficio recebido tienen e, viendo que legítima obligación a inuestigar lo semejante me compelia para pagar las muchas mercedes de vuestra libre liberalidad recebidas, assaz vezes retraydo en mi cámara, acostado sobre mi propia mano, echando mis sentidos por ventores e mi juyzio a bolar, me venia a la memoria, no sólo la necessidad que nuestra común patria tiene de la presente obra, por la muchedumbre de galanes e enamorados mancebos que possee, pero aun en particular vuestra misma persona, cuya juventud de amor ser presa se me representa auer visto y dél cruelmente lastimada, a causa de le faltar defensivas armas para resistir sus fuegos, las quales hallé esculpidas en estos papeles; no fabricadas en las grandes herrerías de Milán, mas en los claros ingenios de doctos varones castellanos formadas. E como mirasse su primor, sotil artificio, su fuerte e claro metal, su modo e manera de lauor, su estilo elegante, jamás en nuestra castellana lengua visto ni oydo, leylo tres o quatro vezes. E tantas quantas más lo leya, tanta más necessidad me ponía de releerlo, e tanto más me agradaua, y en su processo nueuas sentencias sentía. Vi, no sólo ser dulce en su principal hystoria, o fición toda junta; pero avn de algunas sus particularidades salían deleytables fontezicas de filosofía, de otros agradables donayres, de otros auisos e consejos contra lisonjeros e malos siruientes, e falsas mugeres hechiceras. Vi que no tenía su firma del auctor, el qual, según algunos dizen, fue Juan de Mena, e según otros, Rodrigo Cota; pero quien quier que fuesse, es digno de recordable memoria por la sotil inuención, por la gran copia de sentencias entrexeridas, que so color de donayres tiene. ¡Gran filósofo era! E pues él con temor de detractores e nocibles lenguas, más aparejadas a reprehender que a saber inuentar, quiso celar e encubrir su nombre, no me culpeys, si en el fin baxo que lo pongo, no espressare el mío. Mayormente que, siendo jurista yo, avnque obra discreta, es agena de mi facultad e quien lo supiesse diría que no por recreación de mi principal estudio, del qual yo más me precio, como es la verdad, lo hiziesse, antes distraydo de los derechos, en esta nueua labor me entremetiesse. Pero avnque no acierten, sería pago de mi osadía. Assimesmo pensarían que no quinze días de vnas vacaciones, mientra mis socios en sus tierras, en acabarlo me detuuiesse, como es lo cierto; pero avn más tiempo e menos acepto. Para desculpa de lo qual todo, no solo a vos, pero a quantos lo leyeren, offrezco los siguientes metros. E porque conozcays dónde comiençan mis maldoladas razones, acordé que todo lo del antiguo auctor fuesse sin diuisión en vn aucto o cena incluso, hasta el segundo aucto, donde dize: «Hermanos míos.», etc. Uale.



	El autor, escusándose de su yerro en esta obra que escrivió, contra sí arguye e compara



	El silencio escuda e suele encubrir

	La falta de ingenio e torpeza de lenguas;

	Blasón que es contrario, publica sus menguas

	A quien mucho habla sin mucho sentir.

	Como hormiga que dexa de yr,

	Holgando por tierra, con la prouisión:

	Jactose con alas de su perdición:

	Lleuáronla en alto, no sabe dónde yr.





	Prosigue



	El ayre gozando ageno y estraño,

	Rapina es ya hecha de aues que buelan

	Fuertes más que ella, por ceuo la llieuan:

	En las nueuas alas estaua su daño.

	Razón es que aplique a mi pluma este engaño,

	No despreciando a los que me arguyen

	Assí, que a mí mismo mis alas destruyen,

	Nublosas e flacas, nascidas de ogaño.





	Prosigue



	Donde esta gozar pensaua bolando

	O yo de screuir cobrar mas honor

	Del vno y del otro nasció disfauor:

	Ella es comida e a mí están cortando

	Reproches, reuistas e tachas. Callando

	Obstara, e los daños de inuidia e murmuros

	Insisto remando, e los puertos seguros

	Atrás quedan todos ya quanto más ando.





	Prosigue



	Si bien quereys ver mi limpio motiuo,

	A quál se endereça de aquestos estremos,

	Con quál participa, quién rige sus remos,

	Apollo, Diana o Cupido altiuo,

	Buscad bien el fin de aquesto que escriuo,

	O del principio leed su argumento:

	Leeldo, vereys que, avnque dulce cuento,

	Amantes, que os muestra salir de catiuo.



	Comparación



	Como el doliente que píldora amarga

	O la recela, o no puede tragar,

	Métela dentro del dulce manjar;

	Engáñase el gusto, la salud se alarga:

	Desta manera mi pluma se embarga,

	Imponiendo dichos lasciuos, rientes,

	Atrae los oydos de penadas gentes:

	De grado escarmientan e arrojan su carga.





	Buelve a su propósito



	Estando cercado de dubdas e antojos,

	Compuse tal fin que el principio desata;

	Acordé dorar con oro de lata

	Lo más fino tibar que vi con mis ojos

	Y encima de rosas sembrar mill abrojos.

	Suplico, pues, suplan discretos mi falta.

	Teman grosseros y en obra tan alta

	O vean e callen o no den enojos.





	Prosigue dando razones por que se mouió a acabar esta obra



	Yo vi en Salamanca la obra presente:

	Mouime acabarla por estas razones:

	Es la primera, que estó en vacaciones,

	La otra imitar la persona prudente;

	Y es la final, ver la más gente

	Buelta e mezclada en vicios de amor.

	Estos amantes les pornán temor

	A fiar de alcahueta, ni falso siruiente.





	E assí que esta obra en el proceder

	Fue tanto breue, quanto muy sotil,

	Vi que portaua sentencias dos mill

	En forro de gracias, labor de plazer.

	No hizo Dédalo cierto a mi ver

	Alguna más prima entretalladura,

	Si fin diera en esta su propia escriptura

	Cota o Mena con su gran saber.



	Jamás yo no vide en lengua romana,

	Después que me acuerdo, ni nadie la vido,

	Obra de estilo tan alto e sobido

	En tusca, ni griega, ni en castellana.

	No trae sentencia, de donde no mana

	Loable a su auctor y eterna memoria,

	Al qual Jesucristo resciba en su gloria

	Por su passión santa, que a todos nos sana.





	Amonesta a los que aman que siruan a Dios y dexen las malas cogitaciones e vicios de amor



	Uos, los que amays, tomad este enxemplo,

	Este fino arnés con que os defendays:

	Bolued ya las riendas, porque no os perdays;

	Load siempre a Dios visitando su templo.

	Andad sobre auiso; no seays d'exemplo

	De muertos e biuos y propios culpados:

	Estando en el mundo yazeys sepultados.

	Muy gran dolor siento quando esto contemplo.



	Fin



	O damas, matronas, mancebos, casados,

	Notad bien la vida que aquestos hizieron,

	Tened por espejo su fin qual ouieron:



	A otro que amores dad vuestros cuydados,

	Limpiad ya los ojos, los ciegos errados,

	Virtudes sembrando con casto biuir,

	A todo correr deueys de huyr,

	No os lance Cupido sus tiros dorados.





Prólogo

	Todas las cosas ser criadas a manera de contienda o batalla, dize aquel gran sabio Eráclito en este modo: «Omnia secundum litem fiunt.» Sentencia a mi ver digna de perpetua y recordable memoria. E como sea cierto que toda palabra del hombre sciente está preñada, desta se puede dezir que de muy hinchada y llena quiere rebentar, echando de sí tan crescidos ramos y hojas, que del menor pimpollo se sacaría harto fruto entre personas discretas. Pero como mi pobre saber no baste a mas de roer sus secas cortezas de los dichos de aquellos, que por claror de sus ingenios merescieron ser aprouados, con lo poco que de allí alcançare, satisfaré al propósito deste perbreue prólogo. Hallé esta sentencia corroborada por aquel gran orador e poeta laureado, Francisco Petrarcha, diziendo: «Sine lite atque offensione nihil genuit natura parens»: Sin lid e offensión ninguna cosa engendró la natura, madre de todo. Dize más adelante: «Sic est enim, et sic propemodum universa testantur: rapido stellæ obviant firmamento; contraria inuicem elementa confligunt; terræ tremunt; maria fluctuant; aer quatitur; crepant flammæ; bellum immortale venti gerunt; tempora temporibus concertant; secum singula nobiscum omnia». Que quiere dezir: «En verdad assí es, e assí todas las cosas desto dan testimonio: las estrellas se encuentran en el arrebatado firmamento del cielo; los aduersos elementos vnos con otros rompen pelea, tremen las tierras, ondean los mares, el ayre se sacude, suenan las llamas, los vientos entre si traen perpetua guerra, los tiempos con tiempos contienden e litigan entre si, vno a vno e todos contra nosotros.» El verano vemos que nos aquexa con calor demasiado, el inuierno con frío y aspereza: assí que esto nos paresce reuolución temporal, esto con que nos sostenemos, esto con que nos criamos e biuimos, si comiença a ensoberuecerse más de lo acostumbrado, no es sino guerra. E quanto se ha de temer, manifiéstase por los grandes terromotos e toruellinos, por los naufragios y encendios, assí celestiales como terrenales; por la fuerça de los aguaduchos, por aquel bramar de truenos, por aquel temeroso ímpetu de rayos, aquellos cursos e recursos de las nuues, de cuyos abiertos mouimientos, para saber la secreta causa de que proceden, no es menor la dissension de los filósofos en las escuelas, que de las ondas en la mar. Pues entre los animales ningún género carece de guerra: pesces, fieras, aues, serpientes, de lo qual todo, vna especie a otra persigue. El león al lobo, el lobo la cabra, el perro la liebre e, si no paresciesse conseja de tras el fuego, yo llegaría más al cabo esta cuenta. El elefante, animal tan poderoso e fuerte, se espanta e huye de la vista de vn suziuelo ratón, e avn de solo oyrle toma gran temor. Entre las serpientes el basilisco crió la natura tan ponçoñoso e conquistador de todas las otras, que con su siluo las asombra e con su venida las ahuyenta e disparze, con su vista las mata. La bíuora, reptilia o serpiente enconada, al tiempo del concebir, por la boca de la hembra metida la cabeça del macho y ella con el gran dulçor apriétale tanto que le mata e, quedando preñada, el primer hijo rompe las yjares de la madre, por do todos salen y ella muerta queda y él quasi como vengador de la paterna muerte. ¿Que mayor lid, que mayor conquista ni guerra que engendrar en su cuerpo quien coma sus entrañas? Pues no menos dissensiones naturales creemos auer en los pescados; pues es cosa cierta gozar la mar de tantas formas de pesces, quantas la tierra y el ayre cría de aues e animalias e muchas más. Aristótiles e Plinio cuentan marauillas de un pequeño pece llamado Echeneis, quanto sea apta su propriedad para diuersos géneros de lides. Especialmente tiene vna, que si llega a vna nao o carraca, la detiene, que no se puede menear, avnque vaya muy rezio por las aguas; de lo qual haze Lucano mención, diziendo: Non puppim retinens, Euro tendente rudentes, In mediis Echeneis aquis. «No falta allí el pece dicho Echeneis, que detiene las fustas, quando el viento Euro estiende las cuerdas en medio de la mar». ¡O natural contienda, digna de admiración; poder más vn pequeño pece que vn gran nauío con toda su fuerça de los vientos! Pues si discurrimos por las aues e por sus menudas enemistades, bien affirmaremos ser todas las cosas criadas a manera de contienda. Las mas biuen de rapina, como halcones e águilas e gauilanes. Hasta los grosseros milanos insultan dentro en nuestras moradas los domésticos pollos e debaxo las alas de sus madres los vienen a caçar. De vna aue llamada rocho, que nace en el índico mar de Oriente, se dize ser de grandeza jamás oyda e que lleva sobre su pico fasta las nuues, no solo vn hombre o diez, pero vn nauío cargado de todas sus xarcias e gente. E como los míseros navegantes estén assí suspensos en el ayre, con el meneo de su buelo caen e reciben crueles muertes. ¿Pues qué diremos entre los hombres a quien todo lo sobredicho es subjeto? ¿Quién explanará sus guerras, sus enemistades, sus embidias, sus aceleramientos e mouimientos e descontentamientos? ¿Aquel mudar de trajes, aquel derribar e renouar edificios, e otros muchos affectos diuersos e variedades que desta nuestra flaca humanidad nos prouienen? E pues es antigua querella e uisitada de largos tiempos, no quiero marauillarme si esta presente obra ha seydo instrumento de lid o contienda a sus lectores para ponerlos en differencias, dando cada vno sentencia sobre ella a sabor de su voluntad. Unos dezían que era prolixa, otros breue, otros agradable, otros escura; de manera que cortarla a medida de tantas e tan differentes condiciones a solo Dios pertenesce. Mayormente pues ella con todas las otras cosas que al mundo son, van debaxo de la vandera desta notable sentencia: «que avn la mesma vida de los hombres, si bien lo miramos, desde la primera edad hasta que blanquean las canas, es batalla.» Los niños con los juegos, los moços con las letras, los mancebos con los deleytes, los viejos con mill especies de enfermedades pelean y estos papeles con todas las edades. La primera los borra e rompe, la segunda no los sabe bien leer, la tercera, que es la alegre juventud y mancebía, discorda. Vnos les roen los huessos que no tienen virtud, que es la hystoria toda junta, no aprouechándose de las particularidades, haziéndola cuenta de camino; otros pican los donayres y refranes comunes, loándolos con toda atención, dexando passar por alto lo que haze más al caso e vtilidad suya. Pero aquellos para cuyo verdadero plazer es todo, desechan el cuento de la hystoria para contar, coligen la suma para su prouecho, ríen lo donoso, las sentencias e dichos de philosophos guardan en su memoria para trasponer en lugares conuenibles a sus autos e propósitos. Assí que quando diez personas se juntaren a oyr esta comedia, en quien quepa esta differencia de condiciones, como suele acaescer, ¿quién negará que aya contienda en cosa que de tantas maneras se entienda? Que avn los impressores han dado sus punturas, poniendo rúbricas o sumarios al principio de cada aucto, narrando en breue lo que dentro contenía: vna cosa bien escusada según lo que los antiguos scriptores vsaron. Otros han litigado sobre el nombre, diziendo que no se auía de llamar comedia, pues acabaua en tristeza, sino que se llamase tragedia. El primer auctor quiso darle denominación del principio, que fue plazer, e llamóla comedia. Yo viendo estas discordias, entre estos extremos partí agora por medio la porfía, e llaméla tragicomedia. Assí que viendo estas contiendas, estos dissonos e varios juyzios, miré a donde la mayor parte acostaua, e hallé que querían que se alargasse en el processo de su deleyte destos amantes, sobre lo qual fuy muy importunado; de manera que acordé, avnque contra mi voluntad, meter segunda vez la pluma en tan estraña lauor e tan agena de mi facultad, hurtando algunos ratos a mi principal estudio, con otras horas destinadas para recreación, puesto que no han de faltar nueuos detractores a la nueua adición.





SÍGUESE la comedia o tragicomedia de Calisto y Melibea, compuesta en reprehensión de los locos enamorados, que, vencidos en su desordenado apetito, a sus amigas llaman e dizen ser su dios. Assí mesmo fecha en aviso de los engaños de las alcahuetas e malos e lisonjeros siruientes.



	ARGUMENTO



	Calisto fue de noble linaje, de claro ingenio, de gentil disposición, de linda crianza, dotado de muchas gracias, de estado mediano. Fue preso en el amor de Melibea, muger moza, muy generosa, de alta y sereníssima sangre, sublimada en próspero estado, una sola heredera a su padre Pleberio, y de su madre Alisa muy amada. Por solicitud del pungido Calisto, vencido el casto propósito de ella (entreueniendo Celestina, mala y astuta muger, con dos seruientes del vencido Calisto, engañados y por estar tornados desleales, presa su fidelidad con anzuelo de codicia y de deleyte), vinieron los amantes e los que les ministraron, en amargo y desastrado fin. Para comienzo de lo cual dispuso el aduersa fortuna lugar oportuno, donde a la presencia de Calisto se presentó la desseada Melibea.





INTRODÚCENSE en esta tragicomedia las personas siguientes



	CALISTO, mancebo enamorado.

MELIBEA, hija de PLEBERIO.

PLEBERIO, padre de MELIBEA.

ALISA, madre de MELIBEA.

CELESTINA, alcahueta.

PÁRMENO, criado de CALISTO.

SEMPRONIO, criado de CALISTO.

TRISTÁN, criado de CALISTO.

SOSIA, criado de CALISTO.

CRITO, putañero.

LUCRECIA, criada de PLEBERIO.

ELICIA, ramera.

AREUSA, ramera.

CENTURIO, rofián.





Aucto primero



	Argumento del primer auto desta comedia

	Entrando Calisto en una huerta empós de un falcón suyo, halló y a Melibea, de cuyo amor preso, començole de hablar. De la qual rigorosamente despedido, fue para su casa muy sangustiado. Habló con vn criado suyo llamado Sempronio, el qual, después de muchas razones, le endereçó a vna vieja llamada Celestina, en cuya casa tenía el mesmo criado vna enamorada llamada Elicia. La qual, viniendo Sempronio a casa de Celestina con el negocio de su amo, tenía a otro consigo, llamado Crito, al qual escondieron. Entretanto que Sempronio está negociando con Celestina, Calisto está razonando con otro criado suyo, por nombre Pármeno. El qual razonamiento dura hasta que llega Sempronio y Celestina a casa de Calisto. Pármeno fue conoscido de Celestina, la qual mucho le dize de los fechos e conoscimiento de su madre, induziéndole a amor e concordia de Sempronio.





CALISTO, MELIBEA, SEMPRONIO, CELESTINA, ELICIA, CRITO, PÁRMENO.



CALISTO.- En esto veo, Melibea, la grandeza de Dios.

	MELIBEA.- ¿En qué, Calisto?

	CALISTO.- En dar poder a natura que de tan perfeta hermosura te dotasse e facer a mí inmérito tanta merced que verte alcançasse e en tan conueniente lugar, que mi secreto dolor manifestarte pudiesse. Sin dubda encomparablemente es mayor tal galardón, que el seruicio, sacrificio, deuoción e obras pías, que por este lugar alcançar tengo yo a Dios offrescido, ni otro poder mi voluntad humana puede conplir. ¿Quién vido en esta vida cuerpo glorificado de ningún hombre, como agora el mío? Por cierto los gloriosos sanctos, que se deleytan en la visión diuina, no gozan mas que yo agora en el acatamiento tuyo. Más ¡o triste!, que en esto diferimos: que ellos puramente se glorifican sin temor de caer de tal bienauenturança e yo misto me alegro con recelo del esquiuo tormento, que tu absencia me ha de causar.

	MELIBEA.- ¿Por grand premio tienes esto, Calisto?

	CALISTO.- Téngolo por tanto en verdad que, si Dios me diese en el cielo la silla sobre sus sanctos, no lo ternía por tanta felicidad.

	MELIBEA.- Pues avn más ygual galardón te daré yo, si perseueras.

	CALISTO.- ¡O bienauenturadas orejas mías, que indignamente tan gran palabra haueys oydo!

	MELIBEA.- Mas desauenturadas de que me acabes de oyr Porque la paga será tan fiera, qual meresce tu loco atreuimiento. E el intento de tus palabras, Calisto, ha seydo de ingenio de tal hombre como tú, hauer de salir para se perder en la virtud de tal muger como yo.¡Vete!, ¡vete de ay, torpe! Que no puede mi paciencia tollerar que aya subido en coraçón humano comigo el ylícito amor comunicar su deleyte.

	CALISTO.- Yré como aquel contra quien solamente la aduersa fortuna pone su estudio con odio cruel.

	CALISTO.- ¡Sempronio, Sempronio, Sempronio! ¿Dónde está este maldito?

	SEMPRONIO.- Aquí soy, señor, curando destos cauallos.

	CALISTO.- Pues, ¿cómo sales de la sala?

	SEMPRONIO.- Abatiose el girifalte e vínele a endereçar en el alcándara.

	CALISTO.- ¡Assí los diablos te ganen! ¡Assí por infortunio arrebatado perezcas o perpetuo intollerable tormento consigas, el qual en grado incomparablemente a la penosa e desastrada muerte, que espero, traspassa. ¡Anda, anda, maluado! Abre la cámara e endereça la cama.

	SEMPRONIO.- Señor, luego hecho es.

	CALISTO.- Cierra la ventana e dexa la tiniebla acompañar al triste y al desdichado la ceguedad. Mis pensamientos tristes no son dignos de luz. ¡O bienauenturada muerte aquella, que desseada a los afligidos viene! ¡O si viniéssedes agora, Hipócrates e Galeno, médicos, ¿sentiríades mi mal? ¡O piedad de silencio, inspira en el Plebérico coraçón, porque sin esperança de salud no embíe el espíritu perdido con el desastrado Píramo e de la desdichada Tisbe!

	SEMPRONIO.- ¿Qué cosa es?

	CALISTO.- ¡Vete de ay! No me fables; sino, quiçá ante del tiempo de mi rabiosa muerte, mis manos causarán tu arrebatado fin.

	SEMPRONIO.- Yré, pues solo quieres padecer tu mal.

	CALISTO.- ¡Ve con el diablo!

	SEMPRONIO.- No creo, según pienso, yr comigo el que contigo queda. ¡O desuentura! ¡O súbito mal! ¿Quál fue tan contrario acontescimiento, que assí tan presto robó el alegría deste hombre e, lo que peor es, junto con ella el seso? ¿Dexarle he solo o entraré alla? Si le dexo, matarse ha; si entro alla, matarme ha. Quédese; no me curo. Más vale que muera aquel, a quien es enojosa la vida, que no yo, que huelgo con ella. Avnque por al no desseasse viuir, sino por ver mi Elicia, me deuría guardar de peligros. Pero, si se mata sin otro testigo, yo quedo obligado a dar cuenta de su vida. Quiero entrar. Mas, puesto que entre, no quiere consolación ni consejo. Asaz es señal mortal no querer sanar. Con todo, quiérole dexar vn poco desbraue, madure: que oydo he dezir que es peligro abrir o apremiar las postemas duras, porque mas se enconan. Esté vn poco. Dexemos llorar al que dolor tiene. Que las lágrimas e sospiros mucho desenconan el coraçón dolorido. E avn, si delante me tiene, más comigo se encenderá. Que el sol más arde donde puede reuerberar. La vista, a quien objeto no se antepone, cansa. E quando aquel es cerca, agúzase. Por esso quiérome sofrir vn poco. Si entretanto se matare, muera. Quiçá con algo me quedaré que otro no lo sabe, con que mude el pelo malo. Avnque malo es esperar salud en muerte agena. E quiçá me engaña el diablo. E si muere, matarme han e yrán allá la soga e el calderón. Por otra parte dizen los sabios que es grande descanso a los affligidos tener con quien puedan sus cuytas llorar e que la llaga interior más empece. Pues en estos estremos, en que estoy perplexo, lo más sano es entrar e sofrirle e consolarle. Porque, si possible es sanar sin arte ni aparejo, mas ligero es guarescer por arte e por cura.

	CALISTO.- Sempronio.

	SEMPRONIO.- Señor.

	CALISTO.- Dame acá el laúd.

	SEMPRONIO.- Señor, vesle aquí.

	CALISTO.- ¿Qual dolor puede ser tal que se yguale con mi mal?

	SEMPRONIO.- Destemplado está esse laúd.

	CALISTO.- ¿Cómo templará el destemplado? ¿Cómo sentirá el armonía aquel, que consigo está tan discorde? ¿Aquel en quien la voluntad a la razón no obedece? ¿Quien tiene dentro del pecho aguijones, paz, guerra, tregua, amor, enemistad, injurias, pecados, sospechas, todo a vna causa? Pero tañe e canta la más triste canción, que sepas.

	SEMPRONIO Mira Nero de Tarpeya a Roma cómo se ardía: gritos dan niños e viejos e el de nada se dolía.

	CALISTO.- Mayor es mi fuego e menor la piedad de quien agora digo.

	SEMPRONIO.- No me engaño yo, que loco está este mi amo.

	CALISTO.- ¿Qué estás murmurando, Sempronio?

	SEMPRONIO.- No digo nada.

	CALISTO.- Di lo que dizes, no temas.

	SEMPRONIO.- Digo que ¿cómo puede ser mayor el fuego, que atormenta vn viuo, que el que quemó tal cibdad e tanta multitud de gente?

	CALISTO.- ¿Cómo? Yo te lo diré. Mayor es la llama que dura ochenta años, que la que en vn día passa, y mayor la que mata vn ánima, que la que quema cient mill cuerpos. Como de la aparencia a la existencia, como de lo viuo a lo pintado, como de la sombra a lo real, tanta diferencia ay del fuego, que dizes, al que me quema. Por cierto, si el del purgatorio es tal, mas querría que mi spíritu fuesse con los de los brutos animales, que por medio de aquel yr a la gloria de los sanctos.

	SEMPRONIO.- ¡Algo es lo que digo! ¡A más ha de yr este hecho! No basta loco, sino ereje.

	CALISTO.- ¿No te digo que fables alto, quando fablares? ¿Qué dizes?

	SEMPRONIO.- Digo que nunca Dios quiera tal; que es especie de heregía lo que agora dixiste.

	CALISTO.- ¿Por qué?

	SEMPRONIO.- Porque lo que dizes contradize la cristiana religión.

	CALISTO.- ¿Qué a mí?

	SEMPRONIO.- ¿Tú no eres cristiano?

	CALISTO.- ¿Yo? Melibeo so e a Melibea adoro e en Melibea creo e a Melibea amo.

	SEMPRONIO.- Tú te lo dirás. Como Melibea es grande, no cabe en el coraçón de mi amo, que por la boca le sale a borbollones. No es más menester. Bien sé de qué pie coxqueas. Yo te sanaré.

	CALISTO.- Increyble cosa prometes.

	SEMPRONIO.- Antes fácil. Que el comienço de la salud es conoscer hombre la dolencia del enfermo.

	CALISTO.- ¿Quál consejo puede regir lo que en sí no tiene orden ni consejo?

	SEMPRONIO.- ¡Ha!, ¡ha!, ¡ha! ¿Esto es el fuego de Calisto? ¿Estas son sus congoxas? ¡Como si solamente el amor contra él asestara sus tiros! ¡O soberano Dios, quán altos son tus misterios! ¡Quánta premia pusiste en el amor, que es necessaria turbación en el amante! Su límite posiste por marauilla. Paresce al amante que atrás queda. Todos passan, todos rompen, pungidos e esgarrochados como ligeros toros. Sin freno saltan por las barreras. Mandaste al hombre por la muger dexar el padre e la madre; agora no solo aquello, mas a ti e a tu ley desamparan, como agora Calisto. Del qual no me marauillo, pues los sabios, los santos, los profetas por él te oluidaron.

	CALISTO.- Sempronio.

	SEMPRONIO.- Señor.

	CALISTO.- No me dexes.

	SEMPRONIO.- De otro temple está esta gayta.

	CALISTO.- ¿Qué te paresce de mi mal?

	SEMPRONIO.- Que amas a Melibea.

	CALISTO.- ¿E no otra cosa?

	SEMPRONIO.- Harto mal es tener la voluntad en vn solo lugar catiua.

	CALISTO.- Poco sabes de firmeza.

	SEMPRONIO.- La perseuerancia en el mal no es constancia; mas dureza o pertinacia la llaman en mi tierra. Vosotros los filósofos de Cupido llamalda como quisiérdes.

	CALISTO.- Torpe cosa es mentir el que enseña a otro, pues que tú te precias de loar a tu amiga Elicia.

	SEMPRONIO.- Haz tú lo que bien digo e no lo que mal hago.

	CALISTO.- ¿Qué me reprobas?

	SEMPRONIO.- Que sometes la dignidad del hombre a la imperfección de la flaca muger.

	CALISTO.- ¿Muger? ¡O grossero! ¡Dios, Dios!

	SEMPRONIO.- ¿E assí lo crees? ¿O burlas?

	CALISTO.- ¿Que burlo? Por Dios la creo, por Dios la confiesso e no creo que ay otro soberano en el cielo; avnque entre nosotros mora.

	SEMPRONIO.- ¡Ha!, ¡ah!, ¡ah! ¿Oystes qué blasfemia? ¿Vistes qué ceguedad?

	CALISTO.- ¿De qué te ríes?

	SEMPRONIO.- Ríome, que no pensaua que hauía peor inuención de pecado que en Sodoma.

	CALISTO.- ¿Cómo?

	SEMPRONIO.- Porque aquellos procuraron abominable vso con los ángeles no conocidos e tú con el que confiessas ser Dios.

	CALISTO.- ¡Maldito seas!, que fecho me has reyr, lo que no pensé ogaño.

	SEMPRONIO.- ¿Pues qué?, ¿toda tu vida auías de llorar?

	CALISTO.- Sí.

	SEMPRONIO.- ¿Por qué?

	CALISTO.- Porque amo a aquella, ante quien tan indigno me hallo, que no la espero alcançar.

	SEMPRONIO.- ¡O pusilánimo! ¡O fideputa! ¡Qué Nembrot, qué magno Alexandre, los quales no solo del señorío del mundo, mas del cielo se juzgaron ser dignos!

	CALISTO.- No te oy bien esso que dixiste. Torna, dilo, no procedas.

	SEMPRONIO.- Dixe que tú, que tienes mas coraçón que Nembrot ni Alexandre, desesperas de alcançar vna muger, muchas de las quales en grandes estados constituydas se sometieron a los pechos e resollos de viles azemileros e otras a brutos animales. ¿No has leydo de Pasife con el toro, de Minerua con el can?

	CALISTO.- No lo creo; hablillas son.

	SEMPRONIO.- Lo de tu abuela con el ximio, ¿hablilla fue? Testigo es el cuchillo de tu abuelo.

	CALISTO.- ¡Maldito sea este necio! ¡E qué porradas dize!

	SEMPRONIO.- ¿Escociote? Lee los ystoriales, estudia los filósofos, mira los poetas. Llenos están los libros de sus viles e malos exemplos e de las caydas que leuaron los que en algo, como tú, las reputaron. Oye a Salomón do dize que las mugeres e el vino hazen a los hombres renegar. Conséjate con Séneca e verás en qué las tiene. Escucha al Aristóteles, mira a Bernardo. Gentiles, judíos, cristianos e moros, todos en esta concordia están. Pero lo dicho e lo que dellas dixere no te contezca error de tomarlo en común. Que muchas houo e ay sanctas e virtuosas e notables, cuya resplandesciente corona quita el general vituperio. Pero destas otras, ¿quién te contaría sus mentiras, sus tráfagos, sus cambios, su liuiandad, sus lagrimillas, sus alteraciones, sus osadías? Que todo lo que piensan, osan sin deliberar. ¿Sus disimulaciones, su lengua, su engaño, su oluido, su desamor, su ingratitud, su inconstancia, su testimoniar, su negar, su reboluer, su presunción, su vanagloria, su abatimiento, su locura, su desdén, su soberuia, su subjeción, su parlería, su golosina, su luxuria e suziedad, su miedo, su atreuemiento, sus hechizerías, sus embaymientos, sus escarnios, su deslenguamiento, su desvergüença, su alcahuetería? Considera, ¡qué sesito está debaxo de aquellas grandes e delgadas tocas! ¡Qué pensamientos so aquellas gorgueras, so aquel fausto, so aquellas largas e autorizantes ropas! ¡Qué imperfición, qué aluañares debaxo de templos pintados! Por ellas es dicho: arma del diablo, cabeça de pecado, destruyción de parayso. ¿No has rezado en la festiuidad de Sant Juan, do dize: Las mugeres e el vino hazen los hombres renegar; do dize: Esta es la muger, antigua malicia que a Adán echó de los deleytes de parayso; esta el linaje humano metió en el infierno; a esta menospreció Helías propheta &c.?

	CALISTO.- Di pues, esse Adán, esse Salomón, esse Dauid, esse Aristóteles, esse Vergilio, essos que dizes, ¿cómo se sometieron a ellas? ¿Soy mas que ellos?

	SEMPRONIO.- A los que las vencieron querría que remedasses, que no a los que dellas fueron vencidos. Huye de sus engaños. ¿Sabes que facen? Cosa, que es difícil entenderlas. No tienen modo, no razón, no intención. Por rigor comiençan el ofrescimiento, que de sí quieren hazer. A los que meten por los agujeros denuestan en la calle. Combidan, despiden, llaman, niegan, señalan amor, pronuncian enemiga, ensáñanse presto, apacíguanse luego. Quieren que adeuinen lo que quieren. ¡O qué plaga! ¡O qué enojo! ¡O qué fastío es conferir con ellas, más de aquel breue tiempo, que son aparejadas a deleyte!

	CALISTO.- ¡Ve! Mientra más me dizes e más inconuenientes me pones, más la quiero. No sé qué s' es.

	SEMPRONIO.- No es este juyzio para moços, según veo, que no se saben a razón someter, no se saben administrar. Miserable cosa es pensar ser maestro el que nunca fue discípulo.

	CALISTO.- ¿E tú qué sabes? ¿quién te mostró esto?

	SEMPRONIO.- ¿Quién? Ellas. Que, desque se descubren, assí pierden la vergüença, que todo esto e avn más a los hombres manifiestan. Ponte pues en la medida de honrra, piensa ser más digno de lo que te reputas. Que cierto, peor estremo es dexarse hombre caer de su merescimiento, que ponerse en más alto lugar que deue.

	CALISTO.- Pues, ¿quién yo para esso?

	SEMPRONIO.- ¿Quién? Lo primero eres hombre e de claro ingenio. E mas, a quien la natura dotó de los mejores bienes que tuuo, conuiene a saber, fermosura, gracia, grandeza de miembros, fuerça, ligereza. E allende desto, fortuna medianamente partió contigo lo suyo en tal quantidad, que los bienes, que tienes de dentro, con los de fuera resplandescen. Porque sin los bienes de fuera, de los quales la fortuna es señora, a ninguno acaece en esta vida ser bienauenturado. E mas, a constelación de todos eres amado.

	CALISTO.- Pero no de Melibea. E en todo lo que me as gloriado, Sempronio, sin proporción ni comparación se auentaja Melibea. Mira la nobleza e antigüedad de su linaje, el grandíssimo patrimonio, el excelentíssimo ingenio, las resplandescientes virtudes, la altitud e enefable gracia, la soberana hermosura, de la qual te ruego me dexes hablar vn poco, porque aya algún refrigerio. E lo que te dixere será de lo descubierto; que, si de lo occulto yo hablarte supiera, no nos fuera necessario altercar tan miserablemente estas razones.

	SEMPRONIO.- ¡Qué mentiras e qué locuras dirá agora este cautiuo de mi amo!

	CALISTO.- ¿Cómo es eso?

	SEMPRONIO.- Dixe que digas, que muy gran plazer hauré de lo oyr. ¡Assí te medre Dios, como me será agradable esse sermón!

	CALISTO.- ¿Qué?

	SEMPRONIO.- Que ¡assí me medre Dios, como me será gracioso de oyr!

	CALISTO.- Pues porque ayas plazer, yo lo figuraré por partes mucho por estenso.

	SEMPRONIO.- ¡Duelos tenemos! Esto es tras lo que yo andaua. De passarse haurá ya esta importunidad.

	CALISTO.- Comienço por los cabellos. ¿Vees tú las madexas del oro delgado, que hilan en Arabia? Más lindos son e no resplandescen menos. Su longura hasta el postrero assiento de sus pies; después crinados e atados con la delgada cuerda, como ella se los pone, no ha más menester para conuertir los hombres en piedras.

	SEMPRONIO.- ¡Mas en asnos!

	CALISTO.- ¿Qué dizes?

	SEMPRONIO.- Dixe que essos tales no serían cerdas de asno.

	CALISTO.- ¡Veed qué torpe e qué comparación!

	SEMPRONIO.- ¿Tú cuerdo?

	CALISTO.- Los ojos verdes, rasgados; las pestañas luengas; las cejas delgadas e alçadas; la nariz mediana; la boca pequeña; los dientes menudos e blancos; los labrios colorados e grosezuelos; el torno del rostro poco más luengo que redondo; el pecho alto; la redondez e forma de las pequeñas tetas, ¿quién te la podría figurar? ¡Que se despereza el hombre quando las mira! La tez lisa, lustrosa; el cuero suyo escurece la nieue; la color mezclada, qual ella la escogió para sí.

	SEMPRONIO.- ¡En sus treze está este necio!

	CALISTO.- Las manos pequeñas en mediana manera, de dulce carne acompañadas; los dedos luengos; las vñas en ellos largas e coloradas, que parescen rubíes entre perlas. Aquella proporción, que veer yo no pude, no sin duda por el bulto de fuera juzgo incomparablemente ser mejor, que la que Paris juzgó entre las tres Deesas.

	SEMPRONIO.- ¿Has dicho?

	CALISTO.- Quan breuemente pude.

	SEMPRONIO.- Puesto que sea todo esso verdad, por ser tú hombre eres más digno.

	CALISTO.- ¿En qué?

	SEMPRONIO.- En que ella es imperfecta, por el qual defeto desea e apetece a ti e a otro menor que tú. ¿No as leydo el filósofo, do dize: Assí como la materia apetece a la forma, así la muger al varón?

	CALISTO.- ¡O triste, e quando veré yo esso entre mí e Melibea!

	SEMPRONIO.- Possible es. E avnque la aborrezcas, cuanto agora la amas, podrá ser alcançándola e viéndola con otros ojos, libres del engaño en que agora estás.

	CALISTO.- ¿Con qué ojos?

	SEMPRONIO.- Con ojos claros.

	CALISTO.- E agora, ¿con qué la veo?

	SEMPRONIO.- Con ojos de alinde, con que lo poco parece mucho e lo pequeño grande. E porque no te desesperes, yo quiero tomar esta empresa de complir tu desseo.

	CALISTO.- ¡O! ¡Dios te dé lo que desseas! ¡Qué glorioso me es oyrte; avnque no espero que lo has de hazer!

	SEMPRONIO.- Antes lo haré cierto.

	CALISTO.- Dios te consuele. El jubón de brocado, que ayer vestí, Sempronio, vistétele tú.

	SEMPRONIO.- Prospérete Dios por este e por muchos más, que me darás. De la burla yo me lleuo lo mejor. Con todo, si destos aguijones me da, traérgela he hasta la cama. ¡Bueno ando! Házelo esto, que me dio mi amo; que, sin merced, impossible es obrarse bien ninguna cosa.

	CALISTO.- No seas agora negligente.

	SEMPRONIO.- No lo seas tú, que impossible es fazer sieruo diligente el amo perezoso.

	CALISTO.- ¿Cómo has pensado de fazer esta piedad?

	SEMPRONIO.- Yo te lo diré. Días ha grandes que conosco en fin desta vezindad vna vieja barbuda, que se dize Celestina, hechicera, astuta, sagaz en quantas maldades ay. Entiendo que passan de cinco mill virgos los que se han hecho e deshecho por su autoridad en esta cibdad. A las duras peñas promouerá e prouocará a luxuria, si quiere.

	CALISTO.- ¿Podríala yo fablar?

	SEMPRONIO.- Yo te la traeré hasta acá. Por esso, aparéjate, seyle gracioso, seyle franco. Estudia, mientra vo yo, de le dezir tu pena tan bien como ella te dará el remedio.

	CALISTO.- ¿Y tardas?

	SEMPRONIO.- Ya voy. Quede Dios contigo.

	CALISTO.- E contigo vaya. ¡O todopoderoso, perdurable Dios! Tú, que guías los perdidos e los reyes orientales por el estrella precedente a Belén truxiste e en su patria los reduxiste, humilmente te ruego que guíes a mi Sempronio, en manera que conuierta mi pena e tristeza en gozo e yo indigno merezca venir en el deseado fin.

	CELESTINA.- ¡Albricias!, ¡albricias! Elicia. ¡Sempronio! ¡Sempronio!

	ELICIA.- ¡Ce!, ¡ce!, ¡ce!

	CELESTINA.- ¿Por qué?

	ELICIA.- Porque está aquí Crito.

	CELESTINA.- ¡Mételo en la camarilla de las escobas! ¡Presto! Dile que viene tu primo e mi familiar.

	ELICIA.- Crito, retráete ay. Mi primo viene. ¡Perdida soy!

	CRITO.- Plázeme. No te congoxes.

	SEMPRONIO.- ¡Madre bendita! ¡Qué desseo traygo! ¡Gracias a Dios, que te me dexó ver!

	CELESTINA.- ¡Fijo mío!, ¡rey mío!, turbado me has. No te puedo fablar. Torna e dame otro abraço. ¿E tres días podiste estar sin vernos? ¡Elicia! ¡Elicia! ¡Cátale aquí!

	ELICIA.- ¿A quién, madre?

	CELESTINA.- A Sempronio.

	ELICIA.- ¡Ay triste! ¡Qué saltos me da el coraçón! ¿Es qué es dél?

	CELESTINA.- Vesle aquí, vesle. Yo me le abraçaré; que no tú.

	ELICIA.- ¡Ay! ¡Maldito seas, traydor! Postema e landre te mate e a manos de tus enemigos mueras e por crímines dignos de cruel muerte en poder de rigurosa justicia te veas. ¡Ay, ay!

	SEMPRONIO.- ¡Hy!, ¡hy!, ¡hy! ¿Qué has, mi Elicia? ¿De qué te congoxas?

	ELICIA.- Tres días ha que no me ves. ¡Nunca Dios te vea, nunca Dios te consuele ni visite! ¡Guay de la triste, que en ti tiene su esperança e el fin de todo su bien!

	SEMPRONIO.- ¡Calla, señora mía! ¿Tú piensas que la distancia del lugar es poderosa de apartar el entrañable amor, el fuego, que está en mi coraçón? Do yo vó, comigo vas, comigo estás. No te aflijas ni me atormentes más de lo que yo he padecido. Mas di, ¿qué passos suenan arriba?

	ELICIA.- ¿Quién? Vn mi enamorado.

	SEMPRONIO.- Pues créolo.

	ELICIA.- ¡Alahé!, verdad es. Sube allá e verle has.

	SEMPRONIO.- Voy.

	CELESTINA.- ¡Anda acá! Dexa essa loca, que ella es liuiana e, turbada de tu absencia, sácasla agora de seso. Dirá mill locuras. Ven e fablemos. No dexemos passar el tiempo en balde.

	SEMPRONIO.- Pues, ¿quién está arriba?

	CELESTINA.- ¿Quiéreslo saber?

	SEMPRONIO.- Quiero.

	CELESTINA.- Vna moça, que me encomendó vn frayle.

	SEMPRONIO.- ¿Qué frayle?

	CELESTINA.- No lo procures.

	SEMPRONIO.- Por mi vida, madre, ¿qué frayle?

	CELESTINA.- ¿Porfías? El ministro el gordo.

	SEMPRONIO.- ¡O desaventurada e qué carga espera!

	CELESTINA.- Todo lo leuamos. Pocas mataduras as tú visto en la barriga.

	SEMPRONIO.- Mataduras no; mas petreras sí.

	CELESTINA.- ¡Ay burlador!

	SEMPRONIO.- Dexa, si soy burlador; muéstramela.

	ELICIA.- ¡Ha don maluado! ¿Verla quieres? ¡Los ojos se te salten!, que no basta a ti vna ni otra. ¡Anda!, véela e dexa a mí para siempre.

	SEMPRONIO.- ¡Calla, Dios mío! ¿E enójaste? Que ni la quiero ver a ella ni a muger nascida. A mi madre quiero fablar e quédate adiós.

	ELICIA.- ¡Anda, anda!, ¡vete, desconoscido!, e está otros tres años, que no me bueluas a ver!

	SEMPRONIO.- Madre mía, bien ternás confiança e creerás que no te burlo. Torna el manto e vamos, que por el camino sabrás lo que, si aquí me tardasse en dezirte, impediría tu prouecho e el mío.

	CELESTINA.- Vamos. Elicia, quédate adiós, cierra la puerta. ¡Adiós paredes!

	SEMPRONIO.- ¡O madre mía! Todas cosas dexadas aparte, solamente sey atenta e ymagina en lo que te dixere e no derrames tu pensamiento en muchas partes. Que quien junto en diuersos lugares le pone, en ninguno le tiene; si no por caso determina lo cierto. E quiero que sepas de mí lo que no has oydo e es que jamás pude, después que mi fe contigo puse, desear bien de que no te cupiesse parte.

	CELESTINA.- Parta Dios, hijo, de lo suyo contigo, que no sin causa lo hará, siquiera porque has piedad desta pecadora de vieja. Pero di, no te detengas. Que la amistad, que entre ti e mí se affirma, no ha menester preámbulos ni correlarios ni aparejos para ganar voluntad. Abreuia e ven al fecho, que vanamente se dize por muchas palabras lo que por pocas se puede entender.

	SEMPRONIO.- Assí es. Calisto arde en amores de Melibea. De ti e de mí tiene necessidad. Pues juntos nos ha menester, juntos nos aprouechemos. Que conoscer el tiempo e vsar el hombre de la oportunidad hace los hombres prósperos.

	CELESTINA.- Bien has dicho, al cabo estoy. Basta para mí mescer el ojo. Digo que me alegro destas nuevas, como los cirujanos de los descalabrados. E como aquellos dañan en los principios las llagas e encarecen el prometimiento de la salud, assí entiendo yo facer a Calisto. Alargarle he la certenidad del remedio, porque, como dizen, el esperança luenga aflige el coraçón e, quanto él la perdiere, tanto gela promete. ¡Bien me entiendes!

	SEMPRONIO.- Callemos, que a la puerta estamos e, como dizen, las paredes han oydos.

	CELESTINA.- Llama.

	SEMPRONIO.- Tha, tha, tha.

	CALISTO.- Pármeno.

	PÁRMENO.- Señor.

	CALISTO.- ¿No oyes, maldito sordo?

	PÁRMENO.- ¿Qué es, señor?

	CALISTO.- A la puerta llaman; corre.

	PÁRMENO.- ¿Quién es?

	SEMPRONIO.- Abre a mí e a esta dueña.

	PÁRMENO.- Señor, Sempronio e vna puta vieja alcoholada dauan aquellas porradas.

	CALISTO.- Calla, calla, maluado, que es mi tía. Corre, corre, abre. Siempre lo vi, que por huyr hombre de vn peligro, cae en otro mayor. Por encubrir yo este fecho de Pármeno, a quien amor o fidelidad o temor pusieran freno, cay en indignación desta, que no tiene menor poderío en mi vida que Dios.

	PÁRMENO.- ¿Por qué, señor, te matas? ¿Por qué, señor, te congoxas? ¿E tú piensas que es vituperio en las orejas desta el nombre que la llamé? No lo creas; que assí se glorifica en le oyr, como tú, quando dizen: ¡diestro cauallero es Calisto! E demás desto, es nombrada e por tal título conocida. Si entre cient mugeres va e alguno dize: ¡puta vieja!, sin ningún empacho luego buelue la cabeça e responde con alegre cara. En los conbites, en las fiestas, en las bodas, en las cofadrías, en los mortuorios, en todos los ayuntamientos de gentes, con ella passan tiempo. Si passa por los perros, aquello suena su ladrido; si está cerca las aues, otra cosa no cantan; si cerca los ganados, balando lo pregonan; si cerca las bestias, rebuznando dizen: ¡puta vieja! Las ranas de los charcos otra cosa no suelen mentar. Si va entre los herreros, aquello dizen sus martillos. Carpinteros e armeros, herradores, caldereros, arcadores, todo oficio de instrumento forma en el ayre su nombre. Cántanla los carpinteros, péynanla los peynadores, texedores. Labradores en las huertas, en las aradas, en las viñas, en las segadas con ella passan el afán cotidiano. Al perder en los tableros, luego suenan sus loores. Todas cosas, que son hazen, a do quiera que ella está, el tal nombre representan. ¡O qué comedor de hueuos asados era su marido! ¿Qué quieres más, sino, si vna piedra toca con otra, luego suena ¡puta vieja!?

	CALISTO.- E tú ¿cómo lo sabes y la conosces?

	PÁRMENO.- Saberlo has. Días grandes son passados que mi madre, muger pobre, moraua en su vezindad, la qual rogada por esta Celestina, me dio a ella por siruiente; avnque ella no me conoçe, por lo poco que la seruí e por la mudança, que la edad ha hecho.

	CALISTO.- ¿De qué la seruías?

	PÁRMENO.- Señor, yua a la plaça e trayale de comer e acompañáuala; suplía en aquellos menesteres, que mi tierna fuerça bastaua. Pero de aquel poco tiempo que la seruí, recogía la nueua memoria lo que la vejez no ha podido quitar. Tiene esta buena dueña al cabo de la ciudad, allá cerca de las tenerías, en la cuesta del río, vna casa apartada, medio cayda, poco compuesta e menos abastada. Ella tenía seys oficios, conuiene saber: labrandera perfumera, maestra de fazer afeytes e de fazer virgos, alcahueta e vn poquito hechizera. Era el primer oficio cobertura de los otros, so color del qual muchas moças destas siruientes entrauan en su casa a labrarse e a labrar camisas e gorgueras e otras muchas cosas. Ninguna venía sin torrezno, trigo, harina o jarro de vino e de las otras prouisiones, que podían a sus amas furtar. E avn otros furtillos de más qualidad allí se encubrían. Asaz era amiga de estudiantes e despenseros e moços de abades. A estos vendía ella aquella sangre innocente de las cuytadillas, la qual ligeramente auenturauan en esfuerço de la restitucion, que ella les prometía. Subió su fecho a más: que por medio de aquellas comunicaua con las más encerradas, hasta traer a execución su propósito. E aquestas en tiempo onesto, como estaciones, processiones de noche, missas del gallo, missas del alua e otras secretas deuociones. Muchas encubiertas vi entrar en su casa. Tras ellas hombres descalços, contritos e reboçados, desatacados, que entrauan allí a llorar sus pecados. ¡Qué tráfagos, si piensas, traya! Hazíase física de niños, tomaua estambre de vnas casas, dáualo a filar en otras, por achaque de entrar en todas. Las vnas: ¡madre acá!; las otras: ¡madre acullá!; ¡cata la vieja!; ¡ya viene el ama!: de todos muy conocida. Con todos esos afanes, nunca passaua sin missa ni bísperas ni dexaua monesterios de frayles ni de monjas. Esto porque allí fazía ella sus aleluyas e conciertos. E en su casa fazía perfumes, falsaua estoraques, menjuy, animes, ámbar, algalia, poluillos, almizcles, mosquetes. Tenía vna cámara llena de alambiques, de redomillas, de barrilejos de barro, de vidrio, de arambre, de estaño, hechos de mill faziones. Hazía solimán, afeyte cozido, argentadas, bujelladas, cerillas, llanillas, vnturillas, lustres, luzentores, clarimientes, alualinos e otras aguas de rostro, de rasuras de gamones, de cortezas de spantalobos, de taraguntia, de hieles, de agraz, de mosto, destiladas e açucaradas. Adelgazaua los cueros con çumos de limones, con turuino, con tuétano de corço e de garça, e otras confaciones. Sacaua agua para oler, de rosas, de azahar, de jasmín, de trébol, de madreselua e clauellinas, mosquetas e almizcladas, poluorizadas, con vino. Hazía lexías para enrubiar, de sarmientos, de carrasca, de centeno, de marrubios, con salitre, con alumbre e millifolia e otras diuersas cosas. E los vntos e mantecas, que tenía, es hastío de dezir: de vaca, de osso, de cauallos e de camellos, de culebra e de conejo, de vallena, de garça e de alcarauán e de gamo e de gato montés e de texón, de harda, de herizo, de nutria. Aparejos para baños, esto es vna marauilla, de las yeruas e rayzes, que tenía en el techo de su casa colgadas: mançanilla e romero, maluauiscos, culantrillo, coronillas, flor de sauco e de mostaza, espliego e laurel blanco, tortarosa e gramonilla, flor saluaje e higueruela, pico de oro e hoja tinta. Los azeytes que sacaua para el rostro no es cosa de creer: de estoraque e de jazmín, de limón, de pepitas, de violetas, de menjuy, de alfócigos, de piñones, de granillo, de açofeyfas, de neguilla, de altramuzes, de aruejas e de carillas e de yerua paxarera. E vn poquillo de bálsamo tenía ella en vna redomilla, que guardaua para aquel rascuño, que tiene por las narizes. Esto de los virgos, vnos facía de bexiga e otros curaua de punto. Tenía en vn tabladillo, en vna caxuela pintada, vnas agujas delgadas de pellejeros e hilos de seda encerados e colgadas allí rayzes de hojaplasma e fuste sanguino, cebolla albarrana e cepacauallo. Hazía con esto marauillas: que, quando vino por aquí el embaxador francés, tres vezes vendió por virgen vna criada, que tenía.

	CALISTO.- ¡Así pudiera ciento!

	PÁRMENO.- ¡Sí, santo Dios! E remediaua por caridad muchas huérfanas e cerradas, que se encomendauan a ella. E en otro apartado tenía para remediar amores e para se querer bien. Tenía huessos de coraçón de cieruo, lengua de bíuora, cabeças de codornizes, sesos de asno, tela de cauallo, mantillo de niño, haua morisca, guija marina, soga de ahorcado, flor de yedra, espina de erizo, pie de texó, granos de helecho, la piedra del nido del águila e otras mill cosas. Venían a ella muchos hombres e mugeres e a vnos demandaua el pan do mordían; a otros, de su ropa; a otros, de sus cabellos; a otros, pintaua en la palma letras con açafrán; a otros, con bermellón; a otros, daua vnos coraçones de cera, llenos de agujas quebradas e otras cosas en barro e en plomo hechas, muy espantables al ver. Pintaua figuras, dezía palabras en tierra. ¿Quién te podrá dezir lo que esta vieja fazía? E todo era burla e mentira.

	CALISTO.- Bien está, Pármeno. Déxalo para más oportunidad. Asaz soy de ti auisado. Téngotelo en gracia. No nos detengamos, que la necessidad desecha la tardança. Oye. Aquella viene rogada. Espera más que deue. Vamos, no se indigne. Yo temo e el temor reduze la memoria e a la prouidencia despierta. ¡Sus! Vamos, proueamos. Pero ruégote, Pármeno, la embidia de Sempronio, que en esto me sirue e complaze no ponga impedimiento en el remedio de mi vida. Que, si para él houo jubón, para ti no faltará sayo. Ni pienses que tengo en menos tu consejo e auiso, que su trabajo e obra: como lo espiritual sepa yo que precede a lo corporal e que, puesto que las bestias corporalmente trabajen más que los hombres, por esso son pensadas e curadas; pero no amigas dellos. En la tal diferencia serás comigo, en respeto de Sempronio. E so secreto sello, pospuesto el dominio, por tal amigo a ti me concedo.

	PÁRMENO.- Quéxome, señor, de la dubda de mi fidelidad e seruicio, por los prometimientos e amonestaciones tuyas. ¿Quándo me viste, señor, embidiar o por ningún interesse ni resabio tu prouecho estorcer?

	CALISTO.- No te escandalizes. Que sin dubda tus costumbres e gentil criança en mis ojos ante todos los que me siruen están. Mas como en caso tan árduo, do todo mi bien e vida pende, es necessario proueer, proueo a los contescimientos. Como quiera que creo que tus buenas costumbres sobre buen natural florescen, como el buen natural sea principio del artificio. E no más; sino vamos a ver la salud.

	CELESTINA.- Pasos oygo. Acá descienden. Haz, Sempronio, que no lo oyes. Escucha e déxame hablar lo que a ti e a mí me conuiene.

	SEMPRONIO.- Habla.

	CELESTINA.- No me congoxes ni me importunes, que sobrecargar el cuydado es aguijar al animal congoxoso. Assí sientes la pena de tu amo Calisto, que parece que tú eres él e él tú e que los tormentos son en vn mismo subjecto. Pues cree que yo no vine acá por dexar este pleyto indeciso o morir en la demanda.

	CALISTO.- Pármeno, detente. ¡Ce! Escucha qué hablan estos. Veamos en qué viuimos. ¡O notable muger! ¡O bienes mundanos, indignos de ser poseydos de tan alto coraçón! ¡O fiel e verdadero Sempronio! ¿Has visto, mi Pármeno? ¿Oyste? ¿Tengo razón? ¿Qué me dizes, rincón de mi secreto e consejo e alma mía?

	PÁRMENO.- Protestando mi innocencia en la primera sospecha e cumpliendo con la fidelidad, porque te me concediste, hablaré. Oyeme e el afecto no te ensorde ni la esperança del deleyte te ciegue. Tiémplate e no te apresures: que muchos con codicia de dar en el fiel, yerran el blanco. Avnque soy moço, cosas he visto asaz e el seso e la vista de las muchas cosas demuestran la experiencia. De verte o de oyrte descender por la escalera, parlan lo que estos fingidamente han dicho, en cuyas falsas palabras pones el fin de tu deseo.

	SEMPRONIO.- Celestina, ruynmente suena lo que Pármeno dize.

	CELESTINA.- Calla, que para la mi santiguada do vino el asno verná el albarda. Déxame tú a Pármeno, que yo te le haré vno de nos, e de lo que houiéremos, démosle parte: que los bienes, si no son conmunicados, no son bienes. Ganemos todos, partamos todos, holguemos todos. Yo te le traeré manso e benigno a picar el pan en el puño e seremos dos a dos e, como dizen, tres al mohíno.

	CALISTO.- Sempronio.

	SEMPRONIO.- Señor.

	CALISTO.- ¿Qué hazes, llaue de mi vida? Abre. ¡O Pármeno!, ya la veo:¡sano soy, viuo so! ¿Miras qué reuerenda persona, qué acatamiento? Por la mayor parte, por la philosomía es conocida la virtud interior. ¡O vejez virtuosa! ¡O virtud enuejecida!. ¡O gloriosa esperança de mi desseado fin! ¡O fin de mi deleytosa esperança! ¡O salud de mi passión, reparo de mi tormento, regeneración mía, viuificación de mi vida, resurreción de mi muerte! Deseo llegar a ti, cobdicio besar essas manos llenas de remedio. La indignidad de mi persona lo embarga. Dende aquí adoro la tierra que huellas e en lo reuerencia tuya beso.

	CELESTINA.- Sempronio, ¡de aquellas viuo yo! ¡Los huessos, que yo soy, piensa este necio de tu amo de darme a comer! Pues ál le sueño. Al freyr lo verá. Dile que cierre la boca e comience abrir la bolsa: que de las obras dudo, quanto más de las palabras. Xo que te estriego, asna coxa. Más hauías de madrugar.

	PÁRMENO.- ¡Guay de orejas, que tal oyen! Perdido es quien tras perdido anda. ¡O Calisto desauenturado, abatido, ciego! ¡E en tierra está adorando a la más antigua e puta tierra, que fregaron sus espaldas en todos los burdeles! Deshecho es, vencido, es, caydo es: no es capaz de ninguna redención ni consejo ni esfuerço.

	CALISTO.- ¿Qué dezía la madre? Parésceme que pensaua que le ofrescía palabras por escusar galardón.

	SEMPRONIO.- Assí lo sentí.

	CALISTO.- Pues ven comigo: trae las llaues, que yo sanaré su duda.

	SEMPRONIO.- Bien farás e luego vamos. Que no se deue dexar crescer la yerua entre los panes ni la sospecha en los coraçones de los amigos; sino alimpiarla luego con el escardilla de las buenas obras.

	CALISTO.- Astuto hablas. Vamos e no tardemos.

	CELESTINA.- Plázeme, Pármeno, que hauemos auido oportunidad para que conozcas el amor mío contigo e la parte que en mi immérito tienes. E digo immérito, por lo que te he oydo dezir, de que no hago caso. Porque virtud nos amonesta sufrir las tentaciones e no dar mal por mal; e especial, quando somos tentados por moços e no bien instrutos en lo mundano, en que con necia lealtad pierdan a sí e a sus amos, como agora tú a Calisto. Bien te oy e no pienses que el oyr con los otros exteriores sesos mi vejez aya perdido. Que no solo lo que veo, oyo e conozco; mas avn lo intrínsico con los intellectuales ojos penetro. Has de saber, Pármeno, que Calisto anda de amor quexoso. E no lo juzgues por eso por flaco, que el amor imperuio todas las cosas vence. E sabe, si no sabes, que dos conclusiones son verdaderas. La primera, que es forçoso el hombre amar a la muger e la muger al hombre. La segunda, que el que verdaderamente ama es necessario que se turbe con la dulçura del soberano deleyte, que por el hazedor de las cosas fue puesto, porque el linaje de los hombres perpetuase, sin lo qual perescería. E no solo en la humana especie; mas en los pesces, en las bestias, en las aues, en las reptilias y en lo vegetatiuo, algunas plantas han este respeto, si sin interposición de otra cosa en poca distancia de tierra están puestas, en que ay so determinación de heruolarios e agricultores, ser machos e hembras. ¿Qué dirás a esto, Pármeno? ¡Neciuelo, loquito, angelico, perlica, simplezico! ¿Lobitos en tal gestico? Llegate acá, putico, que no sabes nada del mundo ni de sus deleytes. ¡Mas rauia mala me mate, si te llego a mí, avnque vieja! Que la voz tienes ronca, las barbas te apuntan. Mal sosegadilla deues tener la punta de la barriga.

	PÁRMENO.- ¡Como cola de alacrán!

	CELESTINA.- E avn peor: que la otra muerde sin hinchar e la tuya hincha por nueue meses.

	PÁRMENO.- ¡Hy!, ¡hy!, ¡hy!

	CELESTINA.- ¿Ríeste, landrezilla, fijo?

	PÁRMENO.- Calla, madre, no me culpes ni me tengas, avnque moço, por insipiente. Amo a Calisto, porque le deuo fidelidad, por criança, por beneficios, por ser dél honrrado e bientratado, que es la mayor cadena, que el amor del seruidor al seruicio del señor prende, quanto lo contrario aparta. Véole perdido e no ay cosa peor que yr tras desseo sin esperança de buen fin e especial, pensando remediar su hecho tan árduo e difícil con vanos consejos e necias razones de aquel bruto Sempronio, que es pensar sacar aradores a pala e açadón. No lo puedo sufrir. ¡Dígolo e lloro!

	CELESTINA.- ¿Pármeno, tú no vees que es necedad o simpleza llorar por lo que con llorar no se puede remediar?

	PÁRMENO.- Por esso lloro. Que, si con llorar fuesse possible traer a mi amo el remedio, tan grande sería el plazer de la tal esperança, que de gozo no podría llorar; pero assí, perdida ya toda la esperança, pierdo el alegría e lloro.

	CELESTINA.- Llorarás sin prouecho por lo que llorando estoruar no podrás ni sanarlo presumas. ¿A otros no ha contecido esto, Pármeno?

	PÁRMENO.- Sí; pero a mi amo no le querría doliente.

	CELESTINA.- No lo es; mas avnque fuesse doliente, podría sanar.

	PÁRMENO.- No curo de lo que dizes, porque en los bienes mejor es el acto que la potencia e en los males mejor la potencia que el acto. Assí que mejor es ser sano, que poderlo ser e mejor es poder ser doliente que ser enfermo por acto e, por tanto, es mejor tener la potencia en el mal que el acto.

	CELESTINA.- ¡O maluado! ¡Cómo, que no se te entiende! ¿Tú no sientes su enfermedad? ¿Qué has dicho hasta agora? ¿De qué te quexas? Pues burla o di por verdad lo falso e cree lo que quisieres: que él es enfermo por acto e el poder ser sano es en mano desta flaca vieja.

	PÁRMENO.- ¡Mas, desta flaca puta vieja!

	CELESTINA.- ¡Putos días biuas, vellaquillo!, e ¡cómo te atreues...!

	PÁRMENO.- ¡Como te conozco...!

	CELESTINA.- ¿Quién eres tú?

	PÁRMENO.- ¿Quién? Pármeno, hijo de Alberto tu compadre, que estuue contigo vn mes, que te me dio mi madre, quando morauas a la cuesta del río, cerca de las tenerías.

	CELESTINA.- ¡Jesú, Jesú, Jesú! ¿E tú eres Pármeno, hijo de la Claudina?

	PÁRMENO.- ¡Alahé, yo!

	CELESTINA.- ¡Pues fuego malo te queme, que tan puta vieja era tu madre como yo! ¿Por qué me persigues, Pármeno? ¡Él es, él es, por los sanctos de Dios! Allégate a mí, ven acá, que mill açotes e puñadas te di en este mundo e otros tantos besos. Acuérdaste, quando dormías a mis pies, loquito?

	PÁRMENO.- Sí, en buena fe. E algunas vezes, avnque era niño, me subías a la cabeçera e me apretauas contigo e, porque olías a vieja, me fuya de ti.

	CELESTINA.- ¡Mala landre te mate! ¡E cómo lo dize el desuergonçado! Dexadas burlas e pasatiempos, oye agora, mi fijo, e escucha. Que, avnque a vn fin soy llamada, a otro so venida e maguera que contigo me aya fecho de nueuas, tú eres la causa. Hijo, bien sabes cómo tu madre, que Dios aya, te me dio viuiendo tu padre. El qual, como de mí te fueste, con otra ansia no murió, sino con la incertedumbre de tu vida e persona. Por la qual absencia algunos años de su vejez sufrió angustiosa e cuydosa vida. E al tiempo que della passó, embió por mí e en su secreto te me encargó e me dixo sin otro testigo, sino aquel, que es testigo de todas las obras e pensamientos e los coraçones e entrañas escudriña, al qual puso entre él e mí, que te buscasse e allegasse e abrigasse e, quando de complida edad fueses, tal que en tu viuir supieses tener manera e forma, te descubriesse adonde dexó encerrada tal copia de oro e plata, que basta más que la renta de tu amo Calisto. E porque gelo prometí e con mi promessa lleuó descanso e la fe es de guardar, más que a los viuos, a los muertos, que no pueden hazer por sí, en pesquisa e seguimiento tuyo yo he gastado asaz tiempo e quantías, hasta agora, que ha plazido aquel, que todos los cuydados tiene e remedia las justas peticiones e las piadosas obras endereça, que te hallase aquí, donde solos ha tres días que sé que moras. Sin duda dolor he sentido, porque has por tantas partes vagado, e peregrinado, que ni has hauido prouecho ni ganado debdo ni amistad. Que, como Séneca nos dize, los peregrinos tienen muchas posadas e pocas amistades, porque en breue tiempo con ninguno no pueden firmar amistad. E el que está en muchos cabos, está en ninguno. Ni puede aprouechar el manjar a los cuerpos, que en comiendo se lança, ni ay cosa que más la sanidad impida, que la diuersidad e mudança e variación de los manjares. E nunca la llaga viene a cicatrizar, en la qual muchas melezinas se tientan. Ni conualesce la planta, que muchas veces es traspuesta. Ni ay cosa tan prouechosa, que en llegando aproueche. Por tanto, mi hijo, dexa los ímpetus de la juuentud e tórnate con la doctrina de tus mayores a la razón. Reposa en alguna parte. ¿E dónde mejor, que en mi voluntad, en mi ánimo, en mi consejo, a quien tus padres te remetieron? E yo, assí como verdadera madre tuya, te digo, so las malediciones, que tus padres te pusieron, si me fuesses inobediente, que por el presente sufras e siruas a este tu amo, que procuraste, hasta en ello hauer otro consejo mio. Pero no con necia lealtad, proponiendo firmeza sobre lo mouible, como son estos señores deste tiempo. E tú gana amigos, que es cosa durable. Ten con ellos constancia. No viuas en flores. Dexa los vanos prometimientos de los señores, los cuales deshechan la substancia de sus siruientes con huecos e vanos prometimientos. Como la sanguijuela saca la sangre, desagradescen, injurian, oluidan seruicios, niegan galardón.

	¡Guay de quien en palacio enuejece! Como se escriue de la probática piscina, que de ciento que entrauan, sanaua vno. Estos señores deste tiempo más aman a sí, que a los suyos. E no yerran. Los suyos ygualmente lo deuen hazer. Perdidas son las mercedes, las magnificencias, los actos nobles. Cada vno destos catiua e mezquinamente procuran su interesse con los suyos. Pues aquellos no deuen menos hazer, como sean en