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Padre rico, padre pobre

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Casi todo lo que hemos aprendido sobre el dinero se lo debemos a nuestros padres… Por ese motivo, nos desempeñamos laboral y financieramente de acuerdo con esquemas que perpetúan patrones de conducta casi siempre perjudiciales en términos monetarios… Los padres pobres aconsejan a sus hijos que se apliquen y estudien, pero, por lo general, la escuela no prepara para lidiar con los asuntos relacionados con el dinero… Para superar una mentalidad de pobre, este libro derriba mitos y falsas creencias sobre el mundo financiero, y nos ayuda a descubrir el genio económico que llevamos dentro y a pensar en el dinero como lo hacen los ricos… Una guia indispensable para entender las finanzas y sacarles partido. Lo que los ricos enseñan a sus hijos del dinero¡¡¡y la clase media no!!!
Year:
2009
Publisher:
Editorial Aguilar
Language:
spanish
ISBN:
4a687859-7868-496e-a63c-7637185cd195
File:
MOBI , 886 KB
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《先锋报》第8期

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《先锋报》第5期

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Casi todo lo que hemos aprendido sobre el dinero se lo debemos a nuestros padres… Por ese motivo, nos desempeñamos laboral y financieramente de acuerdo con esquemas que perpetúan patrones de conducta casi siempre perjudiciales en términos monetarios… Los padres pobres aconsejan a sus hijos que se apliquen y estudien, pero, por lo general, la escuela no prepara para lidiar con los asuntos relacionados con el dinero… Para superar una mentalidad de pobre, este libro derriba mitos y falsas creencias sobre el mundo financiero, y nos ayuda a descubrir el genio económico que llevamos dentro y a pensar en el dinero como lo hacen los ricos…



Una guia indispensable para entender las finanzas y sacarles partido. Lo que los ricos enseñan a sus hijos del dinero¡¡¡y la clase media no!!!





Robert T. Kiyosaki / Sharon L. Lechter

Padre rico, padre pobre


ePUB v1.0

ALEX_AAR 12.01.12





164 págs.

Editorial: AGUILAR

Lengua: CASTELLANO

ISBN: 9788466317702

Año edicón: 2005

Plaza de edición: MEXICO





Este libro está dedicado a todos los padres de familia del mundo:

los maestros más importantes del niño.





Introducción





Existe una necesidad



¿Prepara el colegio a los niños para el mundo real? "Estudia intensamente y logra buenas calificaciones, así encontrarás un empleo bien remunerado y con buenos beneficios", solían decir mis padres. La meta de sus vidas era proporcionar educación universitaria a mi hermana mayor y a mí, de forma tal que tuviéramos la mayor chance de éxito en nuestras vidas. Cuando finalmente, en el año 1976, obtuve mi diploma en contabilidad en la Universidad del Estado de la Florida —graduada con honores, entre los primeros de mi clase— mis padres habían alcanzado su meta. Era el logro que coronaba sus vidas. De acuerdo al "Plan Maestro", fui contratada por una firma contable de primera línea, deseando desarrollar una gran carrera y retirarme a una temprana edad.

Michael, mi esposo, siguió un camino similar. Ambos proveníamos de familias muy trabajadoras, de mod; estos recursos pero alta ética de trabajo. Michael también se graduó con honores, y lo hizo dos veces: primero como ingeniero, y luego en la escuela de leyes. Fue contratado rápidamente por un estudio legal especializado en leyes de patentes, en Washington D.C., y su futuro parecía brillante, con el sendero de su carrera bien definido, y una jubilación temprana garantizada.

Aunque hemos sido exitosos en nuestras carreras, estas no se desarrollaron tal como esperábamos. Ambos hemos cambiado de puestos de trabajo varias veces —por razones oportunas— pero no existen planes legales de pensión establecidos a nombre nuestro. Los fondos para nuestra jubilación, crecen solamente a través de nuestras contribuciones individuales.

Michael y yo tenemos un matrimonio maravilloso con tres hijos estupendos. Mientras escribo esto, dos están en la universidad, y el otro recién comenzando el ciclo superior. Hemos gastado una fortuna para asegurarnos de que nuestros hijos reciban la mejor educación disponible.

Un día, en el año 1996, uno de mis hijos volvió desilusionado del colegio. Estaba aburrido y cansado de estudiar. "¿Por qué tengo que pasar tanto tiempo estudiando temas que jamás voy a utilizar en mi vida real?" protestó.

Respondí sin pensar, "porque si no logras buenas calificaciones, no vas a ingresar a la universidad".

"Más allá de que vaya o no a la universidad, yo voy a ser rico", replicó.

"Si no completas tus estudios universitarios, no podrás conseguir un buen empleo", respondí con una ligera sensación de pánico y preocupación maternal. "Y sin un buen empleo, ¿cómo planeas hacerte rico?"

Mi hijo rió desdeñoso y sacudió su cabeza lentamente con cierto aburrimiento. Anteriormente, ya habíamos sostenido muchas veces esta conversación. El bajó la cabeza y puso sus ojos en blanco. Mis palabras de sabiduría materna estaban cayendo en oídos sordos una vez más.

Si bien era inteligente y determinado, siempre había sido un joven educado y respetuoso.

"Mami" empezó. Había llegado mi turno de recibir una lección. "¡Ponte al día! Mira a tu alrededor; las personas más ricas no se hicieron ricas a causa de su educación. Mira a Michael Jordan, o Madonna. Incluso Bill Gates, que abandonó la universidad de Harvard, y fundó Microsoft; él es hoy uno de los hombres más ricos de los Estados Unidos, y está aún en sus 30 años. Hay un lanzador de baseball que gana más de 4 millones de dólares al año aunque su coeficiente mental ha sido etiquetado como `dudoso'."

Hubo un largo silencio entre los dos. Caí en la cuenta de que le estaba dando a mi hijo el mismo consejo que me habían dado mis padres. El mundo a nuestro alrededor había cambiado, pero el consejo no.

Acceder a una buena educación y lograr calificaciones altas ya no asegura el éxito, y nadie parece haberlo notado, excepto nuestros hijos.

"Mami" continuó, "no quiero trabajar tan arduamente como tú y papá lo hacen. Ustedes ganan mucho dinero, y vivimos en una casa enorme, repleta de `juguetes'. Si sigo tu consejo, acabaré igual que tú, trabajando más y más, tan sólo para pagar más impuestos y acabar endeudado. Ya no existe la seguridad de un empleo; ya he oído todo acerca de reducciones y reajustes empresariales. También sé que los graduados universitarios hoy en día ganan menos de lo que ganabas tú cuando te graduaste. Mira a los doctores. No están ni cerca de ganar tanto dinero como ganaban antes. Sé que no puedo confiar en el Sistema de Seguridad Social o las pensiones de una compañía para mi jubilación. Necesito nuevas respuestas."

Tenía razón. El necesitaba nuevas respuestas, y yo también. Los consejos de mis padres pueden haber funcionado con personas nacidas antes de 1965, pero pueden resultar desastrosos para aquellos nacidos en este mundo rápidamente cambiante. Ya no le puedo decir simplemente a mis hijos: "Ve a la universidad, obtén buenas calificaciones, y busca un trabajo seguro y permanente."

Descubrí que tenía que buscar nuevas formas para guiar la educación de mis hijos.

Tanto como madre o como contadora, he estado preocupada por la falta de educación financiera que reciben nuestro hijos en los colegios. Muchos jóvenes de hoy en día tienen tarjetas de crédito antes de terminar el ciclo superior —aunque jamás hayan asistido a un curso sobre el dinero, o cómo invertirlo— y quedan solos para comprender cómo funcionan los intereses compuestos en las tarjetas de crédito. Puesto de forma simple, sin alfabetización financiera y el conocimiento de cómo funciona el dinero, ellos no están preparados para enfrentar el mundo que los aguarda, un mundo en el cual se enfatiza el gastar antes que el ahorrar.

Cuando mi hijo mayor, siendo estudiante de primer año, volvió totalmente endeudado con su tarjeta de crédito, no sólo le ayudé a destruir esa tarjeta, sino que me puse a buscar un programa que me pudiera ayudar a educar a mis hijos en temas financieros.

Un día durante el año pasado, mi esposo me llamó desde su oficina. "Tengo alguien que creo deberías conocer", dijo. "Su nombre es Roben Kiyosaki. Es hombre de negocios e inversor, y está aquí solicitando patentar un producto educacional. Creo que se trata de lo que has estado buscando."



Justo lo que estaba buscando

Mi esposo, Mike, quedó tan impresionado con CASHFLOW, el nuevo producto educacional que Robert Kiyosaki estaba presentando, que hizo los arreglos para que nosotros dos participáramos en la prueba de un prototipo. Como era un juego educacional, también le pedí a mi hija de 19 años, quien era estudiante de primer año en una universidad local, si querría participar, y ella aceptó.

En la prueba participaron cerca de quince personas, divididas en tres grupos.

Mike tenía razón. Era el producto educacional que yo había estado buscando. Pero tenía una peculiaridad: su aspecto era como el del colorido panel del Monopoly, con una gigante rata bien vestida en el medio. A diferencia del Monopoly, sin embargo, tenía dos sendas: una interior, y una exterior. El objetivo del juego era lograr salir de la senda interna —a la cual Robert llamaba "Carrera de Ratas"— y entrar en la senda exterior, también llamada "Vía Rápida". Como Robert lo explicó, la "Vía Rápida" simulaba la forma en que actúa la gente rica en la vida real.

Robert entonces nos definió la "Carrera de ratas".

"Si miran la vida de una persona promedio, bien instruida y muy trabajadora, hay un sendero similar. El chico nace, y va al colegio. Los orgullosos padres están entusiasmados porque el niño se destaca, logra calificaciones superiores al promedio, e ingresa a la universidad. Se gradúa, puede ser que curse un postgrado, y luego hace todo tal como fuera programado: busca un empleo o una carrera protegida y segura. El chico encuentra ese trabajo quizás como doctor, abogado, o miembro de las Fuerzas Armadas o del gobierno. Generalmente, comienza a ganar dinero, empiezan a llegarle tarjetas de crédito en masa, y comienzan las compras, si no empezaron ya.

"Teniendo dinero para quemar, frecuenta lugares donde se contacta con otros jóvenes como él; y ellos conocen gente, hacen citas, y a veces se casan . Entonces, la vida resulta maravillosa porque, ahora, tanto el hombre como la mujer trabajan. Dos ingresos son una dicha. Se sienten exitosos, su futuro es brillante, y deciden comprar una casa, un automóvil, un aparato de televisión, tomar vacaciones y tener hijos. Llega el feliz "paquetito". La demanda de efectivo se hace enorme. La feliz pareja decide que sus carreras tienen vital importancia, y empiezan a trabajar más arduamente, tratando de obtener ascensos y aumentos. Los aumentos llegan, como así también otro hijo, y la necesidad de una casa más grande. Trabajan intensamente, se convierten en mejores empleados, con mayor dedicación. Vuelven a la universidad para lograr capacidades más especializadas para poder ganar más dinero. Quizás busquen un segundo empleo. Sus ingresos aumentan, pero también aumentan la categoría impositiva que les corresponde, los impuestos inmobiliarios sobre la extensa casa nueva, sus aportes a Seguridad Social, y todos los demás impuestos. Al recibir el abultado cheque de su salario mensual, se preguntan dónde fue a parar todo ese dinero. Invierten en algún fondo común, y compran los artículos de primera necesidad con sus tarjetas de crédito. Los niños llegan a la edad de 5 ó 6 años, y se incrementa la necesidad de ahorrar para pagar los estudios, como así también para su jubilación.

"Esa pareja feliz, nacida alrededor de 35 años atrás, se encuentra ahora atrapada en la "Carrera de ratas" por el resto de su vida laboral. Ellos trabajan para los dueños de sus compañías; para el gobierno, pagando sus impuestos; y para los bancos, al pagar las cuotas de su hipoteca y de sus tarjetas de crédito.

"Entonces, les aconsejan a sus propios hijos que `estudien intensamente, obtengan altas calificaciones, y busquen un trabajo o carrera seguros'. No aprendieron nada acerca del dinero, excepto de aquellos que sacan provecho de su inocencia; y entonces continúan trabajando arduamente por el resto de sus vidas. El proceso se repite durante otra generación de esforzados trabajadores. Esta es la `carrera de ratas'."

La única manera de salir de ella, es probar su eficiencia tanto en contabilidad como en inversiones, probablemente dos de los temas más difíciles de dominar. Como Contadora Pública Certificada, y habiendo trabajado en una de las firmas contables más prestigiosas, me sorprendió que Robert hubiera logrado hacer del aprendizaje de estos dos temas, algo divertido y excitante. El proceso estaba tan bien disfrazado, que mientras trabajábamos diligentemente para salir de la "Carrera de ratas", enseguida olvidamos que estábamos aprendiendo.

Pronto, la prueba de un producto se convirtió en una divertida tarde con mi hija, discutiendo cosas de las que antes jamás habíamos hablado. Siendo contadora, jugar un juego que requería una Declaración de Ingresos y una Hoja de Balance fue fácil. Así que tuve tiempo para ayudar a mi hija y a los otros jugadores de mi mesa con los conceptos que no entendían. Ese día, fui la primera persona y la única en todo el grupo de prueba— en lograr salir de la "Carrera de ratas". Salí a los 50 minutos, pero el juego se prolongó por cerca de tres horas.

En mi mesa había un banquero, el dueño de un negocio, y un programador de computadoras. Lo que me perturbó mucho fue lo poco que estas personas sabían, tanto de su contabilidad como de sus inversiones, dos temas tan importantes en sus vidas. Me preguntaba cómo manejarían sus propios asuntos financieros en la vida real. Podía aceptar que mi hija de 19 años no entendiera, pero ellos eran adultos de, por lo menos, el doble de su edad.

Una vez que salí de la "Carrera de ratas", permanecí las dos horas siguientes observando a mi hija y a estos adultos pudientes y educados, arrojar el dado y mover sus marcadores. Aunque estaba contenta de que todos estuvieran aprendiendo tanto, me sentí perturbada por lo poco que ellos sabían sobre los aspectos básicos de contabilidad y simples inversiones. Tenían dificultades para comprender la relación entre sus Declaraciones de Ingresos y sus Hojas de Balance. A medida que compraban y vendían inversiones, tenían problemas para recordar que cada transacción podía impactar en el flujo de su dinero mensual. Yo pensé, ¿cuántos millones de personas andan por ahí en el mundo real luchando financieramente, tan sólo porque nadie les ha enseñado estas cuestiones?

Gracias a Dios que se están divirtiendo y están distraídos con el deseo de ganar el juego, me dije. Luego de que Roben dio por finalizada la contienda, nos dejó quince minutos para discutir y criticar CASHFLOW entre nosotros.

El dueño del negocio, que compartía mi mesa, no estaba feliz. El juego no le gustó. "Yo no necesito saber esto", dijo en voz alta. "Contrato contadores, banqueros y abogados para que me expliquen sobre estas cuestiones."

A lo cual Roben replicó, "¿Ha notado que existen infinidad de contadores que no son ricos? Y banqueros, y abogados, y corredores de bolsa y agentes inmobiliarios. Saben muchísimo, y la mayoría son gente inteligente, pero muchos de ellos no son ricos. Dado que nuestros colegios no le enseñan a la gente lo que saben los ricos, tenemos que hacernos asesorar por estas personas. Pero un día usted se halla conduciendo por la autopista, atascado en el tráfico, tratando de llegar a tiempo al trabajo, y mira hacia la derecha y ve a su contador atascado en la misma maraña de tráfico. Mira hacia la izquierda, y ve a su banquero. Eso debería decirle a usted algo."

El programador de computadoras tampoco estaba impresionado con el juego. "Puedo comprarme un software que me enseñe esto."

El banquero, sin embargo, estaba movilizado. "Estudié esto en el colegio —es decir, la parte de contabilidad— pero nunca supe cómo aplicarlo en la vida real. Ahora lo sé. Necesito salir de la `carrera de ratas'."

Pero lo que más me conmovió fueron los comentarios de mi hija. "Me divertí aprendiendo", dijo. "Aprendí muchísimo acerca de la manera en que realmente funciona el dinero, y cómo invertirlo."

Luego agregó: "Ahora sé que puedo elegir una profesión por el tipo de trabajo que quiero desempeñar, y no por la seguridad del empleo, los beneficios o lo mucho que me paguen. Si aprendo lo que enseña este juego, soy libre de hacer y estudiar lo que mi corazón desea estudiar... en lugar de estudiar algo porque las compañías están buscando ciertas habilidades para los trabajos. Si aprendo esto, no tendré que preocuparme por la seguridad de un empleo o la Seguridad Social de la manera en la que la mayoría de mis compañeros ya lo están haciendo."

No pude quedarme y hablar con Roben después de haber jugado el juego, pero acordamos encontrarnos más tarde para discutir su proyecto más extensamente. Sabía que él quería utilizar el juego para ayudar a otros a ser financieramente más... ingeniosos, y yo estaba ávida de escuchar más sobre sus planes.

Mi esposo y yo concertamos una cena para encontrarnos con Roben y su esposa, en el transcurso de esa semana. Aunque era nuestro primer encuentro social, sentimos como si todos nos hubiéramos conocido desde hacía años.

Descubrimos que teníamos infinidad de cosas en común. Cubrimos toda la gama, desde deportes y juegos, hasta restaurantes y temas socio-económicos. Hablamos del mundo en permanente transformación. Pasamos una gran cantidad de tiempo conversando sobre cómo la mayoría de los norteamericanos tienen muy poco o nada ahorrado para su jubilación, y de la inminente quiebra de los servicios de previsión y medicina social. ¿Les será requerido a nuestros hijos pagar 75 millones de dólares para las jubilaciones de la generación post-guerra? Nos preguntamos si la gente se da cuenta de lo riesgoso que puede resultar depender de un plan de pensiones.

La principal preocupación de Robert era la creciente brecha entre los que tienen y los que no, tanto en los Estados Unidos como alrededor del mundo. Siendo un empresario autoformado y autoeducado, quien viajó por todo el mundo reuniendo inversiones, Roben podía retirarse a los 47 años. Pero desistió de hacerlo porque comparte la misma preocupación que tengo yo respecto de mis propios hijos. El sabe que el mundo ha cambiado, pero la educación no. De acuerdo con Roben, los niños pasan años en un anticuado sistema educacional, estudiando temas que nunca utilizarán, preparándose para un mundo que ya no existe.

"El consejo más peligroso que se le puede dar hoy a un niño es, `ve al colegio, logra buenas calificaciones, y busca un empleo seguro`, le gusta decir. "Ese es un consejo antiguo, y es un consejo malo. Si usted pudiera ver lo que está sucediendo en Asia, Europa o Sudamérica, estaría tan preocupada como yo."

El cree que es un mal consejo "porque si usted quiere que sus hijos tengan un futuro financiero seguro, ellos no pueden jugar con las viejas reglas. Simplemente, resulta demasiado riesgoso".

Le pregunté qué quería significar con "viejas reglas".

"La gente como yo juega con un conjunto de reglas diferentes de las que usan ustedes", dijo. "¿Qué pasa cuando una corporación anuncia una reducción (downsizing)?"

"Despiden a la gente", dije. "Las familias son heridas. El desempleo aumenta."

"Sí pero, ¿qué pasa con la compañía? Particularmente con una compañía pública, con la cotización de sus acciones en la bolsa?"

"El precio de la acción generalmente sube cuando se anuncia la reducción", dije. "Al mercado le gusta que una compañía reduzca sus costos laborales, ya sea por automatización o por consolidación de la fuerza laboral en general."

"Así es", me contestó. "Y cuando el precio de las acciones sube, la gente como yo, los accionistas, nos hacemos más ricos. Eso es lo que quiero significar con un conjunto de reglas diferente. Los empleados pierden, mientras que los dueños y accionistas ganan."

Roben no estaba describiendo solamente la diferencia entre empleado y empleador, sino también la diferenció entre controlar su propio destino y entregar ese control a otra persona.

"Pero, para muchas personas, es difícil comprender por qué sucede eso", observé. "Ellos simplemente piensan que no es justo."

"Por eso es tonto decirle simplemente a un niño, `tienes que lograr una buena educación"', dijo. "Es tonto asumir que la educación que provee el sistema educativo preparará a su hijo para el mundo que deberá enfrentar después de graduarse. Cada niño requiere más educación. Una educación diferente. Y necesitan conocer las reglas. Los diferentes conjuntos de reglas.

"Existen reglas para el dinero de acuerdo con las cuales actúan los ricos, y también existen reglas con las que actúa el 95 por ciento restante de la población", dijo. "Y el 95 por ciento aprende esas reglas en su casa y en el colegio. Por eso hoy en día es riesgoso decir sencillamente a un niño `estudia esforzadamente y busca un buen trabajo'. Hoy en día, un niño necesita una educación más sofisticada, y el sistema actualmente vigente no le brinda los elementos. A mí no me importa cuántas computadoras pongan en cada clase, o cuánto dinero gastan las escuelas. ¿Cómo podría el sistema educativo enseñar un tema que desconoce?

"De manera que ¿cómo enseñan los padres a sus hijos lo que la escuela no enseña? ¿Cómo enseñar contabilidad a un niño? ¿No se aburrirían? ¿Y cómo puede usted, como padre, enseñar a invertir, cuando usted mismo siente aversión al riesgo? En lugar de enseñar a mis hijos a simplemente jugar a lo seguro, decidí que era mejor enseñarles a jugar inteligentemente."

"¿Entonces cómo le enseñaría a un niño las cuestiones relacionadas con el dinero y todas estas cosas de las que hemos hablado?" pregunté a Robert. "¿Y cómo podemos facilitar esto a los padres, especialmente cuando ellos mismos no lo entienden?"

"Yo escribí un libro sobre el tema", me contestó.

"¡¿Dónde está?!"

"En mi computadora. Ha estado allí por años en fragmentos fortuitos. Ocasionalmente le agrego algo, pero nunca me he puesto de lleno como para unirlo todo. Comencé a escribirlo cuando mi otro libro se convirtió en bestseller, pero este nuevo nunca lo he terminado. Está en fragmentos."

Y así estaba, en fragmentos. Luego de leer las secciones dispersas, sentí que el libro ameritaba y necesitaba ser compartido, especialmente en estos tiempos cambiantes. Nos pusimos de acuerdo para ser coautores.

Le pregunté qué creía él acerca de la cantidad de información financiera que necesitaba un niño. Dijo que dependía del niño. El supo que quería ser rico a temprana edad, y fue suficientemente afortunado de tener como figura paterna a un hombre rico y deseoso de guiarlo. "La educación es la base del éxito", dijo Roben. "Y tanto como son importantes las capacidades escolares, también son importantes las capacidades financieras y de comunicación."

Lo que sigue es la historia de los dos padres de Roben, uno rico y uno pobre, lo cual explica las capacidades que él ha desarrollado a lo largo de su vida. El contraste entre los dos papás aporra una importante perspectiva. El libro está respaldado, editado y compaginado por mí. Los contadores que lean este libro, supriman el conocimiento de los libros académicos, y abran sus mentes a las teorías que presenta Roben. Aunque muchas de esas teorías desafían los propios fundamentos de los principios contables generalmente aceptados, proporcionan una valiosa mirada hacia el interior de la senda que analizan los verdaderos inversores para tomar sus decisiones de inversión.

Cuando nosotros como padres aconsejamos a nuestros hijos "ir al colegio, estudiar esforzadamente y conseguir un buen empleo", en general lo hacemos partiendo de un hábito cultural. Eso siempre había sido lo correcto. Cuando conocí a Roben, inicialmente sus ideas me asustaron. Al haber sido educado por dos padres, se le había enseñado a esforzarse por dos metas diferentes. Su padre instruido le aconsejó que trabajara para una corporación. Su padre rico le aconsejó que fuera dueño de una corporación. Ambos proyectos de vida requieren educación, pero los temas de estudio son completamente diferentes. Su padre altamente instruido lo alentaba a ser una persona inteligente. Su padre rico lo animaba a descubrir cómo contratar personas inteligentes.

Tener dos padres le causó muchos problemas. El padre verdadero era el superintendente de educación para el estado de Hawai. Para cuando Roben tenía 16 años, la amenaza de "si no obtienes buenas calificaciones no conseguirás un buen trabajo" tenía ya poco efecto. Para ese entonces, él ya sabía que el camino para su carrera era ser dueño de corporaciones, y no trabajar para ellas. En realidad, si no hubiera sido por la guía sabia y persistente de un consejero de estudios superiores, Roben podría no haber ido a la universidad. El lo admite. Estaba ávido de iniciar la conformación de su activo, pero finalmente estuvo de acuerdo en que una educación universitaria también lo beneficiaría.

Verdaderamente, para los padres de hoy en día, las ideas de este libro probablemente parezcan muy lejanas de alcanzar, o demasiado radicales. Muchos padres están pasando por momentos ya bastantes difíciles tratando de mantener a sus hijos en el colegio. Pero a la luz de nuestros tiempos cambiantes, necesitamos, como padres, estar abiertos a ideas nuevas y audaces. Alentar a los niños a que sean empleados, es aconsejar a sus hijos a que paguen durante toda sus vidas más impuestos de lo que es justo, con alguna o ninguna promesa de pensiones. Y es cieno que los impuestos son el mayor egreso de una persona. De hecho, la mayoría de las familias trabajan para el gobierno desde enero hasta mediados de mayo, solamente para pagar sus impuestos. Se necesitan nuevas ideas, y este libro las aporra.

Roben afirma que los ricos enseñan a sus hijos de forma diferente. Les enseñan en su casa, sentados a la mesa durante la cena. Quizás estas ideas no sean las que usted elija para conversar con sus hijos, pero de todas maneras, gracias por darles una mirada. Y le aconsejo seguir buscando. En mi opinión, como madre y como Contadora Pública Certificada, el concepto de simplemente obtener buenas calificaciones y conseguir un buen trabajo, es una idea anticuada. Necesitamos aconsejar a nuestro hijos con cierto grado de mayor inteligencia. Necesitamos nuevas ideas y una educación diferente. Podría ser que, decirles que se esfuercen por ser buenos empleados, mientras a la vez se esfuerzan por ser dueños de su propia corporación de inversiones, no sea una idea tan mala.

Mi esperanza como madre, es que este libro ayude a otros padres. La esperanza de Roben, es poder informar a las personas que cualquiera puede alcanzar prosperidad, si así lo elige. Si usted actualmente es jardinero o conserje, o aún si está desempleado, tiene la oportunidad de educarse y enseñarle a sus seres queridos a cuidar de sí mismos financieramente. Recuerde que la inteligencia financiera es el proceso mental a través del cuál resolvemos nuestros problemas financieros.

Hoy en día estamos enfrentando cambios tecnológicos y globales tan o incluso más grandes que los que alguna vez hayamos enfrentado. Nadie tiene la bola de cristal, pero una cosa es cierra: se avecinan transformaciones que están más allá de nuestra realidad. ¿Quién sabe lo que depara el futuro? Pero, suceda lo que sucediere, tenemos dos elecciones fundamentales: jugar a lo seguro o jugar con inteligencia, preparándonos, educándonos y despertando en nosotros y en nuestros hijos, ese genio financiero que todos llevamos dentro.



Sharon Lechter





Padre rico, padre pobre



Tal y como fue narrado por Robert Kiyosaki

Tuve dos padres, uno rico y uno pobre. Uno, era muy inteligente y altamente instruido; había obtenido un doctorado y completado cuatro años de trabajo de postgrado en un período inferior a dos años. Luego, asistió a las Universidades de Stanford, Chicago y Northwestern, para realizar sus estudios avanzados, totalmente becado. Mi otro padre, nunca completó el octavo grado.

Ambos hombres fueron exitosos en sus carreras, y trabajaron arduamente durante toda su vida. Los dos ganaron ingresos substanciales; pero uno de ellos luchó financieramente toda su vida. El otro, se convertiría en uno de los hombres más ricos de Hawai. Uno falleció dejando decenas de millones de dólares a su familia, iglesia, e instituciones de caridad. El otro dejó cuentas por pagar.

Ambos hombres eran fuertes, carismáticos e influyentes. Y ambos me ofrecieron sus consejos, pero no me aconsejaron las mismas cosas. Los dos creían firmemente en la educación, pero no me recomendaron el mismo camino de estudios.

Si yo hubiese tenido tan sólo un padre, habría tenido que aceptar o rechazar sus consejos. Pero tener dos papás aconsejándome me ofreció la opción de confrontar puntos de vista; el de un hombre rico, con el de un hombre pobre.

En lugar de simplemente aceptar o rechazar a uno u otro, me encontré a mí mismo pensando más, comparando, y luego eligiendo por mi propia cuenta.

El problema fue que, el hombre rico, todavía no era rico, ni tampoco el pobre era pobre aún. Ambos estaban recién empezando sus carreras, y ellos tenían puntos de vista muy diferentes acerca del tema del dinero.

Por ejemplo, un papá diría "el amor al dinero es la raíz de todo mal". El otro, "la carencia de dinero es la raíz de todo mal".

Siendo un joven muchacho, tener dos padres fuertes influenciándome fue difícil. Yo deseaba ser un buen hijo y escuchar, pero los dos papás no decían las mismas cosas. El contraste en sus puntos de vista, particularmente en lo concerniente al dinero, era tan extremo, que crecí curioso e intrigado. Comencé a pensar por largos períodos de tiempo en lo que cada uno decía.

Mucho de mi tiempo a solas, transcurría reflexionando, haciéndome preguntas a mí mismo tales como: "¿Por qué habrá dicho eso?", y luego aplicando la misma pregunta a las afirmaciones del otro papá. Hubiera sido mucho más fácil decir simplemente: "¡Ah, sí, él tiene razón. Estoy de acuerdo con eso!". O simplemente rechazar un punto de vista diciendo "...el viejo no sabe de lo que habla...". En lugar de eso, tener dos padres a quienes amaba me obligó a pensar, y en última instancia a elegir una forma propia de pensar. Como proceso, elegir por mí mismo finalmente terminó siendo mucho más valioso, en el largo plazo, que sencillamente aceptar o rechazar un determinado punto de vista.

Una de las razones por las cuales los ricos se hacen más ricos, los pobres se hacen más pobres, y la clase media lucha con las deudas, es porque lo que tiene que ver con el dinero se enseña en el hogar, y no en el colegio. La mayoría de nosotros aprendemos de nuestros padres, acerca del dinero. Y, ¿qué puede un padre pobre decirles a sus hijos sobre el dinero? Sencillamente, "continúa en el colegio y estudia intensamente". El joven podrá graduarse con excelentes calificaciones, pero con un esquema mental y una programación financiera de persona pobre. Eso fue aprendido cuando el joven era un niño.

El tema dinero no se enseña en las escuelas. La escuela se enfoca en las habilidades profesionales y curriculares, pero no en habilidades financieras. Esto explica por qué banqueros, doctores y administradores que se graduaron con excelentes calificaciones, puedan estar luchando financieramente durante toda su vida. Nuestra tambaleante deuda nacional se debe en gran parte a políticos con buena formación y oficiales de gobierno, que toman decisiones financieras con poco o nada de entrenamiento sobre el tema del dinero.

A menudo, yo miro hacia adelante, más allá del año 2000, y me pregunto qué pasará cuando tengamos millones de personas necesitando asistencia médica y financiera. Ellas dependerán de sus familias o del gobierno para sostenerse financieramente. ¿Y qué va a pasar cuando los servicios sociales de salud y las cajas de jubilación se queden sin dinero? ¿Cómo podrá sobrevivir una nación si lo que debe ser enseñado a los niños acerca del dinero queda en manos de los padres la mayoría de los cuales serán, o ya son, pobres?

Dado que tuve dos padres influyentes, yo aprendí de ambos. Tuve que reflexionar sobre los consejos de cada uno de mis papás, y al hacerlo, obtuve una valiosa percepción de mi naturaleza interior en relación al poder y efecto de los propios pensamientos en la vida de cada uno. Por ejemplo, un padre tenía el hábito de decir "no puedo afrontarlo". El otro prohibió el uso de tales palabras. El insistía en que yo dijera "¿cómo puedo afrontarlo?" La primera frase es una afirmación, mientras que la segunda es una pregunta. Una nos deja fuera de combate, mientras que la otra nos fuerza a pensar. Mi padre envías de hacerse rico explicaría que, automáticamente, al decir "no puedo afrontarlo", nuestro cerebro cesa de trabajar. Al formular la pregunta "¿cómo puedo afrontarlo?", nuestro cerebro comienza a trabajar. El no se refería a comprar todo lo que uno quisiera. El era un fanático de la ejercitación de la mente, la computadora más poderosa del mundo. "Mi cerebro se pone cada día más fuerte porque lo ejercito. Más se fortalece, más dinero puedo hacer." El creía que afirmar automáticamente "no puedo afrontarlo" era una señal de haraganería mental.

Aunque ambos padres trabajaban arduamente, advertí que uno de ellos, tenía el hábito de poner su mente a dormir cuando se trataba de asuntos de dinero, y el otro, tenía el hábito de ejercitar su cerebro. El resultado a largo plazo fue que, financieramente, uno de ellos se fortaleció, mientras el otro resultó debilitado. Esto no es muy diferente de alguien que asiste a un gimnasio a ejercitarse regularmente, versus alguien que se sienta en su sofá a mirar televisión. El ejercicio físico apropiado aumenta sus chances de salud, y el ejercicio mental apropiado aumenta sus chances de riqueza. La haraganería disminuye ambas, salud y riqueza.

Mis dos papás tenían formas opuestas de pensar. Un papá pensaba que los ricos deberían pagar más en impuestos para ayudar a aquellos menos afortunados. El otro decía, "los impuestos castigan a quienes producen y premian a quienes no lo hacen".

Un papá recomendaba, "estudia mucho, así encontrarás una buena compañía en la cual trabajar". El otro recomendaba, "estudia mucho, así encontrarás una buena compañía para comprarla".

Un papá decía, "la razón por la que no soy rico es porque los tengo a ustedes, niños". El otro decía, "la razón por la que debo ser rico es porque los tengo a ustedes, niños".

Uno alentaba a hablar de negocios y dinero durante la cena. El otro prohibía que el tema dinero fuera discutido durante la comida.

Uno decía, "cuando se trata de dinero, juega sobre seguro, no corras riesgos". El otro decía, "aprende a manejar el riesgo".

Uno creía, "nuestro hogar es nuestra mayor inversión y nuestro más grande activo". El otro creía, "mi casa es un pasivo, y si tu casa es tu mayor inversión, estás en problemas".

Ambos papás pagaban sus cuentas a tiempo, pero uno las pagaba en primer término mientras que el otro lo hacía en último.

Un papá creía en que una compañía, o el gobierno, cuidara de uno y sus necesidades. Siempre estaba interesado en aumentos, planes de retiro, beneficios médicos, licencias por enfermedad, vacaciones y otros ornamentos. El estaba muy impresionado con dos tíos que fueron miembros de las fuerzas armadas y obtuvieron una jubilación y acreditaciones de por vida, luego de veinte años de servicio activo. Amaba la idea de los beneficios médicos y otros beneficios que el ejército brindaba a sus retirados. También amaba el sistema de puestos inamovibles accesible a través de la universidad. La idea de un trabajo protegido de por vida, y sus beneficios, parecía a veces más importante que el trabajo en sí. A menudo él decía, "he trabajado duro para el gobierno, y eso me da derecho a los beneficios".

El otro papá creía en la total auto dependencia financiera. El hablaba bien claro sobre la mentalidad de "beneficiario", y de cómo estaba creando gente débil y con carencias financieras. Era bien enfático en relación a ser financieramente competente.

Un papá bregaba por ahorrar unos pocos dólares. El otro simplemente creaba inversiones.

Un papá me enseñó cómo redactar un currículum vitae que dé buena impresión, a fin de encontrar un buen trabajo. El otro me enseñaba cómo redactar fuertes planes de negocios y finanzas a fin de crear puestos de trabajo.

Ser producto de dos padres fuertes me permitió darme el lujo de observar los efectos que dos formas diferentes de pensamiento tenían sobre la vida de uno. Me di cuenta de que las personas realmente dan forma a sus vidas a través de sus pensamientos.

Por ejemplo, mi papá pobre siempre decía "nunca seré rico". En cambio mi papá rico siempre se refería a sí mismo como rico. Decía cosas como "soy un hombre rico, y los ricos no hacen esto". Aún cuando estaba totalmente quebrado luego de un revés financiero importante, continuaba refiriéndose a sí mismo como hombre rico. Se cubría a sí mismo diciendo: "Hay una diferencia entre ser pobre y estar quebrado. Quebrado es temporal, y pobre es eterno."

Mi padre pobre decía también "no estoy interesado en el dinero" o "el dinero no cuenta". Mi padre rico siempre decía "el dinero es poder".

De manera que, puede que el poder de nuestros pensamientos nunca sea medido o apreciado, pero, siendo aún un joven muchacho, se hizo obvio para mí que debía estar conciente de mis pensamientos y de cómo me expresaba. Noté que mi papá pobre era pobre, no por la cantidad de dinero que ganaba, la cual era significativa, sino por sus pensamientos y acciones. Siendo niño, y al tener dos padres, comencé a estar agudamente atento de cuidar qué pensamientos elegiría adoptar como propios. ¿A quién debía escuchar? ¿A mi padre rico o a mi padre pobre?

Aunque ambos hombres tenían un gran respeto por la educación y el aprendizaje, ellos estaban en desacuerdo sobre aquello que pensaban que sería importante aprender. Uno quería que yo estudiara mucho, lograra un título, consiguiera un buen empleo y trabajara por el dinero. El quería que yo estudiara para convertirme en un profesional, abogado o contador, o que asistiera a la escuela de negocios para lograr un Master. El otro me animaba a estudiar para ser rico, para entender cómo funciona el dinero, y para aprender cómo tenerlo trabajando para mí. "¡Yo no trabajo por el dinero!" eran palabras que él repetía una y otra vez, "el dinero trabaja para mí".

A la edad de nueve años, decidí escuchar y aprender de mi padre rico acerca del dinero. Al hacer esto, elegí no escuchar a mi padre pobre, aunque fuera él quien tenía todos los títulos universitarios.



Una lección de Roben Frost

Roben Frost es mi poeta favorito. Aunque amo a muchos de sus poemas, mi preferido es "El camino no tomado". Uso su lección casi a diario.


El camino no tomado

Dos caminos se bifurcaban en un bosque amarillo,

y lamentablemente no podía recorrer ambos

siendo un solo viajero; por largo tiempo me detuve

y contemplé uno de ellos tan lejos como pude

hasta donde se perdía en la maleza.

Entonces tomé el otro, tan justo como honesto,

y teniendo quizás el mejor motivo,

ya que las pasturas estaban más crecidas

y pedía ser recorrido

aunque quienes habían pasado por allí

las habían desgastado casi por igual realmente,

y esa mañana ambos por igual se tendían

sobre hojas que ninguna pisada tornara ennegrecidas.

¡Ah, dejaré el primer camino para otro día!

Y aún sabiendo que un camino conduce a otro,

dudé si alguna vez debería regresar.

Y estaré diciendo esto con una visión,

en alguna parte, de aquí a épocas por venir;

Dos caminos se bifurcaban en un bosque, y yo,

yo tomé el menos transitado,

y eso ha hecho toda la diferencia.

Roben Frost (1926)


Y eso hizo toda la diferencia.

A lo largo de los años, he reflexionado a menudo sobre el poema de Frost. Elegir no escuchar el consejo y la actitud de mi padre altamente instruido fue una decisión dolorosa, pero fue una decisión que moldeó el resto de mi vida.

Una vez que decidí a quién escuchar, comenzó mi educación acerca del dinero. Mi padre rico me enseñó por un período de 30 años, hasta que tuve 39. Cesó cuando se dio cuenta que yo sabía y comprendía plenamente lo que él había tratado de introducir repetidamente en mi, a menudo duro, cráneo.

El dinero es una forma de poder. Pero lo que es más poderoso aún, es la educación financiera. El dinero viene y va, pero si usted cuenta con la educación acerca de cómo funciona el dinero, gana poder sobre él y puede comenzar a generar riqueza. La razón por la cual el pensamiento positivo por sí solo no basta, es porque la mayoría de la gente fue al colegio pero nunca aprendió cómo funciona el dinero, de manera que pasan sus vidas trabajando por él.

Dado que sólo tenía 9 años cuando comencé, las lecciones que mi padre rico me dio fueron simples. Y cuando todo estaba expresado y realizado, quedaron definidas tan sólo seis lecciones principales, repetidas a lo largo de 30 años. Este libro trata acerca de esas seis lecciones, expresadas de la forma más simple posible, al igual que mi padre rico las expuso para mí. Estas lecciones no pretenden ser respuestas sino pautas indicadoras. Pautas que lo asistirán a usted y a sus hijos a incrementar su riqueza, sin importar lo que esté sucediendo en este mundo de crecientes cambios e incertidumbre.





Lección 1: Los ricos no trabajan por el dinero



—Papá: ¿Puedes decirme cómo volverme rico?

Mi padre dejó a un lado el periódico vespertino: "¿Por qué quieres volverte rico, hijo?" Porque la mamá de Jimmy apareció al volante de su nuevo Cadillac, y ellos se fueron a pasar el fin de semana su casa en la playa. Jimmy invitó a tres de sus amigos, pero Mike y yo no fuimos invitados. Nos dijeron que no nos invitaban porque éramos; “niños pobres".

—¿Ellos dijeron eso? —preguntó mi padre, incrédulo.

—Sí, lo dijeron —respondí herido.

Mi padre meneó la cabeza en silencio, empujó sus anteojos sobre su nariz y volvió a leer el periódico. Yo me quedé a la espera de una respuesta.

Corría el año 1956. Yo tenía, nueve años de edad. Por un capricho del destino, yo asistía a la misma escuela pública a la que los ricos enviaban a sus hijos. El nuestro era un pueblo en una plantación de azúcar. Los gerentes de la plantación y otras personas pudientes del pueblo, como los doctores, los dueños de negocios y los banqueros, enviaban a sus hijos a esa escuela, del primero al sexto grado. Luego de pasar el sexto grado, sus hijos generalmente eran enviados a escuelas particulares. Dado que mi familia vivía a un lado de la calle de esa escuela, yo asistí a ella. Si hubiera vivido en la acera de enfrente hubiera tenido que ir a una escuela diferente, con los hijos de familias como la mía. Luego del sexto grado, esos niños y yo asistiríamos a la secundaria pública y a la preparatoria pública. No había escuela particular para ellos o para mí.

Mi padre finalmente dejó el periódico. Me di cuenta de que estaba pensando.

—Bien, hijo —comenzó lentamente—. Si quieres ser rico, tienes que aprender a hacer dinero.

—¿Cómo puedo hacer dinero —pregunté.

—Bien, hijo, utiliza tu cabeza —me dijo sonriente. Lo que quería decir era: "Eso es todo lo que voy a decirte", o "no sé la respuesta, no me avergüences".



Se forma una sociedad

A la mañana siguiente le dije a Mike, mi mejor amigo, lo que mi padre me había dicho.

Hasta donde sé, Mike y yo éramos los únicos niños pobres en esa escuela. De la misma forma que yo, Mike estaba en esa escuela por un capricho del destino. Alguien había dibujado una línea para definir el distrito escolar y nosotros terminamos en la escuela de los niños ricos. Nosotros no éramos realmente pobres, pero sentíamos como si lo fuéramos porque todos los demás niños tenían guantes de béisbol nuevos, bicicletas nuevas, todo nuevo.

Mi madre y mi padre nos proporcionaban las cosas básicas, como la comida, la vivienda y la ropa. Pero eso era todo. Mi padre solía decir: "Si quieres algo, trabaja para obtenerlo." Nosotros queríamos cosas, pero no había mucho trabajo disponible para niños de nueve años.

—¿Qué hacemos para ganar dinero? —preguntó Mike.

No sé —le dije—. Pero, ¿quieres ser mi socio?

Aceptó y de esa manera, ese sábado por la mañana, Mike se convirtió en mi primer socio de negocios. Pasamos toda la mañana pensando en ideas sobre cómo ganar dinero. Ocasionalmente hablábamos acerca de los "niños ricos" que estaban en la casa de playa de Jimmy, divirtiéndose. Nos dolía un poco, pero ese dolor era bueno, porque nos inspiró a seguir pensando en la manera de ganar dinero. Finalmente, esa tarde una iluminación nos vino a la mente. Se trataba de una idea que Mike había tomado de un libro de ciencia que había leído. Muy emocionados nos dimos un apretón de manos y la sociedad tenía ahora un negocio.

Durante las siguientes semanas, Mike y yo recorrimos el vecindario tocando puertas y preguntando a los vecinos si nos guardarían los tubos de dentífrico usados. Con miradas curiosas, la mayoría asintió con la cabeza. Algunos nos preguntaron qué estábamos haciendo, a lo que nosotros respondíamos: "No podemos decirle. Se trata de un negocio secreto."

Mi madre estaba cada vez más molesta, conforme pasaron las semanas. Habíamos seleccionado un sitio cercano a su lavadora de ropa como el lugar donde almacenaríamos nuestra materia prima. En una caja de cartón que alguna vez contuvo botellas de salsa de tomate comenzó acrecer nuestra pila de tubos vacíos de dentífrico.

Finalmente intervino mi mamá. Le había afectado el espectáculo de los tubos apretados y vacíos. "¿Qué están haciendo, niños?", preguntó. "Y no quiero escuchar nuevamente que se trata de un negocio secreto. Hagan algo con ese desorden o lo voy a arrojar a la basura. "

Mike y yo rogamos y suplicamos, explicándole que pronto tendríamos suficiente material para comenzar la producción. Le informamos que estábamos esperando a que un par de vecinos terminaran de utilizar su pasta de dientes para que nos dieran sus tubos. Mamá nos dio un plazo de una semana.

La fecha para comenzar la producción fue adelantada. La presión estaba sobre nosotros. Mi primera sociedad de negocios estaba siendo ya amenazada con una notificación de lanzamiento de nuestro primer espacio de almacén, por mi propia madre. Correspondió a Mike el trabajo de apresurar a los vecinos para que utilizaran su pasta de dientes, diciéndoles que el dentista de cualquier manera quería que se lavaran más a menudo. Yo comencé a armar la línea de producción.

Un día mi padre llevó a un amigo para ver a dos niños de nueve años con una línea de producción funcionando a toda velocidad en la rampa de acceso a la cochera. Había polvo blanco por todas partes. En una mesa larga había pequeños recipientes de leche que obtuvimos en la escuela, y la parrilla de la familia resplandecía por el fulgor de los trozos de carbón al rojo vivo.

Papá se acercó precavidamente y estacionó su automóvil a la entrada de la rampa, porque la línea de producción obstruía la entrada de su cochera. Conforme él y su amigo se acercaron pudieron ver una olla de acero colocada sobre el carbón, con los tubos de dentífrico derritiéndose. Los tubos estaban hechos de plomo. De manera que una vez removida la pintura colocamos los tubos en la olla de acero, los derretimos hasta hacerlos líquido y sosteniéndola por las asas vertimos el plomo a través de un pequeño agujero en la parte superior de los cartones de leche.

Los recipientes de cartón estaban rellenos de yeso. El polvo blanco que podía verse por todas partes era el yeso antes de ser mezclado con agua. En mi premura había volcado el saco de yeso, y toda el área tenía el aspecto de haber sido golpeada por una tormenta de nieve. Los cartones de leche eran los recipientes para los moldes de yeso.

Mi padre y su amigo observaron mientras vertimos cuidadosamente el plomo derretido a través de un pequeño agujero en la parte superior del cubo de yeso.

—Tengan cuidado —dijo mi padre.

Yo asentí con la cabeza sin levantar la vista.

Finalmente, una vez que terminamos de verter, dejé la olla de acero y sonreí a mi padre.

—¿Qué están haciendo, niños? —nos preguntó con una sonrisa precavida.

—Estamos haciendo lo que me dijiste que hiciera. Nos vamos a volver ricos —le respondí.

—Sí —dijo Mike, sonriente y asintiendo con la cabeza—. Somos socios.

—¿Y qué hay en los moldes de yeso? —preguntó mi padre.

—Mira —le dije—. Esta debe estar lista.

Con un pequeño martillo golpeé ligeramente el sello que dividía el cubo en dos. Levanté la mitad superior del molde de yeso y apareció una moneda de plomo.

—¡Oh, Dios mío! —dijo mi padre—. Están acuñando centavos de plomo.

—Así es —dijo Mike—. Estamos haciendo lo que usted nos dijo. Estamos haciendo dinero.

El amigo de mi padre se dio la vuelta y soltó una carcajada. Mi padre sonrió y sacudió la cabeza. Junto al fuego y a una caja de tubos de dentífrico usados había dos niños pequeños cubiertos de plomo que sonreían de oreja a oreja.

Nos pidió que dejáramos lo que estábamos haciendo y que nos sentáramos en los peldaños frente a la casa. Sonriente, mi padre nos explicó el significado de la palabra "falsificación".

Nuestros sueños se habían desvanecido: "¿Quieres decir que esto es ilegal?", preguntó Mike con voz entrecortada.

—Déjalos —dijo el amigo de mi padre—. Es posible que estén desarrollando un talento natural. Mi padre le clavó la mirada.

—Sí, es ilegal—dijo amablemente mi padre—. Pero ustedes han mostrado una gran creatividad y originalidad de pensamiento. Sigan trabajando. ¡Realmente estoy orgulloso de ustedes! Desilusionados, Mike y yo nos sentamos en silencio cerca de 20 minutos antes de comenzar a limpiar nuestro desorden. El negocio había fracasado el mismo día que inició. Mientras barría el polvo, miré a Mike y le dije: "Creo que Jimmy y sus amigos están en lo cierto. Somos pobres."

Mi padre estaba marchándose cuando dije eso. "Niños", dijo. "Ustedes sólo son pobres si se rinden. Lo más importante es que hicieron algo. La mayoría de la gente sólo habla y sueña con volverse rica. Ustedes han hecho algo. Estoy muy orgulloso de ustedes. Lo diré nuevamente: sigan trabajando. No se rindan."

Mike y yo nos quedamos parados allí, en silencio. Ésas eran palabras muy lindas, pero nosotros todavía no sabíamos qué hacer.

—¿Y por qué tú no eres rico, papá? —pregunté.

—Porque escogí ser maestro de escuela. Los maestros de escuela no piensan realmente en volverse ricos. Solamente nos gusta enseñar. Me gustaría ayudarles, pero yo no sé realmente cómo hacer dinero.

Mike y yo nos dimos la vuelta y continuamos limpiando.

—Ya sé —dijo mi padre—. Si ustedes desean aprender cómo volverse ricos, no me pregunten. Hablen con tu padre, Mike.

—¿Mi papá? —preguntó Mike, con un gesto de sorpresa en el rostro.

—Sí, tu padre —repitió mi papá con una sonrisa—. Tu papá y yo tenemos el mismo banquero, y él se la pasa elogiando a tu padre. Me ha dicho muchas veces que tu padre es muy brillante en lo que se refiere a ganar dinero.

—¿Mi papá? —preguntó Mike nuevamente, incrédulo—. ¿Entonces por qué no tenemos un automóvil bonito y una linda casa como esos niños ricos en la escuela?

—Un carro y una casa bonitos no significan necesariamente que tú eres rico o que conoces la manera de hacer dinero —respondió mi padre—. El papá de Jimmy trabaja para la plantación de azúcar. Él no es muy diferente de mí. Él trabaja para una compañía, y yo trabajo para el gobierno. La compañía le compra el automóvil. La compañía azucarera está en problemas financieros, y es posible que el papá de Jimmy no tenga nada pronto.Tu papá es diferente, Mike. Él parece estar construyendo un imperio, y yo sospecho que en unos cuantos años será un hombre muy rico.

Al escuchar lo anterior, Mike y yo volvimos a emocionarnos. Con nueva energía comenzamos a limpiar el desorden causado por nuestro primer negocio fracasado. Conforme limpiábamos, hacíamos planes sobre cómo y cuándo hablaríamos con el padre de Mike. El problema es que el papá de Mike trabajaba mucho y a menudo no regresaba a casa sino hasta muy tarde. Su padre era propietario de unos almacenes, una compañía constructora, una cadena de tiendas y tres restaurantes. Los restaurantes lo mantenían fuera hasta tarde.

Mike tomó el autobús a su casa después de que terminamos de limpiar. Iba a hablar con su padre cuando llegara a casa esa noche y le preguntaría si le enseñaría la manera de volvemos ricos. Mike prometía llamarme tan pronto como hablara con su padre, incluso si era tarde.

El teléfono sonó a las 8:30 p. m.

—Muy bien —dijo—. El próximo sábado —y colgó. El padre de Mike había aceptado reunirse con Mike y conmigo.

A las 7:30 del sábado por la mañana tomé el autobús para dirigirme a la parte pobre del pueblo.

La lección comienza:

“Les pagaré 10 centavos por hora.”

Incluso de acuerdo con los estándares de salario de 1956,

10 centavos por hora era poco.

Michael y yo nos reunimos con su padre esa mañana, a las ocho. Él ya estaba ocupado y había estado trabajando por más de una hora. Su supervisor de construcción estaba marchándose en su camioneta cuando llegué a la casa sencilla, pequeña y ordenada. Mike me recibió en la puerta.

—Mi papá está en el teléfono y nos pide que le esperemos en el porche trasero.

El viejo piso de madera crujió cuando atravesé el umbral de esa casa vieja. Había un tapete barato a la entrada. El tapete estaba allí para ocultar los años de uso de incontables pisadas que el piso había soportado. Aunque estaba limpio, necesitaba ser reemplazado.

Me sentí claustrofóbico cuando entré a la angosta estancia, que estaba llena de muebles viejos y enmohecidos que hoy en día serían piezas de colección. Dos mujeres, un poco mayores que mi madre, estaban sentadas en el sofá. Con ellas estaba sentado un hombre vestido como obrero. Llevaba pantalones y camisa caqui bien planchados pero sin almidón, y botas de trabajo lustradas. Era aproximadamente 10 años más grande que mi padre; diría que tenía cerca de 45 años de edad. Sonrieron cuando Mike y yo pasamos junto a ellos camino de la cocina, que conducía al porche desde el que se veía el jardín trasero. Yo sonreí tímidamente.

—¿Quiénes son esas personas? —pregunté.

—Oh, ellos trabajan para mi padre. El hombre más viejo dirige los almacenes, y las mujeres son las gerentes de los restaurantes. Y viste al supervisor de construcción, que está trabajando en la construcción de un camino cerca de 50 millas de aquí. El otro supervisor, que está construyendo un grupo de casas, se marchó antes de que tú llegaras—

—¿Y esto sucede todo el tiempo? —le pregunté.

—No siempre, pero con cierta frecuencia —me dijo Mike, sonriendo mientras jalaba una silla para sentarse cerca de mí.

—Le pregunté si nos enseñaría a hacer dinero —dijo Mike.

—Oh. ¿Y qué te dijo? —le pregunté con curiosidad precavida.

—Al principio tenía una expresión divertida en el rostro, y luego dijo que nos haría una oferta.

—Oh —exclamé, meciendo mi silla contra la pared. Me senté allí, con la silla apoyada contra el muro.

Mike hizo lo mismo.

—¿Sabes en qué consiste la oferta? —le pregunté.

—No, pero lo averiguaremos pronto.

Repentinamente el padre de Mike irrumpió en el porche abriendo la puerta cubierta por un mosquitero. Mike y yo nos levantamos de un brinco, no por respeto sino porque nos asustamos.

—¿Están listos, chicos? —preguntó Mike mientras jalaba una silla para sentarse con nosotros.

Asentimos y jalamos nuestras sillas para alejarlas del muro y sentamos frente a él.

Se trataba de un hombre grande, de cerca de 1.80 m de estatura y 92 kilogramos de peso. Mi padre era más alto, de aproximadamente el mismo peso y cinco años mayor que el de Mike. Eran parecidos, aunque no del mismo origen étnico. Es posible que tuvieran una energía similar.

—Mike dice que ustedes quieren aprender a hacer dinero. ¿Es eso cierto, Robert?

Asentí con la cabeza rápidamente, pero ligeramente intimidado. Él tenía mucho poder detrás de sus palabras y su sonrisa.

—Muy bien, he aquí mi oferta. Yo les enseñaré, pero no lo haré a la manera de un salón de clases. Ustedes trabajaran para mí y yo les enseñaré. Si no trabajan para mí, yo no les enseñaré. Puedo enseñarles más rápidamente si trabajan, y estaré desperdiciando mi tiempo si ustedes sólo quieren sentarse y escuchar, como hacen en la escuela. Ésa es mi oferta. Tómenla o déjenla.

—Ah... ¿Puedo hacer una pregunta antes? —intervine.

—No. Tómenla o déjenla. Tengo mucho trabajo como para desperdiciar mi tiempo.

Si no pueden tomar una decisión con firmeza, nunca aprenderán a hacer dinero. Las oportunidades van y vienen. Una habilidad importante consiste en ser capaz de saber cuándo es necesario tomar decisiones rápidas. Ustedes tienen la oportunidad que pidieron.

La escuela comienza o ha terminado en 10 segundos —dijo el padre de Mike con una sonrisa fastidiosa.

—Acepto —dije.

—Acepto —dijo Mike.

—Bien —dijo el padre de Mike—. La señora Martin estará aquí en 10 minutos. Una vez que haya terminado con ella, ustedes la acompañarán a la tienda y comenzarán a trabajar.

Les pagaré 10 centavos por hora y trabajarán tres horas cada sábado.

—Pero yo tengo un juego de softball hoy —le dije.

El papá de Mike bajó el tono de su voz: "Tómala o déjala", dijo.

—Acepto —respondí, escogiendo trabajar y aprender en lugar de jugar al softball.



30 centavos después

A las 9:00 horas de una bella mañana de sábado, Mike y yo estábamos trabajando para la señora Martin. Ella era una mujer amable y paciente. Siempre dijo que Mike y yo le recordábamos a sus dos hijos que habían crecido y se habían marchado. Aunque era amable, creía en el trabajo duro y nos mantuvo trabajando. Era la encargada de asignar nuestras tareas. Pasamos tres horas quitando latas de las repisas y sacudiendo cada lata con un plumero para quitarle el polvo, y luego volviendo a colocarla en orden. Era un trabajo terriblemente aburrido.

El padre de Mike, a quien ahora llamo mi padre rico, era dueño de nueve de esas pequeñas tiendas, con grandes estacionamientos. Eran una versión temprana de pequeños supermercados, los 7-Eleven. Se trataba de pequeñas tiendas de vecindario, donde la gente compraba artículos básicos como leche, pan, mantequilla y cigarrillos. El problema era que aquél era Hawai antes de la introducción del aire acondicionado y las tiendas no; podían cerrar sus puertas debido al calor. En lados opuestos de la tienda las puertas debían permanecer totalmente abiertas, hacia la calle y al estacionamiento. Cada vez que un automóvil pasaba por la calle o entraba al estacionamiento, el polvo se levantaba y entraba a la tienda.

Por lo tanto, teníamos un empleo en tanto no hubiera aire acondicionado.

Durante tres semanas Mike y yo trabajamos bajo las órdenes de la señora Martin durante tres horas. Al mediodía nuestro trabajo estaba terminado y ella dejaba caer tres monedas de 10 centavos en nuestras manos. Ahora bien, a la edad de nueve años a mediados de la década de 1950, 30 centavos no era una cantidad emocionante. Los libros de tiras cómicas costaban 10 centavos, por lo que yo generalmente gastaba mi dinero en tiras cómicas y me iba a casa.

Al llegar el miércoles de la cuarta semana yo estaba listo para renunciar. Había aceptado el trabajo sólo porque quería aprender a hacer dinero con el papá de Mike, y me había convertido en un esclavo por 10 centavos la hora. Además de lo anterior, no había visto al papá de Mike desde el primer sábado.

—Voy a renunciar —le dije a Mike a la hora del almuerzo. El almuerzo escolar era miserable. La escuela era aburrida, y ahora no tenía siquiera mis sábados. Pero en realidad eran los 30 centavos lo que me molestaba.

Esta vez Mike sonrió.

—¿De qué te ríes? —le pregunté con molestia y frustración.

—Papá dijo qué esto iba a ocurrir. Me pidió que nos reuniéramos con él cuando estuvieras listo para renunciar.

—¿Qué? —le pregunté indignado—. ¿Estaba esperando que se me agotara la paciencia?

—Algo parecido —dijo Mike—. Papá es diferente. Su manera de enseñar es distinta a la de tu papá. Tu mamá y tu papá hablan mucho. Mi papá es un hombre reservado, de pocas palabras. Espera al sábado. Le diré que estás listo.

—¿Quieres decir que me ha puesto a prueba?

—No, realmente no. Pero puede ser. Papá te explicará el sábado.



Esperando mi turno el sábado

Estaba listo para encararlo, y estaba preparado. Incluso mi verdadero padre estaba enojado con él. Mi verdadero padre, aquel a quien llamo mi padre pobre, pensó que mi padre rico estaba violando las leyes de trabajo infantil y que debía ser investigado.

Mi padre pobre y educado me dijo que yo debía reclamar lo que me merecía. Al menos 25 centavos por hora. Mi padre pobre me dijo que si no obtenía un aumento, yo debía renunciar inmediatamente.

—Tú no necesitas ese maldito empleo de cualquier manera —dijo mi padre pobre, con indignación.

A las ocho de la mañana del sábado atravesé la misma puerta desvencijada de la casa de Mike.

—Toma asiento y espera tu turno —dijo el padre de Mike cuando entré. Se dio la vuelta y desapareció en su pequeña oficina, próxima al dormitorio.

Miré a mi alrededor y no vi a Mike por ninguna parte. Me sentí extraño y me senté cautelosamente junto a las mismas mujeres que habían estado allí cuatro semanas antes.

Me sonrieron y se recorrieron para hacerme lugar en el sofá.

Pasaron 45 minutos, y yo estaba muy enojado. Las dos mujeres se habían entrevistado con él y se habían marchado 30 minutos antes. Un caballero más viejo también esperó allí 20 minutos y se había ido.

La casa estaba vacía y yo estaba sentado en una estancia oscura y enmohecida en un bello y soleado día en Hawai, esperando hablar con un tacaño que explotaba a los niños. Yo podía escucharlo mientras trabajaba en su oficina, hablando por teléfono, ignorándome. Estaba listo para marcharme, pero por alguna razón me quedé.

Finalmente, 15 minutos más tarde, exactamente a las nueve de la mañana, mi padre rico salió de su oficina y sin decir nada me hizo una señal con la mano para que entrara en su privado.

—Entiendo que quieres un aumento o vas a renunciar —me dijo mi padre rico, mientras se dejaba caer en su silla.

—Bueno, usted no está respetando su parte del acuerdo —le espeté, al borde de las lágrimas. Era realmente aterrador para un chico de 9 años de edad enfrentar a un adulto.

"Me dijo que me enseñaría si yo trabajaba para usted. Bien, he trabajado para usted. He trabajado muy duro. He dejado de asistir a mis juegos para trabajar para usted y usted no ha honrado su palabra. No me ha enseñado nada. Usted es un tramposo, como dicen todos en el pueblo. Usted es codicioso. Usted quiere todo el dinero y no le interesan sus empleados. Me ha hecho esperar y no me ha mostrado el menor respeto. Yo soy solamente un niño pequeño y merezco ser tratado de mejor manera.

Mi padre rico se meció hacia atrás en su silla, con la barbilla apoyada en las manos, mirándome. Era como si me estuviera estudiando.

—No está mal —me dijo—, En menos de un mes ya suenas como la mayoría de mis empleados.

—¿Qué? —le pregunté. Sin comprender lo que él decía, continué con mis agravios—.

Yo pensé que usted iba a respetar su parte del trato y que iba a enseñarme. ¿En vez de eso quiere usted torturarme? Eso es cruel. Realmente cruel.

—Te estoy enseñando —dijo mi padre rico suavemente.

—¿Qué me ha enseñado? ¡Nada! —le dije enojado—. Usted no ha hablado conmigo ni siquiera una vez desde que acepté trabajar a cambio de cacahuates. Diez centavos por hora. ¡Ja! Yo debería notificar al gobierno. Tenemos leyes sobre el trabajo infantil, ¿sabe? Mi papá trabaja para el gobierno, ¿sabe?

—¡Guau! —dijo mi padre rico—. Ahora suenas igual que la mayoría de las personas que solían trabajar para mí. Personas que he despedido o que han renunciado.

—Entonces, ¿qué tiene usted que decir? —le exigí, sintiéndome muy valiente a pesar de ser un niño pequeño—. Usted me mintió. Yo he trabajado para usted, y usted no ha honrado su palabra. No me ha enseñado nada.

—¿Cómo sabes que no te he enseñado nada? —preguntó mi padre rico con calma.

—Bueno, nunca ha hablado conmigo. He trabajado durante tres semanas, y usted no me ha enseñado nada —, dije en sollozos.

—¿Enseñar significa dar una lección? —preguntó mi padre rico.

—Bueno, sí —respondí.

—Esa es la manera en que te enseñan en la escuela —me dijo sonriendo—. Pero ésa no es la manera en que la vida te enseña, y la vida es la mejor maestra. La mayor parte del tiempo la vida no te habla. Sólo te empuja de un lugar a otro. Con cada empujón te dice:

"Despierta, hay algo que quiero que aprendas".

"¿De qué está hablando este hombre?", me pregunté en silencio. ¿Los empujones de la vida quieren decir que la vida me está diciendo algo? Ahora sabía que debía renunciar a mi empleo. Estaba hablando con alguien que debía estar encerrado.

—Si aprendes las lecciones de la vida, te irá bien. Si no, la vida simplemente continuará empujándote de aquí para allá. La gente hace dos cosas. Algunos simplemente se dejan llevar de un lado a otro. Otros se enojan y devuelven el empujón. Sin embargo, lo devuelven en contra de su jefe, de su empleo, de su marido o su esposa. Ellos no saben que es la vida quien los está empujando.

Yo no tenía idea de qué quería decir.

—La vida nos empuja de un lado a otro. Algunos se rinden. Otros luchan. Unos cuantos aprenden la lección y siguen adelante. Reciben con beneplácito los empujones de la vida. Para estas personas, eso significa que necesitan y quieren aprender algo.

Aprenden y siguen adelante. La mayoría renuncia, sólo unos cuantos, como tú, luchan.

Mi padre rico se puso de pie y cerró una ventana de madera decrépita que necesitaba reparación. "Si aprendes esta lección, te convertirás en un joven sabio, rico y feliz. Si no la aprendes, pasarás toda tu vida culpando a tu trabajo, tu salario bajo o a tu jefe por tus problemas. Vivirás tu vida en espera de un golpe de suerte que resuelva todos tus problemas de dinero."

Mi padre rico me observó para constatar que yo estaba escuchando. Sus ojos se encontraron con los míos. Nos miramos mientras un torrente de comunicación fluía entre nuestros ojos. Finalmente aparté la vista, una vez que había absorbido su último mensaje. Yo sabía que él estaba en lo cierto. Yo lo estaba culpando, y era yo quien le había pedido aprender. Estaba luchando.

Mi padre rico continuó: "O si eres la clase de persona que no tiene agallas, que se rinde cada vez que la vida lo empuja. Si eres ese tipo de persona, vivirás toda tu vida jugando a lo seguro, haciendo las cosas correctas, reservándote para un acontecimiento que nunca ocurrirá. Y luego morirás, siendo un viejo aburrido. Tendrás muchos amigos que realmente te querían porque eras un tipo bueno y trabajador que pasó su vida jugando a lo seguro, haciendo las cosas correctas. Pero la verdad es que habrás dejado de manera sumisa que la vida te empujara. En lo más profundo estabas aterrorizado ante la idea de correr riesgos. Realmente deseabas ganar, pero el miedo a perder era más grande que la emoción de ganar. Muy adentro, tú y sólo tú sabrás que no te atreviste. Elegiste jugar a lo seguro."

Nuestros ojos volvieron a encontrarse. Durante 10 segundos nos miramos, y sólo apartamos la vista una vez que el mensaje había sido recibido.

—¿Usted me ha estado empujando de un lado a otro?

—Algunas personas podrían decir eso —dijo mi padre rico, mientras sonreía—. Yo diría que sólo te di a probar el sabor de la vida.

—¿Qué sabor de la vida? —le pregunté, todavía enojado, pero ahora intrigado. Incluso listo para aprender.

—Ustedes dos fueron las primeras personas que me han pedido que les enseñe cómo hacer dinero. Tengo más de 150 empleados y ni uno solo de ellos me ha preguntado lo que sé sobre el dinero. Me han pedido un empleo y un cheque por su salario, pero nunca que les enseñe sobre el dinero. De manera que la mayoría pasará los mejores años de sus vidas trabajando por dinero, sin comprender realmente por qué trabajan.

Me senté a escuchar con atención.

—Así que cuando Mike me dijo que tú querías aprender cómo hacer dinero, decidí diseñar un curso parecido a la vida real. Yo podría hablar hasta quedarme sin aliento, pero tú nunca escucharías nada. De manera que decidí dejar que la vida te diera un empujón para que tú pudieras escucharme. Por eso es que te he pagado sólo 10 centavos.

—¿Entonces cuál es la lección que he aprendido al trabajar por sólo 10 centavos por hora? —le pregunté—. ¿Que usted es un tacaño y que explota a sus trabajadores?

Mi padre rico se meció en la silla y se rió a carcajadas. Finalmente, cuando dejó de reírse dijo: "Sería mejor que cambiaras de opinión. Deja de culparme y de pensar que yo soy el problema. Si consideras que yo soy el problema, entonces debes cambiarme. Si te das cuenta de que tú eres el problema, entonces, debes cambiar, aprender algo y hacerte más sabio. La mayoría de la gente quiere que todos los demás cambien, excepto ellos mismos. Déjame decirte: es más fácil que tú cambies a que cambien los demás."

—No comprendo —le dije.

—No me culpes por tus problemas —dijo mi padre rico, cada vez más impaciente.

—Pero usted sólo me pagó 10 centavos.

—¿Entonces qué has aprendido? —preguntó mi padre rico, sonriente.

—Que usted es un tacaño —dije con una sonrisa burlona.

—¿Ves? Piensas que yo soy el problema —dijo mi padre rico.

—Pero lo es.

—Bien, mantén esa actitud y no habrás aprendido nada. ¿ Qué opciones tienes?

—Bueno, si no me paga más o me muestra más respeto y me enseña, renunciaré.

—Bien dicho —dijo mi padre rico—. Y eso es exactamente lo que la mayoría de la gente hace. Renuncian y se van a buscar otro empleo, una mejor oportunidad y un salario más alto, pensando realmente que el nuevo empleo o el mejor salario va a resolver el problema. En la mayoría de los casos no es así.

—¿Entonces qué resolverá el problema? —pregunté—. ¿Aceptar esos miserables 10 centavos por hora y sonreír?

Mi padre rico sonrió.

—Eso es lo que hacen otras personas. Aceptar la paga a sabiendas de que ellos y sus familias pasarán problemas financieros. Pero eso es todo lo que hacen, esperar a que llegue un aumento pensando que más dinero va a resolver el problema. La mayoría simplemente lo acepta y algunos buscan un segundo empleo y trabajan más duro, pero nuevamente aceptan una paga pequeña.

Me senté contemplando el suelo y comencé a comprender la lección que me daba mi padre rico. Podía sentir el sabor de la vida. Finalmente levanté la vista y repetí la pregunta: "¿Entonces, qué resolverá el problema?"

—Esto —me dijo dándome unos golpecitos suaves en la cabeza—. Lo que tienes entre los oídos.

Fue en ese momento que mi padre rico compartió conmigo el punto de vista fundamental que lo separaba de sus empleados y de mi padre pobre, y que lo condujo eventualmente a convertirse en uno de los hombres más ricos de Hawai, mientras mi padre pobre, con su alta educación, tuvo problemas financieros durante toda su vida. Era un punto de vista singular que hizo la diferencia a lo largo de toda su vida.

Mi padre rico repitió este punto de vista una y otra vez, y yo lo denomino "lección número uno":

"Los pobres y la clase media trabajan para ganar dinero, los ricos hacen que el dinero trabaje para ellos."

Esa radiante mañana sabatina aprendí un punto de vista completamente diferente a lo que me había enseñado mi padre pobre. A la edad de nueve años me di cuenta de que mis dos padres querían que yo aprendiera. Ambos me alentaban a estudiar pero no a estudiar las mismas cosas.

Mi padre bien educado me recomendó que hiciera lo que él hizo: "Hijo, quiero que estudies duro, obtengas buenas calificaciones para que puedas encontrar un trabajo seguro en una compañía grande. Y asegúrate de que tenga excelentes beneficios." Mi padre rico quería que yo aprendiera cómo funciona el dinero para que lo pusiera a trabajar para mí. Yo aprendería esas lecciones a lo largo de la vida con su guía, y no en un salón de clases.

Mi padre rico continuó con mi primera lección: "Estoy contento de que estés enojado por trabajar a cambio de 10 centavos por hora. Si no te hubieras enojado y hubieras aceptado contento, te hubiera dicho que no podría enseñarte. Mira, el verdadero aprendizaje demanda energía, pasión, un deseo ferviente. La ira es una gran parte de esa fórmula, dado que la pasión es ira y amor combinados. En lo que se refiere al dinero, la mayoría de las personas quieren jugar a lo seguro y sentirse seguras. Así que la pasión no las guía. Lo hace el miedo."

—¿Entonces es por eso que aceptan un trabajo con un salario bajo? —le pregunté.

—Sí —dijo mi padre rico—. Algunas personas dicen que yo exploto a la gente porque no les pago tanto como la plantación de azúcar o como el gobierno. Yo digo que la gente se explota así misma. Es su miedo, no el mío.

—¿Pero no piensa usted que debería pagarles más? —le pregunté.

—No tengo por qué hacerlo. Y además, ganar más dinero no resolvería su problema. Considera el caso de tu padre. Él gana mucho dinero y aún así no puede pagar sus cuentas. La mayoría de la gente, cuando gana más dinero, sólo se endeuda más.

—Así que por eso es que me paga 10 centavos por hora —le dije sonriente—. Es parte de la lección.

—Así es —sonrió mi padre rico—. Mira, tu papá fue a la escuela y obtuvo una excelente educación con el fin de conseguir un salario bien pagado. Y lo hizo. Sin embargo, todavía tiene problemas de dinero porque nunca aprendió nada sobre el dinero en la escuela. Además de eso, él cree que trabaja por dinero.

—¿Y usted no lo hace? —pregunté.

—No, en realidad no —dijo mi padre rico—. Si quieres aprender a trabajar para ganar dinero, entonces permanece en la escuela. Ése es un magnífico lugar para aprender a hacer eso. Pero si quieres aprender cómo hacer que el dinero trabaje para ti, entonces yo te enseñaré a hacerlo. Pero sólo si quieres aprender.

—¿No quisieran todos aprender eso? —le pregunté.

—No —dijo mi padre rico—. Simplemente es más fácil aprender a trabajar por dinero, especialmente si el miedo es la emoción primaria cuando se discute el tema del dinero.

—No comprendo —dije frunciendo el ceño.

—No te preocupes por eso ahora. Sólo considera que es el miedo lo que hace que la mayoría de la gente trabaje en un empleo. El miedo a no poder pagar sus cuentas. El miedo a ser despedidos. El miedo a no tener suficiente dinero. El miedo a comenzar de nuevo. Ese es el precio de estudiar para aprender una profesión u oficio, y luego trabajar por dinero. La mayoría de la gente se convierte en esclavo del dinero, y luego se enojan con su jefe.

—¿Aprender a hacer que el dinero trabaje para uno es un curso de estudio completamente diferente? —pregunté.

—Absolutamente —respondió mi padre rico —. Absolutamente.

Nos sentamos en silencio en aquella hermosa mañana sabatina en Hawai. Mis amigos deberían haber comenzado su juego de la Liga Infantil. Sin embargo, por alguna razón, yo estaba agradecido de haber decidido trabajar por 10 centavos la hora. Sentí que estaba a punto de aprender algo que mis amigos no aprenderían en la escuela.

—¿Listo para aprender? —preguntó mi padre rico.

—Absolutamente —dije con una sonrisa.

—He mantenido mi promesa. Te he estado enseñando desde la distancia —dijo mi padre rico—. A los nueve años has probado el sabor de lo que significa trabajar por dinero. Simplemente multiplica tu último mes por 50 años y tendrás una idea de lo que la mayoría de la gente hace toda su vida.

—No comprendo —dije.

—¿Cómo te sentiste cuando esperabas tu turno para verme? ¿Una vez para ser contratado y una vez para pedir más dinero?

—Horrible —le dije.

—Si escoges trabajar por dinero, eso es la vida para la mayoría de la gente —dijo mi padre rico—. ¿Y qué sentiste cuando la señora Martin depositó tres monedas de 10 centavos en tus manos por el trabajo de tres horas.

—Sentí que no era suficiente. Parecía como si no fuera nada. Estaba desilusionado — le dije.

—Y esa es la manera en que la mayoría de los empleados se sienten cuando miran sus cheques. Especialmente luego de pagar impuestos y otras deducciones. Al menos tú obtuviste el 100 por ciento.

—¿Quiere usted decir que la mayoría de los trabajadores no reciben su paga completa? —le pregunté asombrado.

—¡Por el amor de Dios, no! —dijo mi padre rico—. El gobierno siempre toma su parte primero.

—¿Cómo lo hacen? —le pregunté.

—Impuestos —dijo mi padre rico—. Te gravan un impuesto cuando ganas dinero. Te gravan un impuesto cuando gastas el dinero. Te gravan un impuesto cuando ahorras el dinero. Te gravan un impuesto cuando mueres.

—¿Por qué permite la gente que el gobierno les haga eso?

—Los ricos no lo permiten —dijo mi padre rico con una sonrisa—. Los pobres y la clase media lo hacen. Puedo apostarte que yo gano más que tu papá, pero que él paga más en impuestos.

—¿Cómo es posible? le pregunté. A los nueve años de edad eso no tenía sentido para mí—. ¿Por qué permitiría nadie que el gobierno le hiciera eso?

Mi padre rico se sentó en silencio. Creo que quería que yo escuchara en vez de que farfullara entre dientes.

Finalmente me calmé. No me gustaba lo que estaba escuchando. Sabía que mi padre se quejaba constantemente sobre lo mucho que pagaba en impuestos, pero no hacía nada al respecto. ¿Lo estaba empujando la vida de un lado a otro?

Mi padre rico se balanceó suave y silenciosamente en su asiento, mirándome simplemente.

—¿Listo para aprender? —preguntó.

Asentí con la cabeza lentamente.

—Como dije, hay mucho que aprender. El aprendizaje sobre la manera de hacer que el dinero trabaje para ti es una materia de estudio para toda la vida. La mayoría de la gente asiste a la universidad durante cuatro años y su educación termina. Yo sé de antemano que mi estudio del dinero continuará a lo largo de mi vida, simplemente porque mientras más descubro, más me doy cuenta de que necesito saber. La mayor parte de las personas nunca estudian ese tema. Van al trabajo, obtienen sus cheques, hacen su balance personal y hasta ahí. Además de lo anterior, se preguntan por qué tienen problemas de dinero. A continuación piensan que con más dinero resolverían el problema. Pocos se dan cuenta de que es su falta de educación financiera lo que constituye el problema.

—¿De manera que mi papá tiene problemas de impuestos porque no comprende el dinero? —le pregunté confundido.

—Mira —dijo mi padre rico—. Los impuestos son sólo una pequeña sección del aprendizaje sobre la manera de hacer que el dinero trabaje para ti. Hoy yo sólo quería saber si todavía tienes la pasión para aprender sobre el dinero. La mayoría de la gente no la tiene. Van a la escuela, aprenden una profesión, se divierten en su trabajo y ganan mucho dinero. Un día se despiertan con grandes problemas de dinero y a partir de entonces no pueden dejar de trabajar. Ese es el precio de sólo saber cómo trabajar por el dinero en vez de estudiar cómo hacer que el dinero trabaje para uno. ¿Así que todavía tienes la pasión por aprender? —me preguntó mi padre rico.

Asentí.

—Bien —dijo mi padre rico—. Ahora vuelve al trabajo. Esta vez no te pagaré nada.

—¿Qué? —le pregunté asombrado.

—Me escuchaste. Nada. Trabajarás las mismas tres horas cada sábado, pero esta vez no te pagaré 10 centavos por hora. Dijiste que querías aprender a no trabajar por dinero, así que no voy a pagarte nada.

Yo no podía creer lo que estaba escuchando.

—Ya he tenido esta conversación con Mike. Él ya está trabajando, desempolvando y colocando latas sin cobrar. Es mejor que te apresures y regreses al trabajo.

—Eso no es justo —le grité—. Usted debe pagarme algo.

—Dijiste que querías aprender. Si no aprendes esto ahora, crecerás para parecerte a las dos mujeres y al hombre más viejo que estaban sentados en mi estancia, trabajando por dinero y con la esperanza de que no los despida. O como tu padre, ganando mucho dinero sólo para terminar endeudado hasta las orejas, con la esperanza de que más dinero resolverá el problema. Si eso es lo que deseas, volveré a nuestro trato original de 10 centavos por hora. O bien puedes hacer lo que la mayoría de la gente hace. Quejarse de que no reciben suficiente pago, renunciar y buscar otro empleo.

—¿Pero qué hago? —pregunté.

Mi padre rico me dio un suave golpecito en la cabeza: "Usa esto", dijo, “si lo utilizas correctamente, pronto me agradecerás por darte una oportunidad, y te convertirás en un hombre rico.”

Me quedé allí, aún sin creer qué trato tan simple había estado manejando. Yo había acudido a pedir un aumento y ahora me decía que siguiera trabajando sin pago.

Mi padre rico me dio otro golpecito en la cabeza y repitió: "Usa esto. Y ahora vete de aquí y regresa al trabajo."



LECCIÓN 1

Los ricos no trabajan por dinero

No le dije a mi padre pobre que no me estaban pagando. No hubiera comprendido, y no quería tratar de explicar algo que yo mismo no comprendía.

Durante tres semanas más Mike y yo trabajamos durante tres horas cada sábado, a cambio de nada. El trabajo no me molestaba y la rutina se hizo más sencilla. Fue perderme el juego de béisbol y no poder pagar unos cuantos ejemplares de tiras cómicas lo que me colmó la paciencia.

Mi padre rico se paró por la tienda al mediodía de la tercera semana. Escuchamos la entrada de su camioneta en el estacionamiento y el ruido del motor cuando la apagó.

Entró a la tienda y saludó a la señora Martin con un abrazo. Luego de averiguar cómo marchaban las cosas en la tienda, se inclinó sobre el congelador de helado, sacó dos paletas y nos hizo una señal a Mike ya mí.

—Vamos a caminar, niños.

Cruzamos la calle, esquivamos algunos automóviles y caminamos a través de un campo cubierto de césped donde unos cuantos adultos jugaban softball. Al sentarnos en una mesa de picnic alejada, nos ofreció a Mike ya mí los helados.

—¿Cómo les va?

—Muy bien —dijo Mike.

Yo asentí con la cabeza.

—¿Han aprendido algo ya? —preguntó mi padre rico.

Mike y yo nos miramos, nos encogimos de hombros y agitamos la cabeza al mismo tiempo.



Evitar una de las trampas más grandes de la vida

—Bien, es mejor que ustedes comiencen a pensar, niños. Están contemplando una de las lecciones más importantes de la vida. Si aprenden la lección disfrutarán de una vida plena de libertad y seguridad. Si no aprenden la lección, terminarán como la señora Martin y la mayoría de las personas que juegan al softball en este parque. Ellos trabajan muy duro a cambio de poco dinero, se aferran a la ilusión de la seguridad en el empleo, esperan con ilusión sus tres semanas de vacaciones cada año y una miserable pensión tras 45 años de trabajo. Si eso les entusiasma, les daré un aumento a 25 centavos por hora.

—Pero ésas son personas buenas y trabajadoras. ¿Se está usted burlando de ellas? le pregunté.

Una sonrisa apareció en el rostro del padre rico.

—La señora Martin es como una madre para mí. Yo nunca sería tan cruel. Es posible que suene cruel porque estoy haciendo mi mejor esfuerzo para señalarles algo a ustedes dos. Quiero expandir sus puntos de vista, de manera que puedan ver una cosa. Se trata de algo que la mayoría de las personas nunca tienen la ventaja de ver, debido a que su visión es demasiado estrecha. La mayoría de las personas no perciben la trampa en que se encuentran.

Mike y yo nos sentamos sin estar seguros de su mensaje. Sonaba cruel y, sin embargo, podíamos sentir que trataba desesperadamente que aprendiéramos algo.

Sonriente, mi padre rico dijo: "¿No suenan bien 25 centavos por hora? ¿No hace que su corazón lata más rápidamente?"

Lo negué, pero en realidad sí lo hacía: 25 centavos por hora era mucho dinero para mí.

—Muy bien, les pagaré un dólar por hora —dijo mi padre rico, con gesto burlón.

Ahora mi corazón estaba comenzando a latir aceleradamente. Mi cerebro decía: "Tómalo, tómalo." No podía creer lo que estaba escuchando. Sin embargo, no dije nada.

—Muy bien, dos dólares por hora.

Mi pequeño cerebro y mi corazón de niño de nueve años de edad casi explotaron. Después de todo corría el año de 1956, y recibir dos dólares por hora me haría el niño más rico del mundo. No podía imaginar ganar tanto dinero. Quería decir "sí". Quería cerrar el trato. Podía ver una bicicleta nueva, un guante de béisbol nuevo y la adoración de mis amigos cuando les enseñara el efectivo. Además de eso, Jimmy y sus amigos ricos no podrían llamarme pobre nunca más. Sin embargo me las arreglé para que mi boca permaneciera callada.

Es posible que mi cerebro se haya sobrecalentado y en él haya reventado un fusible. En lo profundo de mi ser realmente deseaba esos dos dólares por hora.

El helado se había derretido y me corría por la mano. La paleta se había terminado, y bajo el palillo había una mezcla pegajosa de vainilla y chocolate que las hormigas estaban disfrutando. Mi padre rico miraba a los dos niños que lo observaban con los ojos bien abiertos y los cerebros vacíos. Él sabía que nos estaba poniendo a prueba, sabía que había una parte de nuestras emociones que querían aceptar la propuesta. Sabía que el alma de cada ser humano tiene un punto débil, lleno de necesidades, que puede ser comprado. Y sabía que el alma de cada ser humano también tenía una parte fuerte y decidida que nunca podría ser comprada. Era sólo cuestión de saber cuál era más poderosa. Había puesto a prueba miles de almas a lo largo de su vida. Él ponía a prueba las almas cada vez que entrevistaba a alguien para un empleo.

—Muy bien, cinco dólares por hora.

Repentinamente se produjo un silencio en mi interior. Algo había cambiado. La oferta era demasiado grande y se había vuelto ridícula. No había muchos adultos que ganaran más de cinco dólares por hora en 1956. La tentación desapareció y se produjo la calma. Lentamente voltée a mirar a la izquierda para ver a Mike. Él me miró. La parte débil y necesitada de mi alma estaba en silencio. La que no tenía precio se apoderó de mí. Se produjo una calma y una certeza sobre el dinero en mi cerebro y en mi alma. Yo sabía que Mike también había alcanzado ese punto.

—Bien —dijo suavemente mi padre rico—. La mayoría de las personas tienen un precio. Y tienen un precio debido a las emociones humanas llamadas miedo y codicia. En primer lugar, el miedo a quedarnos sin dinero nos motiva a trabajar duro y una vez que recibimos nuestro cheque, la codicia y el deseo nos hace pensar en todas las cosas maravillosas que el dinero puede comprar. De esa manera se establece un patrón.

—¿Qué patrón? —pregunté.

—El patrón de levantarse, ir a trabajar, pagar las cuentas, levantarse, ir a trabajar, pagar las cuentas... sus vidas son guiadas para siempre por dos emociones, el miedo y la codicia. Si les ofrecen más dinero, ellos continúan el ciclo e incrementan sus gastos. A eso le llamo "la carrera de la rata".

—¿Hay otra manera? —preguntó Mike.

—Sí —dijo suavemente mi padre rico—. Pero sólo unas cuantas personas la encuentran.

—¿ Y cuál es esa manera? —preguntó Mike.

—Eso es lo que espero que ustedes descubran mientras trabajan y estudian conmigo.

Esa es la razón por la que eliminé toda forma de pago.

—¿Alguna pista? —preguntó Mike—. Estamos cansados de trabajar duro, especialmente a cambio de nada.

—Bien, el primer paso consiste en decir la verdad —dijo mi padre rico.

—No hemos estado mintiendo —señalé.

—Yo no dije que ustedes estuvieran mintiendo. Sólo afirmé que hay que decir la verdad —reviró mi padre rico.

—¿La verdad acerca de qué? —le pregunté.

—Sobre cómo se sienten —dijo mi padre rico—. No tienen que decírselo a nadie más.

Sólo a ustedes mismos.

—¿Quiere decir que la gente que está en este parque, la gente que trabaja para usted, la señora Martin, no lo hacen? —le pregunté.

—Lo dudo —dijo mi padre rico—. En vez de eso, sienten miedo de no tener dinero. En lugar de enfrentar el miedo, reaccionan sin pensar. Reaccionan emocionalmente en vez de utilizar sus mentes —dijo mi padre rico, dando un golpecito suave en nuestras cabezas—.

Luego tienen unos cuantos dólares en las manos y nuevamente las emociones de alegría, deseo y codicia se apoderan de ellos, y otra vez reaccionan en lugar de pensar.

—Así que sus emociones constituyen sus pensamientos —dijo Mike.

—Correcto —dijo mi padre rico—. En vez de decir la verdad sobre cómo se sienten, reaccionan a su sentimiento y no piensan. Sienten el miedo, van a trabajar con la esperanza de que el dinero eliminará el miedo, pero no es así. Ese miedo los tortura y vuelven a ir a trabajar con la esperanza de que el dinero calmará sus miedos, y nuevamente no lo hace. El miedo los tiene en esta trampa de trabajar, ganar dinero, trabajar, ganar dinero, esperando a que el miedo desaparezca. Sin embargo, cada mañana al levantarse, ese viejo miedo se despierta con ellos. Para millones de personas, ese miedo los mantiene despiertos durante toda la noche y les provoca una velada de inquietud y preocupación. De manera que se levantan y van a trabajar, con la esperanza de que el cheque de su salario eliminará el miedo que corroe su alma. El dinero dirige sus vidas y ellos se niegan a decir la verdad: el dinero controla sus emociones, y por lo tanto, sus almas.

Mi padre rico se sentó en silencio y dejó que asimiláramos sus palabras. Mike y yo escuchamos lo que nos dijo, pero no comprendimos totalmente en realidad a qué se refería. Yo sólo sabía que a menudo me había preguntado por qué los adultos se apuraban tanto para ir a trabajar. No parecía ser muy divertido y nunca parecían estar contentos, pero algo los mantenía apresurados.

Una vez que se dio cuenta de que habíamos entendido tanto como era posible, mi padre rico dijo: "Yo quiero que ustedes eviten esa trampa, chicos. Eso es en realidad lo que quiero enseñarles. No sólo a ser ricos, porque ser rico no resuelve el problema."

—¿No lo hace? —pregunté sorprendido.

—No, no lo hace. Déjenme terminar con la otra emoción, que es el deseo. Algunos le llaman codicia, pero yo prefiero llamarle deseo. Es perfectamente normal desear algo mejor, más bonito, más divertido o emocionante. De manera que la gente también trabaja por dinero debido al deseo. Ellos desean tener dinero por la alegría que creen que pueden comprar. Sin embargo, la alegría que el dinero proporciona a menudo dura poco y pronto necesitan más dinero para obtener más alegría, más placer, más comodidad, más seguridad. Por eso siguen trabajando y creen que el dinero aliviará sus almas que están atormentadas por el miedo y el deseo. Pero el dinero no puede hacer eso.

—¿Incluso la gente rica? —preguntó Mike.

—Incluso la gente rica —dijo mi padre rico—. De hecho, la razón por la que muchas personas ricas son ricas no es debido al deseo sino al miedo. Ellos realmente creen que el dinero puede eliminar ese miedo de no tener dinero, de ser pobre, por lo que amasan grandes fortunas, sólo para darse cuenta de que el miedo empeora. Ahora tienen miedo de perderlo todo. Tengo amigos que siguen trabajando a pesar de que tienen mucho dinero. Conozco gente que tiene millones y que tiene más miedo ahora que cuando eran pobres. Están aterrados de perder todo su dinero. El miedo que los llevó a ser ricos empeoró. Esa parte débil y llena de carencias del alma está gritando a voz en cuello en realidad. Ellos no desean perder sus grandes mansiones, los automóviles, el alto nivel de vida que el dinero les ha proporcionado. Les preocupa lo que dirán sus amigos si pierden todo su dinero. Muchos de ellos están desesperados desde el punto de vista emocional y son neuróticos, a pesar de que parecen ricos y tienen dinero.

—¿Entonces es más feliz un hombre pobre? —le pregunté.

—No, no lo creo —respondió mi padre rico—. Evitar el dinero es un acto tan psicótico como ser atraído por el dinero.

Como si lo hubieran llamado, el limosnero del pueblo pasó al lado de nuestra mesa, se detuvo junto al bote de basura y revolvió su interior. Los tres le miramos con interés, a pesar de que antes sólo lo hubiéramos ignorado.

Mi padre rico sacó un dólar de su cartera y le hizo un gesto al viejo. Al ver el dinero, el pordiosero se acercó inmediatamente, tomó el billete, agradeció profusamente a mi padre rico y se alejó extasiado con su nueva fortuna.

—Él no es muy diferente a la mayoría de mis empleados —dijo mi padre rico—. He conocido a muchas personas que dicen "oh, a mí no me interesa el dinero". Sin embargo, trabajan en sus empleos durante ocho horas diarias. Ésa es una negación de la verdad. Si no les interesara el dinero, ¿entonces por qué están trabajando? Esa forma de pensar es probablemente más psicótica que la de una persona que acumula el dinero.

Mientras estaba sentado allí, escuchando a mi padre rico, mi mente recordó las incontables ocasiones en que mi propio padre había dicho: "A mí no me interesa el dinero." Él decía eso frecuentemente. También se cubría diciendo siempre: "Yo trabajo porque amo mi empleo."

—¿Entonces qué hacemos? —pregunté—. ¿No trabajar por dinero hasta que haya desaparecido todo vestigio de miedo y codicia?

—No, eso sería una pérdida de tiempo:—dijo mi padre rico—. Las emociones son lo que nos hace humanos, lo que nos hace seres reales. La palabra "emoción" equivale a energía en movimiento. Sé fiel acerca de tus emociones, y utiliza tu mente y emociones en tu favor, no en contra tuya.

—¡Guau! —exclamó Mike.

—No te preocupes por lo que digo. Mis palabras tendrán más sentido conforme pasen los años. Tan sólo debes observar tus emociones, en vez de reaccionar ante ellas. La mayoría de la gente no sabe que son sus emociones las que impulsan sus pensamientos. Tus emociones son tus emociones, pero tú debes aprender a formar un pensamiento propio.

—¿Puede usted darme un ejemplo? —le pedí.

—Desde luego —respondió mi padre rico—. Cuando una persona afirma "necesito encontrar un empleo", lo más probable es que sea una emoción lo que crea la idea. El miedo a no tener dinero genera esa idea.

—Sin embargo, la gente necesita dinero si tienen cuentas por pagar —le dije.

—Claro que sí— dijo sonriente mi padre rico—. Lo que yo digo es que es el miedo lo que a menudo genera el pensamiento.

—No comprendo— dijo Mike.

—Por ejemplo— dijo mi padre rico—. Si surge el miedo a no tener suficiente dinero, en vez de salir inmediatamente a buscar un empleo para ganar unos dólares con los cuales eliminar el miedo, podrían formularse la siguiente pregunta: "¿Será un empleo la mejor solución a este miedo a largo plazo?" En mi opinión, la respuesta es "no". Especialmente cuando consideras la duración de la vida de una persona. Un empleo constituye una solución de corto plazo para un problema a largo plazo.

—Pero mi papá siempre dice: "Quédate en la escuela, obtén buenas calificaciones, para que puedas encontrar un empleo seguro", le dije, un tanto confundido.

—Sí, comprendo que diga eso —dijo mi padre rico mientras sonreía—. La mayoría de las personas recomiendan lo mismo y es una buena idea para muchas de ellas. Pero la gente hace esa recomendación principalmente debido al miedo.

—¿Quiere usted decir que mi padre dice eso porque tiene miedo?

—Sí —dijo mi padre rico—. Está aterrado de que no podrá ganar dinero y no tendrá un lugar en la sociedad. No me malinterpretes. Él te ama y desea lo mejor para ti. Y creo que su miedo está justificado. Es importante tener una educación y un empleo. Pero eso no controlará el miedo. Mira, el mismo miedo que le hace levantarse por la mañana para ganar unos cuantos dólares es el miedo que le hace ser tan fanático de que asistas a la escuela.

—¿Entonces qué recomienda usted? —le pregunté.

—Quiero enseñarte a dominar el poder del dinero. No a tenerle miedo. Y eso no lo enseñan en la escuela. Si no lo aprendes, te conviertes en un esclavo del dinero.

Finalmente comencé a comprender. Él quería que ampliáramos nuestra visión. Que fuéramos capaces de ver lo que la señora Martin no podía ver, lo que sus empleados no podían ver, ni siquiera mi padre. Utilizó ejemplos que entonces sonaron crueles, pero yo nunca los he olvidado. Mi visión se expandió ese día, y pude comenzar a ver la trampa que espera a la mayoría de las personas.

—Mira, todos somos empleados en última instancia. Simplemente trabajamos en niveles diferentes —dijo mi padre rico—. Yo sólo deseo que ustedes tengan la oportunidad de evitar la trampa. La trampa es causada por esas dos emociones: miedo y codicia. Utilícenlas en su favor, no en su contra. Eso es lo que quiero enseñarles. No estoy interesado en enseñarles cómo hacer una montaña de dinero. Eso no controlará ni el miedo ni el deseo. Si no logras controlar el miedo y el deseo, y te vuelves rico, serás solamente un esclavo bien pagado.

—¿Entonces cómo evitamos la trampa? —le pregunté.

—La principal causa de la pobreza o de las dificultades financieras es el miedo y la ignorancia, no la economía o el gobierno de los ricos. Es un miedo e ignorancia autoinfligidos lo que mantiene atrapada a la gente. Así que ustedes vayan a la escuela y obtengan sus títulos universitarios. Yo les enseñaré cómo mantenerse fuera de la trampa.

Las piezas del rompecabezas estaban apareciendo. Mi padre bien educado recibió una gran instrucción e hizo una gran carrera. Pero la escuela no le enseñó cómo manejar el dinero o sus miedos. Me quedó claro que yo podía aprender cosas diferentes e importantes de mis dos padres.

—Has estado hablando acerca del miedo a no tener dinero. ¿Pero cómo afecta nuestro pensamiento el deseo de tener dinero? —preguntó Mike.

—¿Cómo se sintieron cuando los tenté con un aumento de sueldo? ¿Notaron cómo crecía su deseo?

Lo aceptamos.

—Al no ceder ante sus emociones, fueron capaces de retrasar sus reacciones y pensar. Eso es la más importante. Siempre tendremos emociones de miedo y codicia. A partir de ahora, es muy importante que ustedes utilicen sus emociones para su ventaja y para el largo plazo, y no simplemente dejar que sus emociones los controlen al controlar su pensamiento. La mayoría de las personas utilizan el miedo y la codicia en contra de sí mismas. Ése es el principio de la ignorancia. La mayor parte de las personas pasan sus vidas persiguiendo el cheque del salario, el aumento de sueldo y la seguridad en el empleo debido a sus emociones de deseo y miedo, sin realmente cuestionarse adónde los conducen sus pensamientos controlados por las emociones. Es como la imagen de un burro que jala una carreta, con su dueño balanceando una zanahoria frente a su nariz. El propietario del burro puede ir a donde quiere ir, pero el burro está persiguiendo una ilusión. Mañana sólo habrá otra zanahoria para el burro.

—¿Quieres decir que cuando comencé a imaginar un nuevo guante de béisbol, dulces y juguetes, eso era como la zanahoria para el burro? preguntó Mike.

—Sí. Y conforme te haces más viejo, tus juguetes se vuelven más caros. Un nuevo coche, un yate y una gran casa para impresionar a tus amigos —dijo mi padre rico con una sonrisa—. El miedo te hace salir por la puerta y el deseo te llama. Te seduce para que te acerques a las rocas. Ésa es la trampa.

—¿Entonces cuál es la respuesta? —preguntó Mike.

—Lo que intensifica el miedo y el deseo es la ignorancia. Ésa es la razón por la que las personas con mucho dinero a menudo tienen más miedo conforme se hacen más ricas. El dinero es la zanahoria, la ilusión. Si el burro pudiera ver la totalidad de la imagen, posiblemente volvería a pensar la opción de perseguir la zanahoria.

Mi padre rico explicó a continuación que la vida humana es una lucha entre la ignorancia y la iluminación.

Explicó que una vez que una persona deja de buscar información y conocimiento de sí mismo, la ignorancia se apodera de ella. Esa lucha es una decisión momento a momento: aprender para abrir o cerrar la propia mente.

—Mira, la escuela es muy, muy importante. Vas a la escuela a aprender una habilidad o profesión y de esa manera convertirte en un miembro que aporte algo a la sociedad. Cada cultura necesita maestros, doctores, artistas, cocineros, hombres de negocios, oficiales de policía, bomberos, soldados. Las escuelas los capacitan con el fin de que nuestra cultura crezca y florezca —dijo mi padre rico—. Desafortunadamente, para muchas personas la escuela es el fin, no el principio.

Se produjo un largo silencio. Mi padre rico estaba sonriendo. Yo no comprendí todo lo que dijo ese día. Pero como la mayoría de los grandes maestros, cuyas palabras continúan enseñándonos durante años, a menudo mucho después de que se han ido, sus palabras todavía me acompañan el día de hoy.

—He sido un poco cruel el día de hoy —dijo mi padre rico——. Cruel por una razón. Yo quiero que ustedes recuerden siempre esta conversación. Quiero que siempre piensen en la señora Martin. Quiero que siempre piensen en el burro. Nunca olviden; debido a que sus dos emociones, el miedo y el deseo, pueden conducirlos a la trampa más grande de la vida, si no están conscientes de que dichas emociones pueden controlar su pensamiento. Pasar tu vida con miedo, sin explorar tus sueños, es cruel. Trabajar duro para ganar dinero y pensar que el dinero te permitirá comprar cosas que te harán feliz también es cruel. Despertar a la mitad de la noche, aterrado por las cuentas por pagar, es una forma horrible de vivir. Vivir una vida definida en función de la cantidad que aparece en tu cheque de sueldo no es realmente vivir. Pensar que un empleo te hará sentir seguro es mentirte a tí mismo. Eso es cruel, y ésa es la trampa que tú debes evitar, de ser posible. Yo he visto la manera en que el dinero gobierna la vida de las personas. No dejes que eso te ocurra. Por favor, no dejes que el dinero gobierne tu vida.

Una pelota rodó debajo de nuestra mesa. Mi padre rico la levantó y la arrojó a los jugadores.

—¿Y qué tiene que ver la ignorancia con la codicia y el miedo? —pregunté.

—La ignorancia sobre el dinero es lo que causa tanta codicia y miedo —dijo mi padre rico—. Déjame poner algunos ejemplos. Un doctor que desea ganar más dinero para mantener mejor a su familia, eleva sus honorarios. Al elevar sus honorarios, hace que el cuidado de la salud sea más caro para todos. Ahora bien, eso causa más daño a la gente pobre, por lo que los pobres tienen peor salud que aquellos que tienen dinero. Dado que los doctores elevan sus honorarios, los abogados incrementan los suyos. Como los abogados incrementan sus honorarios, los maestros de escuela quieren un aumento, lo que incrementa nuestros impuestos, etcétera. Pronto se producirá una brecha tan terrible entre los ricos y los pobres que el caos se desatará y otra gran civilización se derrumbará. Las grandes civilizaciones se han derrumbado cuando la brecha entre los poderosos y los débiles era demasiado grande. Estados Unidos está en ese mismo camino, demostrando una vez más que la historia se repite porque no aprendemos de ella. Sólo memorizamos fechas y nombres históricos, pero no aprendemos la lección.

—¿No se supone que los precios deben subir? —pregunté.

—No en una sociedad educada con un gobierno bien dirigido. Los precios deberían bajar en realidad. Desde luego, eso sólo es verdadero en la teoría. Los precios suben debido a la codicia y el miedo causados por la ignorancia. Si las escuelas le enseñaran a la gente sobre el dinero, habría más dinero y precios más bajos, pero las escuelas se enfocan solamente en enseñar a la gente a trabajar por el dinero, y no la manera de controlar el poder del dinero.

—¿Pero no tenemos buenas escuelas de negocios? —preguntó Mike—. ¿No me has alentado a que vaya a la escuela de negocios para obtener una maestría? ;

—Sí —dijo mi padre rico—. Pero con