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Algunas cosas son fácilmente perdonables. Otras cosas… no tanto. 

Lenny DeMaio se hizo una promesa: había terminado. 

Terminado de pensar en él. 

Terminado de preocuparse por él. 

Terminado de contactar a un hombre que claramente no quería ser localizado.

Lástima que nadie le dio la nota a Jonah Collins.

Year:
2019
Language:
spanish
Pages:
443
File:
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1

《暮云平》第1期

File:
PDF, 3.57 MB
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2

Your Jungle Guide to Rook Endings, Efstratios Grivas 2020-TLS

Year:
2020
Language:
english
File:
PDF, 14.88 MB
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Algunas cosas son fácilmente perdonables. Otras cosas… no tanto.
Lenny DeMaio se hizo una promesa: había terminado.
Terminado de pensar en él.
Terminado de preocuparse por él.
Terminado de contactar a un hombre que claramente no quería ser localizado.
Lástima que nadie le diera a Jonah Collins el memo.

abía que era una mala idea hacer clic en el enlace de mi pantalla de
inicio.
Pero lo hice de todos modos.
Porque como había aprendido en el transcurso de mi vida, me
gustaba tocarme las pelotas.
¿Acaso no acababa de decirme que borrara las malditas cookies y el historial de
mi computadora? Sí, lo hice. Sabía que lo había hecho. El último artículo había
aparecido hacía unas pocas semanas en mi página de inicio, y había terminado
forzándome a subir a una bicicleta fija para no hacer algo estúpido.
Excepto que esa vez, todo lo que hice fue darle a mi pantalla el dedo medio y
luego hice clic en un artículo diferente para leer… maldiciendo bajo todo el tiempo.
Desafortunadamente para mí, estaba gruñona, mala y un poco aburrida, es
por eso que seguí el enlace por primera vez en mucho tiempo, observando la
pantalla de mi computadora parpadear por un segundo antes de que me llevara a
un sitio web en el que en el pasado había estado más veces de las que estaría
dispuesta a admitir.
Hacía meses. Hacía un año. No últimamente. No en mucho tiempo.
Al menos estaba eso.
No es una mala idea tener una idea de lo que está haciendo este imbécil, me dije
cuando la misma línea de asunto que me había atraído reapareció en la pantalla con
grandes letras en negrita. Leí el título del artículo y luego lo volví a leer.
Las palabras en la pantalla no me iban a afectar de ninguna manera, incluso si
mi estómago se agrió y mis dedos se sacudieron alrededor del mouse debajo de mi
palma porque de repente quería tirárselo a alguien que estaba al otro lado del
océano. No iba a hacer eso, porque no me importaba.

Los últimos meses habían facilitado la lectura del nombre que aparecía en el
titular sin querer romper algo. En todo caso, to; do lo que sentía era un mínimo indicio
de irritación. Solo un pequeño indicio de irritación.
JONAH COLLINS ABANDONARÁ EL RACING CLUB DE PARíS
Honestamente, estaba realmente orgullosa de mi párpado por no temblar. Por
lo menos no como la primera vez que vi ese nombre después de un bloqueo de un
año. Por suerte había estado en casa sola con Mo, y ella nunca me delataría por cómo
había dicho maldito hijo de puta al verlo.
O le contaría a alguien cómo me puse una almohada en la cara y le grité VETE
“ L“ MIERD“ .
Y si tragaba un poco fuerte mientras leía algunas palabras más en el sitio de
noticias de Nueva Zelanda, solo era porque todavía no había bebido suficiente agua
y mi garganta estaba seca.
Jonah Hema Collins ha confirmado que deja el Racing Club de París pero no ha
confirmado ningún plan futuro.
El ex All Black, Collins, acaba de completar un duro acuerdo de dos años con el famoso
club de París…
Y, por el bien del resto de mi día y la vida de mi mouse, cliqué el ícono rojo en
la esquina superior izquierda de la ventana y salí de la página, para encontrarme en
la pantalla con una lista de artículos de noticias que sí importaban.
Entonces no se estaba quedando en Francia. ¿A quién le importaba? No
significaba nada.
Maldito imbécil.
Alejé ese pensamiento al instante, sintiendo mis dientes rechinar, y me centré
en la lista de noticias en las que debería haberme centrado. Noticias que realmente
afectaban mi vida y la vida de mis seres queridos y amigos. Estas noticias eran
trabajo.
MACHIDO DISCUTE REGRESAR A LA UFL 238
Pero solo me llevó un segundo decidir que me importaba una mierda que
Machido regresara a la United Fighting League, o cualquiera de las otras noticias en
el que podría decirse era el sitio web más popular de MMA (artes marciales mixtas),
en el que estaba diariamente. Debería importarme. Las MMA eran mi negocio, el
negocio de mi familia, pero en ese momento, me importaba una mierda. Mi mente

solo se desviaba de nuevo a ese maldito artículo sobre El Imbécil que no había
firmado un nuevo acuerdo en París.
Y eso lo logró.
Mi ojo comenzó a temblar.
No tuve que mirar mi escritorio para abrir el cajón superior, tomar la pelota
anti estrés que mi mejor amiga me había dado hacía un año, y exprimirla con todas
mis fuerzas.
Toda.
Podía sentir la tensión en mi codo por lo fuerte que estaba ahogando a la bola
inocente que nunca me había hecho nada pero que probablemente había salvado a
más de un par de personas en el gimnasio de que las asesinara cuando la jodían o
eran absolutamente tontas. La suave bola amarilla era honestamente uno de los
regalos más considerados que alguien me hubiera dado. Era un reemplazo decente
para los sacos de nueces que desearía poder exprimir cuando alguien me molestaba.
Me había prometido hacía ocho largos meses que había acabado. Que había
superado esta mierda. Que había seguido con mi vida.
Hacía seis meses, cuando vi ese nombre, segundo nombre y apellido en la
pantalla de mi tableta y mi presión arterial subió, me había confirmado, una vez más,
que me importaba una mierda, después de haber gritado en la almohada y golpeado
mi colchón un par de veces.
Había hecho todo lo posible.
Había terminado de perder tiempo y gastar energía enojándome.
Y estaba totalmente bien que esperara que alguien tropezara y aterrizara de
cara en una pila caliente de mierda de perro en algún momento de su futuro cercano,
¿no es así? Si sucedía, genial. Si no sucedía, siempre había un mañana. Todo lo que
hacía era cruzar mis dedos para que eventualmente llegara el día, y descubriera que
sucedió, y si hubiera una prueba visual de ello, fabuloso.
Todo era genial. No necesitaba mirar alrededor de la oficina donde estaba
trabajando para saber eso. La oficina que había sido el equivalente al trono de mi
abuelo. El mismo abuelo que era dueño del edificio donde estaba ubicada y del
edificio de al lado. El mismo edificio que tenía nuestro apellido pegado en un cartel
gigante afuera.
CASA MAIO
FITNESS Y MMA

Nuestro legado familiar.
Ese cartel solo me hacía sonreír todos los días que lo veía. Estaba en casa y era
amor. Puede que no fuera el mismo edificio en el que crecí antes de que el abuelo
hubiera mudado el negocio, pero todavía era un lugar que estaba directamente
relacionado con mi corazón y más de la mitad de los mejores recuerdos de mi vida.
Ahora administraba este gimnasio MMA, y siempre lo haría.
Inspiré por la nariz, una que no aguanté por más de un segundo, y luego lo
dejé salir nuevamente.
A la mierda.
Lo que ese imbécil hiciera con su vida no era asunto mío y no lo había sido…
nunca. Podía ir a donde quisiera y hacer lo que sea y con quien sea que él quisiera.
En resumen: podía irse a la mierda.
Idiota.
Ese pensamiento apenas había entrado en mi cerebro cuando sonó el teléfono
de la oficina con una llamada entrante desde otro teléfono en el edificio. Ni siquiera
tuve oportunidad de decir una palabra antes de que una voz familiar dijera:
Lenny, necesito tu ayuda.
Olvidé el artículo al instante, el nombre de ese hijo de puta, París, y todo
asociado con la pantalla de mi computadora. Suspiré, sabiendo que había unas pocas
razones por las que Bianca, la empleada de recepción a tiempo completo, me
necesitaría, y no estaba de humor para tratar con ninguna de ellas. Cada razón surgía
de una verdad: alguien tenía que estar actuando como un idiota.
Cuando era niña, había pasado lo que me pareció la mitad de mi vida en el
edificio original de Maio House. Había sido pequeño, oscuro y un poco áspero en
los bordes. Y me había encantado como la mierda, por la forma en que olía después
de un largo día de cuerpos sudorosos y almizclados a la forma en que olía después
de que el abuelo me hubiera puesto a trabajar, sin importarle una mierda sobre las
leyes de trabajo infantil, a trapear los pisos y limpiar equipos. En aquel entonces, no
había podido imaginar un trabajo mejor que el que tenía el abuelo Gus, tener un
gimnasio, administrarlo, involucrarse con el entrenamiento de los luchadores.
Parecía tan genial y relajado, especialmente después de que él hubiera conseguido
una computadora que había sido cargada con el solitario para que pudiera jugar
durante horas mientras esperaba para volver a casa si no había nada más que hacer.
Cuando me había hecho mayor y había descubierto las salas de chat, se había vuelto

mucho mejor. Merodear por el salón con personas que amaba o jugar con la
computadora había sido lo mejor.
Tenía muchas ganas de administrar Maio House cuando era más joven.
Por alguna razón, mi cerebro había elegido bloquear la mayoría de las otras
cosas que iban junto con el trabajo, específicamente, los momentos en los que me
gritaban para ir a parar una discusión o una pelea entre dos hombres adultos. O
actuar como si me importara una mierda cuando los miembros se quejaban o
amenazaban con cancelar por razones realmente básicas, como cuando la máquina
Butt Blaster estaba fuera de servicio.
¿Qué pasa?
pregunté, sintiéndome casi exhausta incluso después de
dormir un total de seis horas.
John acaba de pasar y me dijo que estaba en el vestuario de tu edificio y vio
a dos de los chicos del MMA poniéndose feos uno con el otro dijo Bianca, sin
molestarse en explicar lo que eso implicaba porque ambas sabíamos muy bien lo que
significaba.
Alguien tenía que ir a detenerlo, y ninguno de los empleados recibía suficiente
paga como para querer involucrarse con dos hombres adultos discutiendo.
Ese era mi trabajo.
No entendía por qué John, el custodio, no pasó por mi oficina y me lo dijo. No
había sido una imbécil con él ni nada esa mañana… no lo creía. Tendría que hacer
tiempo para hablar con él y asegurarme de que estábamos bien más tarde, cuando
no tuviera dos idiotas con los que lidiar.
Muy bien, Bianca, gracias. Yo me encargo
me ponía de pie.

le dije con otro suspiro mientras

¡Lo siento! ¡Buena suerte! respondió con la voz alegre y agradable que me
había ganado cuando la entrevisté hacía cuatro meses.
¿Quién demonios era lo suficientemente tonto como para discutir ahora y sobre
qué? Salí de la oficina y me dirigí al piso principal. Miré a mi alrededor en busca de
una pista, disfrutando del mar vacío de esteras azules. Había cuatro chicos dando
vueltas en la jaula, pero estaban en sus propios pequeños mundos. Casi todos los de
la sesión de la mañana se habían ido.
Llegué a la puerta que se abría al pasillo que conducía a las duchas y casilleros,
sin disminuir mi ritmo mientras gritaba:
Escondan sus penes. ¡Voy a entrar!

No estaba de humor para ver ninguna polla revoloteando o que el culo de
nadie me guiñara el ojo. Podría pasar el resto de mi vida sin entrar mientras alguien
se inclinaba desnudo. Si fuera a ver demonios calvos de ojos marrones, quería elegir
de quién.
Nadie respondió. De acuerdo entonces.
Tal vez era mi día de suerte y se habían ido, pero aún tenía que comprobar para
asegurarme de que nadie quedara inconsciente en el suelo. Eso afortunadamente
nunca había sucedido, pero solo era porque las reglas en Maio House eran muy
estrictas sobre pelear. Los inteligentes sabían que era mejor no hacer algo tan
estúpido, e incluso generalmente se podía razonar con los idiotas arrogantes antes
de que hicieran algo de lo que se arrepentirían.
Generalmente.
Apenas tuve que pasar por el corto pasillo hacia los vestuarios cuando
inmediatamente vi a los dos tipos parados uno frente al otro, en silencio, cara a cara.
Frente contra frente más bien. ¿En serio?
Había muchas cosas que siempre me habían encantado de que Maio House
fuera parte de mi vida. Sobre que estuviera en mi corazón. En mi sangre. Sobre saber
que era mío tanto como lo era del abuelo Gus. Como los príncipes y princesas que
conocían los reinos que heredarían, siempre supe lo que un día se convertiría en mío
también. Así que lo sabía, incluso en aquel entonces cuando apenas le llegaba al
abuelo a la altura de las caderas, lo que sucedía cuando te metías en una pelea
cuando no era para fines de entrenamiento.
Una y otra vez, me había hecho sentarme en el pequeño sofá desplegable que
tenía en la esquina de su oficina en el antiguo edificio donde Maio House había
nacido mientras suspendía a una persona tras otra por violar las reglas. Las reglas
que estaban publicadas justo frente a las puertas principales que todos atravesaban
para entrar en el edificio. Las mismas reglas que habían existido desde antes de que
yo naciera.
1. NADA DE RIÑAS
2. NADA DE DROGAS
3. NADA DE GOLPES BAJOS (DEJAMOS LOS GENITALES Y LOS
CUELLOS/COLUMNAS TRANQUILOS)
***Violar las reglas es causa de suspensión o rescisión.

Seguirlas siempre me había parecido bastante fácil para mí y para la mayoría
de las personas que habían ido y venido a lo largo de los años. Eran de sentido
común. No peleen sin una razón, que, hola, tenías que ser un idiota para cruzar esa
línea. No tomen drogas en las instalaciones que no fueran recetadas o analgésicos
de venta libre. Dejen las que les cuelgan, sacos de huevos y médulas espinales
tranquilas. Queríamos que la gente pudiera salir del gimnasio y reproducirse si
quisieran. Mierda básica.
Era raro que alguien rompiera las reglas, pero sucedía. Solo dos semanas atrás,
tuve que suspender a uno de los muchachos por golpear deliberadamente en las
bolas al tipo con el que había estado entrenando. No hace falta decir que había estado
jodidamente enojado y había tratado de hacerse el tonto.
Realmente no quería tener que suspender a otra persona de nuevo, no tan
pronto.
Reconocí al más pequeño de los dos como un chico de diecinueve años con
trenzas africanas llamado Carlos. Él estaba sacando el pecho hacia afuera. El otro
hombre era Vince, quien superaba al chico más joven por alrededor de veinte kilos,
diez centímetros y unos cinco o seis años más. No había sido miembro de Maio
House por mucho tiempo. Y ambos se estaban mirando fija y amorosamente a los
ojos.
No.
¿Ustedes dos van en serio en este momento? pregunté, verdaderamente
decepcionada por ambos. ¿Por qué demonios podrían enojarse tanto que estaban en
el vestuario a milímetros de poder besarse? ¿Al menos uno de los dos puede
detenerse, maldita sea?
Fue Vince quien parpadeó primero, quizás siendo el primero en recobrar algo
jodido sentido.
Ahora, por favor.
Vince parpadeó de nuevo, pero aun así no dio un paso atrás, Carlos, más bien
al contrario, hinchó su pecho aún más.
Puse los ojos en blanco. Estos dos idiotas podían hacer de sus vidas luchar con
personas, o al menos ganarse la vida haciendo eso, pero había estado en más peleas
que cualquiera de ellos… incluso si las mías habían sido siempre con un árbitro y
por puntos, no porque alguien me enojara, y quisiera probar algo. Gracias, judo.

Miren les dije, extendiendo la mano para tirar del rabillo del ojo de cuán
molestos estaban siendo estos dos : Me importa una mierda si se pelean, realmente,
pero no me voy a sentir mal suspendiendo a ninguno de los dos si lo hacen. Y será
por un mes, Carlos, tienes una pelea en camino y Vince, tienes una en dos meses.
Entonces… ¿qué quieren hacer?
Fue Vince quien reaccionó primero. Siendo un peso semipesado, estaba
aliviada, que saliera de allí, diera un paso atrás y abriera la boca, aflojando su
mandíbula. Mientras tanto, Carlos se quedó exactamente donde estaba, inclinando
la barbilla más alto de lo que había estado y básicamente pidiendo que lo golpearan.
Su elección en amigos de repente tenía mucho sentido.
Dios necesitaba concederme algo de fuerza. Pronto.
¿Tengo que preguntar qué pasó o los dos están bien?
importarme una mierda cuál de ellos respondiera.

pregunté sin

Estamos bien siempre que cierre la puta boca y se preocupe por sus propios
asuntos respondió Carlos, y no me perdí la forma en que Vince sacudió la cabeza
solo un poco en lo que parecía incredulidad . No necesito tu consejo, Vince.
¿Eso fue lo que pasó? Tiré de la esquina de mi ojo otra vez.
¿Vince?
El tipo más grande sonrió con aire de suficiencia, y después de un momento,
sacudió la cabeza y me miró con expresión intensa. Sus ojos se deslizaron hacia
Carlos una vez más antes de volver a mí.
Estoy bien respondió después de un segundo
la próxima vez, Carlos.

. Me guardaré mi consejo

Que Dios me ayude.
¿Están seguros de que terminaron entonces?

pregunté de nuevo.

Carlos no me miró, pero la mano que sostenía su teléfono se movió cuando
murmuró:
Sí.
Vince asintió.
Suficientemente bueno para mí. Con eso, me di la vuelta y me dirigí de nuevo
hacia mi oficina, escuchándolos intercambiar palabras amortiguadas entre sí y sin
que me importara una mierda. Tal vez debería haber escuchado a escondidas,
pero… en realidad no importaba, ¿no?

Tendría que contarle a Peter sobre esa pequeña escena para que los vigilara.
Para cuando volví a mi oficina y me senté en mi silla, me convencí de intentar
concentrarme de nuevo. Apartando el resto de mis pensamientos y sentimientos que
no fueran sobre el trabajo, actualicé la página del sitio de noticias de MMA en el que
estaba y lo lamenté al instante.
POLANSKI SOLICITA REVANCHA, ESTÁ LISTO PARA RECUPERAR EL
TÍTULO
Noah.
Ugh.
Ya había olvidado que había perdido su pelea hacía tres días. Me había
quedado dormida viéndola, y la única razón por la que sabía que había perdido era
porque mi abuelo lo había mencionado, con una pequeña mirada alegre en sus ojos
malvados.
Amaba con locura a ese hombre.
Me reí del recuerdo e hice clic en otro enlace, sin ganas de siquiera leer el
nombre de Noah, y me obligué a leer la siguiente publicación de la lista en la página
de inicio del sitio de MMA. Luego me obligué a leerla de nuevo porque no podía
recordar una palabra una vez que había terminado. Algo sobre un próximo evento
entre dos luchadores conocidos con los que no tenía historia o problemas.
Fue al final de la segunda lectura que un suave golpe en mi puerta me hizo
levantar la mirada y sonreírle al hombre que ya estaba entrando, con las manos
metidas en los bolsillos de su pantalón negro. Podía decir al instante por la expresión
en el rostro de Peter que ya había oído hablar de los dos idiotas en el vestuario. No
había sorpresa allí. Él tenía un radar para cosas así.
Arrugué la nariz ante el hombre que era básicamente mi segundo padre.
Al menos no pasó nada
pensando.

le dije, sabiendo exactamente lo que estaba

Su cara, su piel color café y crema aún joven, incluso en sus sesenta, se retorció
con una mirada de disgusto.
¿Sobre qué fue? preguntó el hombre que enfatizaba la importancia de la
disciplina y el control de manera regular. Se detuvo detrás de una de las sillas frente
al escritorio que el abuelo y yo compartíamos.
Me encogí de hombros, sintiendo un pellizco familiar en mi hombro otra vez.
Maldición.

Vince le dijo algo a Carlos. Carlos se ofendió.

Puse los ojos en blanco.

Eso me consiguió unos ojos en blanco del hombre engañosamente serio. Había
un puñado de líneas en cada uno de sus ojos y en los costados de su boca, pero él
todavía estaba casi tan en forma como lo había estado hacía casi treinta años cuando
había entrado en nuestras vidas, sin saber que se convertiría en la tercera pata de
nuestra familia.
A veces no sé qué hacer con estos niños.
Llamemos a sus madres y acusémoslos.
Peter resopló de esa manera relajada que era como todo sobre él. Nunca
hubieras imaginado que este hombre casi delgado, solo un poco por encima de la
altura promedio podría derribar a casi cualquier trasero si quisiera. Siempre pensé
en él como en una especie de Clark Kent. Tranquilo, amable y relajado, parecía la
última persona que tendría un séptimo grado de cinturón coral1, negro y rojo en
realidad, en jiu-jitsu brasileño durante el día y me ayudaba con la tarea de
matemáticas por la noche.
¿Viste a Gus esta mañana?

preguntó Peter.

Solo por un segundo. Estaba hablando por teléfono con alguien sobre unirse
a un torneo de baloncesto para adultos mayores.
Mi segundo padre sonrió y sacudió la cabeza antes de que la expresión cayera
y preguntara:
¿Estás bien?
Me encogí de hombros.
La forma en que Peter entrecerró los ojos me decía que sabía que no estaba
exactamente mintiendo o diciendo la verdad, pero no insistió. Nunca se entrometía
demasiado. Era una de mis cosas favoritas sobre él. Si quería decirle algo, lo haría, y
él lo sabía. Y había muy, muy pocas cosas que no le contaba.
Solo la mierda grande.

Cinturón coral: Cuando un cinturón negro de jiu-jitsu brasileño alcanza el séptimo grado, se le
otorga un cinturón rojo y negro alternativo similar al cinturón negro de cuarto grado otorgado por
muy pocos cuerpos de judo. Este cinturón se conoce comúnmente como cinturón de coral, por la
serpiente de coral. Los cinturones de coral son practicantes muy experimentados, la mayoría de los
cuales han tenido un gran impacto en el jiu-jitsu brasileño, y son conocidos dentro del arte con el
título de maestro.

1

Acababa de agarrar mi bola de estrés de donde estaba colocada al lado de mi
teclado para poder ponerla de nuevo en su cajón cuando Peter chasqueó los dedos
repentinamente.
Recibí este mensaje de la recepción hace un minuto, diciendo que lo
derivaste a mí dijo mientras estaba allí . Pero nunca he oído hablar del chico.
¿Cuál es el nombre? Levanté mi hombro de nuevo y lo hice rodar hacia
atrás sintiendo esa pinchazo de nuevo. ¿Desde cuándo tengo todos estos dolores al
azar por solo dormir mal? ¿Esto era lo que sucedía cuando llegabas a los treinta?
Necesitaba comenzar a ir a mi fisioterapeuta. Quizás al quiropráctico también.
Peter no dudó en meter una mano en el bolsillo y sacar un brillante Post-it rosa.
Apartó el trozo de papel antes de entrecerrar los ojos hacia él.
¿Un… Jonah Collins?
Dejé caer mi hombro en su lugar y lo miré fijamente.
Jodida mierda.

o había sabido cuando me había despertado esa mañana que mi
vida había estado a punto de cambiar por ese nombre saliendo de
la boca de Peter.
Pero sucedió.
Y tenía que haberlo sabido cuando lo miré en silencio, sintiéndome casi
desmayándome por segunda vez en mi vida, probablemente.
No tenía idea de qué decir. Qué pensar. Cómo reaccionar incluso.
Hacer crecer un pene mágico de la nada hubiera sido menos sorprendente que
Peter diciendo el nombre del Hijo de Puta.
Pero lo que más me golpeó, lo más duro, fue saber que el tiempo se había
acabado.
Era un testimonio de cuán bien Peter me conocía que reaccionó de la manera
en que lo hizo. Cuidadosamente, vigilante mientras lo hacía, sacó la silla frente al
escritorio y tomó asiento, pulcramente, un ejemplo del control sin esfuerzo que tenía
sobre su cuerpo. Dudaba que fuera mi imaginación que pareciera casi prepararse a
sí mismo.
¿No te gusta?
Como si fuera tan fácil. Que me gustara o no.
Ni siquiera me di cuenta de que había levantado mis manos hacia mi cara antes
de que estuvieran frotando mis mejillas y frente, deslizándose hacia atrás a través
de la cola de caballo con la que me había sujetado el cabello esa mañana porque no
había estado de humor para hacer mucho más. No había apreciado todos los años

que había convertido en una prioridad dormir de ocho a diez horas por noche; eso
era, por cierto, jodidamente seguro.
El Elena que salió de la boca de Peter fue el guante que lanzó entre nosotros.
No Lenny. Ni Len.
Peter había elegido Elena, sacando la tarjeta de papá que rara vez usaba.
Estaba jodida.
La opción de mentirle ni siquiera apareció en mi cabeza. No hacíamos eso.
Ninguno de nosotros lo hacía. Solo había cosas que… no nos decíamos. No nos
hacíamos ciertas preguntas porque estaba ese factor subyacente que sabíamos que
no mentiríamos. Si no preguntabas, no lo sabías. Y si queríamos que supieras, te lo
diríamos. Era la forma en que el abuelo Gus, Peter y yo siempre hemos funcionado.
Nunca teníamos que decirlo, pero la confianza entre nosotros estaba reforzada con
kilómetros de barras de refuerzo y hormigón.
Porque en treinta años, solo había un puñado de cosas sobre las que no les
había contado. Y estaba segura de que tenía que haber un puñado de cosas que ellos
no me habían contado tampoco.
Lentamente, aparté las manos de mi cara y me enderecé en mi silla con ruedas,
empujando mis hombros hacia atrás y encontrando la oscura mirada marrón de
Peter. Asimilé la cara que me había animado en casi todas las competencias de judo
en las que había estado, con la excepción del tiempo que había tenido neumonía y
la vez cuando su hermana había muerto y él no había querido que me perdiera el
torneo. La cara de Peter era la que me había metido en la cama durante incontables
años, junto con la del abuelo Gus. La cara que me había tranquilizado más veces de
las que podía contar, que era amada, que podía hacer cualquier cosa, y que siempre
era capaz de hacerlo mejor.
Entonces le dije las dos palabras que tendrían que ser suficientes. Dos palabras
que no quería dejar salir pero tenía que hacerlo. Porque se había acabado el tiempo.
Una cosa era hacer todo lo posible por fingir que alguien no existía, y otra cosa
totalmente diferente era mentir para mantener esa farsa.
Es él.
Sus cejas se fruncieron.
No lo estaba entendiendo. Todavía no al menos. Pero iba a necesitar hacerlo
porque no quería entrar en detalles exactamente. No con la puerta abierta. No aquí.

Así que alcé las cejas y lo miré, tratando de proyectar las palabras de nuevo en su
cabeza.
Es él. Es él, es él, es él.
Vi el momento en que hizo clic. El momento en que se dio cuenta de qué
demonios estaba tratando de expresar. Es él. Él.
Peter se movió en su asiento, cruzó una pierna sobre la otra y se echó hacia
atrás cuando preguntó con una mirada divertida en su rostro, como si no quisiera
creerlo.
¿Él?
Sí.

Él.

Los ojos marrones oscuros de Peter se movieron sobre la pared verde azulada
detrás de mi cabeza mientras procesaba aún más lo que estaba diciendo, pensando
en ello realmente y en qué demonios significaba todo.
Porque ya sabía lo que significaba para mí, al menos en cierta medida.
Significaba que necesitaba comenzar a ahorrar dinero para la fianza del abuelo
Gus para cuando fuera arrestado por asalto agravado, acoso, conspiración para
cometer asesinato, o cualquier cargo por el que le acusen por actuar como un tonto
en público.
Esa idea no debería haberme divertido, pero lo hacía. Realmente lo hacía. Al
menos lo hacía hasta que la otra mitad de lo que eso implicaría realmente me golpeó.
Tendría que ver ese idiota en la corte cuando presentara cargos contra mi
abuelo.
Tendría que mirar al jodido hombre que había desaparecido durante un año,
solo para reaparecer de repente en el mismo país que lo había visto por última vez.
El imbécil que me había dejado colgando. Que ni siquiera tuvo las pelotas para
llamar, enviar mensajes de texto, o responderme un correo electrónico. Ni una vez
después de las trescientas veces que había tratado de contactarlo.
Claro, justo después de haber sido rechazada, había enviado cuatro postales en
total que tenían su firma en ellas, pero solo eso. No había habido una dirección de
devolución. No había habido una mierda en ellas. Ni siquiera un mensaje. Ni siquiera
algún tipo de código que pudiera haber descifrado. Solo su firma garabateada, un
matasellos y una estampilla de Nueva Zelanda, mi nombre y dirección anterior en
Francia.
Agarré mi bola anti estrés nuevamente, apretándola inmediatamente.

Y si me estaba imaginando que eran las bolas de alguien… lo que sea.
¿Qué…? Ni siquiera sabía qué decir. Me preguntaba si había escrito para
averiguar sobre él . Ah… yo… él… ¿hace MMA? finalmente logró decir.
Sacudí la cabeza.
Peter pensó en eso por un momento, pero tuvo que pensar la misma pregunta
que yo me hacía: ¿por qué Jonah lo estaba llamando? Peter no entendía tan bien
como yo lo azarosa que era la llamada. No sabía quién era Jonah o qué hacía para
ganarse la vida. Pero lo que Peter sabía era que nosotros éramos familia. Y me lo
demostró al instante.
¿Qué quieres que haga?

preguntó

. ¿Te ha… llamado?

Me quedé allí todavía colgada sobre el hecho de que ese nombre había salido
de la boca de Peter. ¿Cuáles eran las posibilidades? En serio, ¿por qué lo estaba
llamando a él? ¿Por qué ahora?
Apreté mi pelota un poco más.
No. Bloqueé su número. Aquellas preguntas rebotaban en mi cráneo. ¿Por
qué? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué?
No pude evitar rascarme la garganta y mirar la imagen enmarcada colocada
justo al lado del monitor de mi computadora.
No importaba por qué. Todo lo que importaba era que él había llamado.
No sé por qué se está contactando contigo en lugar de mí le dije, todavía
mirando la foto en el marco . Pero hablé de ti lo suficiente cuando… nos
conocimos. Él sabe quién eres. Él sabe mi apellido. Sabe que el abuelo es dueño de
este lugar. No es una coincidencia.
Cuando nos conocimos. Dios, casi podía reírme de eso. Y podría simplemente
reírme ante la idea de que él contactara a Peter por accidente. No había forma de que
fuera posible.
Frotando mis dedos sobre mi cara nuevamente, contuve un suspiro.
Peter se inclinó hacia delante en su asiento, su rostro aún más serio de lo
habitual… al menos mientras estábamos dentro de estos muros. Cuando estábamos
fuera de Maio House, esa era una historia diferente. Ese era el Peter que conocía, el
que había amado al crecer desde el momento en que llamó a la puerta de la oficina
del abuelo Gus, pidiendo un trabajo. Todos nos habíamos enamorado de él. Según
el abuelo Gus, había dejado que el hombre extraño se sentara solo por dos minutos

antes de subirme a su regazo a la edad de tres años y me desmayara contra él,
sosteniendo su mano.
Ninguno sabía en ese entonces que sería la primera vez de muchas, muchas
veces que haría lo mismo con el pasar de los años.
Amaba a este hombre tanto como amaba a mi abuelo, y Dios sabe, todos sabían,
que yo pensaba que esa vieja criatura del mal era lo mejor de todo, incluso cuando
me volvía loca, y eso era siempre.
¿Por qué ahora?
Mis dedos hicieron círculos contra los huesos de mi frente.
No lo sé. No me ha llamado ni enviado un correo electrónico desde la última
vez que lo vi. Hijo de puta . Dejé de intentar contactarlo hace ocho meses. Tuve
que aclararme la garganta porque de repente se sentía demasiado cerrada y seca .
En el último correo electrónico que envié, le dije que era la última vez, y lo dije en
serio. No volví a contactarle. Prefería cortarme las dos manos. Coserme la vagina.
Renunciar a la cafeína por el resto de mi vida. Pero no le dije eso. No cuando incluso
su silencio era pensativo mientras procesaba esta mierda que estaba exponiéndole.
¿Quieres que le devuelva la llamada? Podemos averiguar lo que quiere
dijo después de un segundo.
Mierda.
A menos que prefieras esperar y ver lo que hace. Peter bajó su voz,
sabiendo muy bien que no quería que nadie más escuchara o sumara dos más dos .
O si prefieres llámalo.
No quería hacer una mierda.
Todo lo que quería hacer era decirle a Jonah Collins que se fuera a otra galaxia.
Pero no lo haría. Incluso si me matara. Incluso si iba en contra de cada instinto en mi
cuerpo. Se había acabado lo de querer gritarle. De golpearlo como la mierda. De
decirle que era un pedazo de mierda. Arrancar sus bolas y sumergirme en su sangre.
Maldecir el día que nos conocimos en esa gira.
Pero no lo haría.
Miré el marco de nuevo.
No iba a hacer una mierda.
No siempre conseguimos lo que queremos, me había dicho el abuelo una vez
cuando había estado actuando como una mocosa después de perder una
competencia. Y tenía toda la razón.

Sin embargo, saber todo eso no aliviaba ni un poco la frustración y molestia
que acampaba en mi pecho.
Me acerqué a él, Peter. No una o dos veces, sino una y otra vez. Fue su
elección; no la mía expliqué.
Peter me miró durante tanto tiempo que no tenía idea de qué demonios podía
posiblemente estar pensando.
Entonces no hacemos nada
ver qué quiere.

dijo finalmente

. A ver si vuelve a llamar. A

Ver qué quiere.
Sabía lo que no quería. Peter y yo lo sabíamos. Casi todos en mi vida lo sabían,
para el caso.
Si vuelve a llamar… si viene aquí, lo manejaremos. ¿Estás de acuerdo con
eso?
Exprimí mi bola de estrés otra vez pero asentí. Íbamos a tener que manejar esto,
de una forma u otra. No tenía elección exactamente.
Eso me hizo obtener una pequeña sonrisa de Peter, que todavía parecía
diferente que de costumbre. No podría culparlo. Pero por suerte, este era Peter y no
mi abuelo.
Dios, no esperaba esa conversación.
¿Podemos esperar antes de decirle al abuelo? le pedí, sacudiendo la pierna
debajo del escritorio. ¿Por qué ahora? ¿Por qué, punto? Sabía que era una imbécil
egoísta por pensar eso, pero no podía evitarlo. ¿Por qué hoy?
Dios, ¿y desde cuándo era tan llorona? Me daba asco, maldita sea. ¿Por qué, por
qué, por qué? Bua, bua. Ugh.
Pude ver el argumento en los ojos de Peter ante mi pedido, pero
afortunadamente, esa mente rápida llegó a la misma conclusión que la mía también.
Necesitaríamos dinero para una fianza si Jonah Hema Collins viniera aquí…
no es que yo esperara que lo hiciera. Todo lo que había hecho era llamar. Por alguna
razón no podía siquiera comenzar a entender, maldición.
Y si la idea de que él viniera aquí aumentaba mi presión sanguínea, y estiraba
mi dedo medio, iba a necesitar ser adulta y aguantarme. Esto no se trataba de mí.
Entonces me concentré en el tema de mi abuelo.

No quiero que lo sepa a menos que tenga que hacerlo le dije a Peter . No
necesita ponerse loco sin razón alguna. Finalmente acaba de superarlo expliqué,
sabiendo que esta era una de esas cosas que caían en el área gris de no mentirse el
uno al otro.
El asentimiento de Peter fue más fuerte de lo que debería haber sido, pero
entendía eso también. Por supuesto, lo entendía. Odiaba poner a cualquiera de ellos
en esta posición en primer lugar. Yo odiaba estar en esta posición para empezar, pero
aquí estábamos. No era culpa de nadie más que mía.
Está bien estuvo de acuerdo, claramente ligeramente desgarrado. Pero
ambos sabíamos cuál era el mayor de los dos males.
Ninguno de los dos dijo nada durante tanto tiempo que casi se volvió
incómodo.
Después de lo que pudieron haber sido tres minutos o diez, Peter se levantó de
nuevo y me lanzó una mirada intensa que inmediatamente me hizo apretar los labios
y formar algo parecido a una sonrisa.
Todo está bien

dijo, con calma, proyectando el pensamiento en mí.

Lo sé.
Sus ojos miraron hacia la pared detrás de mí, donde supuse que probablemente
estaba mirando una foto enmarcada de los tres en mi decimoctavo cumpleaños,
rodeando el pastel de cumpleaños con velas que podrían haber sido fuegos
artificiales. Su delgado pecho se expandió y luego volvió a bajar cuando aceptó lo
que sea que le preocupaba. Todo, probablemente.
Esos ojos se tomaron su tiempo para moverse de la pared hacia mí, pero
cuando lo hicieron, se las arregló para darme una sonrisa que definitivamente era
un poco tensa.
Ven a entrenar con el equipo por una hora. Necesitas quitar esa mirada de
tu cara.
¿Cuál mirada?
Alzó las cejas.
Esa.
Apreté los labios, empujando temporalmente el por qué, por qué, por qué a un
lado.
Lo pensaré. Hoy me duele mucho el hombro.

Peter me lanzó una media sonrisa de complicidad cuando salió de la
habitación, sin necesidad de insistir. Los dos sabíamos que tenía razón. Estaba
demasiado nerviosa, con dolor en el hombro o sin él. No me digas.
Jonah había llamado a Peter. ¿Por qué tendría que hacer eso? ¿Y realmente
tenía que hacerme sentir jodidamente enferma?
Con una respiración profunda por la nariz y por la boca, incliné mi cabeza
hacia el techo y traté de aliviar la tensión de mi cuerpo.
Odiaba no saber lo que iba a pasar.
Odiaba las sorpresas.
Había una razón por la que el imbécil lo había llamado. Había crecido cerca de
hombres con cantidades locas de testosterona. Cuando querían algo, por lo general
lo conseguían.
Y cuando no querían algo… bueno, no lo hacían, a veces se iban sin dejar
rastro.
Yo era muchas cosas, pero no era tonta ni gallina.
Si esa cara de mierda llamaba, pasara lo que pasara, podría manejarlo.
Lo más probable era que cambiara de opinión y continuara con su acto de
desaparición, y yo podría seguir viviendo mi vida exactamente de la misma manera
que lo había estado haciendo.
Iba a hacer ejercicio, tal vez subir a una bicicleta para no agravar más mi
hombro. Me iba a calmar. Independientemente de lo que sea que sucediera, si iba a
tener que matar a alguien, tenía gente para ayudarme. No había forma de evitar que
sucediera algo, pero podía y lidiaría con eso.
Jonah Collins no tenía idea de en qué se estaría metiendo, si lo hacía. Si, si, si.
Si incluso se metía en algo en primer lugar.

í

abía que ni siquiera estaba tratando de ocultar mi mal humor cuando
la segunda persona en menos de una hora entró a la oficina, me miró
y luego se dio la vuelta y volvió a salir, sin decir una palabra.
Era así de mierda.
Nunca, jamás había sido el tipo de persona que embotellaba la mierda y la
dejaba supurar en primer lugar. Desde que tengo memoria, el abuelo Gus me hacía
hablar para sacar lo que fuera de mi sistema. Si eso no funcionaba, entonces había
otras cosas que podía hacer para calmarme de nuevo. Para recomponerme. Para
centrarme. La presión hace que todo explote, decía.
Pero a pesar de ser plenamente consciente de que la meditación me ayudaba a
relajarme y concentrarme; algunos días me ayudaba a no pensar, y otros días me
ayudaba a pensar cosas que me molestaban pero sin enfurecerme; no lo hice. No
había despertado y subido a la bicicleta estacionaria para salir de mi cabeza. Sabía
que era mejor no hacerlo.
Había dado vueltas y vueltas toda la noche, mirando el techo y luego
escuchando un podcast sobre crímenes reales porque no había querido encender la
televisión o bajar las escaleras porque no quería arriesgarme a encontrarme al abuelo
Gus, haciéndole ver que algo, alguien, estaba en mi trasero y que me preguntara.
Porque siempre sabía cuando pasaba algo.
Siempre.
Y no estaba lista para decirle las cosas que necesitaba saber.

Aún no. No mientras no estuviera completamente convencida de que podría
ser racional. Así que iba a culpar a que estaba ocultándole cosas como razón de mi
desagradable estado de ánimo al día siguiente. Eso y una noche de dormir como la
mierda, mezclado con la anticipación, la ira y el dolor hicieron que esta piedra
incómoda no quisiera pasar por mi sistema.
Al levantar mi teléfono celular, ignoré la hoja de cálculo en la pantalla de mi
escritorio y envié un mensaje de texto que debería haber enviado el día anterior. Si
no podía decirle al abuelo, había alguien más con quien necesitaba conversar.
Alguien más joven, menos peludo y mucho más agradable.
Yo: ¿Estás ocupada hoy?
Le tomó diez minutos enviar una respuesta.
Luna: no.  ¿Qué sucede?
Sacudí mi pie debajo del escritorio, pensando en lo que necesitaba decirle a mi
mejor amiga de los últimos once años.
Yo: Nada malo, pero necesito decirte algo, y será más fácil en persona.
Esa vez solo hubo un retraso de un minuto para obtener una respuesta.
Luna: Dime ahora por favor.
Yo: No me volví a orinar encima, si eso es lo que vas a preguntar.
Solo me arrepentí parcialmente de haberle dicho que me había orinado hacía
un mes porque había estornudado demasiado fuerte después de aguantarme por
mucho tiempo.
Solo pasaron treinta segundos antes de recibir otro mensaje.

Luna: ¡Estaba segura de que era eso lo que iba a ser!
Yo: ¿Para qué carajos son esos signos de exclamación, perri? No suenes tan
decepcionada.
Luna: Ha sido un día largo. Una chica puede soñar.
Luna: Puedo pasarme esta noche.
Yo: [emoji del dedo medio]
Yo: ¿Estás bien?
Luna: [emoji riéndose] Te enviaré un mensaje de texto cuando Rip llegue a casa para
que pueda quedarse con mi pastelito. La llevaré al médico en una hora. Ella ha estado
tirándose de la oreja y llorando. Me siento tan culpable que ella se sienta mal, eso es todo.
El hecho de que estuviéramos hablando de su bebé, y planeando alrededor de
una cosita llamada Ava, era solo otro recordatorio de cuán rápido la vida podía
cambiar. Hacía solo dos años, todo había sido normal. O al menos lo que normal
había sido para nosotras en ese momento. Ella tenía un tipo en su vida, no es que su
actual marido fuera un tipo; era un galán, pero las cosas habían cambiado.
Érase una vez, cuando yo tenía diecinueve años y quizás dos amigas que eran
chicas, y Luna había tenido dieciocho años, que me había sonreído en una clase de
defensa personal que había enseñado en Maio House por un poco de dinero extra.
Le había invitado a comer porque me había gustado lo agradable que había sido con
las otras mujeres en la clase. No me gustaban las personas juiciosas, y por eso la
había invitado. Yo era lo suficientemente competitiva, pero no me importaba lo que
otras personas hicieran o no hicieran, y Luna no me había dado una sola vibra de
que ella era cualquier cosa excepto fácil de tratar. Y, como aprendí, ella realmente
era tan relajada como puedas imaginártelo.
Me enamoré de ella en un mes. Era amable, paciente, optimista, y era tan
tranquila que me relajaba. Luna era un montón de mierda que yo no era. Nosotras
pasamos los siguientes ocho años navegando por la vida juntas. Dos chicas con
mucho en común pero al mismo tiempo nada en común, tratando de sobrevivir y
crecer. Luego ella consiguió un novio, y de nuevo, no es que hubiera nada de chico
en él, y alrededor de ese momento, todo cambió.
Lo siguiente que supe fue que tenía treinta y un años, y lo único en mi vida que
permanecía igual era mi abuelo y Peter existiendo en ella. Incluso mi relación con
Luna había cambiado un poco. Ya no sabía quién demonios era esta nueva persona
en mi cuerpo y en mi mente. No es que fuera malo o que no me cayera bien, pero…

yo solo era diferente. Todo era diferente. Las circunstancias habían cambiado. Yo
había cambiado. Todo sobre la vida también. Como cuando pierdes peso o lo subes
y ya no estás seguro de cómo encajas en tu propia piel.
Ya no eres quien solías ser.
Y no estás totalmente seguro de cómo o cuándo sucedió, pero lo hizo.
Y se suponía que eso estaba bien. Al menos ese era el sabio consejo de mi
abuelo. Dios sabe que inventaba mierda todo el tiempo, pero tenía sentido… de
alguna forma. Así como, para cuando siete años han dado la vuelta, cada célula en
tu cuerpo ha sido reemplazada por otras nuevas. Eres diferente. Se supone que debes
serlo. Es inevitable. Es natural.
La vida sigue evolucionando, lo quieras o no.
Y no iba a quejarme por eso.
Yo: Está bien. Te enviaré un mensaje de texto cuando llegue a casa, pero debería ser al
mismo tiempo. Espero que mi ahijada se sienta mejor y cálmate. No es tu culpa que ella esté
enferma.
Hice a un lado todos esos pensamientos: sobre la necesidad de decirle la
verdad, sobre ser diferente, sobre mis preocupaciones, sobre mis malditos
arrepentimientos también, y le lancé una última mirada al marco colocado en mi
escritorio. Me concentré de nuevo en la hoja de cálculo que tenía que pasar para
poder enviársela al contador del gimnasio para el fin de la semana.
Jonah Collins iba a llamar, o no lo haría. Iba a venir aquí o no lo haría. No había
nada que pudiera hacer para detenerlo aparte de llamar a alguien en inmigración y
alegar que estaba traficando drogas en su trasero. Entonces…
Eché un vistazo a la foto en mi escritorio y luego volví al trabajo, encendiendo
la lista de reproducción en mi teléfono, la cual atravesó un pequeño altavoz
Bluetooth. En algún lugar en el fondo, escuché el sonido de voces viniendo del
gimnasio. Escuché el sonido de cuerpos chocando. Pensé si debería salir a planta y
aprovechar que Peter estaba trabajando las habilidades brasileñas del jiu-jitsu hoy
ya que mi hombro no me dolía más de lo normal, a diferencia del día anterior.
Habían pasado al menos un par de semanas desde la última vez que me había subido
a las colchonetas con alguien, e incluso entonces, eso solo había sido por unos quince
minutos para mostrarle a una de las nuevas chicas cómo hacer una llave de
sometimiento con la que había estado luchando.

Meh.
O tal vez simplemente me subiría a una elíptica más tarde y conseguiría hacer
algunos kilómetros de EIAI, entrenamiento de intervalos de alta intensidad, para
que mi ritmo cardíaco sea bueno y elevado y para quemar algunas calorías. Sí, eso
sonaba como una mejor idea.
Volví a trabajar en catalogar gastos. Todo familiar y habitual, o al menos eso
fue lo que pensé. Tenía la cabeza llena de números mientras copiaba algunos gastos
en la computadora y solo murmuraba levemente junto a mi lista de reproducción de
los 90 cuando escuché el toc, toc, en mi puerta abierta. Dos golpes ligeros y perezosos.
Nada especial. Nada para advertirme.
Adelante grité, tratando de contener un suspiro porque, para ser justos, no
era culpa de nadie excepto mía que estuviera de un humor de mierda.
Entonces, cuando los pasos cruzaron el piso, todavía estaba tratando de
convencerme de sacármelo de encima. Tal vez no necesitaba estar de buen humor,
pero tampoco necesitaba estar de mal humor. Nadie merecía que fuera una perra
hoy. Ni siquiera mi propio cuerpo merecía ese tipo de estrés.
Las cosas iban a suceder, o no. Era así de simple, y lo sabía. Simplemente no
podía convencer al resto de mi ser que ese era el caso.
Entonces, cuando los pasos se detuvieron y se aclararon la garganta, me tomé
mi tiempo para apartar la mirada de la pantalla de mi computadora para ver al pobre
idiota que estaba siendo valiente al entrar en la oficina.
Y ahí fue cuando todo se fue a la mierda.
Al menos así fue como se sintió.
Como si alguien me viera viviendo mi vida, ocupándome de mis propios
asuntos, intentando lo mejor de mí, y luego decidiera levantarlo y tirarlo al fuego,
solo para mirarlo arder en llamas.
No estaba lista para los hombros amplios que ocupaban el ancho del pasillo
que separaba la oficina del resto de esta parte del gimnasio. No estaba lista para las
piernas largas y fuertes, que habían llevado a mi espacio a un cuerpo envuelto en
nada más que capas de músculo. Ese cuerpo que de tantos, tantos, tantos que había
visto a lo largo de los años, le había hecho algo a mis órganos internos, incluido mi
corazón, si tuviera que ser honesta.
Había visto tantos hombres semidesnudos en mi vida que me había
desensibilizado con los paquetes de seis, los brazos musculosos y las caras atractivas.

Nunca tuve que ponerle peso en la belleza física, honestamente. Recuerdo una vez,
cuando tenía quince o dieciséis años, diciéndole a Peter que estaba preocupada por
cómo realmente no me importaban los chicos. O las chicas. Sabía que algunos tipos
eran atractivos, pero eso no me hacía nada. No me había encontrado deseando un
maldito novio. La mayoría de las personas que conocía querían estar en relaciones,
y a mí simplemente me había importado una mierda. Peter, sin embargo, me había
dicho que no había nada malo conmigo.
Eres perfecta tal como eres, había dicho, como si no fuera gran cosa.
No había sido como si fuera solitaria. Tenía amigos. Tenía cosas para
mantenerme ocupada. Había sido una adolescente sana que sintió curiosidad una
noche, puse la mano sobre mi ropa interior y descubrí que realmente me gustaba
masturbarme. Y eso es lo que hacía, con frecuencia. Pero en ese entonces nunca sentí
la necesidad de tener alguien más para hacerme llegar al orgasmo cuando podría
hacerlo yo misma muy bien.
Tuve suficientes interacciones físicas no sexuales con otras personas por lo que
no era como si me faltara cariño o alguna mierda así. Cuando generalmente pensaba
en chicos, pensaba en lo mal que olían cuando sus desodorantes se desvanecían y
qué mal se ponían cuando las cosas salían mal, pero disfrutaba trabajando con ellos
porque eran más fuertes que yo y me ayudaban mejor a prepararme para competir
contra otras mujeres que no lo eran.
Y si hubiera habido un corto período allí donde pensé que podría haber tenido
sentimientos por mi amigo, eso era una cosa, pero había aceptado eso realmente
rápido, y había pasado de esa idea igual de rápido.
A medida que crecía, no esperaba conocer a nadie. No era algo sobre lo que
pensaba, punto. Ni siquiera por sexo porque dudaba que algo pudiera compararse
con mis vibradores, mi mano o la almohada que mantenía oculta en un estante de
mi armario.
No tuve mi primer beso hasta los veinte años. Solo tuve sexo a la misma edad
porque besar había estado bien y tenía curiosidad por saber si el sexo valía la pena
todo el bombo. Lo había hecho con un amigo de la universidad que había sido un
año más joven que yo y que también había sido virgen. El sexo había sido como la
vez que hice escalada por curiosidad durante unos meses. Lo hice y nunca repetí
después esas pocas veces.
Y luego, lo conocí a él.

Si cerraba los ojos, estaba 99 por ciento segura que todavía podía imaginarme
esos enormes hombros coronados de músculos redondeados. El bíceps más grande
que mi cabeza. Los antebrazos que hacían que mis pantorrillas parecieran flacas.
Nunca podría olvidar lo sólidos que habían sido sus perfiles pectorales, o lo
perfectos que eran los abdominales musculosos que se inclinaban hacia una cintura
tan delgada que la mayoría de las personas tendría dificultades para creer cuánta
comida podría almacenar.
Lo más importante, sin embargo, había sido esa maldita sonrisa. Eso había
hecho el trabajo.
Esa mierda… ese hijo de puta… había sido un despertar que me golpeó de la
nada la primera vez que lo vi. Como esos niños en esos videos que consiguen ayuda
para oír y pueden escuchar por primera vez, y puedes presenciar cómo cambian sus
vidas. O las personas daltónicas que obtienen anteojos y finalmente pueden ver
totalmente todos los jodidos colores que das por sentado porque no puedes apreciar
tener algo que parece tan natural.
Así había sido mirarlo por primera vez.
Y si eso no fuera suficiente, ese cuerpo de ciento quince kilos estaba conectado
a la cara que me había hecho hacer una doble toma. Una frente salpicada con
innumerables pequeñas cicatrices, una nariz que todavía estaba en gran forma
considerando que me había dicho que había sido rota varias veces. Luego estaba la
piel bronceada estirada sobre pómulos altos, los ojos de color miel más claro que
eran casi en forma de almendra y una boca que era casi falsa por lo rosados que eran
sus labios.
Hace un año, cuando había tenido una noche realmente mala, había mirado a
Jonah Maldito Collins en línea, y en el proceso, encontré una lista de los veintidós
jugadores de rugby más sexys del mundo.
Por supuesto, él había estado en ella.
Tal vez no sabía quién era cuando nos conocimos, pero yo había sido una
excepción. No había razón para que lo reconociera. Y mientras lo asimilaba justo
entonces, en ese momento, me sorprendió lo familiar que su rostro me parecía ahora.
Lo familiares que eran esos rasgos, especialmente esos ojos y color de piel. Tuve que
contener la respiración por un segundo, porque me golpeó muy fuerte.
Pero esta era una cara que no había visto en diecisiete meses. Esa mezcla de
huesos robustos pero hermosos y ojos brillantes que me habían dejado colgada. Esa
boca que nunca me había devuelto la llamada.

El rostro que me miraba en mi oficina no había gustado de mí tanto como yo
había pensado.
Ese rostro estaba en una persona que me había hecho llorar de jodida furia y
decepción. Ese rostro que fue el segundo en hacerme sentir usada y jodidamente
estúpida. Había soñado, literalmente soñado, con golpear la puta cara que estaba
mirándome.
Basta.
Sabía lo que era importante. Sabía lo que importaba. Sabía lo que me había
dicho que haría, incluso si fuera difícil como atravesar el infierno.
Lo más importante, sin embargo, no era una perra débil.
Me tomó un segundo, pero lo hice.
Me concentré y me aferré a él, pero acepté y procesé la verdad: esta cara
estúpida me había dado alegría… amor, y no un poco, sino mucho. Tanto que no
iba a tirarle mi engrapadora al instante como realmente quería ni iba a gritar
peligro, extraño para que alguien más pudiera golpearlo por mí.
Había superado la estructura ósea frente a mí. Me importaban una mierda los
claros ojos color miel que estaban ubicados en esas cuencas debajo de pesadas cejas
oscuras. No sentía nada bueno por el hombre de repente parado en mi oficina
usando vaqueros ajustados y una sudadera con capucha verde oliva que abrazaba
cada parte de la parte superior de un cuerpo que no había perdido un solo kilogramo
de músculo desde la última vez que lo había visto.
No me iba a enojar. No iba a maldecirlo ni a hacer ninguna otra mierda
estúpida. Iba a manejar esto.
Me había prometido que si llegaba este día, haría lo que tuviera que hacer. Con
un poco de honor. Con un poco de orgullo.
Pero eso no significaba que tenía que ser amable.
Era porque ya no sentía una mierda por esta persona específica, porque odiar
sus entrañas realmente no contaba, que ni siquiera levanté mis cejas ante su
aparición al azar después de diecisiete putos meses, incluso cuando alguna parte de mi
cerebro se asustó por el hecho de que Peter literalmente apenas me había dicho sobre
él ayer. Ayer. El mismo día que acababa de leer sobre que no había firmado su
contrato.

Él estaba aquí, en Houston de todos los lugares, cuando me había dicho antes
que solo había estado en Estados Unidos dos veces y en ambas había sido por
trabajo.
Dios, no podía creer que este hijo de puta tuviera las pelotas para estar aquí.
Respiré por la nariz y lo dejé salir nuevamente. Diecisiete meses. Han pasado
diecisiete meses desde la última vez que lo vi, me recordé.
Podía hacerlo.
Jonah. Dejé que esa sensación de me importas una mierda fluya sobre mis
brazos y hasta mi garganta, haciendo que sea más fácil decir su nombre. Mirarlo.
No había nada que él pudiera hacer que yo no pudiera pelear. No había nada
que pudiera decir que posiblemente me lastimara. Me había preparado para esto.
Me había advertido que podría suceder… un día, tal vez dentro de diez años,
cuando, con suerte, yo podría ser tan sexy como el infierno y estar viviendo mi mejor
vida, así podría restregarle en la cara que estaba mejor que nunca. Que no había
extrañado o necesitado su trasero ni por un segundo.
Este imbécil con esos ojos color miel tenía el descaro de pararse allí,
observándome, con todos esos músculos, esa cara, esa sudadera verde, esos
vaqueros, ese cabello muy corto y la mandíbula suavemente afeitada, y decir, todo
suave y casi tímido, y con ese jodido acento que había sido lo segundo que me llamó la
atención:
Hola, Lenny.
Hola, Lenny.
Él me dijo, hola, Lenny.
¿Todo este jodido tiempo y él iba con un Hola, Lenny como si nos hubiéramos
visto hace una semana en el supermercado?
Puedo hacer esto, me repetí.
Si hubiera podido alcanzar mi bola anti estrés, lo habría hecho, pero no podía,
al menos no sin que él lo notara, y no iba a darle el regalo de verme apretando mi
pelota para mantener mi mierda en orden en su presencia.
Esto no se trataba de mí.
Estúpido. Jodido cara de idiota.

Ni siquiera miré hacia otro lado porque a la mierda eso. Este era mi lugar y yo
no había hecho nada malo. Él había sido el que había mentido cuando me había
besado hacía diecisiete meses y había prometido verme después de su partido.
¿Qué demonios estás haciendo aquí?

pregunté antes de poder evitarlo.

El Imbécil estaba allí parado, y los dedos a sus costados se movían, inquietos
mientras me observaba. Pasó un segundo, luego otro con nosotros solo mirándonos
fijamente. ¿Por qué demonios estaba finalmente aquí? ¿Por qué ahora?
Esperé una respuesta pero no obtuve nada. Como siempre. ¿Por qué esperaría
lo contrario?
Está bien. ¿No quería responder mi pregunta? ¿No quería reconocer sus
acciones? Bien. Esto era su culpa. Yo ya no iba a tomar la delantera. Me había
prometido a mí misma que no lo haría. Podría hacerme la tonta todo el día también
si eso es lo que quería.
Si estás buscando a Peter, está en el edificio de al lado le dije, manteniendo
todos mis dedos tranquilos y cada maldición que sabía en mi boca. Actuando como
si no fuera gran cosa que él estuviera aquí. Como si no fuera gran cosa que él hubiera
llamado a Peter.
Maldita sea, realmente desearía tener mi bola anti estrés en la mano.
La frente del Hijo de Puta se arrugó; tenía líneas de años al sol. Entonces esa
boca rosada formó una expresión que no era una sonrisa o una mueca sino algo
intermedio. Las siguientes palabras que salieron de su boca, en la misma voz
tranquila y suave que me había arrojado algún tipo de magia vudú por aquel
entonces, hizo todo lo posible para cortejarme otra vez.
No vine por Peter dijo Jonah Collins, mirándome fijamente con esa mueca
barra sonrisa en su rostro… como si no pudiera estar seguro de cómo se sentía. Feliz
o nervioso.
Me tomó todo dentro de mí no hacer una mueca ante su mierda.
Lo que hice en cambio fue quedarme sentada en silencio y observar sus dos
hoyuelos destacarse por una fracción de segundo. Porque, por supuesto, tenía un
hoyuelo en cada mejilla bronceada.
No vino por Peter.
Sí, claro. Sí, jodidamente claro. Dios. Tenía que superar esto tan rápido como
fuera posible. Ahora, ahora, ahora.

No rompí el contacto visual con esos iris color miel mientras lo miraba. Podía
jugar este juego.
No sé lo que sabes sobre Peter dije, asegurándome de mantener mis rasgos
educados , pero él no es un entrenador personal. Si quieres un recorrido por el
gimnasio, puedo hacer que el asistente del gerente te muestre los alrededores. Él
sabía lo que Peter hacía en el gimnasio. Yo se lo había contado. Era un hijo de puta,
pero había escuchado. Estaba segura de eso. No había forma de que se le hubiera
mezclado en la cabeza.
Pero Jonah no dijo una palabra mientras seguía allí parado, tan quieto que ni
siquiera parecía que estuviera respirando.
Qué idiota.
Si quería hablar de… cosas, dependía de él. Había desperdiciado mi última
llamada telefónica y correo electrónico sobre él hacía ocho meses. Ya no estaba
buscando una mierda en lo que a él respectaba.
Si estás buscando un entrenador, puedo ponerte en contacto con alguien que
se enfoque en atletas como tú le dije, escuchándome ofreciéndole encontrarle un
entrenador personal y encogiéndome por dentro. ¿En serio? ¿Eso es lo que estoy
haciendo? Yo era mejor que eso. Podía pararme frente a él. Podía hablar con él. Por
supuesto, podía hacer esto. ¿Por qué había pensado que no podría? Podía mirarlo a
los ojos y escuchar su voz e ignorar esos recuerdos de cuánto había disfrutado esas
dos cosas en un punto. Mi boca siguió adelante . Nadie con ninguna experiencia
en rugby, probablemente, pero sí en fútbol americano.
Cuando lo vi por primera vez, había asumido que era un jugador de fútbol
inicialmente. Entonces, realmente presté atención y noté las diferencias. Para su
altura, su porcentaje de grasa corporal había sido demasiado bajo para cualquier
posición que pudiera haber podido jugar porque era muy alto. La coliflor de sus
orejas, una deformidad como algunos lo llamaban, que hacía que la oreja de una
persona se viera hinchada, era más típica de los boxeadores y las personas que
entrenaban en Maio House que de los jugadores de fútbol; esos usaban cascos y sus
orejas nunca eran impactadas directamente. Entonces, él abrió la boca y confirmó
mis sospechas.
Lenny. Jonah Hema Collins, descubrí su nombre completo después de que
hubiera desaparecido, dijo mi nombre de la misma manera que antes: todo suave,
casi alegre y envuelto en su acento neozelandés.
Pero no iba a caer en ello. Nunca más. Nah.

No seas tan dura continuó Jonah como si no estuviera dándole mi cara de
me importa una mierda. Ese pecho en su cuerpo de metro noventa y cinco se
expandió mientras tomaba aliento y lo contenía. Esos ojos claros se centraron en mí,
amplios y nerviosos, y si hubiera sido alguien más, habría pensado que había un
rastro de esperanza en ellos también . Dime cómo has estado.
Podía sentir mis fosas nasales ensanchándose durante todo el tiempo que
habló. ¿Decirle cómo había estado, después de tanto tiempo? ¿Eso era lo que quería
escuchar?
Preocupada. Enfadada. Furiosa. Asustada. Aterrorizada. Temperamental.
Cansada. Agotada. Enojada. Resignada. Aún más agotada. Determinada. Todas esas
cosas en todas sus combinaciones.
La tensión floreció en mis hombros y cuello, como si me dijera que juntara mi
mierda antes de hacer algo de lo que me arrepentiría.
¿Quieres que te consiga el número para un entrenador o no?
Un
entrenador, razoné, podría haber regresado fácilmente a Francia, Nueva Zelanda o
Sudáfrica, a cualquier otro país del mundo que no sea este, procesó mi cerebro. A
la jodida Antártida basada en cómo su teléfono y correo electrónico no habían
funcionado durante tanto tiempo.
No pudo ocultar la forma en que esas manos grandes, bronceadas y
cicatrizadas suyas, se abrían y cerraban a sus costados. Pero Jonah Collins decidió
que tenía audición selectiva por la forma en que pasó por alto mi pregunta y
preguntó otra.
¿No puedes decirme cómo has estado?
¿Realmente quería saber?
Le sonreí.
He estado genial. ¿Es eso lo que quieres oír? Sin embargo cómo he estado no
importa, ¿no es así? Incluso le enseñé los dientes con mi siguiente sonrisa .
Necesito volver al trabajo. Escribiré los números de teléfono de dos entrenadores, si
es por eso que estás aquí haciendo Dios sabe qué, al otro lado del mundo , o si
todavía quieres un recorrido, puedo conseguir que alguien te dé uno.
El hombre de cabello castaño, con el cabello tan corto como lo había tenido en
aquellos días, me observó. La manzana de Adán se balanceó. Sus fosas nasales se
dilataron con un soplo.
Y no me gustó.

Tampoco me gustó cuando uno de sus pies, que recordaba que era enorme, lo
acercó un paso más al escritorio. Hacia mí. Sin dudar exactamente pero cauteloso.
¿Sabía que una parte enorme de mí, una parte que estaba tratando de ignorar,
de repente quería molerlo a golpes, y por eso estaba tratando de ser todo cauteloso
y esa mierda?
Háblame insistió, incluso si tenía la sensación de que él era muy consciente
de lo que le haría si pudiera . ¿Estás bien?
Él ahora quieres hablar estaba allí, en mi garganta, en mi lengua. Simplemente…
allí. Y no lo dejé moverse. No lo dejé ir a ningún lado.
Esos ojos dorados color miel buscaron y se movieron sobre mí mientras estaba
sentada se detrás de mi escritorio, con la tensión apretando todo entre mi barbilla
hasta mis nalgas, y me pregunté solo por una fracción de segundo qué veía. Si me
veía mayor. Más cansada. Si él podía ver cuántas horas de sueño me había perdido
durante una parte gigante del tiempo que habíamos estado… separados. Me
preguntaba que pensaba sobre el peso que no había perdido por completo en los
últimos meses, pero sobre el que aún estaba trabajando.
Entonces me recordé que no me importaba lo que él pensara o lo que él viera.
Estoy fantástica.
Odiando la forma en que mis dedos comenzaron a
hormiguear de la nada, tomé un bolígrafo de la taza en mi escritorio y saqué uno de
mis bloc de notas. Recogí mi celular y comencé a revisar los contactos mientras decía
sarcásticamente : Si no quieres un recorrido y quieres seguir ignorando la mierda,
yo necesito volver al trabajo. No tengo tiempo para esta mierda, pero aquí tienes dos
números para entrenadores en caso de que los necesites mientras estés aquí. Si
quieres un recorrido por el gimnasio, solo avísale a Bianca en la recepción, y ella te
conseguirá al gerente. Hay un gimnasio realmente agradable a unos veinte minutos
también si este está demasiado lejos.
Maldito imbécil.
Arranqué la hoja de la libreta y se la tendí al hombre que sinceramente era tan
alto y construido como mis recuerdos intentaban recordarme. Era seriamente injusto
que fuera más guapo de lo que recordaba. Su piel era del tono más rico de estar al
sol durante la temporada, un regalo de un padre que me había dicho que era una
mezcla de samoano, maorí y europeo. Sep, obtuve mi tamaño de él, me había dicho una
vez con una sonrisa tímida, como si no hubiera podido evitar crecer tanto y eso lo
avergonzara.
Estúpido.

Jonah Hema Collins no dijo nada ni tomó el papel, así que lo levanté incluso
más alto, dándole una sacudida. ¿Quería retrasarlo? Bien. Podía demorarme.
Me encontré con su mirada con la expresión más vacía que pude reunir.
Tómalo. Y para que lo sepas, Peter sabe de nosotros.
Eso parecía sentido común, pero… aquí estaba el último hombre que jamás
esperé que apareciera en el gimnasio de mi familia y preguntara cómo estaba y me
mirara como… como jodidamente no lo sabía. Como si realmente quisiera hablar
conmigo. Como si realmente le importara cómo estaba y cómo había estado.
Mierda, mierda, mierda.
Los dos sabíamos que no. Sus acciones durante tanto tiempo habían
confirmado todo eso. Yo sabía lo inexistente que era mi lugar en su vida.
Y si él estaba aquí por la razón por la que yo pensaba que estuviera, él
necesitaba dar el siguiente paso adelante. Solo necesitaba saber ahora mismo que lo
que sea que estuviera planeando; yo no estaba sola. Ya no estaba a miles de
kilómetros de casa.
No le he dicho nada a nadie. Como te dije la última vez que te envié un correo
electrónico, no necesito ni quiero nada de ti. No sé por qué estás aquí, pero no
necesitas fingir nada. Casi me muerdo el labio pero apenas logré no hacerlo . No
necesitamos fingir nada. Pero este lugar es mi familia, mi hogar, y si eres un imbécil,
no terminará bien ¿de acuerdo?
Fue con la segunda oración con la que él se estremeció. Este gran ceño fruncido
apareció sobre esa cara bonita que no podía ignorar tanto como quería. Él había sido
tan hermoso conmigo una vez, a pesar de que tenía más en común con un villano
que con un héroe, este hombre que podría arrollar a otros hombres como si fueran
bolos, que era lo último que hubiera esperado con su voz suave, esos ojos que había
pensado, erróneamente, que eran amables, esas pecas sobre su nariz y esos malditos
hoyuelos.
Pero ya no lo era. Hermoso, quería decir. Él era solo un recordatorio de que las
apariencias solo eran superficiales.
La gente hermosa era buena. No hacían el tipo de cosas que él había hecho. No
aparecían para frotar sal en una herida que había sanado, con la esperanza de
reabrirla.
Porque eso era su presencia aquí, independientemente de las que fueran sus
razones.

Mierda. Todo era pura mierda.
Las fosas nasales de esa nariz casi perfecta se ensancharon, y esos valles
pequeños y delgados sobre su frente se formaron al mismo tiempo que su ceño
fruncido.
¿Crees que sería un imbécil contigo? preguntó con esa maldita voz que me
había hecho creer una vez que era incapaz de hacer algo mal.
Él realmente no quería que respondiera eso.
Este hombre que una vez me hizo sonreír y reír no dijo nada. Ese pecho ancho
subía y bajaba bajo su sudadera, y las líneas en su frente se hicieron aún más
profundas. Su mandíbula se movió de lado a lado. Por un momento, lo observé
luchando con algo, y luego se paró aún más erguido, como si eso fuera de alguna
manera jodidamente posible.
Lenny… nunca quise lastimarte afirmó Jonah Pedazo de mierda Collins,
con tanto cuidado, que podría haber pensado que era genuino si no lo hubiera
sabido . Tienes que creerme.
No pude evitarlo entonces. Alcé las cejas. El atrevimiento de este imbécil.
Solo me tomó un vistazo rápido al marco de la imagen en mi escritorio
nuevamente para ayudarme a recoger mi mierda, recoger las palabras feas y la
repentina urgencia de tirarle la pantalla de mi computadora como si fuera una
estrella ninja. Mi mano quería subir a mi párpado y mantenerlo presionado para
evitar que se moviera, pero mantuve a ese tonto abajo. Cerrando el puño, lo miré,
entrecerrando los ojos mientras lo hacía.
¿Cómo esperabas no lastimarme? ¿Cuando no respondiste tu teléfono ni una
vez cuando te llamé una y otra vez? ¿O cuando no respondiste ninguno de los
correos electrónicos que te envié? Porque hubo muchos.
Podía ver los tendones en su cuello flexionarse mientras estaba parado allí,
devolviéndome la mirada con esa mueca/ceño fruncido/sonrisa, y estaba segura de
que estaba pensando en cualquier excusa que se hubiera inventado en su cabeza
para justificar lo que había hecho. Pero solo lo dejé pronunciar una sola oración.
Puedo explicarlo.
La sonrisa que le di no se sintió tan frágil como pensé que debería haber sido.
Y cuando alcancé mi mouse para prepararme para volver al trabajo, no me sentí mal
por lo fría que sabía que era mi expresión y todo mi lenguaje corporal hacia él. Se lo
merecía. Se merecía eso y jodidamente más, y no tenía idea de la suerte que tuvo de
que no le pateara el culo y le dijera que se fuera a la mierda hasta el fin de los

tiempos. Tenía tanta suerte que lo superé a él y a su mierda y que era más madura
que antes.
Ya no me importa, Jonah. Decide qué quieres y avísame. No me importa de
una forma u otra. Eso es todo lo que me importa, y podemos ir a partir de ahí le
dije con cuidado, tan jodidamente cuidadosa, que habría chocado los cinco conmigo
misma por ser tan buena disparándole una última sonrisa falsa y luego
enfocándome de nuevo en la pantalla de mi computadora, ignorándolo de pie allí
en mi oficina, en silencio.
Porque eso fue lo que hizo. Quedarse ahí, mirándome. Si se estaba maldiciendo
o no, no tenía idea. Si me estaba maldiciendo en su cabeza, tampoco tenía idea. Todo
lo que sabía era que él se tomó su tiempo allí, totalmente quieto, enfrentándome en
su enorme gloria de imbécil, mientras yo lo ignoraba.
Dos minutos después, minutos que conté perfectamente en mi cabeza mientras
hacía clic aleatoriamente en la pantalla de vez en cuando para que pareciera que
realmente estaba trabajando en lugar de tratar de ser indiferente; exhaló
profundamente, me miró fijamente un poco más, y antes de darse la vuelta, dijo en
voz baja:
Quiero hablar contigo, Lenn. Eso es lo que quiero.
mirada pesada . Lo siento.

Hizo una pausa, su

Se fue entonces.
Porque eso fue lo que hizo: irse.
Entonces y solo entonces tomé mi bola anti estrés de mi cajón, deseando tener
otra para mi mano libre porque solo una no era suficiente en ese momento, y la
exprimí como una loca, cambiando de manos cuando la primera comenzaba a
acalambrarse. Estaba realmente agradecida en ese momento por no haberme
decepcionado por lo fácil que se fue.
Pero fue justo después de intercambiar manos que mi celular sonó con el tono
de llamada del abuelo Gus. Juraba por Dios que era un brujo. Solo él podía
cronometrar esto tan perfectamente.
Íbamos a necesitar hablar. Mucho antes de lo que esperaba.
Apreté el botón de respuesta y no me molesté en tratar de ocultar la tensión en
mi voz.
Abuelo.

¿Cómo está mi demonio favorito?
respondió como siempre lo hacía
cuando estaba de muy buen humor y, como siempre, me hizo sonreír aunque no
tenía ganas. Cerré los ojos mientras lo hacía, sintiendo que este nudo se hinchaba de
repente en mi garganta.
Todo el mundo me está poniendo de los nervios hoy le dije honestamente,
luchando incluso por pronunciar esas palabras mientras una imagen mental de la
cara de Jonah me llenó la cabeza con esas malditas pecas y esa mueca/ceño
fruncido/sonrisa.
Todo el mundo siempre te está poniendo nerviosa
salir de allí e ir a almorzar?

respondió

. ¿Quieres

Necesitábamos hablar. Ahora, aparentemente. Mierda. Sabía que debería
haber hecho esto hacía meses… incluso hacía un año… pero…
No lo hice. Pensaba que tendría más tiempo. Mi culpa otra vez.
¿Estás de humor para Pho Palace?
quince minutos.

pregunté

. Te puedo encontrar allí en

Nos vemos allí en treinta acordó un segundo antes de colgar, sin esperar
que confirmara que treinta estaba bien y sin molestarse en decir adiós. Él nunca lo
hacía. Decía que la palabra sonaba demasiado definitiva.
Eso y creo que simplemente le gustaba colgarle a la gente.
Bajé la mano hacia el escritorio y cerré los ojos con fuerza por otro momento,
empujé mi silla hacia atrás y me puse de pie. A la mierda. Yo me había puesto en
este lío, yo iba a tener que salir de él.

i mejor amiga no había dicho nada en dos minutos completos.
En los primeros sesenta segundos, ella entrecerró los ojos y
miró al techo, hizo una mueca pensativa, me miró, entrecerró los
ojos un poco más, y luego apretó los labios, entrecerrando tanto
los ojos que probablemente no podía ver nada.
En esa misma cantidad de tiempo, había cruzado los brazos sobre mi pecho y
esperado a que ella hiciera algún comentario.
En el transcurso del siguiente minuto, sacó el teléfono de su bolso, el cual había
estado colocado encima de mi escritorio ya que ella estaba en la silla frente a mí y
había comenzado a darle toques a la pantalla. Luna no me defraudó cuando
finalmente aflojó los labios, se recostó en la silla y tomó una respiración profunda.
Sus ojos se abrieron un momento antes de que esos ojos verdes se volvieran en mi
dirección cuando nos sentamos allí en mi oficina a la mañana siguiente.
Su dedo índice apareció un segundo antes de sostener su teléfono con su otra
mano y apuntara la pantalla hacia mí.
¿Este es él?
La imagen en la pantalla era de un hombre de piel oscura con pantalón corto
hasta la mitad de sus muslos, una camiseta verde de manga corta estirada tan
apretada contra su pecho que te hacía preguntarte cómo demonios se la ponía y
quitaba, parado en un campo con los brazos sueltos a los costados. El hombre tenía
bíceps tan grandes que parecía que alguien había metido una pelota debajo de su
piel, muslos anchos, apretados y forrados con músculos que se superponían entre

sí. La expresión ultra seria en su cara, el ceño fruncido, y la boca ligeramente
entreabierta, me irritaban.
Sí, ese es Jonah confirmé, volviendo a mirar la cara de Luna porque no
quería mirarlo más de lo necesario.
Mi mejor amiga se quedó boquiabierta, literalmente boquiabierta, mientras
volvía a mirar la pantalla. Su dedo comenzó a toquetear su teléfono nuevamente, y
no se necesitaba ser un genio para adivinar qué estaba pasando por más fotos de él.
Suspiré.
Estás a punto de decir algo estúpido, ¿verdad?
La jodida Luna asintió antes de hacer otra cara, aún hacia su pantalla, y
preguntar, con total incredulidad:
¿Tú te acostaste con él?
No, solo jugamos a las palmas

le respondí secamente.

Su teléfono bajó, y volví a llamar su atención. Incluso sus codos se acercaron a
sus muslos mientras se inclinaba hacia delante y preguntaba con demasiado
cuidado.
No, Lenny, de verdad. ¿Tú. Tuviste. Sexo. Con. Él?
Parpadeé. No necesitaba ese recordatorio.
Sí.
¿Él?
Me toqué la mejilla con la punta de la lengua.
No estoy realmente entendiendo tu tono de voz ahora mismo.
Esta perra volvió a mirar la foto de Jonah Collins y sacudió la cabeza de nuevo
como si no pudiera creerlo.
Solo… quiero decir…
Estaba tartamudeando. Estaba literalmente
tartamudeando, y casi rodé mis malditos ojos hacia ella.
Quiero decir, sí, lo entendía. Jonah era… un bastardo, por supuesto… un
imbécil, idiota, hijo de puta… pero era hermoso. Atractivo de una manera que solo
pocos hombres podrían serlo, no femeninos en absoluto, pero esculpidos tan
perfectamente desde sus perfectas entradas hasta su impresionante rostro duro… y
luego estaba ese cuerpo.

Dios, odiaba sus entrañas, no importaba lo que me dijera sobre no sentir nada.
Odio. El odio era un sentimiento. Pero también era un verbo a veces.
¿Él?

preguntó de nuevo con incredulidad.

Creo que podría estar empezando a ofenderme un poco por lo sorprendida
que estás sonando, Luna le dije, bromeando totalmente, porque realmente lo
entendía.
Yo siempre… tú nunca… Seguía deteniéndose y comenzando con sus
palabras mientras se ponía nerviosa . Nunca has dicho nada sobre un chico antes,
Lenn. Ni una vez en diez años. Solo pensé que eras… asexual o algo así por bastante
tiempo. Sus mejillas se pusieron rosadas mientras susurraba : Pensaba que eras
virgen hasta… ya sabes.
Parpadeé hacia ella otra vez, sabiendo que tenía un punto.
Sí, no.
Ella jadeó.
¡Nunca dijiste nada! Por un tiempo pensé que tenías algo con ese tipo Noah,
pero entonces nunca pasó nada, y te conozco, si realmente te gustara, apuesto a que
hubieras ido por ello, y… ¿la perdiste con él?
Mi pasado sombrío finalmente estaba saliendo a la luz.
Tengo treinta y uno. No perdí mi virginidad con Jonah, Luna. Jesús.
¿Con quién entonces?
Había una razón por la que nunca había mencionado esto antes: simplemente
no había visto el punto. Por otro lado, Luna me había dado algunos detalles íntimos
de ella y los chicos con los que había salido antes, así que… era lo menos que le
debía.
Este chico con el que era amiga cuando empecé a ir a la universidad. Él estaba
en algunas de mis clases. Me encogí de hombros, pensando en el chico que me
había gustado como amigo.
Déjame ver una foto de él.
Puse los ojos en blanco con un resoplido.
¿No eres muy acosadora?
¿Se parece a él?
Le di una mirada.

preguntó, sacudiendo su teléfono hacia mí.

No. Y deja de parecer tan sorprendida. Podrías empezar a herir mis
sentimientos.
Eso la hizo gemir.
¡Sabes a lo que me refiero!
Me encogí de hombros con mi hombro sano, sinceramente aliviada de que
finalmente había logrado contarle toda la historia. Al menos el 90 por ciento de la
misma. Aunque ella era mi mejor amiga, no necesitaba escuchar las partes malas.
Nadie lo hacía. Sabía que había muchas cosas que ella no había compartido conmigo
a lo largo de los años. De la misma manera que sabía que había un puñado de otras
cosas que nunca le había dicho a ella tampoco.
¿Entonces ha vuelto?

preguntó, enfocada de nuevo en su pantalla.

Sí.
Sus ojos verdes se abrieron de par en par cuando se acomodó en la silla, y sus
ojos volvieron a su teléfono mientras procesaba mis noticias.
¿Qué vas a hacer?

preguntó después de un segundo.

Ver lo que dice le respondí simplemente . Realmente no tengo otra
opción. No era como si pudiera levantarlo por los tobillos y darle una sacudida
sobre el costado de un rascacielos para que me dijera por qué estaba aquí o qué era
lo quería. Desafortunadamente.
¿Qué piensa el abuelo Gus?
Que me jodan. Le hice directamente una mueca.
Eso fue lo que hizo falta para que volviera a meter su teléfono en su bolso,
abriera la boca y jadeara:
¿No se lo has dicho?
Pensé en el almuerzo del día anterior e hice una mueca por cómo me había
convencido de no decirle nada, incluso después de que me preguntara si estaba
estreñida por las muecas que había estado haciendo.
No…
¡Lenny!
Iba a hacerlo, pero él estaba de buen humor y no quería arruinarlo
expliqué, sabiendo que sonaba tan poco convincente como lo era realmente.

le

La boca de Luna todavía estaba abierta mientras sacudía la cabeza por
alrededor de décima vez en los últimos diez minutos. No podría culparla. No podía
creer que hubiera sido tan cobarde tampoco.
Sabes, nunca pensé que llegaría el día donde sería yo la que te llamara
cobarde.
Puse los ojos en blanco antes de mirar de nuevo la reclamación que había
estado completando para poder obtener un reembolso por una prensa para piernas
defectuosa que tuve que pagar para que fuera reparada.
Sabes, nunca pensé que llegaría el día en que te llamaría sabelotodo, Luna,
pero mira eso, los milagros sí se hacen realidad murmuré a cambio… aunque
ambas sabíamos que ella tenía toda la razón.
Estaba siendo una cagona. Una grande.
Y ella no había sido la primera en decírmelo. Peter también lo había hecho la
noche anterior después de que le había contado sobre mi visitante sorpresa, y eso
fue porque en este punto, aparte de Luna, él era la única otra persona que sabía lo
que yo estaba evitando.
Eso era: decirle al abuelo Gus algo que debería haber sabido desde hacía meses.
La verdad… no es que técnicamente les hubiera mentido a ninguno de ellos.
Simplemente no había dicho nada, punto. Ese era el único factor que funcionaba a
mi favor: que ninguno de ellos lo había sabido. Hasta ahora al menos.
El abuelo iba a estar aún más enojado porque era la última persona en
enterarse.
Luna había cancelado la noche anterior porque su hija todavía no se sentía bien
y habíamos planeado que ella viniera al gimnasio en la mañana mientras su suegro
cuidaba a Ava, que era cómo y por qué estábamos aquí, en la oficina del gimnasio
con la puerta cerrada, con ella haciendo muecas locas porque tuve sexo con uno de
los jugadores de rugby más atractivos del mundo.
Luna Ripley, una de mis cinco personas favoritas en todo el mundo, se quedó
boquiabierta de nuevo antes de estallar en carcajadas.
Rip dijo algo similar hace unos días, pero ¿qué puedo decir? He dominado
mi oficio aprendiendo de los mejores dijo, refiriéndose a su marido.
Su marido.
Jesús.

Teníamos edad suficiente para estar casadas ya, recordé, decidiendo
concentrarnos en eso por un segundo. Bueno, ella estaba casada. Esto era lo que
éramos ahora. Hacer y cancelar planes por los niños. Niños reales, humanos.
Mierda, todavía no me había acostumbrado a eso.
Su comentario salió de mi garganta con un gemido cuando empujé a un lado
esta cosa con el abuelo Gus y Jonah que se cernía sobre mi cabeza.
Perri, sé que no estás hablando de mi amigo Rip así.
Perri, las dos sabemos de quién estoy hablando afirmó, llevando una
sonrisa a mi cara mientras garabateaba mi firma en la línea en negrita del formulario.
Oye, tampoco hables así del abuelo.
Eso la hizo reír una vez más.
No lo puedo creer dijo después de un momento . ¿Cómo no le has dicho?
Él siempre lo sabe todo. Sabía que estaba embarazada antes que yo, ¿recuerdas?
Ahora que lo pienso, estoy sorprendida de que no haya contratado a un investigador
privado ni nada.
Lo había olvidado, pero ella tenía razón. Ella había estado alrededor del eterno
vampiro lo suficiente como para saber cómo funcionaba el hombre. Y no había
contratado un detective privado porque yo se lo había pedido muy, muy
amablemente.
Entonces me di cuenta de que él me había dejado librarme sin decirle sobre
Jonah.
Después que se enojó, inicialmente, nunca preguntó. Luego, anoche, se fue
tan pronto como llegué a casa porque era noche de pickleball 2, y yo estaba en mi
habitación para cuando regresó. Esta mañana estaba discutiendo con la gente de
tecnología por nuestro servicio de internet, y apenas nos dijimos dos palabras traté
de explicar, escuchando mi propia mierda y avergonzándome por eso.
Excusas, malditas excusas. Era una cobarde total. Seriamente.
Esta persona que era lo más parecido que tendría a una hermana resopló frente
a mí, pensando lo mismo.
Fue mi turno de hacerle una mueca a una de las mejores personas de mi vida.
No sé por qué demonios estás resoplando.

2

Pickleball: es un deporte de paddleball que combina elementos de tenis, bádminton y tenis de mesa.

Ella estaba sonriendo, siempre estaba jodidamente sonriendo, mientras miraba
su reloj antiguo, luego se levantó y sacudió su cabeza de cabello azul, agarrando la
correa de su bolso.
Sabes por qué estoy resoplando, Lenn. Sonrió incluso más amplio .
Tengo que irme. Me reuniré con Rip para almorzar, pero envíame un mensaje de
texto más tarde. La pequeña mierda movió las cejas . Ya sabes, después de
contarle al abuelo G sobre tú sabes quién. Jeje.
Fruncí el ceño cuando me levanté y la besé en la mejilla, devolviéndoselo.
Mándale saludos. ¿Todavía vamos a almorzar la próxima semana?
Lo haré y, sí, vamos a almorzar. Luna me deslizó una sonrisa y levantó su
palma entre nosotras, y yo la golpeé . Sé que es un imbécil, pero es uno realmente
muy sexy, Lenn. Casi tan sexy como Rip. Estoy tan orgullosa de ti.
Gruñí y esperé hasta que ella estuviera a mitad de camino por el corto pasillo
antes de que gritarle:
¡Te amo, Luna!
¡Yo también te amo, Lenn!
Sonreí para mí mientras empujaba mi silla hacia atrás y miraba hacia el
formulario de reclamo que acababa de firmar antes de tomarlo y salir de la oficina.
No tomó más de un segundo encontrar a Peter colgando sobre el borde superior de
las paredes de la jaula, observando como dos hombres, a quienes no podía reconocer
desde tan lejos, daban vueltas alrededor del otro.
De camino hacia el gimnasio de al lado, saludé al pequeño grupo de hombres
y mujeres en las esteras, cubiertos de sudor y respirando con dificultad continuando
con cualquier ejercicio que estuvieran realizando.
No me llevó mucho tiempo salir del edificio y dirigirme hacia el de al lado.
Dentro, los techos se abrían igual de altos, con fila tras fila de equipos y máquinas
perfectamente alineadas para maximizar el espacio. Levanté una mano saludando a
todas las personas que reconocí mientras me dirigía directamente hacia donde
estaba la máquina de fax en la recepción. Solo tomó unos tres minutos enviar el fax
y recibir una confirmación, porque la compañía no creía en los escáneres, e hice una
parada rápida en el mostrador principal/barra de zumo de la recepción para
comprobar a los dos empleados allí y asegurarme de que no necesitaban nada. No
lo hacían. Bianca tenía bolsas debajo de los ojos, pero eso no decía mucho ya que yo
también las tenía la mayoría de los días, y la otra chica se veía bien.

Al menos tenía cosas de trabajo que iban sin problemas, pensé, cuando una
imagen de la cara de Jonah llenó mi cerebro durante una fracción de segundo,
específicamente una imagen de la cara de Jonah después de que le dijera que ya no
me importaban sus excusas. Tan rápido como esa imagen entró en mi cabeza, con
las pecas jodidamente pequeñas en su nariz y todo, la aparté.
Diecisiete meses.
No tenía nada por lo que sentirme mal. Nada.
De vuelta en el edificio de entrenamiento, logré dar cinco pasos dentro de mi
oficina antes de detenerme.
Alguien estaba sentado en la silla frente a mi escritorio.
Alguien con el cabello corto tan oscuro que podría haber sido marrón oscuro o
negro. Alto, basado en lo que se veía por fuera del respaldo del asiento, con hombros
anchos y musculosos, y un cuello grueso. Mierda.
Había otros dos hombres de cabello oscuro en Maio House, pero ninguno de
ellos tenía hombros de ese tamaño o músculos tan voluminosos. El hombre más alto
que entrenaba en esta parte del gimnasio medía un metro noventa. Tomaba la altura
y el peso de todos cuando se unían por primera vez. Cuando finalmente se veían
obligados a comenzar a bajar de peso, lo que significaba que justo antes de tener una
pelea, tenían que perder unos pocos kilos para llegar a su categoría de peso porque
generalmente todos estaban entre cinco o diez kilos por encima de lo necesario, y
eso estaba en el lado promedio; yo les ayudaba a mantener un seguimiento para que
no fuera demasiado lo que tuviera que ser bajado en un período de tiempo
demasiado corto. Había conocido chicos que habían abandonado peleas porque se
habían vuelto demasiado locos con los niveles de sodio, y nadie quería perderse una
oportunidad, especialmente por algo tan estúpido.
Pero eso no tenía importancia. Porque solo me tomó tal vez un segundo
averiguar quién estaba sentado allí. Piensa en el maldito demonio y él aparecerá, o
como sea que se diga.
Jonah Hema Collins no era el demonio, pero no podía decir que no estuviera
mucho más abajo en la lista que estaba el tipo rojo, de personas que preferiría no ver
nunca.
¿Cómo demonios había vuelto a entrar?
Me recordé por centésima vez en los últimos dos días en que no había nada
que el Hijo de Puta pudiera decir o hacer que me lastimara. No había nada que
cambiaría demasiado mi vida. No había nada de lo que podría pasar que yo no

podría pelear, porque lo haría si tuviera que hacerlo. Provenía de una larga fila de
personas que eran muy buenas para pelear. Y ese gen no se había saltado una
generación conmigo.
El hombre que había conocido no parecía ser el tipo de persona que haría algo
de mierda… pero todos cambian. Eso, y no estaba segura de haber llegado a
conocerlo bien en primer lugar, por la forma en que había resultado al final. Ya
saben, como un imbécil.
Iba a ser adulta. Iba a guardar tooooooda esta mierda para mí y golpearía mi
almohada cuando llegara a casa. Eso es lo que iba a hacer. Ser adulta, incluso si una
pequeña parte de mí moría por obligarme a ser decente ya que no era como si eso
fuera algo natural para mí.
Si no podía aguantarme hasta entonces, había un par de bolsas justo fuera de
mi oficina a las que tenía acceso.
En serio, ¿quién demonios lo había dejado entrar?
Buenos días dijo el hombre sentado en la silla mientras volvía la cabeza
para mirarme por encima del hombro, como si me hubiera escuchado o sentido que
entraba.
Podía tomar su Buenos días y metérselo por el…
Ahí iba mi discurso. Pero no estaba haciendo esto por mí, ¿verdad? Maldición.
Hola

le dije, dándole mi mejor impresión de Largo3.

Rodeé el borde del escritorio, sabiendo que mi cadera estaba a solo unos
centímetros de su codo mientras lo hacía. No era una habitación grande, pero no era
tan pequeña tampoco. Era solo que él no era exactamente lo que cualquiera llamaría
un hombre pequeño a menos que fuera Andre el Gigante del que estuviéramos
hablando.
Jonah el Imbécil no esperó hasta que me sentara para decir:
Me gustaría registrarme para una membresía.
¿Estaba tratando de enojarme? Quería preguntarle. Lo hubiera hecho, si
supiera que podía sacar la pregunta de mi boca sin volver a la promesa que me hice.
Porque a diferencia de algunas personas que conocía, cuando decía que haría algo,
lo hacía. No desaparecía…
Basta.
3

Largo: es el mayordomo de la familia Addams.

Si no tienes nada bueno que decir, no deberías decir nada, me diría Luna. Pero
ella nunca me había advertido lo difícil que era estar a la altura de eso. Y
definitivamente no tenía nada bueno que decir sobre nada de esto. Especialmente
no para este imbécil en mi oficina que estaba ocupado mirándome con una expresión
clara, inocente, totalmente sincera y abierta mientras me miraba por encima de su
hombro.
Y eso me hizo enojar más.
¿Quería una membresía aquí? Está bien. Bueno.
Aparté mi silla, me senté sobre ella con cuidado y luego la hice rodar hacia
adelante una vez más. Entonces y solo entonces lo miré al mismo tiempo que
extendía la mano entre nosotros, observando esa cara que era casi preciosa como la
de un modelo. Casi. Excepto que había sido demasiado rota durante los años para
ser algo tan… básico.
Afortunadamente para mí, no me costó mucho recordar que tal vez yo no iba
a ser una completa imbécil, pero eso no significaba que me tuviera que gustar. O que
tenía que ser amable. Solo… educada. En voz alta. Las cosas que pensaba en mi
cabeza eran una historia diferente.
Bastardo.
Y fue con ese pensamiento que vi como él se deslizó hacia adelante en el asiento
que había tomado sin permiso o invitación y estiró esa mano tan, tan grande. Vi en
cámara lenta las yemas de sus dedos, largas y con signos en las articulaciones que
decían que casi todos se habían roto en algún momento; rozar el dorso de mi mano
tan suavemente que podría haber sido agradable… si no estuviera al borde de
odiarlo.
Por el resto de mi vida, iba a culpar al hecho de que realmente me sorprendió
como la mierda el por qué no le di una palmada para apartarlo de inmediato.
Jonah Collins tomó mi mano con esos dedos fuertes, mientras yo estaba
sentada allí como una tonta, volteándola en un abrir y cerrar de ojos, de modo que
mi palma estaba colocada hacia arriba en mi escritorio, y luego puso su propia palma
encima. Su mano se tragó la mía, haciéndola parecer mucho más pequeña de lo que
realmente era. Igual que como lo había hecho hacía tanto tiempo.
Antes de que se fuera.
Antes de que hubiera cambiado mi vida para mejor.
Y también me molestaba de una manera que estaba más allá de las malditas
palabras.

Saqué mi mano de debajo de la suya.
Cerrando mi mano en un puño, la puse sobre mi muslo por un segundo antes
de regresarla a mi escritorio porque a la mierda. No iba a esconderle una mierda.
Él era quien se ocultaba.
Esos ojos color miel todavía estaban sobre mí, y podía ver el profundo aliento
que tomó. No me importaba herir sus sentimientos. Él había lastimado los míos lo
suficiente. Y tenía mucha suerte de que fuera tan madura. Que estuviera dispuesta
a dejarlo estar aquí en primer lugar.
Pero antes de que pudiera decir algo más, sus hombros retrocedieron y su
barbilla volvió a subir de esa manera que solo lo había visto hacer en la cancha de
rugby… campo, como se llamara. Como si estuviera dándose ánimos para lidiar
conmigo. Ignoré cómo eso podría haberme hecho sentir.
Almuerza conmigo
que ya no me atraía.

dijo el Hijo de Puta suavemente con esa voz acentuada

Dije: No , al instante.
Sus hombros se quedaron atrás mientras lo intentaba de nuevo.
¿Desayuno?
¿Desayuno? ¿Por qué estaba haciendo esto?
¿Qué demonios quieres, Jonah?
Su manzana de Adán se balanceó. El hombre dejó que sus ojos recorrieran mi
rostro lentamente, y estaba bastante segura de que contuvo el aliento.
Entiendo que estés enojada…
lo detuviera.

Eso fue lo más lejos que llegó antes de que

¿Enojada?
espeté antes de recordarme que necesitaba mantenerme
indiferente . ¿Crees que estoy enojada?
En todo caso, la palabra furiosa sería más precisa de cómo me había sentido
hacía un año. Hacía meses, incluso. Pero no ahora.
Se incorporó un poco, pero lo suficiente como para flexionar esos músculos
grandes y planos debajo de la camiseta blanca de manga larga con un pequeño
logotipo de Adidas que estaba abrazando sus hombros por su querida vida. El
imbécil se aseguró de que estaba haciendo contacto visual total conmigo,
manteniendo esa jodida cara agradable e tranquila mientras respondía con
demasiada calma:

Sí. Puedo ver que lo estás, Lenny. Tienes esa cara que haces cuando estás
molesta, con los ojos entrecerrados y todo eso respondió el hombre de Nueva
Zelanda de esa manera que era una segunda naturaleza para él, no podía creer que
me hubiera gustado esa mierda en el pasado . Quiero hablar contigo al respecto.
Explicarte.
¿Por qué demonios estaba actuando como… como… si esto solo fuera cuestión
de hablar? ¿Como si quisiera retomarlo de la forma en que habíamos sido juntos,
cuando nos provocábamos? Este imbécil me iba a hacer explotar un puto vaso
sanguíneo.
Respira, Lenny. Esto no se trata de ti. Sé decente. No tienes que cagar confites por esta
mierda.
Con una inspiración por la nariz y una exhalación, logré no morder con fuerza
mis dientes traseros mientras recuperaba mi mierda. De nuevo.
A menos que se trate de algo relacionado con Maio House
le dije
cuidadosamente . O sobre lo que todavía no has querido mencionar, no hay razón
para que hablemos, Jonah. Ya dije todo lo que necesitaba decir. Te dije lo que siento
sobre cualquier cosa que quieras explicar. Hice una pausa . No me importa.
Su lengua tocó el interior de su mejilla mientras cambiaba de posición. Él
volvió a apretar sus manos mientras se inclinaba hacia adelante, arreglándoselas
para mantener su voz y rasgos nivelados, como si esto no fuera cuesta abajo y yo no
estuviera derribando su mierda.
Entiendo que no quieres escucharlo. Aquellos ojos, de mi color favorito en
el mundo volvieron a moverse sobre mi cara, lentamente, tan, tan lentamente me
hicieron sentir incómoda . Pero necesito explicarlo dijo, sin parpadear, romper
el contacto visual o hacer cualquier cosa que no fuera darme esa mirada de rayo
láser . Quiero contarte lo que sucedió. Tragó . Necesito decírtelo.
Para darle crédito, todo sobre su lenguaje corporal, desde la forma en que los
tendones de su cuello se esforzaban a lo que parecía angustia moviéndose dentro
sus ojos, decía que estaba siendo genuino. Realmente pensaba que quería hablar
conmigo. Quería decirme lo que sea que sentía que necesitaba decir.
Él creía en sus palabras.
Pero solo porque él las creía no significaba que yo lo hiciera. Porque no lo hacía.
Había tenido su oportunidad. Sus oportunidades. Le había dado tiempo más que
suficiente de hacer algo tan simple como enviarme un correo electrónico o un
mensaje de texto, y él no lo había hecho. Por supuesto bloqueé su número, lo bloqueé

en todos los sitios web de redes sociales posibles, pero no había bloqueado sus
correos electrónicos… y esos todavía no habían aparecido.
Ya no me importa por qué, cuándo o cómo, Jonah. Lo que quiero saber es
qué estás haciendo aquí.
Estoy aquí para hablar contigo. Volvió a poner esa mano grande en la
parte superior de mi escritorio, apenas a unos centímetros de mi teclado . Dame la
oportunidad de explicarte. Por favor.
¿Qué era lo que quería explicar? ¿Por qué había desaparecido? ¿Por qué no me
había devuelto las llamadas? ¿Por qué no había querido ser parte de… mi vida? ¿Por
qué había decidido volver ahora?
¿Pensaba que era una jodida adivina? Porque no lo era. Por supuesto que no lo
era.
Sus dedos se deslizaron unos centímetros más cerca, sus dedos tocaron el borde
de mi teclado. No pude evitar asimilar esos interminables dedos marrones con sus
uñas limpias y cortas, y los nudillos con cicatrices y siempre ligeramente hinchados.
Él lo deslizó aún más cerca de mí.
Sé que he hecho un montón de cosas, pero quiero explicar…
Aparté mis ojos de sus dedos.
Hay muchas cosas que quiero que sé que nunca voy a conseguir. Así es como
funcionan las cosas a veces. Empujé mi silla hacia adelante a pesar de que ya
estaba tan cerca de mi escritorio como era posible . Tengo una llamada telefónica
que necesito atender en un minuto, así que… Miré hacia la puerta para darle una
pista. Vete a la mierda.
Jonah abrió la boca justo cuando el teléfono literalmente comenzó a sonar; no
sabía quién estaba llamando, pero quienquiera que fuera era mi nueva persona
favorita; y luego la cerró. Un suspiro después, se puso de pie, para alzarse sobre mi
escritorio. Y luego me irritó aún más con sus siguientes palabras.
Esta conversación no ha terminado, Lenny.
Y antes de que pudiera decirle que seguro como el infierno había terminado,
al menos hasta que él me dijera qué demonios era lo que quería; se había ido.
Pero no me había perdido la expresión de su rostro o la tensión en sus hombros
mientras salía.
No podía soportarlo. No podía soportarlo, pensé mientras levantaba el teléfono
de la oficina que sonaba y me lo acercaba a la oreja.

Soy Lenny.
Esta llamada es del IRS4. No cuelgue…
Puse los ojos en blanco y colgué, todavía sintiéndome más que un poco
agradecida. No estaba lista. No quería estar lista para tratar con él… pero quería
saber lo que estaba pasando. Quería saber qué estaba haciendo y qué estaba
planeando hacer.
Lo que sí supe en ese momento, sin mirar el reloj, era que había una
conversación que necesitaba tener desesperadamente. Una de las conversaciones
más importantes de mi vida. Incluso si la temiera más de lo que nunca temí nada.
Entonces, después de esa charla, realmente necesitaba obtener una respuesta
de Jonah el Idiota sobre qué carajos estaba haciendo.
Miré el reloj de mi computadora por un segundo y me puse de pie. No podía
posponerlo más. Ahora o nunca.
Puta mierda.
Tomando mi teléfono de la parte superior del escritorio, marqué el número de
memoria mientras me dirigía alrededor de mi escritorio y recogía mi mochila de
donde la dejé apoyada contra el perchero que era más viejo que yo. Podía hacerlo.
El teléfono sonó tres veces antes de que el hombre del otro lado contestara.
¿Quieres vernos para almorzar de nuevo, niña del maíz?
Hola, abuelo. Sí. Saqué mis llaves del bolsillo de la mochila y salí de la
oficina, moviendo un dedo hacia las personas que estaban en los bordes de las
esteras mientras esperaban su turno para hacer lo que sea para lo que estuvieran
entrenando . Sin embargo, prefiero volver a casa para almorzar. ¿Quieres algo
específico?
Hizo un pequeño arrullo divertido que no era para mí, diciéndome que no
estaba prestando atención por completo antes de responder con:
El doble de lo que sea que estés trayendo.
Está bien, estaré allí en treinta

le dije, empujando la puerta exterior para

abrirla.

IRS: El Servicio de Impuestos Internos, también Servicio de Rentas Internas, es la instancia federal
del Gobierno de los Estados Unidos encargada de la recaudación fiscal y del cumplimiento de las
leyes tributarias.

4

¿Qué sucede? preguntó el abuelo Gus de repente, y no se me escapó el
hecho de que preguntó qué sucedía, no si sucedía algo malo.
Me conocía demasiado bien.
Y, Dios, iba a perder el control después de que tuviéramos nuestra charla.
Mierda.
Saber eso hizo que fuera difícil seguir esa línea.
Nada de vida o muerte. Te veré en un momento.
No me gustó la forma en que dijo:
Está bien.

Pero si no me gustaba, me lo merecía.

¡Mierda!

Treinta y cinco minutos después, abrí la puerta de la casa donde había vivido
con intermitencias toda mi vida, sosteniendo una bolsa de burritos y tortillas en una
mano.
Y mi maldito trasero estaba sudando a pesar del hecho de que hacían casi diez
grados afuera.
Pero mientras atravesaba la puerta trasera conectada a la cocina que había sido
completamente remodelada hacía unos años y luego a través del pasillo que
conducía a la sala de la casa que el abuelo había comprado mil años antes de que yo
naciera, escuché.
Todo estaba en silencio. Demasiado silencioso. Usualmente la televisión estaba
encendida o había algo reproduciéndose por los altavoces en la sala de estar, o
alguien estaba haciendo algún tipo de ruido, pero no había nada de eso.
Hmm.
Me quité los zapatos y comencé a arrastrarme por el pasillo, aferrándome a la
bolsa de burritos y esperando que la bolsa de papel no hiciera demasiado ruido.
Aun así, no se escuchaba nada.
Estreché los ojos y eché un vistazo al salón para encontrarlo vacío. Contuve el
aliento y escuché. Y fue entonces cuando lo escuché. Apenas el más mínimo,
pequeño ruido tranquilo…

Sé que estás ahí. Puedo oírte respirar

dije con un resoplido.

Nada.
Puse los ojos en blanco y me subí al sofá, uno de los dos sofás en la sala de
estar, y me incliné sobre la parte de atrás. Entonces me agaché y golpeé una de las
dos nalgas huesudas que sobresalían en el aire.
Levántate antes de que no puedas. Me reí de mi abuelo, que estaba sobre
sus manos y rodillas. Escondiéndose. Para tratar de asustarme.
Él gruñó y levantó la vista con el ceño fruncido.
¿Me escuchaste?
Tus senos nasales están actuando. Estás jadeando.
la dejé en el reposabrazos del sofá.

Me quité la chaqueta y

Murmuró algo como maldita sea en voz baja mientras luchaba, solo un poco,
para ponerse de rodillas y luego de pie. A los setenta y cinco años, sus huesos solo
le recordaban de vez en cuando que estaba más cerca del cien que de los veinte ya,
pero no era suficiente para ponerme triste. Él apenas había disminuido la velocidad
a lo largo de los años, y seguro que no parecía de su edad. El abuelo era un vampiro
y terminaría sobreviviéndome.
Me levanté del sofá con una risita y sacudí la cabeza nuevamente cuando él lo
rodeó.
¿Cuánto tiempo has estado allí abajo?
Escuché cuando te detuviste en la entrada respondió, todavía frunciendo
el ceño al ser atrapado mientras bajaba la mano para frotar un círculo en su rodilla
izquierda.
Porque este era nuestro juego.
Esconderse y asustar a