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CAPITAN SIN NOMBRE

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De inicio a fin figuran dos creaturas: Niebla, un perro que no conoce las correas y que no las conocerá nunca mientras alguien de la tripulación viva. Y Ares, un loro sin jaula, que vuela, ha aprendido a repetir palabras y es muy mal educado, siempre hace su santa gana. Es interesante el concepto que la tripulación tiene sobre las mascotas y la libertad.

    Para entender a los Piratas hay que estar, resentidos. Solo alguien así puede atreverse a crear una zona autónoma, fuera del alcance de la opresión, incluso de reinos y gobiernos. Un enclave Pirata, sin permiso de nadie. Proto-anarquista, en el cual las relaciones interpersonales mejoran. Si, mejoran, y lo confirma Yánnick, el jefe de velas, un afroamericano, negro, un ser aborrecido por los ricos blancos finos, y otros no tan finos de la época. Así que por las venas de Yánnick circula más venganza que sangre. Con su parte del oro podrá por fin humillar a todos aquellos que lo han humillado.
    Hablando de negros, en la antigüedad los Piratas quedaron super completos cuando se les comenzaron a sumar los negros que se atrevían a huir de la esclavitud y de sus insensibles amos. Los negros junto con los resentidos de todas clases y colores llegaban corriendo como abejas a un panal que no tenía reino. Y semejante poder es, peligroso. Es lógico que urgía exterminar a los Piratas. Y así se hizo. ¿Cómo es posible que personas supuestamente de lo peor lograran crear el mejor sistema de gestión empresarial en toda la historia de la humanidad?, uno que no se usa por supuesto, ha sido curiosamente olvidado. Qué raro, inmediatamente fueron catalogados como la escoria del mundo, igual que en la inquisición en la que acusaban a una mujer de bruja por ser inteligente, quemándola viva por cometer tan terrible pecado. Alguien libre merece la horca, es una pena.

    Y hablando de brujas hay dos chicas en la tripulación, una se llama Zenda, tan deprimida como frustrada, quien decepcionada de los hombres, encuentra con los Piratas las tres cosas que ella sin saber siempre quiso: Primera, ser inocente. Segunda, ser absolutamente deseada, tan irracionalmente deseada como sea posible. Y tercera, ser respetada, por no decir, temida. Su vida no será la de una obrera sino la de una reina. Por cierto que para ser reina básicamente hay que ser solo una cosa, una auténtica Pirata.

    La otra chica, Naysa, ella es todo lo contrario. Ella es feroz, tan feroz y temible como una tormenta de noche en medio del mar. La gente intuye, de solo verla nadie se mete con ella. Para ahorrarse el tiempo y para que no la molesten, Naysa ha logrado desarrollar la amabilidad de un hielo.

    Ellos dan con algo que los meterá en una situación que, de ocurrir un milagro y salvarse, sus vidas serían de lo más polémico que ha existido en todos los tiempos. Una rebelión moderna está por comenzar. Piratas, supuestamente ya no existen, pero en doscientos años el ron solo parece ser un poco más refinado.








Volume:
1
Year:
2021
Edition:
1
Publisher:
Independent publisher
Language:
spanish
Pages:
209
ISBN 13:
9798521449712
Series:
CAPITAN SIN NOMBRE
File:
EPUB, 685 KB
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CAPITÁN SIN NOMBRE

Vj Máximo (Edgar Cerda Lovera)



Los personajes y eventos que se presentan en este libro son ficticios. Cualquier similitud con personas reales, vivas o muertas, es una coincidencia y no algo intencionado por parte del autor.



Ninguna parte de este libro puede ser reproducida ni almacenada en algún sistema de información, ni transmitida de cualquier forma o por cualquier medio electrónico, o fotocopia, grabación o cualquier otro modo, sin el consentimiento del autor.



Diseño de portada: Vj Máximo



Comentarios sobre este libro a:

vjmaximo@protonmail.com

www.facebook.com/visualmaximo/

www.youtube.com/vjmaximo

facebook.com/Visual-Maximo-155172934559933

Twitter: @visualmaximo





Gracias a las personas crueles e insensibles que he conocido, porque me han impulsado a alejarme en busca de una realidad diferente que mientras tanto solo era posible en la imaginación, igual que las fantasías más espirituales; uno tiene que soñar o quedarse con las manos vacías. Y trillones de gracias a esas personas que son buena onda y buena vibra, ustedes merecen lo mejor del mundo!





¿PORQUÉ GRATIS?

Inicialmente publiqué la novela a la venta (no se vendió mucho pero muchas gracias a quienes compraron uno), y después de meditarlo unos meses, llegué a la conclusión de que en realidad hace mucho que no puedo darme el lujo de comprar ningún libro, o compro un libro o comida. Sin embargo leo mucho y para solucionarlo busco libros gratuitos y los descargo, utilizando el wifi de los vecinos que son tan amables de compartir su señal conmigo. De manera que ahora también pongo mi libro gratis, pensando en las personas que como yo, no tienen dinero para un libro pero quisieran leerlo, habemos millones en esta situación. Sin embargo también existen personas que pueden, y para esas personas que pueden dejo estos datos por si acaso desean enviar un donativo:



CLABE: 012 180 01559731829 2

SWIFT: BCMRMXMMPYM

Número de tarjeta: 4152 3138 1564 8337

Número de cuenta: 155 973 1829

Banco: Bbva Bancome; r

A nombre de: Edgar Cerda Lovera

País: México



	Siento que al menos le debo hacer una mención de al software libre, ya que sin esos grandes genios que también regalan su trabajo seria imposible que tú estuvieras leyendo esto y que yo pudiera escribirlo y publicarlo. Ellos igual reciben donativos, o al menos del mismo modo ponen sus datos para quienes pudieran y quisieran hacerles algún donativo. Así que muchas gracias a las fundaciones de software gratuito, de código abierto y de uso libre, especialmente a: LibreOffice, Gimp, Inkscape, Krita, entre muchos otros de tipo GNU/Linux que son multiplataforma, ya que sin ellos nada hubiera sido posible. Espero algún día igual poderles compensar con algo amigos!





UNA ANÉCDOTA PRELIMINAR

Entrar al mar de noche, sin luna y con marejada no es, recomendable. Yo ya lo sabía, pero a veces se tiene que hacer. Y llevaba algo valioso en una bolsa de plástico, tomé todas mis precauciones, tiempo para ver el oleaje y calcular librar a salvo la estampida de alguna ola que pudiera voltearme antes de pasar por el umbral donde rompen. Quizá debí tomarme más tiempo examinando el oleaje. Y me lancé a remar en mi kayac hacia el bote que estaba anclado.

	De repente la ví, y supe que me voltearía. Cuando ves olas todos los días en la orilla ya tu cerebro calcula por los precedentes de las anteriores y sus diversos factores. Pero en las noches más oscuras uno entra y solo se ve una negra sombra que de repente aparece. Ahí venía, tuve una esperanza de que quizá no me volteara, pensé en la bolsa, no había tiempo para nada, venía inminente, así que encaré la ola de frente, como debe ser, cual valiente guerrero solitario me sujete a los lados del kayac con fuerza. Ya la ola estaba tronando sobre mi, estaba sucediendo lo peor, supe que la bolsa caería también.

	Debajo del agua era obviamente aún más oscuro, sumándole que arden los ojos al abrirlos dentro del agua marina. Pude percibir como me volteo de cabeza con todo y kayac en la oscuridad, o al menos eso imaginó mi sentido de la orientación. Y la ola con dientes de espuma me tragó.



	Enseguida sentí la naturaleza empujando hacia la orilla. Hasta eso emergí rápido. Uno no es consciente de los movimientos necesarios para hacer tal cosa, es como si el miedo hiciera que el cuerpo ignorara al cerebro y alguna otra entidad corpórea tomara el control solo durante unos segundos por cuestiones de emergencia y supervivencia. Tal proceso lo consume todo, no deja lugar ni siquiera a tener conciencia de ello.

	Una vez a flote mi prioridad fue la bolsa, la divisé flotando a unos metros, y también encontré el remo, el kayac estaba de cabeza llegando ya a la orilla, salí y le di vuelta. Tenía que entrar, lo intentaría de nuevo aunque estaba triste por lo sucedido.



	¿Porque entré de nuevo justo después de naufragar? Porque si pescaba comía y si no pues me moriría de hambre y terminaría en la calle. El inicio de esta novela estaba escrito ahí, en ese celular en el bloc de notas. Si. No hay pretextos, ahí en el bloc de notas del celular se puede escribir una novela. Eran ya bastantes notas, páginas y páginas. De haberlas perdido me habría desalentado pero no fue así. El agua no alcanzo a entrar en la funda rota y desgastada que estaba dentro de otra bolsa de plástico anudada, lo primero que hice fue sacar la bolsa del agua lo más pronto que pude después de caer y emerger. De modo que esta novela tuvo que sobrevivir primero a un pequeño naufragio, y yo a uno de toda la vida.





PRESENTACION



De inicio a fin figuran dos creaturas: Niebla, un perro que no conoce las correas y que no las conocerá nunca mientras alguien de la tripulación viva. Y Ares, un loro sin jaula, que vuela, ha aprendido a repetir palabras y es muy mal educado, siempre hace su santa gana. Es interesante el concepto que la tripulación tiene sobre las mascotas y la libertad.



	Para entender a los Piratas hay que estar, resentidos. Solo alguien así puede atreverse a crear una zona autónoma, fuera del alcance de la opresión, incluso de reinos y gobiernos. Un enclave Pirata, sin permiso de nadie. Proto-anarquista, en el cual las relaciones interpersonales mejoran. Si, mejoran, y lo confirma Yánnick, el jefe de velas, un afroamericano, negro, un ser aborrecido por los ricos blancos finos, y otros no tan finos de la época. Así que por las venas de Yánnick circula más venganza que sangre. Con su parte del oro podrá por fin humillar a todos aquellos que lo han humillado.

	Hablando de negros, en la antigüedad los Piratas quedaron super completos cuando se les comenzaron a sumar los negros que se atrevían a huir de la esclavitud y de sus insensibles amos. Los negros junto con los resentidos de todas clases y colores llegaban corriendo como abejas a un panal que no tenía reino. Y semejante poder es, peligroso. Es lógico que urgía exterminar a los Piratas. Y así se hizo. ¿Cómo es posible que personas supuestamente de lo peor lograran crear el mejor sistema de gestión empresarial en toda la historia de la humanidad?, uno que no se usa por supuesto, ha sido curiosamente olvidado. Qué raro, inmediatamente fueron catalogados como la escoria del mundo, igual que en la inquisición en la que acusaban a una mujer de bruja por ser inteligente, quemándola viva por cometer tan terrible pecado. Alguien libre merece la horca, es una pena.



	Y hablando de brujas hay dos chicas en la tripulación, una se llama Zenda, tan deprimida como frustrada, quien decepcionada de los hombres, encuentra con los Piratas las tres cosas que ella sin saber siempre quiso: Primera, ser inocente. Segunda, ser absolutamente deseada, tan irracionalmente deseada como sea posible. Y tercera, ser respetada, por no decir, temida. Su vida no será la de una obrera sino la de una reina. Por cierto que para ser reina básicamente hay que ser solo una cosa, una auténtica Pirata.



	La otra chica, Naysa, ella es todo lo contrario. Ella es feroz, tan feroz y temible como una tormenta de noche en medio del mar. La gente intuye, de solo verla nadie se mete con ella. Para ahorrarse el tiempo y para que no la molesten, Naysa ha logrado desarrollar la amabilidad de un hielo.



	Ellos dan con algo que los meterá en una situación que, de ocurrir un milagro y salvarse, sus vidas serían de lo más polémico que ha existido en todos los tiempos. Una rebelión moderna está por comenzar. Piratas, supuestamente ya no existen, pero en doscientos años el ron solo parece ser un poco más refinado.





CONTENIDO



CAPITÁN SIN NOMBRE

¿PORQUÉ GRATIS?

UNA ANÉCDOTA PRELIMINAR

PRESENTACION

CONTENIDO

ARES

“EL PERRO”

LA TRIPULACION

ZARPAMOS

EL.. ALTERCADO. POR LLAMARLO DE ALGUNA MANERA SUTIL

RESISTE

DESERCIÓN, TODO SER HUMANO TIENE UN PRECIO

LA FIESTA

PREPARANDO EL ATRACO

“ZENDA READ”

TOC TOC..

LECCIONES DE BAX

REPARTICIÓN, PREMIO NOBEL Y EL NUEVO SEÑOR YÁNNICK

ERROR, GRAVÍSIMO ERROR METERSE CON ARES

SOLO QUIERO VENGANZA

TOPARON Y TOPAMOS CON PARED

COSAS SOBRENATURALES Y UNA DOCTORA DE ORO

UNA MISION INESPERADA

BUCEANDO POR ORO

JUSTICIA DIVINA

LA BODA

¿PORQUE ES PECADO ESTE CUERPO QUE DIOS ME HA DADO PARA ENGENDRAR HOMBRES?

FUERZAS LEGENDARIAS

EL SEÑOR DE EDAD AVANZADA

EL GRAN DIA

SIN SALIDA

POSFACIO





“Anarquía es orden”, escribió el filósofo Pierre-Joseph Proudhon, pero el mundo no le hizo caso.





ARES

De los primeros que conocí de la tripulación y con el primero que conviví fue con el maleducado de Ares. Me gustaba estar en una playa solitaria, mi lugar preferido cada vez que tenía oportunidad, ya que para mi era otra realidad muy diferente, diferente a la de todos los días. Aunque en aquella alejada playa curiosamente no sentía soledad, sentía que alguien me observaba y por más que yo quería descubrirle no se dejaba ver. Tardé en darme cuenta que efectivamente así era, ahí había alguien espiándome. Hasta que por fin se reveló.

	Soy un don nadie. Mi vida era tan horrible que si hubiera muerto mejor a muy temprana edad eso sí que hubiera tenido sentido. Pero aquello estaba a punto de cambiar. Me encontraba bobeando en esa playa escondida del mundo, ya había dejado el teléfono celular, cansado de todos los intentos fallidos por ligar chicas en las redes sociales, cuando me percaté de una silueta humana entre la jungla, se veía extraño. Yo no dejaba de observar en esa dirección cada que tenía oportunidad.

	Mientras más tiempo pasaba menos podía quitarle la vista de encima. Al cabo de un rato, con el transcurso del disco solar en su eterna marcha, los rayos cósmicos le cayeron encima, iluminándolo y dejándome observar mejor los detalles. Además de que era raro, llevaba un loro en el hombro.

	Se acercó un poco, se veía tan real. Me dio la impresión de que era una persona peligrosa. Y no sabía si mejor irme. Pero en ese momento sentí algo más. Que mi vida era tan vacía que ni siquiera la merecía. Y aquel ser, aunque no inspiraba precisamente confianza, se veía extremadamente seguro de sí mismo. Total, decidí acercarme, mi existencia era un fracaso de todos modos. Cuando estuve próximo a él, sus palabras fueron fulminantes.

	—El loro se quedará contigo si no vuelvo. Y si vuelvo y le pasó algo malo te mato —Yo estaba sin palabra. Pero antes de que pudiera reaccionar continuó diciendo—: Tengo que ir a la ciudad y ahí hay muchos cables eléctricos por las calles, este loro vuela, ya se electrocutó una vez por terco. El no conoce las jaulas y seguirá sin conocerlas mientras yo viva. Cuando regrese te pagaré por haberlo cuidado si es que lo cuidaste bien. Mira, no tengo tiempo ni me gusta dar explicaciones pero te he estado observando, saludas a los perros, y creo que eres apto para cuidar a este loro, cuando vuelva te compensaré bien, no conozco a nadie más por aquí y parece que eres de confianza, espero no equivocarme.

	—Ares, quédate con él hasta que yo vuelva, no quiero que te electrocutes de nuevo —le dijo al loro como si éste entendiera. El loro voló.

	—Estira un brazo y ladea la cabeza hacia el otro para que pueda aterrizar —me dijo. Y para mi sorpresa el loro aterrizó en mi hombro.

	—¡Aliméntalo bien y no olvides todos los días servirle un poco de ron! Ahora ya váyanse —dijo y con una mano levantó un poco su camisa dejando ver un arma.

	Di media vuelta y comencé a caminar, no quería problemas, menos con un tipo armado. Después de varios metros miré hacia atrás, había desaparecido, ya no estaba la misteriosa figura. Seguí caminando por mi vida como siempre, pero ahora con un loro en el hombro.



	Lo llevé a un cuarto dónde vivía que estaba en un tercer piso. Al llegar acerqué mi hombro a la ventana que estaba a un lado de mi cama.

	—Párate ahí —le dije. Puse mi hombro pegado a la ventana, curiosamente entendió y se cambió de un salto.

	Por lo general me agradan los animales. Al menos yo ya tenía compañía. Pensaba en que no había necesidad de violencia. Yo se lo hubiera cuidado si me lo hubiera pedido de una forma menos drástica.

	—¿Quieres agua? —le pregunté mientras le servía en uno de mis únicos dos platos hondos para sopa que tenía.

	—¡Fruta, fruta!

	—¡A hijo de su madre! —grité, ¡El loro habla!

	Estaba asimilándolo mentalmente y recuperándome del susto. Sonó demasiado fuerte, como un grito. Hasta que por fin procesé la información con calma y recordé que existen loros que hablan o dicen algunas palabras.

	—¿Que.. que fruta te gusta para ir a comprártela? —le dije. No sabía si me entendería, y para mí sorpresa respondió.

	—¡Melón, melón!

	“Ok, el perico quiere un melón” —pensé en voz alta.

	—Voy a comprártelo —le dije. Tomé dinero, cerré la puerta y salí. Supuse que entendería mis palabras o quizá el acto de salir.



	Camino la tienda me pasó por arriba. Había volado por la ventana. A media calle para cruzar percibí que quería aterrizar así que estire un poco la cabeza dejando mi hombro y parte de mi brazo al descubierto. Aterrizó, sentí que sus garras me rasguñaron un poco. Si iba a estar aterrizando así definitivamente tendría que cubrirme con algo o acabaría todo herido.

	—No vayas a hablar —se me ocurrió decirle antes de llegar a comprar. No quería a todo mundo alrededor por culpa de un loro que hablaba. Pero le valió. Yo estaba todavía lejos de ver cuan ingobernable era.



	Ares y yo aprendimos a llevarnos muy bien, le daba su libertad, lo dejaba en paz y cuidaba de él a como podía. En realidad cuidar de él solo era ponerle su comida y agua. Todo lo demás hacia su santa gana.

	Durante esos días Ares me hizo tener encendida la televisión día y noche.

	—¡Canal, canal! —chillaba.

	—¡Volumen, volumen, más! —Así fue como aprendí a obedecerlo. Yo era técnicamente su chef y su control remoto. El loro era autodidacta. Le gustaba escuchar palabras de la televisión y repetía las que le venían en gana.



	Investigué en internet acerca de los loros que hablan. Ahí se fue aclarando todo para mi. Ares no era un perico era un loro. Y encontré información. Leí que efectivamente existen aves capaces de imitar la voz y los sonidos humanos. Que aparte de eso podían ser algo sociables. Bueno en eso Ares era diferente, Ares era antisocial y mal educado.

	La información sobre loros que hablan también decía que aparte de pronunciar bien, algunas especies eran capaces de establecer asociaciones entre las palabras y su significado. Y que algunos llegaban a recitar frases enteras que escuchaban. Había casos registrados de loros que habían llegado a repetir más de mil palabras diferentes y que eran el ave más inteligente que se conocía.

	Leer todo eso me dejó más tranquilo, no era nada del otro mundo, a final de cuentas solo tenía un loro que había aprendido algo de comunicación, más bien solo daba órdenes. Sin embargo temía que poseer un loro así fuera ilegal. Investigue al respecto hasta tener la respuesta. Tratándose de un loro de crianza con certificado, documentación y permisos, en tal caso tenía posibilidad de ser legal, de lo contrario se daría por sentado que fue capturado y raptado de su hábitat silvestre y aquello si que era ilegal.

	No me parecía que Ares tuviera documentación. Todo me decía que era totalmente ilegal. Pero bueno, no estaba en cautiverio, volaba, no tenía jaula, podía irse cuando quisiera, Ares era un loro libre. Pero no todo el mundo entendería eso.

	Solo una ocasión me cuestionaron, iba caminando por la calle cuando para mi mala suerte pasaron dos vehículos con oficiales. Al vernos se detuvieron y uno me cuestionó.

	—¿Es tuyo el loro?

	Y en eso Ares le mentó su madre. Los demás oficiales se rieron sin querer.

	—¿Lo andas vendiendo?, ¿tienes papeles? —me preguntó el oficial. En eso Ares voló.

	—No no tengo, y no es mío, solo lo estoy cuidando en lo que su dueño regresa de viaje, desconozco si él tenga papeles —yo estaba diciendo la verdad.

	—Vámonos es un loro y ademas ya no está, se fue volando —dijo aquél oficial a sus compañeros—. Que tenga buen día y pregunte por los papeles —Ares y yo nos salvamos solo porque había volado.



	Así transcurrieron los días hasta que un día Ares se ausentó más de lo normal. Comencé a preocuparme, no apareció en todo el día, aquello era inusual, Ares volaba diario pero nunca se tardaba tanto tiempo.

	Se hizo de noche y no aparecía, yo no podía hacer nada, ¿a dónde iría a buscarlo de noche? Espere hasta que me ganó el sueño. Al despertar abrí los ojos y no estaba. Aquello era un mal día, era mi día de descanso. Me propuse ir a buscarlo y preguntar si alguien lo había visto. Pero antes de salir escuché su vuelo, ese aleteo para aterrizar que ya me era tan familiar.

	—¿Dónde has estado? —le pregunté.

	—¡Capitán, mar, Capitán, mar! —exclamó.

	“Rayos, ¿había vuelto aquel hombre?” —pensé.

	—¡Vamos, vamos! —gritó de nuevo.

	—Esta bien vamos —le respondí. Había que ir. A fin de cuentas había cuidado bien de su loro y quería entregárselo.



	Llegando a la playa el loro voló hacía el mar aterrizando en un navío que estaba anclado. A bordo se veía lo que parecía aquel ser que me lo encargó. De alguna manera debía asegurarme de que fuera él, despedirme, entregarle su loro y lavarme las manos en el asunto.



	Pedí un aventón al navío a una lancha que estaba por salir. Al acercarme ví que tenía un nombre pintado con letras negras. Black Bird, que significa Ave Negra.

	—Bien —dijo el Capitán cuando me vio—, sube. Di las gracias a los de la lancha y subí. El Capitán esperó a que se fueran y comenzó a hablar.

	—Te ganaste unas monedas en lugar de tu muerte. —Sonrío y puso algo frío sobre mi mano, eran monedas, monedas de.. de oro.



	“Guau no se cuanto valdrá esto pero debe valer bien” —Pensé rápidamente. No sabía exactamente si estaba feliz por que no me matara, por las monedas de oro, o por las dos cosas al mismo tiempo.

	Como siempre saqué mi celular para fugarme de la realidad, uno hace eso cuando no sabe que hacer para evitar los nervios.



	—¿Sabes de tecnología? —me preguntó.

	—Pues, me gusta, no lo se todo pero me defiendo muy bien con eso —le respondí.

	—Quizá puedas ayudarme en algo. Mira este navío lo acabo de comprar hace poco. Le quiero poner algunos aparatos, también tengo que ir a cierto lugar por tierra y necesito que alguien lo cuide mientras regreso, ¿tu podrías ser esa persona?, te pagaré bien —dijo. Y yo acepté de inmediato. Sí lo que me había dado era oro de verdad la paga sí que estaba buena.

	—Una cosa más —continuó diciendo—, necesito conseguir tres ayudantes, uno en cocina y dos más para navegación. ¿Podrías tratar de conseguirlos?

	—Si —le respondí—, pero.. ¿que les digo?, o sea me refiero a cuanto tiempo trabajarán y cuanto ganarán, necesito que me diga más sobre eso si no ¿que les voy a decir?

	—Oh, veo que no estas tan tonto —y se rió. Méndigo Capitán, pero había algo detrás de aquella forma de ser que me agradaba—. Selecciona tres personas, diles que se hará una entrevista. Básicamente les dirás que los puestos son de navegante y cocinero. El navegante si tiene experiencia en vela mejor, pero si no le enseñamos. Los navegantes tienen que conducir el navío y se las arreglan con las velas, pasan la mayoría del tiempo en cubierta, necesitan abrigo para intemperie y su trabajo es más pesado. Diles que tendrán las mejores vistas, podrán leer en cubierta, no sé, esas cosas que les guste hacer o tocar guitarra. Pueden pasar el tiempo viendo estupideces en su celular, tu sabes, complétale lo que falte. Pero en cocina tiene que ser alguien que tenga buen gusto y sepa hacer de todo, ahí si se ocupa experiencia estarás de acuerdo. Diles que van a vivir un tiempo en el mar, se podrán marear, comerán bien, podrán bajar a puertos y se les pagará bien por los favores recibidos.



	Yo estaba todavía lejos de saber, que en el caso del Capitán, la frialdad que tenía siempre resultaría muy práctica.

	—Está bien, ¿y cuanto se les pagará?, ellos querrán saber eso desde un principio —le pregunté.

	—Si, lo se, diles que.. bueno, haz una buena oferta, un poco más de lo que es justo, tú sabes de esas cosas, es como un trabajo de tiempo completo en algún hotel lejano, lo que te parezca bien más un bono extra. Si queremos que hagan las cosas bien deben tener un buen sueldo.



	Que Capitán tan raro, su aspecto y forma de ser por momentos parecían los de alguien sin educación alguna, pero en otros instantes ya era el ser más refinado del mundo. En fin, me había dicho todo lo que necesitaba saber para poder cumplir con el encargo. ¿Fijar yo una paga justa también?, todo me resultaba algo extraño.

	—Quizá yo pueda ser uno de esos dos ayudantes de navegación —le dije. Habría buena paga después de todo.

	—Entonces busca otros dos. Vuelve mañana al salir el Sol.

	—Okey —le respondí. Hicimos señas a una de las múltiples lanchas que circulaban por el lugar hasta que una nos vio y me llevó de regreso.

	Regresé sin saber exactamente cuanto traía en la bolsa, podría ser mucho dinero, no tenía ni idea. ¿A donde iría a cambiar ese oro?



	Embarqué hacia el navío al otro día en la mañana como acordamos. En el camino me di el lujo de llegar a desayunar tacos. Eso también era tan raro como sensacional para mi, normalmente habría cocinado unos huevos porque salía más barato. También compré un café de cafetería, de igual forma normalmente me hubiera hecho un café soluble, frío, por no calentar agua y por no gastar. En fin, ahora parecía que podía echar mano de mis pocos ahorros sin preocuparme. Al parecer tendría un muy buen sueldo. El Capitán estaba de pié mirando hacía el mar cuando lo divisé al aproximarme.

	—Este navío zarpa pronto y tiene que estar ya todo listo para desplegar velas a mi regreso. Tengo algo que hacer en tierra. Tú te quedas aquí a cargo mientras tanto —me dijo en cuanto estuve a bordo.

	Me indicó sobre las anclas y que hacer en caso de tormenta durante los días que él no estuviera. No se porque confió en mí, quizá no conocía a nadie más. Insistió en que cuando él se fuera, me quedara ahí en las noches y que estuviera ahí durante el día algún tiempo también. Al recorrer los lugares del barco explicándome todo, me mostró un cajón con un arma. Me aterró por completo lo que dijo.

	—Tenlo a la mano siempre, si tienes que usarlo úsalo y no dejes evidencia —comentó como si fuera lo más natural del mundo. Eso engendró toda clase de intrigas en mi cabeza. ¿El Capitán quería mucho su navío o ahí había algo más? No pensaba robarle, no me atrevería, lo que me daba miedo era tener que luchar o que me asesinaran, eso si era aterrador.

	—E.. esta bien —fue todo lo que pude responder.

	Regresé a mi apartamento y por la noche admito que pensé en renunciar mejor, hasta que me quedé dormido. Al día siguiente iba a buscarlo pero el Capitán ya me estaba esperando en la playa.

	—¿Que tal Cápi?, apenas iba para allá —le dije cordialmente.

	—Ya me voy, te quedas a cargo —y antes de que yo pudiera decir algo prosiguió—. A ti ya no necesito amenazarte pero sabes que si no cuidas y defiendes mi barco y mi loro, o si los abandonas eres hombre muerto. Debes cuidar hasta que vuelva. No te recomiendo robarme a mi en especial, te faltaría cierta experiencia, para huir, y para sobrevivir.

	Aquel buen empleo parecía que al mismo tiempo era mortal. Pero yo andaba optimista y le respondí: —Pues creo que tú no puedes matarme.

	Al ver como retomo la postura con cierto asombro supe que el momento era mío y proseguí a explicarme: —No puedes, porque no tienes ninguna razón para hacerlo. Y quizá es algo que nunca tendrás, una razón para eso.

	Asintió con la cabeza. Enseguida sonrió y dijo: —Podría ser que tal vez seas un poco más pirata de lo que pensé. No obstante a la hora de la verdad tendrías que ser muchísimo más inteligente como para que no te maten sin saber luchar, es decir, si van y te asaltan, ¿que harías?

	Me había ganado, sabía bien mi punto débil, pero me quede feliz de poder haberle asestado un buen golpe en pleno ataque de inteligencias.





“EL PERRO”

Pasé mi primera noche en un barco. Aquel Capitán había hecho buena compra sin duda. Era un velero algo moderno, tenía hasta internet y pantalla. Podía imaginar mil historías. Pero debía concentrarme en el trabajo por hacer, hasta que me dormí.



	El amanecer estuvo muy nublado. La neblina justo donde termina el mar e inicia la vegetación es algo bellísimo.

	Se me antojo caminar, que curioso, tenía un gran navío para vivir cómodamente unos días mientras el Capitán regresaba ¿y ahora me daba por bajarme y caminar? Quizá era cosa de aquella neblina fantástica, pensaba en caminar entre la playa y la jungla que se veía a lo lejos, quizá eso me daría oportunidad de concentrarme para buscar y contratar a las dos personas que faltaban.

	Ares no me siguió, o al menos no lo vi. Al parecer se quedó en el navío. Tomé unos víveres y al cabo de un rato de caminar llegue a donde quería estar, se veía increíble. Tal belleza con neblina camuflada entre el verde de la jungla, todo se veía magistralmente disipado por los blancos de las nubes volando bajo. Era encantador.

	Divisé un perro caminando de lejos, siguiendo rastros parecía. Era algo normal. Cuando me vio se detuvo por completo y yo también. Recuerdo perfectamente la escena. Se acercaba.

	Era un perro de mediana edad, parecía cruzado no sabía que raza era, no tenía mucho parecido a alguna en especial. Cuando estuvo a unos metros se detuvo olfateando, le hable y le extendí la mano, al menos le demostré mi amistad, ya si me ladraba pues ni modo.

	Pero no ladró, se quedo ahí cerca. Quise darle agua pero no llevaba ni un traste en que darle, pensé en romper el envase de plástico de una botella de agua que llevaba, pero para que quedara como vaso el corte debía ser cerca del nivel de agua y se tiraría al cortar, ademas debía buscar una piedra filosa para cortarlo, era complicado. Pero traía galletas así que le di eso cuando menos. Enseguida anote la palabra “navaja” en la lista de compras de mi celular.



	Regresé, pero no se despegó, me siguió. Yo caminaba arrepentido, si tan solo no le hubiera dado galletas, ¿ahora que voy a hacer? Me va a seguir ¿y como lo dejaré? Así pensaba yo, con corazón de pollo pero mis demonios me decían que me valiera queso y que hiciera mis cosas y en el camino el perro se quedaría por ahí, no creía que me siguiera hasta allá y subiera las escaleras hacia mi cuarto, o si lo hacía pues me podía ir al barco y el no se meterá al mar. Después se iría y ya.



	Total, llegaría a mi cuarto por unas cosas. El perro ya no me seguía sino que más bien parecía que iba conmigo. Rayos, sabía que me daría tristeza dejarlo ahí afuera, sabe, siempre he tenido esa sensibilidad por lo que sienten otros, incluso los animales, esa sensibilidad que algunos llaman, debilidad.



	Podía correrlo, gritarle, asustarlo para que se fuera, pero eso me haría sentir peor, solo pensarlo me entristecía. Deseaba que al entrar al edificio se quedara afuera, que siguiera su camino, o que al ver las escaleras se quedara ahí y asunto arreglado, cuando bajara ya no estaría. Tenía tantas cosas que hacer que no podía hacerme cargo de él. Además no estaban permitidas las mascotas ahí. Sería definitivamente un problema. Y eso me hacía sentir todo un gran y verdadero ojete, un insensible. Porque en el fondo si sabía el valor de las cosas pero me hacía tonto, por no decir que era todo un auténtico.. cobarde. ¿Cómo iba yo a imaginar que aquel simple perro callejero salvaría nuestras vidas y prácticamente al mundo entero en múltiples ocasiones?



	Para mi suerte el perro entró y subía las escaleras contento como si nada. En cierta manera después de todo eso me alegró, el vernos a los dos subiendo, desobedeciendo la regla de no mascotas en el edificio. Ya que. Al menos le daría agua y comida. Y con eso.. no me lo quitaría de encima. Me parecía que cada gesto de amistad haría más doloroso el tener que abandonarlo. Mi mente volaba buscando una solución. Me seguiría al barco sin duda, y no podía dejarlo en el cuarto tampoco, pobrecillo todo el día ahí esperando a que llegue y con mis tantas ocupaciones no lo sacaría ni a pasear, sería un estorbo. Si, lo se, esa manera de ser es de lo peor.



	Para llegar al barco usaba el bote del Capitán, era un bote salvavidas que usaba para llegar desde el navío anclado hasta la playa. Subiría al perro al bote, total, si al comenzar a entrar al mar le daba miedo y se bajaba pues mejor. Ese era el plan. Una parte de mi, la parte ojete, esperaba que no se dejara subir al bote y se fuera, con eso me libraba de la responsabilidad y ya no lo vería nunca.



	Subí al perro al bote, y pues no, no se bajó. En eso supe que me esperaba un nuevo problema. Faltaba que Ares lo fuera a aceptar y que no se estuvieran peleando. Eso abrió otro problema, que si el perro lo mordía.. no, el perro no podía morder a Ares por ningún motivo, mi propia vida estaba de por medio. ¿Cómo le diría al Capitán que llevé un perro a su barco y mordió o se comió a su loro? Eso era inconcebible, no podía suceder, debía ver ahora como se llevarían y seguía sin poder hacer mi trabajo, por culpa del perro. Y de mi corazón de gallina.



	En cuanto puse al perro en cubierta Ares hizo lo que yo más temía…

	—¡Puto perro, puto perro! —chillaba.

	—¡Puto perro, puto perro! —chillaba sin parar. No se callaba.

	Su carácter de loro pirata malhumorado salió a relucir, vaya que no tenía nada de modales con las visitas.



	Por un momento lo medité. Pensé en que tal vez lo hacía para intimidar, que tal si estaba dejando en claro que el era el jefe. Que inteligente. Como fuera yo tenía que entrarle y regañar a cualquiera de los dos que se pasara de listo. No tenía tiempo así que aunque no me entendieran yo les dejé las cosas en claro.

	—A ver, Ares, tú deja en paz al perro. Y tú, perro, ¿ves ese loro? El es Ares, si le haces algo yo muero, y tu también.

	El perro parecía entender. Pero Ares aunque se calló no se veía lo que digamos contento. Y le hablé más suave.

	—Mira Ares, tú estás con él Capitán, el perro esta conmigo, y te guste o no, soy el encargado de la tripulación y de todo hasta que él regrese, así que no te queda de otra, el perro es buen amigo, no te esta haciendo nada.

	Sentí como que escuchaba. Y también miré alrededor, no quería que de otro navío que pasara por aquél puerto me vieran hablando con un ave y un perro. Terminé de mediar la situación según yo, y enseguida me concentré en el trabajo, tenía que conseguir personas para tripulación.

	En ratos observaba al perro, me caía bien. Ya tan pronto hasta quería ponerle un nombre. Después de meditarlo di con el bendito nombre.

	—Niebla. Te vas a llamar, Niebla, porque llegaste en un día con neblina —le dije y movió la cola, dudo que haya entendido algo pero se alegraba de que le hablara.





LA TRIPULACION

Ares se cuidaba solo, volaba y hacia su santa voluntad, le valía queso casi todo. Curiosamente solo aparecía cuando era algo que él consideraba importante. Pirata al fin de cuentas.

	Ares ahora tenía que escoger entre las opciones que yo quisiera en la pantalla ya que ahora era por internet, supongo que era caro por ser un enlace satelital pero al parecer aquél Capitán tenía dinero. Ares obviamente no sabía leer y tenía que escuchar siempre alguna de las opciones que yo le presentaba sin que se diera cuenta.

	—¡Canal, canal! —chillaba. Y yo buscaba alguna película pero siempre de las que tuviera en mente o que yo quisiera ver y la ponía. De esa manera podría decirse que teníamos mitad y mitad el control remoto. Espero que nunca se haya dado cuenta de que lo engañaba.

	No me gustan mucho las noticias pero a veces le ponía un poco, quizá entendería que vivimos en un mundo cruel, quizá ya lo sabía. Otras veces le ponía chistes con malas palabras, con muy malas palabras, blasfemias enteras, cosas obscenas y yo me reía a carcajadas cuando repetía alguna.

	Me encontraba lavando una cazuela para freír un bistec, cuándo me acordé de Niebla, por supuesto que comería bistec también. Ares tenía buena despensa y siempre un plato lleno con todo lo que le gustaba, su agua, y por orden de Capitán, servirle un poco de ron aparte también, eso debía ser todos los días, cuidaba un loro alcohólico. Quizá por eso era tan altanero.



	Ahora buscaría a la tripulación, pensaba en que si iría yo también y estaríamos varios meses juntos necesitaría buena compañía. El Capitán había omitido algo que sin duda hubiera querido decir, y eso era que de preferencia, tuvieran, pues tuvieran habilidades de.. combate.

	Después de meditarlo decidí probar primero con un anuncio en internet. Puse todo mi empeño en ello. Tenía que incitar a la aventura (y quizá a la guerra, pero obviamente no podía poner eso). Al final el anuncio quedó así:



	“Se busca tripulación para travesías en velero, sueldo justo, alimento y vivienda incluido en el barco. Puesto de cocina Chef o que le guste mucho cocinar, sepa cocinar de todo. También puesto de asistente de navegación. Experiencia no necesaria, solo que le atraiga aprender este tipo de trabajo. Además de ganar dinero, viajarás, navegarás, habrá buen tiempo libre para hacer lo que les guste, tocar algún instrumento, escribir, dibujo, fotografía, etc. Personas interesadas comuníquense para más información".



	Este tipo de empleo atrae personas aventureras y con eso bastaba. Yo me hubiera apuntado. Así que era muy atractiva la oferta porque además de no gastar regresarían con dinero, eso si regresaban.. Chin, si regresábamos más bien. Pero no podíamos poner eso tampoco. Ni mucho menos que el Capitán daba miedo. Y que quizá había oro de por medio. Esas cosas había que omitirlas.

	Después le agregué: “Si conoces alguien que le pueda interesar reenvíale este anuncio”.

	La voz se corrió. Ese mismo día tenía ya mensajes con preguntas. Personas que no sabían lo que les esperaría, no podrían saberlo, ni yo tampoco. Pero ahí estábamos dialogando.



	"No necesitas dinero para hacer arte”. Decía el slogan de una chica que aparecía con el nombre de Zenda. Estaba interesada, se veía más o menos normal y parecía aceptable para el trabajo. Lo mejor de ella fue que no hizo preguntas difíciles y por lo general terminaba contestándose ella sola, lo cual me ahorraba explicaciones pero yo de todos modos le comentaba lo más que podía sobre los detalles. Se veía convencida, solo faltaba que el Capitán aceptara y le diera el visto bueno.



	Todo estuvo listo por fortuna para mí. Lo mejor de todo fue que no tuve que luchar con nadie durante la ausencia del Capitán, al parecer cuando menos en esos rumbos nadie tenía interés en aquel navío. A menudo hablaba con el loro, nos hicimos buenos amigos, aunque Ares solo decía lo más básico y por lo general eran órdenes. Me gustaba imaginar que me entendía todo a la perfección. Terminó cayéndome muy bien el mal educado. Nos llevábamos fuerte pero el comenzó con todo eso.



	A su regreso el Capitán me encontró bastante desprevenido, con la música no lo escuché, y lo peor de todo es que estaba bailando según yo.

	—¡Ya quedó! —le dije lleno de vergüenza.

	—Si ya vi que ya quedó —respondió con sonrisa de burla. Enseguida volteó a ver a Niebla.

	—Hace días soñé con un can. Puede quedarse supongo. Mientras no de problemas ni ladre mucho —esas palabras fueron liberadoras para mi. Temía que no lo aceptara. Yo pensaba en que decir, explicarle, pero me ganó la palabra. Sentí gran alivio de que Niebla pudiera quedarse porque así no tendría que abandonarlo.

	—Pues lo encontré por allá caminando en la jungla y me siguió —le dije señalándole la jungla que estaba en un extremo frente a aquella playa. Niebla se le acercó al Capitán husmeando.

	—¡Bienvenido a bordo! —le dijo el Capitán con entusiasmo. Parecía muy interesado en Niebla.

	—¿Conseguiste la tripulación? —me preguntó.

	—Si, están listos, es un ayudante de navegación, no tiene experiencia. Y una cocinera. Solo hay que llamarlos y decirles que vengan —le respondí.

	—Háblales, diles que la reunión con ellos será mañana a las 5 de la tarde. Y ocúpate de que a esa hora haya dos botellas de ron en la mesa —dijo por último.



	Al día siguiente Zenda fue la que llegó primero. Zenda parecía sin lugar a dudas la típica chica devaluada que hacía intentos sobrehumanos por verse bien y nunca estaba satisfecha con el resultado. Tenía su encanto, pero como ella aún no se daba cuenta, ella misma se lo quitaba. Definitivamente alguien, algún día, tenía que atreverse a decirle que no usara tanto maquillaje.



	El ayudante de navegación abordó después, un joven afroamericano muy buena vibra y muy servicial. Hippie, la persona ideal para este tipo de trabajo aventurero. Los recogí en un punto y los llevé a bordo. Estábamos todos ahí, en la cubierta del navío, esperando al Capitán para la entrevista. Se abrió la puerta de su camarote y me llamó. Fui a su camarote y una vez dentro observé que no estaba solo, ahí estaba lo que mi sexto sentido bien sabía que era… una pirata, una auténtica pirata. Genuina. Lo único que le faltaba era el antiguo disfraz. Lo que la hacía pirata no era precisamente su ropa sino ella misma, el ambiente que irradiaba. Su mortal seguridad. Quien sea podría reconocer esa templanza. El Capitán, sin presentación ni nada sobre ella, comenzó a hablarme.

	—Tu eres el contramaestre —me dijo—. A veces solo te diré a ti que hacer y tú te las arreglas con los demás. Ahora vamos a ver que es lo que tenemos allá afuera.

	Salimos los tres de su camarote y al llegar con los demás, el Capitán despiadadamente comenzó a hablarnos a todos.

	—Bien, partimos en estos días antes de las lluvias —dicho esto los fue examinado detenidamente. Aquello era terrorífico, ponía de nervios a quien fuera. Casi casi los olfateaba.

	—Tú debes ser la cocinera —le dijo a Zenda—, asumo que sabes hacer de todo y que tienes buen gusto. Y enseguida inspeccionó a Yánnick, el joven afroamericano prospecto a ayudante de navegación.

	—Tú eres el de navegación, sin ninguna experiencia, pareces aventurero, vamos a ver si muy aventurero. Te ves fuerte y en forma, espero que así sea también a la hora de guardar o ajustar velas durante alguna tormenta. El Capitán les estaba dejando en claro su supremacía. Era como decirles que debían temerle. Yo aprendí de su frialdad. No estaba de acuerdo en su trato pero esa frialdad nos salvó el pellejo en muchas ocasiones. Otras veces era el ser más buena onda, su estado de ánimo era demasiado mutante.

	—Bien, aquí está su contrato —dijo el Capitán sacando un papel doblado de su bolsillo—, está hecho a la mejor manera que existe, o sea, a la manera pirata. No es un contrato laboral como los que ustedes conocen, esto es algo mejor, se trata de un simple código de conducta que todos aceptan porque es lo más justo que existe.

	—Ya vas a empezar con tus historias —interrumpió la temible chica que de repente aquél día estaba ahí con él.

	—Aquí viene —continuó hablándonos el Capitán fingiendo ignorarla y alzando el papel—, nuestro código de conducta para mantener buena convivencia, así como las operaciones a realizar y el reparto del botín. No se asusten, no vamos a asaltar otros navíos, tómenlo como un juego pero al mismo tiempo lo que viene aquí es en serio. Por botín se entiende su paga. En el código de conducta por ejemplo hay castigos, pero solo por cosas graves, supongamos que desenterramos un tesoro, y alguien roba algo del botín, en tal caso será abandonado o abandonada en una isla desierta o en alguna roca que sobresalga del mar para que se ahogue cuando suba la marea —dijo sonriendo y mirando a la temible chica que le había interrumpido. Ella le devolvió una mirada retadora.



	—Este es el código del Black Bird —continuó explicando—, y aquí dice, como en todo código pirata, que todo hombre, mujer o lo que sea, tiene voto; en todos los códigos piratas esta solía ser la primer cláusula, porque los piratas son personas cansadas de los abusos del sistema de clases. Y como segunda parte de este punto está el derecho a provisiones y ron, en donde si les corresponden podrán consumirlas a voluntad, excepto en ocasiones en que se tuviera que racionar por accidentes o causas de fuerza mayor. Enseguida pasamos al botín, que se repartirá uno a uno por lista. Si alguien defrauda o engaña, ya saben, se le abandonará en una isla desierta. Digamos que por el momento no hay botín, pero hay una paga y a eso nos referimos con botín como ya les había mencionado anteriormente. La siguiente cláusula es que las luces se apagan a las ocho en punto. Si algunos miembros de la tripulación quisieran seguir bebiendo y platicando tendrán que hacerlo en cubierta sin hacer mucho ruido. En la antigüedad el código decía que había que mantener la pistola y sable limpios, aptos para el combate, pero aquí le ponemos mantener su área de trabajo limpia y lista para navegar en todo momento. No se permiten niños en el barco. Anteriormente mujeres tampoco, pero los tiempos cambiaron desde que aparecieron las primeras piratas, Mary Read y Anne Bonny, algún día les contaré su historia, cuando yo quiera hacerlo, no me presionen. Bien, prosigamos, abandonar el barco o quedarse encerrado durante una batalla se castigará con la muerte o abandono. Aquí le pusimos únicamente durante una tormenta, porque en tal caso todos tenemos que accionar o nos hundimos. No se permiten las peleas a bordo. Se pondrá fin en la costa, sin usar armas más que su propio cuerpo. Siendo declarado vencedor quien consiga la primera sangre del rival. No creo que pase algo así entre ustedes pero por si las dudas aquí dice. Los días o tiempos de descanso no pueden ser fijos, que tal si el domingo hay tormenta y nos agarra navegando, en tal caso será un día de intenso trabajo. Pero no se preocupen ya verán como tendrán demasiado tiempo libre, y al anclar en puerto durante varios días también podrán bajar y divertirse, aunque la diversión está más en el agua que en tierra, en fin. También dice que hay una indemnización en caso de cualquier accidente —Enseguida sonrió—. Supongamos que pierden un ojo durante algún abordaje o las dos piernas por un cañonazo, pero no se asusten, bueno supongamos que se caen y se golpean durante una tormenta o por despistados —dijo sin parar de sonreír. Y por su risa así lo tomamos, como un juego, pero el sí lo decía en realidad.

	—Por ultimo, entre las cosas más importantes aquí dice también que hay un premio por acto de sabotaje. En aquellos tiempos por ejemplo un acto de valentía durante abordaje, o para salvar a algún compañero en batalla. En esos casos hay un premio. Aquí nada más pongámosle como valentía durante la tormenta. Y aquí viene la mejor parte, delante de estas botellas de ron y empuñando una daga, ustedes tienen que firmar con una equis, usualmente se supone que debería ser nombre y firma. En aquellos tiempos no todos los hombres sabían escribir ni su nombre y por eso solo ponían una equis. Con eso era suficiente y con eso lo será ahora también.

	—Diles también que algunos han llamado al código como las reglas del diablo, ¿porque no les dices eso? —volvió a interrumpir la chica misteriosa.

	—Oh yo trato de darles confianza y tu los asustas —le respondió el Capitán. Literalmente ellos dos estaban jugando con nosotros. Dio unos pasos y luego se dirigió a todos.

	—Por cierto ella es Naysa. En caso de que yo no esté, ella es la segunda y sabrá decirles que hacer —La mirada de ella era feroz—. Volviendo al tema, tal concepción, eso de las reglas del diablo, seguramente proviene de la iglesia de los antiguos tiempos. Yo digo que son las reglas de Dios porque entre todos las elaboraban y firmaban, además si uno no quería simplemente no firmaba, se bajaba del navío y no pasaba nada. Igual hoy, si alguien no quiere, ya sabe, simplemente no firme y váyase.



	Increíblemente todos firmamos. Ante la botella de ron y con daga en mano. De haber sabido lo que estábamos por vivir con antelación quizá nadie habríamos firmado. Pero paradójicamente, al final, después de los terroríficos hechos creo que nadie nos arrepentimos.

	Por último volteó a verme y me dijo: —Ahora todos los demás asuntos son tu problema. Sugiero que hables con la cocinera, necesitamos alimento para dos meses y tiene que estar a bordo en dos días. Pueden terminarse las botellas.

	Y sin más se retiró a su camarote. Ella, Naysa, la temible chica que le acompañaba, se alejo un poco hacia la borda a ver el horizonte.



	—Bien —les dije yo después de tomar un respiro y un trago de ron—, tienen dos días para conseguir lo que les haga falta. Les sugiero ropa para el frío y calor, en alta mar y en otras latitudes el clima puede cambiar mucho. Bloqueador, impermeable y por ejemplo si fuman compren sus tabacos suficientes, si les gustan los chocolates, dulces y golosinas deben surtírselas ustedes, el menú solo incluye alimento y bebida, piensen bien en todo lo que necesitan.



	¿Que tanto resentimiento puede llegar a formarse en una familia como para que alguien prefiera morir de hambre en la calle antes que pedirle a sus parientes? Yo lo sabía. Y ese era el caso también de Yánnick, el hippie afroamericano ayudante de navegación, que aunque luchaba por aparentar otra cosa estaba a la deriva, Yánnick no tenía ni donde quedarse ni dinero para comer. Nada diferente a mí tiempo atrás. Pero ese tipo tenia algo, tenía un don, obviamente no era la solvencia económica pero era muy servicial y super amable, buena vibra. Sin que nadie le dijera nada ayudo a servir los tragos de ron y a repartirlos. Yánnick había gastado todo lo que tenía en venir, de seguro había vendido algunas de sus pocas pertenencias.



	El Capitán me habló a su camarote. Y ahí le pregunté si se podía darles un adelanto, ya que necesitaban comprar cosas que seguramente les hacían falta.

	—Por supuesto que sí —respondió mientras abría un cajón de su escritorio—, te daré dinero para que les des un adelanto y para los víveres, parece que eres algo bueno para tratar con las personas. Tienes ese don de convencimiento. Mi don es otro, yo uso otra técnica —me dijo mientras acariciaba el mango del cuchillo atado a su cintura.

	—Le aseguro que eso no será necesario —le dije—. Al menos no con ellos. Ni conmigo. No los asuste Capitán —terminé de decirle con cierto atrevimiento.

	—Oh ya verás que hay situaciones en las que lo único que convence es el miedo, el miedo que uno pueda infundir. A ti te hace falta ver más bax —me dijo riéndose. Ahí estaba de nuevo poniéndome en mi lugar. Al menos veía televisión, quizá no estaba tan anticuado como parecía.



	Todo iba bien sin embargo yo tenía intrigas, aquello era demasiada belleza, no le importaban los sueldos que estaba pagando, ¿acaso tenía mucho dinero, o había algo más?, algo que todos excepto él, ignorábamos. Cuando dudas tomas en cuenta una posibilidad más que quizá te acerque a la verdad.



	—Ahora los llevaré a tierra y estén listos para partir en dos días —les dije a Yánnick y a Zenda cuando salí—. El Capitán les ha enviado un adelanto para que compren lo que necesiten.

	Abordamos el bote para ir a tierra y así cada quien poder hacer sus compras y preparativos. Naysa subió al bote y Niebla también de un salto ya estaba a bordo, solo quedó el Capitán y su loro en aquel barco ese día. Mis intrigas me las guardé porque aparte de que ni los conocía bien, ¿que clase de contramaestre sería metiendo sospechas en la tripulación?

	—Ayúdenme a jalar un poco el bote —les dije al llegar a la orilla—. Mañana a las 3 de la tarde nos vemos aquí. Y enseguida me dirigí a Naysa.

	—¿Vas a regresar? ¿Quieres que venga y te lleve de regreso a alguna hora? —le pregunté.

	—Voy a bobear, a perder el tiempo. Yo regreso sola gracias.

	—Está bien —le respondí. Y sin decir más se fue. Que tonto, ella era una mujer pirata. Totalmente independiente que parecía que no necesitaba a nadie. En realidad yo no podía hacer nada por ella más que estorbarle. Pero ahí ando de acomedido.



	Niebla y yo cenamos muy rico aquella noche en mi pequeño apartamento. Inesperadamente y por primera vez pegó un brinco a mi cama, había tomado confianza, se acostó y le di lo que sin saberlo yo, eran las primeras caricias que él recordaría de un ser humano. Ya no había vuelta atrás en nuestra relación. Ni modo. Ahora querríamos estar juntos hasta el fin. A pesar de que yo había decidido ya no tener perros aunque fueran las mejores compañías que este mundo haya creado. Al final uno tiene que verlos morir o al revés. Uno los tiene y eso es maravilloso, pero si por cualquier razón uno no puede cuidarlos y se tienen que separar, teniendo que depender de otras personas, será puro sufrimiento para las dos partes a partir de ese momento y hasta el día de su muerte cuando les llegue a cada uno. Hasta el último instante. Algo parecido a tener hijos, si uno no puede tener garantizada y asegurada una buena vida al lado de ellos, ¿valdría la pena considerar esperar para tenerlos mejor?





ZARPAMOS

—Espero que no sea mucho peso —dije cuando el Capitán quizo revisar el cuarto de alimentos, habían pasado unos días, todo estaba a bordo.

	—Oh no te preocupes, este caracol puede llevar mucho más peso —respondió entusiasmado.

	—La tripulación debe estar bien alimentada para que todo funcione —le dije tratando de justificar todo lo que había comprado.

	—Yo sé lo que es casi morir de hambre y aún así tener que luchar —dijo.

	Permanecimos en silencio. Definitivamente yo no había vivido esos horrores bajo los cuales parecía que estaba edificado aquel ser. Tampoco quería tener que vivirlos. Haría todo lo posible por evitarlos.



	Niebla comía mucha carne, más que yo. Le compré dos costales de croquetas pero al parecer las croquetas solo eran su botana. Yo solo quería que ojalá así fuera siempre, que nunca pasara hambre. Ares estaba bien atendido, a veces Naysa le daba de comer y otras veces el Capitán. Dios los hace y ellos se juntan, los maleducados con los maleducados, así parecía.



	—¿Capitán cual es su nombre? —le preguntó Yánnick inocentemente. Todos estábamos en cubierta. Ni yo sabía como se llamaba, no me había atrevido a preguntarle. Su respuesta fue amable, aunque únicamente yo sabía que eso era amable.

	—Capitán es mi nombre —respondió con una seguridad total.

	—El es así —dije yo enseguida. Tenía que intervenir. En ese momento supe que estas cosas eran parte de mi trabajo también.

	Al cabo de unos minutos el Capitán tomo un altavoz que había en la cabina y enseguida le habló a Ares.

	—Ares, ¿hay algo que le quieras decir a la tripulación?

	—¡Cobardes, cobardes! —chilló el pajarraco. Todos reímos. Y sin más, el Capitán todavía con el altavoz en la mano sugirió partir.

	—Leven ancla, desplieguen velas. Este es un buen momento para partir —se escucho su voz en el altoparlante.

	—Aguante Capitán —dijo Yánnick—, ¿como se hace eso?

	—Oh, cierto —respondió el Capitán mientras Zenda y Naysa se reían—, olvide que tengo que mostrarles cómo. Para levar el ancla denle vueltas a ese mecanismo de allá, jalen la palanca para que desatore y cuando suba se afianza en ese compartimiento de ahí. Esa vela quítenle los broches y luego jalen esta polea hasta que se estire toda pero primero se aseguran de que la cuerda del travesaño este bien sujeta para que no gire y enseguida la orientaremos según el viento y el rumbo —Yo le entendí un poco pero Yánnick no entendió nada, el Capitán nos hizo a un lado y observándolo aprendíamos.

	En cuestión de algunos minutos reinaban los ánimos generales. Navegábamos.





EL.. ALTERCADO. POR LLAMARLO DE ALGUNA MANERA SUTIL

La tierra firme se veía lejos, hasta que se convirtió en nuestro horizonte. Comenzábamos a observar cuan al revés son todas las cosas allá, en el fin del mundo. Nos pasamos la vida viendo hacia el horizonte del mar pero una vez que estamos allá nos pasamos el tiempo viendo hacia tierra firme.

	Naysa tenia un costal de boxeo y todos los días en la noche Yánnick tenía que colgárselo del travesaño y quitarlo por la mañana, todos los días lo golpeaba un rato antes de dormir y al levantarse. Para ella eso era como lavarse los dientes. Y tan solo de escuchar aquellos golpes en combo hacía que nadie tuviéramos ganas de contradecirla.

	Niebla jugaba con todos, parecía que no se mareaba, se veía contento. En fin, yo pensaba en que ya tendría tiempo de correr por la arena y remojarse en el mar cuando desembarcáramos. Y sería más feliz todavía.



	Era común ver lanchas todos los días en esas latitudes a lo lejos. Estábamos algo cerca de la civilización. Aquél día esperábamos los vientos cuando divisamos un bote de motor, algo normal. Pero éste tomaba un rumbo acercándose a nosotros. Hasta que ya se veía inminente que venía con nosotros fue cuando corrí al camarote del Capitán para avisarle.

	—Capitán, parece que se aproxima un bote por allá —le dije aproximándome a su ventana para indicarle.

	—Malditos —dijo el Capitán después de haber observado con sus binoculares, y volteó a ver a Naysa.

	—Ve a ver que quieren —me dijo.

	—Y tengamos listas las armas —le dijo a Naysa.

	—Okey, no creo que sea nada malo —respondí.

	—Oh no has visto nada. Anda, yo me encargo de todo —me ordenó.

	Salí de nuevo a cubierta y distinguí a tres hombres uniformados, pero había algo raro. Se acercaron hasta navegar paralelos a nuestro navío a escasos metros y se sujetaron a el con una soga, sin consentimiento nuestro.

	—Buenos días, ¿podrían mostrarme sus permisos por favor?, somos de inspección.

	—Si, espéreme un momento —respondí y fui al camarote del Capitán para informarle.

	—Que son de inspección y quieren ver los permisos —dije agitado al entrar.

	—Oh sí esa historia ya me la sé, si no tenemos los permisos de navegación amenazarán con llevarse el navío —Tomó la botella de ron de su mesa y le dio un gran trago.

	—Buen punto, entonces solo quieren dinero —Agregué enseguida.

	—No, esto es como un tipo de asalto moderno, con amenazas —dijo—. Buscarán cualquier pretexto, cualquier cosa que falte. Y en caso de que sí tengamos bien los permisos enseguida inventarán que hay algún reporte y nos detendrán para revisarnos. Cuando encuentren las armas tendrán entonces el modo de robarnos lo que quieran y no podremos hacer más que luchar en desventaja o dejarnos robar. Esos cobardes no son de inspección, es un disfraz para no llegar a la antigua usanza. Se están haciendo pasar por la autoridad, usurpando uniformes. Pero se ven raros, algo no cuadra. Pero para piratas aquí el único pirata soy yo —dijo con un tono que al final irradiaba ira.

	—Salgo yo, y tu sabrás bien cuando salir —le dijo a Naysa.



	Técnicamente el Capitán tenía razón. Oh qué si no había yo vivido eso también. Era lo mismo, igual de “diplomático” que en los tiempos antiguos. El Capitán ya había dado media vuelta y estaba saliendo a cubierta. Yo lo seguí con miedo. No dio tiempo de nada. Ahí estaba de repente apuntándoles con un arma de fuego.

	—El que intente sacar su arma se muere —les dijo.



	Naysa salió apuntándoles con un rifle. Fue como si el Capitán y ella estuvieran conectados por telepatía, fue tan rápida, como si se tratase de algo que hubiera nacido haciendo.

	A pesar de que el Capitán lo dijo tan seriamente, y aún después de ver a Naysa con el rifle apuntándoles, uno de aquellos infelices se atrevió. Se escuchó un disparo, luego un gruñido de Niebla. Yo me cubrí. Escuche un grito, después otro disparo. Enseguida se escucharon los tres hombres implorando perdón. Me incorporé un poco para ver. El Capitán ya había abordado su bote.

	—¡Aquí el único que roba soy yo! —les gritaba.

	—Vengan, aborden y átenlos —nos dijo. Sus palabras exigían la más pura obediencia.



	¡Oh por Dios! Niebla estaba en el piso, estaba herido. Pero fue hasta más tarde cuando supe bien lo que había pasado. Había saltado sobre ellos. Y le habían disparado.



	El infeliz que quedaba con vida imploraba perdón.

	—Un pirata no pide piedad —le dijo el Capitán.

	—Tomen todo lo que quieran de ellos, es suyo —nos dijo el Capitán—. Ellos venían a robarnos y ahora saldrán robados. Les advertí muy bien que si sacaban sus armas morían.

	Nadie se atrevió a tomar algo, excepto Naysa, que tomo un arma de aquellos hombres y se la fajó como si fuera lo más natural del mundo. El pobre impostor que quedaba con vida exhalo su ultimo aliento.

	—¿Y ahora que vamos a hacer? —pregunté en cuanto el miedo me lo permitió.

	—Ahora hundimos su bote.

	—¡No!, no podemos hacer eso —gritó Zenda.

	—Si no lo hacemos vendrán más a investigar, pero si se van al fondo nadie sabrá que les pasó —dijo el Capitán.

	—Tristemente eso es cierto —dijo Yánnick.



	La frialdad del Capitán era muy simple. Nadie dijo nada más. Yo fui con Niebla. Zenda estaba acariciándolo, estaba herido acostado. Desde ahí observamos como Naysa golpeaba con una barra el suelo del bote de aquellos hombres que habían pasado a mejor vida sin duda. El Capitán amarró sus cuerpos con sogas al cuello y amarró la sogas al bote. El agua comenzó a brotar y a inundar el bote. Se irían hasta el fondo y solo quedarían sus esqueletos colgando.



	Zenda, Yánnick y yo, no podíamos creerlo. No éramos esa clase de personas. Por último Naysa desató su bote del nuestro y lo empujo con el pie. Yo examiné con cuidado a Niebla, si, tenía un balazo.

	—Ven —me dijo el Capitán.

	Una vez en su camarote no decía nada. Solo cargó su pipa de tabaco y exhalaba humo. Yo solo pensaba en que Niebla estaba herido, por valiente, por intentar salvarnos. Era momento de que yo fuera valiente por el.

	—Niebla está herido de bala, necesita un hospital. Por favor hay que ir a tierra ya mismo —dije consternado y rompiendo aquél silencio por fin.

	—Está bien, cambia el rumbo —y esas fueron todas sus palabras. Sentí un gran alivio. Salí y le pedí a Yánnick que trajera un analgésico para el dolor para dárselo a Niebla.

	—Cómetelo, te dolerá menos —Abrí su boca y puse la pastilla.





RESISTE

—Resiste Niebla —le decía mientras lo acariciaba, llevaba horas así. En tierra ya había una veterinaria esperando. Habíamos buscado por internet en la zona, y logramos encontrar a una veterinaria disponible, además se mostró interesada en ayudar, le había mandado una foto, lo que aumentó su disposición. Nos indico por teléfono que hacer y que analgésicos podíamos darle. Se interesó tanto que dijo que no lo bajáramos porque el traslado podría lastimarlo y además se estresaría más, que mejor la lleváramos a ella al barco y ahí lo operaría de emergencia.



	Por fin el velero se acercaba a la costa, esa veterinaria si que estaba haciendo buen trabajo, ya venía en una lancha acercándose. Le había dicho por teléfono que le pagaríamos todos los gastos generados, que consiguiera una lancha para que la trajera a bordo en cuanto nos vieran y que pagaríamos todo en ese momento al llegar. Eso hacía todo más rápido. Ella ya estaba esperando y en cuanto vio nuestras velas llamó para preguntar si éramos nosotros. Yo ya tenía la sala común lista como quirófano. Operarían a Niebla en la mesa de la comida, ahí lo acosté y nadie dijo nada. Y pobre del que lo hiciera, así fuera el Capitán. Niebla nos defendió y ahora era momento de ayudarlo y defenderlo. No todo mundo entiende la relación suprema que a veces se da entre un perro y sus acompañantes.



	La Doctora trataba a Niebla como yo mismo lo hubiera hecho si fuera veterinario. Yo fui su asistente aunque no sabía ni operar ni extraer balazos. Yánnick se quedó ahí también ayudando, Zenda se quedó afuera, no quería ver. La veterinaria sacó la bala, y después de observar y examinar hablo por fin.

	—Estará bien, vivirá. ¿Puedo preguntar su historia?

	Le conté la historia mientras cerraba la herida, de cómo fui a la jungla a caminar y ahí nos conocimos y me siguió.

	—Es un perro muy lindo —dijo Yánnick.

	—Oh perdón. ¿No lo saben? —dijo la veterinaria— Niebla, a menos que me equivoque, bueno, no estoy del todo segura que sea un perro, y no se si sean mis nervios también, pero tiene mucho parecido al lobo, ya he atendido lobos en un zoológico y este es muy parecido. Pensé que ustedes me sacarían de la duda.

	—¿Que? —Yo abrí los ojos como platos. Con razón mostraba tanto interés desde que vio la foto.

	—No se, no estoy segura, está muy raro, tiene pinta de lobo —dijo de nuevo.

	Yánnick y yo estábamos asombrados. Ya viéndolo bien si parecía lobo. Aquello nos dejó perplejos. ¿Un lobo?

	—Si no tienen donde dejarlo yo me lo llevo.

	—Yánnick y yo nos negamos con la cabeza.

	—Lo sé, solo quería estar segura. Se ve que lo quieren. No me interesa saber como fue que recibió un balazo, solo cuídenlo dijo y se dispuso a recoger sus instrumentos.



	Yo no me atrevía a preguntarle cuanto le debíamos y tampoco quería poner a aquella buena persona en ese dilema, así que le di unos billetes, lo que creí más que suficiente y algo extra. Estuvo de acuerdo.



	Por orden del Capitán comenzamos a navegar de nuevo, teníamos que alejarnos rápido de la zona cuando le envié un mensaje a la veterinaria que decía: “Niebla se abalanzó sobre unos asaltantes para defendernos, muchísimas gracias por su gran ayuda”. Ella debía saberlo.

	—Guau —escribió.

	Y agregué después: “Por favor en caso de que sea lobo, no le comente de su existencia a nadie. Niebla por alguna razón desconocida quiere estar aquí, siempre anda libre, baja y siempre sube de nuevo al barco. En el momento que quisiera irse se iría, de hecho no conoce las correas, nunca ha estado atado, y me aseguraré de que nunca lo esté”.

	—Está bien, solo me gustaría volver a verlo, algún día cuando estén cerca. Observarlo es algo fantástico —dijo en un audio.

	—Yo le aviso si estamos por aquí —le contesté—. En su defecto le mandaré fotos, pero por favor no diga nada.

	—Muchas gracias. No olviden cambiar el parche, las vendas y desinfectar la zona. Si notas que siente dolor dale analgésico. Me mandas fotos y yo te digo cuando quitar las puntadas —respondió por último. Aunque en realidad yo era el que estaba agradecido.





DESERCIÓN, TODO SER HUMANO TIENE UN PRECIO

Todos dudábamos menos Naysa y el Capitán. Se percibía deserción en el ambiente, y no era para menos después de tan dramático suceso. Nadie nos dijo que teníamos que pasar asaltos ni que había que matar para defenderse. Ninguno queríamos continuar, definitivamente no queríamos volver a vivir lo mismo. Necesitábamos respuestas. Así que fui a hablar con el Capitán.

	—Puedes hablar con franqueza, ¿que piensas? —me preguntó el Capitán cuando estuvimos solos en su camarote.

	—Pues, la tripulación tiene miedo, se les notan las ganas de irse. Perdieron los ánimos.

	—¿Y que sugerirías? —me preguntó, yo tomé aire, imaginaba que él tenia una respuesta o un plan. Sentí que solo me estaba poniendo a prueba.

	—Quizá sería prudente juntarnos todos, escuchar lo que digan y a ver que pasa —le dije.

	—Si, algo así, lo que propones es un parlamento. Pero lo haremos a mi manera, llámalos a todos —dijo mientras buscaba el tabaco para su pipa.

	Una vez reunidos todos en su camarote vaya que su manera fue memorable. El Capitán sin preámbulos tomó un bolso, lo abrió y sacó oro. Me dio un puño de oro, y enseguida llenó las manos de todos los demás con un puño de oro. Hasta que terminó habló.

	—Son las últimas piezas que quedan, voy por más. Ahora ya saben porqué están aquí. Me ayudan a sacarlo y una vez de regreso en puerto son libres. Libres y con diez veces más oro del que tienen en sus manos.



	Nunca creí en el viejo dicho de que todo ser humano tiene un precio. En ese momento nos estaban comprando a todos, y todos nos vendimos tan fácil, tan gustosamente, como un tierno gatito al que le sirven un plato de leche. Estábamos convirtiéndonos en piratas. Tal vez haríamos cosas que nunca habíamos hecho por más de ese oro reluciente que teníamos en las manos, cosas inimaginables, terribles. Y lo peor es que estábamos de acuerdo. Solo vivimos aparentando ser santos, pero en los hechos, siempre y sin excepción, somos todo lo contrario.

	No importaba nada más que conseguir ese oro. Lo queríamos.

	—Bien —dijo el Capitán—, ahora modificaremos nuestro código a como debe ser, tomó un bolígrafo, desdobló el papel que estaba en su escritorio y le garabateo algo.

	—Ya está, solo cambia en el apartado del botín, aquí ya dice diez puños de oro. Preparen el ritual para firmar.

	—Yo voy —dijo Yánnick. Salió y regresó con un cuchillo y una botella de ron. Todos firmamos.

	—¿Y exactamente que haremos? —pregunté al Capitán.

	—Haremos una breve pausa en puerto. La tripulación necesita divertirse, despejarse. Después partiremos con más ánimos —Con eso que dijo debíamos entender que no había que hacer más preguntas. Ese Capitán sabía bien lo que el mundo quería. No importaba si estuviera bien o mal, sino que era lo que queríamos.



	—Y una vez en puerto a dónde quieren ir? —pregunté yo a la tripulación. Se quedaron pensativos. Yo pregunté porque ya tenía una respuesta. La que todos querían pero aún no llegaban a esa deducción. Nadie decía nada.

	—Bueno yo les diré, vamos a un centro comercial, donde haya tiendas, de compras, después a cenar, y a un bar a celebrar.

	La idea era genial. Por supuesto que fue aceptada.





LA FIESTA

Esas monedas, había un comprador que las pagaba a precio competente por el diez por ciento. Además valían históricamente, si su peso en oro ya valía muy buen dinero, históricamente todavía más. Las compra el señor Haley, quien sin problemas viene por ellas con el dinero, discretamente y sin levantar sospechas innecesarias.



	El señor Haley dudaba al principio. Tenía que viajar de la ciudad al puerto, con un maletín lleno de dinero. Dejó de dudar cuando le envíe muchas más fotos de las monedas, de cerca, de lejos y de todos los ángulos y distancias. Y ahí estaba, con un maletín lleno de dinero. Pero más dejó de dudar cuando vio al Capitán que sin miramientos le dejó todo en claro.

	—Mire, señor.. Haley —le dijo el Capitán—. Responderé a todas sus preguntas sin que tenga usted la necesidad de formularlas. Este oro originalmente fue encontrado en el mar. Si el navío que naufragó lo había robado, o si fue hundido, o lo que sea, eso a nadie le debe importar. Usted lo compra y lo vende, al comprarlo es suyo, así que invente una buena historia por favor en la que nosotros no tengamos nada que ver, o simplemente dígales a sus compradores que que les importa, usted solo pregúnteles si lo quieren o no lo quieren.



	Yánnick, Zenda y yo juntamos nuestros puños de oro en uno solo y tuvimos que contar el dinero para repartirlo. Era la primera vez que contábamos tanto, y lo mejor de todo, era para repartírnoslo todo entre nosotros tres.



	Y caminamos diferente, juro que caminamos diferente. Nos sentíamos casi casi super héroes entrando a un centro comercial. Al mismo tiempo no sabíamos ni que comprar. Nos costaba trabajo hacernos a la idea de que teníamos suficiente, y de que tendríamos más. Si, perdimos totalmente el rumbo de nuestras vidas.

	Comimos gordos cortes de carne en un fino restaurant. Al fin éramos ricos. El detalle era que quien sabe que carajos tendríamos que pasar para conseguir el demás oro prometido. Había que vivir la vida mientras tanto tratando de ocultar nuestra intriga interior.



	Después de platicar o más bien dicho discutir y contradecirnos un rato, acordamos ir a un lugar donde hubiera rock en vivo. A Yánnick y a mi nos gustaba el rock así que le ganamos por mayoría de votos a Zenda.

	Ya estando en el bar, el rock en vivo estaba a todo lo que daba, “meleneabamos” nuestras cabelleras mientras pedíamos cervezas y más cervezas.



	—¿Porque no les haces caso?, son bonitas, ademas les gustas —me dijo Zenda. Había tres chicas en la mesa contigua que nos lanzaban miradas. Zenda también lo había notado, las mujeres entre ellas se conocen y no se pueden engañar, piratas todas. Sin más le dije toda la verdad a Zenda.

	—Pues básicamente me estoy vengando. De pobre y mal vestido nunca me hicieron caso. Ahora bien vestido con ropa fina por supuesto que me ven diferente. Y ahora va la mía. Se siente mejor rechazar que rogar —le dije. Podía ser honesto con ella ya habíamos convivido lo suficiente.

	—Oh yo si se da algo no me niego —interrumpió Yánnick.

	—Eres un patán —le dijo Zenda.

	—Todos lo somos, salud por todos los patanes —dijo Yánnick muy alegre y riéndose. Zenda volteo a verme con esa cara de disgusto pero que en el fondo no podía ocultar que la estaba pasando bien. Era una doble cara, todos lo somos.

	—¿Y tú Zenda? —le preguntó Yánnick —A ver, tú que onda, hay tantos chicos aquí.

	—Oh yo sabré es mi problema.

	—¿A verdad? —le respondió Yánnick con aire triunfal.



	Duramos un par de horas ahí. Escuchamos música y cantamos, con unos tragos a quien sea le sale lo artista. Queríamos divertirnos un poco juzgando a la gente. Compitiendo con los demás por ser “mejor” persona, o persona más exitosa, más educada, más fina. Alguien tiene que admitirlo. Negarlo sería mentira.



	Salimos de ahí cayéndonos de borrachos, ayudándonos entre los tres a caminar, a como pudimos llegamos a cenar unos tacos y abordamos un taxi.

	—Dichosa tú, en medio de dos varones —le dijo Yánnick.

	—Menso —le respondió Zenda— ¿ya quisieras que fuera al revés verdad?

	—¿Al revés como?

	—Pues tu en medio de dos viejas —le respondió Zenda.

	—¡Ah claro! —dijo Yánnick— es el sueño frustrado y perverso de todo hombre y de toda mujer, aunque no lo puedan admitir abiertamente.



	Caimos a dormir como angelitos. Al día siguiente y con dolores de cabeza terribles le contábamos al Capitán y a Naysa como la habíamos pasado, mientras tomábamos café con ron.

	—Deberían de venir algún día, divertirse —les dijo Zenda.

	—Yo me divierto dando filo a mis cuchillos —El Capitán por lo regular cortaba de tajo todo intento de amistad o de cercanía que alguien le hiciera.



	Me llegó un mensaje de la veterinaria que atendió a Niebla, fue tan interesante que se los leí tal cual a todos en ese momento:



	“Que tal, gracias por la foto. Niebla se ve muy bien y feliz. Te comento que ya se porque quede tan fascinada por él. Su aspecto es tan lobuno que he investigado por mi cuenta y creo que ya di con la verdad. Es algo poco conocido por ser algo nuevo en la región. Resulta que descubrieron una raza que apareció de forma natural al darse cruces entre perros endémicos de la zona con el lobo gris.

	Es una nueva raza de perro destacada por su similitud con los lobos obviamente, acercándose mucho al canus lupus en tamaño y complexión, su color puede variar, algunos su pelo puede ser blanco por ejemplo. Es un can-lobo, o perro lobo. Entonces para finalizar, Niebla es un híbrido natural. Por eso estaba en la jungla. Se trata de un perro-lobo que la naturaleza ha creado sin que el ser humano intervenga. Hay otras cruzas y razas en que el hombre si ha intervenido, combinando el porcentaje de ADN de perro y otro tanto de lobo. Por lo general los híbridos de dos especies creados por humanos son estériles, no pueden reproducirse. Pero Niebla es natural así que tiene probabilidades de que si pueda.

	No tienen porque preocuparse, no es nada ilegal, y pueden enseñarle a ser mansito. En realidad él puede ser tan tierno como feroz depende como lo traten y del carácter que vaya formando. Bueno, espero volver a ver a Niebla algún día, saludos a todos”.



	—Así que como ven?, tenemos un perro-lobo a bordo —les dije cuando terminé de leer. Todos parecían fascinados. Volteamos a ver a Niebla.

	—Tú, lobo —le dijo Yánnick—, no hagas caso, tu sé feroz cómo eres y que te valga. Todos nos reímos. Estuvimos de acuerdo. Niebla era listo, no necesitaba ser amaestrado ni domado. ¿Porque querríamos encerrar a un león cuando ese león nos amaba? Además allá, en el fin del mundo, uno tiene que estar preparado.

	—Al menos no le gusta comerse la carne cruda. Así que no nos comerá a nosotros —dijo el Capitán.

	—Además Niebla solo ha peleado una vez y fue para defendernos —dije yo en su favor.

	—Es un buen guerrero —comento el Capitán de nuevo observándolo—. Un guerrero que no necesitó ordenes, ni siquiera nunca ha necesitado un regaño.

	—El soldado perfecto para un tirano —dijo Naysa—. Lo bueno que está con nosotros.



	Pero, ¿que tal si algún día luchábamos entre la tripulación? ¿a quién ayudaría Niebla? Los que fueran listos debían hacer puntos con él para ganárselo. No dije nada sobre eso. Me convenía ser su principal amigo y reservarme ese pensamiento por si las dudas. Me estaba convirtiendo en un aspirante a pirata a fin de cuentas.





PREPARANDO EL ATRACO

Al día siguiente hubo un parlamento, el Capitán nos reunió pero esta vez fue Naysa la que comenzó a hablar.

	—Bien, esto es lo que pasará. Hay un lugar donde esta el oro pero en ese lugar hay personas. Esas personas no saben que donde están hay oro. El oro esta ahí desde hace mucho tiempo. Fue enterrado. Con el tiempo, los terrenos que no tenían dueño pues tuvieron dueño. Debemos, deshacernos de esas personas para sacar nuestro oro.



	Todo estaba excelente menos lo último que dijo, deshacernos de personas. El Capitán cargaba su pipa de tabaco, la tripulación no estábamos tan despreocupados como él, había una pregunta en el ambiente que nadie nos atrevíamos a decir hasta que Zenda habló.

	—Como.. ¿como nos deshacemos de ellos? ¿Tenemos que matarlos o cómo haremos eso? —Yánnick y yo pelamos los ojos, nunca imaginamos que Zenda fuera a decir tal cosa. El Capitán exhaló una buena bocanada de humo y enseguida intervino.

	—Sería lo más fácil pero hay una cuestión. Esas personas no están ahí porque sepan que hay oro. Son inocentes. Podremos ser malos, muy malos, pero tampoco matamos gente inocente a menos que nos ataquen. Intenté comprar el terreno pero se negó el dueño. Si. Ustedes tendrán que llevar armas y apuntar. Y en caso de ser necesario, usarlas. Si alguno no quiere puede irse, éste es el momento.

	—Yo no estoy seguro de que pueda hacer eso. Ni siquiera he disparado un arma —Yánnick había hablado por toda la tripulación—. Pero no me mal entiendan, yo si iré, con todo y riesgos. Nunca he sido feliz y además he sido pobre toda la vida, en todos los sentidos en que alguien puede ser pobre. Dicen que aún en la pobreza alguien puede ser feliz. No ha sido mi caso. Yo nací pobre, he vivido pobre, y si tengo que morir pobre que sea de una vez. No tengo nada que perder, así que en realidad yo me estoy arriesgando a vivir porque muerto ya he estado siempre. Total, la suerte no me conoce, pero si me conociera y me hago rico seré un infeliz pero sin hambre. Yo he vivido al día, jornadas enteras por un solo billete corto, tomando agua de los grifos porque un garrafón de agua era caro para mi. Prefiero estar muerto que seguir así hasta el fin de mis miserables días. Me arriesgaré. ¿Además de que me perdería? ¿de ser empleado?, muchas veces he pensado que sería mejor morir de inanición.



	La honestidad del discurso de Yánnick nos dejó perplejos a todos.

	—Él es un pirata en potencia —le dijo Naysa al Capitán.

	—No creo que mueras Yánnick —le dijo el Capitán—. ¿Cuando te hagas rico que es lo que harías con tu parte?

	—Aparte de perderme un poco en el vino y en las drogas, no lo sé, quizá podría llegarle al precio a alguna de las chicas más hermosas del mundo. Haré orgías. ¿No soy buena persona verdad? Oh si, se que no merezco nada, ni siquiera morir, estoy maldito, para mi solo hay miseria hasta el último aliento.

	—Hablabas de ser empleado —le dijo el Capitán sin tratar ya de ocultar su interés—, cuéntame sobre los empleos que has tenido.

	—Pues soy experto en eso —comenzó a hablar Yánnick como si fuera algo que ya tenía formulado desde hace mucho—. Todo empleo se trata solo de una cosa: Que yo trabaje como burro para que el dueño gane sentado detrás de un escritorio con ventilador. El mundo es así de cruel pero se espantan de las orgías. Por si fuera poco el estar esclavizado a cambio de una burla de pago, debes soportar también regaños y aguantar gritos. Súmale a eso que cualquier falla se te culpará de todo aunque no hayas tenido nada que ver, y debes aceptarlo con gusto, felicidad y hasta gratitud. Si me pagaran los jefes por cada vez que me humillan yo sería millonario. Y todavía aparte de maltratar quedan a deber una parte de la poca paga que con gran pesar sueltan porque es lo que acordaron a su conveniencia por supuesto. ¿Donde la vieron? Pues es lo que se ve mayormente en el mundo.

	—Efectivamente como dice Naysa eres un pirata en potencia —le dijo el Capitán—. ¿Quieren que les cuente la verdadera historia de los piratas? Esto amerita una ronda de ron, sírvanse y pasen la botella.

	La cosa se estaba poniendo buena así que eso hicimos, nos servimos ron, encendimos cigarros y nos pusimos cómodos, con el tiempo amábamos sus discursos y todo lo referente a esas historias. Y el Capitán comenzó a contarnos.

	—En los viejos tiempos hasta algunos soldados se ofrecían mejor como voluntarios con los piratas, después de haber servido como marinos, porque ahí los Capitanes y oficiales dirigían a sus hombres como si fueran esclavos. Los Capitanes robaban para sí mismos, malditos muertos de hambre, inconscientes, se llevaban lo mejor de la comida a sus camarotes mientras sus hombres pasaban hambre, a plena luz y detrás de la bandera de su nación, incluso golpeaban o azotaban a los marineros a su antojo si los consideraban algo rebeldes y sin más juicio que su propia vanidad. —El Capitán volvió a encender su pipa y después de exhalar su bendito humo prosiguió—. ¿Porque se unieron? Explicarlo es muy sencillo, porque todas esas atrocidades simplemente eran imposibles en una tripulación pirata. Y como piratas serían libres, solo tenían que seguir un sencillo código que por cierto era para todos sin distinción. Algo parecido al que ustedes firmaron.

	Eran hombres descontentos —hizo una pausa para beber—, descontentos con el ejército de aquella época que desertaban y mejor se enlistaban como piratas, ¡bah! pero eso es normal, se los diré con mayúsculas: EN LA ÉPOCA DE ORO LOS ESCLAVOS Y NEGROS TAMBIEN PREFERIAN UNIRSE A LOS PIRATAS PORQUE SOLO AHI PARTICIPABAN COMO IGUALES EN LA TRIPULACIÓN, IGUALES EN LA REPARTICIÓN DEL BOTÍN Y ALIMENTOS. SOLO AHÍ TENÍAN VOTO. SOLO AHÍ PODÍAN ASCENDER RÁPIDAMENTE DE PUESTO SEGÚN SU CAPACIDAD, SIN IMPORTAR SU ORIGEN NI SU RIQUEZA O SU POBREZA, NÍ NADA MÁS.

	 En fin —continuó contándonos el Capitán—, los piratas era una poderosa mezcla heterogénea de razas, se formaron entre oficiales resentidos, esclavos, vagabundos, personas pobres, rateros y otros ricos de abolengo, pero rebeldes. Gente catalogada como lo peor del mundo, personas que no merecían nada por no obedecer aquello que era injusto, se unieron para liberarse de la opresión. Unos se establecieron sobre el agua en navíos y otros en las junglas, formando sus propias tripulaciones y comunas. Ahí lograron desarrollar una vida libre y crear zonas autónomas donde estarían fuera del alcance de reinos y gobiernos.

	—Anarquistas —dijo Naysa.

	—Exacto, enclaves piratas, proto-anarquistas, donde la vida y las relaciones interpersonales eran muchísimo mejores. “Anarquía es orden” dijo el filósofo Pierre-Joseph Proudhon, pero el mundo no le hizo caso. Los Piratas estuvieron completos cuando se comenzaron a sumar todos los negros que se atrevían a huir de la esclavitud, escapaban de las plantaciones y de sus crueles amos terratenientes, todos llegaban corriendo como abejas a un panal que no tenía reino.



	Yánnick solo se servía más ron, escuchar algo de esa historia de los negros, narrada por el Capitán debió removerle hasta las hélices de su ADN. Yánnick era totalmente afroamericano, negro. Una raza malamente hecha inferior a fuerzas, para ser utilizada y controlada. Una raza maestra, aborrecida por eso mismo por los ricos blancos finos, y otros no tan finos de la época. Así que por las venas de Yánnick literalmente corría más venganza que sangre. Por fin se pondría buena la balacera y había oportunidad de que fuera a su favor. Para Yánnick era preferible morir en el intento que volver a una vida infrahumana y eso que los tiempos ya eran otros según eso, y que el racismo ya se terminó y que la esclavitud ya se abolió, patrañas, solo es más refinado, más confuso. Recuerdo bien como había llegado Yánnick, apenado, con una sandalia de una y otra de otra. Si ganábamos, y si sobrevivía, con su parte de aquél oro podría por fin humillar a todos aquellos que lo habían humillado. ¿Quien no piensa en venganza? Una cosa es que uno no lo pueda admitir públicamente y otra muy diferente sucede cuando pensamos en soledad.



	—Como les decía —continuó hablando el Capitán—, había la oportunidad según la capacidad. Y como ustedes hoy en día acostumbran decir, si eran chingones, podían llegar a ser Capitanes.

	—¿Chingones cómo tú Capitán? —Naysa lo interrumpió totalmente soltando tremenda carcajada, escupió el ron de la risa. Ni siquiera intentó evitarlo, le salió natural, solo ella era tan temible como para semejante atrevimiento. Los demás solo abríamos los ojos. El Capitán le lanzó su temible mirada, solo eso bastaba. Y enseguida continuó hablando.

	—Ustedes deciden si quieren ese oro. Quién no ha usado armas es tiempo de que aprenda. El plan es no matar a esos hombres, pero no aseguro nada, el plan es someterlos e inmovilizarlos, ya dependerá de ellos vivir o morir. Si son tontos se resistirán y morirán, si son listos se rendirán, entonces sacamos nuestro oro y nos vamos.

	—¿Eso de inmovilizarlos exactamente como sería? —Zenda interrumpió.

	—Será de la misma manera como se atrapa un pez, con anzuelo y carnada, y ya que lo mencionas tú serás la carnada.

	—¿Yo seré la carnada? —Zenda estaba ahora si conmocionada, por no decir asustada.

	—Si, tú.

	—¿Y yo porqué?

	—Porque eres mujer y ahí hay hombres —Tenía razón el Capitán.

	—¿Y porqué no va Naysa? Ella sabe pelear. Hasta fácilmente podría con todos. —Zenda tenía razón en eso.

	—Mira, necesitamos una mujer que no solo los atraiga, sino que les de confianza y los lleve de ahí a otra parte. Naysa y yo tenemos que estar preparados allá y someter a varios hombres. A menos que quieras cambiarle el lugar y estar lista para luchar. Nadie más puede, tú eres mujer y a los hombres les gusta ver.

	—Y que quiere que haga ¿que me desnude?

	—Eso funcionaría a la perfección —le respondió el Capitán—, pero quizá con que seas provocativa sea suficiente. Solo tienes que ir a la playa y seducir, no te hagas que no sabes, es lo que hacen ustedes siempre.

	Zenda dudó y enseguida dijo: —No puedo creerlo ¿Y luego que?

	—Después inventa un engaño para que te acompañen un poco adentro a la jungla, a un lugar ideal donde los demás los sorprenderemos sin que nadie vea, ahí los emboscamos fácilmente.

	—¿Pero no vamos a matar a nadie verdad? —dijo Zenda.

	—Les apuntaremos, si no se resisten los ataremos. Alguien tendrá que quedarse intimidándolos con un arma para que no griten mientras tanto y usaremos capuchas para que no vean nuestros rostros. Les estoy diciendo todo lo que se tiene que hacer por ese oro, después no me reclamen nada, cualquier cosa podría salir mal, la vez pasada el perro-lobo salió herido. Si tienen miedo bájense, o pierdan el miedo por sus diez puños de oro.

	Nadie dijimos nada. Hubo un silencio lleno de revelaciones interiores para cada uno de nosotros.

	—A partir de ahora que nadie los vea como son. Y al final deberán tirar la ropa que usen —dijo el Capitán.



	Sabíamos lo que teníamos que hacer, más o menos. Por diez puños más de aquel oro. En realidad no estábamos robando ni asaltando. Solo teníamos que, por las buenas o por las malas quitar de ahí a unas personas que no tenían ni idea de lo que había debajo de sus pies.

	—Capitán ¿porque no los dormimos con una inyección? —sugirió Yánnick—, cuando despierten ya estaremos lejos.

	—Puede ser, buena idea, haría más fáciles las cosas, encárgate de eso —le dijo el Capitán por último.



	La idea de no tener que matar a nadie nos dejó con la conciencia más tranquila a todos, dentro de lo que cabe, excepto a Naysa. Que a pesar de ser la mejor actora yo de alguna manera podía percibirla como si no pudiera ocultar las almas de asesinatos pasados que a diario la asechaban, me daba la impresión de que por más que siguiera bebiendo no conseguiría nunca olvidar sus rostros del todo.





“ZENDA READ”

El Capitán me señalo un punto en el mapa. Yánnick y Naysa levaron las velas. Al cabo de unos días fondeamos en el lugar a una distancia prudente, un catamarán era nuestro vecino más cercano a unos quinientos metros. Solo se veía a una pareja a bordo.

	Esa misma tarde fueron el Capitán, Naysa y Yánnick a inspeccionar la zona y buscar el lugar ideal para la emboscada. Niebla saltó con ellos al bote, parecía totalmente repuesto. Ares simplemente voló y quien sabe donde se metió. El día siguiente fue designado el gran día. Todo estaba listo, no había nada más que esperar. Dormimos los que pudimos hacerlo, la angustia sobre lo que podría suceder no nos dejaba en paz. Al amanecer saltamos al bote y remamos hacia la playa, disfrazados de turistas. Nuestras mochilas no llevaban precisamente bronceador ni toalla, sino, armas.

	Zenda se veía muy nerviosa pero lucía muy bien, Naysa le tuvo que ayudar, quedó divina porque ella no sabía que ponerse ni que llevar. Definitivamente así ningún hombre podría rechazarla, sin embargo había tensión en el ambiente. Si Zenda no lograba que los hombres la acompañarán o la siguieran, tendríamos que buscar otro plan. Y si todo salía bien nos desharíamos de varios hombres sin tanto problema al parecer y solo quedaría uno más, el velador. Naysa y el Capitán ya habían estado ahí vigilando algún tiempo atrás.



	El Capitán hablaba muy poco con Zenda pero esa vez hizo una excepción.

	—Debes saber la historia de Mary Read —le dijo a Zenda mientras remábamos.

	—No, no la conozco ¿cuál es esa historia? —respondió Zenda.

	—Es de las mujeres más famosas en la historia de los piratas —comenzó a contarle el Capitán y todos prestábamos atención—. Resulta que Mary Read se embarcó disfrazada de hombre, porque en aquellos tiempos no se aceptaban mujeres en tripulaciones piratas debido a las disputas entre los hombres por ellas. Es una larga historia pero lo que importa en este momento es el día en que tuvo que luchar un duelo con armas. Mary Read estaba perdiendo, aunque era buena en batalla había bebido de más y su oponente estaba bien descansado y bien alimentado. Entonces ella para salvar su vida se abrió la camisa mostrándole el pecho a su oponente, quien desconcertado totalmente bajó la guardia, entonces ella aprovechó haciendo como que se desnudaba más, pero lo que su oponente no sabía era que se desnudaba para crear la distracción perfecta, sacando un arma de fuego que llevaba oculta, y con eso lo derrotó, fue como quitarle un dulce a un bebe, con un simple tiro le atinó al cráneo, enseguida ya por pleno gusto aunque su oponente había muerto le atinó otra bala al corazón. De ahí en adelante siempre luchó con la blusa abierta, lo cual siempre aumentó la distracción de sus enemigos permitiéndole ganar varias batallas.

	—Oh, pero yo no llevo pistola. Ni quiero llevar —le dijo Zenda—. Pero está bien Capitán, prometo que haré mi mejor esfuerzo.

	—Su cuerpo era su arma principal, es algo que sé que tú sabes. Toda mujer lo sabe —Esos ánimos le daba el Capitán, y nadie pudo haberla animado ni aconsejado mejor que él.



	Al llegar a la playa arrastramos el bote unos metros y nos fuimos despistadamente hasta el sitio de la emboscada. Zenda se instalaría un poco más adelante ahí en la playa, haciéndose pasar por una turista solitaria, cerca de donde acostumbraban ir los hombres que queríamos someter. Vigilábamos desde un sitio elevado a los hombres de esa casa donde estaba enterrado nuestro oro. Ellos llevaban meses ahí trabajando en la construcción y Naysa y el Capitán ya tenían registrados todos sus movimientos.

	Simplemente no podíamos pedirles permiso de excavar, ni de hacerlos aliados y darles una parte. Hacía ya muchos años cuando aquellas tierras eran vírgenes y no estaban habitadas, que algún ancestro quizá de aquel Capitán había enterrado el oro, cuando la tierra no tenía dueño. Sin embargo si alguien parecía tener derecho sobre ese oro era el Capitán, y nosotros por ayudarle. A él se lo habían dejado o al menos eso parecía.



	Observábamos la escena con binoculares. Zenda ya estaba ahí instalada como turista. Había otros turistas pero estaban más a lo lejos.

	Los primeros rayos del Sol tan agradables apenas acababan de suceder y comenzaban los rayos un poco más fuertes. Los sábados aquellos tipos solo trabajaban un rato y después acostumbraban ir a esa zona de la playa a beber, fumar marihuana y mirar a las mujeres en traje de baño. Hombres a final de cuentas.



	Zenda esperaba en la playa justo enfrente de donde estarían, haciéndose pasar por turista. Esperamos así un rato. Ares nos pasó por arriba volando y aterrizó en una palmera.

	—Ahí vienen —nos alertó Naysa que tenía los binoculares. Y efectivamente ahí estaban apareciendo. Con terror observamos que efectivamente tres hombres aparecían llegando a la playa, Naysa, quién ya los había espiado con anterioridad los reconoció. Eran ellos.

	—Falta uno. A menos que se haya quedado allá con el velador, o quizá se enfermó y hoy no vino a trabajar —dijo Naysa.

	—¿Si le explicaste bien a Zenda como eran? —le preguntó el Capitán.

	—Si, le dije todos los detalles, no hay falla, cuando los vea sabrá que son ellos —respondió.

	Observamos a Zenda, no se movía, se había metido al mar, y ahí solo veía hacia el horizonte. No había forma de saber si ella ya los había visto también. Los hombres se sentaron en la arena a lo que parecía unos 50 metros detrás y de lado hacia donde estaba ella quedándoles un poco de espalda.



	No sucedía nada, todos esperábamos a qué volteara y los viera, y después de eso no sabíamos si lograría su cometido.

	—Ya los vio —dijo el Capitán.

	—Y porque no hace nada? —preguntó Yánnick.

	—Oh yo creo que lo esta haciendo muy bien, solo está decidiéndose, esperando el momento. Tomando valor —respondió el Capitán.



	Al cabo de unos minutos Zenda como no queriendo se hizo un poco hacia atrás sin dejar de mirar al horizonte, las olas dejaban entrever su cuerpo de espaldas. Y entonces haciéndose despistada y fingiendo desconocer que ya no estaba sola, se acomodó el traje de baño.

	Lo que sucedió después nos tomó por sorpresa a todos. Sin más se desabrochó la parte de arriba, se la quitó por completo y volvió a adentrarse en el agua.

	—Guau vaya que si sabe cómo seducir —dijo Yánnick—. Préstame los binoculares —Todos los queríamos.

	Lástima que estuviéramos tan lejos. Aquellos hombres suertudos no sabían lo que les esperaba si caían en la trampa, pero eso era lo mejor para ellos, inmovilizarlos. No queríamos acabar con sus vidas ni tener testigos tampoco, todo eso eran problemas. Aquello tenía que ser así, ellos de ninguna manera debían saber nada más.



	Zenda salió del agua. Y cuando por fin decidió que era momento de hacer cómo que los veía por primera vez, actuó entonces como apenada, se tapó, luego se sentó rápidamente en la arena y enseguida se tumbó boca abajo como si estuviera tomando el Sol. Ella tenía pero si toda la atención de aquellos tipos, y la nuestra también. Resultó ser toda una aspirante a Diosa de la seducción.

	Niebla de la nada se apartó de nosotros y corrió hacia ella. Aquellos eran hombres respetuosos, dentro de lo que cabe, gente trabajadora, no eran bestias como otros después de todo, ya que parecían respetarla pero eso sí, ninguno le quitaba el ojo de encima ni nosotros tampoco, que estábamos igual que ellos, salvo que nosotros armados, pretendiendo emboscarlos y sedarlos para que durmieran por horas. En fin, Zenda todavía tenía que traerlos al lugar de la emboscada y nadie sabíamos exactamente cómo lo haría o que se le ocurriría.



	Solo vimos a lo lejos que se puso de pie, tomó su bolso y camino hacia ellos. Les había pedido fuego y le prendían su cigarro. Lo estaba haciendo bien, pero ahora tenía que traerlos.

	Uno de ellos le estiró la mano con una cerveza cosa que aceptó por supuesto. Parecía que el que estaba en medio de ellos forjaba un cigarrillo de marihuana pero sin quitarle el ojo de encima cada que podía. Vimos que después uno le extendía la mano dándole algo. Si, Zenda estaba fumando marihuana, nadie dijo nada. Estaba haciendo su trabajo, que buen trabajo tenía.

	Enseguida les dijo algo y comenzó a caminar hacia la emboscada, Niebla la seguía. Ellos no dejaban de verla. Zenda siguió caminando perdiéndose entre el follaje por un sendero que llegaba a nosotros. Ahora todo dependía del trabajo que hubiera hecho para que la siguieran, si eso pasaba casi estábamos del otro lado, pero si no, ella tendría que volver y había que inventar algo más para que la acompañaran.



	Hombres al fin. Al cabo de unos minutos se pusieron de pie, recogieron sus cosas y comenzaron a caminar hacia donde ella se había ido. Había funcionado. Fácil y sencillo. Embrujados totalmente.

	Zenda llegó corriendo, ya tapada por su bañador para nuestra mala suerte, era una profesional. Llegó agitada y asustada.

	—Los peces han mordido el anzuelo ¡ahí vienen! —exclamó Yánnick que traía los binoculares.

	—Todos a su escondite, pónganse las capuchas y ocúltense bien —ordenó el Capitán—. Zenda, tú ve un poco más allá y haz lo mismo de espaldas como si estuvieras admirando el paisaje, así tendrán que pasar por aquí viéndote solo a ti y los sorprenderemos muy fácil.



	Nuestros pulsos comenzaron a agitarse.

	—¿Que estás mirando? —casi me gritó Zenda

	—¡Guarden silencio! —ordenó el Capitán en voz baja.



	Aquellos hombres iban tan emocionados como nosotros, pero teníamos fines diferentes, ellos querían a Zenda y nosotros queríamos inmovilizarlos y que durmieran por varias horas.



	Ya se escuchaban sus pasos sobre las hojas y venían hablando entre ellos en voz baja. Nosotros esperábamos ocultos la señal del Capitán según lo acordado. El abriría punta y después aparecería la caballería, o sea Naysa, Yánnick y yo. O solo Naysa pues, ya que Yánnick y yo en realidad estorbaríamos durante una lucha. Yánnick y yo solo hacíamos bola, pura estrategia.



	—¡Alto ahí! —retumbó la voz del Capitán saliéndoles de un gran árbol, esa era la señal. Enseguida aparecimos todos rodeándolos— ¡Nadie se mueva, túmbense al suelo boca abajo si quieren vivir!

	Niebla soltó un feroz gruñido. No se cómo pero Niebla siempre sabía que hacer. Aquellos hombres inocentes que no habían hecho nada malo se llevaban el susto de sus vidas. Ni siquiera sabían de que se trataba, desconocían que dónde trabajaban había oro enterrado, y algo más.

	—¡Los vamos a atar, y si cooperan no les pasará absolutamente nada, de lo contrario despídanse de su vida ahora! —Las palabras de Naysa sonaron tan verdaderas, viajaron impregnadas con la vibración del futuro porque se los decía absolutamente en serio, era algo que captaba hasta la naturaleza misma, los cuervos de la región debieron voltear sus miradas en esa dirección.

	Afortunadamente con el susto no les quedó más que obedecer. Todos teníamos armas apuntándoles, aunque no todos sabíamos siquiera usarlas. Se dejaron atar boca abajo.

	—Inyéctalos —le dijo el Capitán a Yánnick.

	—¿Que nos van a hacer? —lloró el hombre de la camisa sin manga.

	—Solo tendré una vez la compasión de explicarles —comenzó a hablarles el Capitán—, porque ustedes son inocentes, la inyección es para dormir. Dormirán y cuando despierten en un rato ya no estaremos. Ustedes resultarán totalmente ilesos, no les haremos nada más. No hagan más preguntas o esto se pondrá un poco más feo y como ya les dije, ustedes deciden si viven o mueren.

	Yánnick inyectó al primero. Estaban muy asustados y aunque pensaran resistirse eso no les convenía, parecieron saberlo bien. Decidieron bien y al cabo de unos minutos dormían como tres dulces bebés. El Capitán nos llamó un poco más lejos para que ni siquiera dormidos hubiera forma de que escuchasen algo.

	—Naysa quédate, si despiertan les pones otra inyección. Si se pone feo tú bien sabes que hacer —sonó aterrador. Pero para Naysa en realidad aquello parecía ser el pan de todos los días—. Los demás vienen conmigo, debemos ser rápidos.

	Vimos que Ares otra vez voló entre los árboles, quizá hacia su trabajo, vigilar y avisar si venía alguien. Quizá solo estaba paseando, con ese pajarraco nunca se sabía.



	Nos apresuramos casi corriendo hacia el lugar mientras Naysa esperaría con los rehenes. Al llegar a la civilización el Capitán ordenó ir más lento.

	—Debemos pasar desapercibidos. Hagan como si fueran turistas.

	Teníamos que ser actores, solo faltaba quitar de nuestro camino hacía el oro a un hombre, el velador. Teníamos que dormir al velador literalmente.

	Por fin llegamos casi al lugar. Nos encontrábamos a unos doscientos metros, asechando a ese hombre que quedaba vigilando la construcción. El suspenso era tremendo, todo podría pasar, ¿y que tal si no estaba el oro? Necesitábamos atrapar rápido al velador antes de que pudiera huir y si escapaba pediría ayuda lo cual complicaría todo. Si se encerraba, si corría, si se escondía, bien podría sacar su celular y pedir auxilio. Y nosotros necesitábamos tiempo, tiempo para, excavar.



	Así que sólo permanecíamos ahí espiando al velador sin que pasara nada más. Fue entonces cuando Zenda simplemente rompió el silencio.

	—Pues la misma historia. Voy, lo seduzco, entonces se acercan y le caen encima —Si. Lo dijo con tal naturalidad que quedamos todos asombrados. Parecía que todo esto le daba un nivel de emoción insospechado a su vida, una emoción a la que sin saberlo Zenda podría volverse adicta. Se quedó solo en bañador, pero eso era algo muy natural en la costa, y más estando tan cerca de la playa, a fin de cuentas se suponía que era una turista.

	—Guárdame esto —dijo Zenda dándole su short a Yánnick

	—¿Y ahora que harás? —le preguntó Yánnick.

	—Le pediré permiso de ir al baño para empezar, además ya me urge. Lo demás ya se me ocurrirá, pero si no estoy a la vista y el tampoco no se tarden y vengan corriendo.

	Increíble. Por ese momento Zenda tomó la autoridad. Todos asentimos hasta el Capitán mismo. Zenda de alguna manera había logrado pensar más rápido que él.

	—Vaya que estás aprendiendo —le dijo el Capitán riéndose.

	Yo no se como alguien puede verse tan, pero tan feliz, justo antes de una batalla y con todo ese suspenso encima. Pero de existir alguien así, ese alguien era nuestro Capitán.

	Caminar con un plan cuya característica es la ausencia de más planes sobre lo que ocurrirá después es una locura. Yo solo quería que ya terminará todo pronto y sacar el oro. Nuestro oro.



	Por supuesto que quieres saber que fue lo que hizo. Fue hasta después cuándo nos contó que le había pedido usar el baño (ningún hombre se lo negaría). Y enseguida le dijo que necesitaba descansar, que había caminado mucho y que en la borrachera se había perdido, que no sabía a quién recurrir y que solo necesitaría recostarse un par de horas para reponerse. Que ingeniosa. El hombre sucumbió magistralmente ante eso, como es de esperarse en todos los hombres, dejándola que se quedara, prestándole su cama por supuesto que si. ¿Quién no lo haría?



	En eso le caímos encima al pobre. Esa vez fue totalmente a la descarada y sin ninguna clase de honor, por la espalda, derribándolo, luego lo inmovilizamos y lo inyectamos. Quién sabe si se golpearía fuerte con la caída. Eso hacen los seres humanos, por oro. Le caímos encima personas vendidas, seres comprados. Si, eso éramos. Que tiene. Solo una copia más del maldito mundo.



	—Zenda, te quedas con él y si despierta nos hablas —El Capitán daba pasos por aquella construcción, parecía loco, contando. Veía también las montañas alrededor.



	Al final dibujo la famosa letra "x" en el suelo.

	—Traigan picos y palas.





TOC TOC..

YO-HO-HO, Y UNAS BOTELLAS DE RON



—Toc Toc —Fue un asombroso sonido después de excavar un rato sin parar. Yánnick estaba dentro del hoyo.

	—No canten victoria ábrelo —dijo el Capitán.

	—Busquen una barra —respondió Yánnick

	En cuanto pudo quitar la tierra y se descubría la tapa Yánnick le dio de golpes con la barra.



	Y vimos el Sol dentro de la tierra.



	Y era impresionante.



***



	A los lados había unas botellas.

	—¿A caray y esas botellas? —preguntó Yánnick.

	—Eso, mis amigos, es ron de la vieja época. En caso de que todavía sirva y se haya conservado bien, probarán lo que es bueno —dijo el Capitán.

	Quien sea que haya dejado eso ahí, lo dejó para celebrar. Pero no alcanzó a celebrarlo, fuimos nosotros.

	—¿Cómo nos vamos a llevar todo esto? —cuestioné.

	—Por aquí de seguro debe haber una carretilla —respondió el Capitán.

	Y aún así faltaría por resolver una cosa más. No podíamos simplemente ir con una carretilla llena de oro por la calle hasta el mar y embarcar, ¿o si?

	Podría llegar la policía, nos detendrían. Y aunque fuera nuestro oro, incautarían ese oro hasta averiguar. Y por supuesto que no queríamos la batalla que se desencadenaría con ellos para evitarlo.

	Al final tuvieron que ser dos carretillas con todo y el ron. Los hombres en algún momento iban a despertar y teníamos que movernos ya. El Capitán ordenó que tapáramos el hoyo como si nada hubiera pasado, aunque de una forma u otra se notaría, esperábamos que no se dieran cuenta de preferencia.

	Recubrimos las carretillas con pedazos de madera y basuras como p