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Cuenta contigo

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Patricia Ramírez nos ofrece 20 propuestas para dejar de depender de los demás, tomar las riendas de nuestra propia vida y alcanzar así nuestros objetivos personales, profesionales y deportivos. Porque las soluciones a los propios problemas están mucho más cerca de lo que pensábamos: en nuestro propio interior.
Year:
2016
Language:
spanish
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Cuarenta problemas

Year:
2020
Language:
spanish
File:
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Cuéntaselo a Debby

Year:
2016
Language:
spanish
File:
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Cuenta contigo



No busques fuera,

las soluciones están en ti





PATRICIA RAMÍREZ LOEFFLER





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@megustaleer



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			A la princesa. Naciste con las alas cortadas, pero aprendiste a volar así. Y has volado más alto, más fuerte y más lejos que nadie. Nunca te aprovechaste de tus circunstancias, de lo que te hacía diferente de pequeña, salvo para crecerte ante la adversidad y volverte más fuerte. En tu vida no hay drama, hay responsabilidad, felicidad y fortaleza. Hay una mujer madura, amiga y con sentido común. La adversidad solo existe para enseñarnos a vencerla y tú eres el ejemplo. Tú eres un «CUENTA CONTIGO». Y yo estaré siempre ahí para darte mi vida, mi amor y todo lo que necesites. Gracias, Carmen, mi amor, ¡cuánto hemos aprendido y disfrutado juntas!



			A Pablo, mi vida, que con su madurez y su forma especial de ser cada día me sorprende más. No hay un día en el que no aprenda de ti. Gracias por existir.

			A ti, amor. Por lo luchado, lo dolido, por la esperanza, porque nos lo merecemos, por nosotros. Te amo.



			Y a las niñas, que vinieron a mi vida a darle todavía más luz.





			Introducción





				Estar preparado es importante, saber esperar lo es aún más, pero aprovechar el momento adecuado es la clave de la vida.



			ARTHUR SCHNITZLER





			En esta frase del dramaturgo y médico austríaco Arthur Schnitzler se encuentra resumida la trama principal de Cuenta contigo. Y sobre todo en saber que aprovechar el momento adecuado depende de nosotros. Este libro es un canto a la responsabilidad y al locus de control interno. ¿En qué medida nuestro éxito personal, profesional o deportivo depende de nosotros? ¿Son los demás los que nos boicotean, nos estresan e impiden que alcancemos nuestros sueños? ¿No seremos nosotros los que no ponemos todo de nuestra parte, e invertimos el tiempo y la energía en buscar excusas que nos limitan?

			Los límites, los pretextos, la pereza y la cultura de «lo merezco todo invirtiendo lo mínimo» impiden que muchas per; sonas alcancen sus sueños y, con ello, la felicidad. Estas pasan gran parte del tiempo soñando con lo que anhelan, diciendo que quieren esto y lo otro, pero apenas se esfuerzan, ni luchan por lo que desean. Quizá es que no lo desean con la suficiente intensidad...

			En Cuenta contigo vamos a trabajar desde el interior para que puedas alcanzar tus propósitos. Pero ¿qué hay en tu interior? Hay mucho más de lo que imaginas: capacidad de aprendizaje, posibilidad de cambio, valores, fuerza de voluntad, talento, pasiones y emociones; en definitiva, un potencial cognitivo que puedes poner en práctica para sentirte mejor, experiencias positivas que ayudarán a que te sientas seguro y confiado y a que veas en ti alguien con posibilidades de avanzar, en lugar de una persona limitada. También es cierto que dentro de nosotros hay miedos, historias de fracasos, vulnerabilidad, etiquetas y juicios de valor que nos impiden avanzar, o críticas que condicionan nuestras expectativas. A lo largo del libro veremos que todo esto también forma parte de nuestra mochila, y que tendremos que aprender a lidiar con ello, analizarlo y vencerlo para que, en lugar de restar, nos ayude a seguir sumando.

			En Cuenta contigo vas a encontrar el empujón que precisas para no depender de los ánimos de los demás. Si para empezar a hacer ejercicio necesitas contar con la compañía de un amigo, si para ser titular en tu equipo solo dependes de la elección de tu entrenador o para mejorar tu inglés esperas que sea tu empresa la que te pague la formación, quizá nunca logres ninguno de estos tres propósitos. ¿Por qué? Porque el éxito de los tres está en lo que los demás tienen que hacer por ti. Y esto es cómodo pero poco eficaz. Deja de esperar el rescate y ponte a nadar, en la dirección que sea y en el estilo que mejor se te dé, pero ¡nada! Como decía Dory en Buscando a Nemo: «Sigue nadando, sigue nadando...». Nadar permite, en un principio, mantenerse a flote. Y cuando disfrutas nadando, eres capaz de atreverte incluso con el estilo mariposa.

			Pedir ayuda es vital para nuestra supervivencia. Es una conducta inteligente que permite colaborar, cooperar, y que entre todos consigamos objetivos que no somos capaces de lograr por nosotros mismos. Pero si pedimos ayuda sin probar antes de qué somos capaces, sin explorar si podemos resolver el enigma con nuestros propios recursos, nunca llegaremos a saber dónde están nuestros límites, ni a salir de la zona confortable, ni a trabajar la creatividad para buscar soluciones nuevas. No se trata solamente de estudiar y memorizar lo que nos dan hecho o resuelto. Se trata de aprender a aprender. Resultan mucho más placenteros los logros conseguidos con nuestro esfuerzo y poniéndonos a prueba, que los logros a los que hemos sido empujados por otros.

			No pretendo con este libro que seas autosuficiente y autónomo para todo, pero sí que aprendas a responsabilizarte de tus objetivos, emociones y pensamientos; en definitiva, de las cosas que te ocurren en la vida. Porque solo así podrás ocuparte de ellas y solucionarlas. Los demás no son los responsables de que tú seas infeliz, de que estés nervioso o tengas una situación de incertidumbre. Esto es demasiada responsabilidad para el otro. ¿Te lo imaginas al revés? ¿Te imaginas asumiendo la responsabilidad de la felicidad de tu pareja, de tus colegas de trabajo, de los compañeros de equipo, de tus amigos... siendo el director de toda esa «orquesta»? Sería terrible y agotador. Aprende a estar pendiente de ti y de lo que tú controlas para poder trabajar en ti mismo.

			Cuenta contigo tampoco es una llamada al egoísmo. No es ese el objetivo. Todo lo contrario. No se trata de mi tiempo, mi espacio, mis recursos y mis cosas, o de mis rotuladores y mis apuntes, como cuando íbamos al colegio. Cuenta contigo significa solo dejar de pedir ayuda fuera para buscarla en ti. Y si después de una búsqueda a conciencia no la encuentras, cuenta con otros. Pero date tiempo para aprender, actuar, reproducir y coger el hábito. Para contar con otros, tienes toda la vida.

			¿En qué momento perdimos el espíritu aventurero, ese que todos los niños tienen mientras siguen siéndolo? ¿Te acuerdas de que, cuando eras pequeño, una de tus frases favoritas era «yo solo»? Los niños quieren sentirse mayores ganando autonomía. Quieren que les dejes comer solos aunque se echen los macarrones por encima, quieren vestirse solos aunque se ralentice el proceso, quieren ducharse solos aunque acaben con la cabeza llena de espuma porque no saben aclararse bien. Las personas tenemos esa necesidad de explorar y de aprender... hasta que llegan los machacones del error y las prisas, y los obsesivos de la perfección, que nos hacen sentir desgraciados cuando nos equivocamos. Muchos padres contestan «No, que te manchas», «No, que si te visto yo, terminamos antes», «No, que te dejas toda la cabeza llena de jabón y se te va a quedar el pelo pegajoso». Y poco a poco nos van mutilando la iniciativa y los deseos de descubrir y ocuparnos de nuestras cosas. Terminamos interiorizando que, cuando otros se ocupan de las cosas, lo hacen mejor y más rápido. Y cuando te das cuenta, en tu vida prevalece el perfeccionismo, las prisas y el hacer lo correcto y lo que se espera de ti. Aunque para ello tuviste que pagar un precio muy alto: entregaste a cambio tu creatividad y tu iniciativa, y perdiste la oportunidad de divertirte descubriendo.

			Recuerdo que cuando era pequeña una de mis mayores ilusiones era ir a bajar el Naranjo de Bulnes. Alguno de mi pandilla debió oír en su casa que era una montaña fantástica para escalar, y nosotros íbamos todas las tardes a escalar una pared de unos tres metros de altura. De habernos caído, seguro que nos hubiéramos roto algún hueso. Yo no sabía ni lo que significaba Naranjo de Bulnes, de hecho lo llamaba «Naranjo Blume», porque hacía gimnasia deportiva y me recordaba a la Residencia Blume. Solo sabía que había que bajar y subir, tratar de no caerse y de que en casa no supieran dónde nos metíamos. E ingeniárnoslas, si nos caíamos, para buscar esa mentirijilla que cubriera a los demás y no delatase nuestras escapadas. La mentirijilla estaba mal, pero la aventura era divertida. Desarrollaba la creatividad, el ejercicio, la amistad, la complicidad y muchas otras cosas. Hoy en día esto sería impensable. No puedes salir de casa a jugar a la calle porque te manchas, te caes, te rompes algo, te raptan, te violan, te, te, te... Nuestros hijos están asimilando el «manual del perfecto inútil» con tanta sobreprotección. No se trata de que sean temerarios, pero dejemos que den rienda suelta a su espíritu aventurero y que tomen la iniciativa para que crezcan con la experiencia de que pueden contar con ellos mismos.

			Hay una palabra clave que es el eje transversal del Cuenta contigo: responsabilidad. Me encanta el concepto de «responsabilidad». Para mí no tiene nada que ver con la seriedad, ni con el autoritarismo, ni con ser un aburrido y un rancio en el trabajo. Eres responsable cuando cumples con tu palabra, cuando te ocupas de tus obligaciones sin tener a nadie encima, cuando decides tomar las riendas de tu vida para ser el protagonista. Si eres capaz de conseguir todo esto con diversión, humor, pasión y buenos ratos, ¡qué más le podemos pedir a la vida!

			En este libro encontrarás veinte capítulos, breves, con la siguiente estructura: una introducción al tema, una invitación a tu reflexión personal, ejemplos (de la vida cotidiana, de la profesional y de la deportiva) y mis consejos prácticos, que van al grano, para que puedas poner en marcha tus cambios cada vez que lo desees.

			Algunos capítulos tienen títulos absurdos o aparentemente carentes de significado y lógica. No te extrañes, todos son fruto de la experiencia con mis pacientes, con empresas y con deportistas. A lo largo de mis veinte años de experiencia, me he dado cuenta de que las metáforas, las historias reales y los simbolismos son una herramienta muy eficaz para generar el cambio. No hay nada como comprender lo que te están diciendo para poder ponerlo en práctica. No te preocupes demasiado por esos títulos donde aparecen melocotones, Teresa de Calcula o las copas de la abuela. Cuando termines cada capítulo comprenderás el sentido, te habrán provocado una sonrisa y te será mucho más sencillo recordar lo que he querido explicar.

			Cuenta conmigo durante la lectura del libro, para que luego puedas contar más contigo de lo que lo haces hasta ahora. Hay muchas soluciones en ti. ¿Recuerdas cuántas veces has conseguido solucionar tu solito un problema? Coge una libreta. Una libreta bonita y especial, en la que te apetezca escribir y que puedas consultar cada vez que tengas dudas. Será la libreta Cuenta contigo. Y empieza con el primer ejercicio.




							Momento libreta...





							Escribe de forma breve cinco éxitos logrados por ti. Cuando describas el primero, anota después lo que te ayudó a conseguirlo. ¿Fue tu constancia, tus conocimientos, tu experiencia, ser rápido, tu deseo de solucionarlo...?





		 Ya estás contando contigo. Estás buscando dentro de ti herramientas que te han servido en ocasiones anteriores. Las olvidamos porque no damos importancia a lo que vamos consiguiendo, y cuando nos vemos en una situación nueva que necesitamos resolver, ya no recordamos lo que hicimos la última vez.

			A mis pacientes y a los deportistas les pido siempre que lleven una hoja con los recursos que vamos aprendiendo. Que anoten qué técnica, herramienta o truquito hemos aprendido y para qué nos sirve.

			Aquí tienes un ejemplo:



			 					 							 						 MIS RECURSOS PERSONALES



						 						 						 							Relajación muscular

						 						 							Para manejar la ansiedad.



					 						 							Escribir mis éxitos logrados

						 						 							Me da seguridad y conocimiento de mis recursos.



					 						 							Visualización

						 						 							Anticiparme a una jugada, a una reunión y dejar en mi memoria lo que quiero que ocurra y cómo quiero que ocurra. Me da seguridad y me motiva.





			Mientras vas leyendo y trabajando con el libro, ve haciendo también tu lista de recursos personales. Será un resumen de lo que te resulta útil y así sabrás, ante situaciones de debilidad o duda, qué herramienta utilizar. También serás consciente de lo que has aprendido.

			Gracias por leer este libro y por dar valor a mi trabajo. Mi experiencia me dice que desde el día que decidí contar conmigo, me sentí libre. No te pierdas esa experiencia, no tiene precio.





		 			1




			¿Eres lo que deseas ser?





				Si no está en tus manos cambiar una situación que te produce dolor, siempre podrás escoger la actitud con la que afrontes ese sufrimiento.



			VIKTOR FRANKL



			Hay personas que se sienten como la parte perdedora de una relación rota, como alguien marginado o que inexplicablemente ha sido despedido de su trabajo, como el jugador desolado que ha bajado de categoría. Se hallan invadidas por la inseguridad, y se mueven sin rumbo y sin objetivos. Hay personas que se sienten perdidas.

			Hay otro grupo de personas que están desmotivadas. No terminan de encontrar lo que les apasiona. Alumnos de bachillerato que no saben si estudiar ingeniería o ser funambulistas, deportistas que no saben si seguir insistiendo en su carrera profesional o bajarse del tren de la competitividad, directivos angustiados y con ganas de pedir una baja voluntaria y abrir un pub de mojitos en el Caribe, amas de casa que ni aman la casa ni saben dónde echar raíces para empezar a trabajar.

			Hay personas aburridas. De su vida, de su pareja, de la falta de atención y egoísmo de sus hijos, de no recibir lo mismo que entregan. Personas que llevan mucho tiempo malviviendo la vida que no desean tener.

			Hay un grupo todavía más triste, los que sí saben lo que quieren pero son incapaces de actuar. Quiero adelgazar, quiero hacer deporte, quiero relacionarme con menor agresividad, quiero manejar la presión cuando compito, quiero ser más amable con mis compañeros de trabajo, quiero dejar de fumar, quiero aprender a controlarme y ser menos impulsivo, quiero, quiero, quiero... pero no hago nada.

			Y, para rematar, está el grupo que quiere que las circunstancias y su entorno cambien o que los demás hagan cosas por ellos para ser felices: quiero menos tráfico, quiero que me traten con respeto, quiero que mi pareja sea más romántica, quiero que los niños obedezcan a la primera, quiero que mi jefe valore lo eficaz y buen trabajador que soy, quiero que me adivinen el pensamiento y me digan que no he engordado cuando sí he aumentado dos kilos. Y cuando todo el mundo haga lo que yo quiero, tampoco seré feliz, porque entonces querré más.

			Si te has visto reflejado en alguno de los grupos, te animo a reírte de ti mismo. Para comenzar, es la mejor medicina. Y que identificarte sirva para poner remedio.

			¿Eres lo que quieres ser? Sé que es una pregunta muy general. Pero ¿cuál es la respuesta que darías de forma espontánea, un «sí» o un «no»? Si es que «sí», perfecto. Si es que «no», genial. Porque es el momento de poder elegir aquello en lo que te quieres convertir.

			Las personas que contestan «sí», no se sienten perfectas, ni piensan que no tengan nada que aprender, ni que lo hayan conseguido todo en la vida. Pero están en equilibrio. Se gustan, a pesar de verse en un proceso de cambio. Las del «sí» lo tienen más sencillo. Estar a gusto con uno mismo te permite cambiar con tranquilidad, sin prisa, porque de todas formas ahora estás en paz. En cambio, las personas del «no» se agobian se deprimen, se consumen, quieren algo diferente, pero hay tanto que modificar, que les desborda y no saben por dónde empezar.

			Empecemos por definir qué quiero ser.




	Momento libreta...



							Finaliza diez veces la frase que empieza con «Quiero ser...». Los ejemplos que ofrezco a continuación pertenecen a personas distintas:



		1. Quiero ser más creativo.

		2. Quiero ser una persona más paciente.

							3.Quiero ser un deportista con más confianza.

4.Quiero ser un poco más lector.

							 5.Quiero ser alguien con más carácter para que no me engulla mi jefe ni mis compañeros.

							 6.Quiero ser puntual.

							 7.Quiero ser alguien sin ansiedad, alguien tranquilo, y poder disfrutar de la vida con sosiego, estar relajado en el cine o cuando tomo algo con mis amigos, y cuando conduzco o voy al supermercado.

							 8.Quiero ser alguien que piense más en mí. Siento que mis hijos y mi pareja se aprovechan de lo solícita que soy y no valoran todo aquello a lo que renuncio por ellos.

							 9.Quiero ser más atrevido para poder cumplir mis sueños. Los miedos me bloquean y no doy pasos para superarlo.

							 10.Quiero ser más ordenado.





			¿Por qué deberías convertirte en quien deseas ser? Es fácil, por honestidad contigo mismo. Este es el principal motivo. Vivir una vida que no te gusta, o la vida que otros desean para ti, no es vivir la vida. Es participar de un espectáculo en el que ni siquiera eres protagonista. Es cierto que nuestras responsabilidades y el sentido común nos impiden tirar la casa por la ventana y salir disparados a vivir a Hawái. Pero entre un extremo, el de la infelicidad, y el otro extremo, el de vivir a lo loco, hay un término medio en el que podríamos sentirnos de forma distinta.

			Convertirte en lo que deseas ser forma parte de un largo camino. Así que para culminar con éxito este capítulo, y el resto del libro, necesitamos llenar una maleta. En la maleta que te llevas puedes empezar por meter a la responsabilidad. No son los demás, ni las circunstancias, ni la suerte, eres tú el único que puede responsabilizarse de tu cambio. Acuérdate también de convocar a la paciencia. Las prisas no llevan a ninguna parte. La dieta de la alcachofa, la de la piña y otras barbaridades te llevan a perder mucho peso de golpe y a recuperarlo con la misma velocidad. Todo cambio necesita tiempo. ¡Y cuidado con las expectativas! Condicionan nuestra implicación y nuestras emociones. Si te excedes, te sentirás frustrado, y si te quedas corto, quizá no te motives lo suficiente para esforzarte más. Y recuerda que, para lograr un cambio, necesitamos contar con las variables más potentes de la psicología positiva: optimismo, esperanza, perseverancia, ilusión y coraje.

			El padre de la psicología positiva, Martin Seligman, ha demostrado que la mejor forma de prevenir la salud mental es entrenarnos en todo lo que nos protege. Si sigues viviendo una vida que no deseas, estarás participando en tu propio deterioro, incluso en desarrollar enfermedades de tipo psicológico y físico. Una persona insatisfecha puede sufrir ansiedad y tristeza, e inmunodeprimirse, y verse afectado así su sistema inmunológico. Querer ser feliz y esforzarte en el cambio, además de aportarte felicidad, te aportará salud. Antes de planificar tu cambio, aquello que eliges ser, tienes que conocer el valor de tus expectativas. Las expectativas se definen como la idea que tenemos de lo que puede ocurrir, son lo que esperas de ti. Si esperas cosas buenas, tu implicación, esfuerzo y perseverancia serán mayores. Pero también ocurre lo contrario. Si piensas que tienes limitaciones, tu progreso también será limitado. El avance no es posible cuando no te crees capaz de conseguirlo. Así lo han demostrado, por ejemplo, varias investigaciones en las que participaron grupos de pacientes voluntarios dispuestos a valorar un medicamento prescrito para inhibir el dolor. Las personas a las que se les administraron placebos manifestaron un nivel de dolor inferior al de las personas que sí habían tomado el analgésico. Es decir que sintieron menos dolor que los que tomaron medicación para el dolor. Las expectativas que ponemos ante una determinada situación son capaces de sugestionarnos de tal manera que inhiben o potencian funciones biológicas. Imagina lo que seremos capaces de sentir y hacer cuando las expectativas estén puestas en el potencial psicológico: la actitud y las emociones.




	Momento libreta...



	 Antes de seguir trabajando en lo que deseas ser, contesta con tranquilidad estas preguntas. Ya que las expectativas van a influir en tu cambio...



							• ¿Qué espero de mí?

							• ¿Qué creo que soy capaz de conseguir?

							• ¿Alguna vez he tenido éxito en un cambio?





			A la hora de cambiar, también influyen tus ideas limitantes. Los límites pueden venir de ti, de una pareja posesiva, de la mala organización del tiempo; en definitiva, de todo lo que veas como un freno.




	Momento libreta...



1.Elige un cambio de tu lista, la del primer ejercicio de este capítulo.

							2. Escribe lo que ganas con tu cambio, ¿adónde te lleva?

							3.Define, por favor, qué límites encuentras a la hora de realizar cada uno de tus cambios.

4.Escribe, a continuación, soluciones para derribar tus límites.

							 5.Y divide tu primer cambio en objetivos más pequeños, en pasos que puedas planificar y que puedas empezar a dar.





			Es importante que te conciencies de que debes contar contigo, con tu actitud, con tus recursos, con tus ideas, con tus errores y aciertos, pero, en definitiva, contigo. A partir de hoy, no hagas responsable a nadie, ni de lo que consigas ni de lo que dejes por el camino.

			Contar con otras personas es una idea romántica, pero solo eso. La verdadera responsabilidad e implicación pasan por desear lograr algo e involucrarte tú. No significa que tengas que rechazar la ayuda y la cordialidad de quienes te ofrezcan su cooperación, pero no cuentes con ello, ni mucho menos lo exijas. Lo que te llega es un regalo y acéptalo como tal, con todo el agradecimiento que se merece aquello que no esperas.


							Momento libreta...



Observa dos ejemplos de cómo completarían este último «Momento libreta» un deportista y una dependienta, y luego redacta el tuyo.



							Ejemplo 1: Deportista de alto rendimiento

							1.El cambio que elijo: tener más seguridad.

							2. Cuando lo consiga seré capaz de competir con todo mi talento. Podré alcanzar mejores marcas, aspirar a becas que ahora no consigo, sentirme orgulloso de mi trabajo y cumplir con sueños que ahora se ven truncados por no tener confianza en mí mismo.

							3.Lo que me limita es no saber cómo llevar a cabo mi propósito, no sé pensar de forma positiva, ante el error me vengo abajo y me meto en un círculo vicioso.

4.Mis soluciones:

							 a) Cambiar mis creencias ante el error. El error tiene que formar parte de mis entrenamientos. Tengo que aceptar que me equivoco y que esto forma parte de mi evolución como corredor.

							 b) Aprender a hablar en positivo. Necesito utilizar frases del tipo «He entrenado bien», «Voy cumpliendo con la programación», «Mi técnica es espectacular», etc.

							 c) Fijarme más en mis sensaciones positivas cuando entreno. Estoy muy pendiente de las molestias y de los signos de cansancio, y con ello me vengo abajo.

							 d) Escribir cada día mis progresos y aquello de lo que me siento orgulloso en cada entrenamiento, así estaré más pendiente de lo que hago bien y no tanto de lo que no consigo.

5.A partir de mañana, escribiré cada día una frase que focalice mi atención en una fortaleza durante los entrenamientos, o en sensaciones positivas. Y al volver del entreno anotaré en un diario todo lo que he conseguido.



							 Ejemplo 2: Dependienta

							1.El cambio que elijo: ser más amable con los clientes. A veces me levanto de mal humor y contesto de forma brusca, ni siquiera les miro a los ojos cuando me piden algo.

							2. Conseguiré retener y fidelizar clientes y que vuelvan a mi panadería. A veces pienso que tengo muy buen género pero que nadie desea relacionarse con alguien malcarado. Si sigo en esta línea, dejarán de venir a comprar el pan.

							3.Me limita mi mal humor. Soy muy dependiente de mis emociones y, si estoy mal, estoy mal, y punto. No sé si lo podré controlar. Toda la vida he sido así, pero no me gusto.

4.Mis soluciones:

							a)Sonreír, sí o sí. Voy a ponerme una cara sonriente en la pantalla del móvil, que me ayude a recordar que tengo que sonreír siempre. Y voy a poner un cartel en la panadería, que pueda ver constantemente y en el que ponga: «Sonría, por favor».

							 b) Esforzarme en utilizar expresiones amables: «Gracias por la visita»; «Espero que disfrute del pan»; «Me alegro de volver a verle», etc.

5.Hoy mismo empiezo con la sonrisa y con la expresión: «Que tenga un buen día». Creo que conseguir esto ya es un logro para mí.





			En los ejemplos hay pequeños pasos de uno de los ítems de la lista de diez. Tu lista puede ser de diez «cosas que quieres ser», de tres o de quince. Que no te bloquee todo aquello en lo que te quieres convertir. Lo importante es detallar, definir el primer paso, ver qué te limita y si es superable, y empezar a andar.

			Si tienes claros tus pasos, no los postergues más. Procrastinar te lleva a la frustración. Te equivocas pensando que no es el momento, que no serás capaz, que se te olvidará y otras excusas más. Deja de hablar contigo mismo, calla y actúa. Da pasos pequeños para conseguir grandes metas. Ni te cuestiones lo que te va a costar, solo camina, muévete, actúa. Todo lo que hagas hoy, ahora, es mucho más de lo que tenías hace un minuto, que era nada, un deseo, una fantasía, pero nada más. Elige la fecha para empezar a andar. La idea es este momento, pero si crees que necesitas material, otras circunstancias o lo que sea, ponle fecha. Poner límites nos prepara y conciencia para el momento.

			No necesitas la competición perfecta ni al cliente amabilísimo que genere en ti el empuje. Solo necesitas convertirte en tu propio motor.

			¿Cuánto tiempo necesitas para que tu cambio se convierta en algo inherente a ti, en un hábito? Hay distintas investigaciones que hablan de 21 días, 66 días y hasta más de doscientos días. No importa, no tenemos prisa. Lo único que necesitas es tener intención de hacerlo. Si llevas veinte, treinta o cuarenta años siendo de una manera, qué más da mes arriba o mes abajo para lograrlo.

			Para que se produzca el cambio, recuerda: tener el deseo, programarlo, actuar y repetirlo. La repetición favorece el aprendizaje. Por mucho que hoy sonrías a un cliente, si no lo repites mañana, pasado y el resto de tu vida, volverás a tu antigua forma de proceder. Para convertir algo en automático, se necesita un período de entrenamiento. Tienes que educar a tu cerebro, tus pensamientos y emociones para poder realizar lo que deseas con soltura. Repítelo, actúa, repítelo, actúa... y acuérdate de reforzarte. No es tu obligación, es tu esfuerzo. Si no te dices que eres magnífico y maravilloso por querer ser mejor, parecerá una obligación en lugar de un objetivo ilusionante. Recuerda lo que dijo Aristóteles: «Somos lo que repetidamente hacemos. De esta forma, la excelencia no es un hecho aislado, sino un hábito».





		 			2




			Tus Top Ten





				Es amiga mía. Me une a mí misma. Junta las partes que son y me las devuelve en el orden que corresponde. Es bueno, ¿sabes?, tener una mujer que sea amiga de tu mente.



			TONI MORRISON





			En la cita de Toni Morrison voy a introducir un pequeño cambio que me viene muy bien para lo que quiero explicar: «Es bueno... tener una mujer o una lista que sea amiga de tu mente».

			El diez es el número por elección para todos los rankings. Estar en el Top Ten es estar entre los mejores, aunque solo haya once aspirantes. Si te dicen que «eres un Top Ten», eres lo máximo. Las listas y el hecho de enumerar nos ayudan a poner orden y nos dan información sobre las prioridades, qué es mejor o peor, lo que es urgente o secundario, etc.

			Siempre animo a mis pacientes y deportistas a escribir listas, para todo: para ayudar a la memoria, para que puedan darse el gusto de tachar lo conseguido, para saber el orden de algo, para planificar el futuro. Las listas son maravillosas. Por eso son listas y no tontas. Hacer listas tiene varias ventajas:



			•Reducen el nivel de estrés. Al tener tus cosas pendientes por escrito pierdes el miedo al olvido. A esto se le llama «delegar», y a las personas se nos suele dar bastante mal. Se trata de delegar una tarea y dejar de sobrevalorar nuestra memoria. ¡Bastantes cosas tiene ya de las que ocuparse!

			•Fomentan la creatividad. Las listas van acompañadas de post-its, anotaciones, muñequitos, signos de exclamación, subrayados, fosforitos. Nos alegran la vista.

			•Producen sensación de bienestar. Cada vez que tachas algo, significa que lo has logrado. «Tachar» es sinónimo de «deber cumplido». Y eso nos reconforta y nos hace sentir responsables.

			•Ponen orden y nos facilitan la gestión del tiempo. Solemos ordenarlas por tiempo o por prioridades, por lo que más nos apetece o al contrario: para quitarnos de encima lo que menos nos gusta y poder dedicar tiempo luego a lo que nos place.

			•Fomentan la capacidad de síntesis. En la lista no apuntas parrafadas completas, sino que escoges palabras clave que se asocian con grandes ideas. Es como hacer un esquema para estudiar.

			•Se asocian con momentos de relax. Cuando decides anotar, ordenar la agenda o escribir la lista de la compra, lo identificas con un momento de orden. Te preparas un café y dedicas tiempo a organizarte.





			¡Escribe tus listas a mano! Escribir a mano facilita una serie de tareas: mejora la ortografía, nos ayuda a redactar con mayor número de ideas, requiere una mayor concentración, facilita la memorización de conceptos y mejora la habilidad lectora. El cerebro está más activo cuando escribe que cuando teclea. El uso de las nuevas tecnologías y la rapidez de las mismas ha provocado que estemos abandonando el hábito de escribir a mano. El propio ordenador corrige los errores ortográficos y nuestro cerebro se vuelve vago al delegar esa tarea en el corrector. Es cierto que en determinadas actividades que nos agilizan y facilitan la vida no podemos nadar a contracorriente y que sería absurdo entregar a un cliente un trabajo o un informe escrito a mano. De hecho, hace cincuenta años se escribía a máquina, pero en aquellas tareas en las que escribir a mano todavía sea posible, hagámoslo. Evita hacer tus listas en el móvil o en la tableta, y dedica tiempo a coger papel y lápiz. También estarás trabajando así tu motricidad fina.

			El cerebro trabaja de forma más compleja cuando escribe que cuando teclea. Teclear solo implica las áreas visual y verbal, mientras que la caligrafía implica más campos: el visual, el verbal, lo gráfico y el área que integra estas tres áreas cerebrales. Deja que tu cerebro se esfuerce, es positivo para ti. La zona confortable era escribir a mano, así aprendimos en el colegio. Salimos de la zona confortable para aprender a escribir a toda velocidad con el teclado. Ya que poseemos esa doble habilidad a la hora de escribir, no dejemos que la escritura manual se atrofie y con ello nuestro cerebro.

			Según un estudio publicado en la revista Psychological Science, tomar notas con el ordenador no genera un aprendizaje tan profundo como apuntarlas a mano. Cuando escribes, subrayas, haces comentarios al margen y abrevias, pones en marcha más funciones, como la capacidad de síntesis y de decidir lo que es importante y lo que no lo es.

			Los listados son ideales para seguir practicando nuestra escritura manual. Para escribir una lista que sea útil, sigue estos consejos:



			1. No escribas varias listas, es mejor recoger todo en una, como sucede con las agendas. Tener una agenda para tus asuntos profesionales y otra para los personales es un error. Al final terminas duplicando reuniones o actividades. Utiliza solo una. Puedes poner en distintos colores lo profesional y lo personal, para distinguir ambos.

			2. No te sobrevalores. Nos somos superhombres ni supermujeres. Escribe lo que seas capaz de hacer. Una forma de controlarlo es calcular al margen de cada tarea cuánto tiempo crees que puede llevarte. No solo la tarea en sí, sino los desplazamientos que conlleva.

			3. Busca un orden para tus listas: por horarios, por prioridades o por lo que tú decidas.

			4. Pon un asterisco al margen de lo que, sí o sí, tiene que estar hecho en el día.

			5. Marca en fosforito las palabras clave. Por ejemplo, si la tarea es recoger un certificado, marca en fosforito la palabra «certificado».

			6.Hazlas divertidas y atractivas: mezcla mayúsculas con minúsculas, colores, signos de exclamación y de interrogación. La finalidad es tener una lista atractiva, que apetezca leerla.

			7. Escríbela con tiempo. O el día antes o a primera hora de la mañana. Si no es una lista de tareas para realizar en el día, como la que tiene un deportista con cosas pendientes durante la pretemporada —«llamar podólogo, acudir nutricionista, prueba de esfuerzo Federación, etc.»—, puedes colgarla en tu despacho o en un lugar visible.

			8. Escribe al lado de la tarea los datos que te faciliten cumplir el objetivo: números de teléfono, persona de contacto o una palabra clave.

			9.Una vez escrita, hazle una foto con el móvil y guarda la imagen... por si acaso se perdiera.

			10. Empieza la lista con algo que comporte una dificultad media, luego sigue con lo que implique dificultad máxima y deja para el último momento del día lo más sencillo o lo más placentero.





			Las listas pueden tener varias finalidades. En este capítulo vamos a rastrear emociones. No nos centraremos en listas del tipo «Qué tengo que comprar». Esas listas son muy sencillas, y basta con los diez puntos anteriores para escribirlas. Vamos a dedicar tiempo a los Top Ten que nos hagan felices. Las listas pueden dirigirse hacia el futuro: «Qué tareas y responsabilidades tengo pendientes para hoy»; o hacia el pasado: recogiendo grupos de situaciones, personas o recursos que han sido buenos compañeros de viaje y que no nos gustaría olvidar.

			Las personas nos sentimos bien cuando experimentamos emociones como la alegría, el gozo, el orgullo, la complicidad, la risa, la seguridad, la comprensión y muchos otros estados emocionales. Nuestro cerebro y los neurotransmisores se vuelven locos de alegría. Se liberan endorfinas, adrenalina, dopamina y serotonina, y nos sentimos estupendamente.

			La ciencia ha demostrado que no solo sentimos estos impulsos de felicidad en tiempo real, o sea, en el momento en el que estamos viviendo la experiencia, sino también con los recuerdos. Mirar un álbum de fotos, recordar episodios de juventud o escuchar una canción antigua pueden llevarnos a experimentar las mismas emociones positivas, y a que el cerebro se active de la misma manera, que si lo que nos evocan esas acciones estuviera ocurriendo de verdad. Por eso nuestras listas en forma de Top Ten en este capítulo van dedicadas al recuerdo: cuáles fueron nuestros éxitos, qué personas hacen que nos sintamos bien, qué cosas o situaciones nos relajan, cuáles son nuestros mejores momentos en pareja y qué cosas pendientes tenemos.





Top Ten de mis éxitos





							Momento libreta...



Recuerda cuáles fueron los diez éxitos que mejor te han hecho sentir, o que te generara más orgullo conseguirlos. No hace falta que estén ordenados del que más te impactó al menos importante. Solo se trata de evocar diez éxitos. Esta tarea tiene la finalidad de trabajar tu confianza, tu seguridad, que rememores que eres muy válido y que has conseguido cosas importantes.





			Fíjate en algunos ejemplos de lo que, para distintas personas, figura en la lista Top Ten de sus éxitos:



			1. Sacarme el carnet de conducir. Pensé que era nefasta para conducir y al final aprobé todo, y con cuarenta años. Mis hijos se sintieron muy orgullosos de que me sacara el carnet.

			2. Conseguir la mínima marca para un Mundial. Había entrenado toda la temporada con muy buenas sensaciones, y la semana anterior al campeonato de España tuve una indigestión. Pensé que todo se iría al garete. Pero los dos días previos no hice más que pensar en lo que quería, en que deseaba ir al Mundial, y me dediqué a descansar y a recuperarme. Cuando vi mi marca, no me lo podía creer. La verdad es que me sentía débil, pero lo di todo.

			3. Me siento orgulloso del equipo de trabajo que tuve en una empresa. Había complicidad, nos entendíamos muy bien. Éramos cinco personas con una escala de valores parecida y se notaba que disfrutábamos trabajando. Ser jefe en esas circunstancias fue muy gratificante.





Top Ten de las personas que me hacen sentir bien,


			las que me transmiten energía positiva




			Hay personas que nos llenan, nos enriquecen, y cuya compañía es revitalizante, y otras que nos producen el efecto contrario. En momentos difíciles, cuando tienes un problema, tras una ruptura con un amigo o con tu pareja, o cuando quieres pasar un buen rato, es bueno recordar qué efecto producen en ti esas personas y en qué te pueden ayudar.




							Momento libreta...



Fíjate en varios ejemplos de cómo algunas personas valoran en su Top Ten a quienes les hacen sentirse bien:



	1.Mario. Hable de lo que hable con él, nunca me siento juzgado. No se trata de que esté de mi parte, sino de que escucha, se pone en mi lugar y me da ánimos. Me encanta su empatía. Sé que puedo contar con él de forma incondicional. Tiene mucho carisma.

	2. Mi entrenador. Es una persona que tiene en cuenta mi opinión, confía en mí. Si atravieso por una situación difícil, siempre me da alguna explicación gracias a la cual no me siento culpable por no alcanzar los objetivos. Es inteligente y, cuando no entiendo algo, me lo explica de diferentes formas.

	3.Mi compañero de habitación en las concentraciones. Me río muchísimo con él. Me dice siempre: «Quillo... qué buena gente eres»; y entonces me siento especial. Yo suelo agobiarme y él se ríe todo el tiempo; tanto, que se me olvida el partido del día siguiente.





Top Ten de lo que me relaja




			Vivimos con prisa, con ansiedad, con exigencias, con perfeccionismo y con errores. Estamos expuestos continuamente al estrés. Y no es del todo negativo. El estrés nos permite reaccionar, permanecer en alerta y cumplir con muchos compromisos, mientras que, si estuviéramos completamente relajados, quizá no los alcanzaríamos. Por eso es necesario conocernos bien y saber qué actividades producen en nosotros emociones contrarias, que nos equilibran y nos relajan.




							Momento libreta...



Fíjate en varios ejemplos de actividades relajantes que distintas personas incluyen en sus Top Ten:



							1.Cocinar sin prisa. Me encanta dedicarme a inventar platos en la cocina los domingos, cuando no estoy presionada por el horario. Me tomo mi tiempo, pongo música, me sirvo una copa de vino y disfruto de cada paso.

							2. Reír a carcajadas. En una cena con amigos, viendo una comedia, escuchando una tanda de chistes, asistiendo a un monólogo, recordando momentos en los que me he partido de risa... Reír me relaja.

							3.Leer un libro al solecito en un parque. Y llevarme un termo con café. Y dejar que pase el tiempo. Y mirar a la gente y volver a hojear el libro. Y seguir leyendo.





			Top Ten de los momentos románticos vividos en pareja




			Muchas parejas se marchitan porque dedican más tiempo a lo que les separa que a lo que les une. Sus excusas son que no disponen de tiempo para dedicarse ratitos ni para realizar actividades juntos, como cuando eran novios y no tenían tantas responsabilidades. Es cierto. Pero si ponemos el foco de atención en vivir la rutina de la casa y no hacemos nada por avivar la llama de la pasión, cada vez estaremos más marchitos. Recordar los momentos románticos es una forma de llevar la atención a lo que se ha disfrutado, y así, sentir, emocionarte y apasionarte otra vez. Y quién sabe... quizá incluso repetir.




							Momento libreta...



Fíjate en varios ejemplos de los Top Ten románticos de otras personas:



	1.Una cena, al poco de conocernos, en un pueblecito con encanto. Recuerdo que nos dedicábamos tiempo. Hablábamos de todo con curiosidad, nos escuchábamos. Me acuerdo de su sonrisa y de la mía. El tiempo pasaba a cámara lenta.

	2. Ir cogidos de la mano es una de las sensaciones más románticas que experimento con mi pareja. Me gusta sentir su complicidad, la temperatura de su mano y el tacto de nuestros dedos entrelazados. Me gusta pensar que seremos ese tipo de pareja que seguirá yendo de la mano toda la vida.

	3.El regalo sorpresa cuando viajamos a ver una final a Madrid. No me lo podía creer. Era tan grande la ilusión que no paraba de pensar cuánto nos queríamos los dos.





Top Ten de tus cosas pendientes




			Fantasear con el futuro también puede llenarnos de ilusión y motivación. Esta no es una lista de lo que tienes que hacer hoy. Es una lista de sueños por cumplir. No te agobies con los plazos. Solo habrá algunas actividades a las que puedas ponerles fecha. Pero no dejes nunca de soñar.




			 				Momento libreta 10...



	 							Fíjate en varios ejemplos de cosas pendientes que otras personas incluyen entre sus Top Ten:



	1.Apuntarme a Pilates.

	2. Un viaje romántico a Croacia y pasear por sus puertos y calas.

	3.Cuidar mis desayunos antes de los entrenamientos, necesito levantarme con más tiempo. Me encantan las películas en las que hay de todo para desayunar.





			Cada día experimentamos y vivimos cosas nuevas. Tener una historia de tus mejores recuerdos es la mejor manera de tener presente el pasado. Yo siento pena cuando en una reunión de amigos alguien dice: «¿Te acuerdas de cuando...?», y a mí se me ha olvidado. Me encantaría tener presentes todos los momentos.

			Enseña a tus hijos, a tus jugadores o a tus empleados las ventajas de tener presentes los mejores momentos, las mejores personas que nos rodean o los recursos de los que disponemos. Además de ayudarnos a ordenar nuestra vida, afianzan la autoestima y generan emociones positivas.





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			Cuatro estados: líquido, sólido, fluido o gaseoso y el modo ON





				Locura es hacer siempre lo mismo y esperar resultados diferentes.



			ALBERT EINSTEIN





			Los estados de la materia son líquido, sólido y gaseoso. Las personas somos materia pero también tenemos otros estados. Unos son los relacionados con las emociones: apático, alegre, frustrado, emocionado, triste, irascible. Otros estados de las personas son los relacionados con la actitud, y pueden concretarse en tres: pasivo, acomodado y proactivo. Y luego está el «modo ON», que cuando se alcanza, sirve para salir del letargo.

			Cuando tienes hambre, ese es tu modo ON para poder disfrutar de la comida. Cuando sientes deseo, es tu modo ON el que te facilita tener relaciones sexuales. Cuando tienes una idea brillante, se conecta tu modo ON, que te motiva y te sienta delante de tu ordenador a desarrollarla. Si sientes nostalgia, se activa tu modo ON, que te conduce a llamar a esa persona a la que echas de menos. Y si estás en un partido y te sientes fuerte, ágil y muy concentrado, se activa tu modo ON para disputar cada balón. El modo ON es el nivel óptimo de activación que permite a una persona estar en su mejor momento para llevar a cabo la acción que le conduce a la meta. El camino para alcanzar el modo ON depende de la finalidad que cada uno persiga.

			El cambio de líquido a gaseoso o a sólido depende de variables como la temperatura o la presión. Es muy útil aprender de la física y la química. Solo tenemos que copiar lo que la naturaleza nos ofrece. Y lo que observamos son cambios. Porque el cambio es positivo. Y si quieres ser feliz, además de definir el trabajo del primer capítulo, necesitas encontrar el estado en el que serás capaz de actuar.

			El agua no se enfría cuando está a cien grados, pero sí lo hace a menos de cero grados, cuando se convierte en hielo. El agua cambia su estado para conseguir metas: hervir o congelarse, como en este caso. ¿Y qué decir de una mariposa? Antes de lucir vistosos colores en sus alas ha sido un gusano encerrado en un horrible capullo. Cambios. No debe de ser nada agradable estar presionada y metida dentro de un capullo. Seguro que es incómodo y poco confortable, pero sucede. Pero la mariposa logra salir y volar.

			Uno de los estados que anhelamos todas las personas es el de la felicidad. Pero no una felicidad entendida como vivir en un mundo rosa e irreal, sino como un estado general de paz, de equilibrio, en el que puedas ser tú mismo y sentirte a gusto con tu vida. La felicidad no debería ser un momento puntual y pasajero, sino un eje transversal en nuestras vidas. Ni siquiera debería ser el resultado de que todo esté alineado o el resultado de la ausencia de problemas. ¡Ni mucho menos! Lo ideal sería poder sentirnos felices a pesar de los obstáculos.

			El estado que necesitas para generar cambios que te permitan ser feliz se encuentra lejos de la apatía. Permanecer acomodado puede servirte en ocasiones. Te permitirá disfrutar de lo que vas consiguiendo. Estar en esa zona tranquila en la que sientes que todo funciona nos da paz. No debemos rechazar la zona confortable para vivir en ella en algunos períodos. Pero no es el lugar para pasar el resto de nuestra vida. Considera la zona confortable como nos tomamos los descansos y las vacaciones. Sirve para desconectar, para no pensar cuando estás mentalmente saturado, para relajarnos. Tenemos momentos de desconexión a lo largo del día: durante un paseo, en el ratito en que leemos o vemos la tele, cuando nos relajamos comiendo y conversando con alguien, o mientras escuchamos música. Pero hay otros momentos a lo largo del día en los que necesitamos estar activos, descubrir, ser creativos, trabajar bajo presión, tomar decisiones y solucionar problemas.

			Para ser feliz necesitas algo parecido: ratos en los que decidas no cambiar nada y disfrutar de lo que eres y de cómo estás, y otros momentos que requieren proactividad, cambio, poner de tu parte, esfuerzo, aspirar a más, superarte, pensar, fantasear e involucrarte. Lo llamaremos «Estar en modo ON». Despertamos los sentidos, nos orientamos con el cuerpo hacia el objetivo, y nuestra actitud se prepara para actuar.

			Te presento a seis enemigos del modo ON: la pereza, la falta de voluntad, la inseguridad, la falta de planificación, la baja autoestima o la procrastinación. Y como la mejor manera de vencer al enemigo es aplicando una estrategia, te propongo algunas soluciones:



			Contra la PEREZA. Ante la flojedad, la acción. Deja de utilizar la expresión: «Qué pereza me da...»; y sustitúyela por: «Venga, va, vamos; cuanto antes, mejor». Elige un adjetivo que se identifique con tu situación en modo ON, por ejemplo: «Soy capaz». Y actúa como lo que eres. Deja de pensar en lo a gusto que te encuentras con tu pereza y piensa en que, cuando te actives, estarás mejor.

			Y no escuches la voz interna que dice: «Quédate». Es tremenda. Tiene un montón de argumentos para convencerte. Actúa.



			Contra la FALTA DE VOLUNTAD. La fuerza de voluntad consiste en hacer un sacrificio a corto plazo para obtener una satisfacción a largo plazo. Pero las personas somos impacientes y nos gusta que lo bueno suceda de inmediato; nos cuesta aplazar y autocontrolarnos. No nos apetece hacer algo poco placentero para recibir el premio dentro de unos meses o al cabo de un año.

			Te servirá de ayuda visualizar el objetivo final y pensar cómo te sentirás en el futuro. Ten recuerdos visuales de lo que deseas ser. Puedes hacer un collage con todos los pasos que vas dando y con aquello en lo que te vas esforzando y que te acerca a tu meta.



			Contra la INSEGURIDAD. Quizá tengas dudas sobre la dificultad, sobre tus capacidades, sobre tu talento. Es normal. Ante los cambios, todos tenemos esa inseguridad. Puedes interpretarlo como algo positivo. Te permitirá estar más centrado y alerta. El miedo a fallar hará que controles cada paso, que lo valores y que te muestres respetuoso. El exceso de seguridad nos lleva, muchas veces, a ser demasiado confiados y nos impide involucrarnos con la misma minuciosidad.



			Contra la FALTA DE PLANIFICACIÓN. Las personas desorganizadas viven en un caos continuo. Son desordenadas, gestionan mal el tiempo, y todo ello les limita para llegar a ser eficaces. Se agobian cuando no logran sus objetivos, y su nivel de estrés y ansiedad son mayores que el que tienen las personas ordenadas.

			Llevar una agenda, cumplir con las metas, no ponerse objetivos irreales, trabajar la concentración y desatender estímulos que restan atención, y poner tiempos a las actividades, pueden ser soluciones que te ayuden a gestionar mejor tu falta de planificación.



			Contra la BAJA AUTOESTIMA. ¿No te ves preparado, no crees que vales lo suficiente como para conseguir el cambio? Que te falte seguridad para dar un nuevo paso es comprensible, pero que no te valores y te limites no lo es. Piensa en tus valores, en tus fortalezas, en las veces que te has superado, en historias de superación de otras personas, y valora realmente lo que somos capaces de hacer. ¿Por qué razón tú no vas a poder conseguirlo?



			Contra la PROCRASTINACIÓN. No dejes para mañana lo que podrías hacer hoy. Normalmente, la procrastinación se acompaña de excusas del estilo: «Es difícil»; «No tengo ahora tiempo»; «Me falta información»; «Tengo que contactar antes con Fulanito»; «Me siento cansada»... Piensa que la procrastinación lleva un lastre mayor. La ansiedad que te genera la tarea cada vez que la postergas va en aumento. Mañana se te hará más cuesta arriba de lo que se te hace hoy. Te propongo cerrar o apagar todo lo que te distraiga: teléfono, correo electrónico, televisión e internet; y poner una hora de inicio. Crea un ambiente relajante a tu alrededor, ordena tu mesa, hazte un café y pon música agradable, y empieza a hacer lo que tenías pendiente. Empieza aunque solo sea para convencerte de que es posible iniciar esa tarea, empieza con la parte que dependa de ti, haz algo por poco que sea, de tal manera que mañana hayas avanzado y te sientas bien contigo mismo.



			Amigos del modo ON son: la flexibilidad, la tolerancia contigo mismo, aprender de los errores en lugar de culpabilizarte por cometerlos, la capacidad de esfuerzo y la perseverancia. Cada vez que logres un cambio, cada vez que te sientas exitoso, piensa en qué compañeros de viaje te asistieron.

			Y cuando todo falle, apela a la responsabilidad. No siempre encontrarás la motivación que necesitas, pero siempre podrás recordar cuáles son tus valores.

			¿Cómo activarte para encontrar tu modo adecuado de activación? Decíamos que cada meta necesita de un estado. Y ese estado es algo que tú puedes provocar trabajando, sobre todo, tu cuerpo y tus emociones. Hay metas que requieren calma, quietud y serenidad, y otras que necesitan un combustible más potente. Me refiero a tener garra, estrés positivo, fuerza y energía.

			Estas son algunas de las acciones que suelen activar a muchas personas:



			• Escuchar música que me ponga las pilas, que me transmita energía positiva.

			•Ponerme un vídeo motivador, de alguien que se supera.

				•Ver películas de historias de superación personal.

				•Ponerme el vídeo de un partido en el que lo di todo, ver mis goles o una carrera en la que arranqué de atrás y fui ganando puestos.

			•Ver cómo baten récords deportivos.

				•Pensar en el himno de mi país y verme en el podio con la medalla de oro y completamente emocionado.

				•Recordar un éxito profesional y cómo me felicitaron mis compañeros y mi jefe.

				•Traer a la memoria hechos emotivos.

				•Escuchar el discurso de algún líder que me remueva las emociones y me ponga los pelos de punta.

				•Ponerme de pie, tensar mis músculos y dar alguna palmada vigorosa. Sentirme fuerte.

				• Hablarme en términos positivos y motivadores: «Venga, venga, venga, va, va, va».

				• Hablar con alguien que haya conseguido lo que yo mismo deseo hacer.



			Si buscas un estado de tranquilidad para entrar en tu modo ON, aquí tienes otros ejemplos:



				•Crear un ambiente laboral que relaje: ordenar, tener luz, poner flores...

				•Realizar el ritual del té o del café.

				•Tener una pizarra en la que anotar disparates, en la que ser creativo, en la que no se me escapen ideas.

			•Leer.

			•Escribir.

			•Practicar alguna técnica de relajación, antes de tener un momento que pueda generarme tensión.

			•Escuchar música clásica.

			•Tener tiempo para hacer lo que necesito.

			•Respirar, cerrar los ojos cinco minutos y desconectar.




							Momento libreta...



Piensa en tu meta. Anota al margen el estado y la actitud que te facilitará alcanzarlo, y elabora una serie de acciones que te ayuden a conseguirlo. Luego emprende tu proyecto, actúa, empieza a poner en práctica esas acciones. Puedes guiarte por los ejemplos de estas dos personas:



							Ejemplo 1. Atleta olímpico

							Mi meta es competir este año en el Mundial.

							Necesito estar activado durante la temporada, con fuerza para poder cumplir unos entrenamientos muy exigentes.

							¿Qué cambia mi estado? Verme en otras competiciones me pone las pilas, me motiva. Entrenar con música: suelo hacer una selección que escucho en los rodajes largos. Imaginar mi emoción cuando cruce la meta y haya logrado la medalla que tanto deseo.



							Ejemplo 2. Delegado de laboratorio farmacéutico

							Mi meta es salir a correr por la mañana; es el único momento en el que podría sacar un poco de tiempo para hacer ejercicio.

							Necesito fuerza de voluntad y que no me dé pereza cuando suene el despertador.

							¿Qué cambia mi estado? Poner la música de la película Rocky mientras me lavo los dientes. Imaginarme llegando a casa agotado y satisfecho.





			Otro obstáculo que bloquea tu estado «emprendedor» puede ser tu pasado. Cuando has intentado algo y no te ha salido, tu memoria te recuerda que no eres capaz de conseguirlo y que ya fracasaste. No nos gusta fracasar, no nos gusta lidiar con las emociones negativas resultantes del error, así que nos cerramos a la oportunidad de intentarlo de nuevo. Si este es el motivo que bloquea tu estado, haz el siguiente ejercicio como si no tuvieras memoria, como si no tuvieras un pasado. Lo que buscamos es que un puñado de recuerdos no condicionen tu futuro.

			El ejercicio consiste en seguir estos consejos para gestionar tu anterior fracaso:



			1.Haz borrón y cuenta nueva. Anota tu fracaso en una hoja y rómpela, tírala o destrúyela. Como prefieras.

			2.Acepta tu error: «¡Sí, me equivoco, I love fracasar!».

			3.Dejar de interpretar. Un error no dice nada de ti. Solo dice que lo intentaste. Lo que habla de ti de forma positiva es actuar de nuevo.

			4.Dejar de adivinar, sobre todo si te dedicas a anticipar un nuevo fracaso. Limítate a actuar. ¡Eso ya es mucho!

			5.Piensa más en lo que esperas de ti, que en lo que te obligó a abandonar el camino la vez anterior.

			6.No tengas expectativas negativas. Déjate llevar. Quejarte por lo desgraciado que eres, lamentándote por lo que anhelas... eso no es construir, es victimizarse.





			Los cambios necesitan movimiento, y este, energía. La energía la pones tú. Y si no la tienes, la buscas. Está más que demostrado que somos capaces de generar estados emocionales con una rapidez sorprendente, en un pispás. Un comentario gracioso te saca del llanto y consigue que rías a carcajadas. Sentirte en peligro en una situación te lleva a correr cuando estabas cansado, o un simple elogio permite que creas en ti cuando estabas dudando. Somos capaces de lo que queramos. Pero tienes que responsabilizarte de tu modo ON.





		 			4




			Las copas de la abuela Eva viven el presente





				—¿Qué día es? —preguntó Pooh.

				—Es hoy —contestó Piglet.

				—¡Ah, mi día favorito! —dijo Pooh.



			A. A. MILNE, Winnie the Pooh





			Mi abuela estaba enamorada de unos vasos de colores que utilizamos a diario. Me gusta comer con platos y vasos bonitos, me gusta la decoración colorida y desigual: vasos, copas y platos diferentes. Me gusta sentarme a la mesa como si tuviera algo que celebrar cada día. Mi abuela, de noventa años, me pidió que para Navidad de 2015 le regalara unos vasos iguales. Y me pareció que con noventa años no tenía que esperar a Navidad para recibir ese regalo. Así que en el mes de julio le compré unas copas preciosas, verdes y amarillas.

			Yo soy de las que estrenan todo en cuanto pueden, vamos, que me faltan segundos para llegar a casa, meterlas en el lavavajillas y ponerlas en la mesa en la siguiente comida... y subir mi foto a Instagram. Le pregunté a mi abuela al día siguiente si las había estrenado, y cuál fue mi sorpresa cuando me contestó que eran preciosas y que le daba pena utilizarlas, y que las guardaría para un momento especial. Y yo pensé: «¡Alma de Dios, pero si con noventa años cada segundo de tu vida debería ser un momento especial!». Y al ratito me di cuenta de que mi abuela es tan optimista y vital que quizá tiene pensado enterrarme y vivir treinta años más.

			Ni lo uno ni lo otro. Mi abuela tiene la capacidad para disfrutar del presente y también piensa en que es joven y que aún tiene que dar mucha guerra. Pero su generación se ha educado para ser feliz solo con los grandes acontecimientos. La felicidad de las mujeres de esta generación dependía de casarse bien, de tener hijos, de los ascensos de sus maridos y de los suyos propios cuando ellas trabajaban, del bautizo, de la comunión y de las bodas de sus hijos, de tener nietos y de las cenas de Navidad en familia en las que se sacaban «la vajilla y la cristalería buenas». Las buenas eran las caras, las que les habían regalado en la boda.

			La felicidad, hasta hace poco tiempo, solo estaba relacionada con la consecución de objetivos, pero no con el disfrute del camino. Vivir el presente era algo secundario, ¡con la de cosas importantes en las que había que pensar durante el día! Que si se cae un hijo, que si alguien enferma, que si un compañero del trabajo no me traga, que si hay tráfico, que si la vecina se acuesta con fulanito mientras el pobre del marido se rompe los cuernos trabajando, que qué hago de comer, etcétera, etcétera. La felicidad hasta hace bien poco estaba al final del camino. Incluso hoy en día, son muchas las personas que esperan hasta su jubilación para poder hacer lo que llevan soñando toda su vida y no se han permitido realizar porque había que compaginar la casa, el trabajo, ahorrar y sufrir hasta que los hijos se colocaran en un trabajo, se casaran y tuvieran hijos.

			El sacrificio que han realizado muchos padres hasta que sus vástagos tuvieran asegurado el futuro ha sido muy duro. Les ha supuesto renunciar a unas vacaciones en el Caribe, prescindir de salir a cenar a un restaurante con su pareja, descartar aficiones que consideraban un lujo... y todo con el fin de ahorrar.

			Esto ha cambiado. Desde hace un tiempo, y basándonos en corrientes budistas, orientales o filosóficas, o a través de la psicología positiva, nos estamos orientando y entrenando para disfrutar de cada momento de nuestras vidas. No es que los grandes acontecimientos hayan perdido valor, es que los detalles diarios lo han ganado. Y esto ocurre tanto en la vida personal como en el ámbito profesional.

			¿Has tenido la oportunidad de ver la película Kung Fu Panda? Es muy ilustrativa. Tiene esa parte infantil y divertida para que los niños la disfruten y esa otra lectura reflexiva que dejan todas las películas de Disney para que los adultos nos demos cuenta de lo confundidos que andamos por la vida. En un momento de la película, el Maestro Tortuga le dice al Panda: «Te preocupas demasiado por lo que fue y por lo que será. Hay un dicho: “El ayer es historia, el mañana es un misterio, sin embargo el hoy es un regalo. Por eso se le llama presente”».

			Es fácil y sencillo de comprender, pero qué incapaces somos de hacerlo. Y siempre tenemos una excusa: «Es que no llego»; «Es que no me organizo»; «Es que llevo todo para adelante»; «Es que estoy muy ocupado»... y entre tantos «es que», el presente, sin barrer.

			Una solución para vivir en el presente es ponerse al día en mindfulness. En castellano la palabra significa «conciencia plena», y para alcanzarla, entre otros ejercicios de meditación y respiración, tenemos que entrenar la capacidad de disfrutar el presente. El «ahora», el «esto», el «aquí» o el «momento», son palabras que utilizamos como anclaje para acordarnos de qué tenemos que prestar atención. Perdemos la capacidad de estar presentes, no en cuerpo pero sí en alma, porque hemos entrenado demasiado el cerebro para la multitarea. Queremos hacer varias cosas a la vez pensando que así ganamos tiempo, pero lo que ganamos es estrés y pérdida del disfrute. Es imposible tomar conciencia de todo lo que te despierta una cena, una carrera o una reunión de trabajo si no le prestas atención.

			Hay tres enemigos que impiden vivir en el presente. El primero es el móvil, que ya no es un móvil, sino un hombre orquesta. Hace de todo, te informa de todo y, si no lo utilizas bien, te somete. El segundo enemigo son nuestros juicios de valor constantes sobre lo que hacemos. Buscamos un significado a todo para sentirnos tranquilos. Es normal etiquetar, y hacer juicios de valor nos permite anticiparnos y protegernos, pero también nos condiciona lo que vivimos, elimina el factor sorpresa y nos impide vivir con intensidad. Lo conocido pasa de largo porque lo juzgamos: «Esto ya lo conozco y es malo, bueno, frío, caro, absurdo...»; no le damos otra oportunidad, y al juzgarlo y clasificarlo, dejamos de observarlo y vivirlo de forma plena. Y el tercer enemigo es la prisa: ¡si supieras lo poco que ahorras cuando vas corriendo!

			Vivir el presente no significa vivir de forma temeraria: consumir todo el alcohol por si mañana no puedes beber; acostarte con todas las personas sexis por si mañana se acaba el mundo; ser sincero de más, o sea maleducado, por si mañana no tienes la oportunidad de decirle lo que piensas a esa persona. Vivir el presente significa quietud, elegir el ritmo de un momento determinado, despertar los sentidos mientras realizas cualquier actividad, observar y descubrir lo nuevo. Siempre hay algún detalle que se nos pasa de largo. Yo he visto películas varias veces porque me encantan, y cada vez que las vuelvo a ver, descubro un detalle en el que anteriormente no había reparado.

			Vivir en el ahora significa disfrutar de las personas y de los momentos. ¿Qué puede ayudarte a conseguirlo? Estas son algunas de mis propuestas:



			• Desconecta el móvil cuando estás en una reunión, en una comida, paseando con el perro o hablando con cualquier persona. El móvil es un potente instrumento de distracción. Nos hemos acostumbrado a contestar WhatsApp mientras hablamos con alguien, como si fuera algo normal. Y no lo es, es una conducta grosera y demuestra una falta de interés hacia la otra persona. Si tratas de contestar en dos registros al mismo tiempo, no estás atento a ninguno de los dos. Y deja de excusarte con que es importante o que solo es un segundo. Ten en casa un rincón de desconexión en el que dejar los móviles para los momentos en los que compartís conversaciones y comidas con la familia. Si dejas el teléfono en la mesa, al final terminas utilizándolo.

			Propón también, a tus amigos y compañeros de trabajo, dejar el móvil en el bolsillo, fuera de la reunión o en cualquier otro lugar donde la tentación de mirarlo esté controlada.

			• Adopta una postura relajada. Sonríe, mira a los ojos, abre tus brazos, siéntate de forma cómoda, como si fueras a disfrutar muchísimo del momento. Deja de preocuparte de la hora que es.

			• No guardes nada para los momentos especiales, porque todos lo son. Sal a la calle con la mejor ropa interior que tengas, estrena esos zapatos que estás reservando para la ocasión que nunca llega, abre un buen vino para una cena diaria con tu pareja, compra flores frescas de vez en cuando y deja que tu casa se inunde de olores, cuida los detalles en casa a la hora de poner la mesa o arréglate para estar a gusto contigo mismo.

			• Verbaliza qué está ocurriendo. Cuando estés solo, puedes hacerlo en voz alta. Háblate a ti mismo verbalizando todo de lo que estás disfrutando. «Me gusta mi casa, mi cocina es acogedora, qué rincón tan mono tengo en la oficina, me encanta cómo me está quedando este informe, estoy entrenando genial hoy y me siento fuerte, me gusta la sonrisa de mi marido cuando le miro al despedirme.» Trata de hablar hacia adentro o hacia fuera en el momento en el que está ocurriendo, en el aquí y en el ahora. No lo hagas a modo de repaso del día o de recuerdo. Hazlo mientras transcurre, cuando de verdad está sucediendo. Es una técnica que funciona para mantener la atención y disfrutar de lo que sucede.

			• Busca una expresión clave como «estás presente», «ahora» o «metido», para volver a la «tierra» y estar en cuerpo y alma cuando te encuentres divagando sobre un error del pasado, sobre pensamientos absurdos o planificando un futuro que te impide disfrutar del momento actual. Esa palabra tiene que recordarte lo importante que es vivir este momento que no tiene repetición. Ningún momento lo tiene, no los ningunees.

			•Trata de vivir descubriendo. ¿Qué me ofrece este momento, esta persona o esta experiencia que estoy viviendo ahora? Olvídate de lo que tienes que hacer después, descubre lo que tienes ahora. Despierta tu curiosidad. No percibas tu alrededor como algo normal, regalado o que te viene dado. Nos hemos acostumbrado a un nivel de bienestar y calidad de vida en los que hemos terminado por normalizar cosas maravillosas. Ya no tienen valor porque están ahí cada día, y con la costumbre, dejamos de apreciarlas. Cuando viajas y te vas de vacaciones, te asombras con todo lo que ves diferente: la naturaleza, los sonidos, los olores, la gastronomía o los paisajes. Todo nos parece asombroso, pero seguro que a sus habitantes no. Porque ese entorno forma parte de su «normalidad». Para ellos es normal verlo cada día, y con ello, deja de disfrutarse.



			Recuerdo un día en el que decidí vivir el presente, fue algo consciente. Estaba comiendo como cada día en la misma cafetería, haciendo lo de siempre. Recuerdo que pedí unos mejillones en escabeche, un plato de jamón y una copita de vino. Era mi comida habitual. Y mientras, leía el Marca. Tenía el mismo ritual cada mediodía. Me relajaba y era mi momento de desconexión del trabajo. Ese día la cafetería estaba abarrotada y entró un extranjero, un finlandés, de esos que vienen a Granada en viajes organizados, los dejan en la ciudad y luego los recogen en el punto de encuentro. Los extranjeros tienen por costumbre compartir mesas, así que se sentó en la mía porque todo estaba lleno. Era una mesa alta, de tapeo, no una mesa formal. Que se sentara me molestó, de alguna manera irrumpía en mi momento perfecto. Pero encima, empezó a hablarme, como quien no tiene nada que hacer y busca entablar conversación. Esto me sentó todavía peor. Pero el hombre, con cara amigable, trataba de vivir el momento, de empaparse de Granada, de sus tapas y de su gente. En un momento determinado, cerré el periódico, le miré a los ojos y me dije: «Patri, escucha. Este hombre está hoy aquí y dentro de un rato se habrá ido». Así que me enteré de que era un marinero que había dedicado al mar toda su vida. También me dijo que yo tenía un ángel, como todas las personas, y que lo llevo en la espalda. Me preguntó qué nombre le quería dar y le dije que «Cuatro», ya que me encanta el número cuatro. Fue una experiencia increíble y tuvimos una conversación interesantísima. Me la hubiera perdido si no hubiera estado atenta.

			Para vivir el momento necesitas, sobre todo, tomar conciencia de ello. Por eso es importante tener una palabra que te recuerde el objetivo. Una de las consecuencias más importantes de vivir en el ahora es el goce que ello genera. Es imposible disfrutar de lo que vives cuando tienes la atención dividida, pero al estar pendiente de lo que pasa y fusionarte con tu ahora, terminas por descubrir sensaciones que pasaban desapercibidas.




							Momento libreta...



Ahora coge tu cuaderno Cuenta contigo y, para entrenarte en vivir el presente, realiza estos dos ejercicios:



				1.Haz una lista de todo lo que estás guardando para la ocasión perfecta. Y elige momentos cotidianos para estrenarlo y usarlo. No te preocupes de si se rompe o se estropea. Las cosas tienen más solera cuando están utilizadas. Por ejemplo:

							• Algo de ropa nueva que está por estrenar.

							• Dormir con un pijama chulo en lugar de esa ropa desgastada.

							•Utilizar la cubertería, los platos y la cristalería que están llenos de polvo esperando la Nochebuena.

							•Un bolígrafo bueno que tienes en el cajón y que no lo usas porque es caro y tienes miedo de perderlo.

							•Arréglate como si fueras a encontrar al hombre o a la mujer de tu vida cuando vayas hoy a comprar al mercado.

							•Ponte tu perfume para estar en casa.

							•Prepárate el té como si tuvieras invitados, aunque solo vayas a tomártelo tú.

							•Ordena tu mesa de despacho para disfrutar del orden.

							•Enciende unas velas para cenar.



			Elige cada día un objetivo que te ayude a disfrutar más de tu presente y reflexiona acerca de cómo te sientes.



					2. Lleva en tu libreta un diario de momentos presentes disfrutados. Cada vez que hayas fluido y hayas estado atento a tu momento, anótalo. He aquí algunos ejemplos:

							•En el trabajo: decidí quitar el sonido al correo entrante, cerré todas las pestañas de internet, me preparé un café y me puse a redactar un trabajo que tenía que entregar. Experimenté una mayor concentración, me fluían las ideas y fui avanzando con una tarea que había postergado. Me sentí bien y orgulloso de cada paso que daba.

							•En el deporte: decidí centrarme durante el entrenamiento en las sensaciones y aparté por completo la idea de conseguir objetivos. Hacía tiempo que no me fijaba en el sonido del balón cuando bota, el tacto rugoso de la pelota, el ángulo de mis brazos cuando lanzo un tiro libre. Mi objetivo eran mis sensaciones, lo que oía y sentía. Se me pasó el entrenamiento volando, buscaba y encontraba cosas. En ningún momento pensé si mi tiro era erróneo o si estaba entrenando bien, solo me dejé llevar por las sensaciones que me proporcionaba el tocar, botar y escuchar.

							•En tu vida cotidiana: mientras cenaban mis hijos, decidí sentarme con ellos y dejar de decirles: «Venga, va, cenad más rápido». Normalmente me agobio con lo lentos que son. Decidí prestar atención a sus caras, blancas como la porcelana, sin manchas, sin granos, sin arrugas, caras lisas de niños. La expresión viva de sus ojos y su curiosidad con todo: «Mamá, ¿es verdad que...?». Iba contestando sus preguntas, riéndome con sus tonterías y disfrutando de la cena. No sé cuánto tardamos en cenar, estaba completamente metida en el momento. Fue genial.



			Llevar anotaciones de lo que has logrado permitirá estar más pendiente de ello.





			La capacidad de estar atento a lo que ocurre a nuestro alrededor es algo que todos seríamos capaces de conseguir si lo entrenásemos.

			Le dije a mi abuela que me pasaría cada día por su casa y que rompería cada copa que no estuviera utilizando, y que al día siguiente le compraría otra igual o diferente, pero también preciosa. Así que las copas de mi abuela ya disfrutan del presente, en lugar de cubrirse de polvo en una repisa, viendo la vida pasar.





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			Ni contigo ni sin ti

tienen mis penas remedio





				Rema en tu propio barco.



			EURÍPIDES





			Si ni contigo ni sin ti tienen mis penas remedio, lo mejor es no contar con nadie. Y es cierto, las personas nos sirven de apoyo, pero no son las soluciones que necesitan nuestras penas. Muchas personas no se responsabilizan de sus vidas apelando a excusas como: «Es que como no vienes conmigo»; «Es que como tengo que ir solo»; «Es que así es aburrido»; «Es que necesito alguien que tire de mí». Utilizan la excusa de que están solos. La excusa permite que te tranquilices porque da un motivo para no realizar algo. Y hace que te sientas menos culpable y controles el remordimiento. Si tienes un pretexto, tienes un motivo que te limita e impide que te responsabilices y te involucres con tu vida.

			Cualquier cambio pasa por la dicotomía entre lo que debo y lo que me apetece hacer. «Lo que debo» forma parte de la responsabilidad, y también forma parte de lo incómodo. Incluye postergar placeres a corto plazo para sacrificarte en el momento presente. En cambio, «lo que me gustaría hacer» es nuestro diablillo. Consigue que sigamos en la zona confortable, sin trabajo, sin esfuerzo y protegidos. Produce mucho gusto a corto plazo, pero también despierta sentimientos, como el remordimiento y la culpa, por no ser responsable. Una excusa, al fin y al cabo, es un engaño. Y no hay nada más triste que el autoengaño. Con él reducimos nuestras emociones negativas y evitamos el sufrimiento. Pero sin ese malestar, no hay cambio.

			Las personas generamos relaciones de dependencia. No solo con la pareja, sino también con los hijos, los padres, los amigos y los compañeros de trabajo, e incluso con el jefe, con profesores y entrenadores. La dependencia no siempre es fruto del amor, de sentirse solo o abandonado, hay cosas que no pueden realizarse sin otra persona. También existen otros beneficios detrás de las relaciones de dependencia: ser más eficaz, más resolutivo, estar más motivado o feliz si alguien te acompaña o participa contigo en alguna actividad. Hay relaciones de dependencia que buscan que el otro tome la iniciativa para secundarle. Y cuando el otro abandona o no asiste una tarde a su entrenamiento, también dejas de hacerlo tú. Cada vez que utilizas el pretexto de que no cuentas con nadie, te sientes mejor. Y eso te relaja. Pero estarías mucho mejor si no buscaras excusas y actuaras tú solo.

			Contar con la gente es genial, pero no puede ser determinante, ni el motor para ponerte en marcha. La situación ideal pasaría por ser capaz de hacer algo tú solo, poder disfrutarlo, y si se añade alguien, bienvenido sea. Pero que tu implicación, tu compromiso y tu felicidad no dependan de si vienen o se quedan.





Sensación de ridículo




			Uno de los miedos a hacer cosas solos (comer solo, cenar solo, ir al cine solo o viajar solo) es que nos invada la sensación de ridículo. Las personas se preocupan por el «qué pensarán los demás» si los ven hacer actividades que a priori «deberían» realizarse acompañado. Podrían llegar a la conclusión de que «no tengo amigos, estoy colgado, soy un tipo raro». Lo cierto es que eso es lo que tú pensarías de alguien cuando lo ves solo en el cine. Son tus prejuicios. Pero no tienen nada que ver con los juicios de valor que hacen los demás. Y si es así, ¡qué más da! Ni los conoces ni los conocerás en la vida. Y puede que a muchas otras personas que están en el cine les sirva de ejemplo y hagan reflexiones del tipo: «¡Olé, qué personalidad!, se viene solo al cine y le da igual; ya me gustaría a mí ser tan decidido».



			Solución: atrévete a ponerte en situaciones que te parecen ridículas. Empieza por las más sencillas, como tomar un café en una terraza soleada. Haz una lista de todo aquello que te da vergüenza hacer solo y enfréntate poco a poco a todo. Valora después de cada exposición tu nivel de ridículo, tu nivel de bienestar, aquello que disfrutaste y si fue tan tremendo como parecía al principio.





Timidez y déficit en habilidades sociales




			Otro motivo por el que no te arrancas a ir solo es tu timidez o tu déficit en habilidades sociales. «¡Cómo voy a llegar sola a una clase de bailes latinos, nadie querrá bailar conmigo! Imagínate, no sé con quién podría entablar conversación ni de qué hablar, me quedaría sola sin saber cómo relacionarme.» Pues te aguantas. La mejor manera de vencer la vergüenza es exponerte a situaciones en las que te ves obligado a relacionarte. Si acudieras a estas clases con una amiga o con tu pareja, terminarías relacionándote menos con los demás, te perderías a personas interesantes porque seguirías en tu zona confortable, que es relacionarte con quien es cómodo para ti, tu amiga o pareja.



			Solución: busca actividades que te obliguen a relacionarte con personas: teatro, baile, senderismo, viajes organizados o clases de cocina, por ejemplo. Haz una lista de todo lo que necesitas a nivel social: iniciar conversaciones, mantener el contacto ocular, sonreír a la gente y escuchar con pausa; y elige el comportamiento por el que vas a empezar. Todo se entrena, y sobre todo las habilidades sociales.

			Puede que te afecte el qué dirán, pensar si estarás a la altura o si caerás bien en el grupo. Si sonríes, eres prudente, escuchas, te interesas por los demás y sigues una conversación, seguro que caerás bien. Las personas que tienden a caer mal son las sabelotodo, las que no dejan intervenir a los demás, las que se muestran serias y tienen cara de pocos amigos y las soberbias, egocéntricas e inflexibles.

			Para caer bien en un grupo, al principio, es muy sencillo. Acepta la idea de que puedes caer mal... y de que puedes caer bien. No luches contra este pensamiento, déjalo estar y centra tu atención en sonreír. Las personas risueñas nos caen bien. Si piensas en que no tendrás éxito en el grupo, lo normal es que estés pendiente de ese tipo de señales (quién te mira con desconfianza, quién no te sonríe), pero si pruebas a hacer lo contario, anticipar que vas a estar a gusto, te fijarás en miradas cómplices y en sonrisas, y sabrás quién te invita a formar parte.





Pereza




			Un tercer motivo para no hacer cosas solo es la pereza. Se da cuando necesitas que alguien te anime y te saque del sillón. Es cierto que motiva más contar con otros. Si sales a correr, de alguna forma el compromiso adquirido con otra persona también genera en ti esa responsabilidad, y alguna mañana en la que tú hubieras tirado la toalla, la idea de no dejar colgado a alguien te empuja.



			Solución: define un objetivo que te motive. Si no lo hace la meta, busca que te motiven los pasos que te acercan a ella, o las sensaciones, o cualquier otro estímulo. Y utiliza tu fuerza de voluntad. Tienes tanta como cualquier otra persona, lo que ocurre es que no estás acostumbrado a utilizarla. Tienes que desempolvarla y creerte que está contigo. Si te anticipas pensando que no tienes voluntad, esta misma idea se habrá convertido en tu excusa. Sí la tienes, úsala.





Aprobación por parte de los demás




			Un penúltimo motivo para lanzarte a hacer cosas en solitario es el miedo a no contar con la aprobación por parte de los demás. Hay personas con grandes iniciativas e ideas brillantes que son incapaces de emprenderlas por falta de apoyo. Este no siempre es económico, también puede ser de tipo moral: «A los demás no les parece que mi idea sea tan buena, piensan que es muy complicado llevarla a cabo, dicen que me va a costar muchísimo y que a corto plazo no veré beneficios». Para Einstein, «los que dicen que es imposible no deberían molestar a los que lo están haciéndolo». Así que deja de escuchar a quien boicotea tu sueño. Pon los pies en la tierra, ten sentido común, pero no dejes de soñar. La única aprobación que necesitas es la tuya. Siempre hablando desde el marco de la sensatez, el sentido común y la responsabilidad.



			Solución: valora los pros y los contras de lo que vas a emprender. Considera si se trata de un riesgo valiente o temerario. Piensa en el tiempo, la inversión y la energía que necesitas para llevarlo a cabo. Si te apasiona de verdad, trata de planificarlo con sentido común. Hay objetivos que pueden alcanzarse en un día y otros que necesitan años. Lo importante es empezar a dar pasos.

			A los que te dicen que estás loco, escúchalos de forma constructiva: ¿qué están intentado decir? Ten en cuenta las opiniones de los demás, pero no dejes que te limiten. Piensa si tienen razón, si deberías tener algo más en cuenta, si son comentarios que buscan que profundices más. A veces la pasión nos ciega e impide que veamos fallos o problemas que pueden surgir. Esos fallos o problemas no tienen por qué ser motivo para abandonar, solo para que busques soluciones, y para que completes y perfecciones tu idea brillante.





Baja autoestima




			Hay personas que insisten en mantener la falta de autonomía y seguir dependiendo de otros por un problema de baja autoestima. Son personas que sienten que no son capaces, que no están preparadas, que les faltan recursos, que no se valoran y que creen que con la ayuda de otros todo será más fácil.



			Solución: son varias las acciones que pueden llevarse a cabo para superar la baja autoestima:



• Deja de contemplarte como la media naranja de algo. Eres una fruta completa.

			•Deja de hablar mal de ti mismo y empieza a verbalizar en positivo sobre ti: «Soy capaz de hacerlo solo, no importa si me equivoco, lo que importa es ser valiente e intentarlo».

			•Contempla el fracaso como parte de tu camino. Si piensas que un fracaso te hundiría más y provocaría críticas por parte de los otros, estás muy equivocado. Las personas valoramos mucho más a los valientes y a los que se equivocan, que a los acobardados con una vida predecible y controlada. ¿A quién le gustan los Flanders? A nadie, nos gustan los Simpson.



			Tenías cinco excusas: sensación de ridículo, timidez, pereza, aprobación por parte de los demás y baja autoestima. Ahora también tienes cinco soluciones.


							Momento libreta...



A nivel general y para vencer los miedos puedes preguntarte:



	 • ¿Qué es lo peor que me podría pasar si hiciera esto solo?

	 • ¿Puedo asumir ese riesgo?

	 • En caso de que suceda, ¿puedo poner soluciones, o se trata de un riesgo con un punto de no retorno?

	 • Lo que ahora me parece tan importante, ¿lo será también dentro de unos días? A priori y a punto de dar el paso, todo parece salirse de madre, pero pasados los días nos damos cuenta de que en el planteamiento inicial fuimos tremendistas.



							¿Te ha ocurrido alguna vez? Busca cuál es tu motivo y pon solución. Con papel y lápiz.





			También te puede ayudar imitar a los que sí lo lograron. Busca un modelo, un ídolo, alguien a quien imitar. Indaga en internet, lee, busca documentales y películas de historias reales. Quédate con los ejemplos de quienes dieron solos el paso. ¿Con qué contaron? ¿Fue la creatividad, la decisión, la pasión por lo que hacían, la necesidad de preservar la salud, la ambición de querer ganar?

			Una vez leí la historia espectacular de una mujer valiente, que consiguió su objetivo y su récord sola. Bueno, sola del todo no, con sus perros que tiraban del trineo. Susan Butcher fue musher, que es precisamente el nombre que se da a quienes conducen un trineo tirado por perros. Hasta que ella no empezó a participar en ese tipo de carreras, solo lo hacían los hombres.

			Susan Butcher se convirtió en la revelación y revolución de la Iditarod, una carrera de 1.800 km en la que se recorren grandes e inhóspitas superficies de hielo ártico. Transcurre por las cordilleras de Alaska a temperaturas inferiores a −70 °C. Con viento, tempestades y todas las condiciones climáticas adversas que se puedan imaginar. ¡Esto sí que es una buena salida de la zona confortable! Solo corres tú con tus perros. Susan se hizo merecedora del respeto de todos los mushers no solo porque ganó y porque se atrevió a correr esta carrera sola, sino porque fue capaz de cambiar la preparación de sus perros y de ella misma para ganarla.

			La carrera es larga, son entre nueve y quince días lidiando con la climatología y los perros. Hasta que ella empezó a entrenarse para participar, la carrera se corría siempre igual: doce horas corriendo y otras doce horas de descanso. Decidió que sus perros entrenarían como lo hacen los deportistas de alto rendimiento, con descansos, con preparación física y cuidándolos y mimándolos mucho. Y modificó los períodos de descanso y actividad. En lugar de hacerlos cada doce horas, decidió correr entre cuatro y seis horas, ininterrumpidamente, sin dormir en toda la noche. Ganó durante cuatro años consecutivos y luego falleció de leucemia.

			¿Qué hizo grande a Susan? Su valentía, su creatividad, no necesitar a nadie, ignorar a los que desconfiaron de una mujer para cumplir con este tipo de retos, centrarse solo en lo que la apasionaba y entrenar y esforzarse. Sola.

			Cuando lees historias como esta, primero te emocionas, luego sueltas alguna lágrima, te llenas de energía porque aprendes que si algunas personas no tienen límites, tú tampoco, y cuando te tocan las emociones, te preparas y actúas para llevar a cabo tu cambio. Y lo haces solo.

			Antes de terminar este capítulo, me gustaría que dejaras de preguntarte qué necesitas tú de los demás y pensases en quién necesita de ti. Cuando una persona consigue resolver sus situaciones con autonomía, pasa a un nivel superior. No solo deja de necesitar a otros, sino que es capaz de colaborar en el bienestar de terceros.

			¿Qué puedes hacer tú por los demás? Hacer cosas por los demás eleva las emociones. Hacer cosas por uno mismo te permite disfrutar; pero regalar, ser generoso y altruista, provoca emociones muy superiores. Los beneficios del altruismo son muchos. Aquí tienes cinco:



			1.El altruismo es una fuente de bienestar y felicidad. Es imposible hacer un acto de generosidad sin sentirte bien contigo mismo.

			2.Cuando consigues que alguien mejore su bienestar, inmediatamente mejora el tuyo.

			3.El altruismo y la bondad se refuerzan porque tú también te sientes bien ayudando a la gente. Es el famoso «egoísmo» del altruismo. Es placentero de por sí.

			4.Está demostrado que las personas disfrutan más regalando que recibiendo regalos. El hecho de pensar en el otro, ver la cara del que recibe tu regalo, emocionarse por acertar y recibir un agradecimiento, no tienen precio.

			5.Las personas benevolentes y bondadosas presentan niveles muy altos de felicidad y bienestar.



			Dice un proverbio árabe que quien quiere hacer algo encuentra un medio, y quien no quiere, encuentra una excusa. Los demás pueden desconfiar y dejar de creer en ti, tú no. Pueden no acompañarte, tú no. Tú eres tu apoyo, tu muleta, tu pilar. Tú para ti lo eres todo y tienes que convivir con eso durante el resto de tu vida. No te falles, ni te desmotives, ni dejes de involucrarte. Tú solo.





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			La terapia de los melocotones en almíbar... o de los yogures caducados





				Las cosas solo tienen el valor que les damos.



			MOLIÈRE





			En todas las casas, ya sea la de nuestros abuelos, la de nuestros padres o nuestra propia casa, hay una lata de melocotones en almíbar. No sé por qué, pues la verdad es que se utilizan poco. Yo raramente los uso, pero siempre tengo una. Como no les doy importancia, ni siquiera sé en qué lugar de la despensa o de la estantería está la lata. Tampoco sé si están caducados o no. Mis melocotones en almíbar, igual que los de la mayoría de la gente, pasan desapercibidos.

			Eso sí, sé perfectamente dónde está el chocolate, la pasta, la fruta, las verduras, sé lo que lleva tiempo en la cocina y lo que está fresco. ¿Por qué? Porque esos alimentos para mí tienen valor. Los utilizo, los gasto, los sustituyo, los ordeno... en definitiva, interacciono con ellos.

			Cuando mis pacientes me hablan de sus miedos, sus pensamientos catastróficos, limitantes, negativos, aburridos... y una larga lista de adjetivos «descalificativos», les digo que la mejor terapia para gestionarlos es tratarlos como tratamos a los melocotones en almíbar, con indiferencia.

			¿Qué pasaría si algún día se te ocurriera interaccionar con tus melocotones? Imagina esta conversación para tus adentros: «¿Mis melocotones estarán caducados? ¿Y si me intoxico con ellos? Es que soy un insensato, porque los compro para no utilizarlos, no los uso nunca pero siempre los tengo, y al final se me pondrán malos, los utilizaré un día y me pondré enfermo». Pues lo que ocurriría es que los melocotones se convertirían en uno de tus focos de atención y cada vez que entrases en la cocina pensarías en dónde tienes los malditos melocotones, y se volverían importantes y estresantes en tu vida.

			Así que el malestar traducido en ansiedad, frustración, desánimo o miedo no lo provocan los melocotones ni ninguno de tus pensamientos, lo produces tú dándole valor a tus pensamientos, hablando con ellos, haciéndoles hueco en tu mente y prestándoles atención.

			La Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT, por sus siglas en inglés) ha sido para mí una revolución. Y si unimos la aceptación a nuestra capacidad de centrar la atención en el presente, y con ello dejamos de rumiar lo que nos atormenta, tenemos la receta perfecta para dejar de sufrir con lo que pensamos.

			Empecemos por distinguir dos tipos de preocupaciones. Seamos aquí muy simplistas. No se trata de etiquetar cada uno de nuestros pensamientos y distinguir si es uno de todo o nada, si se trata de una personalización o despersonalización, ni si es un tipo de adivinación del porvenir. Vamos a lo fácil. Dividiremos las preocupaciones, tal y como lo hace Russ Harris, en útiles e inútiles. Las útiles son aquellas en las que puedes intervenir y están bajo tu control, y las inútiles, aquellas por las que nada puedes hacer. Por desgracia, estas segundas ocupan la mayoría de nuestros problemas.

			Y comportémonos como personas inteligentes. Es inteligente ocuparse de lo que depende de nosotros y es poco inteligente o absurdo invertir energía en temas que no controlamos, que no dependen de nosotros o a los que hay que darles tiempo para saber qué ocurre. Sí, hablo de la incertidumbre. Aprendamos a vivir con incertidumbre para ser felices.

			Muchas personas me dicen en la consulta que cómo van a «pasar» de problemas personales, deportivos, laborales o del tipo que sea, si son importantes. Por una sencilla razón: la solución no depende de ti. Por lo tanto no es NADA RESPONSABLE por tu parte que te ocupes de algo de lo que no te puedes ocupar. En España tenemos la costumbre de asociar la idea de «me preocupo y sufro» con la del «valor de la responsabilidad». Pero es un despropósito sufrir por aquello que no controlas. Lo responsable sería poder elegir pensamientos que generen un estado emocional adecuado para que tú puedas estar bien mientras se resuelve o llega la solución de algo que no controlas. Sinceramente, es un malestar completamente absurdo y sin ninguna meta. Si el sufrimiento vaticinara un resultado a favor, mejorara tu marca personal, te diera un resultado positivo en la analítica o la persona a la que deseas te dijera que sí quiere salir contigo, ese sufrimiento tendría un sentido. Pero no es así. Lo único que tiene sentido es ocuparte de lo que depende de ti y pasar, literalmente «pasar», de lo que no.

			Puedes dejar de preocuparte por cosas importantes e inútiles, de todos modos no tienes la solución. Y darle vueltas a lo que te preocupa no te vuelve más consciente, ni más resolutivo, ni te permite estar más preparado.





Preocupaciones inútiles




			Imagina que un cliente ha salido insatisfecho de la tienda en la que trabajas. Uno que además ha sido poco cortés y poco educado. Puede que estés dándole vueltas durante el fin de semana, echándote la culpa de que se ha ido enfadado, a pesar de haber sido atento al despacharle y de haber intentado responder a sus peticiones. La reacción del cliente y su personalidad no es algo que dependa de ti, pero la interpretación y el valor que estás dando a este hecho, sí. Dedicarás tu fin de semana a darle vueltas a un episodio que no tiene posibilidad de retorno y que no puedes controlar ni solucionar. ¿Para qué? Para nada. Seguramente piensas que sintiéndote mal te responsabilizas de lo que ha pasado y que, si alguien se va insatisfecho, tú deberías sentirte mal por ello. Respuesta: un «no» rotundo.

			Seguramente te dedicarás a pensar qué harías si pudieras volver atrás en el tiempo y si esto tendrá alguna consecuencia en tu estabilidad laboral. Por mucho que le des vueltas, ni lo solucionarás ni predecirás el futuro. Así que este pensamiento necesita una intervención del estilo «melocotones en almíbar». Es decir, ignorarlo. Cuanto más valor le des, más te va a atormentar. Y lo peor es que puede llegar a perjudicar tu relación familiar el fin de semana, además de tu bienestar y tu equilibrio. Y cuando dentro de unos días compruebes que no ha ocurrido nada, te sentirás culpable por haberlo pasado tan mal sin motivo. De lo único que eres responsable es de hacer y pensar aquello que te permita disfrutar de tu presente. Y de nada más.

			Imagina un segundo ejemplo. Estás en plena temporada preparando el gran evento deportivo de este año: tu Mundial, del deporte que sea. Estás entrenándote bien, con buenas sensaciones. Vas pasando cada una de las pruebas y cumpliendo los objetivos que te propones. Y a pesar de los datos objetivos y fiables sobre tu estado físico y tus marcas, no deja de preocuparte la idea de «si llegarás bien al Mundial o no», y no paras de pensar en que no te gustaría lesionarte. ¿Son preocupaciones útiles? ¿Tienen alguna finalidad, salvo estar estresado pensando en que, por muy bien que lo hagas, siempre hay una posibilidad de no estar en el Mundial? No. Son pensamientos inútiles. No aportan soluciones, no te permiten intervenir y te generan emociones negativas, como la ansiedad y el miedo.

			Es normal que un deportista que tiene puesta toda su ilusión en un acontecimiento pueda pensar que sería horrible no estar allí, pero no vamos a ningún sitio pensando en ello. O sí, vamos a precipitar lo que temes. Porque la teoría de la profecía autocumplida dice que las personas terminamos encontrando aquello en lo que centramos la atención. Como la atención selectiva tiene una capacidad limitada, el hecho de que estés pensando en preocupaciones hará que, cuando vayas a realizar tu entrenamiento, te fijes en molestias, te chequees, te castigues más por los entrenamientos que no has cumplido que por todo lo que has logrado. Irás sesgando la información para dar con lo que te preocupa.

			Las personas te dicen que es inevitable pensar en ello. Es cierto. La preocupación va a aparecer, pero si sabemos cómo comportarnos ante ella, dejará de estar presente con la intensidad, frecuencia y repetición con la que se presenta cuando le prestamos atención. Si la convertimos en una lata de melocotones, dejará de atormentarnos. Dar vueltas a las cosas no hará que encuentres un pensamiento que te deje tranquilo. Si no, ya lo hubieras conseguido con el primer razonamiento. Muchas veces, dar vueltas a la cosas empeora la situación. Solo por el hecho de acrecentar el valor y la importancia que le das. El truco no está en buscar algo que te relaje. El quid de la cuestión está en saber aprender a vivir con la idea de que te puedes lesionar para el Mundial, con la idea de que el cliente se ha ido insatisfecho y que no pasa nada por ello. Preocuparte por ello no predice un final feliz. Preocuparte no tiene premio.





SOLUCIONES




			Pensarás que así expuesto es muy sencillo, pero que, en realidad, es muy difícil dejar de pensar o no sufrir. Aquí tienes una serie de ejercicios que te permitirán dejar de lado lo que no controlas y distanciarte para poder disfrutar del único momento que tienes para ser feliz, el ahora.

			No más bucles, no más vueltas, no le des más valor ni importancia a lo que se cruza por tu mente. Son solo pensamientos, nada más. Estos no dicen nada de ti, ya lo decía el personaje de Sócrates en la película El guerrero pacífico. Lo que dice de ti son tus actos.

			Lo más sencillo para que desaparezcan es dejar de prestarles atención. Como las rabietas de los niños. Atención cero. Y seguro que tú sueles actuar de modo contrario. Buscas razonar, quedarte tranquilo, tener argumentos, datos, estadísticas, convencerte... pero ¿no te has dado cuenta de que nada funciona? Nada te deja tranquilo. A partir de ahora prueba con alguna de estas técnicas. No tienes por qué ponerlas todas en práctica. Ve utilizando una u otra hasta que des con la que para ti sea sencilla de utilizar. Hay personas que desestiman el humor porque les parece algo frívolo cuando se trata de algún problema y prefieren otros recursos. Elige el tuyo, que sea sencillo para ti, fácil de recordar y con el que te sientas a gusto. Y sobre todo, practica, entrénalo, repítelo, no tires la toalla. Llevas toda una vida pensado de forma inútil, ¡no pretenderás que cambie tu estilo cognitivo con solo tener la intención! Cambiar un hábito requiere del deseo de hacerlo y de la repetición. Así es como se genera el nuevo aprendizaje que te permitirá pensar con sosiego y disfrutar más de la vida:



			•No tengas conversaciones con tus pensamientos. Tampoco tienes conversaciones con las personas tóxicas que te caen mal o te restan energía. Si lo consigues con los demás, ¡también puedes hacerlo contigo mismo!

			•Parafrasea tus miedos. Parafrasear significa repetir, casi de forma literal, lo que tu miedo te está diciendo. Imagina que tienes miedo a volar, a sufrir un accidente, y tu mente te dice «Tengo miedo a las turbulencias, tengo la sensación de que el avión se va a caer». Razonar con el pensamiento es absurdo. Lo habrás hecho millones de veces y no te ha servido de nada. Conoces todas las estadísticas, los datos técnicos y explicaciones y, aun entendiendo esas pruebas de realidad, no te quedas tranquilo. Así que lo que sí sabemos es que razonar y buscar una explicación solo te da una tranquilidad momentánea, pero engañosa. Lo mejor que puedes hacer es repetir literalmente y en voz alta: «Tengo miedo a las turbulencias, a ver si el avión se cae»; y contestarte a ti mismo con un simple: «Ah, vale».

			•Pon delante de tu idea tóxica alguna muletilla como «Estoy teniendo la brillante idea de... que no estaré a la altura y que me falta confianza para el partido de dentro de una hora». Y contesta a tu mente: «Gracias, reina [reina es tu mente], tú siempre tan oportuna». Y cambia automáticamente el foco de atención. No puedes dejar de tener pensamientos, pero sí puedes elegir cuáles. Así que ten a mano alguno que produzca efectos contrarios a la inseguridad o a la ansiedad. ELIGE pensar en tu jugada inicial, en tu posición en el campo, en palabras que te dirás durante el partido y que ayudarán a mantener la atención, como: «calma», «fluye».

			•Ríete del pensamiento. Dile a tu mente algo así como: «Mira que eres pesadita, que si me siento inseguro, que si no estoy a la altura; ya podrías ponerte de mi parte. Con lo guapa y preciosa que eres cuando te da por sumar». Así estarás eligiendo el valor que tiene el comentario. Reírte de tu mente, decirle que es preciosa, desviará la atención de lo que genera ansiedad y estarás eligiendo cómo relacionarte con los pensamientos tóxicos.

			•Cuando aparezca tu miedo en forma de pensamiento, dale forma. Se me ocurre que podría ser como una «lata de melocotones en almíbar»... Pero, en realidad, en lugar de poner «melocotones en almíbar», en tu lata pone: «esta entrevista de trabajo no la paso, seguro que hay candidatos mejores que yo». Entretente pensando en la combinación de colores con la que pintarías la lata, qué fuente tipográfica usarías para escribir tus palabras, de qué tamaño sería la lata, qué fecha de caducidad tendría, dónde se fabricaría, si tendría denominación de origen, etc. Buscamos con este ejercicio jugar con el pensamiento, darle forma y color, y con ello aceptarlo, quitarle valor y dejar de luchar contra él. ¡Ah!, y recuerda luego poner tu lata simbólicamente al ladito de la lata de los melocotones, ahí juntas, sentaditas a la vera una de la otra.

		•También puedes ser más sencillo, y simplemente llevarte el dedo índice delante de los labios y decir el famoso «chist», como cuando mandas callar a alguien. Imagina que estás estudiando y a tu mente le da por anticiparse al examen: «No te da tiempo, vas a suspender, tanto esfuerzo no te va a servir para nada». Chist... Puedes acompañar este gesto con una frase dirigida a tu pensamiento de miedo: «Calladito, por favor, trato de estudiar y quiero concentrarme». Y vuelve acto seguido a llevar tu atención a tus apuntes, libros... o lo que quiera que estés haciendo. Sin razonar, ni juzgar, solo mándalo callar. Ni siquiera te enfades con él. Recuerda que no lo hace para fastidiarte, solo es para avisarte de una amenaza que tú te has inventado.




							Momento libreta...



Mejor dicho, «momento libreta más momento móvil». Anota en tu libreta las reglas para relacionarte con tus pensamientos. Escríbelas con letras y colores llamativos y bonitos. Y luego hazles una foto y súbela al móvil de fondo de pantalla. Será mucho más fácil recordar qué tienes que hacer con tus pensamientos tóxicos si llevas escrita la forma de actuar contra ellos. El problema de los hábitos nocivos es que tienen más probabilidad de colarse que nuestras buenas y maravillosas intenciones de cambio. Si tenemos un recuerdo visual, nos facilitaremos la tarea. Ten presentes estos consejos:



						 • No rumies tus pensamientos.

					 • No busques contraargumentos a tus miedos que te relajen.

					 • No hagas juicios de valor sobre las consecuencias que puedan generar tus miedos.

	 • No te anticipes de forma catastrófica o alarmante.

					 • No dejes que tus miedos tengan más presencia de la que se merecen.



					Para evitar los hábitos nocivos deberás:



					 • Observar qué pasa sin juzgar.

					 • No prestarles atención.

					 • Decidir qué valor van a tener.

					 • Jugar con tus pensamientos.

					 • Llevar el foco de atención al presente.

					 • Hablarles en un tono cómico.

					 • Mandar sobre ellos.





			He puesto varios ejemplos para relacionarte de forma distinta con tus pensamientos. Pero aquí es importante la creatividad. Busca tu propia manera de hacerlo. Tengo pacientes que sientan a sus pensamientos en el banquillo de suplentes, los meten en una papelera o los dejan pasar como si fueran pompas de jabón que entran en su mente, se pasean y se van. Sin más intervención.





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			La terapia de Teresa de Calcuta





				Criticar es más fácil que imitar.



			Anónimo



				Imitar es la forma más sincera de elogiar.



			Anónimo





			Muchos son los que admiran, o envidian, a otras p