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Cuando abras el paracaídas

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Llegó ese punto donde tenías que decidir entre huir y quedarte para siempre y sabías perfectamente qué hacer, pero hiciste lo contrario. Y es que algunas veces todo depende de ese “Quédate” que se nos queda atascado en la garganta. La felicidad está en saber que nadie es de nadie, pero hay que disfrutar cada segundo con quien te hace sonreír.
A ti te lo escribiría todo, pero me dejaste sin palabras.
Year:
2018
Language:
spanish
File:
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Hace dos años era igual de tímido que ahora, quizá no tanto como hace diez, pero es algo que tampoco quiero perder. Forma parte de mi personalidad. Mis amigos son los mismos que hace quince. Mi madre sigue aparentando menos, como yo. Papá tiene todo el pelo y mi hermano parece que acaba de salir del instituto, aunque ya tiene veinticinco.



Escribo igual que antes, exactamente igual que aquellas noches en las que me leían diez personas cuando llegaba a casa. No fue hace tanto, no te creas. Sigo poniendo ganas a todo lo que merece la pena. Pero todas. Me ha salido alguna cana. He leído textos en locales en los que hacía frío y éramos veinte y la mitad se reían de lo que escribía. He llenado el Fnac de Callao y la Casa del Libro de Gran vía. He recorrido media España donde me regalan cariño. Pero aunque no te lo creas, tranquilo, ni yo mismo me lo creo. Me pone nervioso leer en público y he subido a la Galileo Galilei abarrotada.

Alguna gente se siente identificada con mis letras y otra no le encuentra el mérito. El éxito es siempre intentar hacer las cosas según salen de dentro. Y eso es más importante que miles de ejemplares.

Y si me ves, puedes acercarte, y si quieres foto, sin problema, pero ponle filtros, para que parezca yo algo más normal. Si entras en mis redes, puedes escribirme, y si no te contesto, repite, que es que se me ha pasado.

Quizá he llegado "Casi sin querer", pero jamás te olvides de que nunca nadie regala nada.

Y de toda esta sucesión de situaciones, yo me quedo contigo, en una madrugada fría, eliminando todos los coches que podrían bajar de la Gran vía.





Textos:				José A. Gómez Iglesias


					(@defreds)


Prólogo:				María Cabañas


Epílogo:				Diego Ojeda


Portada y maquetación: 	Cristina Reina


Ilustraciones interiores: 	María Cabañas


Fotografía: 			Fanny Figueiras


Número de edición: 		Duodécima edición


Fecha de edición: 		Octubre 2017


Edición: 				MueveTuLengua


ISBN: 				978-84-945162-6-9


Depósito legal:			M-14251-2016





Índice

Prólogo

INICIO

; FUGAZ

BONITO FUTURO

SI SUPIERAS

TE LO HUBIERA DADO TODO

CON Y SIN PIJAMA

ERAMOS DE ESOS (2)

OTRA VEZ

YA NO TENGO MIEDO

SIENDO TU GOLOSINA

PELÍCULA DE AMOR

TE QUIERO CON LOS OJOS

LlVIN’ ON THE EDGE

FRÍO EN LOS PIES

DAR EL GOLPE

LOS DOS LADOS

NOCHE DE VIERNES

LEER DE MADRUGADA

VENDRÁN TIEMPOS MEJORES

EL ASCENSOR

TODO IGUAL QUE ANTES, MAÑANA TAMBIÉN

LA MALDITA SENSACIÓN

LA TUYA

TU PROPIA SOMBRA

VAS GANANDO A LOS PUNTOS

APRENDER CONTIGO

CONFIANZA

EN EL ESPEJO YA NO TE ENCUENTRO

SE ESTROPEARON LOS FRENOS

Y DIME QUÉ HARÁS

ANA

MINTIENDO

CARTAS Y CORTES

PRECISAMENTE TÚ

NO ESPERABA MENOS

SE LLAMA HUGO1

TU SONRISA

EL BUCLE

EL AMOR DE MI VIDA

MI DESEO

TODA UNA VIDA

TU PECHO

SIN PASTILLAS

LA SUCURSAL DE CORREOS

HIELO EN LOS LABIOS

RELACIÓN ESTABLE CON EL MIEDO

UNA DE CINE VERSIONADO

LA IRONÍA DE QUE TÚ NO SEPAS CURARTE

SOMOS FAMILIA

MIEDO Y ESPERANZA

TÚ

MI PELÍCULA FAVORITA

AUNQUE YA NO SIRVA PARA NADA

AEROPUERTOS Y DISTANCIAS

A HA VUELTO

727 KILÓMETROS

MÚSICA

VIDA

PEDRO Y SU BALÓN

Y SERÁN TRES

VACÍO

TENGO MIEDO

«UN TIEMPO»

HASTA QUE NO QUEDEN LUCES

A MEJOR

LO QUE ME GUSTA DE TI

NADA DE METRO

A MUCHA ALTURA

ASÍ

MÁS DE 80 DÍAS

AGUJERO NEGRO

EL LADO IZQUIERDO

CONFIAR

OTRA FORMA DE DECIR «TE QUIERO»

ME LO HAS DEMOSTRADO

ÁMSTERDAM

VALEN LOS ESFUERZOS

VOLADORA

EL AUTOBÚS

A NINGUNA PARTE

LA POSADA

SEVILLA

LO HEMOS INTENTADO

QUE LLEVE CORAZONES

CORAZÓN EN LA GUANTERA

AÑOS

LOS VALIENTES NO SE RINDEN

DETRÁS DE LAS VICTORIAS

NO QUIERE CAMBIAR

IMAGÍNANOS

EL TELÉFONO

TAL COMO ERES

CUATRO PORTALES

RESACAS E IBUPROFENOS

DIECISÉIS

DESPEDIDAS

VOLVER A CAER

SALIMOS ADELANTE

PUZLES

ME SABES A...

UNA VEZ MÁS

EL CONCIERTO

360 GRADOS

NOVIEMBRE MUY DULCE

OJALÁ SIEMPRE

HASTA NÚÑEZ DE BALBOA

TÚ, VERANO. YO, INVIERNO

LO CONSIGUES

CINCO PUNTOS PARA QUE TODO SALGA BIEN ANTES DE VERNOS

MENOS MAL

PRISCILA

Y SIN DORMIR

LAS COSAS IMPORTANTES

HASTA MAÑANA

QUE VUELVA CONTIGO

REINA DE LAS DESVENTURAS

DESNUDA EN EL ESPEJO

HOLA, MAMÁ Y PAPÁ

TU MENTE

ETERNO

FIDELIDAD

LA PALABRA AMISTAD

Bésame en el London eye

HISTORIA

EL BAÑO

VIVIR POR SENSACIONES

NO TE VAYAS

BESARNOS EN VARSOVIA

JUGAR A UN JUEGO

16:32

SIEMPRE TE PASA IGUAL

SIN CAFEÍNA

MADRID

NO CIERRES LOS OJOS

YO SOLO QUIERO

NO FUNCIONA

MARAVILLAS

967 KILÓMETROS

NUNCA TE LO HAN PUESTO FÁCIL

EL ABRAZO ESPERANDO

CORAZONADA

EVA

VAN PASANDO LOS AÑOS

LA CARTA DEL TELÓN

DOS ANCIANOS

SALTAR EN LA CAMA

YA SÉ QUE TIENES MIEDO

DOCE PALABRAS

QUÉDATE 2

PILLA LOS BILLETES

Microcuentos Finales

Bonus Track La chica que...



EPÍLOGO Magia



AGRADECIMIENTOS





Prólogo


Instrucciones para liberar el paracaídas





Era una tarde de verano y todo pasó «casi sin querer». Por aquel entonces eras aún una arroba. Permaneciste escondido tras una de esas puertas prefabricadas normalmente utilizadas en las casetas de feria. Tu postura corporal había discutido recientemente con tu mirada y ambas me mentían por ello. Fue nuestra primera vez, aunque para ell@s fuese lo menos importante. Traías una mochila repleta de emociones dispares de la que colgaba una anilla, de aspecto metálico.





Un año después todo sigue igual, pero distinto. Vuelves vaticinando un salto al vacío sin paracaídas de reserva. Has fabricado un laberinto de nubes repleto de lugares comunes.





Sé que nos observas cuando escribes y que anotas cada paso hasta que ella sonríe.





Algunos dirán que has madurado y otros simplemente ni hablarán. Pero, de todos ellos, ninguno podrá negar que estas páginas cosidas sirven de represa para la mar gruesa.





Deberías saber que no es justo conducir a tantas almas al borde del precipicio sin saber tan siquiera si están preparadas.





Todo esto para regalarme un billete, solo de ida, con la esperanza de llegar a tierra firme. Aún no he conocido a ningún marinero que haya surcado aguas completamente en calma, así que te recomiendo que no pierdas de vista el salvavidas.





Como receptor de este libro, no deberías asustarte si reconoces en sus líneas algunas gotas de sangre. Es normal. Aquí se produjo una operación a corazón abierto.





La forma física de este ejemplar puede haberte confundido, disfruta disfrazándose de lo que no es. En realidad es una llave. Una herramienta capaz de trasladarte a un domingo cualquiera en el que bajas al trastero para hacer limpieza y tropiezas, sin darte cuenta, con un cajón lleno de fotografías antiguas en las que te cuesta hasta reconocerte. Pero eras tú en otro momento agarrando la vida con las yemas de los dedos.





Aquí dentro vas a encontrarte con compañeros de viaje que creías conocer, pero te aconsejo que no te confíes. He visto miedo reflejado en aguas residuales. Esperanza tras la barra de muchos bares. Mentira agazapada en sábanas de hoteles. Muchos «yo también te echaba de menos» viendo pasar los días junto al botón «enviar» de WhatsApp.





Gracias por haber hecho de la sencillez algo superlativo.





María Cabañas Fernández (@customizarte)





INICIO





Cuando salió a la venta mi primer libro, Casi sin querer, era consciente de que no era el mejor libro del mundo pero, que tenía muchas cosas que mi propio corazón había vivido. Eso era lo que le daba valor, lo que lo hacía totalmente real, porque lo era. Lo es. Ni era poesía, ni narrativa. Eran simplemente cosas que me habían pasado a mí. Solo pedía que, aunque solo fuera una persona en el mundo, esa persona sacara algo bueno de él. Han sido miles y no puedo vivir más emocionado.





Todo este tiempo me han seguido pasando cosas, mejores y peores, que he terminado plasmando en este nuevo libro que tienes entre las manos.





Lo que hace que lo tengas delante son todas esas muestras de apoyo, agradecimiento e interés por parte de mucha gente. Gente que ha disfrutado, vivido y sido ayudada por mis letras. Muchas de ellas sin conocerme.





Una noche de enero, muy lluviosa, recibí este mensaje que transcribo a continuación. Uno como otros tantos preciosos que recibo. Esa misma noche mi mente se decidió del todo y dijo: «Sí». Sí, habría un nuevo libro. Y sigue teniendo momentos.





Claudia m. 10 de enero de 2016, 1:20.





«Siento molestar y más a estas horas. Entiendo que no contestes a esto y quizá ni lo leas y es normal teniendo a tantísima gente detrás de ti y admirándote. Quería darte las gracias por salvarme. Hace unos meses (incluso ahora estoy pasando por la misma situación) mi mundo cayó en pedazos con la desaparición de alguien de mi vida. Creí en ese momento que nunca nada volvería a tener sentido, pues quién si no mi abuelo iba a llevarme de paseo o a sostenerme antes de darme un golpe. Quién si no él. Pero apareciste tú, con tus escritos, con tu libro. Me diste esperanza, fuerza para seguir adelante, para no huir como tenía planeado. Hace menos de un mes, mi abuela también falleció. Pero tú estás ahí, sigues ahí, con tus tuits, tus posts, tu voz. Estás tú volviéndome a dar fuerza para seguir con los que tengo al lado. Gracias por ser inconscientemente un gran pilar, un gran apoyo. Gracias por tus palabras, que llegan tan dentro de mí, que hacen que mis pensamientos den un giro y sea capaz de ver algo de luz ante tanta oscuridad. Gracias por tu libro, que me lo he leído veinte veces, que ya no tiene ni un solo hueco para un pósit más y que me sé de memoria todos los textos que aparecen (aún no me canso de leerlo).





Eres verdaderamente un salvavidas, mi salvavidas (y sé que también el de mucha más gente).





Gracias por ser tan especial.

Gracias por ser salvavidas (o por ser vida).





Gracias por ser luz.





Gracias por darme luz».





Gracias a ti, Claudia. Te he contestado. No podría dejar de contestar algo así de bonito. Y gracias a todos. Por leer, por estar. Por entender que a la hora de sentir no hay mejores o peores. Simplemente diferentes. Y que esta es mi manera.





Adelante.



@Defreds





FUGAZ





Supongo que, aunque estaba muy soleado el cielo, en parte lo veías todo muy gris. Supongo que era ese miedo a confiar, a que nadie te volviera a inspirar para perderlo. Esos ojos que, aparte de preciosos, dicen que no lo han pasado del todo bien. Que se aproximan meses de cambio, pero a mejor. Que te mueres de ganas de dar el paso que te haga un poquito más feliz.





Y fue ahí, sin avisar. Supongo que tenía que ser. Podríamos jugar a contar minutos para saber cuál de los dos habla más. No tengo muy claro yo quién ganaría.





Como la primera vez que vi cómo no dejabas que el pelo se te pusiera delante de la cara, sujetándolo con tus gafas de sol. Esas que bajabas en un acto reflejo cada vez que te pegaba el sol de frente.





Nos sacamos una foto de esas donde yo siempre salgo mal, pero que no borraría ni de coña. Igual que esos besos de semáforos en rojo con Andrés de fondo.





Y subir a algún edificio alto de la ciudad, con olor a verano. Con dos Coca-Colas con mucho hielo. Para demostrar que algunas veces, y aunque el cielo esté despejado, se miran antes las estrellas en tu mirada. Y tumbados, levantando la mirada, pasó también una fugaz. Aunque no te lo dije en su momento, mi deseo fue que tú no lo fueras.

Y que pudiera encontrarlas en ti, en cualquier punto elevado de todas las ciudades del mundo. Aunque tú ya brilles siempre por donde pasas.





BONITO FUTURO





Tantas veces escapando del mundo, tantas veces esquivando sombras, jugando al escondite inglés con sus miedos. Tantas personas bonitas por fuera con horrible interior. A su alrededor. Tantos ratos de silencio en la cama sin edredón. De libros sencillos, que hagan pensar. Con su propio placer. Con esa sensación de no saber qué deparará el futuro. Sin saber quién estará, ni dónde. Si será feliz o solo seguirá tirando. Acumulando decepciones, besos sin sentimiento y películas sin Oscar. Deseando que aparezca alguien que también quiera escapar lejos, pero de la mano. Haciendo dibujos con las sombras. Dejándose encontrar en el escondite. Que sea tan bonita por dentro que lo de fuera le haga sentir que no necesita nada más. Silencios a los ojos, mojando el colchón de placer, desafiando siempre con una buena charla. En resumen, saber que ese presente ojalá sea un bonito futuro.





SI SUPIERAS





Si supieras la de veces que te he visto en línea, y he tenido miles de ganas de dejar los reproches a un lado. La de veces que he escrito una parrafada que no serviría para nada y he mirado fijamente el botón de enviar para terminar borrando todo de golpe, lanzando el móvil contra la cama para cogerlo cinco minutos después y volver a repetirlo todo. Si supieras que he probado a borrarlo pero me lo sé de memoria. Y al rato estás de nuevo en la agenda.





Si al menos supiera que te acuerdas alguna vez, que no fue algo sin importancia para ti, aunque apenas nadie lo sepa. Si supiera si alguna vez pensaste igual que yo, y también terminaste borrando. Si al menos supiera que ya hay otra persona que inunda tus noches.





Si supieras las veces que me he dormido con el móvil al lado. Por si me hablabas inesperadamente otra vez. Como antes. Cuando no dormíamos por una frase más. Si supieras las ganas que tengo de que al despertar tenga un simple «hola» tuyo. Me río cuando me lo encuentro de nuevo en la mano, repasando redes sociales sin hacerles caso.





Si supieras las ganas que he tenido de mandarte a la mierda. Si supieras las veces que he recordado que hablábamos en serio y terminábamos riendo. Las ganas de por un día soltarlo todo y que nada me parara. Si supieras las ganas que te tengo. Si supieras que te quiero. Aunque no sirviera para nada.





TE LO HUBIERA DADO TODO





Seguramente sabía que me metía en un sitio donde terminaría con quemaduras. Pero me hacías sonreír. Mucho. Que fui incapaz de evitarlo. Y por un tiempo también fui gilipollas, pensando que dejarías todo ese presente, que suena tan a pasado, por mí. Me creía eso de que mañana lo dirías todo. De que realmente me querías a mí. Que ya no aguantabas más. Supongo que no me di cuenta de que eres de esas personas que lo quieren todo. Y todo no se puede. Salvo que mientas. Y en eso rozas la perfección. Por lo menos hasta que te acuestas y te pones a pensar.





Y aún ahora desde fuera sigo viendo que sigues igual. Que sonríes en las fotos como si no hubiera pasado nada. Aún me escribes de vez en cuando, supongo que por tu afán de no apagar nunca las llamas. Igual la razón es que preferiste mentir y callar a dar la cara. Pero seguramente lo peor sea cuando uno se miente a sí mismo. Como hice tanto tiempo. Yo, que te lo hubiera dado todo.





CON Y SIN PIJAMA





A mí ya me sonaba tu cara. Normal, con esos hoyuelos tan bien marcados. Igual te vi en cualquier estación. Me serviste cuatro miradas sin hielo. Y fui yo quien me deshice. Y acabamos en la misma barra apoyados. No sé de qué hablamos, tenía toda la atención en tus pestañas. Sonreías. Se te olvidaron por un rato todas tus cicatrices. No sé en qué momento tus amistades se marchaban. Serían poco más de las cinco, te agarraron de la mano y tú con la otra rozaste la mía con un papel. Nueve cifras que todavía no sabía que me cambiarían la vida. Me sobró el resto de la noche. La invertí en soñar contigo. En que fuera pronto por la mañana para saber si te habías olvidado. Y marqué las cifras desde la cama. Con esa sensación de que podría seguir viviendo sin haberte conocido. Pero que ahora querría muchas cosas contigo. Con y sin pijama.





ERAMOS DE ESOS (2)





Quizá somos de esos que se odian tanto como se desean. Destinados a enfadarnos a los cinco minutos de besarnos. De mandarnos a la mierda para luego cenarnos juntos... Bueno, y cenar entre risas, también. Tres días sin hablarnos y deseando que uno de los dos ceda. Picarnos, picarnos a todas horas. Hacernos los enfadados para acabar a carcajadas. Incapaces de estar bien una semana seguida, pero que no soportaríamos perdernos. Y si uno de los dos necesita algo, ahí estamos, aunque sea de madrugada.





Raros, muy raros, pero que nos queremos a nuestra manera. Esa que quizá nadie entiende. Pero cuando terminamos de mirarnos, tampoco hace falta. Ahí todo se para, y lo comprendemos a la perfección.





OTRA VEZ





La chica que tiene fobia a que le despeinen el flequillo y que sonríe como Chip y Chop; demasiado tiempo que no lo hacía. Acostumbrada a compartir la misma mesa con mantel cada noche de enero a diciembre. Dejando casi olvidado y enterrado el verbo amar. Guardándose besos en el segundo cajón de la mesilla. Durmiendo en una cama de dos más fría que una noche en el Polo Norte. Compartiendo amigos, pero ninguna confidencia. Hay otra casa donde la consideran una hija más. Su cabeza saca las llaves de carcelera para encerrarla sin rejas. Soñando que cinco años después todo será como el primer día. Sin decepcionar a Papá. Dando el «sí, quiero».





La chica que conoció al chico que consiguió volver a despeinarle el flequillo. La que sonrió más veces en cinco horas que en cinco años. Mirando sincera, como si nunca hubiera temblado tanto. Con los ojos en blanco con cada roce en su pecho. Con los besos desperdigados encima de la cama. Sin esconderse. Que no se hubiera cansado nunca de escucharle mientras hablaba sentado en el sofá. O cuando la dejaba sin palabras bajando a por helado sin avisar. Y cada despedida en la puerta eran minutos de besos sin quererse marchar. Ya es tarde.





Camina de noche por la ciudad, pensando. Abre la puerta de casa. Él ya duerme. Se ducha rápido, de madrugada. Una madrugada algo más especial. Sabiendo que mañana empezará este texto por el principio. Otra vez.





YA NO TENGO MIEDO





Te sientas a mi lado mientras leo cualquier libro. Me enseñas canciones que nadie más conoce.

Compartimos preguntas del futuro, algunas veces con cerveza en mano. Estrella, claro: Galicia y tú.

Me dejas equivocarme y aun así me vuelves a abrazar.





Soy completamente yo mismo, contigo.





YA NO TENGO MIEDO.





SIENDO TU GOLOSINA





Te acostumbré muy mal desde el principio a estar en todas las circunstancias,

a darlo todo, aunque fuera sin recibir,

a no dormir por si llamabas y podíamos vernos dos minutos

escasos.

Permitirte aparecer y desaparecer cuando te diera la gana. Sabes jugar perfectamente tus bazas.

Sabes que cuando te haga falta o simplemente te aburras, ahí estaré: siendo la golosina que te gusta echarte a la boca.

Y sigo luchando, soñando que alguna vez descolgaré el teléfono y seré capaz de mandarte a la mierda. Con todas mis fuerzas. Pero no voy a mentirme, ya lo haces tú bastante. Aún no me sale.





PELÍCULA DE AMOR





Ya no sé si soy yo o esta terrible sensación de que solo me sale ser yo mismo con el mundo. Contigo intento hacerlo todo tan bien que la termino cagando. Por poco, o por demasiado.





Y mira que te quiero. Pero no tengo manera de controlarlo.





Y no sabes cuántas noches me odio por ello. Tantas como las que me gustaría observar contigo cómo saltan las palomitas en el microondas mientras rozo tus caderas. Para ser nosotros película.





De amor.





TE QUIERO CON LOS OJOS





De cosquillas en la espalda, pasé a deslizar mis dedos por tu espalda. Qué bonito sabía el verano besando tu cuello. Qué paraíso probar tu boca. Tu cama era nuestra isla desierta. Y si solo pudiera llevar tres cosas, te llevaría sin ropa tres veces. La tuya interior adornaba la alfombra mientras te sentabas encima de mí. Saboreaba tu pecho mientras sudaba tu frente escondida en el flequillo. Tus caderas eran volcanes de calor, desprendiendo lava. Entraste en erupción. Gritabas algo, parecía un «más...». Todo se aceleró, se llenó de gemidos. El Niágara en las sábanas. Dormimos totalmente desnudos, y la verdad que no había belleza más perfecta que oírte respirar, ahí tumbada, simplemente.





Esa noche de calor de verano nuestros cuerpos desprendían ganas sinceras. Esas que desprenden los que se desean, pero mucho más allá del sexo. Los que tienen ganas de explorarse, ganas de no dejar ni un centímetro sin besar. Demostrando quererse sin decir ni una palabra, gritando «te quiero» con los ojos cada vez que están a punto de explotar.





Dos... tres...





LlVIN’ ON THE EDGE





Mírala. Si detrás de toda esa fachada de dureza hay una chica con sentimientos, a la que le gusta que le acaricien bien la espalda antes de dormir. Pero, claro, no te lo va a decir, eso sería dejar demasiado desprotegido el corazón. Mejor cerrar y echar doble llave. Muchas veces se pregunta cómo coño va a intentar conocer a alguien si todavía ni se conoce a sí misma.





Es capaz de estar hablando contigo de una cosa y de repente hablar de otra sin sentido: de un cuadro o una canción de mierda o un personaje de dibujos animados. Tiene el don de vacilarte casi sin querer; forma parte de su mente. Y eso te deja loco pero, oye, hay que quererla así.





Pasa mucho de los tacones y de las tonterías simples, que le gusta lo que le haga pensar, lo que desafíe un poco su mente. Esa que se excita cuando la rozan. Y pese a todo lo anterior, aunque te parezca lo contrario, cuando alguien le importa, lo da todo. Absolutamente todo.





Aún sonríe cuando suena a todo volumen «Livin' on the Edge». Y quizá mañana habrá algún motivo nuevo para hacerlo más fuerte. No vendría mal.





FRÍO EN LOS PIES





Hoy era uno de esos días que avisaban de que el verano está cerca. Y a la vez uno de esos donde te preguntan qué tal estás y solo te sale decir que «bah», que todo empezó como un amor de verano que llegó a la primavera. Que me hiciste bonito el invierno la primera vez que me llamaste para simplemente decirme que te apetecía escuchar mi voz.





Qué lejana suena la tuya ahora.





Cuando te enseñaba todas mis manías y tú aun así decidías quedarte sonriendo. Y la primera vez que nos acostamos pensé que no habría otra vez. Pero dormimos agarrados.

Y fue una más y otra más...





Cuando todo lo que quería tener en la punta de la lengua eras tú. Y las palabras sobraban. Cuando nunca te decía que vinieras. Y nos íbamos juntos.





De esas veces en las que, cuando llegaban las noches, me preguntaba cómo era posible que eso me estuviera pasando a mí. Que no me hubiera importado hacerte cosquillas todas las madrugadas hasta que te ganara el sueño.





Y hoy hizo calor, pero yo tengo mucho frío. Y no solo en los pies. Que eso siempre vendrá de serie.





DAR EL GOLPE





Creo en el amor a primera vista, pero no creo en el amor eterno en una semana. Creo en el ilusionarse pronto, pero no en el oca a oca. Creo en disfrutar las cosas con intensidad, pero no en forzarlas tanto como para que el golpe sea después peor.





LOS DOS LADOS





Justo después de besarnos por primera vez, supe que lo nuestro no iría a ningún lado. Sabía que disfrutaríamos, que viajaríamos a cualquier país, compartiríamos postres en el sofá, haríamos el amor en playas de noche y puede que incluso nos presentáramos delante de nuestros amigos.





Por momentos pensé que igual me equivocaba, pero no. Las cosas rotas... siempre terminan cortando. Aunque sea sin querer.





Y el día que no pudiste más, aunque llovía en pleno verano, sentí frío. Del que corta también.





Dolió, pero estaba avisado de que lo roto es casi imposible que vuelva al punto inicial. Y las relaciones necesitan dos lados para tirar.





NOCHE DE VIERNES





Como aquella noche de viernes en que a ninguno nos apetecía salir. En la que compartimos estrellas en botellín y jugamos a cenarnos. En la que pasamos del sofá e hicimos el amor en el suelo de la cocina, y cada vez que gemías apretabas con fuerza la pata de la mesa. En la que pasamos de tu cama y apoyaste tu pecho contra la fría pared mientras notabas mi boca por tu espalda, y acabamos comiendo desnudos Doritos con queso. Dos bolsas enormes. Riéndonos con vídeos del YouTube. Abrazándonos por la espalda antes de dormir a las siete de la mañana.





LEER DE MADRUGADA





Ya es madrugada pasada por un rato, hora de pensar mucho y dormir poco, de Cola Caos calentitos, de canciones bonitas, libros y frases perdidas por Instagram.





El problema sigue siendo que tus labios siempre están en ámbar. Y no sé si volver a cruzarlos con los míos...





La tentación está ahí: para los dos. Las circunstancias son bastante putas cuando quieren. Tuvimos que encontrarnos. Tuvimos que encantarnos. Tuvimos que escapar.





Nunca te odiaría por marcharte, porque un día, sin avisar, me salvaste. Y esas son de las cosas que nunca se olvidan.





VENDRÁN TIEMPOS MEJORES





Se despierta muchas veces de noche. Siempre consigue volver a dormir, pero cada vez le cuesta más sin la tele de fondo. Los festivos se sigue despertando temprano. Cuando se agolpan los pensamientos en su cabeza, ya no hay manera. Qué grande se le hace la cama. Hubo momentos donde el otro lado estaba lleno por alguien que le llenaba de caricias la piel. Después una espiral de cuerpos que solo la convertían en sombra. Y ahora, nada empapa la cama. Ni lágrimas.





Se levanta para darse una ducha larga, ponerse uno de esos vaqueros normales. Le encanta cocinar, pero lo hace menos de lo que debería. Y dibujar, pff, no había nada que le gustara más, aunque ahora lo tenga un poco olvidado.





Ha cambiado las barras por cervezas en casa de sus amigas. Lee mucho, incluso de camino a los sitios. Todavía escucha algún nombre que le hace temblar por un momento antes de girar la cabeza. Y, a su modo, a su modo, es feliz. Eso intenta. Vendrán tiempos mejores, no le cabe duda.





EL ASCENSOR





Tenemos diez pisos hasta arriba. Los tres primeros para sujetar tus caderas, mirarte a los ojos y besarte. Tres más para apoyarte contra el espejo, levantar tu camiseta y meter mi boca dentro. Los siguientes tres para tocar tu vientre, rozar tus muslos y ver la cara que se te pone cuando en el último te digo que lo mejor está por empezar. Y se abre el ascensor.





TODO IGUAL QUE ANTES, MAÑANA TAMBIÉN





No sabría explicarte cómo todas esas charlas que nos echábamos se han convertido en discusiones. De esas que antes se terminaban con un orgasmo al cabo de un minuto. Ahora, supongo que se ahogan entre silencios. Simplemente no lo hablamos y pensamos que así no pasará nada. Y, exacto, no pasa nunca nada.





Usábamos cualquier minuto libre para vernos, ahora cada rato separados nos da un poco de aire. Solo veo tus ojos reflejados en la tele, sin clavarse en mis pupilas. Todas las cosas que nos hacían reír, nos resultan insoportables. Como si se nos hubiera cambiado el humor. Como si no me diera cuenta de que miras de reojo alguna conversación del WhatsApp y en la cama coincidimos sin querer. Para pasar el cupo. Sin casi besarnos.





Qué frío se queda todo hasta en verano, tanto como la pared que miro a tu espalda al dormir. Y mañana por la mañana será un día donde seguramente no cambie nada. Pero todo seguirá sin ser igual que antes.





LA MALDITA SENSACIÓN





Igual es esta maldita sensación de que yo siempre fui un paso por detrás de ti. Que realmente era por delante. Pero salía perdiendo. Sabiendo que hicieras lo que hicieras, yo siempre estaría ahí. Podías aparecer y desaparecer según te apeteciera, que ahí seguiría yo. Supongo que fue por esa espiral que conseguías en mí de siempre querer un poco más. Por tu manera de hacerme temblar solo con escuchar tu voz. Por pensar las veinticinco horas del día en ti.





Igual fueron esas promesas de aire que nunca llegaste a cumplir. Igual, tu forma de hablarme cuando ya casi no te esperaba, cuando veías que me alejaba un poco más. Para que me volviera a quedar sin poder escapar. De tu puto imán.





Igual tuve que alejarme yo y cerrar alguna vía, para darme cuenta de que no tenías ganas de volver a buscarme. Y, aun así, en el fondo, siempre me queda la esperanza de que algún día te des cuenta y lo hagas. Y mi cabeza intenta convencerse de que será tarde y me dará todo igual. Pero sé que no. Igual...





Igual lo que pasa es que me enamoré de ti.





LA TUYA





Qué bonito el primer beso, las caricias que sabían a adolescencia, la primera vez que hizo el amor, que fue bonita pero ni mucho menos la mejor. Qué ternura dos que desean y todavía no saben cómo. Y, claro, llegaron las primeras decepciones. Tragos amargos y otros de ron. Seguidos de nuevos amores, de nuevas tristezas también. De cambios de sitio. Y ahí está, cualquier noche, mirando un poco hacia atrás. Columpiándose en el parque que está detrás de casa, dándose cuenta de que cuanto más pasa el tiempo, entra también más en la espiral de acostumbrarse a no estar con nadie, a notar que nadie le convence. Que quizá un día sí, y tres no. Que igual seis sí y nueve ya no. Y, por momentos, no es que le duela, es que le gusta. Lo prefiere mil veces a estar por estar con alguien, solo porque el mundo lo marque o lo vea mejor. La mezcla de amargo y dulce.





Maldita dulzura. La tuya.





TU PROPIA SOMBRA





Qué revolución cuando llegaste. Te besaba la boca en todas las del metro. Pasé de no querer a nadie a quererte a ti a todas horas. Me reventabas de placer y aún, siempre, quería darte el doble.





Pero tú ya no estás, y ya no digo conmigo, digo contigo misma. Que no te reconozco. Dónde se quedó aquella persona que me hacía reír cuando me metía un dedo en el ojo casi sin querer.





Y ahora cada vez tengo menos recuerdos de ti, he empezado a dormir algo mejor, se acabó el cuento. No sé mucho de ti, no sé si sabrá tu papá por dónde andas, que le tiras los tejos a las drogas que tan bien te pintan esas malas compañías.





Bailas, bailas mucho más en las discotecas de moda, más tiempo. Pero sin sonreír. Mezclando cosas raras. Y, cuando te despiertas, ya no recuerdas nada.





Con lo que molabas, ahora siempre eres sombra de lo que un día fuiste.





VAS GANANDO A LOS PUNTOS





Otra persona no te habría aguantado lo que yo he aguantado. Tú lo sabes, yo lo sé. Y lo hice, aun sabiéndolo, con gusto y placer. Dando todo cada día, intentando flotar entre cada una de tus mentiras. Y te aseguro que muchas noches me costó salir a flote. Y aún lucho cada noche para ganarle la batalla a que me importes un poco menos. Vas ganando a los puntos, pero nada más. No me rindo, y menos sin que suene la campana. No tengo toalla.





APRENDER CONTIGO





Quiero aprender, pero no sé si puedo. Siempre me pasa igual: capaz de ser yo mismo con personas que ni me van ni me vienen, y contigo, que me encantas, no me sale. Me pongo nervioso, intento agradarte, intento demostrarte que estoy ahí, sin dudar, con todas mis ganas. Me agobio, no soy capaz de hacerlo de otra manera. Hasta que me doy cuenta de que eso solo hace que te alejes más. Y ya es tarde. Y mañana seguiré haciendo reír al mundo, hasta que alguien me importe de verdad. Y volver a empezar desde el principio. Ojalá cambiarlo, pero de momento... no me sale. Mal que me pese. Y mucho que me duela.





CONFIANZA





Siempre te digo «pórtate bien» entre sonrisas. Sé de sobra que lo harás, que solo disfrutarás de tus amigas o relajada en tu sofá. Si hay algo que te define es que siempre vas de cara, eso que tanto escasea últimamente. Sea algo bueno, o malo, me lo

dirás. Y así se vive en tranquilidad. Da gusto así. Te quiero más por ello. Nunca me escribes por cumplir, o porque estés en pleno aburrimiento. Si lo haces, es porque quieres, te apetece. Te miro a los ojos y tengo claro que en ti se puede confiar. Luego las cosas serán de una manera u otra, pero tú y las mentiras no hacéis buena pareja. Eres altamente cabezota, pero al final capaz de pedir perdón. Seguramente por eso te quiero todavía un poquito más. Respiro, y aunque no estés, sigo tranquilo, hasta que vuelvas. La confianza da vida. Y me gusta que estés.





EN EL ESPEJO YA NO TE ENCUENTRO





Pues claro que te extrañaré, seguramente mucho más de lo que crees. Llegarán esos días donde sabré que necesito un abrazo fuerte, de esos que no te valen de cualquiera, solo tuyos. Exactamente de esos que ya no voy a recibir. Y no estaré, no estarás, no estaremos.





Buscaré cosas para hacer, igual unas clases de pádel. Escribiré mucho, para que los días pasen pronto, y que llegue la noche y exista tanto cansancio que no me dé tiempo a pensar en nada. Para no pensar en ti, para qué engañarnos.





Supongo que tiene que ser así, el corazón manda, pero algunas veces mejor estar separados que pasarnos la vida discutiendo. Que todo es muy bonito cuando todo va bien, pero eso ya es muy pocas veces. Y me duele, me duele mucho perderte, pero algunas veces hay demasiadas tiritas ya, y el daño marcó demasiado. No quiero más, aunque te quiera.





Y me acojonarán los días en que no sepa dónde estás, y si ya me has olvidado. Toca ser valiente. Cuando el espejo me diga que esa persona soy yo y tú ya no me miras.





SE ESTROPEARON LOS FRENOS





Me gusta la cara que se te queda cuando estás sentada pensando en algo que te ilusiona. Aunque ya no sea yo. Aunque yo ya sea en tu vida una cuesta abajo sin frenos.





Y DIME QUÉ HARÁS





Y dime qué harás cuando nos crucemos cualquier noche de estas: tú de la mano, agarrada a ese otro, y yo sonriéndole al aire. Dime qué harás cuando volvamos a cruzar la mirada dentro de ese bar mientras él esté mirando hacia otro lado. Dime qué harás cuando tengas ganas de dejarlo todo atrás para encontrarnos en el baño de chicas.





Dime qué harás cuando tu mamá te pregunte si aún te acuerdas de mí. Dime qué harás cuando suene esa canción que descubrimos juntos, la que tú decías que era una mierda, pero no parabas de tararear.





Dime qué harás cuando beses otra boca que no sabe a mí. Dime qué harás cuando aparezca en tu cabeza cuando le des la espalda, mirando cara a la pared.





Dime qué harás en los semáforos en rojo si ya no nos metemos mano. Dime qué harás cuando no te acaricien la mano en el freno.





Dime qué harás cuando te metan presiones de boda. Dime cómo darás el «sí quiero» sabiendo que estoy en aquella esquina con traje encima. Dime qué responderás cuando te pregunten si eres feliz.





Y yo no sé si me habré cansado de esperarte.





ANA





Ana tiene unos ojos preciosos, en verano se le ponen todavía más claritos. Ana es muy normal, sale con sus amigas por ahí. Dio su primer beso al lado del mar. Ana es muy bonita pero no se encuentra en el espejo. Tiene miedo de no entrar en una 36.

Esa que marcan las tiendas de moda de la ciudad. Ana siente que todo el mundo se fija en ella por la calle. No se lo cuenta a nadie. Algunas noches tiene ganas de llorar.





Ana corta la comida en trocitos, para que parezca que ha comido bastante. Le dice a mamá que hoy no tiene más hambre. Ana se encierra en el baño cinco minutos y se le va un poco de vida por el desagüe. Cuando saca el pestillo todo está bien por un rato. Esa sensación de alivio y agobio.





Ana está débil, la boca seca, sus amigas la ven algo rara... Ana quiere encontrarse mañana todavía más delgada.





Ana se mareó hace un rato, no quiere ir al médico por si la descubren. Ana tiene mucho miedo. Ana escucha una vocecilla que le dice: «Sal de ahí».





MINTIENDO





Ya no se nos oye hablar. Las únicas risas que quedan son las de algunos niños jugando en la calle. Eso sí, la tele de fondo suena demasiado alta. Seguramente sea mejor así, mejor que algunas discusiones sin sentido que acompañan casi todas nuestras noches. No recuerdo desde qué momento hemos convertido el viejo sofá que nos oía disfrutar, como dentro del paraíso, en un ring abandonado.





Míranos: dos fantasmas intentando no pensar, hundidos en pantallas. Yo la del móvil por si alguien me hace sonreír de nuevo. Tú la caja boba hasta que los párpados se quedan sin fuerzas. Y, mañana, el vecino del cuarto nos dirá que, joder, qué buena pareja hacemos. Y los dos sonreiremos. Mintiendo.





CARTAS Y CORTES





No me diste casi tiempo a barajar y ya te habías convertido en mi carta favorita. Si me daban a elegir, siempre salías tú. Sin trucos. Yo, que fui siempre de sotas, y llegaste tú, tan tres de oros.





Lo que no sabía es que la partida no la íbamos a ganar los dos. No sabía que tu corazón provenía de una relación más dura que una noche en el Bronx. Y cortabas más que el filo de una navaja recién afilada. Como ese mensaje en el contestador que nunca escuchará nadie.





Y me cortaste mucho, a mí, que llegaba con la ilusión de un niño soplando las velas por primera vez. A mí, que me veía agarrado de tu mano en un portal y me importaba una mierda que el mundo siguiera caminando. A mí, que cuando me hablaban de estrellas no pensaba en el cielo ni en hoteles: me quedaba con tus ojos.





Te echo de menos, pero sé que no volverás. Aunque quedamos como amigos. De esos que nadie se cree. De esos que no se vuelven a ver.





PRECISAMENTE TÚ





Y precisamente tú eres quien siempre repite que exponerse demasiado tiempo al sol es perjudicial y muy malo para la salud. Precisamente tú.





NO ESPERABA MENOS





Se ha quedado un domingo gris. Por la calle suenan gritos de niños jugando por las aceras mientras sus padres toman cervezas sin hacerles caso. Uno tropieza, se cae al suelo y llora. Todo es buena excusa para acordarme de ti. La tele está puesta, no tengo muchas ganas de comer, pero las galletas bien que entran. Encima de la mesita está el móvil, justo encima del suplemento del periódico, que dice algo de que David Cal se retira. Y en la esquina, pequeñita, que Maroon 5 triunfa.





Tengo mil ganas de agarrarlo y llamarte, aunque no tenga ni puta idea de dónde estás. Y escribir cosas sin sentido en los bordes del suplemento, mientras escucho tu voz. Pero no me atrevo, supongo que sigo teniendo miedo de saber que hay alguien más, y que yo sigo estando, también, de más.





Lo agarro y suelto mil veces antes de entrar en la agenda. Y al final lo vuelvo a agarrar fuerte, enviando un WhatsApp de mierda. Apagaré el teléfono, con miedo de ver tu respuesta. El sofá se convertirá en mi compañero de sueños durante unas horas. Y por la mañana lo encenderé de nuevo, para no encontrar respuesta. No esperaba menos.





SE LLAMA HUGO1





Tiene mucho corazón, mucho más de lo que la gente cree. Es de esas personas que algunas veces parece que no están, pero, cuando es importante, ahí está clavado.





Si le pones revuelto de frutos secos es capaz de acabar un paquete en minutos.





Piensa el doble de lo que habla. Le gusta saber, pero le cuesta soltar. Algunas veces necesita escapar un poco de todo, estar a su bola y respirar.





Ayuda a reconstruir ruinas, cimientos que nunca pierden el color, da igual lo malo que pase.





Es él, a su manera, pero quien le quiere, le quiere de verdad, para siempre. Huele a victoria en la ciudad. A tiempo. Aunque las circunstancias lo llevan lejos...





* * *





1 Corre, ve a mi libro anterior y busca a María





TU SONRISA





Tu sonrisa es vida.

Tu sonrisa forma la mía.

Tu sonrisa es orgasmo.

Tu sonrisa es gol en el noventa. Tu sonrisa es casa.

Cárcel cuando falta.





EL BUCLE





Hace ya más tiempo del que parece, casi prefiero ni contar cuánto. Pero lo reconozco: me ilusioné contigo. Normal, tienes esa capacidad de enganchar con la primera palabra.

Y así fue. No iba a ser conmigo una excepción. No podía pedir absolutamente nada más. Cada caricia tuya me revolucionaba tanto que no podría explicarlo con letras. Eso era suficiente para comer de tu mano, al menos por un rato. Además, esa brutal mezcla de ser capaz de enfadarnos y volver a enamorarnos en el mismo día, bien sabes que termina enganchando. Para pasar de ni mirarnos en horas a clavarnos las pupilas mientras nos corríamos.





Y ya sabes qué pasa cuando alguien lo da todo, y el otro lado va a semanas. Todo se rompe, pero lo peor es que nunca (o al menos casi nunca) del todo.





Y ahí estamos, ya ha pasado bastante, ya apenas nos vemos. Digamos que me prohíbo hablarte. Algunas veces he caído, con tus oportunos mensajes diciendo que me echas de menos, y terminamos en el mismo bucle. De tú poder con todo, y yo caer con todo. Otras, sacando fuerzas de las que ya no me quedan, he apagado el teléfono.





Me prometo por las noches que no habrá una próxima vez, algunas, incluso, me lo creo un poco. Me preguntan si todavía pienso en ti, y, joder, pues digo que no, que eso ya está más que olvidado. Y ojalá, ojalá fuera así y pudiera no quererte, pero te quiero.





EL AMOR DE MI VIDA





Hace mucho tiempo conocí al amor de mi vida. Fue a primera vista: la primera vez que nuestros ojos se encontraron, me di cuenta. Qué suave era su piel. Desde entonces, ahí estamos. Me abraza fuerte y me avisa por adelantado de que la voy a liar. Y siempre tiene razón. Y aunque la cague mil doscientas veces, nunca se marcha. Siempre está. Me besa mejor que nadie. Cuando voy a descarrilar, es capaz de parar todos los trenes de mi mente. Sabe perfectamente cuál es mi comida preferida y algunas veces me sorprende con ella en la mesa. Lo da absolutamente todo por mí, aunque duela. La quiero más de lo que lo demuestro.





Y tengo la absoluta seguridad de que nunca me dejará, pase lo que pase. Fiel, totalmente fiel. Te quiero, mamá.





MI DESEO





Me encantan esos días en los que no te espero, pero en el fondo tengo la tonta idea de encontrarte. Me saben a gloria cinco minutos contigo. Incluso dos. Con tu mirada de «no sabía que dolería tanto la vida». Tus sueños van cambiando, quizá adaptándote a lo que va pasando. Aunque algunas noches todo eso pese demasiado. A la hora de querer, simplemente das todo lo que esté en tus manos (y piernas).





Se nota a leguas que te gusta ser importante para quien te importa, pero respetando siempre el aire. Necesitas mucho respirar, estar a tu bola, alguien que entienda que contigo sí, pero sin colapsos. Sin atascos de la M-40 en el corazón.





Y pese a todo, oye, tú tan guapa. Sonríes mucho por las noches, no tienes una pizca de colorete de más. Ya ves tú qué problema tienes en mandar a la mierda a los cuatro pesados de turno para seguir bailando.





Mañana será otro día de relax, de esos que tanto necesitas, para no mandar todo a la mierda, y dejar de tragar. Aun así, en tu sonrisa, nadie en su sano juicio no querría quedarse a vivir. Aunque no tuvieras piscina.





Llamando al timbre. Paso de estrellas fugaces, pero ojalá se cumpla mi deseo y abras.





TODA UNA VIDA





Cuando eras más pequeña, soñabas y te ilusionabas con el amor. Todo fue más rápido de lo que parecía, no eras consciente. Tuviste un amor que conseguía que no tuvieras ganas de mirar a nadie más. Y eso que destacabas. Aunque jamás lo vas a reconocer.





Y sin casi avisar todo dio un vuelco. Y te deslizaste en unos brazos que te llevaron a sensaciones que jamás hubieras pensado tener. Te dejaste llevar por la nube que le invadía. Al final fue una decepción todavía más grande. Pero no te arrepientes de nada, y te dejó lo más especial de tu vida.





Cierras los ojos y, joder, cómo ha pasado el tiempo, casi sin avisar, como si adelantaran mil relojes a la vez. En el reflejo del espejo, sigue la misma sonrisa de niña, acompañada de madurez. Esa que desea que la ilusión vuelva a la carga. Volver a temblar con besos en la nuca, con alguien que sepa escuchar, que te dé ganas de mirarle hasta que se haga de día. Alguien que llene la cama con algo más que sexo.





Y vivir sin miedo de soplar una vela más, en la tarta de chocolate, que ya tiene demasiadas velas.





TU PECHO





Me quedaré frente a frente contra él. Parece suave a simple vista. Mis labios se acercarán, sigilosos. Meteré uno dentro de mi boca. Luego el segundo... muy despacio. Se humedecerán. Tendré que sacar la punta de mi lengua para rodear en círculos cada pezón. Y temblarás mientras se endurecen como bloques de granito. Los sujetaré con los dientes y tiraré despacito hacia fuera. Hasta que tu voz se pierda. Hasta que grites pidiendo un poco más. Y solo será el comienzo de la noche... Más...





SIN PASTILLAS





Ya sé que duele un poco, algunas noches demasiado.

Sé que todavía piensas mucho en cosas del pasado, en dolores, que disimulas sin pastillas.

Pesadillas.





Sé que costará,

que mis labios sabrán a poco durante un tiempo,

que algunas tardes me agarrarás pensando en otras personas.

Que fallaré igual, que mentiré demasiado.





Pero tus ojos dicen que no, que no me vaya todavía.

Y lo dicen de verdad. Te espero. Te espero a tu lado.

Donde me puedas ver.





LA SUCURSAL DE CORREOS





Fue en una sucursal de Correos. Una Navidad cualquiera. Estaba todo lleno. Fuera brillaba el sol, pero hacía un frío de cojones... Colas. Personas enviando postales, algunas cajas de vino. Alguna felicitación por cumplir. Y entraste tú, torpe, que casi te caes, con una caja enorme, pero no tanto como la sonrisa que llevabas. De pilla. Un hombre grita porque le ha llegado roto un paquete. Parecías frágil tú también. Delgadita, pero entera, después de tantas cosas. Demasiadas. Sonaba «Despedida» de Izal, en el hilo musical. Tus ojos, a bienvenida. Tenías el 027 de número de turno.





Y nos cruzamos la mirada, durante unos segundos, como diciendo: «Necesitamos hablar, en certificado urgente». Los dos solos y muy pronto. Y no fue una Navidad cualquiera. Dejó de hacer frío. Y cambiamos los villancicos por canciones de Andrés.





HIELO EN LOS LABIOS





El mundo piensa que todo sigue como siempre. Sois los reyes del disimulo cuando alguien está cerca. Todo lo que vosotros ya no estáis. Algunas veces, las gafas de sol sirven para algo más. Esos ancianos sentados en el parque se miran con más amor. Los besos que os quedan son de esos que se dan sin casi saber el significado. Está pasando eso que justo un día os prometisteis que no pasaría. Los dos sabéis que aunque no pase nada, precisamente ese es el problema. Y los dos lo pensáis, y ninguno dice nada. Todo suena a roto, y ya ni lo solucionáis en el taller de la noche. ¿Dónde ha quedado aquel «Voy a comerte» de Pereza que os susurrabais? Hay promesas mentales de que mañana sí que lo hablaréis cara a cara, pero ninguno da el paso. Se enciende la tele demasiado. Y vuestros padres solo piensan en la buena pareja que hacéis, que algún día habrá boda, en que seréis tres e iréis los fines de semana a comer. Alguna paella. Hielo en los labios. Cortando todo a su paso.





RELACIÓN ESTABLE CON EL MIEDO





Siempre va despeinada por la calle, o es el puto viento, siempre jodiendo, o que simplemente ya no se ha peinado en el espejo. Con los auriculares puestos y sonriendo por la calle. Unos días suena Leiva, otros Miss Caffeina. No le pasa nada en concreto, pero sonríe. Callando al mundo con sus dientes. A mordiscos. Ya no recicla corazones. Los abandona si no merecen la pena. Menos mal que sus ideas fueron al contenedor azul.





Ha dejado todos sus miedos atrás, y mira que tenía muchos. Llegó a pensar que tenía una relación estable y duradera con el miedo. Ahora los tiene debajo de la cama, pillando polvo. Ya no se le pegan a la espalda cuando se levanta. El armario ya no asusta. Y sus manías solo le hacen un poco más especial.





Quizá no tenga el bolsillo muy lleno, pero el corazón rebosa. Y seguramente no exista mayor riqueza para una persona.





UNA DE CINE VERSIONADO





Contigo soy capaz de ser capaz. No me dejas tener imposibles. No sabía que existía alguien que se comería todas mis inseguridades una a una. Haces que note que me quieres, no te hace falta atreverte ni que yo tape mis oídos.





Son malos tiempos para los soñadores, pero tú me haces soñar sin cerrar los ojos. Estrenaste esas ideas que estaban en mi cabeza y que pensaba que tendría miedo de intentar. Y las estrené contigo. Y sí, el amor me hace más guapo de lo que soy. Eres mucho más que un tesoro escondido en París.





Y no es que quisiera hacer el tonto, ni siquiera que me lo pidieras, pero juntos hacemos las mejores tonterías del mundo. Y no es el amor, son tus ojos los que hacen que salga todo lo que nos proponemos.





Y como estas tres, nosotros somos película, posiblemente entre comedia y amor. Pero de las buenas.





LA IRONÍA DE QUE TÚ NO SEPAS CURARTE





Eres preciosa. Sí, ya sé que no te gusta que te lo digan. Bueno, gustar te gusta, pero ya estás un poco cansada de que solo quieran saber de ti por eso. Etérea. Con unos ojos de once. Son protagonistas desde que naciste.





Hace tiempo que las cosas no van. Van a ratos, pero realmente cuando apagas los ojos y piensas, no te sirve. Te dejaste llevar demasiado. Demasiados bares, baños y copas. Ya has aprendido que eso solo sirve para un rato. Ahora quieres cosas de verdad, caricias de verdad, besos de esos que realmente quieres dar durante horas. Pero hay miedo, demasiado miedo.





Miedo a demasiadas cosas. De esas que muchas veces solo sabes tú. Traumas del pasado sin curar del todo. Curiosa ironía. No las quieres contar normalmente porque te hacen recordar malos momentos. Momentos que no le desearías ni a tu peor enemiga. Pocos sobreviven a escucharlas, a entenderlas, a ayudarte para convencerte de que merece la pena dar oportunidades, de que contra la pared también se puede hacer poesía de mordiscos.





Disfrutas horas curioseando en las librerías de la ciudad, buscando cosas que hagan relucir tus inquietudes.





Y tu escudo sigue ahí, la maldita coraza, deseando que alguien la rompa a caricias. Y que, por una vez, dejes de tener MIEDO.





SOMOS FAMILIA





Ha pasado mucho tiempo, pero es imposible olvidar cómo nos conocimos. Así, a simple vista, seguro que casi nadie daría un duro por nuestra amistad. Se nota que no saben cómo disfrutamos las cosas.





Tú me entiendes, incluso cuando parece que no lo hago ni yo. Sabes cuándo abrazarme, aunque yo te diga que no me pasa nada. Sabes cuándo necesito salir a tomar una copa o cuando ya no debo tomar una más. Sabes todo de mí: cuándo me empieza a gustar alguien o cuándo alguien no me inspira. Y lo entendemos mirándonos a los ojos.





No permites que me atranque en casa los días de mierda. Me obligas a salir y no hay más que hablar. Te acompaño a conciertos que me importan una mierda porque sé que te hacen ilusión. Y los días que estamos lejos, me mandas mierdas al WhatsApp. Y no me olvido, al contrario, tengo la sensación de que nos queremos todavía más.





Tus regalos no son los más caros, pero siempre consigues sorprenderme con lo más original.





Ha sido así, como las cosas más bonitas, poco a poco, dándonos cuenta de que somos inseparables, y de que algunas veces la familia se hace corta y se le añade alguien que no tiene la misma sangre, pero lo parece. Dos palabras: te quiero.





MIEDO Y ESPERANZA





Todavía voy paseando

algunos días

por las calles antiguas de la ciudad

y escucho una voz que se parece mucho a la tuya.





Me sobresalto (sí, todavía)

y camino un poco más

con la esperanza de que al girar la esquina

te encuentre, guapa, con tu abrigo,

esquivando la lluvia por los soportales

y con el miedo de que sea otra persona

la que te sujeta el paraguas por un rato

mientras te abrochas la cremallera.





Y qué frío.





TÚ





Eres la chica que mejor sabe disimular de toda la ciudad, la que sabe ocultar todos sus miedos detrás de la melena brillante.

Que bebes una cerveza y tus ojos iluminan chispas y te ríes. Y que es capaz de caminar sin rumbo, y perderse por las calles de la ciudad los días que no puede respirar.

Que no puede más. Y esta vez no habrá simulacro de incendios.

Tú.





MI PELÍCULA FAVORITA





Me preguntaron que cuál era mi película favorita,

y tuve que responder que esa la vi en tus ojos

una noche que me mirabas ilusionada

mientras me contabas historias de cuando eras pequeña.

Ojalá no se hubiera acabado nunca.

Ojalá pudiera encontrarla en El Corte Inglés

o, a las malas, en descarga directa.





Y me la pondría mil veces más en HD,

en el sofá. Contigo.





AUNQUE YA NO SIRVA PARA NADA





Hola, Pequeña, ¿cómo va todo?





No me acuerdo de ya hace cuánto que no hablamos. Meses, quizá años. Hace tiempo que los días dejaron de importar al pasar. No vayas a pensar que me he olvidado de ti. Ahora estarás de pie en el buzón, con el pan en el brazo y las llaves enredadas en la mano, leyendo esto. Igual alguien te espera arriba, con la comida en la mesa.





Yo, la verdad, todo casi igual. Mi vida ha cambiado un poco, pero mi mente apenas nada. Sigo con la misma gente, todavía vamos a aquel bar donde nos tratan tan bien. Un poco de soledad, pero ya sabes que en el fondo me gusta, tanto como a ti.





Si pudiera volver a atrás, si pudiera volver a aquel día tan lluvioso, esta vez te diría la verdad al volver a mirar para atrás después de despedirnos. Te juraría que no quería que te marcharas. Pero en mi cabeza resonaba el «Yo estaré sin ti, tú estarás mejor».





Sí, lo sé, todo fue distinto a lo que esperábamos. Pero alguna cosa todavía no ha cambiado. Y esa es que te quiero, aunque ya no sirva para nada.





Abrazos apretados de noche de invierno.





AEROPUERTOS Y DISTANCIAS





No ha podido ser antes. Por unas cosas y otras, han pasado semanas. Y nos morimos de ganas de vernos. Tenemos un calendario mental que resta los días con cada llamada nocturna. Pero qué lentos pasan cuando tienes verdaderas ganas de ver a alguien.





Esta vez vienes tú. Te veo desde fuera. Recogiendo la maleta en la cinta. Como siempre, vestida de altos vuelos. Con una sonrisa en la boca, la cazadora en el hombro y Mi chica revolucionaria en la mano.





Me ves, sales deprisa. Me abrazas fuerte, me besas despacio. Aquí comienza nuestro fin de semana, donde seremos felices, compartiremos todo y nos haremos el amor todavía más. Deseando que ahora sí que pase el tiempo. Me dices que has engordado un poco, pero yo te veo preciosa y te muerdo la boca.





Ya es domingo, el aeropuerto lleno y yo lo veo supertriste. Prefiero la despedida rápida para no pasarlo peor mientras te veo embarcar colocándote el pañuelo.





«Hasta pronto».





Ojalá algún día no tengamos barreras.





«Al llegar te llamo. Te quiero».





A HA VUELTO





A tiene sitio en este cuento. A es una chica morena que no ha cambiado. Su alrededor, un poco: ahora brilla un poco más. Pero su cabeza sigue igual. Destaca, pero tampoco te creas que le gusta demasiado. Cuando está en casa, sigue siendo aquella niña dulce de los noventa que jugueteaba en la playa. La gente cree que no le quedan sentimientos, pero la desbordan. Le dan ganas de apagar la tele. De que el despertador no se ilumine otra mañana más, después de tanta fiesta.





El mundo habla demasiado sin saber, y eso duele demasiado. El tatuaje de su brazo izquierdo la mira en silencio.





Un día su mente está aquí y otras veces no sabe ni dónde. Pero arranca los días, intentando ser un poquito más feliz.





A escucha mucha música para olvidar cómo suenan los miedos de la calle.





727 KILÓMETROS





Solo éramos unos crios frágiles.

Mientras yo intentaba salir de la adolescencia,

tú entrabas en el primer año de facultad.

Fuimos desde todo a casi nada,

mezclando mis errores con tus ganas de copas de Almirante.

Si solo hubieras sido capaz de darte cuenta de todos mis esfuerzos,

de las veces que sacrifiqué cosas por cinco minutos más a tu lado,

quizá las cosas hubieran sido de otra forma.





Y aunque ya hacía tiempo

que en el ambiente olía a indiferencia,

una noche cualquiera vi dos besos de presentación

que sabía que lo cambiarían todo.





Y así fue.

Dicen las malas lenguas que no había sido la primera vez.

No lo sé, tampoco te guardo rencor.





MÚSICA





La chica que cada noche

intentaba olvidar a base de canciones,

se ponía los cascos y cerraba los ojos

hasta quedarse dormida.





La chica canción un día se enamoró.

Todo sonaba a melodía.

Pelos de punta cada vez que la acariciaban.

Era como música.





Y de repente sonó a rotura de vinilo.

A canción de cantautor con tristeza.

A canciones que jamás volverían a sonar igual.

Y la chica canción volvió a dar al play.





VIDA





Tú no tienes ni idea de lo que significó para mí conocerte. Tenía muchos miedos, seguramente tantos como tú. Pero hablar contigo, aunque solo fuera un rato, era quitármelos de un plumazo.





Desde entonces, solo he imaginado poder besarte en cualquier ciudad. Da igual que no tengan encanto, tú lo tienes todo en la mirada.





Cada noche deseaba que tus labios no rozaran otros. Deseaba que ojalá pensaras en mí.





Y seguramente no sea el mejor, ni el más guapo. Pero tengo ganas de demostrarte que, algunas veces, una presencia puede hacer temblar, aunque sea riendo en el sofá.





Y sé que un día te hablaré, te diré que vengas conmigo a cualquier parte, a cualquier apartamento perdido, donde simplemente besarte hasta que se haga de día. Pasear, sentarnos al lado de un río. Reír. Demostrarte que puedo intentar hacerte feliz. Demostrarte que al escuchar tu nombre me giro.





Demostrarte que yo, al menos, tengo ganas de quererte.





PEDRO Y SU BALÓN





Pedro sabe que mamá y papá se quieren mucho. Tiene ocho años, pero ya entiende un poco sobre eso de querer. Su mamá le cuenta cuentos antes de dormir y papá le da besos en la frente.





María e Irene se enamoraron. Descubrieron que, juntas, entienden el amor. Se complementan a la perfección. Todavía por la calle se encuentran gente que no entiende que eso de querer no es cuestión de sexos.





Pedro juega en la plaza. El balón se escapa un poco lejos. Irene besa a María. Pedro no entiende qué hace aquel señor gritando a dos chicas que se besan. Qué raro, con lo que le gusta a él que papá le dé un beso antes de dormir.





Pedro le pregunta a papá. No entiende nada. Papá le abraza y le explica que nunca debe olvidar que querer es cuestión de ganas. Cuestión de cariño. Que se trata de ser feliz con lo que tú eres. Con lo que tú quieres. Y no entenderlo, reprocharlo, es todo lo contrario a felicidad.





María e Irene se vuelven a besar a lo lejos.





Pedro sonrió y siguió rebotando el balón contra una esquina. Pero eso, eso que le enseñó papá, eso no lo olvidó nunca.





Y SERÁN TRES





Se juró que nunca mentiría. Que aquello tan bonito que empezaba no tendría mentiras. Eran impresionantes las cosas que podía hacerle sentir.





Pero, casi sin darse cuenta, las cosas fueron cambiando, los momentos disminuyendo y la ilusión solo parecía estar en esas sonrisas llenas de disimulo. Algún viaje que hacía creer por un rato.





Y, casi sin avisar, apareció alguien que hizo que la vida volviera a tener más luces que sombras. Y lo intentó, intentó por todos los medios evitarlo. Pero fue imposible. Le encantaba esa red. Piensa en silencio que ha roto su propia promesa. Y que no sabe cómo escapar. Esa mezcla de cobardía y miedo que no la deja ser feliz. Sabe lo que pasa, pero no quiere asumirlo.





Y mañana volverán a verse. Y serán tres, aunque uno no lo sepa.





VACÍO





Quinientas noches, dicen. Bah.

Pues sí, demasiado insuficientes quinientas

para olvidar ese brillo en la mirada.





Siempre me gustó pasear por el filo de tu boca.

Aun sabiendo que algún día me tocaría

caer por asomarme demasiado.





Y ahora me noto caer al vacío. Y ya no hay paracaídas.

O me rompiste antes de dejarme caer.





TENGO MIEDO





Tengo miedo. Pero no un miedo que tú me provoques. Miedo de ese que hace mucho que no tengo. De darme cuenta de que me importas. Y hacía mucho que nadie me importaba. Pero quiero, joder.





Miedo, pero no miedo de ese de que no me fíe de ti. Si ya sabes que hablo contigo dos palabras y lo entiendo todo. Y lo sabes. Miedo de quedarme sin esos silencios que me dicen que me quieres. No quiero cagarla. Por eso tengo miedo.





Pero todavía confío en que todo salga bien, que te des cuenta de que tú puedes hacer que nunca más lo tenga. Me prometí que daría todo por ti. Y eso intento. No abandones. No te vayas, que te voy a querer como no han querido.





«UN TIEMPO»





«Un tiempo». Eso me dijiste. Eso resuena en mi cabeza. Eso quieres y eso salió de tu boca. Quieres un puto tiempo.





¿Sabes? No creo en eso. Yo no necesito ninguno para saber si te quiero. Ni para saber que quiero estar contigo. Pueden existir dificultades o problemas, pero la palabra «rendirme» no entra en mi diccionario.





Supongo que es una de esas excusas que se ponen para evitar hacer daño. Pero hace el doble. Y aunque tener que olvidar es complicado, nada duele más que la incertidumbre.





No quiero tiempo, quiero que estés. Pero aunque no quieras reconocerlo, ya has decidido que no lo harás.





HASTA QUE NO QUEDEN LUCES





Me encantan las cazadoras vaqueras del Pull&Bear. Bueno, en realidad, el Pull entero. Muchas veces me pillo tarareando canciones de Pereza que hace mil años que no escucho. No me pierdo nunca los partidos de mi equipo. Escribo mucho, y escucho todavía más música. Me pasaría horas buceando en YouTube buscando grupos nuevos. De letras sencillas pero pegadizas. Hacer que te corras a la vez. Si me dices en tu portal que suba, sé que realmente seré yo quien te suba al cielo. Hacer sorpresas inesperadas. Cocinar tranquilo platos sencillos. Queso. Queso. Y, ah, queso. No me acuesto nunca antes de las tres. Vivo con ese miedo de perder lo que me encanta. No me olvido de los dos goles de lago al Alavés. De esa boca que no paraba de morder. Soy alguien sencillo, con ganas de no parar nunca. Con ganas de besar hasta que no queden luces.





A MEJOR





Aunque tú digas que no, eres coqueta. «Una pequeña diva», te digo entre risas. Igual tiene que ver esa pequeña inseguridad que escondes al lado de la timidez.





Observas, miras, piensas...





Quizá por eso muchas veces terminas sin decir nada. Aunque en tus ojos yo lo encuentro todo. Pero no te lo digo. Tú sonríes en esa boca tan bonita y el resto deja de importar durante un rato.





Sin darte cuenta, te metiste en el mismo bucle que un día te prometiste que sería justo en el que tú nunca caerías. Dejaste de controlar la situación tanto como te la controlaban a ti. Esa sensación de agobio en la garganta que ya no aporta nada.





Pero fuiste valiente cuando parecía que no había escapatoria. Aunque ahora seas un poco dispersa. Mira qué bonita se pone tu sonrisa últimamente. Qué afortunado el que consiga besarla. Mira cómo huele a tranquilidad en la ciudad. Mírate, cómo has cambiado a mejor.





LO QUE ME GUSTA DE TI





Lo que me gusta de ti es que confiaste en mí, incluso antes de tener motivos. Pudieron pasar por tu vida otras mil personas y no lo permitiste, esperando que yo apareciera para hacerte feliz. Supongo que algo dentro de ti te lo decía. Y acertaste. Quisiste venir a mí.





Lo que me gusta de ti es que no te importan los esfuerzos si crees que merece la pena. Haces las cosas con ilusión. Tanta que se te iluminan los ojos.





Lo que me gusta de ti es que no te dejas influir por nadie, que no haces lo mismo que todo el mundo. Que si te gusta algo, vas a tope. Con todas tus fuerzas.





Lo que me gusta de ti son tus caras de placer, las caras de enfadada en broma. Los abrazos fuertes. Tu forma de decir «te quiero».





Lo que me gusta de ti es que me quitas todos los miedos, los metes en la lavadora y salen arrugados y vuelves a besarme.





Lo que me gusta de ti es que no mientes y se te ve todo en los ojos, bonitos y transparentes. Grandes. Como tu corazón.





Lo que me gusta de ti es que cierro los ojos, pienso en ti y estoy tranquilo. Lo que me gusta de ti es que cualquier excusa es buena para besarte los lunares. Cualquier lugar es

bonito contigo al lado. Aunque llueva y no tengamos paraguas y terminemos entrando en un chino para comprarnos uno por 7,5 euros. Y que me beses y pare de llover.





Lo que me gusta de ti es mirarte. Y quererte.





NADA DE METRO





Siempre me gusta llegar a los sitios un poquito antes. Prefiero esperar que llegar tarde.





Esta vez hay mucha gente alrededor mientras subo nervioso el volumen del iPod. Suena Horóscopo. Yo creo más en ti que en los signos del zodiaco. Llevo siempre pitillos en las piernas. Ironía, que no fumo.





Un niño de unos tres años le dice a su madre que no quiere más merienda. Bebe zumo y se le cae un poco por encima. Alguien casi me da con su maleta. Parece que lleva prisa. Hay un vuelo a Londres que sale con retraso. Pasa una chica con una camiseta que pone «4 8 15 16 23 42».





Levanto la vista y ahí sales. Pelo recogido. Preciosa. Ya casi siento el abrazo.





Levantas la mirada. Me ves, te veo. Quedan unos metros para tocarnos. Veintisiete segundos hasta que eso sucede. Veintisiete segundos en los que no había nadie más. Solo ganas.





Será bonita la noche. La luna ya nos lo estaba avisando. Tus ojos estrellas. Tu boca deseo. Mejor un taxi, nada de metro.





A MUCHA ALTURA





Yo creía que era imposible volver a emocionarme de verdad. Creía imposible que mi mente se levantara sonriente por las mañanas sabiendo que un día más tendría ganas de saber de alguien con todas mis fuerzas. Me demostraste que si se quiere, si se piensa en alguien, nada es imposible. Siempre me dices que algo te decía que tenía que ser así. Que era yo. Que merecía la pena todo. Y no te rendiste.





Y ahora empiezas a darte cuenta de que te lo voy a devolver con creces, multiplicado por muchos besos. Por muchas noches. Por muchas sonrisas, por muchos orgasmos, por muchas ciudades. Y cuando me miras a los ojos, lo sabes. Como tú dices, no hace falta ni que te lo diga. Ya lo sabes.

Y te gusta saberlo. Sonríes cuando hablas de mí.





Crees en mí. Creo en ti. Por eso sé que no se romperá. Por eso sé que estaré los días que no puedas más e intentaré comprender las noches en que te salga tu vena cabezota.





Vamos a volar. Yo comprendo que querernos es la mejor manera de hacerlo. Nos deseo un buen vuelo. Será a mucha altura, pero no necesitaremos salidas de emergencia.





ASÍ





Así, siempre en círculos, dando vueltas en mi vida, como esas veces en que llegas al ascensor y estás meándote y solo puedes girar antes de que se abra la puerta. Y sales corriendo.





Así, como en esas películas que te encantan, pero que no entiendes demasiado bien. En las que el nudo y el desenlace no están muy claros. De esas que, cuando se acaban, sigues dándole vueltas.





Así, como esas canciones que tienes casi olvidadas en la mente, pero que cuando suenan inesperadamente no puedes evitar bailar y sonreír. Y su letra nos sigue recordando.





Así como perder el autobús, por solo un minuto, que tú te montes en el siguiente y me veas sentado al final, y te acerques para hablar un rato mientras el conductor se salta paradas.





Así, como dos que están, que se desean pero que no hablan. Pero que nunca se olvidan. Nunca.





Así como quererte, aunque ya no pueda ser.





MÁS DE 80 DÍAS





Ella, de piel morena y sonrisa picara. Si la miras de lejos, parece de otro país. Sangre del sur. Nunca se lo han puesto fácil, pronto la arrancaron de su ciudad para llevarla a otra menos bonita. Casi entre engaños. Es fácil engañar a una niña pequeña, eso pensaban. Su mente va muchos años por delante, desde hace demasiados. Quizá por eso algunas veces necesita aire. Por eso echaba tanto de menos una caricia de las de verdad. De las que hacen temblar delante de una ventana.





Si algo tiene especial es que, cuando quiere, quiere de verdad. No pone excusas. Lo hace todo porque quiere. Sin límites. No va a dejar escapar lo que le importa. Y si tiene que hacer esfuerzos, hará 27.000.





Cuando algo la emociona, lo lleva todo el día en la mente y en la boca. El mundo la nota feliz. Tan feliz que nadie de sus amigos quiere que cambie esa sonrisa. Ya hubo demasiados días tristes.





Hay tantos países a los que le gustaría ir con él, agarrada de la mano, que le cuesta decidir cuál es el primero. Vivir encerrados en una canción de Vanesa Martín, donde solo estéis los dos.





Al fin y al cabo, estar contenta era lo que quería. Y querer de verdad tiene todo lo necesario. Es preciosa por dentro y por fuera. Y una maravilla cuando se corre. Le tiemblan las piernas.





Ella es mi chica. Ella tiene todo lo que cualquiera querría. El mundo ya me lo puso al revés. Ahora nos falta darle juntos una vuelta. En mucho más que ochenta días.





AGUJERO NEGRO





Cuando todo empezó, yo no sabía que había un agujero negro tan profundo.





Ese que se crea cuando algo se acaba. Da igual el tiempo, importa más la intensidad.





Justo cuando crees que ya nadie te va a volver a querer igual, que el resto del mundo te mira raro.





No te encuentras igual al cerrar los ojos, la comida entra menos, y las ganas andan por ahí desperdigadas.





Un pozo, en forma de agujero irreal, que hace que hasta las cosas que más ilusión te hacían suenen aburridas.





Agujero donde toca volver a empezar, y parece que nadie lanza cuerda.





EL LADO IZQUIERDO





Me desarmas.

Mejor, no quiero pistolas.

Amarte a quemarropa, sí.





No estás cada momento,

pero sí cada vez que es necesario.

Apareces para sorprender.

Para dejarme sin dudas.





Y sigo sin armas, no las necesito.

Las que tengo salen de dentro.

Del lado izquierdo.

Tienes el récord del mundo,

en minutos,

acordándome de ti.





CONFIAR





Poco a poco lo conseguiste. Vivía en una espiral de miedo y desconfianza por tanto pasado. Me volvía loco por tonterías sin sentido.





Me demostraste que la palabra «confiar» es mucho más que una simple palabra. Es descubrir que, aunque no puedas estar todo el día pendiente, aunque tengas tiempo para respirar, nunca, pero nunca, te olvidas de mí. Y cada noche que sales, disfrutarás, bailarás y nada más llegar, volveré a tu mente. Como toda la noche. En la que no me fui.





Y no sabes la tranquilidad de dormirte pensando que sí, que confías en alguien y que no te va a fallar. Gracias. De corazón.





OTRA FORMA DE DECIR «TE QUIERO»





Incluso en esos días en los que llegas cansada, sin ganas de nada, tengo un momento para pensar en ti. Para escribirte un ratito, sin que te lo esperes.

Con los ojos casi cerrados y las fuerzas en nivel uno, sigues estando preciosa.





Esa sonrisa que esbozas con la luz apagada, quiere decir que aun así también te acuerdas de mí. Y que ojalá sea mañana.





Valoras las cosas y suenas siempre a verdad. Las mentiras se las dejas a los mediocres. Vas siempre de cara. Y menuda cara, guapa.





Podría parecerte un texto más de esta mente que nunca descansa, pero simplemente es otra forma de decirte que me encantan todas tus curvas. En especial la de tu boca cuando te ríes.





Otra forma más de decirte «te quiero». Sin decírtelo, solo leyendo.





El «te quiero» se me queda corto cuando te lo digo a ti. Tendremos que buscar otra palabra. Una que parezca poco pero que suene a mucho. O un abrazo que nos deje sin ninguna.





Aunque de momento, si quieres, pronuncia conmigo Ich liebe dich y llámame esta noche cuando llegues a casa.





ME LO HAS DEMOSTRADO





Hacía mucho que no era capaz de respirar hondo. Menuda niebla por dentro. Entre miedos y frío. Supiste ser y estar. Aguantar y esperar el momento para convertir todo esto en especial. En planes y momentos. No fuiste una bocanada de aire fresco. Fuiste toda la brisa. Entera. Fuiste de esas manos que se buscan solas. El calor de las noches. El brazo por encima. El respirar fuerte y todo eso. Hubo muchas curvas en tu pasado. Seguramente errores. Solo sé que merece la pena todo por llegar al fondo de tu sonrisa. Esa que brilla como nunca. Con sensación de que nunca lo hizo tanto y de que no quiere dejar de hacerlo. Me da igual lo anterior, me conformo con todo el futuro. No me lo regales, compártemelo. Que quiero acariciarlo. Entre los dos podemos. Una mañana de zumo. Una tarde de Ikea. Una noche de Musical. No voy a soltar. Tus manos son demasiado bonitas para dejarlas caer. He dejado de tener miedo. Tus ojos son de esos que solo cuentan verdades. De esos que lo explican todo cuando se encuentran con los míos. Estarás. Y no es una pregunta esta vez. Me lo has demostrado.





ÁMSTERDAM





Por soñar, soñemos que al girar una esquina nos encontramos y te beso, sentados al lado de un canal de esa antigua ciudad europea. Hojas secas todavía.





Que tus labios, esos que muchas veces llevas rojos, se quedan sin color. Y que tú me dices al oído: «Gallego, vuélveme a besar, que aquí anochece antes cuando tú lo haces».





Y no se lo diremos a nadie, cenaremos en la calle, en alguna calle central, sacando hamburguesas del FEBO, mientras pasan dos chiquillos aún fumados.





La madrugada nos encontrará mientras enseño el pasaporte en la frontera de tu piel y la ropa interior.





Me dejarás saltarme el control, muchas turbulencias. Temblando la réplica del Rembrandt colgada encima de la cama.





Y por la mañana, mientras te duchas, vuelvo a pensar si todo esto sigue siendo un sueño o nosotros lo hicimos real.





VALEN LOS ESFUERZOS





Igual es que tenemos eso que todo el mundo busca: muchas sonrisas en la boca. Muchas ilusiones escondidas debajo de los párpados. Digas lo que digas, la única curva de la felicidad que tienes es la que hace tu boca cuando te agarro despacito el culo sin avisar. Y aprieto un poco.





Igual esta vez te compensa acostumbrarte, si la costumbre es bonita. Y te mira bonito cuando te besa. Esas ciudades enormes, donde no se ven las estrellas, se convierten en universos si tú vas de mi mano. Esas veces que aprietas, que significa que te mueres de ganas de besarme. Esos ojos grandes (que tenías tú razón) que dicen que no se la juegan por nadie que no importe muchísimo (o todo).





Pues sí que debo valer, para todos los esfuerzos.





Un viaje tranquilo por la costa, durmiendo hasta las doce y abrazándonos hasta la hora de comer. Que se vea el mar y nos digan si queremos otra de pulpo a la gallega. Que mires hacia el otro lado y me veas a mí como postre. Y que yo te coma también con la mirada. Que luego deje la tuya perdida. Esas sí que son vacaciones en el paraíso.





Gracias por este calor intenso. Boca preparada. Seguridad cargada al 100% y con el cargador enchufado a la pared. Cualquiera de las que utilizo para besarte apoyando tu espalda.





VOLADORA





Te conocí, y en ese mismo instante supe que no querría separarme de ti. Tenía miedo de ser simplemente alguien más para ti y que un día aparecieras y me dijeras que todo se acababa.





Tenía miedo de enamorarme de ti y que desaparecieras.





Pero me has demostrado que apareciste para quedarte y besarme siempre con las mismas ganas.





Y cada vez que suena la Niña voladora, sonreiremos. Y aunque yo no sepa bailar, lo intentaremos.





EL AUTOBÚS





Joder, qué frío, que ya es diciembre, casi sin avisar. Las 9:27, un poco apurado, pero justo. Princesas en mi iPod. Un montón de gente en la parada del autobús. Rebusco el euro treinta y dos. El conductor no me parece que tenga un buen día. El mío ni bueno ni malo, pensamientos mezclados desde el desayuno. De esos que quizá no entendería alguien que no ha nacido al lado del mar. Ultimamente los días solo van pasando. Mejor voy a tirar hacia el final, que parece que hay más sitio, con suerte un asiento perdido. Joder, de qué me suena esa cara. Demasiado familiar como para pasar desapercibida. Creo que no me ha visto. Ya caigo, es mi primer amor, lleva al lado un niño rubito, diría que de su mismo color de pelo. Por un momento es como si no hubieran pasado diez años. Pareces triste. No hay nada más que silencio. Alguna cana más y el mundo empeorando poco a poco. Te sigo mirando de lejos, tú miras por la ventana, te bajas a las tres paradas. Yo ya no sé dónde estoy, pero sigue haciendo frío.





A NINGUNA PARTE





Pues sí que ha pasado rápido el tiempo. Volando, podría decirse. Entre tanta decepción y aventuras, casi ni se ha enterado. El espejo engaña un poco menos. La sonrisa sale un poco menos. El sol también en este invierno. Para el mundo es la bomba, para su propio mundo, una bomba de inseguridad. Pero que nadie se entere nunca, desea. Y mañana pillarás el coche para ir a ninguna parte, como esa relación a tres que sigues permitiendo. Todavía no sabes la razón. Te prometiste que no caerías al infierno y caíste en sus labios.





LA POSADA





Nunca ha sido fácil. Incluso la mayoría de la gente no tiene ni idea de todas esas noches que pasaste sin dormir a punto de explotar. La de cosas que aguantaste, ciega del todo. Todo eso no hizo más que volverte el triple de insegura. Y mira que ya era mucho de serie.





Ahora parece que todo va mejor en esa línea recta. Ya no quieres defraudar más y como te ven bastante contenta... siempre será mejor callar e ir acumulando semanas. Eso piensas. Hasta que llega la noche, cuando sigues sin poder dormir bien, aunque ya de otra manera.





Con lo poco que pides, con lo sencilla que eres dentro de este mundo complicado. Con lo guapa que seguro te despiertas por la mañana. Ojalá hoy toque un día de esos donde dejas de disimular y confías en mí.





P.D.: Debería preguntar por ahí cómo hiciste para que cayeran dos estrellas enormes desde el cielo y acabaran debajo de tus cejas. La posada del descanso.





SEVILLA





Toca turno de tarde, sales con cara de cansada, pero sonríes al verme aparecer. Qué jodido frío de invierno. De ese que aparece de un día para otro, como por dentro. Labios bien pintados y un collar. No me esperabas pero vamos a cenar a Triana. Blanca Paloma. Ese sitio me han recomendado. Justo en la esquinita. Antes veamos la Torre del Oro de noche. Llevas el pelo recogido arriba. Manías tuyas. Las orejas en punta y los ojos más bonitos que de costumbre. Pones morritos cuando bromeo que no hay cena, que la he cancelado. Vaya muñecas más finitas al acercarme a ti. Rollito de lubina relleno de queso de cabra y pimiento de piquillo. De postre, tu boca, y repetimos. Chocolate. Beso en tu portal. De sudor en tu cama. De colchón debajo de mí, de tú encima y mi boca en tu pecho. Rozando los dedos por el tatuaje de tu lado izquierdo. Empujando un poco más. Escuchando tus gemidos, haciendo verano en Sevilla. Y la Giralda totalmente mojada.





LO HEMOS INTENTADO





Nos conocimos. Muy fuerte. Intenso. Nos queríamos como nadie, eso es verdad. Disfrutamos, dejamos la mente en blanco, como nuestros ojos al corrernos. Planeamos muchas cosas.





Y no funcionó. Al final no funcionó, pero tampoco tenemos nada que reprocharnos. No hubo otra persona, ni errores. Simplemente no funcionó y nada más. Tan simple como eso.





Pero siempre quedará eso ahí, que lo hemos intentado, que nos quisimos (incluso todavía) un montón. No pudo ser, pero no me arrepiento ni un solo segundo. Y tú tampoco. Lo hemos intentado.





QUE LLEVE CORAZONES





Qué feliz se te ve. Si ya te lo dice todo el mundo: que cuánto tiempo lleváis y qué buena pareja hacéis. Eres una experta muy «pro» en disimular que todo va bien.





Nadie se enteró de que nos conocimos, ni siquiera tus mejores amigas. Todavía no sabes cómo montaste en esa vorágine de pasión. Solo sé que temblabas, que tus pechos estaban con la piel de gallina. Tuviste que utilizar esas excusas que nunca habías usado, estirar un poco más la excusa de que esa tarde estabas ocupada, y alguna que otra más.





Ha pasado el tiempo, intuyo que te han pillado en algún despiste. Supongo que alguna cosa te habrás inventado para que yo quedara mal y pudieras salvar tu culo. Para poder disimular, diciendo «te quieros» inventados.





Y te hará algún regalo en Navidad que lleve corazones, para que el mundo siga pensando que no ha pasado nada. Bailando como peces en el agua.





CORAZÓN EN LA GUANTERA





Conducías tú. Normal, sabes que yo odio conducir. Los semáforos estaban llenos de tensión. Tú mirabas para otro lado y yo para tus piernas cuando cambiabas de marcha. En la radio del coche sonaba «Y ahí estás tú, llenándolo todo de luz».





Llegamos a un sitio donde quedaba luna y nada más. Sonaba el mar. La radio ya sobraba. El silencio excitaba. Guardaste el corazón dolorido en la guantera junto con tus bragas. Recuerdo que mis manos cubrían cada centímetro de tu cuerpo y tu cabeza se apoyaba contra el asiento.





Gemías, respirabas fuerte, deseando que mañana hubiera cena para dos. Viajar por países en vacaciones. Y que nunca dejara de recorrer la autopista de tus piernas. Y saltarme los peajes.





AÑOS





Siempre lo has intentado con toda la ilusión, y al final las cosas no fueron como pensabas. Han pasado los años y entre cambios y pequeñas arrugas te has dado cuenta de que cada año el árbol de Navidad está un poco más apagado. Menos mal que tienes esa «cosita» correteando por el salón. Soñando con un beso que te haga deshacerte en el sofá. Mamá ya está un poco más mayor y te tiene preocupada. Algunas noches está despejado, pero hay demasiadas brumas en tu mirada. Sacando esa sonrisa que ya no te suele salir, para dar las buenas noches. Epoca de cambios. Pero tú... tampoco pides tanto... una cervecita fría, una charla hasta las tres de la mañana sin abrir las persianas.





LOS VALIENTES NO SE RINDEN





Tenían razón. Yo no creía demasiado en eso, pero sí. Algunas veces la persona más especial que te puedes encontrar, vive lejos. Ya es mala suerte, oye. La buena es tenerte.





Estamos locos, pero no queremos dejar de estarlo. Me cuestan las noches sin ti, te escucho al otro lado del teléfono, pero no es lo mismo. Lo único que me hace sonreír es la cuenta atrás de días para volver a vernos. Sé que te estás esforzando. Yo también. Y con eso es suficiente para seguir adelante. Creando planes, por si algún día podemos acercarnos en distancia. Esa que nuestros labios no conocen.





Acabo de llegar a casa, y no estás. Obvio. Ojalá pudieras. Me voy a tumbar en la cama, voy a poner música. Quizá algunas de esas canciones que me has dedicado. Y voy a marcar tu número para llamarte un día más.





Vamos a seguir soñando, me enseñaste a no creer en distancias cuando hay ganas. Y aquí las ponemos todas. ¿Sabes? Te quiero. Aunque estés lejos. Te estoy sintiendo aquí. Los valientes no se rinden.





DETRÁS DE LAS VICTORIAS





Nunca entrará en mi cabeza criticar los éxitos de alguien. Porque seguramente el mundo no tiene ni puta idea de los esfuerzos que tienen detrás todas las victorias. Miles de derrotas. Esfuerzos que nadie ve. Días grises. Y ganas enormes de tirar la toalla.





O sea, que intentar hacer las cosas con ilusión, guste más o menos, siempre debe ser motivo de admiración y no de desprecio.





Me alegro por ti, seas quien seas.





NO QUIERE CAMBIAR





ELLA NO LO TIENE FÁCIL. Bueno, realmente nunca lo ha tenido. A ella le gusta sonreír, pero algunas veces no tiene fuerzas ni ganas. Sigue bastante hacia delante, aprieta fuerte los dientes y avanza un día más. Tiene sueños que muy poca gente conoce. Van pasito a pasito, despacio y con buena letra. Tantos miedos como extras hay en Juego de tronos. Seguramente prefiere una charla con sonrisa a unos zapatos nuevos. No se le ha olvidado abrazar, aunque algunas veces los recuerde amargos. De 93 frenadas. Puede pasar por tu lado e igual no la ves, pero si te fijas bien, encuentras mucho corazón detrás de ese semblante apagado. No hará las cosas si no puede hacerlas bien, que el tiempo ayuda a aprender. No pide mucho, pero si le das algo de verdad, te dará todo. Ella seguirá siendo ella. Con su nombre de tres letras. Y no quiere cambiar.





IMAGÍNANOS





Imagina que vamos juntos de la mano a un concierto de Andrés Suárez. Imagina que empieza el concierto con «Imagínanos». Imagina que lo disfrutamos mucho. Que nos emocionamos con Rosa y Manuel. Los dos a la vez. Imagina que nos abrazamos al terminar. Y bajamos las escaleras abrochándonos la cazadora. Que cenamos por ahí, en un sitio que nos resulta familiar. Que damos un paseo hasta pillar el primer taxi hasta ese hotel con vistas. Imagina que saltamos en la cama de dos metros. Que hablamos hasta las cuatro de la madrugada, mezclando risas y emoción. Que dormimos abrazados hasta por la mañana. Nos damos un baño, desnudos. Nos vamos con la sensación de que nada podría ser más perfecto. Hasta que bajamos en el ascensor. Volveremos a besarnos, aquí. Y en millones de sitios más.





EL TELÉFONO





Me gustaría tener la fuerza suficiente como para llamarte. No sé, preguntarte cómo te va todo, si estás tan feliz como parece, si te acuerdas de mí, si recuerdas cómo sonaba mi voz. Muchas veces tengo las manos en el teléfono y nunca termino de marcar. Supongo que es miedo a no obtener respuesta. O peor, a tener una que me va a doler el doble. Una vez, sin querer, empezó a llamar y colgué corriendo. Ganas de decirte lo que Andrés: «Que te cambio el aplauso por un fin de semana en Cádiz».





Y sí, tengo ese mensaje en borradores, releo mil veces esas palabras donde nos decíamos que todo iría bien. Como si fuera todavía ayer.





TAL COMO ERES





Todavía recuerdo la primera vez que te vi por el barrio. Se te veía algo perdida. Tan pequeñita y con ese pelo largo y fino tan bien escondido. Tu cara de mala leche, que daba miedo decirte algo.





Pasó el tiempo, te veía algunas veces. La verdad, no es que no tuviera ganas de hablarte: simplemente, me daba un poco de apuro.





Un día te lo dejé caer, que quizá podíamos tomar un café y para mi sorpresa dijiste que sí.





Llegaste con cinco minutos de retraso, tomaste dos y no te los dejé pagar. Fueron varias horas, pero pasaron rápido entre risa y risa. Reconozco que era la primera vez que te veía risueña dentro de esa mirada con tanto dolor. Esa que se te quedó después de que te hicieran tanto daño. Del mental, que duele el doble.





Me contaste cosas que no sueles contar, me dijiste que no confiabas en mí, ni en nadie. Que lo de confiar ya era utopía para ti.





Me demostraste que, pese a todo, tú nunca te rindes. Que mañana será otro día para esforzarte. Para buscar algo de felicidad entre los escombros de tu corazón.





Y cuando te fuiste, tú no te diste cuenta, pero giré la cabeza y te vi caminar mientras cruzabas la calle. Al volverme, me quedé pensando que me encantaría volver a verte. Aunque sé que es casi imposible que des oportunidades.





Y te sigo viendo, sin saber realmente lo que piensas. Pero siempre me alegraré mucho por todo lo bueno que te pase. Que no te mereces absolutamente nada malo más. Y, me olvidaba, eres preciosa. Esa noche la ciudad olía tan bien como tú.





CUATRO PORTALES





Y aquella chica preciosa,

que me había regalado medio septiembre,

cuatro sonrisas y todas las canciones de Andrés Suárez,

me miró con cara apenada

y dijo que se había acabado el verano,

que se marchaba.





Me besó en cuatro portales.

Mientras yo lloraba,

se montó en un bus que no arrancaba (qué oportuno)

y decía adiós con la mirada,

desde la ventana.





Y allí sentado en el suelo me quedé...

arrancó...

y yo lloré ese día hasta bien entrada la madrugada.





RESACAS E IBUPROFENOS





Ahora mismo,

las camas están llenas de resacas e ibuprofenos,

de películas con anuncios.

Aunque no te lo diga, yo suspiro un poco por ti,

pero le digo a mi cabeza que se haga la loca.

Como tú.





Ahora mismo,

el mundo está lleno de parejas follando;

otras, haciendo el amor.





Ahora mismo, el mundo está lleno de gente que solo va de la mano;

otros, se la aprietan de verdad.





Ahora mismo,

en muchas casas hay parejas sentadas en el sofá;

otras, abrazadas ignorando la tele.





Ahora mismo,

muchas cabezas están pensándose entre sí, separadas:

Otras, pensando dónde se han metido, buscando cómo huir.





Hoy, hay sonrisas y lágrimas,

de esas que nadie conoce,

que son solo por dentro.





Y este es otro domingo por la tarde, pensando en ti.





DIECISÉIS





Supongo que hay cosas que se saben desde el primer momento. Aunque tu mente intente aislarlas, convertirlas en otras cosas, nada funciona. Nunca.





Y supongo que también ahí me perdí: en esos ojos que parecen de otro país, en esa sonrisa perfecta dentro de su imperfección, en tu forma de caminar y de bajar la mirada cuando tienes vergüenza, de esa que tienes pero no quieres que se vaya.





Eres un ocho en todo, quizá podríamos hacer dieciséis juntos.





Ahí, por dentro de mí, corres por las venas, llegas cinco minutos tarde pero te espero. No quiero perderme más minutos sin verte.





DESPEDIDAS





Da igual que sean por mucho tiempo o por poco,

para siempre o por hacernos los interesantes durante un rato

(cosas del orgullo),

mirándose a los ojos o en la ventanita del WhatsApp, en una estación destartalada o en el aeropuerto más lujoso, polvos de despedida o abrazos que dicen «hasta siempre».





Dejar a un lado, por el tiempo que sea, a alguien a quien quieres con toda tu alma.





Las despedidas son una puta mierda. Odio las despedidas.





VOLVER A CAER





Ella es feliz, es feliz a ratos, al menos. Detrás de esa mirada llena de picardía, se encuentran muchos pasados, muchas historias para contar y otras tantas para recordar. Algún secreto que otro, dentro de su vida.





Mírala, cómo van pasando los años y hay cosas que no se le quedan sin color en el corazón ni con aguarrás. De esas que deberían quedarse atrás, pero no pueden. Ni quiere realmente. Y mira que, en eso de los colores, ella es toda una experta.





Da besos de esos de «va todo bien». Se enfada si no hay enfado de por medio. Y sabe de sobra que eso es el principio del fin que no quiere reconocer. Tiene ganas de gritar. Quiere. Quiere querer.





Siempre se pierde en esa mirada que no debe, pero que le hace subir a varios altares. Se acerca y tiembla. Como para evitarlo.





Y se promete que no habrá próxima vez, que está en otro punto. Pero sabe que tarde o temprano volverá a caer.





SALIMOS ADELANTE





Nació en ciudad muy soleada, niña risueña con ilusiones y que rápidamente empezó a andar, a dar pasitos por la vida, con el babero lleno de potitos. En las buenas y las malas estaba siempre su madre. Era niña risueña de esas con sonrisa de buena.





Y se enamoró de alguien que parecía que podía ponerlo todo de color de rosa. Algunas veces, todo se desteñía, pero pensaba que todo era cuestión de un detalle que sonara a ropa limpia. Cegada total.





Y todavía no sabe cuál fue el error (ahora acierto), pero una noche alguien empezó a crecer en su vientre. Le prometió que ahí estaría, pero solo fueron promesas vanas antes de desaparecer.





Entre tanta decepción, noches de lágrimas y miedos, el tiempo fue pasando, pero supo que nunca cambiaría el momento de verle entre sus brazos. El escalofrío que la recorrió con su calor. Con esas pequeñas manitas arrugadas.





Tocó una nueva vida. No fue fácil, pero ahí sigue, buscando ilusiones. Luchando por ese amor de su vida.





PUZLES





Igual nos rompen el corazón en trozos tan pequeñitos que vamos perdiendo algunos por el camino de la vida y luego, por eso, no encajamos del todo con nadie. O nos convertimos en puzles de 2000 piezas. Y falta alguna que perdió algún niño sin querer, detrás del sofá, y que alguien se llevó con la aspiradora. Y ojalá alguna vez sepamos dar el portazo antes. De esos que resuenan en todo el edificio. Pero por dentro.





Pese a todo, he de confesarte que mi color favorito es el verde. Pero tú hacías toda la paleta de colores en los días grises. Y hoy, domingo, todo es un poquito oscuro sin ti.





ME SABES A...





Me sabes a zumo de naranja recién exprimido. A canción de Pereza en noches de lluvia. A cerveza con mis amigos, de esas que hacen que las horas vuelen. Me sabes a ropa de nueva temporada de colores vivos. Me sabes a cenas en familia. A los últimos besos que nos dimos. Me sabes a esa serie nueva que te engancha y eres capaz de ver diez capítulos seguidos. Me sabes a esa maleta que llenas de cosas para perderte por el mundo. A esas llamadas en las que respondes al primer tono. Me sabe todo a ti. A tus virtudes y defectos. Me gusta este sabor que le das a la vida.





UNA VEZ MÁS





Días. Semanas. Incluso meses. Autoconvenciéndote de que todo se ha acabado, de que ya puedes vivir sin estar pendiente, de que no vas a sentir nada cuando te vuelva a escribir (que además sabes que lo hará), y al final, con su primera frase (diciendo: «Hola») vuelves a temblar. Y tu cabeza empieza a perder el control y empieza a pensar en la ropa que vas a ponerte cuando os volváis a ver una vez más.





EL CONCIERTO





Era viernes, como hoy. Julio o yo qué sé. La ciudad a unos cuantos kilómetros de la mía. Colas. Copas. Concierto brutal, de mucho saltar en noche despejada y mucho calor. Y no sé. De cualquier cosa empezamos a hablar. Ya ni recuerdo quién miró primero. Tu nombre sonaba a huracán en pleno verano. Acabamos en un local a doce paradas de metro donde ponían música pop. Besándonos con sabor a tu copa de ron y algunas cervezas. Se nos quedó la tarjeta enganchada en un cajero y ningún taxi nos hacía caso. Nos besamos en el ascensor, nos quitamos la ropa en el pasillo, nos devoramos contra la pared de la habitación. Tu espalda se pegaba más cuando mi boca descendía por tu cuerpo. En línea recta desde tu pecho hasta el ombligo. Mi lengua hizo horas extras mientras tus manos apretaban las sábanas. No recuerdo hasta qué hora se mantuvieron abiertos nuestros ojos, pero había luz por debajo de la persiana. Amanecimos agarrados, no nos importó no desayunar, volvimos a empezar. Y eso sí que era hambre. Era el comienzo de algo, algo que nos unió sin esperarlo. Sin avisar. Algo que nos hizo vivir mucho tiempo sin reloj.





360 GRADOS





Vivía en esa espiral de normalidad en la que ya no esperaba nada novedoso. Que era feliz... pues sí. Pero, bah, sin más.





Y entonces apareciste por sorpresa, como esas fiestas de cumpleaños que no esperas y en las que de repente encienden la luz. Me hiciste girar todo, llenarme de miedos, de ganas, de dudas. A partes iguales. Muchas noches sin dormir, otras soñando. Pensando sin saber qué hacer. Con ganas de odiarte por aparecer y otras tantas de hacerte el amor en el suelo.





Y en el fondo mi cabeza sabía que terminaría lanzándome a la piscina. Sin saber que estaba vacía. Y aunque no se podía, lo intenté resistir con todas mis fuerzas, terminamos besándonos. Y mi vida cambió desde entonces. 360 grados de giro.





Pero gracias, gracias por enseñarme a temblar de nuevo.





NOVIEMBRE MUY DULCE





Todo empezó un noviembre muy dulce. Llegaste a mi vida como un huracán disfrazado de brisa espectacular, como esa que aparece una tarde calurosa de agosto. Como una guerra sin su paz, destrozaste todo y te marchaste sin previo aviso.





Y aquí, bastante tiempo después, todavía tengo secuelas. Rutinas y ruinas en el corazón acorazado que me dejaste. Vivo pensando en pensar, en escapar de los silencios que me hagan recordar. Siempre con mi cazadora vaquera puesta.





Paso mis noches entre folios que no me convencen y tazas de Cola Cao vacías.





Suena «Fotos rotas» en la habitación. Siempre el Spotify eligiendo el peor momento.





OJALÁ SIEMPRE





Quiero que hagas los planes que te apetezcan, que sonrías mucho, que compartas cosas con tus amistades, que te pongas esa camiseta que le parece fea a todo el mundo si a ti te gusta. Que entre los dos decidamos a qué país viajar, y que con una mochila pequeña nos sobre. Que descubras canciones conmigo. Y playas perdidas. Que aun sabiendo que podrías estar con cualquiera, prefieras comer pipas en un parque conmigo. En verano. Hasta sabe dios qué hora. Que no te falten camas y prefieras mi sofá.





Quiero que vivas sobre todo por ti, sin tener que morir por mí. Ni por nadie. Que ninguno pierda la guerra y luchemos los dos. En el suelo de la cocina haciendo el amor. Que no necesitemos fechas para acordarnos de todo.





Y no quiero que seas de mi propiedad, pero ojalá tengas ganas de verme muchas veces. Y aparezcas aunque no me avises. Que me beses, aunque no te lo pida. Y, sobre todo, que nos respetemos, hasta que nos queden ganas de querernos. Ojalá siempre.





HASTA NÚÑEZ DE BALBOA





Yo no empecé a fumar cuando todos lo hacían. Escribía cosas que en cuadernos se quedaban. Los guardo aún, dentro de una caja entre cartas de amor de hace mil años. Siempre he sido más de cena y mirarte a los ojos que de discotecas atiborradas de gente en el centro. De pensar en ti cuando el mundo aún duerme mientras tú sueñas. De besarte los muslos despacito cuando otros ya se hubieran corrido. Y no me hizo falta aprender a quererte. Supongo que es tu hechizo. Que sin ninguna foto tuya, recuerdo a la perfección la sonrisa que ponías cuando te ponías roja. Que cuándo te llevaría a las Cíes. Cuando decías que mejor una ensalada, que no cocinara. Para besarnos un ratito más. Hasta que pillaras el último metro hasta Núñez de Balboa.





TÚ, VERANO. YO, INVIERNO





Tú eres verano. Tu piel morena, tus ganas de playa ya en abril. De noches sin chaqueta. Das luz a todas las personas que pasan por tu lado y cruzan dos palabras contigo. Te encantan los daiquiris de fresa helados.





Yo soy invierno, me gusta llevar cazadora y los días de lluvia, para ver caer las gotas por la ventana. Y llovemos los dos en el sofá. Me gustan las bufandas y los Cola Caos calentitos. Acaricio hasta en las noches más frías.





Tú eres verano, bailando. Mirando. Besando.





Yo soy invierno. Arropado en ti. Chimenea, rodeando tus pies.





No nos quemamos, no nos congelamos. Nos adaptamos. Somos felices.





LO CONSIGUES





Consigues que los miércoles me sepan a sábados, que las canciones tristes me hagan sonreír si me las envías tú. Que tenga ganas de salir, incluso sin paraguas. Y mira que algunas veces está nublado fuera. Que cualquier minuto sin ti sea para echarte de menos. Que escribir sea hablar de ti. Que hasta la página de Ryanair caduque de tanto besarnos. Que cocinar siempre acabe con sexo en la cocina. Los ascensores, recuerdos de caricias. Que siempre quiera que marque tu equipo, nuestro equipo, para abrazarme a ti. Deseando dormirme para despertarme contigo. Y seguro que de muchas cosas me olvido, pero lo consigues.





CINCO PUNTOS PARA QUE TODO SALGA BIEN ANTES DE VERNOS





Uno: tienes que traer ganas. Sin ganas de hacer algo, nunca nada sale bien. Una ración grande.





Dos: sonrisas. Trae muchas, las vas a necesitar. Suerte la tuya, que tienes una sonrisa encantadora.





Tres: no te hace falta mucho dinero en la cartera. Vamos a pasarlo bien. Hablamos mucho y eso no tiene ningún precio.





Cuatro: antes de irnos, podemos parar en cualquier sitio cutre, en el que pongan Cola Cao calentito. Con suerte, me invitas.





Cinco: no te olvides por la noche, al llegar a casa, lo de escribirme para contarme si te lo has pasado bien o no. No es obligatorio, pero te aseguro que me encantaría.





MENOS MAL





Menos mal que quedan personas que se acercan a ti sin pedir nada a cambio. Y te abrazan cuando saben que lo necesitas. Bares con la caña a un euro. El olor a tu colonia. Lo graciosa que estás con las uñas mal pintadas. La ilusión de los niños en unos Reyes muy buenos que son los padres. Las madrugadas de verano entre amigos, en cualquier terraza, buscando el fresquito. Las canciones que encuentras al azar y se quedan para toda la vida. Los viajes de pocos euros y muchas ilusiones. Poner películas que acaban en sexo. Un texto que haga pensar y recordar. El queso en todos sus estilos y variantes. Comprar pantalones en el Pull&Bear. Ir a conciertos y saltar en vez de grabar vídeos que se ven fatal. Primeros besos que te dejan las piernas flotando. Desayunar al mediodía. Apagar la tele y encenderte los ojos con un libro. Masturbarnos por debajo de la mantita. Un capítulo repetido de Friends. El tonteo previo. Las noches que no ibas a salir y acabas en cualquier portal. Que gane tu equipo. Ver el mar en un día lluvioso. Las gafas de sol. Tarrinas de helado que parecen gigantes hasta que te las terminas. Los tristes finales que acaban en principios preciosos. Los trenes. Lo que sube por la tripa cuando te estás enamorando. Las cenas para dos. Los libros en papel. Esa foto que estuviste a punto de romper, pero que ahí sigue. Los abuelos que van de la mano. Las bufandas gorditas en invierno. Personas que te encantan por dentro. Los pies descalzos por la arena. Comer galletas sin control. Dormir más de ocho horas. Los regalos que no cuestan dinero. Las noches que se

hacen de día en tu pecho. Salir de casa sin reloj. Los yogures de sabores. Comer cereales a puñados. Las tortugas. Poner la cabeza entre tus piernas. Y en tus hombros. Y tu boca... Menos mal que tu boca... Que hasta el sol sale para verla cuando sonríes.





PRISCILA





Priscila. Ese es su nombre. Pese a tener nombre tan raro, algunos grupos le hicieron canción.





Ya no es tan pequeña. Hubo un tiempo en el que le hicieron creer que ella tenía la culpa de todo. Bajaba la cabeza, asentía y hacía lo que le pedían. Un día reventó y se juró que nunca más alguien le haría sentirse tan culpable por cosas sin sentido.





Construyó un muro tan grande a su alrededor que por momentos pensaba que nunca volvería a sentir cosas especiales. Tiraba por la ventana todos sus sentimientos. Desde un décimo piso.





Lo que no esperaba es que en el sito más inesperado apareciera alguien que le diera seis mil vueltas a la cabeza. Alguien prohibido que poco a poco la fue conquistando. Tan cerca estaba como lejos se fue. Con sus dudas y movidas.





Ahora le toca callar y seguir disfrutando de las cosas bonitas que van apareciendo en su vida. Despacito y con buena letra. Que todavía se para el mundo cuando sonríe.





Y SIN DORMIR





Ven aquí. Tenemos una cama de dos metros. Unas sábanas que huelen espectacularmente a nuevas. Mis manos en tu espalda. Una luz bajita que dice que nada importa en las próximas horas. Nos dejaremos la tele encendida en el salón. Voy a jugar a besar el lunar de tu clavícula. A acariciarlo sin parar. Arrancar tu ropa interior con los dientes antes de perderme en la humedad. Hacer que aprietes las sábanas y te olvides de qué día es. El sujetador en el suelo tirado y mi boca explorando tu pecho. Sin límite. Buenas noches, igualmente. Y sin dormir.





LAS COSAS IMPORTANTES





Para ti, hay cosas importantes: igual tu perro cuando se sube encima de ti, esa canción que, cuando la escuchas, tiemblas, que te abracen sin pedirlo tú.





Para mi vecino, seguramente