Main Cuando PERDEMOS un ser Amado: ¿Qué hacer? ¿Cómo superarlo? (libros que CAMBIAN NUESTRAS VIDAS) (Spanish..

Cuando PERDEMOS un ser Amado: ¿Qué hacer? ¿Cómo superarlo? (libros que CAMBIAN NUESTRAS VIDAS) (Spanish Edition)

, ,
0 / 0
How much do you like this book?
What’s the quality of the file?
Download the book for quality assessment
What’s the quality of the downloaded files?
Year:
2016
Publisher:
Grupo editorial Vida
Language:
spanish
File:
EPUB, 206 KB
Download (epub, 206 KB)
0 comments
 

You can write a book review and share your experiences. Other readers will always be interested in your opinion of the books you've read. Whether you've loved the book or not, if you give your honest and detailed thoughts then people will find new books that are right for them.
1

Cuando pase la tormenta

Year:
2020
Language:
spanish
File:
EPUB, 210 KB
0 / 0
2

Der Stuermer - 1940 Nr. 34

Language:
german
File:
PDF, 43.19 MB
0 / 0
CUANDO PERDEMOS

UN SER AMADO



¿QUÉ PODEMOS HACER?





Claudio de Castro





Grupo Editorial Vida

E-mail: edicionesanab@gmail.com

Libros de auto superación

***~~~***



“Edición impresa disponible en la

mayoría de las tiendas en línea”





Edición de Amazon

Publicado por Claudio de Castro

en Amazon



“CUANDO PERDEMOS

UN SER AMADO”

Copyright © 2017 Claudio de Castro





Licencia de uso

La licencia de uso de este libro electrónico es para tu disfrute personal. Por lo tanto, no puedes revenderlo ni regalarlo a otras personas. Si deseas compartirlo, ten la amabilidad de adquirir una copia adicional para cada destinatario. Si lo estás leyendo y no lo compraste ni te fue obsequiado para tu uso exclusivo, haz el favor de dirigirte a Amazon.com y descargar tu propia copia. Gracias por respetar el arduo trabajo del autor.



Página oficial de Claudio de Castro

www.claudiodecastro.com





ÍNDICE

¿QUÉ QUIERES DE MÍ, SEÑOR?

¿POR QUÉ A MÍ?

EL SUFRIMIENTO

¿HAY ALGO MÁS?

LA MIRADA DEL CIELO

MANTENTE OCUPADO

REZA

¿QUÉ SOMOS?

LOS LETREROS

EN EL SAGRARIO

EL TESORO

¿POR QUÉ TEMER?

VENGAN YA…

EL ENTIERRO

MI DISGUSTO CON DIOS

UNA PEQUEÑA ORACIÓN

EL CIELO

CERTEZA DEL CIELO

LOS NIÑOS SON PARA JUGAR

DIOS ES BUENO

¿QUÉ TE INQUIETA?

LA ENTREVISTA

REFLEXIONES

LA MIRADA DE JESÚS

LOS PLANES DE DIOS

¿POR QUÉ SUFRIMOS?

UN ENCUENTRO CON DIOS

LA PAZ DE DIOS

EL DÍA QUE MURIÓ MI PAPÁ

ES HORA

LO QUE APRENDÍ

LA PRESENCIA DE DIOS

PREPARATE PARA LA PRUEBA

DIOS ESTÁ CERCA

UN NUEVO TRABAJO

IMAGINA

LAS DOCE PROMESAS

PALABRAS DE JESÚS PARA TI

DEBES AMAR

EL CAMINO

CONOCIENDO AL AUTOR





QUERIDO LECTOR



La muerte de un ser amado nos deja un gran vacío. Es algo que difícilmente comprendemos y nos preguntamos por qué, cómo pudo ocurrir.

A mi edad he visto amigos y familiares partir. Te llenas de dudas e incertidumbre, pero también de una certeza si te aferras a tu fe. Es como una dulce espera. Sabes que a pesar que ya no están en medio de nosotros, disfrutan de la presencia de Dios y de su ; amor infinito.

Estos días de tribulación y dolor, son momentos que puedes acudir a Dios y escuchar su voz a través de las Escrituras. Toma esa Biblia que tienes en una esquina de tu casa, o en tu mesita de noche, o en tu auto y siéntate en silencio a leer. Nutre tu alma y recupera tu esperanza y serenidad. ¿Cómo será este lugar donde han ido los que nos dejaron? Ha de ser sencillamente maravilloso. “lo que Dios preparó” para nosotros, sus hijos amados. No hay palabras para describir tanta felicidad, el gozo eterno.

"Más bien, como dice la Escritura, anunciamos: lo que ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni al corazón del hombre llegó, lo que Dios preparó para los que le aman." (1 Corintios 2, 9)

Los que nos quedamos en la tierra, tenemos aún mucho camino por recorrer, muchas obras buenas por hacer, sufrimientos por padecer, adversidades por superar. Nos espera Dios, nuestro padre celestial, al final del camino, con su bondad, su amor infinito y su Misericordia.

* * *

Deseo decirte que “lamento profundamente tu pérdida”. Me duele. Somos personas, seres humanos. Y el dolor de nuestros semejantes, se convierte en el nuestro. El mismo Jesús, cuenta el Evangelio, lloró cuando murió su amigo Lázaro.

“Al ver Jesús el llanto de María y de todos los judíos que estaban con ella, su espíritu se conmovió profundamente y se turbó. Y preguntó: “¿Dónde lo han puesto?” Le contestaron: «Señor, ven a ver”. Y Jesús lloró." (Juan 2, 33-35)

Sé que es doloroso, difícil de superar. Lo he vivido. Mi papá murió en mis brazos. Experimenté una pérdida que desgarró un pedazo de mi alma. Y sé perfectamente lo que se siente. De momento quedas como golpeado, aturdido, sin comprender. ¿Pasó de verdad? ¿Lo estoy imaginando? Te parece imposible que haya ocurrido. No puede ser. Y no lo aceptas. ¿Quién puede aceptar estas cosas?

Sin la ayuda de Dios no podemos superar esta pérdida. Eso lo sé bien. Sin Dios en medio de nuestras vidas, todo parece imposible.

Apenas ayer, saliendo de Misa me encontré con un amigo que había perdido a su esposa.

—No sé qué hacer Claudio. Era mi compañera de toda la vida. Mi amiga y confidente. ¿Qué hago ahora? Me he quedado solo.

Le recomendé lo que siempre recomiendo. ¿Por qué? Porque he visto los resultados maravillosos. He visto cómo el buen Jesús desde el sagrario transforma los corazones y los llena de paz y serenidad.

—Ve al sagrario, una hora diaria. Con Jesús allí no te sentirás solo. Y obtendrás la fortaleza y las gracias que necesitas para superar esta pérdida.

—Es lo que hago —me respondió —. Gracias a Jesús puedo seguir adelante. Pero esto duele mucho y es difícil de superar.

Me nació darle un abrazo y ponerme a su disposición para charlar las veces que quisiera.

Es importante en esos momentos de dolor buscar compañía. De un familiar, amigos, conocidos. Pero no estar solos. Hasta superar esta etapa en nuestras vidas.

Seguramente nuestro ser amado goza ya de la presencia de Dios y es feliz. Y lo que desearía para nosotros es que aceptemos su partida y de alguna manera renovemos nuestras vidas y también seamos felices.

Le recordé a mi amigo que, a pesar de su pérdida, la vida era hermosa y aún tenía mucho para aportar.

—Estoy viejo Claudio —me dijo.

—Moisés tenía 80 años cuando sacó a los hebreos de Egipto —le dije. Y sonrió.

—Parece que tendré que hacer algo positivo con mi vida — respondió.

—Sí — le comenté —. Mientras haya vida queda mucho por hacer. Debemos dejar este mundo mejor que como lo encontramos. Salvar nuestras almas y las de todos los que podamos.

Algo aprendí con la muerte dolorosa de mi papá. Que todo pasa. Esto que hoy vives lo vas a superar. Escucha estas palabras. Te las repito:

“LO VAS A SUPERAR”.

Es así. Yo lo hice, cientos más lo han conseguido. Y pronto tú también. Mientras, ten la mente ocupada. Debes buscar trabajos que hacer, voluntariados. La falta de oficio es nuestro peor enemigo en estos momentos. Los consejos que voy a darte en este libro son prácticos. Sé que funcionan. Ya lo verás.

Te deseo la paz. Y que el amor de Dios habite siempre en tu corazón.

¡Ánimo!



***~~~***



“Somos frutos que maduramos para Dios”.



* * *





¿QUÉ QUIERES DE MÍ, SEÑOR?





De pronto una enfermedad o un accidente súbito, inesperado, nos arranca un ser amado y quedamos desolados, inquietos, sin entender. ¿Por qué ocurren estas cosas? ¿Por qué él o ella?



Hace unos meses me encontré con una señora que sufría mucho la pérdida de una persona amada. Molesta me preguntaba desconsolada: “¿Dónde estaba Dios cuando ella sufría?”



No es la única. En ocasiones me ocurre y esta pregunta me la hacen una y otra vez. No tengo la respuesta. Soy sólo una persona, con inquietudes como tú. Sé que, en el cielo, cuando veamos la plenitud de las cosas podremos comprender. Acá somos tan limitados.



Imagina un vaso pequeño con el que quieres tomar el océano infinito. Jamás podrás. Dios es ese océano, infinito, eterno. Él ve el tiempo en términos de eternidad, y nos habla con su Amor, irradiándonos su gracia.



Hace años, me preguntaba por qué no podemos comprender estos misterios. Parece que Dios nos lo da todo a cuenta gotas. ¿Por qué? Una noche tuve un sueño. Me vi de pronto en la presencia de Jesús. Cargaba en sus manos muchísimas naranjas maduras.



Me miró, sonrió y me las arrojó todas.

— ¡Atrápalas! — exclamó.



A ver esa cantidad de naranjas hice mi mejor esfuerzo, pero sólo pude atrapar unas cuatro. Las demás rodaron por el piso.



Miré a Jesús apenado y se dio este diálogo:



— ¿Cuántas atrapaste Claudio?

— Muy pocas Señor. Sólo éstas — le dije y se las mostré. — El resto se perdieron. No pude con tantas Señor.



— Si fueran tres, ¿las habrías atrapado?

Asentí con la cabeza.



— Con mi gracia hago igual, la doy poco a poco, y sólo aquella que puedes contener, para que ninguna se pierda y la puedas aprovechar.





***~~~***





¿POR QUÉ A MÍ?





Supe de este joven al que le detectaron una enfermedad mortal. Él la ofreció y nunca desesperó. Me contaron de un sacerdote amigo que lo visitó en sus últimos momentos y le preguntó: “¿Tienes miedo?”



El joven lo miró y sonrió como pudo:

— ¿Cómo tener miedo? Toda mi vida he querido ver a Dios cara a cara y por fin podré hacerlo”.



Momentos así me hace recordar estas hermosas palabras de san Alberto Hurtado:



“¿Qué sentido tiene la vida? ¿Para qué está el hombre en este mundo? Los distintos sistemas filosóficos ensayan respuestas pobres, frías, que dejan sin satisfacción el corazón humano. En cambio, el cristianismo nos trae una respuesta tan consoladora.



El hombre está en el mundo porque alguien lo amó, Dios.

El hombre está en el mundo para amar y para ser amado.



Cada vez que leo estas palabras renuevo mis esperanzas. “El hombre está en el mundo para amar y para ser amado”.



Hay que llenar el mundo de Dios, porque Dios es amor. Que ese sea tu propósito, un motivo para vivir. No sólo ganarte el cielo, tan esperado, sino llevar contigo una multitud. Que tu ejemplo las mueva.



Debes tener presencia de Dios para llevar a Dios a los demás.



Debes llenarte de Dios.



Debes amar y recuperar la paz que sólo Dios te puede dar.



Tenlo por cierto. Dios te ama.



Ámalo Mucho. Ámalo más.





***~~~***





EL SUFRIMIENTO





Todos sufrimos, de alguna manera u otra. Es lo natural. Pero hay dos formas de vivir con el sufrimiento. Puedes indignarte y vivir resentido por un dolor inmerecido, o puedes, con una profunda humildad, aceptarlo y ofrecerlo.



El mundo necesita nuestros sacrificios y oraciones. Mira a tu alrededor y comprenderás. Hay tanto por qué ofrecer: los moribundos, los que viven en pecado mortal, los niños enfermos, los jóvenes que no encuentran su camino, los ancianos que viven olvidados, los sacerdotes, la Iglesia, el Papa.



El Padre Jorge Loring daba valor al sufrimiento. Si debes sufrir, ofrécelo. ¿Por qué?



1) Porque sufriendo por Dios le mostramos nuestro amor, como Él nos lo mostró muriendo por nosotros en la cruz.



2) Porque sufriendo por Dios aumentamos nuestros merecimientos para el cielo.



3) Porque sufriendo y uniéndonos a la Pasión de Cristo, colaboramos a la Redención de la Humanidad.



Esta persona tan querida y que acabamos de perder, ofreció su enfermedad, un cáncer terrible, desde el primer momento y nunca la escuchamos quejarse. Dios la premió con una santa muerte y una gloriosa eternidad a Su lado.



Es natural que nos duela su partida, pero sabemos, creemos, confiamos, que está en el cielo, gozando de la dulce presencia de Dios.



Debes creer, tener fe. Estos son los momentos en que se prueba nuestra fe.



“La Fe... Es la certeza de lo que se espera, es la convicción de lo que no se ve” (Hebreos 11, 1)



Cuando vacilo y siento que la tristeza me quiere golpear, le digo:



“Señor, yo creo, pero aumenta mi fe”.





***~~~***





¿HAY ALGO MÁS?





No sé si te ha ocurrido. Hay días que me levanto pensando: “Debe haber algo más. No puede ser sólo esto ¿Qué habrá en el más allá?”



El hombre está lleno de esperanzas y sueños. Soñamos, anhelamos, deseamos, amamos.



Algo en mi interior vive inquieto, me impulsa en la búsqueda de Dios. En ocasiones me da por no responder a su llamado. Es como una voz muy tenue, que apenas se escucha. Te llama por tu nombre. Y sabes que es Dios.



Alejarte no hace más que aumentar el anhelo de Dios por ti. Su ilusión por saber que lo amas.



Te parecerá una tontería, pero me imagino a Jesús como un niño que busca a su madre para que lo abrace y lo consienta y le diga sin cesar cuánto lo ama.



Por algún motivo, Dios, que es amor, suspira por nuestro amor.



De pronto ocurre lo contrario, somos nosotros los que corremos a sus brazos paternales, para sentirnos amados, seguros, confiados. Y es cuando Él acude a nuestro encuentro, casi corriendo, para abrazarnos, fuerte, muy fuerte y decirnos:



“No temas. Yo estoy contigo”.



Y es cuando comprendes que sí, hay algo más... Grande, inmenso, extraordinario, que trasciende, que va más allá. Por lo que vale la pena darlo todo.



Conozco algunos que lo han hecho. De pronto decidieron gastar lo que les quedaba de vida sirviendo a Dios. Es lo que llamamos la certeza del amor de Dios, la esperanza de un cielo prometido.



Supe de estas jóvenes dedicadas a Dios que sufrieron un accidente en auto. Cayeron a un barranco y quedaron dispersadas en el suelo, mal heridas. Una de ellas animó a las demás diciendo: “Dios es bueno”.



Las otras al escucharlo repitieron: “Dios es bueno”. Y mientras se apagaban sus vidas repetían sin cesar: “Dios es bueno”.



***~~~***





LA MIRADA DEL CIELO





No temas, yo te comprendo.



Tu dolor es grande y no sabes cómo superarlo. He descubierto un oasis en medio del desierto, un lugar donde todo es paz y tranquilidad, donde se olvida el dolor. Son las Iglesias y las capillas que tienen un sagrario, donde está Jesús.



Me encantan esos oratorios. Puedo hablar con Jesús y contarle todas mis aflicciones. Sé que me escucha y me consuela. Me encanta decirle: “Sal del sagrario y ven a sentarte conmigo”.



Lo imagino sentándose a mi lado en aquella banca, me abraza, sonríe y me dice: “Gracias Claudio, por ser mi amigo”. Yo lo miro asombrado, le sonrío y respondo: “Gracias Jesús por ser mi amigo”.



Hace algunos años murió la mamá de un amigo. Me dolió y fui a verlo para darle un abrazo. Lo encontré en la Iglesia, lo abracé y me dijo:

— Hace mucho que no vengo, pero aquí se respira una gran paz.

— Es por esa paz que yo vengo — le respondí.



La casa de Dios no sólo es un lugar de oración, es también un refugio de paz.



A todos los que les aconsejo visitar a Jesús en un sagrario, cuando atraviesan una gran dificultad, Jesús los ayuda y cambian sus vidas radicalmente.



Hoy le visité en una capilla que está a la vuelta de mi trabajo. Ya no soy el niño aquél que lo visitaba en Colón, mi ciudad natal, pero entré imaginando que lo era y sentí que se alegraba cuando me vio llegar.



— Llegaste — casi exclama. — Te esperaba.



Y nos quedamos un largo rato charlando, como en aquellos días, contándonos historias, compartiendo nuestras aventuras. Y Jesús sonreía feliz, contento, emocionado… mientras me escuchaba hablar.



Descubrí también otras formas estupendas de aliviar el sufrimiento. Las compartiré contigo.





***~~~***





MANTENTE OCUPADO





Ocupar tu tiempo y tu mente, es lo más saludable. Leí sobre este hombre que perdió a su esposa y estaba desconsolado. Una tarde su hijo le llevó un avión de juguete al que le rompió un ala. “Repáralo papá”, le dijo. Pero el hombre indiferente por su dolor no lo escuchaba. Tanto insistió el niño que al final el papá de mala gana tomó el avión y se sentó a repararlo.



Cuando terminó se dio cuenta de algo fundamental. Es todo ese tiempo, mientras reparaba el avión, olvidó su dolor y sintió una gran tranquilidad. Hizo un listado de todas las cosas que estaban pendientes por hacer en su casa y desde ese día se mantuvo ocupado.



Yo lo hago a menudo, mantengo ocupada mi mente, pero de la forma más peculiar que puedas pensar: Escribo.





***~~~***





REZA





San Félix solía decir: “Amigo, la mirada en el suelo, el corazón en el cielo y en la mano el santo Rosario”.



¿Qué tiene de particular el Rosario?



Ayer me senté en una banca afuera de mi casa a rezar el Rosario. Noté que a medida que rezaba me sentía mejor y mejor. Lo he pensado mucho. Cuando rezas te pones en la presencia de Dios que es la fuente de toda Paz. Dios que es Amor, te inunda con su amor eterno.



Haz la prueba. Verás cómo te ayuda.



Supe de esta chica que se vio sumergida en una situación espantosa. Un buen día me contó lo que vivía. Una pesadilla. No tenía paz y sufría mucho. Le sugerí rezar en Rosario en alguna capilla u oratorio cercano a su casa. Al día siguiente me escribió para decirme que cuando rezó el Rosario se percató que ese tiempo fue lo mejor de su vida. Tuvo paz. No lo entendía. ¿De dónde venía esa paz?



Ella no lo sabía, pero cuando rezas, te pones en la presencia de Dios. Rezar es estar en su presencia amorosa. Y Él que es Amor, nos da su paz.



Dios es Amor y su amor te inunda a caudales. Esta paz la fascinó y empezó a buscarla y se fue a un pueblo montañoso en el que vive feliz. Va a Misa diaria, se confiesa con frecuencia y participa de las horas santas acompañando a Jesús. Le han dicho de todo por este cambio de vida, pero ella responde: “Soy muy feliz. Vivo para Dios”.



Las tres actividades que te aconsejo las he probado y funcionan. Son increíbles y muy sencillas: Visitar a Jesús en el Sagrario, mantener tu mente ocupada y rezar. Invita a tus amigos a rezar contigo. Te hará mucho bien tener compañía en esos momentos difíciles.



Necesitamos desahogarnos, contarles a otros nuestras penas e inquietudes. Basta que alguien nos escuche para sentirnos mejor.





***~~~***





¿QUÉ SOMOS?





Me he hecho esta pregunta el día entero. Muchos años atrás me la hice al ver morir a mi papá en mis brazos. Lo sujetaba con fuerza y le decía: “Haremos esto juntos, no temas, no estás solo”. Se marchó como una vela que se apaga, tras una larga y cruel enfermedad.



Recuerdo que lo miré un rato para fijarlo en mi mente y me dije: “Este será el último beso que podré darle”. Me acerqué a él y le di un largo beso en la frente. Luego de esto salí de la habitación aún consternado, sin poder creer lo que había pasado.



“¿Qué somos?”, me preguntaba. Creo que encontré mi respuesta.





***~~~***



SOMOS VIAJEROS.





Viajamos en el tiempo en busca de Dios.



Mientras viajamos recolectamos las buenas obras que podamos hacer para llevarlas con nosotros como una ofrenda. Más nada llevamos, todo lo demás es pasajero, insignificante. Aferrarse a lo temporal es una tontería, de nada nos servirá. Será un lastre que nos impedirá llegar a nuestro destino.



Es una travesía magnífica, extraordinaria, que nos permite arribar a buen puerto, donde habita Dios.



Bien lo dice esta bella canción:



“Somos los peregrinos que vamos hacia el cielo”.



Al final, te das cuenta que es verdad lo que nos dijo Jesús:



“El grano de trigo debe morir para dar frutos”.



«Si el grano de trigo que cae en la tierra no muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto» (Jn 12, 24).



La muerte no es el final, sino el principio,

es el comienzo de una eternidad.



De Dios siempre espero lo mejor. Suelo decir que, con Dios, cuando andas en su presencia, lo mejor siempre está por venir… No te preocupes. Confía. Ten fe.





***~~~***





LOS LETREROS





Últimamente, al ver lo efímera que es la vida, me ha dado por colocar letreros en las paredes de mi cuarto, sobre el espejo del baño, en todos los lugares donde pueda verlos y leerlos al empezar mi día.



Te compartiré algunos:



* Da frutos



* Con Dios, lo mejor está por venir



* Nunca te rindas, tú puedes.



* Sigue tus sueños, hazlos realidad



* Es hora de crecer y luchar por nuestros sueños.



* Confía, ten fe.



* Conoces el Camino. Síguelo.



“Si vivimos, para el Señor vivimos: y si morimos, para el Señor morimos. De manera que, tanto en la vida como en la muerte, del Señor somos” (Romanos 14,8).





***~~~***





EN EL SAGRARIO





A veces Jesús se siente solo en el Sagrario, abandonado por las almas que más ama. No le basta la compañía de sus ángeles. Suspira por nuestro amor y gratitud.



Le encanta cuando confiamos en Él, cuando le visitamos y le decimos desde el corazón que lo amamos. Por eso la jaculatoria que más repito es ésta:



“Jesús te amo”.



En ocasiones, cuando lo visito me parece que sonríe de gusto. Otras veces, cuando no puedo bajarme del auto, bajo la ventana y mientras paso, desde la calle le grito:



“Jesús… te quiero”.



Siento en el corazón esa tierna respuesta suya:



“Y Yo a ti”.



Él siempre nos amará más. Es lo que me encanta de su presencia. Su amor te envuelve, te mueve al amor, a la gracia.



Una de mis grandes inquietudes es imaginarlo solo. Solía preguntarle: “¿Qué haces en el Sagrario, mientras esperas que te visitemos? No puedes moverte, ni tener la libertad ir acá o allá”.



Sentí que respondía: “¿Qué hago? Amar. Los amo a todos y derramo gracias abundantes sobre la humanidad”.



El jueves pasado Jesús respondió esta inquietud. Conducía hacia mi trabajo y experimenté la imperiosa necesidad de visitarlo.



Hay una capilla cercana, pero iba tarde y no podía desviarme. Entonces imaginé que viajaba hacia el Sagrario y que me postraba en adoración, frente a Jesús. Allí estábamos Él y yo, los grandes amigos, felices de vernos. Fue algo tan real que me impresionó.



Sentía que estaba allí, con Él, pero en realidad me encontraba en el estacionamiento del edificio donde laboro. En ese momento me di cuenta que tal vez no siempre está tan solo como parece. Tal vez otras almas alrededor del mundo lo visitan con el corazón. Y le hacen compañía. Y lo consuelan y le dicen que lo aman.



Otras veces siento que debo rezar por las almas de los pecadores (empezando por la mía) y por las benditas almas del Purgatorio. Son momentos de una intimidad particular con el buen Jesús.



Es como si al rezar, Él estuviera junto a ti escuchándote, recogiendo tus oraciones, complacido por lo que haces. Era algo que no comprendía bien hasta que leí estas palabras del Diario de Sor Faustina: “El Señor me ha dicho: La pérdida de cada alma Me sumerge en una tristeza mortal. Tú siempre Me consuelas cuando rezas por los pecadores. Tu oración que más Me agrada es la oración por la conversión de los pecadores. Has de saber, hija Mía, que esta oración es siempre escuchada”.



Desde entonces procuro acercarlas al tierno y dulce Corazón de Jesús. Por eso escribo. Para recordarte que Dios te ama, que eres especial para Él y que lo da todo por ti.





***~~~***





EL TESORO





Si te preguntas cuál es ese camino misterioso que anhelo seguir, por el que he tratado de transitar toda mi vida; encontrarás la respuesta aquí: ( Juan 14, 6) “Yo soy el Camino, la verdad y la vida”. El que lo sigue encontrará un Tesoro en el cielo.



Soy como esos buscadores de tesoros que salen en los programas de televisión. El tesoro que busco es el mayor de todos. Tengo el mapa, está lleno de claves y signos. Son las Bienaventuranzas.



Mi mayor sueño desde niño era encontrar a Dios, verlo frente a frente, sonreírle y que me sonría, tenderle la mano y que me la tienda. Ese es el tesoro del que ahora goza aquella persona por la que lloras. En el cielo seguramente se pregunta por qué lloras, cuando su felicidad es infinita.



Me han contado algo que me sorprendió de mi tío Raúl, en Costa Rica. Estaba cercana su partida y solía tener pérdidas constantes del conocimiento. Se iba, sencillamente y al rato despertaba como si nada. Una de esas ocasiones estaba rodeado de su esposa e hijos. Al recuperarse se sentó y los llamó a todos para hablarles.



“Hace poco sentí que dejaba de mi cuerpo y subía hacia un lugar luminoso, lleno de luz y serenidad”.



Para que le creyeran a cada uno le dijo lo que hicieron mientras estuvo inconsciente. El que salió al pasillo y rezó por él, uno que se agachó para anudar los cordones del zapato. Otro que fue a la sala de enfermeras a comunicar lo que estaba ocurriendo.



“Mi mayor inquietud”, continúo, “es que no sentía la menor tristeza o dolor por dejarlos. Al contrario. Sentí un gozo como jamás lo he experimentado. El lugar era hermosísimo y deseo que sepan que yo quiero regresar. Quiero estar allá… Ahora que sé a dónde voy, les pido que ninguno llore por mí porque quiero irme. Sé que seré muy feliz”.



Esa misma tarde partió al paraíso. En su entierro hubo cantos, serenidad, abrazos, reflexiones, oraciones y ninguno lloró, como él lo había pedido.



¿Es malo llorar?



No... Al contrario, te ayuda mucho. Alivia tu dolor. Llorar nos recuerda nuestra debilidad, nos humaniza más, porque nos hacemos uno con el otro. Llorar te hará bien, no temas. Llora sí quieres llorar. Y luego, reza.



Los santos nos han dicho que nuestro llanto nos consuela, pero en nada ayuda a los que han partido. Necesitan nuestras oraciones. Así que ya lo sabes, el llanto te ayudará a consolarte y tus oraciones los ayudarán a ellos a llegar a Dios.



Hay que orar por los que han partido.





***~~~***





¿POR QUÉ TEMER?





Una vez en Misa el sacerdote en su homilía nos dijo: “Demos frutos de eternidad. Si supiéramos los goces que Dios nos tiene reservados en el Paraíso, seríamos santos de altares”.



En ese momento pensé:



“Somos frutos que maduramos para Dios”.



Estas palabras han brindado consuelo a muchas personas, incluyéndome a mí.



Un buen día Dios baja del cielo y pasa por la tierra recogiéndolos más hermosos frutos, almas hermosas, que son puras y se las lleva con Él al Paraíso, donde gozarán de una maravillosa eternidad.



A menudo cuento una anécdota sobre un amigo que ha soñado con ir al Paraíso y encontrarse con Dios. En cierta ocasión me dijo: “El día que muera hagan una gran fiesta”. Se lo conté a unos amigos y uno respondió: “¿Por qué?, ¿tan mal le va?” Tuve que explicarle y nos echamos a reír por esta ocurrencia suya.





No sufras, no temas. Dios tiene un plan para cada uno de nosotros y su plan es mejor que el nuestro.





***~~~***





VENGAN YA…





Hace dos días estaba con mi esposa Vida en casa, viendo una película y me llegó un mensaje urgente al celular: “¡Vengan ya!” Fuimos lo más rápido posible al hospital y llegamos a tiempo para acompañar un ser querido en su paso a la vida eterna.



He quedado impresionado. Cuánta paz, serenidad, cuánta presencia de Dios en aquella habitación.



Ella no se preparó para morir, sino para ir al cielo. Su muerte fue un encuentro con un Dios bueno, paternal, justo y Misericordioso. Tenía la certeza del cielo y así nos lo hizo saber.



No puedo creer que estoy escribiendo esto. Me parece un sueño. Ante este dolor me repito: “Creo, Señor, yo creo”.



Estando en el hospital me decía: “Dios es bueno… Dios es bueno”. Era un momento muy duro en el que se prueba nuestra fe. Veo el sufrimiento de los demás a mi alrededor, sus lágrimas, su incredulidad.



¿Esto realmente está sucediendo? ¡Dios mío! ¿Cómo es posible? ¿Cómo comprender humanamente este dolor? No hay forma. Sólo la fe nos puede consolar y acompañar.



He pasado repitiendo una oración que me brota del alma. Los consuelos celestiales no tardan en llegar. Y te das cuenta de lo efímera que es la vida, lo absurdo de la vanidad.



He venido a la Biblioteca, mi lugar favorito de aislamiento para escribir. En este silencio puedo pensar y reflexionar a gusto. Antes, pasé a una capilla cercana, para ver a Jesús. Allí me quedo con Él y le cuento mis inquietudes y aflicciones.



Hoy, pensando en lo que había ocurrido, volví a repetir en su presencia:



“Dios es bueno. Dios es bueno”.



He recordado que nuestras vidas están en las manos de Dios, un Dios amoroso y bueno, tierno y justo. Él ha llenado de mi vida con la esperanza de un cielo prometido y una maravillosa eternidad a su lado.



Si tienes este libro en tus manos, seguramente atraviesas una situación similar, o más dolorosa. Lo lamento profundamente.



Quiero abrazarte con mis palabras, que sea un abrazo fraternal, que te ayude a sentirte mejor. Quiero decirte que lo siento, que tu dolor es mi dolor, porque como tú; también sufro.



Permíteme acompañarte con este libro, quiero confortarte. Iremos juntos por el camino de Dios, el más seguro, un camino lleno de certezas, de serenidad y paz interior.



Cuando terminemos este bello recorrido, tal vez, sólo tal vez, el buen Dios se apiade de nosotros, de ti, de mí, de la humanidad que sufre y nos restaure la paz.





***~~~***





EL ENTIERRO





Hoy estuve en el entierro de esta persona tan querida. Nada te prepara para la pérdida.



Mientras muchos lloraban se me ocurrió imaginarla en el cielo, conversando animadamente con sus familiares, los que la precedieron. Luego se sentó y desde el cielo nos miraba.



Nosotros llorábamos, ella sonreía feliz, con un gozo que le llenaba el alma, como diciéndose: “Nunca imaginé tanta felicidad”.



De niño mis maestras me hablaban del Paraíso, ese cielo prometido. Eran unas dulces monjas franciscanas. Nos contaban lo que teníamos que hacer para conseguir ese cielo.



Todo en Dios es gratuidad.



***~~~***



DIOS ES BUENO.





Dios, como padre amoroso, ilusionado por nosotros, sus hijos, nos tiene preparado a cada uno la más bella mansión que puedas imaginar. Y nos repite:



“En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros” (Jn 14, 2).



Yo soñaba con ir al cielo. Como sabía que debía ganarlo con un corazón puro, procuraba custodiar mi estado de gracia como un tesoro. Me dolían esos pequeños pecados con los que ofendía a Dios y corría a confesarlos. Para mí, siendo un niño, lo más importante era tener contento al buen Dios.



Quería ser santo, pero un santo invisible, de aquellos que nadie conoce, un santo anónimo para Jesús. Esa era mi mayor ilusión.



Con los años me desvié un poco del camino. Ahora de grande he querido retomarlo. Buscar nuevamente a Dios, hacer las cosas por Él y para Él.



Dios llenaba mi alma infantil con una serenidad tan grande con una certeza tan absoluta que no quería más. Era como decía santa Teresa de Jesús,



“Sólo Dios basta”.



Para mí, Él era suficiente. No necesitaba más.



¿Y ahora? Ver de cerca la partida de seres queridos me ha movido a reflexionar. No he podido dejar de hacerlo. Este libro lo escribo de una sentada, prácticamente sin levantarme de esta mesa.



Ha sido tanta mi impresión que no puedo dejar de pensarlo.



Llegamos a este mundo sin nada, desnudos, y nos vamos sólo con las buenas obras que hayamos hecho. Cuando morimos se acabó el tiempo. Ya no podremos hacer más para acrecentar nuestro tesoro en el cielo.



¿Por qué no ayudar, mientras estemos en esta tierra, a los que se han marchado? Podemos hacer mucho por ellos... con nuestras acciones piadosas, las oraciones, los ofrecimientos y el tesoro espiritual de las indulgencias.



¿Sabes cuál es la más perfecta y eficaz oración? ¿Cuál es el mejor regalo que les podemos dar? La santa Misa.





***~~~***





MI DISGUSTO CON DIOS





¿Te has disgustado con Dios porque se llevó ese familiar que tanto amabas? Te preguntas porqué tuvo que ocurrir, por qué ese sufrimiento despiadado, por qué ocurrió si tenía tanto futuro.



Siempre lo he dicho y quiero que lo sepas, somos frutos que maduramos para Dios. Cada día Dios baja a la tierra y busca los mejores frutos, los más bellos, los más dulces, los más luminosos y se los lleva con Él al Paraíso para que gocen de ese cielo tan merecido.



Ya no van a sufrir, ni a tener angustias, ni miedos.



En el cielo todo es paz, felicidad, gozo. Dios lo llena todo y no necesitas nada.



Allí seguramente se encontrarán con sus primos, padres, abuelos, que han partido. Imagina esas deliciosas tertulias poniéndose al día con los temas familiares.



Sé que no lo aceptas ni lo comprendes. ¿Cómo podemos comprender la eternidad?



No tenemos un concepto pleno del Paraíso. La plenitud la tendremos cuando lleguemos allá. En ese momento, llenos de Dios, sumergidos en su amor, en su Misericordia, viviendo el gozo perfecto, podrás comprender y se responderán todas tus preguntas.



Esa persona que tanto amas, seguro se encuentra en el Paraíso, en la presencia de Dios.



En estos primeros días seguro está descubriendo las maravillas del cielo.



No te inquietes por ella o él. Están muy bien, ya no sufren, al contrario, disfrutan las delicias del Paraíso.





***~~~***





UNA PEQUEÑA ORACIÓN





¿Te gustaría hacer una pequeña oración? Repítela conmigo. Esta bella oración es de santa Teresa de Jesús. Me encanta y suelo repetirla cuando tengo un momento de dolor o dificultad, cuando tengo esa necesidad de cercanía con Dios:



Nada te turbe,

Nada te espante,

Todo se pasa,

Dios no se muda.

La paciencia

Todo lo alcanza;

Quien a Dios tiene

Nada le falta:

Sólo Dios basta.



Te servirá de consuelo cuando te preguntes el porqué, y no comprendas qué pasó.



Por nada te acongojes. Nada te turbe.



Un amigo sufrió un accidente en Costa Rica, quedó ciego, sordo y mudo. No podía mover el cuerpo. Me cuenta que en su aflicción repetía esta oración una y otra vez. Así lograba encontrar consuelo a su desdicha. Poco a poco fue sanando.



Pero no podría recuperar la vista. Los nervios ópticos quedaron comprometidos, dañados. Una tarde la enfermera lo dejó en una capilla para que rezara. Allí le dijo a Jesús: “Si tú quieres que me quede ciego, así te serviré, y si me devuelves la vista también te serviré”. Súbitamente la vista se le fue aclarando y vio frente a él a Jesús, quien desde aquella cruz le decía: “Yo soy, Yo te he sanado”.



Cuando los médicos se enteraron que podía ver lo enviaron en ambulancia donde el oftalmólogo que lo atendió previamente.



Era ateo y le dijo: “Esto es increíble, imposible de explicar. Debes presentarme a este doctor que te curó, porque es mejor que yo”.



Mi amigo le sonrió y dijo:



“Ese amigo mío se llama Jesús”.





***~~~***





EL CIELO





Es tan vasto el cielo y la eternidad, tan incomprensible para nuestras mentes que Jesús lo explicaba en parábolas. Contaba historias cotidianas que todos comprendían.



Éstas son algunas y puedes buscarlas en tu Biblia / aquella que tienes en una esquina de tu casa.



La parábola de la levadura.

La parábola de la semilla de mostaza.

La parábola del trigo y la cizaña.

La parábola de la Perla de gran valor.

La parábola de la red.



La que más me impresiona es la del tesoro escondido.



“El Reino de los Cielos es semejante a un tesoro escondido en el campo que, al encontrarlo un hombre, lo oculta y, gozoso del hallazgo, va y vende todo cuanto tiene y compra aquel campo” (Mt 13, 44).



Imagina el gozo de aquél hombre que ha encontrado un tesoro.



Es lo que les pasa a los que se encuentran con Dios.



Sé de muchos que han cambiado sus vidas radicalmente.



Conozco varios que de un día para el otro tuvieron frente a ellos una certeza, la presencia de Dios que pasaba y les tocaba el corazón. Lo dejaron todo, se fueron tras Dios. No les importaba el hambre, o los insultos, o lo que pensaran de ellos.



Eran felices, e iban por el mundo mostrándonos que se puede vivir el Evangelio radicalmente.



Hay muchas cosas que desconozco, escribo sobre lo que vivo, comparto mis experiencias. He aprendido que vale la pena ponernos en las manos de Dios. Dios es bueno. Es un gran consolador.



Nos toca hacer lo que podamos para salir adelante, no dejar que esta adversidad nos derrote. Lucha con fe. Bien decía san Benito: “Reza y trabaja”.



Yo añadiría: “No te rindas, y ponte en las manos amorosas del Padre”. Es como dijo san Agustín:



“Haz tú lo que puedas, pide lo que no puedes, y Dios te dará para que puedas”.



¡Ánimo!





***~~~***





CERTEZA DEL CIELO





El Padre Miguel Garrido me envió por Internet esta historia de Cindy Holmes. Me encanta compartirla. Es bellísima. Está llena de ternura, por eso he querido compartirla contigo.



Habla de la esperanza, las ilusiones y la pureza de un niño que confía plenamente en su madre y en Dios. Es la certeza del cielo.



“En mi profesión como educadora y trabajadora de la salud, he tenido contacto con muchos niños infectados por el virus del SIDA... Las relaciones que mantuve con esos niños especiales han sido grandes dones en mi vida.



Ellos me enseñaron muchas cosas, pero descubrí, en especial el gran coraje que se puede encontrar en el más pequeño de los envoltorios. Permíteme que te hable de Tyler.



Tyler nació infectado con el VIH; su madre también lo tenía. Desde el comienzo mismo de su vida, el niño dependió de los medicamentos para sobrevivir.



Cuando tenía 5 años, le insertaron quirúrgicamente un tubo en una vena del pecho.



Ese tubo estaba conectado a una bomba que él llevaba en la espalda, en una pequeña mochila.



Por allí se le suministraba una medicación constante que iba al torrente sanguíneo.



A veces también necesitaba un suplemento de oxígeno para complementar la respiración.



Tyler no estaba dispuesto a renunciar un solo momento de su infancia por esa mortífera enfermedad. No era raro encontrarlo jugando y corriendo por su patio, con su mochila cargada de medicamentos y arrastrando un carrito con el tubo de oxígeno.



Todos los que le conocíamos nos maravillamos de su puro gozo de estar vivo y la energía que eso le brindaba.



La madre solía bromear diciéndole que, por lo rápido que era, tendría que vestirlo de rojo para poder verlo desde la ventana cuando jugaba en el patio.



Con el tiempo, esa temible enfermedad acaba por gastar hasta a pequeños dínamos como Tyler. El niño enfermó de gravedad. Por desgracia sucedió lo mismo con su madre, también infectada con el VIH.



Cuando se tornó evidente que Tyler no iba a sobrevivir, la mamá le habló de la muerte. Lo consoló diciéndole que ella también iba a morir y que pronto estarían juntos en el cielo. Pocos días antes del deceso, Tyler hizo que me acercara a su cama del hospital para susurrarme:



“Es posible que muera pronto. No tengo miedo. Cuando muera vísteme de rojo, por favor. Mamá me prometió venir al cielo. Cuando ella llegue yo estaré jugando y quiero asegurarme de que pueda encontrarme”.



***~~~***





LOS NIÑOS SON PARA JUGAR





Tyler habla con tanta naturalidad de su muerte que sobrecoge al lector desprevenido. Tiene una certeza absoluta: “Dios existe”. No hay dudas en su corazón. Hará una corta travesía hacia el cielo... Y allí seguirá jugando, distraído, hasta que su madre lo encuentre.



Recuerdo cierta vez que mi hijo enfermó. En un descuido mío se paró de la cama y se quedó jugando en el piso.



— ¿No sabes que estás enfermo? — lo reprendí. —Debes cuidarte.



—Papá— respondió —. ¡Los niños son para jugar!



Quedé desarmado, sin saber qué decir. Los niños son para jugar. Y para enseñar a papá y a mamá, las cosas importantes que con los años y la edad hemos olvidado.



Tal vez por esta inocencia que tienen los niños, nos pidió Jesús que fuéramos como niños. Vivir sin tener prisas para crecer. Y si crecemos, mantenernos niños, en el fondo del alma, puro y bueno.



***~~~***



DIOS NO DEFRAUDA



Dios es Bueno. Todo lo que nos ocurre es para nuestro bien, aunque no podamos comprenderlo.



“…sabemos que Dios dispone todas

las cosas para bien de los que lo aman”

(Romanos 8, 28).



¿Quién puede comprender el dolor y el sufrimiento? Tal vez no se trate de comprender sino de aceptar y ofrecer.



Debemos confiar. A estas Alturas de la vida confiar es lo mejor que podemos hacer. Confiar que Dios es bueno y nos ama. En estos momentos me digo: “Debo confiar” … Y me repito: “Creo, Señor, yo creo”.



Mi experiencia es que Él nunca me defraudará.



Cuando tengo muchas dudas o inquietudes me gusta hacer esta oración que he tomado del Evangelio: “Quédate con nosotros Señor, porque atardece”. En ese momento recupero la serenidad y la esperanza. Y puedo ver las cosas con nuevos ojos y comprendo que Dios nunca nos ha dejado, Él camina con nosotros, a nuestro lado.



Vamos... Ponte en las manos de Dios y todo irá bien.



* * *



Siempre he pensado que la vida es para ser vivida a plenitud, en la presencia de Dios. Él quiere que seas santo porque sabe que los santos son felices.



La tribulación que a veces atraviesas no es más que una poda de Dios. Como el jardinero poda el arbusto para que crezca fuerte, Dios te poda para fortalecer tu fe. Es su pedagogía.



Dios busca al hombre, anhela su amor. Dios quiere para ti lo mejor, que seas completamente libre y te realices como persona.





***~~~***





¿QUÉ TE INQUIETA?




¿Por qué se turba tu corazón?

Imagino que ha de ser algo muy doloroso.

El dolor es parte de nuestra vida.

Hace muchos años leí que Dios escogió el dolor para redimirnos, porque es algo que podemos comprender. Tal vez no todos comprendan la música, o la literatura, o la pintura, pero todos comprenden el dolor.

Hay dolores y hay dolores. Algunos tan profundos que rasgan el alma. En esos momentos, cuando no hallamos salidas y todo es tan confuso; debemos escuchar a Jesús, que nos dice, con ternura:

“No temas, Yo estoy contigo”.

Luego te sonríe y te mira con una bondad infinita, una mirada que llena tu corazón de paz y sosiego. Y nos da la respuesta que buscamos:

“No temas, cree solamente” (Marcos 5, 35).

Ánimo. No desesperes.

Todo pasa. Esto que te aflige, también pasará.

* * *

Dios nunca te va a desamparar.

Esta es la certeza con la que debes vivir.

Dios en ti y tú en Dios.

A pesar de lo oscuro que parezca el panorama, o el dolor inmenso que te consume, Dios siempre estará contigo, siempre.

Pero, ¿por qué esto? No lo sé. No tengo la respuesta. Sólo sé que se nos pide creer. Confiar. A pesar de todo.

Dios es Amor, por lo tanto, nada que no sea por Amor, vendrá de Él.

Su pedagogía es impresionante. Lo he visto actuar.



***~~~***



De pronto, sin previo aviso, Dios sacude el árbol de tu vida y te estremece, para que caigan las hojas secas y te robustezcas en la Fe.

Son los momentos en que te acuerdas de Él y diriges tu mirada al cielo. Y lo buscas con afán. Sabes que nada en este mundo te podrá llenar ni consolar ni darte la Paz que tanto anhelas. Sólo Dios. Él es la respuesta.



* * *



Pasada la tormenta, llegará la paz. Y vas a comprender. Entonces, y sólo entonces, podrás decir como San Agustín:

“¡Tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé! Tú estabas dentro de mí, y yo fuera, y por fuera te buscaba, y deforme como era me lanzaba sobre las cosas hermosas por Ti creadas.

Tú estabas conmigo, y yo no estaba contigo. Me retenían lejos de Ti todas las cosas, aunque, si no estuviesen en Ti, nada serían.

Llamaste y clamaste, y rompiste mi sordera. Brillaste y resplandeciste, y pusiste en fuga mi ceguera.

Exhalaste tu perfume, y respiré, y suspiro por Ti. Gusté de Ti, y siento hambre y sed.

Me tocaste, y me abraso en tu paz.”

El Buen Dios ha querido que empecemos este día con estas palabras de consuelo.

“No temas, que yo te he rescatado, te he llamado por tu nombre. Tú eres mío” (Isaías 43,1).

***~~~***





LA ENTREVISTA





Hoy el sacerdote contó en su homilía una entrevista simpática que un periodista le hacía a Dios:

— ¿Qué haces en el cielo?

—Siempre estoy muy ocupado.

—Pero si ya creaste el cielo y la tierra y enviaste a Tu hijo a morir por nosotros, ¿Qué más queda?

—Perdonar.

— ¿Perdonar? Sí, me la paso perdonando, olvidando sus pecados.

Me sonreí por esta anécdota tan curiosa. Y pensé que es verdad:

“Dios nos ama, así como somos”.

Lo impresionante es que nos perdona una y otra vez.



***~~~***





REFLEXIONES





Iniciaremos este camino de sanación dándole valor a las cosas realmente importantes:

Tu familia.

El perdón.

La oración.

El silencio.

La reconciliación.

La comunión fraterna.

Escucharé la voz de Dios en mi interior. Buscaré un sacerdote y hare una buena confesión. Luego visitaré a Jesús en el Sagrario y le diré: “Aquí estoy, Jesús, por ti y para ti”.

Los eventos importantes de mi vida han ocurrido siempre a la luz del Sagrario. Debes saberlo. Todas las iglesias lo tienen, a veces en un oratorio, otras en el altar mayor un sagrario.

Es como una caja de metal, bellamente adornada como una casita con puerta y cerradura en la que el sacerdote guarda las hostias consagradas que no fueron consumidas durante la Misa. Sabes que Jesús está allí porque al lado hay una lámpara roja encendida.

En el sagrario está Jesús VIVO. Suelo visitarlo porque Él siempre tiene las respuestas. Y en los momentos de dolor como el que atraviesas, pasar ratos de oración ante el sagrario se convierte en un bálsamo de paz.



***~~~***



Los eventos importantes de mi vida han ocurrido siempre a la luz del Sagrario.

Una vez fui a visitar a Jesús Sacramentado.

Le llevaba mis quejas, por la cantidad de problemas que confrontaba.

Me paré frente al Sagrario y lo miré preocupado.

“Ayúdame”, le dije.

Súbitamente escuché como un eco mis propias palabras: “Ayúdame”.

Sentí que tocaban mi hombro y repetían esta palabra.

Me volví y encontré frente a mí a un hombre tullido. Caminaba con dificultad e imploraba que lo ayudaran.

Miré a Jesús de soslayo le dije sonriendo: “Quién puede contigo. Te la sabes todas”.

Entonces le tendí las manos a aquél hombre, recordando las palabras de san Alberto Hurtado: “El pobre es Cristo”. Con la certeza que ayudaba a Jesús.

* * *



A menudo olvidamos lo fundamental: somos “Templos del Espíritu Santo”, una casa donde habita Dios.

Suelo reflexionar en esto y me pregunto qué clase de hospedaje le ofrezco a Dios cada día. Me `parece que no tengo nada que valga la pena. La mayor parte de las veces soy un lugar inhabitable.

Debo dejar espacio para Dios, hacer a un lao lo material y dejar crecer lo espiritual. Ser menos carne y más espíritu. Dejar que Dios habite en mí.

Y es que cuando descubres a Dios te das cuenta que Él nuestro gran Tesoro, por el que vale la pena dejarlo todo.

“Usted habla como una persona que ha tenido una experiencia fuerte con Dios”, me escribió una joven que leyó uno de mis libros.

Es verdad. De alguna forma se percató. Dios impactó mi vida. Y ahora no puedo más que amarlo y hablar de Él. Su Amor, Su Ternura. Su Misericordia. Y es que lo he visto actuar a mi alrededor. Y he podido experimentar su presencia en medio de nosotros.

Casi a diario tengo una experiencia con Dios. A veces pienso en aquél joven que una vez me dijo: “¿Quién te crees? ¿Acaso eres especial para Dios?”.

Recuerdo que aproveché para responder: “La verdad es que TODOS somos especiales para Dios, porque TODOS somos hijos de Dios. Lo que ocurre es que unos se dan cuenta y otros no.

Hace poco una joven me escribió: “Usted habla como una persona que ha tenido una experiencia fuerte con Él”.

“Sí”, le respondí… “He sentido su Amor, su ternura y me he dado cuenta que estamos llamados a la Eternidad”.

“Sabiendo esto, habiendo encontrado este tesoro, ¿cómo no darlo a conocer?”

La verdad es que no hay ningún mérito en mis palabras. Es Dios quien lo hace todo.

¿Has visto la dulce mirada de Jesús? Hay algo en ella que: te cuestiona, te habla, te abraza, te inunda de amor y ternura te inquieta, te hace ver lo que eres, te penetra el alma, te muestra cuánto sufre, te grita: “tengo sed”, te pregunta: ¿me amas?, y te responde: “yo soy, y te amo”.

* * *



A veces me da por mirar un cuadro de la Virgen que tengo en casa. A su lado coloqué una estampita del rostro de Jesús.

Me parece que ella me dice: “¿Ves cómo te ama mi hijo?” Le sonrío y respondo: “yo también lo quiero mucho”. Y nos quedamos como sumergidos en la oración que me brota del alma. Me encanta porque me da la impresión que Jesús sonríe complacido. Está contento.

Tiene el rostro como iluminado, con una mirada tan llena de ternura y amabilidad que sorprende. Recuerdo aquella persona, tocada por la gracia, que exclamaba emocionada: “¡Somos especiales para Jesús!”.

A pesar de nuestra indiferencia no deja de bendecirnos y enviarnos gracias abundantes. Me da por decirle con una alegría interior: “Qué bueno eres Señor”.



***~~~***



LAS PALABRAS IMPORTANTES



Hace años decidí anotar en un cuaderno las palabras importantes que le dan sentido a mi vida. Con el tiempo he recogido algunas muy simpáticas, otras más serias. Pero todas las escribí con la ilusión y el anhelo de ser mejor. Por algún motivo, me pareció bueno compartirlas hoy contigo.

1. Dios.

2. Dulce voluntad de Dios.

3. Perfección de obras.

4. Alma en gracia santificante.

5. Ser un buen católico.

6. Vivir la fe.

7. Ver a Cristo en el pobre.

8. Anhelar el Paraíso.

9. Llevar una vida agradable a Dios.

10. Frecuentar los sacramentos.

11. Perdonar de corazón.

12. Vivir en familia.

13. Dar gracias a Dios.

14. Querer lo que Dios quiere.

15. Amar a Dios.

16. Ser amigo de Jesús.

17. Amar la Iglesia.

18. Tratar de ser santo.

19. La comunión diaria.

20. Ser paciente.

21. Consolar.

22. Aumentar mi fe.

23. Confiar en Dios.

24. Rezar el Rosario en familia.

25. Dar al que me pida, en nombre de Dios.



***~~~***





LA MIRADA DE JESÚS





¿Has experimentado alguna vez la mirada dulce de Jesús? De pronto te entra un no sé qué de tanta ternura. Es una experiencia difícil de explicar.

Me había ocurrido en pocas ocasiones, pero no sabía lo que era. Conducía el auto y de pronto una felicidad me inundó el alma. Fue algo muy breve y nunca entendí qué era.

Al pasar los años volvió a ocurrir. Pero esta vez lo supe.

— Eras tú –le dije a Jesús, sonriendo de felicidad.

Me quedé viéndolo en silencio, en aquella hostia santa. Él me miraba y yo lo miraba. Las palabras sobraban. El mundo entero giraba en torno a nosotros.

Recientemente volvió a ocurrir.

—Me llamas Jesús —le dije. Y me fui a una capillita para acompañarlo un rato, en oración.

Lo descubrí tan solo en aquél sagrario.

Ahora procuro visitarlo con frecuencia. Jesús sigue tocando las almas y los corazones de muchas personas a nuestro



***~~~***





LOS PLANES DE DIOS





Los planes de Dios son perfectos. Siempre tienen un final inesperado para nosotros. En el camino dudamos. Al llegar es cuando podemos contemplar en toda su plenitud la maravilla que Dios ha hecho con nosotros y es cuando exclamamos: ¡Ahora comprendo! ¡Qué bueno eres Señor!

Lo he visto infinidad de veces. Personas que se lamentan: ¿Por qué Dios me hace esto? ¿Por qué a mí?

Es que aún no saben…

Tengo un amigo que se quedó sin trabajo. El banco le quitó su automóvil, porque no pudo pagar las letras. Y se vio forzado a viajar en autobús. Un día observó que la persona a su lado estaba inquieta, como triste, apocado. Y mi amigo inició una conversación que le descubrió la tragedia de este pobre hombre.

Mi amigo lo consoló, le habló de Dios, de la esperanza… Y se dio cuenta de la falta inmensa que les hace Dios a los hombres. Hay un hambre de Dios, que no podemos saciar, porque callamos y nos mostramos desinteresados.

Ahora este amigo mío aprovecha sus viajes en autobús para evangelizar a los que puede. Realiza una misión inesperada, que Dios le encomendó, en el lugar más insospechado.

Y no es el único. Sé de muchos que en este momento lo están haciendo. Aprovechan los encuentros casuales, para hablar de Dios. Y lo hacen con tal naturalidad que sorprende. No es una charla forzada. Es una conversación amena y alegre, en la que hablan del Dios que conocen; que les ha iluminado sus existencias y ahora lo quieren compartir. Desean ardientemente que otros también conozcan a Dios. Al Dios de la vida.

Alguien me confesó en estos días: “Soy feliz cuando hablo de Dios”.

¡Si tan sólo supieran lo maravilloso que es este encuentro! ¡Volver al hogar, a la casa de Dios!



***~~~***





¿POR QUÉ SUFRIMOS?





Perder un familiar cercano es doloroso, algo incomprensible. Sabes por tu fe que existe el Paraíso. Que seguramente se encuentra allí, rodeado de cientos de antepasados y amigos que partieron primero que él o ella. Y que tiene una paz y una felicidad que lo llena todo y a todos, y que no podremos comprender hasta el día que lleguemos a nuestra Patria celestial.

Mi esposa tenía un tío muy enfermo. En ocasiones lo visitábamos para saludarlo y hacerle compañía. Una noche me quedé a solas con él y al verlo con esa entereza y tal serenidad, aun sabiendo que estaba muriendo, me atreví a preguntarle:

—¿Cómo se siente? ¿Está listo?

Sonrió emocionado y con absoluta tranquilidad me respondió:

—Estoy listo.

Lo miré sorprendido.

—Empaqué hace mucho y tengo las maletas listas para irme cuando sea el momento.

—¿Y qué hará cuando esté allá?

—Seguramente tendré mucho oficio. Rezaré por cada uno de ustedes, mi esposa, mis hijos, todos los que amo.

A los días se marchó. Nunca he olvidado esta conversación.

Sabes, hace mucho, dejé de preguntarme, de cuestionarme y de buscar. ¿Quién puede comprender las cosas de Dios? ¿Por qué sufrimos? ¿Por qué nos ocurren estas cosas?

Siempre nos preguntamos los porqués de nuestros sufrimientos.

Somos tan limitados y por más que lo intentemos, jamás podremos comprender la inmensidad, lo Eterno, el Amor incondicional, la infinita pureza. Así que, en vez de cuestionarlo todo, decidí confiar.

En un principio me costó. Pero Dios no se hizo esperar.

Siempre ha estado a nuestro lado animándonos, dándonos signos palpables de Su presencia.

Un sacerdote me contó de este parroquiano al que le descubrieron un cáncer fulminante.

El día que se lo notificaron, tomó el auto y se pasó conduciendo toda la noche, tratando de comprender, pensando en lo que le diría a su esposa y sus hijos.

En un momento dado le entró una gran desesperación y le gritó a Dios:

“¿Por qué a mí? ¿Qué será de mis hijos?”

En ese instante escuchó detrás de él una voz suave y consoladora, que le decía: “No temas, Yo estoy contigo”. Retornó la Paz. E hizo frente a su enfermedad, ofreciéndola, siendo un signo del Amor de Dios.

Aprendí que somos “frutos que maduramos para Dios”. Cuando estamos listos, Él baja a la tierra y nos lleva a la Eternidad, para que gocemos las dulzuras del Paraíso.

* * *

Dios nos pide confiar. Abandonarnos en su amor.

Hace algunos años, murió una prima. Solía visitarla cuando estuvo enferma. Su fe te conmovía. Veías los signos de Dios a su alrededor.

El día de la misa, algo llamó mi atención. Al finalizar, el esposo se paró frente al podio, tomó el micrófono y dijo con gran serenidad: “Señor, nos duele. No podemos comprenderlo. Queremos que sepas, que aceptamos Tu Voluntad”.

Fue algo impresionante. Un gesto increíble del “santo abandono”.



***~~~***





UN ENCUENTRO CON DIOS





Has tenido un encuentro con Dios y sientes una alegría infinita. Seguro te preguntarás qué ha pasado. Ya lo sé. Es como si el mundo a tu alrededor desapareciera.

Dios los envuelve todo.

Su presencia omnipotente te hace comprender que nada más es necesario para aplacar nuestro corazón, para dar una suave serenidad al alma.

Dios ha pasado.

De pronto comprendes que todo en Él es silencio. Serenidad. Paz. Dulzura. Gozo.

Son cosas nuevas que nunca antes habías sentido. ¿Por qué este gozo tan grande? Sientes que el alma te va a estallar de tanta felicidad. Quisieras que estos momentos perduren. Es la “Gracia”, que recibes en abundancia.

Dios te llena con su Gracia, para que, al caminar por la vida, puedas crecer en tu Fe.

Dios está en ti. Contigo. ¿Qué debes hacer? Algo muy importante: “llevarlo a los demás”.

Que Dios sea conocido y amado.

Es como decía Chiara Lubich, la fundadora del Movimiento de los Focolares: “Donde quiera que vayan, hablen de Dios. No teman hablar de Él. En la radio, en las fiestas. Hablen siempre de Dios”.

Hasta ahora la noche, todos duermen mientras yo me he sentado frente al computador para escribirte. Hizo una breve oración antes de empezar. He buscado mi interior las respuestas. Agustín decía que buscaba Dios a su alrededor cuando Dios habitaba su interior.

Dios nunca te abandonará.



***~~~***





LA PAZ DE DIOS





Hace unos días murió la mamá de un amigo. Conducía mi auto cuando dieron la noticia por radio. La misa sería a las tres de la tarde. Recordé el entierro de mi papá. Estaba frente a la iglesia en mi carro, apoyado sobre el timón, buscando dentro de mí las fuerzas que necesitaba, cuando José Lara (aún lo recuerdo) se me acercó:

— Ánimo — me dijo con afecto.

Y así pude entrar.



Comprendí la importancia de sentirnos acompañados en los momentos difíciles. Por eso quise estar con él y fui a verlo a la Iglesia. Lo encontré sentado en la primera fila.

— He venido para darte el abrazo de un amigo —le dije.

— Gracias Claudio.

Conversamos un rato en voz baja y de pronto comentó:

— Hace muchos años que no entraba en una Iglesia.

— Se siente una gran Paz aquí. — añadió.



Fueron palabras que nunca esperé.

Me dejó muy sorprendido.



— Es por esa Paz que vengo a la Iglesia cada vez que puedo — le dije —. Es una Paz que no puedes encontrar en ningún otro lugar; y que más nadie te puede dar. Es la Paz de Dios.



Disfruté con él aquella Paz sobrenatural que nos envolvía en ese momento. Y me maravillé por las cosas que hace el Señor. La ternura que pone en todo. Los “ detalles ” del buen Dios.





***~~~***



¿QUÉ DEBO HACER?





Cada día, cuando visito a Jesús en el Sagrario, le hago la misma pregunta: “¿Qué debo hacer?”



Y es que no encuentro respuestas a mis inquietudes y a menudo no sé cómo solucionar mis problemas.



Hoy fue un día especial, diferente. Me encontraba en ese dialogo solitario con Jesús. Le preguntaba muchas cosas, con la certeza que Él está allí, y me ve y me escucha. Y de pronto me llegaron estos pensamientos... Como no tenía papel para anotar, los escribí en la palma de mi mano.



Al salir de la Iglesia vine a la Biblioteca. Aquí estoy, en este momento, leyendo lo que escribí:



El que vive en la presencia de Dios no puede odiar, aunque quiera. Dios es Amor. Su amor es tan grande que todo lo inunda y no deja espacio en tu alma para el odio, el resentimiento o el rencor. En su presencia sólo hay paz, serenidad, perdón y misericordia.

Hay algo más…



Mirándolo fijamente le recordé los problemas que atravieso y no sé cómo solucionar.



Entonces sentí como un bálsamo en el alma. “Eres Tú”, le dije. “Sé que eres Tú”. Y un amor hondo me llenó con tal fuerza que aún, en este momento, en esta Biblioteca, lo percibo.



Es un gozo interior indescriptible. Y me mueve a amarlo todo, a todos, al bueno, al malo, al que me ama, al que me odia.



En ese momento volví a hacer la pregunta que siempre quedaba sin respuesta: “¿Qué debo hacer?”. Esta vez algo ocurrió.



“¿Qué debo hacer?” Volví a preguntar. Sentí una voz interior, transparente como el viento, que me llegó al corazón. “Amar”, respondió. “Debes amar”.



Entonces comprendí. He amado, pero no lo suficiente. He amado con un amor muy pobre y egoísta, un amor selectivo.

Debo dar ese primer paso que nos diferencia y amar un poco más. Luego, pedirle una chispa de Su amor, que es un amor puro y limpio, para amar como debo amar.



Al salir, llegué a esta conclusión: Si amaramos un poquito más, el mundo sería diferente, y nosotros también.



Ahora lo sabes... Cada vez que preguntes qué debes hacer, encontrarás una sola respuesta: “AMAR”.





***~~~***



¿HASTA CUÁNDO?





Ocurre que de pronto piensas que Dios te ha olvidado. Te asedian tantos problemas y no los puedes comprender. Quedas envuelto en un torbellino del que parece no existir una salida.



Recientemente pasé por algo parecido, y sentí una gran confusión. Procuraba estar tranquilo y confiar en Jesús.



Solía visitarlo en el Sagrario para quejarme... ¿Hasta cuándo?...



Y oraba con el Salmo 6: “Señor, no me reprendas en tu ira, ni me castigues si estás enojado. Ten compasión de mí que estoy sin fuerzas; sáname pues no puedo sostenerme. Aquí estoy sumamente perturbado, tú, Señor, ¿hasta cuándo?... Vuélvete a mí, Señor, salva mi vida, y líbrame por tu gran compasión.”



Sentía entonces como si una voz interior me dijera:



—Lee a Job.



— ¿Job? — me dije extrañado.



Y fue lo que empecé a hacer, y lo que te recomiendo cuando no entiendas lo que te ocurre, y cuando sientas que no puedes más.



Mientras escribo, tengo frente a mí una Biblia. Está abierta en el libro de Job. Ahora se ha vuelto un amigo entrañable. Me ayudó a comprender las enseñanzas de Nuestro Señor.



¿Quiénes somos para quejarnos ante Dios? ¿Acaso pensamos ofrecer nuestros sufrimientos por la salvación de las almas? No somos dignos de nada. Todo es gracia de Dios. Job lo supo bien:



“Reconozco que lo puedes todo, y que eres capaz de realizar todos tus proyectos. Hablé sin inteligencia de cosas que no conocía, de cosas extraordinarias, superiores a mí. Yo sólo te conocía de oídas; pero ahora te han visto mis ojos. Por eso retiro mis palabras y hago penitencia sobre el polvo y la ceniza”. (Job 42,2-6)



Comprendes de pronto lo pequeño e insignificante que eres ante la inmensidad y magnificencia de Dios. Parece como si Dios mismo te llevara al límite, para probar tu fe, fortalecerla y hacerte comprender que sin él nada podemos.



Porque así como el oro se purifica en el fuego, así también los que agradan a Dios pasan por el crisol de la humillación. (Siracides 2,5)



A Él le agradan los hombres humildes, sencillos, rectos de corazón. Y nos enseña a ser como desea que seamos.





***~~~***





EN LA CRUZ





“Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” (Mt 27,46)



Está en la Cruz, con dolores atroces, cargando sobre sus hombros tus malas miradas, tus deseos impuros, cada vez que has hecho daño al prójimo, las veces que te negaste a perdonar, aquella vez que robaste.



Parece abandonado, pero no lo está. Ora. Reza el salmo 22 que refleja el sufrimiento que tendría lugar aquél día y que al final es un canto de Esperanza.



Sabe que orar es permanecer en la dulce presencia de Dios. Y nos enseña que a pesar del sufrimiento debemos perseverar en la oración.



Una vez leí que para “para la mentalidad judía citar el comienzo de un salmo equivale a citar el salmo entero”.



Cuando vayas a tu casa toma tu Biblia, acompaña a Jesús rezando este salmo. Dios nunca nos abandona. A pesar de lo que a veces escuchamos. Es imposible que esto ocurra. “En Él vivimos, nos movemos y existimos”.



Dios nunca te abandona. Somos nosotros los que le damos la espalda. Hace algún tiempo, pasando graves dificultades me acerqué al Sagrario.



Estaba muy preocupado. Fui a ver a Jesús y exclamé: “Ayúdame”. Al segundo escuche como un eco mis palabras: “Ayúdame”. Me sorprendí. De pronto sentí una mano que se posaba sobre mi hombro. Volví a escuchar mis palabras: “Ayúdame”. Miré hacia atrás y vi a un hombre tullido que caminaba con dificultad y me miraba con desesperación. Volví a ver a Jesús en aquél Sagrario y susurré sonriendo: “Te la sabes entera. Contigo no se puede”.



Me di cuenta que aquél hombre estaba en peores condiciones y que Jesús, en ese momento, me pedía ser sus manos, sus pies, su voz, su corazón. Y que debía amar a aquél enfermo, ayudarlo. Acogerlo. Hoy que veo a Jesús en la cruz me arrepiento de todo lo malo que he hecho. Sufrió por mí. Y por ti.



Lo miro a los ojos y le digo con ternura: “Tu trabajo Jesús es perdonarnos. El nuestro, amarte”.



***~~~***



QUERIDO DIOS





Hoy salí temprano a caminar. A cada paso pensaba: “A veces andamos al borde del precipicio por ti, Señor y a menudo no sabemos qué hacer. Sólo caminamos y caminamos, pensando en tu Amor, tu presencia. ¿Qué quieres de nosotros?



De pronto nos sumerges en un mundo en el que no deseamos estar. Es un lugar oscuro, lleno de dificultades. Parece que no hay amor, ni esperanza a nuestro alrededor. Son situaciones a las que no hayamos salidas. Cada vez que te lo digo, siento que me respondes: “Sigue caminando”.



No imaginas la cantidad de personas que me cuentan sus problemas. Acuden a mí tal vez por haber leído uno de mis libros. Viven rodeados de oscuridad. Suelo impresionarme. Y me pregunto: “¿Por qué lo permites? ¿Por qué ese sufrimiento?”



Hace muchos años decidí dejar de cuestionarte y dedicarme a confiar. ¿Cómo podríamos comprenderte nosotros que somos simples mortales? Pero la verdad es que no siempre he podido quedarme tranquilo y confiar.



Hoy es uno de esos días en que me llené de inquietudes. Curiosamente mientras caminaba me pareció encontrar las respuestas.



Todas estas personas, por estar sumergidas en sus problemas olvidaron algo fundamental, lo que realmente son: “Hijos tuyos. Portadores de tu Amor. Mensajeros de la Esperanza”. Es un sello que nunca perderemos.



Somos pequeñas luces que colocas en

estos terribles lugares, para iluminarlos.

No nos damos cuenta, acongojados

por las dificultades.



Deseas que te llevemos a los demás, que seamos tus brazos, tus pies, tu voz. Si tuviésemos conciencia de lo que esperas de nosotros, todo sería más sencillo. Podríamos perdonar y amar. Abrazar al necesitado. Tal vez necesitamos la certeza de un propósito para acoger la esperanza y esparcirla por el mundo.



No sé para qué te cuento estas cosas. De pronto hallé en mi Biblia la respuesta y terminé de comprender:



“Ustedes son la luz del mundo: ¿cómo se puede esconder una ciudad asentada sobre un monte?



Nadie enciende una lámpara para taparla con un cajón; la ponen más bien sobre un candelero, y alumbra a todos los que están en la casa. Hagan, pues, que brille su luz ante los hombres; que vean estas buenas obras, y por ello den gloria al Padre de ustedes que está en los Cielos” (Mt 5. 13-16).



Siempre recuerdo aquella joven que una mañana se presentó a mi oficina para entregarme su renuncia.



— ¿Alguien te ha tratado mal? — le pregunté sorprendido.

— Al contrario — respondió — todos han sido muy buenos conmigo.



— Entonces, ¿por qué te marchas? — le pregunté sin entender.



Sonrió con entusiasmo y dijo:



— Es que voy tras un ideal. Quiero gastar mi vida en algo grande, que realmente valga la pena.



Años después la encontré a la salida de Misa y le pregunté:



— ¿Valió la pena?



Estaba radiante y respondió emocionada:



—Lo haría mil veces más si volviese a nacer. Siempre vale la pena vivir para Dios.



La respuesta ahora es evidente. Debemos ser la luz que ilumine a los demás. Mostrarles el camino para llevarlos a ti. Pero, somos una vela débil, tenue, ¿cómo lograr que vuelva a brillar?



Es muy fácil: recupera la gracia.

Ten vida de oración. Haz buenas obras.

Vive en Mí... y Yo seré tu luz.





***~~~***



MI PAPÁ





En agosto de 1985 me telefonearon al trabajo. Era una llamada urgente.



— Su papá está en el Hospital — me dijeron —. Es algo muy serio.



Recuerdo que me dirigí hacia allá y cuando llegué lo encontré saliendo, acostado en una camilla, de un cuarto de observaciones. Se aferró a mi brazo.



— ¡Estoy muy mal! — exclamó, mirándome angustiado.

— Será lo que Dios quiera — le respondí, y pasé mi mano sobre su frente —. Todo queda en sus manos amorosas. No te preocupes. Dios hará siempre lo que es mejor para nosotros.



Su enfermedad se agravó y me vi en la necesidad de decirle a mi mamá:

— Es probable que muera hoy, pregúntale si desea que llames a un Rabino (porque era hebreo) o a un sacerdote.



Al rato salió mi mamá y me dijo:

— Un sacerdote.

Como pude busqué uno y le explicamos la situación. Entró a conversar con mi papá. Salió de la habitación y nos dijo:

— Se quiere bautizar.



Yo fui el padrino, mi madre la madrina. Luego de recibir el sacramento, se quedó plácidamente dormido. El médico telefoneó en ese momento y una de las enfermeras me avisó.



— ¿Cómo sigue tu papá? — preguntó.

— Se quedó dormido.

— ¡Cómo! —exclamó el doctor alarmado — ¡No puede ser! ¡Lleva tres días sin dormir y le he inyectado suficientes medicamentos como para dormir a un elefante! ¡Mejor voy para allá!



— Es que se bautizó, doctor.

— Ahhhh... — suspiró — Esos son campos en los que nosotros no tenemos injerencia.



Me pidió que le pasara a la enfermera de turno y conversó largo con ella.

— ¿Qué le dijo el doctor? — le pregunté al rato.

— Que lo dejara dormir — respondió.



Lo llevaron al despertar al cuarto de Cuidados Intensivos. De este lugar escuchabas salir cantos religiosos, de alabanza a Dios. Era la voz ronca de mi papá, acompañado en este coro angelical por las voces de las enfermeras.



Dios lo había transformado. Le había devuelto la Paz en el corazón. Sabía ahora, con certeza, que ocurriera lo que fuera, Dios estaba a su lado, con él, en él, y que nunca lo dejaría.



Mi papá vivió seis años más, para dar gloria a Dios, con la comunión diaria, el ayuno, la oración fervorosa, y su ejemplo, que a todos nos fortaleció.





***~~~***





EL DÍA QUE MURIÓ MI PAPÁ





Es difícil consolar una persona que ha perdido un familiar cercano.



Imagino al buen Dios transitando por la tierra, buscando almas que adornen el Paraíso y les digo: “A veces Dios baja a la tierra, cosecha los frutos maduros y se los lleva al cielo”.



Hoy me tocó conversar con un amigo que perdió a su padre y rememoré el día que mi papá se fue al cielo. Siendo hebreo, con una familia de mucha tradición, se había convertido al catolicismo.



Recuerdo la llamada telefónica y nuestro viaje al hospital. Verlo en ese estado era muy doloroso. El sacerdote llegó y le dio la unción de los enfermos.



Yo me encontraba desbastado y le pregunté:

— Padre, ¿podríamos comulgar los presentes?



Traía con él algunas hostias consagradas y nos dio la comunión. En ese instante todo cambió. Fue como si la habitación se iluminara y la tristeza se trastocara en alegría. Una fortaleza insospechada me invadió.



Me senté al lado de mi papá y tomé su mano.



— Lo haremos juntos, le dije.



Abrí un librito de salmos que tanto le gustaba y empecé a leerle los que tenía subrayados.



Él estaba en coma y nos habían dicho que no podría escucharnos. Pero dos lágrimas corrieron de sus ojos y supe que me oía. “Sé que me escuchas”, le dije, “no te preocupes por nada”.



Rezamos, hablamos, siempre sosteniendo su mano.



Sabía que se estaba marchando y lo abracé con fuerza. Quería que supiera que no estaba solo. De pronto fue como una vela que se apaga. Suavemente dejó de respirar.



Una enfermera entró, le revisó el pulso y nos dijo:

— Ya ocurrió.



Nos pusimos de pie y rezamos un Padre Nuestro. Me coloqué junto a su cabecera y pensé: “Nunca más podré darle un beso”. Así que besé su frente largamente y guardé aquél beso en mi memoria. Luego me marché.



En el pasillo una señora compungida se me acercó y me dijo:

— Cuánto lo lamento.



— Yo no — le dije.



— Eres un bicho raro — expresó sorprendida.



Entonces le expliqué:



— Lo voy a extrañar, pero estoy feliz porque logró llegar a la meta. Está en el cielo.



La verdad es que me hace falta. Un padre a nuestro lado siempre hace falta.



Cuando pienso en él, recuerdo aquél beso de despedida y me conforto sabiendo que Dios estuvo con nosotros, que pude hacer algo por él... estar a su lado, tenerle de la mano, consolarlo cuando más lo necesitó.





***~~~***



¿Debo inquietarme por la pérdida de mi padre? A diario lo pienso y me duele, lo extraño, es cierto, pero tengo un gran consuelo y proviene de mi fe. Y aun así suelo repetir con humildad: “Creo Señor, pero aumenta mi pobre fe”.

Sé que mi padre debe estar con sus ancestros y amigos que han partido al lado de Dios, de Jesús, san José, la Virgen María.

No me canso de repetir: “Somos frutos que maduramos para Dios”. ¿Su anhelo? Tenernos junto a Él en la eternidad.

Una vez leí que la palabra “Cielo” está escrita en la santa Biblia 738 veces. El cielo prometido.

Me encanta saber que tenemos algo por lo cual vivir, una meta, nuestra eternidad, y que nuestros familiares, los que han partido, se encuentran en un lugar mejor, maravilloso, sin dolor, ni enfermedades, ni sufrimientos, ni problemas, ni angustias, donde nos esperan ilusionados.

"No se turbe vuestro corazón. Creéis en Dios: creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas mansiones; si no, os lo habría dicho; porque voy a prepararos un lugar. Y cuando haya ido y os haya preparado un lugar, volveré y os tomaré conmigo, para que donde esté yo estéis también vosotros." (Juan 14, 1-3)





***~~~***





ES HORA





Dios es maravilloso. Es el padre que corre en busca del hijo pródigo para abrazarlo, llenarlo de besos, darle nuevas vestiduras. No estás solo(a).



Nada te turbe.



Creo que es hora de dejar atrás ese resentimiento con Dios.



Nada te espante.



Sabes, una buena confesión sacramental sería un paso ideal, un primer paso para que te acerques a Dios. Limpias tu alma y lo invitas a morar en ti.



Amigos míos que se han confesado después de años me han contado la experiencia que tuvieron. Casi todos dicen lo mismo. Se acercaron al confesionario con un saco muy pesado sobre sus espaldas. Entraron encorvados, adoloridos y salieron renovados, livianos, libres de ese molesto pecado que tanto les entristecía.



Una buena confesión sana tanto como perdonar. Lo sé, lo he visto una y otra vez. Por eso en mis libros siempre escribo de ello. Nunca termino de sorprenderme.





***~~~***



SÓLO DIOS BASTA





Seguro lo notaste. A lo largo del libro te he copiado esta frase de santa Teresa: “Sólo Dios basta”.



Yo vivo de la Providencia, de mis libros. Dios y mi familia llenan mis días. Dios se hace presente cada vez con más fuerza y llena mi alma con un gozo tan grande que no sabría explicártelo. A Dios hay que experimentarlo.



Las palabras nunca serán suficientes para describir tanta bondad. Es algo que vivo y siento. Dios ha transformado mi vida, me ha llenado de esperanza, ha colmado mis ilusiones. Si buscas respuestas, las encontrarás en el Amor insondable de Dios.



Dios calmará tu dolor, su presencia amorosa será un bálsamo para tu alma. Con Dios lo tendrás todo.



Las vivencias que he tenido con Dios me han movido a la ternura. He comprobado que todas las promesas del Evangelio se cumplen , que estamos llamados a la santidad y somos hijos muy amados de Dios.



Él te ama. Dios te ama inmensamente... Desde una eternidad.



Eres especial, único(a).





***~~~***





LO QUE APRENDÍ





Los que estuvimos presentes aquella tarde en ese cuarto de hospital, no pudimos dejar de percibir esa presencia sobrenatural de Dios. Era una paz y una serenidad que todo lo envolvía y lo llenaba.



La experiencia de nuestro ser querido, con su vida y su enfermedad me enseñó tres lecciones inolvidables.



1) La vida es un viaje extraordinario.



Es un regalo, un Don que Dios nos da, la oportunidad de ganarnos el cielo prometido.



Ella supo darle sentido a cada día. Vivió a plenitud, amándonos a todos, perdonándolo todo, con la certeza del cielo, del amor de Dios, un Dios bueno, Un Dios Padre.



2) Aprendí que es verdad lo que decía santa Teresa de Jesús:



“¿Ves la gloria del mundo?

Es gloria vana.

Nada tiene de estable.

Todo se pasa.

Aspira a lo celeste

que siempre dura.

Siendo Dios tu tesoro nada te falta.

Y aunque lo pierdas todo...

Sólo Dios basta”.



3) Lo tercero que aprendí es que somos como frutos, que maduramos para Dios. Cada día Dios baja a la tierra y cosecha los mejores frutos, los más bellos, los más dulces y se los lleva con Él al Paraíso. Esa tarde, pasó por el hospital y vio el fruto más hermoso de todos y lo llevó consigo.



Esta dolorosa experiencia me enseñó la más importante de todas las lecciones: “Debemos amar, dar frutos de eternidad”. Y sobre todas las cosas: “Debemos confiar, porque Dios, nuestro Padre, todo lo hace bien”.



Ánimo, no tengas miedo, no dudes, no te inquietes. Dios va contigo. Confía. Todo saldrá bien. Tienes una maravillosa eternidad por delante.





***~~~***



“A sí como Jesucristo está vivo en el cielo rogando siempre por nosotros, así también en el Santísimo Sacramento del altar, continuamente de día y de noche está haciendo este piadoso oficio de abogado nuestro, ofreciéndose al Eterno Padre como víctima, para alcanzarnos innumerables gracias y misericordias".

(San Alfonso Mª. de Ligorio)



Escuché en un programa de radio estas palabras de santa Teresa de Jesús:



“Dios está en todas partes.

Y donde está Dios, está el cielo.

Donde está su majestad,

está toda su gloria.



Para hablar con Dios

no necesitas ir al cielo,

basta ponerse en su presencia”.



Es lo que te propongo que hagamos, que nos pongamos en su presencia santa para hablar con él este rato, que pasaremos unidos en oración. Le dedicaremos unos minutos a Dios. Y de alguna forma, tal vez sumergiéndonos en su inmenso e infinito amor, le robaremos su Corazón de Padre, que todo lo da a los que ama desde la eternidad.



Espero que disfrutes este libro Sobre el amor al Sagrado Corazón de Jesús y te sea de bendición.

* * *

Cuando llegue, Dios

encontrará mi alma dispuesta.

Mi corazón a la espera.

En mis labios una oración.



***~~~***





TE LO DOY TODO SEÑOR





La vida del hombre que se decide por Dios, se transforma. Renacen la fe, la esperanza, la alegría en los pequeños detalles de la vida, la santidad.



Recupera el estado de gracia. Cuídalo como un tesoro. Ten presencia de Dios en tu vida. De esta forma, todos tus actos, por pequeños e insignificantes que parezcan, tendrán un mérito infinito, inmenso, a los ojos de Dios.



Dios es y basta. No necesitamos más. ¿Te decidirás a buscarlo? Él renovará tu vida y la llenará de sentido.



San Ignacio de Loyola solía repetir una oración que me encanta. Con ella en los labios y el corazón iniciaremos este camino que nos llevará a Dios.



“Toma, Señor y recibe toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad. Tú me lo distes; a Ti Señor, lo torno. Todo es tuyo. Dispón de ello según tu voluntad. Dame Tu amor y Tu gracia, que estás me bastan”.





***~~~***



TE LLAMARÉ TERNURA



A veces, no sé por qué me nace del alma una infinita ternura, es como si Dios se hiciera presente y me envolviera en su Amor. No siempre he comprendido del todo estos acontecimientos, solo sé que me ocurren y me da por hacer cosas curiosas.

El otro día me paré frente a la ventana del trabajo y mirando una capilla lejana, le canté villancicos al buen Jesús. Lo imaginaba escondido en aquél sagrario, sin nadie que lo visitara.

Quería tenerlo contento, hacerlo sonreír.

—Debo estar loco −pensé− pero sentía que a Él le agradaba esto. Que lo recordaran, que pensaran en Su Amor.

—Tal vez los villancicos son una forma de oración—, me dije. Y continué cantando, diciéndole que lo quería.

Otro día recordé que estando tan cerca, poco lo visitaba. Por eso a ratos, cerraba los ojos y con mi mente me trasladaba al oratorio y le hacía compañía. Es tan grato estar en Su presencia.

Cuando pienso en Jesús, me da por hacer cosas. Hoy, por ejemplo, me he quedado despierto hasta media noche, para escribirte. Y contarte mis vivencias. A esta hora todos duermen en casa y puedo pensar, rezar, reflexionar. Hasta me da por cambiarle el nombre, lo llamo “Ternura” −vaya ocurrencia la mía−.

Lo que más me agrada es cuando experimentas Su cercanía… sabes que es Él y está cerca. Te inunda un amor inexplicable…

Le queremos más que nunca y se lo decimos. Entonces me parece verlo sonreír de tanta alegría en aquel sagrario, y con tanto amor, que todo es luz, serenidad y paz. Y es cuando escuchas en el alma sus dulces palabras:

—Yo también te quiero.



***~~~***



¿CÓNFÍAS EN DIOS?





Qué difícil es conseguir la serenidad. Los momentos de tribulación están a la vuelta de la esquina acechando.



Decía san Francisco de Asís que la perfecta alegría es aceptar de buena gana todo lo que nos pase, ofreciéndolo para la gloria de Dios, quien siempre sabe sacar cosas buenas de las malas. Pero a mí se me hace tan difícil. Por ello me he propuesto bendecir cuando deseo maldecir, perdonar cuando la razón me pide odiar.



Me he propuesto dejarlo todo en las manos de Dios. Y aprender a confiar. Es necesario que pases el trago amargo si quieres ser discípulo de Jesús. ¿Qué más podemos esperar? Somos discípulos del crucificado.



Tenemos la esperanza de parecernos a Él. “Varón de dolores”. El discípulo desea siempre parecerse a su Maestro.



Con estos pensamientos decidí visitar a Jesús Sacramentado. Él siempre tiene las respuestas. Sabe qué hacer. Es mi amigo. Y le quiero mucho.



Entré adolorido a la Iglesia, procurando perdonar. Entonces encontré unos folletos sobre los mártires claretianos de Barbastro, sacrificados durante la guerra civil española.



Un sacerdote muerto en agosto de 1936 me estaba hablando.

Unas breves palabras suyas me bastaron para acompañarlo en su dolor mientras espera ser asesinando. Me enseñaba a perdonar. Lo mío, comprendí, no es nada, al lado de lo que ellos tuvieron que pasar. Cuánta fe, cuánto valor...



“Pasamos el día en religioso silencio y preparándonos para morir mañana. Sólo el murmullo santo de las oraciones se deja sentir en esta sala, testigo de nuestras duras angustias. Si hablamos es para animarnos a morir como mártires; si rezamos es para perdonar. ¡Sálvalos, Señor, que no saben lo que hacen!” (Faustino Pérez cmf.)





***~~~***





LA PRESENCIA DE DIOS





Hay que ser como niños para entrar al Reino de los Cielos. Nos falta de ellos: la pureza de corazón. Un corazón puro para recibir a Nuestro Señor. Convertirnos en un Sagrario Vivo, donde haga su morada. Revestirnos de Cristo. Ser uno con Él.



A menudo nos asaltan las dudas, es normal que las tengas, somos de barro y Dios lo sabe, Él conoce nuestras intenciones, nuestro corazón, sabe de qué estamos hechos. Por eso es comprensivo y nos ayuda en nuestra vida para que podamos ser felices y llegar a vivir con Él en la Eternidad.



Supe de este buen sacerdote que se llenó de dudas y decidió ir a un retiro espiritual. El tercer día se colocó bajo un árbol frondoso. Con su sombra se cobijó del sol del mediodía, Era un día particularmente seco, sin brisa alguna, un día caluroso. Entonces desesperado empezó a gritar:

—Señor, ¿Qué quieres de mí? Contesta, ¿Quién soy para ti?



De pronto una suave brisa, lo envolvió, y con la claridad de aquél día escuchó una voz amable que le decía:

—Tú eres mío.



Con lágrimas bañándole los ojos regresó ante su director espiritual, convencido de su pertenencia a Dios. Y continuó santificándose en su sacerdocio.



La mano de Dios está presente siempre en nuestras vidas. He comprobado las palabras de la Santa Biblia: “Todo ocurre para bien de los que ama el Señor”.





***~~~***





PREPARATE PARA LA PRUEBA





Un seminarista me contó de un amigo que se arruinó en los negocios.

— He perdido toda mi fortuna —le dijo abatido, y preguntó—. ¿Qué debo hacer?

— Busca a Dios —le encomendó el seminarista.



El hombre siguió este consejo. Y encontró algo que nunca había conocido: “Presencia de Dios. Paz interior”.



Ha regresado a los negocios con una nueva perspectiva, una nueva mirada hacia sus semejantes. Y ha vuelto a florecer su empresa. Dedica ahora tiempo para profundizar su relación con Dios, ayuda a sus semejantes, y es feliz.



San Felipe Neri escribió emocionado: “Como es posible que alguien que cree en Dios pueda amar algo fuera de Él”.



Buscar a Dios, ganar su corazón, no está exento de dificultades. Es la mejor decisión que puedes tomar y requiere de valor y sacrificios, como todos los grandes logros en la vida.



* * *



“Si te has decidido a servir al Señor, prepárate para la prueba. Conserva recto tu corazón y sé decidido, no te pongas nervioso cuando vengan las dificultades.



Apégate al Señor, no te apartes de Él; si actúas así, arribarás a buen puerto al final de tus días. Acepta todo lo que te pase y sé paciente cuando te halles botado en el suelo. Porque, así como el oro se purifica en el fuego, así también los que agradan a Dios pasan por el crisol de las humillaciones. Confía en Él y te cuidará; sigue el camino recto y espera en él. Recuerden lo que les pasó a sus antepasados; ¿quién confió en el Señor y se arrepintió de haberlo hecho? ¿Quién perseveró en su temor y fue abandonado? ¿Quién lo llamó y fue abandonado? Pues el Señor es ternura y misericordia; perdona nuestros pecados y nos salva en los momentos de angustia”. (Siracides 2, 1-11)





***~~~***





DIOS ESTÁ CERCA





* Hoy es un día especial. Dios está cerca.



Hay días en que está más cercano, porque el corazón del hombre está dispuesto.



* Confía en Dios, tu Padre.



* Cada vez que una pequeña chispa salta en mi corazón ha venido el Buen Dios a soplar para convertirla en una hoguera.



De Dios procede la serenidad. El saber que nada nos ocurrirá pues Él está con nosotros.



De Dios procede este Amor que nos envuelve y abraza el corazón. Que nos hace llorar de emoción... El Buen Dios, todo Amor y Misericordia.



De Dios procede esta inmensa alegría que nos hacer querer compartirla. Es tanta que sobra.



De Dios procede esta ternura que nos hace desear abrazar al enfermo, al hambriento, al anciano, al hermano, al solitario.



Dios todo lo da en abundancia. Así de maravilloso es.



La vivencia de Dios es algo que no se puede explicar. Llevas una dulzura por dentro. La más leve falta se vuelve insoportable.



* Dame Señor la gracia de poder confiar en ti plenamente, ciegamente, en todo momento.



* Sólo necesitas a Dios. Apégate al Señor, y saldrás victorioso.



* Tu vida debe transcurrir confiando y esperando en Dios.



* A Dios le encanta cuando sus hijos amados se esfuerzan por cambiar, cuando humildemente se acercan a la oración.



* Cumple la misión que Dios te ha encomendado. Hazlo con paciencia, humildad y amor, sin esperar nada a cambio. Hazlo sólo, porque Dios te lo pide. Hazlo porque lo amas, con todo el corazón.



* Leía el sacerdote de la Carta del Apóstol Santiago: “Hermanos: Sean pacientes hasta la venida del Señor. Vean cómo el labrador, con la esperanza de los frutos preciosos de la tierra, aguarda pacientemente las lluvias tempraneras y las tardías. Aguarden también ustedes con paciencia y mantengan firme el ánimo, porque la venida del Señor está cerca...” De pronto escuché algo que no había oído antes y me dejó pensativo: “No murmuren, hermanos, los unos de los otros, para que el día del juicio no sean condenados”.



Qué poco sabemos...



“Coloca Señor un guardia en mi boca, un centinela a la puerta de mis labios”. (Salmo 141)



* Cuánto dolor debe experimentar Jesús, que todo lo ve y nos ama tanto.



La misma lengua que lo sostiene, es la lengua que murmura y hiere.



La misma mano que lo recibe, es la mano que mata y roba.



El mismo cuerpo que lo acoge, lo profanamos con el pecado.



Perdón Señor, perdón...



* Jesús nos pide perdonar setenta veces siete, y en su bondad, nos enseña el camino, perdonando siempre nuestras ofensas.



* Dios todo lo puede. Y si llevas a Dios contigo, si vives en su presencia, también lo podrás todo.



* Los santos suelen decir que Dios habita en el interior del hombre y que podemos encontrar a Jesús, no sólo en la Santa Eucaristía sino también en el pobre, el que sufre, el vecino, aquél inválido que nadie acompaña.



* Hemos dejado tan solo a Dios.



* Recuerdo una visita que hice a un Hogar para ancianos. Una bella ancianita me tomó del brazo y me dijo:

— ¿Me ayuda a ir a mi casa?

—Será un honor servir a tan bella dama –le respondí.



Ella me sonrió feliz y dijo:

—Sabe, mi hijo es doctor. Yo me sacrifiqué mucho y le ayudé a ser médico. Pero vive lejos de aquí. Y no puede venir.



Me preguntó si tenía hijos, si trabajaba, cuál era mi nombre. Entonces agregó:

—Sabe, mi hijo es doctor.



* Te turbas con demasiada facilidad. Es que no tienes el corazón puesto en el Cielo.



* — Consoladme —parece decirnos Jesús desde el Sagrario, por todos los que no me aman.



* Tienes la Hostia Consagrada y le dices: “Sé que eres que tú, Jesús”. Y te confrontas a diario porque sólo ves un pedacito de pan.



* Ayer, mientras repartía la Santa Comunión, entre una persona y otra, le decía a Jesús Sacramentado: “Creo Señor... pero aumenta mi fe”.



* Renuncia a ti mismo. ¿Es tan difícil?



* A veces miro de reojo hacia el Sagrario y le susurro: “Tú y yo. Siempre juntos, Jesús”.



* ¿Visitas a Jesús? No imaginas con cuánta ilusión te espera.



* Desea los bienes eternos, la gloria de Dios. Y esfuérzate por conseguirlos.



* Te preocupas demasiado por lo que los demás piensan de ti. He conocido muchos que vivían con esta inquietud. La cartera, la ropa, los zapatos, el auto, el reloj... Hasta que se encontraron con Jesús. Ahora les importa lo que Dios piensa de ellos.



* No te preocupes. Con Dios, lo mejor siempre está por venir.



* Le perteneces a Dios. Camina recto delante de Él.



* Ten contento al Señor, con tus buenas obras, aceptando en todo su Santa Voluntad.



* Cada vez que lo permites, Dios se hace presente en tu vida. Te llena. Te da paz interior. Y Vida Eterna.



* Sediento estoy de Dios. Del Dios de la vida (salmo 42).



* Asiste a la Santa Misa con regularidad, como enseñaba un sacerdote: “porque estás convencido, porque te quieres encontrar con Dios”.



* Te imagino totalmente entregado a Dios. Silencioso. Pensativo. Disfrutando plenamente de esa Paz y ese Amor que sólo Dios sabe dar. Disfrutando y guardando celosamente este secreto tan íntimo. Dios y uno. Con su grandeza, su Amor, y su Misericordia.



* Cumple la misión que Dios te ha encomendado. Hazlo con paciencia, humildad y amor, sin esperar nada a cambio. Hazlo sólo, porque Dios te lo pide. Hazlo porque lo amas, con todo el corazón.



* Dios siempre nos da experiencias hermosas e inesperadas. Te contaré una reciente... La semana pasada estuve en una provincia al norte de mi país. Aproveché un rato libre y fui a saludar a Jesús Sacramentado en una iglesia franciscana a la que me gusta ir cada vez que estoy de gira. Me quedé acompañándolo y luego pasé a la Radio Católica, feliz por saludar a los amigos.



La directora de la emisora me invitó a participar en su programa, y quedamos en vernos a las tres de la tarde. En eso me indicó un muchacho que salía de la cabina de grabación.



—Quisiera presentárselo — me dijo —. Es un joven sacerdote. Recién ordenado.

— Qué alegría poder conocerlo — le dije, mientras estrechaba sus manos consagradas. En eso me dio por inclinarme y besárselas con profunda devoción.

— No he besado tu mano – le expliqué. — Besé la mano de Cristo, que habita en ti.



Por la tarde, cuando regresé a la Radio, la encargada me contó:

— Usted lo ha dejado pensativo. Él nunca se esperó esto.

— Yo tampoco. Es algo que me nació del corazón.

— Pero no se imagina cuánto le va a servir.

—Son las cosas de Dios — nos dijimos. — ¡Siempre hace maravillas!



* A veces dejamos muy solo a Jesús Sacramentado. Este jueves, lo visité en una Iglesia cercana a mi trabajo. El Sagrario se encontraba abierto y no había nadie haciéndole compañía.



Me quedé un rato con Él, y antes de irme, tuve el cuidado de cerrar las puertas del Sagrario para protegerlo de cualquier mal.



* * *



Dios es maravilloso.

El que no lo ve es porque

tiene cerrados los ojos y el corazón.



Aún en el lugar más

tenebroso, hay una llamita

que Dios ha sembrado para

iluminar el camino de los suyos.





***~~~***





UN NUEVO TRABAJO





Supongamos que una mañana te sientas a desayunar, después de una noche de sueño acogedor. Tomas el diario dominical mientras te sirves el café y encuentras este curioso anuncio en la sección de clasificados:



SE BUSCAN: católicos que sepan amar, que sean alegres, que vean a Jesús en los demás, y reconozcan que la vida es un tesoro, un regalo maravilloso de Dios.



TRABAJO: Llevar el Reino de Dios a los demás. Salvar almas. Devolver la esperanza a este mundo cansado.



SALARIO: La Vida Eterna.



Alguien podrá pensar:

— ¿Será una broma? ¿Cómo trabajar si no te pagan en dólares?



Amigo, te ofrecen la mejor paga de este mundo: “pasar la eternidad en el Paraíso”. Es tan bueno este salario que muchos santos, en medio de sus tormentos y martirios, con sólo pensar en lo que Dios les tenía preparado en el Paraíso, se llenaban de ánimo y ofrecían sus cuerpos al verdugo para ser triturados como el trigo que ha de morir para renacer.



— Bueno, empieza a interesarme... ¿Y dónde puedo retirar una solicitud para este trabajo?

— En tu corazón, allí donde Dios te habla, y en tu alma, donde guardas la gracia olvidada y que has de recuperar mediante el Sacramento de la Reconciliación, con un arrepentimiento verdadero.

— ¿Y las condiciones del trabajo?

— Están todas escritas en el Evangelio.

— ¿Seré apto? A veces soy un poco débil, y me inclino al mal, con mis pensamientos y acciones.

— Dios te conoce. Sabe que eres de barro. Lo único que pide de ti es que quieras intentarlo. El resto, lo proveerá Él.

— No soy humilde.

— Lo llegarás a ser. Muchos santos tenían un carácter difícil y pidieron a Dios esta gracia.

— Pero tengo muy mal carácter.

— San Francisco de Sales tenía un carácter insoportable. Y dándose cuenta de ello le pidió a Dios que lo hiciera amable con todos. De esta forma, esforzándose, poniendo de su parte, y con la gracia de Dios, llegó a ser el santo de la amabilidad. Tan impresionante fue su cambio y su vida que Don Bosco quiso usar su nombre para la congregación que estaba fundando y por ello se llaman: “Salesianos”.



En Conclusión: “Eres Apto”.



Dios no rechaza a nadie que venga con recta intención, con el deseo de encontrarlo y servirle. Lo importante es que seas honesto contigo mismo y con Él. Pasa adelante y te daremos tu nuevo carné en el que se lee: “siervo del Señor”. No esperes a cambio favores, ni aplausos. Te harían mucho daño.



No podrás decir:

— Señor, mira todas las cosas buenas que hice por ti.

Porque solamente te dirá:

— Muy bien.

— ¿Sólo eso?

— Recibiste tu premio en vida. ¿Qué más deseas? Buscaste ser adulado y lo conseguiste.

— No comprendo.

— Derrochaste un tesoro al buscar tu propia alabanza y no la de Dios.

— Pero en tu nombre hice muchas cosas buenas.

— No todo el que dice Señor, Señor, entrará en el Reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre.



Dios espera algo grande de ti: “que correspondas a su Amor”. Esto implica vivir el amor, en tu casa, en la calle, en tu trabajo; cambiar el mundo, por amor a Dios, con su Amor. Morir cada día a nosotros y vivir en el corazón de Dios.



Ahora que lo sabes, porta tu identificación con alegría. Es sólo para ti, para que te acuerdes de la misión que emprendes al seguir los pasos del Maestro sirviendo con humildad, haciendo el bien.





***~~~***





IMAGINA





Imagina cómo sería el mundo si Cristo habitara en nosotros. Podríamos decir en verdad: “No soy yo, es Cristo quien vive en mí”.



¿Imaginas todo el bien que haríamos?



Podrías salir a cualquier hora de la noche porque todos serían tus hermanos. No habría ofensas, sino amor. Llenaríamos el mundo de amor, lo llenaríamos de Dios. La miseria del mundo desaparecería, sin violencia, por el camino de Dios. En nuestro corazón se borrarían los malos deseos, crecería el anhelo de amar y compartir. Seríamos como los primeros cristianos. Dando ejemplo con nuestras vidas, al punto que todos exclamarían: “Miren cómo se aman”.



Imagina cómo sería nuestra vida de hermosa. Llevando a Jesús a los demás. Siendo Sagrarios vivos.



Imagina el fuego en tu corazón, el fuego de Dios, que se esparce como la brisa fresca para dar alivio al que sufre. Desplegaríamos el alma para recibir el soplo de Dios, su Ternura y su Amor. Los pondríamos a todos en nuestro corazón y les ayudaríamos a transformar sus vidas. Pasaríamos por el mundo haciendo el bien.



***~~~***



DIOS EN MÍ



Cuando Dios habita en nosotros, el mundo cambia. Todo lo vemos desde otra perspectiva. Nos volvemos optimistas, alegres, deseosos de ayudar y amar al prójimo. Son momentos en que la vida cobra significado.



Así lo describió Chiara Lubich: “Muchas veces hacemos propósitos. Y no siempre conseguimos mantenerlos. Pero esporádicamente, en algún caso, adviertes que no eres tú quien los hace. Que hay Otro que llama dentro de ti suave pero decididamente. Entonces sí que parece que no puedes dejar de mantenerlos.



Hay que agradecer a Dios estos divinos momentos en que nos llama a esa Otra vida que vive dentro de nosotros, donde toda nota se afina, toda tiniebla se ilumina, todo pliegue se alisa y todo vacío se llena de Él. Y esto puede suceder en cualquier momento del día.



Uno siente que somos dos: Él en mí y yo en Él. Y, sin embargo, somos uno: yo, agua de este manantial, flor de esta semilla divina, testigo de su realidad que llena mi ser. Esta sí es vida”.



* * *



¿Te ha ocurrido alguna vez? Tal vez más a menudo de lo que piensas, sobre todo cuando recibes a Jesús dignamente en la comunión. En esos momentos te conviertes en un Sagrario vivo, para Jesús.





***~~~***





LAS DOCE PROMESAS





En mayo de 1673, el Corazón de Jesús le dio a Santa Margarita María para aquellas almas devotas a su Corazón las siguientes promesas:



* Les daré todas las gracias necesarias para su estado de vida.



* Les daré paz a sus familias.



* Las consolaré en todas sus penas.



* Seré su refugio durante la vida y sobre todo a la hora de la muerte.



* Derramaré abundantes bendiciones en todas sus empresas.



* Los pecadores encontrarán en mi Corazón un océano de misericordia.



* Las almas tibias se volverán fervorosas.



* Las almas fervorosas harán rápidos progresos en la perfección.



* Bendeciré las casas donde mi imagen sea expuesta y venerada.



* Otorgaré a aquellos que se ocupan de la salvación de las almas el don de mover los corazones más endurecidos.

* Grabaré para siempre en mi Corazón los nombres de aquellos que propaguen esta devoción.



* Yo te prometo, en la excesiva misericordia de mi Corazón, que su amor omnipotente concederá a todos aquellos que comulguen nueve Primeros Viernes de mes seguidos, la gracia de la penitencia final.



No morirán en desgracia mía, ni sin recibir sus Sacramentos, y mi Corazón divino será su refugio en aquél último momento.





***~~~***





PALABRAS DE JESÚS PARA TI





Yo soy amante de la pureza, y dador de toda santidad. Yo busco un corazón puro, y allí es el lugar, de mi descanso. Prepárame una sala grande y adornada, y celebraré contigo la pascua con mis discípulos.



Si quieres que venga a ti y me quede contigo, arroja de ti la levadura vieja, y limpia la morada de tu corazón. Desecha de ti todo el mundo, y todo el ruido de los vicios; siéntate como pájaro solitario en el tejado, y piensa en tus excesos con amargura de tu alma. Pues cualquier persona que ama, dispone a su amado el mejor y más aliñado lugar: porque en esto se conoce el amor del que hospeda al amado.



Pero sábete que no puedes alcanzar esta preparación con el mérito de tus obras, aunque te preparases un año entero y no pensases en otra cosa. Mas por sola mi piedad y gracia se te permite llegar a mi mesa; como si un rico convidase e hiciese comer con él a un pobre mendigo que no tuviese otra cosa para pagar este beneficio sino humildad y agradecimiento.



Haz lo que este de tu parte, y hazlo con mucha diligencia, no por costumbre, sino por necesidad; sino con temor, no por costumbre, ni por necesidad; sino con temor, reverencia y amor recibe el cuerpo de Jesucristo, tu amado Dios y Señor que se digna venir a ti. Yo soy el que te llame y mande que vinieses, yo supliré lo que te falta; ven y recíbeme.



Cuando yo te concedo afectos de devoción, da gracias a tu Dios, no porque eres digno, sino porque tuve misericordia de ti. Si no sientes devoción, y te hayas muy seco, persevera en la oración, gime, llama y no ceses hasta que merezcas recibir una migaja, o una gota de gracia saludable.



Tú me necesitas a Mí; yo no necesito de ti. Ni tú vienes a santificarme a Mí; sino que yo vengo a santificarte y mejorarte. Tú vienes para que seas por Mí santificado y unido conmigo, para que recibas nueva gracia, y te enfervorices de nuevo para la enmienda.



No desprecies esta gracia, más bien prepara con toda diligencia tu corazón, y recibe dentro de ti a tu amado.



Pero conviene que no solo procures la devoción antes de comulgar, sino que también la conserves con cuidado después de recibido el Sacramento.



Guárdate de hablar mucho, recógete a algún lugar secreto, y goza de tu Dios; pues tienes al que no te puede quitar todo el mundo. Yo soy a quien te debes entregar sin reserva, de manera que ya no vivas en ti, sino en Mí sin cuidado alguno. (Imitación de Cristo)





***~~~***





ORACIÓN AL SAGRADO CORAZÓN

DE JESÚS, PARA UNA GRAVE

NECESIDAD





Oh Divino Jesús que dijiste: «Pedid y recibiréis; buscad y encontraréis; llamad y se os abrirá; porque todo el que pide recibe, y el que busca encuentra, y a quien llama se le abre». Mírame postrado a tus plantas suplicándote me concedas una audiencia. Tus palabras me infunden confianza, sobre todo ahora que necesito que me hagas un favor:



(Se ora en silencio pidiendo el favor)



¿A quién he de pedir, sino a Ti, cuyo Corazón es un manantial inagotable de todas las gracias y dones? ¿Dónde he de buscar sino en el tesoro de tu corazón, que contiene todas las riquezas de la clemencia y generosidad divinas? ¿A dónde he de llamar sino a la puerta de ese Corazón Sagrado, a través del cual Dios viene a nosotros, y por medio del cual vamos a Dios?



A Ti acudimos, oh Corazón de Jesús, porque en Ti encontramos consuelo, cuando afligidos y perseguidos pedimos protección; cuando abrumados por el peso de nuestra cruz, buscamos ayuda; cuando la angustia, la enfermedad, la pobreza o el fracaso nos impulsan a buscar una fuerza superior a las fuerzas humanas.



Creo firmemente que puedes concederme la gracia que imploro, porque tu Misericordia no tiene límites y confío en que tu Corazón compasivo encontrará en mis miserias, en mis tribulaciones y en mis angustias, un motivo más para oír mi petición. Quiero que mi corazón esté lleno de la confianza con que oró el centurión romano en favor de su criado; de la confianza con que oraron las hermanas de Lázaro, los leprosos, los ciegos, los paralíticos que se acercaban a Ti porque sabían que tus oídos y tu Corazón estaban siempre abiertos para oír y remediar sus males.



Sin embargo... dejo en tus manos mi petición, sabiendo que Tú sabes las cosas mejor que yo; y que, si no me concedes esta gracia que te pido, sí me darás en cambio otra que mucho necesita mi alma; y me concederás mirar las cosas, mi situación, mis problemas, mi vida entera, desde otro ángulo, con más espíritu de fe.





***~~~***



MI AMIGO DEL SAGRARIO





Siempre he pensado en Jesús, escondido en el Sagrario. Me detengo a reflexionar qué hace allí todo el tiempo.



Cómo es posible que se quede inmóvil en una hostia santa, dispuesto a aceptar lo que hagamos con ella. Ser adorado, movido, llevado a otro lado, ultrajado. Él calla y lo acepta todo.



Recuerdo que una vez fui a visitarlo y le pregunté: “¿Qué haces aquí todo el tiempo?” Y me pareció que respondía con una palabra: “Amar”.



Por algún motivo lo he pensado como un niño que espera a sus amigos para compartir con ellos. Y se ilusiona y se emociona con