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Cuando te encuentre

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Year:
2020
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spanish
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1

Cuando te enamores del viento

Year:
2021
Language:
spanish
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2

Der Stuermer - 1940 Nr. 25

Language:
german
File:
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Cuando te encuentre

Copyright © 2020 Michelle Fernandez

Todos los derechos reservados.


Ninguna parte de esta publicación puede ser reproducida, distribuida o transmitida de ninguna forma o medio, incluyendo electrónica, física, fotocopiada, grabación o de otra manera, sin el consentimiento por escrito del autor, excepto para el uso de citas breves en una reseña del libro.

Esta es una obra de ficción. Los nombres, personajes, negocios, lugares, eventos e incidentes son de la imaginación del autor y son ficticios. Cualquier parecido con personas reales, vivas o muertas, o eventos reales es pura coincidencia.



Diseño de portada: T.E. Black Designs

https://www.teblackdesigns.com


Traducción:

Daisy Services for Authors

https://www.daisyauthorservices.com





Tabla de contenido

Playlist

Dedicatoria

Uno

Dos

Tres

Cuatro

Cinco

Seis

Siete

Ocho

Nueve

Diez

Once

Doce

Trece

Catorce

Quince

Dieciséis

Diecisiete

Dieciocho

Diecinueve

Veinte

Veintiuno

Veintidós

Veintitrés

Veinticuatro

Veinticinco

Veintiséis

Veintisiete

Veintiocho

Veintinueve

Treinta

Treinta y uno

Treinta y dos

Treinta y tres

Epílogo

Un Adelanto

Agradecimientos

Sobre la autora





Playlist





Till I Found You - Phil Wickman

Collide - Howie Day

Love Someone - Lukas Graham

I Was Made For Loving You - Tori Kelly

Can’t See Straight - Jamie Lawson

Heaven - Kane Brown

Your Body Is A Wonderland - John Mayer

Demons - Imagine Dragons

Broken - Seether

On My Own - Ashes Remain

The Mess I Made - Parachute

She Is Love - Parachute

Kiss Me Slowly - Parachute

I Won’t Give Up - Jason Mraz

Circle Game - Pink

Come On Get Higher - Matt Nathanson

A Drop In The Ocean - Ron Hope





Dedicatoria



Para Oliver Drew

Sé que estás cantando, riendo y jugando

con todos los ángeles en el cielo





Uno

Julian



Miro los papeles que tengo regados sobre el escritorio. He revisado hasta el último detalle del archivo de este caso durante las últimas horas, un caso que no era mío, comenzando por ahí. La puerta de mi ofic; ina generalmente está abierta, ya que así es como opera esta empresa.

Aquí no escondemos nada.

Pero ahora, la puerta está cerrada porque le robé este caso a mi compañera de equipo, sí soy un cabrón, pero no me arrepiento.

Esta mujer en el archivo es como una sirena cantando una tonada que sólo yo puedo escuchar, llamándome. Al mismo tiempo, algo de mi pasado me atrae, me persigue, me hace mirar hacia otro lado. Hay algo acerca de esta mujer que confunde mis pensamientos.

Necesito aclarar mi cabeza, guardar todas mis emociones y mantener el control.

Es la única forma en que puedo cumplir con el encargo.

Me froto los ojos con los dedos, miro hacia arriba para darles un respiro.

El cliente es el juez Frank Channing, el padre de la mujer, un hombre muy respetado en los tribunales. Tiene estrechos vínculos con Charles “Knox” Fremont, jefe de seguridad y fundador del “Grupo de inteligencia y seguridad Knox”. Entonces, cuando el juez Channing pidió un guardaespaldas para vigilar a su hija, Knox lo aceptó de muy buena gana.

El caso Channing es complicado y muy diferente de los que hemos tenido en el pasado. Knox quiere que esta asignación se maneje con pinzas. El pasado de la señorita Channing requiere ese tipo de cuidado. Knox originalmente asignó a Rochelle, nuestra agente operativa femenina para que la siguiera, porque no asustaría fácilmente a la señorita Channing.

Miro la foto polaroid que descansa junto al archivo del caso con toda su información.

Nombre: Chloe Harper Channing

Ocupación: Pediatra – Hospital General de San Francisco

Edad: Veintinueve años

Estatura: 1,75

Cabello: Castaño

Ojos: Aguamarina

Maldita sea… esos ojos. Me atrapan como una polilla volando directamente a la llama.

Mis pensamientos vuelven a la noche en que conocí a Chloe Channing hace dos años. Su rostro angelical fue una llamarada en el mar de invitados en el evento de gala para recaudar fondos. Cuando nuestros ojos se encontraron y toqué su mano, recibí un golpe en el estómago que me dejó sin aire. Pero no era el momento adecuado para involucrarme con una mujer.

No tenía tiempo para el romance, ni lo estaba buscando.

La oscuridad en lo profundo de mi corazón y la persistente sombra que se ha anidado allí todavía me persigue. Mi vida es complicada, sumar una mujer a la ecuacion me jodería aún más.

Gimo ante la ironía de las segundas oportunidades.

¿Qué tiene esta asignación que me llama, que me impulsa a proteger a Chloe?

Mis ojos se vuelven hacia otra foto, otra mujer, en un marco de madera en la esquina de mi escritorio. Me duele el corazón cada vez que la veo. Beso las yemas de mis dedos, pidiendo por ella en silencio y con esos dos dedos le toco la cara. Es mi ritual antes de comenzar cualquier asignación y un recordatorio constante de por qué hago esto.

Hay un ruido fuera de mi oficina y el rugido de la voz de una mujer en particular que he estado evitando durante los últimos días. He trabajado en KSIG durante cuatro años, reconocería su voz en cualquier lugar, su ligero acento de Nueva York no se le quita y su voz tiene un tono impactante.

¡Maldita sea, estoy en serios problemas!

Rápidamente recojo los papeles y fotos restantes mientras la puerta se abre, golpeando contra la pared opuesta.

—¿Qué diablos hiciste, Booker? —Rocky irrumpe en mi oficina, con los brazos arriba en señal de enojo llamándome por mi apodo, en otras palabras, come-libros—. Acabo de llegar de la oficina de Knox. ¿Por qué tomaste el caso Channing? Sabes que he estado trabajando en eso durante los últimos cuatro meses.

—No tengo tiempo para esto, tengo un vuelo que tomar. —Me pongo de pie, recojo el sobre manila y lo guardo en mi maletín de cuero.

—¡No me importa si te espera el mismísimo avión presidencial! No irás a ningún lado hasta que me digas lo que está pasando. Ese fue un movimiento de mierda lo que hiciste, y lo sabes. —Ella clava su dedo en mi pecho—. No tienes por qué hacerte cargo de mi caso.

¡Ay! Me froto el pecho.

—Finalmente conseguí que confiara en mí y honestamente puedo decir que nos hemos hecho amigas —dice Rocky con los ojos entrecerrados.

—Todavía puedes ser su amiga —le digo con indiferencia.

—Eres un idiota. ¿Qué tienes en la cabeza? —Me envía una mirada de “te cortaré la garganta”.

Echo un vistazo a la puerta que Rocky dejó abierta. Me río al ver a cada compañero de equipo pasar de puntillas por mi oficina para esquivar la discusión, excepto Lincoln, que nunca se perdería la oportunidad de escuchar ni un chisme.

Sacudo la cabeza mientras miro a Lincoln apoyado en el marco de la puerta con su habitual sonrisa arrogante. No espero menos del cabrón.

Rochelle Yamaguchi, también conocida como Rocky, no es sólo una compañera de equipo, es como la hermanita del equipo, nuestra princesa Samurái y la recluta más joven de KSIG. Con la apariencia de una chica inocente, que no mide más de metro y medio, pero quien la conoce bien, sabe que subestimarla es un grave error. Ella puede defenderse y el equipo la respeta mucho. Es tranquila e intuitiva, perfecta para recopilar información y el equipo ha presenciado de primera mano que ella puede noquear a quien se le ponga enfrente. Uno nunca querría estar en el blanco de sus puños y patadas.

Si me hubiera acercado a Rocky por primera vez en relación con el caso Channing, ella me habría dado una patada en el culo. Entonces, como el imbécil que soy, fui a sus espaldas.

—Está bien, tienes razón… Soy un imbécil y debería haber hablado primero contigo. Mira, es sólo por las próximas semanas. Después de que la señorita Channing regrese de sus vacaciones, puedes continuar como si nada.

—¿En serio? Tienes que estar de joda. ¿Todo esto es una gran estrategia para ganarte un viaje a las Bahamas?

¿Una estrategia? Si ella supiera. Tuve que sobornar a Knox con una botella de Macallan de dieciocho años, su whisky favorito, a cambio del caso de Rocky. Knox agradeció mi persistencia y una vez que obtuve mi aprobación, inmediatamente empaqué mis maletas y planeé mi vuelo a la propiedad de los Channing en las Bahamas.

—Eres un pendejo con mucha suerte, te vas a las Bahamas —interrumpe Lincoln con los ojos muy abiertos—. Ya era hora de que te fueras de vacaciones.

Sacudo la cabeza

—No es por placer, es trabajo, idiota.

Dylan Marshall, también conocido como Lincoln, ha sido mi amigo de toda la vida y lo más cercano que tengo a un hermano. Estábamos en el mismo equipo de SEAL. Lincoln se unió a la empresa un año después que yo. Nuestra hermandad se remonta al campo de entrenamiento donde nos conocimos y entrenamos para DBS. Demolición Básica Submarina/SEAL. Como SEAL activos, nos hemos salvado la vida tantas veces que he perdido la cuenta. Nuestra lealtad ha sido puesta a prueba, comprobada y sigue siendo más fuerte que con nuestros otros compañeros.

Lincoln me conoce mejor que nadie en el equipo, pero incluso él no sabe por qué es importante para mí estar en este caso.

—¿No te metas? —Rocky mira a Lincoln.

—No, no me meto, pero aquí me quedo. —Lincoln le sonríe con arrogancia y hace un gesto con la mano—. Continúa, por favor.

Ver a Lincoln y Rocky burlarse el uno del otro es como ver a un matrimonio discutir.

—Aquí estamos jugando ping-pong, no pin-pam-pum.

—Tranquila, fiera. ¿Necesito recordártelo? Esta también es mi oficina y lo que sucede en esta oficina…

Rocky levanta su mano frente a la cara de Lincoln.

—Cállate, Linc. —Se da vuelta para mirarme—. ¿Entonces, vas a decirme por qué te robaste mi caso o tengo que adivinar?

—No lo entenderías si te lo dijera —le explico.

—Intenta —dice Rocky con calma mientras se mueve para sentarse al borde de mi escritorio y se cruza de brazos.

Reviso mi reloj. A pesar de que es el avión de la compañía, tengo que llegar al aeropuerto y el tráfico de San Francisco durante la hora pico es una locura.

—La conocía de antes. Fue hace un tiempo yo estaba en una asignación y este trabajo es algo que necesito hacer…

—¿Entonces, estás diciendo que no puedo hacer mi trabajo? —Rocky palmea su pecho.

—No dije eso, ni tampoco se lo dije a Knox.

—Esta asignación es encubierta. —Ella levanta una ceja—. ¿Cómo vas a… espera, fue una de tus conquistas, un acostón de una noche?

—No, Roc. Sabes que no juego a esa mierda. No creo que ella se acuerde de mí. —Una vez más, miro la misma imagen enmarcada de una mujer sonriente en mi escritorio, luego pienso en la mujer en el archivo del caso.

¿Por qué me llama esta asignación?

¿Por qué ella y por qué ahora?

—¿Y si ella te recuerda, entonces, qué? —pregunta sospechosamente.

—Tengo un plan de respaldo.

Rocky inclina su cabeza.

—No te creo. ¿Cuál es la verdadera razón?

Me froto la cara.

—Esto es algo que tengo que hacer. Por favor, Roc, entiéndeme cuando te digo que esto es importante para mí.

—No sé si estoy enojada contigo por ir a mis espaldas. —Rocky señala con el pulgar a Lincoln—. O porque fui asignada a trabajar junto con este idiota como su perra para mi nueva asignación.

—¡Hey, eso me ofende! —Brama Lincoln—. Sabes que te cuidaré muy bien.

Él mueve las cejas, escaneando a Rocky de la cabeza a los pies.

—Finalmente conseguí mi cita con esta princesa.

—No es una cita, imbécil, y por última vez, la respuesta es no. —Rocky lo mira con los ojos entrecerrados mientras yo ahogo una carcajada. Ella detesta que alguien del equipo la llame “princesa” y a Lincoln le encanta burlarse de Rocky sólo para provocarla.

Le murmuro a Lincoln—: Hermano, no jugaría con Roc si sabes lo que es bueno para ti. —Dirijo mi atención a Rocky—. Realmente lamento que te hayas quedado atascada con este burro. Si se pone demasiado juguetón, golpéalo donde más le duele.

Ella mira a Lincoln.

—Le romperé ambas manos y le cortaré la polla si piensa en ponerse juguetón conmigo. —Ella camina hacia mí, se pone de puntillas para besarme en la mejilla, luego me golpea en el estómago. Gruño por el ligero golpe, bueno, no fue tan ligero—. No vuelvas a hacerme algo como esto.

Tiro de Rocky en un abrazo.

—No lo haré, lo prometo. —Beso la parte superior de su cabeza—. Gracias por entender.

—No hay nada que agradecer y todavía sigo sin entender. Todo lo que pido es que te cuides. Tengo el presentimiento de que el sospechoso se está acercando más de lo que pensamos. Por eso tuve que hacerme amiga de ella para estar cerca y ver qué podía averiguar.

Asiento y le doy una sonrisa.

—Te llamaré en el momento en que aterrice para obtener más información sobre la señorita Channing. Me tengo que ir, mi vuelo sale en una hora.


✽✽✽



Trabajar en KSIG durante los últimos cuatro años es como trabajar con una familia que he llegado a amar más que a la vida misma. Julian Cruz puede ser mi nombre, pero soy Booker para el equipo. Él come-libros, un apodo que me pusieron cuando era un SEAL.

Durante mis despliegues, el equipo se burló de mí por traer un libro para leer durante nuestro tiempo de inactividad, en lugar de jugar a los dardos o al baloncesto en nuestra cancha improvisada. Y cuando llegaba el momento de repasar los planes de la asignación, los revisaba y los estudiaba como si estuviera de regreso en la escuela preparándome para un examen.

Mi prioridad es el equipo de KSIG ahora, al igual que cuando era un SEAL, que fue hace sólo cuatro años, pero se siente como si hubieran pasado siglos. Echo de menos ser un SEAL, me encantó proteger y servir a mi país, pero eliminar al enemigo aquí en el país es más importante para mí.

Knox me reclutó y me hizo una oferta que no podía rechazar. No era el dineral que se ofreció a pagarme, sino el hecho de que hay muy pocos contratos en el extranjero ya que la mayoría de los trabajos son nacionales.

Durante el vuelo de seis horas, estudio el archivo nuevamente. Chloe Channing no es sólo un nombre en un archivo. Ella es de carne y hueso. Y voy a hacer todo lo que esté a mi alcance para mantenerla a salvo. No solo quiero que el sujeto desconocido sea encerrado o termine bajo tierra, lo que ocurra primero, sino que quiero conocerla a ella.

Por qué me siento así por una mujer que apenas conozco está más allá de mi entendimiento.

Miro fijamente la foto. Me siento atraído por su sonrisa cautivadora, sus ojos azules me hipnotizan. Aunque estas no son las circunstancias en que hubiera querido volver a verla, realmente creo que hay una razón para todo. Quizás el destino nos está uniendo.

Fue hace dos navidades y las imágenes siguen siendo claras.

El Ritz Carlton había sido decorado con brillantes adornos dorados y rojos, serpentinas de malla de seda que colgaban del techo. Un impresionante árbol estaba en la parte delantera del salón junto al escenario con regalos debajo para las mujeres y niños maltratados. La banda tocaba música navideña y el cantante parecía disfrutar la vista de los invitados bailando a sus pies. En el evento se organizaron subastas, desfiles de moda y se aceptaron otras donaciones para recaudar dinero para la organización.

Mi papel en el lugar era ser parte del equipo de custodia. Entre los asistentes se encontraban congresistas, el jefe de policía y su personal, personas influyentes adineradas y personal del hospital donde la doctora Sarah Channing, la anfitriona del evento y la madre de Chloe ejercía la medicina.

Aunque fue una tarea simple, nunca bajé la guardia, especialmente teniendo en cuenta la talla de los invitados que asistieron.

Una mujer se movía nerviosamente junto a la mesa de registro y me llamó la atención. Se apoyó en el escritorio con su mano derecha y ajustó la tira de su zapatilla con la otra. Su cabello castaño oscuro estaba recogido en un moño muy elegante con suaves mechones que abanicaban su rostro. Mis ojos siguieron las líneas seductoras de su cuerpo y el bajo escote de la parte de atrás del vestido que exponía su delicada espalda.

—Malditos tacones, ¿en qué estaba pensando? Recuerda por qué estás aquí, es por una buena causa —murmuró. La atractiva mujer volvió la cabeza, me miró y sonrió—. Estos zapatos horribles me están matando. Eso es lo que me pasa por no haberlos amansado en casa primero.

Inmediatamente estoy cautivado por su voz sensual, por su divagación. La idea de tener una aventura de una noche con ella, las cosas que haría, con ella y a ella, me estaban poniendo duro.

Pero esta mujer tenía clase y, de hecho, era una dama. Y eso merece respeto.

Necesitaba pensar con la cabeza de arriba de mi cinturón y mantener la otra en mis pantalones bajo control. Nunca pondría en peligro mi trabajo para satisfacer mis necesidades.

Pero esta mujer… había algo en ella que tentaba mi voluntad, mi control.

Alcé una ceja.

—Parece que necesitas a alguien que te dé un masaje en los pies. —El aroma de los duraznos, como una mañana de primavera abrumó mis sentidos y me pregunté cómo se llamaría.

Se volvió a poner el zapato y se levantó de su posición encorvada, luciendo nerviosa por el color rosado de sus mejillas.

—Soy Chloe. —Extendió su mano hacia mí.

—Booker —respondí, y sentí una chispa instantánea cuando la miré directamente a esos preciosos ojos aguamarina.

Qué bonita es.

Se mordió el labio inferior y me pregunté si ella también lo sentiría. No hay forma de que pudiera ignorar la química. Sus ojos brillaron y la mirada que me dirigió podría volver loco a cualquier hombre. La adrenalina corrió por todo mi cuerpo, algo que no había sentido en mucho tiempo.

—¿Sólo Booker, no viene con un apellido, como Bond, James Bond? —bromeó con un leve resoplido, cubriéndose la boca con una mano.

Preciosa y encantadora.

Me di cuenta de que había estado sosteniendo su mano más de lo que debería.

—Mis disculpas. —Me aclaré la garganta, dejándome ir—. Y sí, es sólo Booker.

—No quise…

Reprimí una carcajada.

—Es un apodo que me pusieron mis amigos.

—¿Es por “book” em Danno’?

—Hawaii Cinco-0. Muy bien. ¿Te gusta Hawaii Cinco-0?

—Mi papá es un gran admirador y todavía ve las repeticiones. —Chloe miró por encima de mi hombro, luego me devolvió la sonrisa—. Entonces, ¿me vas a decir que te pusieron ese apodo o es un código secreto?

Ella levantó una ceja y luego un dedo.

—Espera, déjame adivinar. Tienes un pequeño libro negro metido en el bolsillo interior de tu esmoquin con cientos de números de todas las mujeres con las que te has acostado.

—¿Es eso lo que te parezco, un mujeriego? —Me reí.

—Bueno, al que le caiga el guante. —Ella se encogió de hombros e hizo una mueca.

—¿Alguien te ha dicho alguna vez que no juzgues un libro por su portada? —Dije con humor en mi voz—. ¿O en este caso, no juzgues a Booker por su portada?

—Eso fue cursi. —Chloe se rió de mi mal intento de broma—. Bueno, sí estoy tan equivocada, ¿por qué tus amigos te llaman Booker?

—A pesar de la creencia popular, incluida la compañía actual, me gusta leer. Uno de los idiotas que tengo por amigos me hizo pasar un mal rato cuando me vio leyendo un libro y se quedó formando parte de mi apodo. —Casi le digo mi nombre real, pero decidí no hacerlo. Mi apodo también es parte de quien soy.

—Interesante. —Chloe se tocó la barbilla, llevaba las uñas bien arregladas.

—¿Por qué? —pregunté.

—Algo que tenemos en común.

—¿Oh sí, qué te gusta leer?

—Es una tontería, me gusta el suspenso romántico. Mis amigas, Phoebe y Ryland, me dicen que saque mi cabeza de las nubes y regrese a la tierra porque no existe un agente súper secreto que venga a rescatarme. —Ella jugueteó con su pendiente. ¿Estaba nerviosa?

—¿Necesitas que te rescaten? —Insinué mientras la miraba a los ojos.

—Tal vez. —Chloe dejó escapar una leve tos, bajó la mirada hacia su vestido, un intento fallido de ocultar sus mejillas sonrojadas—. ¿Cómo puede un vestido precioso ser tan incómodo?

—Bueno, espero no sobrepasarme cuando digo esto, pero creo que te ves absolutamente hermosa.

—Gracias —dijo Chloe suavemente.

—¿Entonces, Chloe, qué estás haciendo aquí, dejaste a tu cita tirada?

—¿Quién está juzgando un libro por su portada? —Ella puso su mano sobre su cadera.

—Touché. —Las comisuras de mi boca se levantaron con una sonrisa—. ¿Qué estarías haciendo si no estuvieras aquí?

—Definitivamente no estaría embutida en este vestido o estos zapatos. Soy más una chica de sudadera y pantalones anchos.

—¿Pantalones anchos?

—Oh, sí, todos deberían tener un par. Me encanta usarlos.

Me gustaría usarte a ti.

Tan discretamente como pude, mis ojos recorrieron rápidamente su figura de reloj de arena. Un trueno en mis venas, mi corazón me lastimó el pecho y mis bolas se apretaron.

—Me gustaría ver cómo te quedan estos pantalones anchos.

—¿Bueno, esa es una forma extraña de invitar a una chica a una cita, Booker?

—Sólo si dejaste tirada a tu cita.

—No tengo una cita. Yo…

—Chloe, te estoy haciendo una broma. Además, tengo una regla. No mezclo negocios con placer.

Se colocó un mechón suelto detrás de la oreja y ladeó la cabeza.

—Bueno, eso es muy malo. Hubiera dicho que sí.

Nuestros ojos se encontraron. Su mirada hizo que mi cuerpo se sacudiera mientras la energía eléctrica penetraba en el aire. No podía sacudir estos sentimientos desconocidos que se elevaban por mi cuerpo.

¿Qué mierda me pasa?

¿Por qué ella me está haciendo sentir así?

Me aclaré la garganta.

—Si no estás dejando tirado a nadie, ¿por qué estás aquí y no allá adentro disfrutando de la fiesta?

Chloe cuadró los hombros.

—En realidad, me estoy escondiendo de alguien, de mi madre. Me está presentando a tanta gente. —Chloe jugueteó con el dije de diamantes en su cadena—. Lo siento. Aquí tienes un trabajo que hacer y me estoy portando como una niña de cuatro años que está haciendo una rabieta.

Volvió a mirar por encima de mi hombro y vio pasar a unos cuantos invitados.

—Me gusta tu rabieta. —La tomaría como diversión cualquier día—. Se vuelve aburrido aquí y, francamente, me gusta la distracción.

—¿Entonces, cuánto tiempo tienes que trabajar aquí? Vi a tus compañeros deambulando por el salón. Creo que todos los invitados probablemente ya se han registrado. Tal vez podamos tomar una copa después…

—¡Cariño, ahí estás! Te he estado buscando por todas partes —interrumpió la voz de una mujer. Ambos nos volvimos hacia la elegante dama que venía del salón. Su elegante vestido negro de manga larga, apto para los Oscar, barrió el piso mientras caminaba hacia nosotros. Cuando se acercó, la reconocí como la doctora Sarah Channing.

—Hola, mamá.

Chloe puso los ojos en blanco y se encogió de hombros derrotada.

—Estaba tomando un descanso de todas las formalidades y hablando con, el señor Booker. —Se volvió hacia mí y me lanzó una mirada—. Ella es Sarah Channing, mi madre.

—Es un placer conocerlo, señor Booker. —Nos dimos la mano.

—El placer es todo mío, doctora Channing. —Asentí cortésmente y me sentí como un maldito idiota. He estado coqueteando con la hija de nuestro cliente. ¿Qué demonios estaba pensando? ¿Y cómo no me di cuenta antes?

—Por favor llámame, Sarah —dijo con una sonrisa sincera—. ¿Espero que todo vaya bien aquí?

—Sí, señora. —Mis ojos se dirigieron a Chloe—. Creo que todos los invitados han llegado.

—Maravilloso. Asegúrese de que usted y sus compañeros coman algo, Dios sabe que hay mucha comida. —Sarah se volvió hacia Chloe—. Cariño, los anuncios están por comenzar, y necesito que conozcas al señor Kollsson. Asegurará las finanzas para garantizar que el dinero recaudado en este evento sea accesible para las secciones en Oakland y Los Ángeles. Quiero asegurarme de que él agregue tu información a las cuentas, aparte de la mía.

La voz de Sarah se disipó cuando pasó un brazo por el de Chloe y se la llevó. Chloe miró por encima del hombro y me hizo un gesto con el dedo de que ella regresaría más tarde.

Después de eso, mantuve un ojo vigilante desde las puertas de entrada. Observé a Chloe mezclándose, riéndose y dándose la mano con caras conocidas. No entendí por qué tenía un toque de celos en mi estómago cuando la vi bailar con varios hombres. No podía apartar mis ojos de ella, como si fuera la única estrella en el firmamento. De vez en cuando, veía a Chloe sonriéndome mientras permanecía inmóvil contra la pared. Todo en ella era embriagador. Sus labios rojos y carnosos, sus ojos aguamarina y ese cuerpo hecho para ser tentación y pecado.

¿Por qué me atrae tanto esta mujer?

Esta es la broma más jodida que Cupido podía jugar conmigo, conocer a la mujer correcta en el momento equivocado.

Recuerda, estás en una asignación. No rompas tu regla número uno.

Dos años después, y todavía pienso en Chloe. No me di cuenta de lo profundamente enganchado que estaba con ella hasta que me alejé esa noche. Ahora, recuerdo la intensa atracción como si fuera ayer.

Necesito estar en este caso, ¿pero por qué ahora?

Tal vez es una carga que yo mismo me he echado a los hombros.

Tal vez sea la culpa de mi pasado que me persigue hacer las cosas bien.

Quizás es la atracción instantánea que siento por ella.

Quizás sea todo.





Dos

Chloe



—¡Chlo, apúrate! El Uber ya está aquí y se nos hace tarde —me llama Phoebe desde la sala.

—Está bien, está bien, tranquila, que nada se está quemando. —Agito la tablet en mi mano—. Casi me olvido de esto. Quiero ponerme al día con la lectura que tengo atrasada.

Le sonrío a mi compañera de apartamento, Phoebe, y guardo el aparatito en mi equipaje de mano.

—Dios nos guarde de que se te olvide traer a tu caballero de brillante armadura contigo —bromea Phoebe mientras camina hacia la puerta principal.

Salimos corriendo de nuestro apartamento, que se encuentra en un moderno y exclusivo vecindario en San Francisco. Nos enamoramos de este lugar en el momento en que lo vimos. Es el típico apartamento de soltera, femenino pero moderno: dos dormitorios, cada uno con su propio baño, una habitación para visitas y un área de comedor que conduce a una sala y se abre a un pintoresco balcón con vistas a la bahía.

Aunque no la usamos mucho, nuestra cocina cuenta con electrodomésticos de primera categoría. Dentro de refrigerador Viking se puede encontrar vino blanco, varios botes de helado, dos sabores de crema para el café, sobras de pizza de nuestro restaurante favorito y comida para llevar del barrio chino.

—Espero que no se te haya olvidado nada esta vez —murmura Phoebe mientras cierra el cerrojo exterior—. ¿Pasaporte? ¿Boleto? ¿La cabeza?

—Listo, listo y listo. —Me río, examinando el contenido de mi bolso.

—¿Revisaste las instrucciones con Celina para que ella recoja nuestra correspondencia? Sé que ella sólo tiene diez años, pero quiero asegurarme de que no se acumule en el buzón.

—Sí —confirmo—. Y no se le va a olvidar alimentar a los peces.

—Esto, cariño, no tenemos peces. —Phoebe frunce el ceño.

—Es broma. Dios, sé que soy una cabecita loca, pero recuerdo algunas cosas —Pongo los ojos en blanco.

Hace sólo seis meses, una fría y nublada mañana, mientras corría por el vecindario, como era mi costumbre, un asaltante me apuñaló. Además sufrí una conmoción cerebral que a menudo hace que olvide algunas cosas.

Mi médico me aseguró que no había nada de qué preocuparse. Olvidarme de cosas simples como dónde dejé mis llaves no es tan grave. Es la imposibilidad de recordar eventos importantes lo que más me molesta.

Había olvidado llamar a Ryland, nuestra otra mejor amiga, por su cumpleaños. Era una excusa perfectamente válida y un descuido aceptable ya que Ryland no ha estado cerca de nosotras en los últimos dos años. Pero, aun así.

Ha habido otros momentos en que olvidé que había quedado de cenar con Phoebe en el Tipsy Turtle Bar & Grill, nuestro restaurante favorito. Lo más frustrante es cuando Phoebe recuerda y yo la miro fijamente, atónita por algo que no se me queda en la cabeza.

El recorrido hasta el aeropuerto toma unos veinte minutos. Phoebe organizó nuestras vacaciones hasta el último detalle, incluyendo un día de spa y varias actividades. Es la escapada perfecta para relajarse en la casa de playa de mi Tata en las Bahamas.

—Tengo la sensación de que este viaje cambiará tu vida —dice Phoebe—. Volverás como una mujer renovada.

Aferrándome a las palabras de Phoebe, espero que este viaje de verdad venga cargado de paz y sanación. Miro por la ventanilla del coche mientras la ciudad pasa frente a mis ojos y un sentimiento de tranquilidad se apodera de mí. Necesito este cambio, especialmente con todo lo que ha sucedido en los últimos meses.

Ha sido una montaña rusa emocional y quiero que todo desaparezca en un oscuro abismo. El vacío que guardo desde la muerte de mi madre, luego de terminar mi relación con Luke hace seis meses, intentar mejorarme físicamente y el pánico que le tengo a las pesadillas con las que he lidiado desde mi asalto, todo eso resulta agotador.

La fila que va hasta el primer puesto de seguridad se mueve bastante despacio, porque ya el verano ha comenzado y todo el mundo quiere viajar. Miro a un hombre y una mujer en la otra línea, imaginando que están en su luna de miel. Su equipaje parece ser nuevo, no pueden dejar de tocarse, y la gran roca brillante en el dedo de la mujer lo confirma. Me imagino estar en ese mismo lugar algún día, un suspiro sale de mis labios.

Algún día.

Hay un bebé en la fila delante de mí, así que le hago muecas y él se ríe. El bebé escupe el chupete que se sujeta a su babero por un cordón pequeño. La mujer se da vuelta para ver de qué se ríe su niño.

—Es adorable —le digo—. ¿Tiene unos dos años, verdad?

—Gracias. Se llama Noah y sí, tiene veintitrés meses. —La mujer hace rebotar a su bebé en sus brazos—. ¿Tienes hijos?

—Oh, no —respondo sacudiendo la cabeza—. Primero estoy esperando por mi príncipe azul.

Rápidamente miro a los recién casados.

—Me encantan los niños. Trabajo en el hospital general aquí en San Francisco.

—¿De verdad, conoces al doctor Gene Peralta? Es el pediatra de Noah.

—Sí, por supuesto. Estás en buenas manos.

—¿También eres pediatra? —La mujer cambia a su bebé de un lado a otro de su cadera.

—Sí. —Hurgo en mi pequeña mochila, saco una tarjeta de presentación y se la entrego.

Noah toma la tarjeta de presentación de su mamá e intenta ponerla en su boca.

—No, no, eso es para mamá. —Le quita la tarjeta al niño con suavidad.

Me río mientras me calienta el corazón. Por eso amo mi trabajo.

—¿Los bebés son muy curiosos, no?

—Es cierto. Una vez, Noah tomó mi lápiz labial y pintó un Picasso por toda la alfombra. Hice el intento de limpiarlo cinco veces antes de llamar a un profesional. —Las dos nos reímos.

Tomo la pequeña mano de Noah en la mía.

—¿Vas a dejar a tu mami sin batería, verdad, Noah?

—Definitivamente es un torbellino. —La mujer mira a su bebé y besa el costado de su cabeza.

—Bueno, que tengan buen viaje…. —alargo, tratando de obtener el nombre de la mujer.

—Kayla Stevenson. Lo mismo para ti… —mira la tarjeta de presentación—. Quiero decir, doctora Chloe Channing.

Me quito los zapatos y saco la tablet de mi bolso de mano y los coloco en el contenedor para pasar por la máquina de seguridad. Miro a Phoebe delante de mí y sacudo la cabeza.

—¡Esto es una locura! ¿Tienes que seguir agitando esa cosa sobre mis pechos? Sé que son la bomba... te aseguro que todo bajo mi blusa es real y natural. —Phoebe gruñe a la chica de seguridad.

¿Por qué tiene que ser tan peleonera?

—¿Feebs, en serio? Deja de hacer berrinches. Y no digas son la bomba en el aeropuerto. Todo el mundo está mirando —le susurro—. Un día de esto me va a dar un infarto y va a ser tu culpa.

Phoebe se ríe, saca sus pertenencias del contenedor gris y las dos nos damos vuelta para buscar nuestra puerta de abordaje.

Mi extrovertida, habladora e inquisitiva mejor amiga, Phoebe Kyndal Powell. Somos polos opuestos y a menudo me pregunto cómo lo seguimos después de tantos años. Pero la adoro, sin importar nada.

Llegamos a la sala de espera con al menos otra hora para abordar. Sam, mi primo, nos saluda, guardando tres asientos vacíos a su lado.

—Chloe, PK, por aquí —nos llama Sam, con las manos en el aire.

—¿Recuérdame otra vez por qué lo invitaste? —Phoebe resopla.

—¿Rechazarías un viaje con todos los gastos pagados a las Bahamas, gracias a mi papá? —Le recuerdo, mirando su cabello oscuro y sus ojos verde esmeralda—. Sinceramente, creo que él está aquí para cuidarme, aunque trajo a Sage con él. Estoy segura de que una vez que lleguemos ellos van a estar ocupados con sus cosas y nos dejarán a nosotras en paz.

—¿Crees que se casará con ella? —ella pregunta.

—Ni idea, la verdad.

—No sé lo que le ve.

Tuerzo mis labios.

—¿Detecto un poco de celos, Feebs? —La acuso.

—Difícilmente —responde.

Existe una cosa de amor y odio entre Sam y Phoebe. Se deriva de que Phoebe se enamoró de él desde el bachillerato, lo que llevó a una aventura de verano antes de comenzar la universidad en Berkeley.

—Recuerda, me prometiste que te portarías bien —le digo levantando una ceja.

—Sí, sí, mientras no se metan con nosotras, eso voy a hacer.

No puedo culpar a Phoebe por sentirse incómoda. El viaje sólo para chicas ha sido frustrado, gracias a mi padre. Este viaje es una desintoxicación, un retiro de todo San Francisco, incluido Samuel Channing. Mi papá no cedió y sabía que era una pelea que no íbamos a ganar.

Sam es mayor por dos años y lo más parecido que tengo a un hermano. Su cabello castaño oscuro necesita un corte ya que se está alargando en la parte de arriba, pero es muy guapo y encantador.

—Hola, Sammy. ¿Dónde está Sage? —Dejo caer mi bolso al suelo y me siento en el asiento vacío junto a él. Miro por el gran ventanal de vidrio donde un avión se acerca a la pasarela.

—Fue a comprar un café —responde Sam—. Algo la está molestando. Se ha estado portando muy rara, ha estado diferente últimamente.

—No debes estar haciendo bien tu trabajo, Sammy —sonríe Phoebe.

—Lindo, PK. Te diré que puedo hacer el trabajo todos los días y dos veces los domingos. —Sam le guiña un ojo a Phoebe.

—¿Sólo dos veces el domingo? Estás perdiendo tu toque. Ahora veo por qué Sage está tan estresada.

—¿Celosa? —Sam levanta una ceja—. ¿Desde cuándo mi vida sexual es de tu interés?

—Mi dinero en el banco me genera mejores intereses.

—¿Entonces, todavía te interesa saber de mi vida? —Él mueve las cejas.

—Más bien me generas lástima. —Phoebe nivela sus ojos hacia la ingle de Sam, levantando su dedo y pulgar a un centímetro de distancia.

Sam le echa una mirada rápida a su blusa escotada que muestra los atributos delanteros de Phoebe.

Con dos dedos, Phoebe señala sus ojos.

—¡Oye, ojos aquí, Sam!

Sam se ríe, moviendo sus ojos de los senos de Phoebe hacia su cara.

—Nada que no haya visto antes.

—Sinvergüenza —bromea Phoebe—. ¿Se te olvida que tienes novia?

Me aclaro la garganta mientras levanto mis manos entre ellos.

—Está bien, ¿podemos poner fin a esta discusión, por favor? —Suelto un suspiro—. Sam, la cosa es que este viaje se suponía que era sólo para nosotras dos. Sage y tú, bueno, eso pone un freno a nuestros planes

Ahí está, mejor una colorada que muchas descoloridas.

—Mira, le dije a Sage que Phoebe y yo somos periódico de ayer…

Sage finalmente aparece sosteniendo dos vasos y una bolsa de papel en sus manos. Sus ojos color avellana y su brillante cabello rubio caen en cascada sobre sus hombros.

Sam mira a su novia.

—Hola, nena. Le estaba contando a mi prima los planes que tengo para nosotros cuando lleguemos a las Bahamas —dice Sam. Él besa a Sage en la mejilla, tomando uno de los vasos de su mano.

—Hola, chicas —saluda Sage suavemente, casi tímidamente—. Quiero darles las gracias por permitir que viniéramos.

—Claro, no hay problema. —Sonrío, luego le doy un codazo a Phoebe.

—Uh, claro. No hay problema. —Phoebe no suena tan convincente, pero se lo voy a pasar.

—¿Phoebe, estamos bien? —Sage pregunta.

—Sí. ¿Por qué no lo estaríamos?

—Sólo quiero estar segura, considerando que…

—Te aseguro que Sam y yo somos historia. Y no quiero que este viaje sea más incómodo de lo que debe ser. Quiero hacer que esto sea memorable para mi mejor amiga y descansar. —Phoebe me rodea con el brazo.

—Eso me parece bien. —Sage sonríe cálidamente y toma un sorbo de su café—. Yo tampoco quiero que alguna de las dos se sienta incómoda.

—Por mí no te preocupes. Quiero que pases un buen rato con Sam. —Phoebe devuelve la sonrisa y asiente levemente.

Sam deja escapar una tos leve.

—Bueno, ahora que todo está arreglado... ¿cómo va todo en la estación de noticias?

—Están bien —responde Phoebe, volviendo la mirada hacia Sam.

—Phoebe va a cubrir la historia de la fundación. Entrevistará a algunos de los voluntarios y a las mujeres y niños que hemos ayudado. —Enderezo la espalda con una sonrisa brillante—. No veo la hora de comenzar con eso en cuanto regresemos.

—Mi tía Sarah estaría muy orgullosa de ti, Chlo. Lo sé porque yo lo estoy. Avísame cuando salga al aire. —Sam toma un sorbo de su café—. Por cierto, ¿cómo vas con el entrenamiento para el maratón?

Sacudo la cabeza

—No voy a participar este año. No estoy lista. —Hubo un momento en que me sentí segura y disfruté corriendo por mi vecindario. Pero el ataque me retrasó y no he entrenado realmente como habría querido.

Quiero comenzar a entrenar, pero necesito recuperar el valor para hacerlo. Correr era mi escape, me hacía sentirme libre. Ahora, siento que estoy huyendo de algo o de alguien más que por mí misma.

Cierro los ojos por un momento, volviendo a esa fatídica mañana. Destellos de mi ataque aparecen en mis pensamientos.

Una silueta oscura apareció de las sombras. Ojos verde oliva que aún puedo ver en la tenebrosa oscuridad y una sonrisa que me provoca escalofríos. Las pesadillas y la herida que dejó mi atacante me recuerdan que él estaba allí.

El anuncio resuena a través de los altavoces y me saca del trance.

—El vuelo dos cuatro cero cinco de la una y cuarto de la tarde a Fort Lauderdale comenzará a abordar —dice la señorita del mostrador anuncia por el altavoz—. Comenzaremos con asientos de primera clase y ejecutiva.





Tres

Julian



El clima es extremadamente húmedo y bochornoso. La brisa húmeda y cálida hace crujir las palmeras. El clima caribeño tiene mente propia. Puede haber una lluvia torrencial durante diez minutos y al siguiente, las nubes desaparecen y el sol brilla como si la tormenta nunca hubiera pasado por aquí. A lo lejos, el cielo muestra sombras de rosas y azules a medida que el sol comienza a asentarse sobre un brillante mar azul.

Me siento bajo una sombrilla en el patio de la casa de seguridad que se encuentra en las colinas. Una vez más, voy a repasar el archivo del caso mientras todavía tengo un par de horas de sobra. Aquí es tranquilo y pacífico, hasta que mi teléfono vibra.

—¿Knox, qué pasa? —Respondo en el primer timbre.

—Frank recibió otra carta hace unos días. La carta ataca a Chloe. —Knox no se anda por las ramas—. El sospechoso puede aprovechar esta oportunidad para ponerle las manos encima. Mi instinto me dice que este bastardo estará allá en lugar de esperar a que regrese a casa.

—Cómo te dije antes, la propiedad es como una coladera. Tiene tantos huecos que el sospechoso podría entrar y salir fácilmente sin ser detectado. Instalé las cámaras secretas y un sistema de seguridad. Tyco tiene todo vigilado. Traté de mostrarle al anciano, Ezra, cómo usar el sistema de alarma, pero no tiene ni puta idea. Por lo tanto, seguiré adelante y activaré remotamente la alarma silenciosa todas las noches después de mis rondas—le informo.

Con la máxima discreción, primero instalé las cámaras. La propiedad se alquila a veces y necesité ser cuidadoso para respetar la privacidad de la gente que la había rentado. Las cámaras captan al chico encargado de la piscina y a los jardineros con sus rutinas normales y las entradas y salidas del personal residente, tanto Ezra como su esposa, Olinda.

Tengo conocimiento de primera mano de las tácticas enemigas. No espero que el sospechoso muestre su rostro en la propiedad; eso sería estúpido de su parte ya que el imbécil ha sido lo suficientemente cuidadoso como para no ser detectado durante los últimos meses.

Este criminal es bueno, realmente bueno, y me molesta más que en cualquier otra asignación en la que he estado.

—Me alegra que te hayas tomado la libertad de arreglar las cosas. Le informé a Frank que has estado organizando la seguridad de la casa desde la semana pasada. Una vez que Chloe regrese a los Estados Unidos, Rocky retomará su papel.

—Entiendo. —Espero que este loco muestre su rostro en las próximas semanas para poder liberarla de este imbécil y saber que Chloe está a salvo—. ¿Y si todo esto explota antes de que ella regrese?

—Ya nos encargaremos de eso cuando llegue el momento, por ahora mantengámonos en el plan —dice Knox—. El contrato establece específicamente que tu asignación encubierta no debe verse comprometida. Eres el encargado de mantenimiento y el chofer. Ella no sabe nada sobre el psicópata que la sigue. Frank nunca le ha contado a Chloe sobre las cartas, el asesinato de su madre o que ahora ella es el objetivo.

Miro su foto mientras un nudo en mis entrañas se aprieta.

—No lo entiendo. ¿Por qué no quiere decirle? Creo que ella tiene derecho a saberlo.

—Frank no quiere que su hija viva con miedo.

—Sigo sin estar de acuerdo. —Me froto la cara.

Este tiene que ser uno de los casos más difíciles que he trabajado.

—De acuerdo o no, tu trabajo es el contrato. Síguela y mantenme informado.

—Sí, señor. —Cuelgo sin decir adiós. Aprieto los dientes, odio escucharlo referirse a Chloe Channing como un contrato. Pero el hecho es que su padre es cliente de KSIG y no tengo más remedio que acatar las órdenes.

Cuando me uní a la empresa de seguridad, conocí a Tyson Cooper, o como el equipo lo llama, Tyco. Tiene las habilidades técnicas para entrar en cualquier base de datos y profundizar en los antecedentes de alguien para encontrar cosas que no se pueden obtener a través de los canales normales. Me dio toda la información objetiva que pudo sobre Chloe Channing. Pero no hay mucho sobre el sospechoso porque el psicópata es bueno para cubrir sus huellas y esto me molesta muchísimo.

¿Quién es este gilipollas?

¿Y por qué está apuntando a los Channing, especialmente, por qué a Chloe?

Por enésima vez, hojeo las páginas del archivo del caso. Se adjuntan copias de las cartas dirigidas al juez Channing y los nombres de las personas relacionadas con la familia. Hay fotos de Chloe y su padre en la cafetería, algunas en el hospital, pasando el rato con amigos en el bar local y algunas de Chloe corriendo por su vecindario. El archivo también contiene informes policiales del accidente en que Sarah perdió la vida el verano pasado, también del ataque de Chloe.

La doctora Sarah Channing había estado en un accidente automovilístico que no fue para nada accidental. A primera vista, simplemente se asemejaba un choque y el otro conductor huyó. Según los testigos, una camioneta negra GMC se pasó una luz roja, chocó con el Mercedes Benz de Sarah y salió pitando de la escena. Tyco recuperó el informe policial junto con imágenes de video de las cámaras de los semáforos en esa intersección. Confirmó un golpe y fuga de una camioneta negra, y sí parecía deliberado.

Poco después del terrible incidente, llegó una carta a la oficina del juez Channing. El sobre no tenía una dirección de remitente.

Tu esposa está muerta y ella es la siguiente.

Examino el informe policial de Chloe una y otra vez tratando de descifrar por qué ella es un objetivo incluso después de la muerte de su madre. No hay nada que llame especialmente mi atención, pero sé que hay una pista aquí en algún lado, sólo tengo que seguir buscando.

Chloe mantuvo una rutina regular y probablemente fue la forma en que el atacante pudo agarrarla sola. Mi estómago se tensa mientras leo los detalles.

Sucedió en una fría mañana de enero. Chloe había salido a correr por su vecindario cuando el sospechoso que llevaba una sudadera con capucha oscura la atacó, apuñaló y la dejó inconsciente. El sospechoso podría haber hecho algo peor, pero alguien más que había salido a correr se acercó y asustó al atacante que era lo suficientemente inteligente como para llevarse el arma con él mientras huía de la escena.

Cuando Chloe se despertó en el hospital al día siguiente, no podía recordar mucho. Ni siquiera recordaba haberse despertado la mañana anterior para ir a correr. El médico diagnosticó a Chloe con pérdida temporal de memoria debido a su conmoción cerebral y dijo que no había nada de qué alarmarse. Finalmente, explicó, que ella recuperaría más recuerdos y los mismos podrían sentirse como déjá vu o tal vez no recordar nada en absoluto.

Ahora, me pregunto si es una coincidencia o el destino estar en este caso. De todos modos, tengo un trabajo que hacer. Protegerla y mantenerla a salvo.

Tal vez, solo tal vez, una vez que el trabajo esté hecho, podría reanudar esa conversación de hace dos años. Me doy cuenta de que estoy arriesgando que ella pueda recordarme, y si hay alguna posibilidad de que lo haga, es una oportunidad que estoy dispuesto a no dejar pasar.





Cuatro

Chloe



Pum, pum, pum, pum...

Inspiro por la nariz, exhalo por la boca.

Repito.

Mi respiración es rápida y constante mientras mis tenis vibran contra la acera. Música a todo volumen en mis oídos. Estoy en la zona, en mi propio mundo y lejos de la realidad.

Las luces de las calles siguen iluminando y el sol no ha aparecido en el cielo oscuro. Es mejor salir a entrenar muy temprano en la mañana, aunque de vez en cuando un automóvil pasa y me ciega momentáneamente con sus luces delanteras.

Mis orejas y mi nariz se sienten frías en la brisa de enero.

Doblo la esquina para correr a lo largo del parque.

Bote de basura, árbol, automóvil, luz brillante; me digo a mí misma mientras corro pasando cada uno.

Justo delante, a la vuelta de la esquina, veo a alguien más que viene corriendo.

Sin advertencia. Chocamos con fuerza. Me he quedado sin aliento y pierdo el equilibrio, caigo hacia atrás golpeándome la cabeza contra el suelo.

Toco la parte posterior de mi cráneo y siento algo mojado. Estoy casi segura que es sangre.

Con los auriculares todavía en su lugar, apenas puedo escuchar la canción por el fuerte sonido en mis oídos. Se sienta a horcajadas sobre mi cuerpo y me aprisiona.

Jadeo por el aire que necesito desesperadamente, pero sus pesadas manos están en mi garganta impidiendo que me pueda mover.

Lágrimas corren por mi sien.

La hoja de un cuchillo roza mi cara.

Mi corazón se acelera.

Estoy aterrorizada y me siento impotente.

Mi visión se vuelve borrosa y apenas puedo ver la cara de mi atacante. Pero no hay duda de que los ojos estrechos y brillantes que me amenazan están llenos de odio y pura maldad. Quiero gritar, pero el sonido se queda atorado en mi garganta.

Su aliento apesta a cigarrillos.

Entonces un puño cruza mi cara antes de que el cuchillo frío entre, robándome el último aliento con un dolor insoportable. Él agarra un mechón de cabello y me golpea la cabeza contra el concreto.

Entonces, todo es solo oscuridad.

El tirón del avión aterrizando en el asfalto me despierta. Mi corazón se acelera, me falta el aliento y una fina capa de sudor me cubre la frente.

Mi mano va a la parte baja de mi abdomen, donde el dolor fantasma palpita. El imbécil había dejado las cicatrices para demostrar que él estuvo allí. No estoy segura si las imágenes en mis vívidas pesadillas son reales. De alguna manera, creo que realmente si sucedieron, y eso me asusta muchísimo.

Queda una cosa, tatuada en mi memoria, esa mirada de odio me da escalofríos y tiemblo al pensar que mi atacante todavía está ahí afuera. Por ahora, me consuelo al saber que estoy a miles de kilómetros de distancia.

Cuando la policía tomó mi declaración mientras me recuperaba en el hospital, lo consideraron un ataque al azar. Pero eso nunca me tranquilizó, el hecho de saber que hay un maníaco loco en el vecindario. Vivimos en una zona segura con un índice delictivo realmente bajo. Lo más extraño de todo y de lo que no puedo olvidarme es que no hubo ataques similares reportados antes o después del mío.

—¿Tuviste otra pesadilla? —Phoebe pregunta, su mano sobre mi hombro, trayéndome de vuelta al aquí y ahora.

—¿Por qué, dije algo? —Me siento dejando escapar un suspiro exasperado, me oriento y desabrocho el cinturón de seguridad.

—Nada en concreto. Estabas murmurando de nuevo. —Phoebe aprieta los labios y me da una mirada preocupada.

—Estoy bien. —Hago una X imaginaria sobre mi pecho con el dedo—. Cruzo mi corazón.

Intento sonreír, pero Phoebe me conoce muy bien, así que mejor trato de manejar mi angustia.

Phoebe es mi roca. Cuando me dieron de alta del hospital, mi papá intentó convencerme de que me quedara en su casa, en mi antigua habitación, pero me negué. Quería estar en mi apartamento en mi cama. La mayoría de las noches, Phoebe se acostaba conmigo para que me sintiera segura nuevamente, y ella fue la que se despertó con mis gritos por las malditas pesadillas.

Y aunque nuestro vecindario es considerado uno de los lugares más seguros para vivir en San Francisco y nuestro edificio tiene un portero que anuncia a todos los invitados, mi padre tomó todas las precauciones al instalar un sistema de seguridad para garantizar mi seguridad.

Observo a Sam recoger las bolsas de mano del compartimento superior y entregarle una a Phoebe. Miro a Sage al otro lado del pasillo tecleando en su celular, lo que me recuerda a mi papá, que le prometí que le llamaría en el momento en que aterrizara.

Saco mi celular y lo enciendo. Leo algunos textos de mis compañeros de trabajo y amigos.

Uno de Celina prometiendo que se encargaría del departamento y de la correspondencia.

Un divertido mensaje de texto de Ryland deseando poder estar conmigo y Phoebe en este viaje, pidiendo que no nos olvidemos de ella.

Un breve mensaje de Rochelle para que la llame cuando regrese y salgamos a tomar algo.

Brennan, un amigo y propietario de Tipsy Turtle, también envió un lindo mensaje de texto diciendo que extraña a sus dos clientes favoritas.

Y uno de papá que me recuerda que llame tan pronto como aterrice.

Presiono el nombre de papá en mi teléfono.

—Mi niña —responde papá en el segundo timbre.

—Hola, papá. Acabamos de aterrizar en Fort Lauderdale y nos dirigimos a nuestro vuelo de conexión a la casa de mi Tata. —Agarro mi equipaje de la mano de Sam.

—¿Cómo estuvo el vuelo? —pregunta.

—Estuvo bien, creo, leí un poco y luego me quedé dormida. —Bostezo—. ¿Y qué estás haciendo?

—Oh, lo de siempre. —Lo escucho tomar un sorbo. Lo imagino con su copa de brandy habitual sentado detrás de su escritorio de caoba en su silla de cuero, tal vez con un cigarro Victor Sinclair y viendo una repetición de Hawaii Five-O—. Escucha, sé que he sido un dolor de cabeza estos últimos meses, pero ten cuidado. ¿Acuérdate que no estás sola, los números de seguridad? Y asegúrate de que Sam esté contigo.

El tono de mi papá es tenso y lleno de inquietud. No puedo sacudir la clara sensación de que hay más en su preocupación de lo que está dejando ver. En los últimos meses, he tenido esta extraña sensación de ser observada. Desde mi ataque, mis sentidos se han intensificado y soy más consciente de mi entorno.

¿Es paranoia? ¿O acabo de aprender mi lección? Cada vez que escaneo mi entorno, no hay nada fuera de lo común. Sin embargo, el sentimiento inquietante a veces me abruma.

Luego están las postales inexplicables que llegaron por correo, dirigidas a mí.

—TÚ SIGUES—

¿De dónde vienen? Nunca tienen una dirección de remitente, ni un sello postal. ¿Y qué significa eso de que yo sigo? Al principio, supuse que eran anuncios, pero luego apareció otra. Ahora mi instinto me advierte lo contrario. Especialmente cuando llegó otra misiva.

—TÚ ERES LA PROXIMA—

—Voy a cumplir treinta en un par de semanas, yo…

—No me importa si vas a cumplir cincuenta. Tú eres y siempre serás mi niña. Siempre. —Parece apagado, obvio que no le ha gustado mi comentario.

—Papá, desde mi ataque has sido tan protector, y lo aprecio, de verdad. No seas un preocupón. Yo estaba en el lugar equivocado en el momento equivocado —le digo, sin saber si estoy tratando de convencerlo a él o a mí misma.

—Siempre me preocuparé por ti. —Escucho a mi padre tomar otro sorbo—. ¿Recuerdas tu primer día entrando al tercer grado y que querías que te dejara una cuadra antes de la escuela?

Asiento como si papá pudiera verme.

—Me acuerdo de algo.

—Bueno, hice lo que quisiste. Pero todavía estaba allí observándote para asegurarme de que estabas bien.

—Ese fue el día que conocí a Feebs —digo, feliz de recordar un momento en el tiempo.

—Sí, ustedes dos han sido inseparables desde entonces. Mi punto es, no me digas que no me preocupe. Soy tu papá y es mi deber.

Mi padre es increíble y todo lo que me queda. Ciertamente no puedo culparlo por ser un padre protector.

—Está bien, si quieres que te salgan más canas… Tengo que irme. Nos dirigimos a nuestra puerta y abordaremos pronto.

—Te quiero, mi niña. Llámame cuando llegues.

—También te quiero. Hablamos más tarde.


✽✽✽



Es un viaje corto en una pequeña avioneta hasta nuestro destino final. Cuando nos acercamos al área de reclamo de equipaje, noto a un hombre de cabello oscuro con un cartel con CHANNING escrito en él. Nos acercamos al hombre alto, muy bronceado y guapo. Hay algo familiar sobre él, pero no puedo saber que es.

—Somos los Channings. —Sam estira su brazo hacia él y le da la mano al hombre—. Me llamo Sam.

—Hola, soy Chloe Channing. —La mano del apuesto hombre se envuelve alrededor de la mía y no puedo sacudir el sentimiento molesto en el fondo de mi mente. La piel se me eriza mientras intento recordar algo. ¿Nos hemos visto antes?

—Mi nombre es Julian, Julian Cruz, y estoy aquí para llevarlos a la propiedad Channing. —Su voz es baja y áspera, y sólo me está mirando.

¿Julian? No, eso no me suena conocido.

Abro la boca y luego la cierro rápidamente. Estoy tentada de preguntar si nos hemos visto antes, pero no quiero sentirme estúpida si no lo hemos hecho. ¿Y cómo podría olvidar una cara como la suya? Tiene unos ojos oscuros intensos muy atractivos. El rastro de barba que sombrea su mandíbula y su cabello color chocolate es un poco más largo de lo que generalmente llama mi atención. Sin embargo, me gusta lo que veo.

Lleva unos shorts caqui y sus anchos hombros se ajustan perfectamente a la camisa negra de manga corta que expone las ondas de sus músculos en sus antebrazos. Y hay un indicio de un tatuaje en su bíceps que me parece tremendamente sexy.

No hay duda de que es fuerte, y mientras más lo observo, más me excito. Los bíceps de Julian se hinchan mientras sin esfuerzo levanta nuestro equipaje del carrusel y lo coloca en el carrito.

Mi corazón late más rápido sólo de pensar en cómo se vería sin tanta ropa. Quiero lamer la transpiración de su cuello causada por el aire húmedo como mi helado favorito goteando del cono. Mis pensamientos vagan, imaginando a Julian satisfaciendo todas las cosas con las que he fantaseado y sólo he imaginado mientras leo en mis libros de romance.

Entonces mi mirada incontrolable se dirige hacia el sur, curiosa de lo bien dotado que está. Rápidamente cierro los ojos y me cubro la cara con la mano por vergüenza.

¡Mierda! ¿Por qué tuve que mirar ahí?

Sacudo la cabeza y salgo de esos pensamientos. ¿Qué demonios es lo que me pasa? Esta no soy yo y necesito controlarme.

—Amiga, te veo mirando al buenote ese —susurra Phoebe, empujando mi hombro. Pongo los ojos en blanco, no me sorprende el comentario de Phoebe—. Y cariño, tal vez quieras limpiarte la baba.

Phoebe se ríe y señala mi boca.

—Qué, no estoy babeando —Jadeo y deslizo mis dedos por mi boca.

—Por supuesto que no —se burla, la verdad es que me lo he ganado.

Julian y Sam cargan el equipaje en la parte trasera del Range Rover. Phoebe, Sage y yo nos acomodamos en el asiento de atrás y Sam toma el asiento del pasajero. El camino a la casa de la playa es mayormente silencioso, excepto por la radio que toca los tambores de una melodía familiar de Rihanna. Está oscuro y no sirve de nada mirar por la ventana para contemplar las vistas.

—Entonces, Julian. —Phoebe rompe el incómodo silencio—. ¿También te quedarás en la casa de la playa?

—No, señora. Tengo una casita a un par de millas de distancia —dice con brusquedad.

—Por favor no me llames señora. No soy mi madre —Phoebe reprende.

La boca de Julian se curva en una sonrisa.

—Entendido.

—¿Entonces, a qué te dedicas, estudias o trabajas? —Phoebe continúa.

—Estoy ayudando a Ezra mientras consiguen a alguien más de planta.

—Hmm ya veo. —Phoebe hace una pausa y luego me mira con una mirada de “tengo un plan”—. ¿Tienes novia?

Ahí está, mi amiga parece que no conecta la lengua con el cerebro.

Le doy un codazo en la costilla a Phoebe.

—Deja de hacer tantas preguntas. No estás trabajando en una entrevista —le digo con los dientes apretados—. Además, estoy segura de que tiene novia. ¿no es así, Julian?

Miro el espejo retrovisor donde los ojos de Julian se encuentran con los míos.

—No, no tengo novia. —La sonrisa en sus ojos se convierte en algo más sensual.

Mis mejillas se calientan y dirijo mis ojos a la ventana lateral. Dios, espero que no haya visto el rubor en mi cara. Mi corazón da un vuelco y la sangre corre por mis venas y me pregunto por qué me siento así por un hombre que acabo de conocer.


✽✽✽



Finalmente llegamos a nuestra casa durante las próximas tres semanas. Un hombre de edad con gafas y una camisa tropical con pantalones negros abre la puerta principal. Con una gran sonrisa, nos saluda con la mano mientras el auto circula por la entrada. Tan pronto como la camioneta se estaciona frente a la casa, me apresuro a salir del asiento trasero y le doy un abrazo como si mi vida dependiera de ello.

—Ezra, te he extrañado mucho. —Con los brazos rodeo al hombre. Ezra ha envejecido un poco. Su piel oscura muestra más canas salpicando su cabello negro y rizado. Todavía sosteniendo su bastón en una mano, me abraza.

—Oh, Chloe. Ha pasado tanto tiempo que tenía miedo de que te hubieras olvidado de mí y de la Sra. Olinda —responde Ezra en su melodioso acento isleño.

—Nunca podría olvidarte —le aseguro—. ¿Te acuerdas de mi amiga Phoebe?

—Sí, por supuesto, niña, recuerdo a la señorita Phoebe. Tú andabas alrededor de la casa cantando a todo volumen cuando eras pequeña.

Ezra pone su mano en la mitad del pecho.

—Mírense ahora. Ambas son unas mujeres hermosas y más altas que este pobre viejo. —Phoebe y yo nos reímos.

—Esta es la novia de Sam, Sage Carmack. —Le señalo a Sage que sonríe suavemente.

Echo un vistazo a Julian mientras lleva el equipaje a la casa. Pregunto discretamente—: ¿Por qué contrataste ayuda adicional, estás bien, Ezra? —Miro el bastón en su mano y luego a su espalda encorvada.

Ezra se ríe entre dientes.

—No soy el hombre fuerte que solía ser. Ahora, este joven hizo algunas cosas buenas por la casa en las últimas semanas. —Ezra divaga, frotándose el costado—. Él ha hecho trabajos arreglando la iluminación y algunos otros detalles eléctricos.

Ezra agita sus manos señalando las nuevas lámparas que iluminan el porche.

—¿No es cierto, señor Julian?

—Me alegro de poder ayudar, Ezra. —Julian sonríe y lleva la última maleta al vestíbulo.

—Ahhh. Ahora entren. La señora Olinda está muy emocionada de verte y ha preparado un festín. —Ezra entra a la casa y agita sus manos, lo que nos lleva a seguirlo.

No sigo a los demás. En cambio, me paro en el medio del vestíbulo mientras desaparecen por el pasillo hacia la cocina.

Sintiendo nostalgia, cierro los ojos y respiro hondo. El aroma de la casa, madera vieja y flores me consuela. Es un sentimiento de refugio y recuerdos maravillosos. Abro los ojos y miro los rústicos pisos de madera y las escaleras que giran hacia las habitaciones del segundo piso.

Sonrío, recordando cuando intenté deslizarme por la barandilla un par de veces siendo apenas una niña.

A mi derecha está la sala con chimenea, inclino la cabeza y me pregunto si alguna vez se habrá encendido.

A mi izquierda está el comedor con una elegante mesa y un candelabro de cristal colgando del techo. Justo delante está el pasillo que conduce a la cocina y una enorme terraza.

Inclino mi cabeza hacia arriba para evitar que las lágrimas en mis ojos caigan por mi cara. Soy una montaña rusa de emociones. Aunque la felicidad fluye a través de mí, estoy triste y, sin embargo, me siento relajada y en paz, algo que no he sentido en mucho tiempo.

Saboreo cada recuerdo que juega en mi cabeza. Mi mamá está aquí, su aroma a franchipán y todos esos detalles femeninos que llenan esta casa.

Se siente tan bien recordarlo.

Sin saber cuánto tiempo he estado parada allí en silencio, de repente siento una presencia que me hormiguea la piel, que me pone la piel de gallina al inhalar un aroma familiar de la colonia de un hombre y, sin embargo, no es familiar. Mi corazón se acelera y mi vientre se agita sin razón.

—¡Caracoles, caracolillos! Casi me matas de un susto. —Jadeo cuando me giro hacia donde Julian está parado con las manos en los bolsillos detrás de mí.





Cinco

Julian



Miro en silencio a Chloe mientras está parada en el vestíbulo. Cuando la vi en el aeropuerto, fue como verla por primera vez. Como si fuera un niño de nuevo, con la anticipación de abrir un regalo, que le rogué a mamá y lo recibí la mañana de navidad.

En este milisegundo, me doy cuenta de por qué estoy aquí. Lo asimilo todo y allí está ella, en toda su belleza. Es tan hermosa.

—Lo siento, no quise asustarte —mantengo mi voz baja y tranquila—. ¿Qué es eso de caracoles, caracolillos?

—Mi boca no tiene filtro. Deja escapar lo que quiera. —Chloe juguetea con su oreja y se ríe suavemente. Recuerdo esa risa nerviosa como algo que la distingue y me encanta.

—Me gusta tu boca sin filtro —respondo, devolviéndole una sonrisa.

Chloe endereza los hombros, inclina la cabeza y luego frunce el ceño. Ella me mira como si me hubiera vuelto loco. Con los ojos entrecerrados, pregunta—: ¿Qué dijiste?

—Dije, me gusta tu boca —repito. Sus labios se abren e inmediatamente se cierra como si fuera a decir algo. ¿Acaso la he ofendido?

—¿Está todo bien, dije algo malo? —Intento leer la mirada de asombro en su rostro, pero no puedo descifrarlo.

Finalmente, sacude la cabeza.

—No, es sólo que dijiste algo que… —susurra Chloe, casi de forma inaudible, pero lo entiendo.

Tengo la sensación intuitiva de que debo haber activado un recuerdo, pero no puedo estar seguro. A veces, cuando se dispara un recuerdo, puede volverse tan claro como me está mirando, un relámpago que llega tan rápido o como caminar lentamente a través de una neblina brumosa. Puede ser desagradable para alguien que sufre de amnesia, por lo que debo tener cuidado.

Me mira por un momento. Es obvio que Chloe no me reconoció de inmediato cuando los recogí en el aeropuerto. Una parte de mí desea que se acuerde de mí. Quiero preguntarle si ha leído algún buen libro últimamente. ¿Todavía usa sus pantalones anchos? Quizás ponernos al día como viejos conocidos.

Le dije mi apodo, el nombre que uso y cómo me llaman mis compañeros de equipo. Pero ahora, ella me conoce como Julian Cruz el ayudante. Aunque estoy aliviado, también estoy triste porque su amnesia se llevó parte de su vida y el recuerdo de la noche en que nos conocimos está olvidado.

Ahora, es como empezar de nuevo.

Aclarándome la garganta, pregunto—: ¿Te gustaría que llevara tus maletas a tu habitación?

—Está bien, yo puedo hacerlo.

Ambos alcanzamos las maletas y nuestras manos se tocan. La falta de aliento me alarma. Agarro el asa de una de ellas, esperando que los ojos de Chloe se encuentren con los míos. Y cuando lo hacen, una chispa eléctrica me atraviesa hasta la ingle, pero es mi corazón el que cobra vida.

¿Ella también lo siente?

Esas palabras flotan en el aire como si supiéramos lo que piensa el otro y estoy tentado a probar esa teoría. Pero tengo reglas y necesito asegurarme de no romperlas. Todas las consecuencias pasan por mi mente si eso llegara a suceder. Lo he visto de primera mano, perder a un ser querido porque mis instintos me fallaron al estar distraído.

Respiro profundamente y me relajo. Soy profesional y tomo mis asignaciones en serio. Es mi trabajo controlar mis acciones en cualquier situación en la que me encuentre. Y la forma en que no puedo controlar mis emociones ahora, me pone nervioso.

Un minuto estoy frente a Chloe y al siguiente, un fantasma de mi pasado me persigue. ¿Cómo es que ese oscuro recuerdo enterrado tan profundamente está resucitando del abismo de mi mente?

Es una advertencia. Atención. Recuerda por qué estás aquí.

—Por favor, déjame tomar esto por ti. No sería un caballero si no hiciera esto. —Le guiño un ojo.

Chloe sonríe mientras sus manos se levantan en señal de rendición.

—Supongo que la caballerosidad todavía existe.

Levanto la maleta más grande e inmediatamente ella toma la más pequeña.

—¿Dios mío, mujer, qué empacaste aquí, todo y el fregadero de la cocina? ¿Y querías llevar esto a tu habitación?

—Deja de quejarte, viejo. Tú te ofreciste. Además, creo que puedes manejarlo —dice Chloe con una sonrisa mientras me río en voz alta.

—Nada de viejo. Dame una oportunidad, te mostraré qué más puedo manejar. —Le regalo otra de mis sonrisas. Chloe se da vuelta rápidamente, pero alcanzo a notar un rubor sobre sus mejillas de porcelana. Veo sus largas piernas y su lindo trasero al subir las escaleras y no puedo evitar imaginármelas envueltas alrededor de mi torso.

Ser un guardaespaldas encubierto nunca es una tarea fácil, especialmente para esta asignación. La ironía de todo, yo pedí que me pusieran en este caso.

Cuando nos conocimos en San Francisco hace dos años, instantáneamente me gustó Chloe y no podía negar la atracción. Y saber que su vida está en peligro me hace querer ser su protector.

Mis compañeros de equipo me dicen que tengo un complejo de caballero de brillante armadura, siempre queriendo estar en todas las asignaciones posibles. Y tal vez sea cierto.

Mi asignación es seguir a Chloe, ser su guardaespaldas y nada más. Pero también quiero resolver este caso y descubrir quién es el bastardo y acabar con él.

Previamente, contacté a Rocky para recopilar información personal sobre Chloe.

Tal como Rocky había hecho en casa, necesito hacerme amigo de Chloe y ganarme su confianza.

Chloe tiene un círculo de amigos bastante reducido. Phoebe y Ryland son sus mejores amigas. Están Sam, su primo, y Brennan, el dueño de un restaurante al que les gusta ir con frecuencia.

Rocky tuvo la suerte de ser parte del círculo de Chloe y conocerlos mejor. Rocky no sospecha de ninguno de los amigos como el perpetrador. Sin embargo, ella cree que el sospechoso pudo haber contactado a Chloe en los últimos meses. No está claro cuántas veces Chloe fue contactada, pero Rocky tiene la sensación de que era suficiente para sacudir los nervios de Chloe.

Si ese es el caso, ¿por qué Chloe no se lo mencionó a su padre o la policía?

Mi mandíbula se tensa al pensar que este psicópata se pueda acercar a Chloe. Sabiendo todo esto sobre ella, quiero matar a todos sus demonios, especialmente el que la persigue.

—Esta es mi habitación. —Abre la puerta, enciende la lámpara mientras deja su bolso en el suelo—. Puedes poner el fregadero de la cocina allí.

Ella señala su cama mientras me río por su sarcasmo.

Después de dejar caer la maleta en la cama, camino hacia la ventana y deslizo las cortinas hacia un lado con la mano. Al ver la camioneta en la entrada principal, tomo nota mental de dónde está su habitación.

Me aclaro la garganta mientras miro alrededor de su habitación y luego miro dentro del baño contiguo.

—Muy bonito —digo como si nunca hubiera estado aquí.

Deslizo mi mano sobre la cama. Es una habitación femenina decorada en un suave tono azul con toques amarillos y almohadas con volantes. En las paredes hay colgados unas fotos de la playa y conchas marinas adornan la mesita de noche y el tocador.

Para una mujer que se esfuerza demasiado, ella me resulta más atractiva que cualquier otra, mi mirada vaga por sus sedosos rizos castaños que caen suavemente sobre su clavícula, y luego a su escote que se asoma de su blusa con cuello en V.

Tranquilo, chico. Me digo refiriéndome al hormigueo debajo de mi cinturón.

—Entonces —digo, tratando de romper la incomodidad—. ¿Cuáles son tus planes mientras estás en la isla?

—No estoy segura. Phoebe tiene algunas cosas planeadas, estoy segura.

—Bueno, estoy aquí para llevarte a donde quieras. —Me encojo de hombros y mi sonrisa es automática al pensar en cuánto tiempo pasaré con ella.

Chloe me devuelve la sonrisa. Nos miramos por un momento y me pregunto qué está pasando por esa cabeza tan bonita.

Debería alejarme y dejarla acomodarse en su habitación, pero el tirón es fuerte y dejarla en la habitación es lo último que quiero hacer. Y tengo la sensación de que también está pensando lo mismo.

Chloe tiene esos ojos que pueden atraer a cualquier hombre y tragárselo entero.

¿Qué es lo que tiene ella?

Quiero acercarme y tocarla, actuar según mi impulso y saborear sus labios. Pero necesito bloquearlo. ¡Concéntrate, maldita sea! Me paso los dedos por el pelo.

—Nada de novia, ¿eh? Estoy sorprendida. —Chloe se mueve de lado a lado con sus tenis Converse, sacándome de mis pensamientos sobre ella desnuda y entre mis brazos.

—¿Por qué? —Frunzo el ceño, dejando escapar una risita.

—Quiero decir, mírate. Podrías ser un modelo o un doble para el cine. —Las manos de Chloe se agitan, señalando mi cuerpo—. Estoy segura de que has conquistado muchas chicas de esas que parecen salidas de una revista, de esas que tienen una buena delantera y buen acolchado en la parte de atrás y que además les gusta lucirlos.

Me ahogo en mi risa, sorprendido de que ella sea tan sincera. Pero no podría haber estado más equivocada.

—¿Me conoces desde hace menos de un par de horas y asumes que duermo con fulanas?

—Lo siento, no es lo que quise decir. Eso ha sonado mal, otra vez, mi boca sin filtro. —Se tapa los labios con la mano cuando nuestros ojos se encuentran—. ¿Hace calor aquí?

Dejando escapar un silbido, se abanica el rostro con la mano.

Con el sonrojo de Chloe, voy a disfrutar coqueteando con ella, de eso estoy seguro.

—¿Y qué me dices de ti? —Apunto mi barbilla hacia donde está.

—¿Qué hay de mí? —Chloe echa la cabeza hacia atrás.

—¿Sales con alguien?

—¿Es esta tu estrategia para conquistar mujeres, preguntarles si tiene un hombre antes de continuar ya que eres un caballero y todo eso?

—Digamos simplemente es una coqueta curiosidad. —Apoyo el hombro contra la pared opuesta, con los brazos sobre el pecho—. ¿Eres conquistable?

—Esto… —Sacude la cabeza y me mira como si acabara de probar algo malo.

—¿Que se supone que significa eso?

—Tengo problemas y digamos que no soy del tipo que los hombres consideran digna de cortejar.

—No estoy de acuerdo —respondo, me molesta que esté hablando mal de sí misma.

Chloe arquea una ceja.

—¿No estás de acuerdo?

—Yo te conquistaría —digo suavemente y miro profundamente a sus ojos aguamarina.

—O has estado en esta isla demasiado tiempo o debes haber fumado mota. —Chloe junta el pulgar y el índice como si fumara un porro.

Me rio entre dientes sin esperar que eso saliera de su boca.

—Estás bastante fría, cariño.

—¿Te estás riendo de mí? —Su mano presiona contra su pecho.

—Nunca me reiría de ti, contigo, sí. Nunca de ti. —le digo—. En primer lugar, no me gustan las fulanas. En segundo lugar, he estado en la isla por poco tiempo y, en tercer lugar, no fumo en absoluto. Finalmente, eres muy hermosa y cualquier hombre que no vea eso es un idiota.

No puedo negarlo. Definitivamente algo está sucediendo entre nosotros y no hay forma de que pueda ignorar la excitante química. Con la mirada en sus ojos y los latidos en mi corazón, desearía que no hubiera otra agenda y mi único plan fuera llegar a conocerla mejor.

¿Puedo hacer este trabajo y protegerla? Por supuesto, proteger a Chloe es la parte fácil.

¿Puedo mantener mis sentimientos a un lado para que no afecte mi trabajo? Posiblemente, será un desafío, especialmente con estas emociones inexplicables dando vueltas dentro de mí como un torbellino.

No puedo evitar sentirme así. Un destello rápido de ella en mi cama. Besando cada centímetro de su piel suave, mis dedos enredados en los sedosos mechones de su cabello, saboreando sus labios carnosos, acariciando sus tetas mientras me muevo lentamente sobre ella.

¡Saca tu mente de la alcantarilla, Book!

Froto mi rostro con mi mano, terminando los pensamientos. Para cuando termine la noche, será muy necesaria una ducha fría. Pero, el soldado que vive dentro de mis pantalones cortos tiene una mente propia. Tengo que pensar en algo rápido.

—Entonces, dime, Chloe, ¿qué haces para divertirte? —Pregunto, ajustando mi creciente incomodidad—. ¿Te gusta salir de compras?

—¿Disculpa? —Chloe inclina la cabeza, muy probablemente por el cambio abrupto de tema—. ¿Es así como me ves, una mujer superficial y despistada a la que le gusta comprar?

—Lo siento. No quise ofenderte. —Me pongo la mano detrás del cuello y me abofeteo mentalmente.

—Aunque comprar siempre es divertido, no está en mi lista de prioridades —reprende, poniéndome en mi lugar para mi opinión sobre las mujeres y el gasto de dinero.

—¿Te gusta salir a correr? —pregunto con la esperanza de poder redimirme.

—Sí, claro. ¿Por qué?

—Por lo general troto en la mañana antes de que salga el sol.

—Ese es el mejor momento para salir.

—¿Entonces qué dices? —Alzo una ceja—. ¿Te gustaría ir a correr conmigo mañana?

—Oh, no lo sé. Ha pasado un tiempo desde la última vez. No me gustaría retrasarte. —Chloe se muerde la uña.

—Eso es un disparate. Me gustaría disfrutar de la compañía.

—Estoy aquí para relajarme. —Chloe presiona sus labios y asiente vacilante—. Supongo que no estaría de más hacer un poco de ejercicio. Qué bueno que traje mis tenis para correr.

—Genial, entonces tenemos una cita. Comencemos pasado mañana. Eso te dará un día para descansar y reponerte del cambio de horario.

—¿Una cita? —Chloe cruza los brazos sobre su pecho y me mira—. Julian, salir a correr en la mañana no se considera una cita que yo sepa.

—¿Qué, ahora eres una experta? —Me rio con la esperanza de poder conquistarla con mis burlas.

—Eso no es lo que quise decir. Pero considerando el tema, debería haber una enciclopedia entera sobre cómo un hombre debe tratar a una mujer.

Mis labios aparecen en una sonrisa mientras me acerco un paso.

—Mi madre crio a un caballero y no necesito ninguna enciclopedia. —Mierda, no lo hagas, no hables de eso—. ¿Qué tal si te llevo a cenar, te muestro cómo sería tener una cita conmigo?

Las palabras salen antes de que pueda recuperarlas, incluso antes de que pueda intentarlo.

¿Que hice? Rompí la regla número uno.

—¡Ah! ¿Y por qué debería ir a cenar contigo? —Se chupa el labio inferior y con los dedos mueve las puntas de su cabello castaño.

—Porque te caigo bien. —Me encojo de hombros

Ella sonríe a medias.

—¿Tienes el ego bastante infladito, no?

—Así es. —Una sonrisa arrogante se ensancha en mi cara.

—Tendré que checar contigo después, ya que mi planificadora de vacaciones me tiene todo reservado. ¡Compras y todo!

—Haz eso. ¿Tu agente se pondrá en contacto con el mío? —Bromeo mientras ella sonríe—. Tienes una sonrisa preciosa.

La cara de Chloe se suaviza mientras se ríe.

—¿Estás tratando de cortejarme? —Sus dedos se agitan frente a ella.

—¿Está funcionando?

—Yo, esto…

—¿Te pongo nerviosa? —Pongo mis manos en mis bolsillos de la única manera que puedo controlar mis manos, para no tocarla.

En el poco tiempo que he estado cerca de Chloe, he captado sus pequeñas peculiaridades. Su boca sin filtro y esas palabras que salen de la nada. Por la forma en que se sonroja, poco después de acariciar su cabello o morderse el labio inferior, un signo revelador de su nerviosismo, estoy seguro de eso.

Esta mujer delante de mí me intriga.

Ella es ingeniosa, pero tímida.

Ella es hermosa, pero no vanidosa.

Su inocente risita es intoxicante.

Su sonrisa me derrite.

Chloe me tiene atrapado de alguna manera. No importa cuánto trate de minimizar mis sentimientos, ella tiene esta atracción sobre mí. Me acerco a ella y ahora estoy a un pie de su cálido cuerpo.

La última vez que alguien me hizo sentir así fue…

—Odio decírtelo, pero no estoy nerviosa en absoluto —responde ella, mientras la miro profundamente a los ojos—. Me quemé, aprendí mi lección.

—El que te quemó es un pedazo de…

—Un pedazo de mierda. Y gracias a él, las citas no están en mi radar —dice suavemente, menta en su aliento.

—Nunca te quemaría —le digo.

—¿Por qué dirías eso? Ni siquiera me conoces.

—Voy a rectificar eso. —Respiro su perfume, el aroma familiar de duraznos y champú—. Cena conmigo. Déjame mostrarte cómo mereces que te traten.

—Eres realmente bueno para cortejar.

—Eso me han dicho. —Le doy mi mejor sonrisa, esa que me han dicho que baja bragas.

Nuestras miradas se encuentran y con cada segundo que pasa nuestra conexión se fortalece. La química intensa impregna el espacio entre nosotros.

—¡Chloeeeee! —La voz de Phoebe resuena desde abajo—. Te estamos esperando aquí abajo.

Salvado por la maldita campana.

Me aclaro la garganta—: Creo que alguien más requiere tu atención.

—Sí, supongo que sí —susurra. Y maldita sea, tengo tantas ganas de besarla.

¡Maldición, necesito una ducha fría!





Seis

Chloe



—Sam, no seas mentiroso. No es así como sucedió. —Con los ojos entrecerrados, apunto con mi dedo a Sam.

Sam se cruza de brazos.

—Está bien, señorita yo-recuerdo-todo. Dinos tu versión de los hechos.

Phoebe y Sage ahogan una carcajada por su gracioso chiste.

—¡Ey! —grito, no me gusta el chistecito—. Te dejaré pasar esa, imbécil.

—Bueno, estamos esperando. —La esquina de la boca de Sam se alza en una sonrisa.

Escaneo las caras alrededor de la mesa. Tres pares de ojos muy abiertos con tanta anticipación para escuchar mi versión de la historia.

Pero no los de Julian.

Las gruesas pestañas y los intensos ojos oscuros del hombre parecen desvestirme. Y no puedo evitar la ola de calor que se eleva desde mi columna hasta la base de mi cuello. No puedo controlar la repentina quemadura y sé que necesito controlarme antes de avergonzarme.

Mira hacia otro lado, Chlo.

Toso y necesito aclarar la visión que tengo de Julian cuando su cuerpo estaba a unos cuantos centímetros del mío hace un momento en mi habitación. Mentalmente sacudo la cabeza y me concentro de nuevo en la conversación.

—Esto es lo que realmente sucedió. Todo iba bien. Manejé las olas hasta que Sam dobló la esquina alrededor de la boya. Entonces este idiota —señalo a Sam—, hizo un giro brusco, zigzagueando, lo que me hizo perder el control y siguió sin mirar atrás.

—¡Mierda! —Sam levanta los brazos—. Haces que parezca que no regresé por ti.

Muevo mi mano rápidamente en el aire.

—Sam, déjame terminar. Entonces, después de flotar en medio del maldito océano por lo que pareció una eternidad, Sam finalmente dio la vuelta. Mi punto es, si planeas ir a esquiar —arqueo una ceja para Phoebe y Sage—, no confíes en Sam como el conductor.

—Al menos volví por mi pobre primita—se burla Sam, dando la impresión de un bebé que llora—. Chloe necesitaba ser rescatada.

Un recuerdo opaco en mi conciencia destella en el fondo de mi mente. Una imagen borrosa de la cara de un hombre de pie con los hombros anchos, con un auricular en la oreja conectado a un alambre enrollado debajo de la solapa de su chaqueta, preguntando: ¿Necesitas que te rescaten?

Sacudo la cabeza mientras la ansiedad se arremolina en la boca de mi vientre.

¿Es mi imaginación? Estoy tomando mi cuarta copa de vino, ¿O es un recuerdo olvidado? No puedo descifrar las imágenes y si la visión realmente sucedió, o no.

¿Qué demonios fue eso? ¿Un dejá vu?

—¿Estás bien? —susurra Phoebe, colocando una mano sobre mi hombro.

—Sí, estoy bien. Creo que el vino me está haciendo efecto, eso es todo. —Dejo de lado la preocupación y luego miro a Julian.

Estaba destinada a ser una mirada rápida, pero ahora no puedo apartar mis ojos de él. Es algo agudo, un sentimiento molesto, envía escalofríos a la parte posterior de mi cuello. Su rostro tan hermoso parece vagamente familiar. ¿O es la atracción que se agita entre nosotros?

Sus ojos. ¿Dónde los he visto antes?

Escaneo mi tarjetero mental pero aún no puedo ubicarlo allí. Es como si estuviera perdida en un laberinto en mi propia cabeza. Este es definitivamente uno de esos momentos en que ser ajena a mi pasado me frustra y quiero golpearme la cabeza contra la mesa con la esperanza de refrescar mi memoria.

—Bueno, como Olinda no nos dejó nada que limpiar, me dirijo a la cama. —Sam bosteza. Se vuelve hacia Sage y le acaricia la cara—. ¿Nena, estás lista para ir a dormir?

—Definitivamente —responde Sage con ojos cansados, luego asiente con la cabeza hacia donde estamos nosotras—. Buenas noches, chicas. Nos vemos mañana.

Sam habla—: Tal vez no, nuestro día mañana empieza temprano. Vamos a dar una vuelta por la isla. —Él toma la mano de Sage—. Buenas noches, señoritas.

Después de esto desaparecen por el pasillo.

—Chlo, yo también me voy a la cama. —Phoebe estira los brazos y ladea la cabeza de lado a lado—. ¿Vienes?

—Voy en un minuto. Voy a acompañar a Julian afuera.

Phoebe se levanta y se vuelve hacia Julian.

—Buenas noches, Julian. Supongo que nos veremos por ahí.

Julian asiente con una sonrisa mientras Phoebe se retira por el pasillo.

—No hay necesidad de acompañarme. —La voz de Julian es áspera—. Puedo poner el seguro cuando salga.

—¿Le estás haciendo pasar un mal rato a la señora de la casa por quererte acompañar a la puerta? Además, quiero asegurarme de que las puertas estén cerradas. Lo he convertido en una rutina que cumplo a cabalidad.

—Bueno, es una buena rutina y tampoco quiero rechazar la oferta de una hermosa mujer de acompañarme a la puerta principal.

Mis manos se mueven inquietamente en el dobladillo de mi camiseta mientras caminamos por el pasillo hasta el vestíbulo.

Las mariposas me hacen cosquillas en el interior de mi vientre cuando lo miro rápidamente. Su sonrisa cálida muestra sus hoyuelos sexys como el infierno. Debería ser pecado ser tan guapo.

Siempre he tenido una percepción; los hombres como él son engreídos y egoístas. Pero Julian me sorprendió y es todo lo contrario. Claro, él coqueteó conmigo arriba, pero hay una diferencia entre la arrogancia y la confianza que este hombre exuda.

Y hay algo más sobre él, algo dulce y respetable.

Aun así, se plantea una cuestión de la familiaridad desconocida, persistente en un rincón de mis recuerdos.

Mi pecho se aprieta y mi estómago se endurece. Estoy obsesionada con la imagen del hombre sin rostro con traje y corbata que me preguntó si necesitaba ser rescatada.

¿Rescatada de qué o de quién?

Desesperada, ansiosa por una respuesta, inhalo y luego exhalo.

—Julian, tengo que preguntarte, ¿nos hemos visto antes?

—¿Qué te hace pensar que nos hemos visto antes? —Levanta una ceja.

—No importa. —Sacudo la cabeza de repente sintiéndome como una idiota por preguntar—. Por supuesto, que no nos hemos visto, fue una pregunta tonta.

Estoy emocionalmente agotada y no quiero dar más detalles. No quiero que Julian sepa sobre la amnesia que he sufrido desde mi ataque.

Mi cuerpo y mi mente han estado funcionando a un ritmo loco durante los últimos meses. Desde la muerte de mi madre, la curación física y emocional de mis heridas, hasta las pesadillas y ahora estos extraños destellos.

Soy paciente y con el tiempo, al menos eso espero, las imágenes revelarán algunas verdades hasta que pueda volver a estar completa.

Julian abre la puerta principal, sale al porche y se vuelve hacia mí. Sus ojos oscuros parpadean desde la luz de las nuevas lámparas.

—Te veré mañana —dice con su voz, suave y aterciopelada.

—Sí, nos vemos mañana —respondo, mordiendo mi labio inferior.

—Bien, buenas noches. —Julian se humedece los labios con la lengua, justo donde quiero lamer y saborear y ... ¿Qué demonios me pasa? ¡Despierta!

Julian toma mi mano y se la lleva a la boca. Mi piel es hipersensible a su toque y juro que siento la caricia de su lengua mientras sus labios rozan mis nudillos.

Una corriente eléctrica enciende mis partes de mujer y mis muslos palpitantes. Los cabellos en la parte posterior de mi cuello comienzan a hormiguear, y mi corazón late tan fuerte en mis oídos que creo que podría quedar sorda.

La tensión sexual enciende el aire en llamas.

Lucho con el deseo y me quedo sin aliento en la garganta. Necesito romper la conexión, retrocedo unos pasos hasta que estoy al otro lado de la puerta.

—Buenas noches, Julian. —Lentamente cierro la puerta, le pongo seguro, dejando a Julian en la noche oscura y cálida.


✽✽✽



Entro en mi habitación tratando de atenuar la sonrisa tonta en mi cara. Phoebe se sienta en la cama mientras se cepilla el pelo.

—Bueno, ¿cómo te fue con tu papacito? —Phoebe salta de rodillas sobre el colchón.

—Feebs, pensé que te ibas a dormir. —Me quito los zapatos y los tiro en la esquina de la habitación, sin importarme lo más mínimo donde aterrizan—. Y él no es mío.

—No me ocultes cosas, perra. ¡Él está buenísimo! Creo que está interesado en ti —me pregunta Phoebe—. ¿Te invitó a salir?

Pongo los ojos en blanco. Hemos sido mejores amigas desde que éramos niñas. Aunque ahora somos compañeras de apartamento, ver a Phoebe en mi cama me recuerda a las muchas pijamadas que hicimos cuando éramos niñas, largas llamadas telefónicas y las veces que nos prestamos ropa cuando éramos adolescentes.

Después del bachillerato, Phoebe y yo seguimos pegadas como el chicle mientras Ryland, nuestra tercera mejor amiga, se fue a estudiar a Los Ángeles. Ella consiguió una pasantía en Suiza y luego eso la condujo a una oportunidad increíble de trabajo. Echo de menos a Ryland, que ha sido la mediadora entre Feebs y yo. Tengo la sensación de que esta es una de esas veces que la necesito en esta habitación conmigo, para ayudarme con la intromisión de Phoebe.

—No, bueno, sí —tartamudeo—. Dios, necesito a Ryland ahora mismo.

—Bueno, qué pena, Ry no puede salvarte. ¿Entonces qué, sí o no? —Phoebe acaricia su largo cabello castaño oscuro con mi cepillo—. Definitivamente él está muy masticable.

—No grites, estás loca. —Me llevo un dedo a los labios—. ¿Y quién ha dicho que me lo voy a echar a la muela?

—Vi cómo te miraba. Él tiene esos ojos de ven y hazme cosas. —Phoebe se calma y cruza las piernas sobre la cama—. ¿Entonces qué?

—Sí, me invitó a cenar, y no, no estoy segura de querer ir.

—¿Porque diablos no? —Su mano se detiene a la mitad de su cabello.

Suelto un suspiro exasperante.

—No quiero comenzar algo que sé que no tiene futuro. —Abro mi maleta y empiezo a colgar mi ropa en el armario y guardo algo en la cómoda—. ¿Recuerdas lo que pasó con Luke Jensen?

—¿Cómo te atreves a mencionar su nombre? Ese tipo no merecía tu tiempo entonces, y estoy segura de que no lo merece ahora.

—Lo sé, pero Feebs, pensé que él era el indicado. —Los pensamientos giran en mi cabeza cuando mi mente vuelve a esa noche. La noche que atrapé a Luke con otra mujer—. No solo él me arruinó, sino que se folló a esa maldita enfermera. Lo curioso, después de haberlos atrapado juntos, no la he visto regresar.

La relación con Luke duró cuatro meses. Luke era guapo con un cabello rubio perfecto, ojos color avellana, una mandíbula cuadrada y bien afeitada, una sonrisa sexy y reluciente. El soltero más perseguido de la ciudad y un exitoso cirujano en el hospital general de San Francisco. Seguro y estable. El tipo de hombre con el que habría sentado cabeza.

Después de que mi mamá murió, Luke estuvo en el funeral. De hecho, todo el personal del Hospital estuvo allí. Varias semanas después, Luke me buscó para asegurarse de que yo estaba bien. Finalmente, nuestra amistad se convirtió en algo más.

Su mera presencia hace que casi todas las enfermeras prácticamente dejen caer sus bragas por él. Pero por alguna razón, el delicioso espécimen masculino me colmó con toda su atención, mimándome con flores, invitaciones a cenar y cosas por el estilo.

Entonces, una noche, Luke me dijo que llegaría tarde, algo sobre las rondas de último minuto y que necesitaba ver a un paciente antes de irse.

Aproveché y llegué temprano a su casa para sorprenderlo y prepararle la cena. En el menú había un par de botellas de vino tinto, dos filetes, espárragos y papas rostizadas. Esto fue una exageración para mí, ya que prácticamente se me quema hasta el agua.

Cuando iba entrando por la puerta principal de su casa, nada podría haberme preparado para lo que vi. Los pantalones de su uniforme estaban alrededor de sus tobillos, mientras su pelvis empujaba contra una mujer inclinada sobre su escritorio.

¡Reyna Donovan, esa zorra!

Me congelé al ver al hombre que acababa de romper mi corazón en un millón de pedazos. El aire apestaba a sexo. El éxtasis en la cara de Luke, los gemidos que se desenroscaban de la garganta de Reyna y el golpeteo de su piel eran como un escalpelo cortando mis venas para hacerme sangrar lentamente.

Lágrimas calientes rodaron por mis mejillas y la ira hirvió en la boca de mi estómago. La bolsa de comestibles cayó de mis manos con un fuerte golpe que reverberó en el espacio cuando golpeó el piso de madera.

La cabeza de Luke se levantó ante el sonido. Sus ojos se clavaron en los míos. Reyna se bajó la falda que le rodeaba la cintura mientras Luke se subía rápidamente los calzoncillos y los pantalones.

—¡Mierda, Chloe! —gritó, siguiéndome mientras corría por el pasillo hacia la puerta principal—. No es lo que piensas.

Cerré los ojos con fuerza, agarrando la puerta como apoyo.

—¿No es lo que pienso? —La adrenalina corrió por todo mi cuerpo—. Tal vez sea una suposición descabellada, pero creo que la enfermera Donovan fue parte de tus rondas de último minuto.

—Chlo, déjame explicarte —tartamudeó Luke, tratando de hilar una frase coherente, pero falló.

Deseé abrir los ojos, usando toda mi fuerza para contener las lágrimas que picaban la parte posterior de mi garganta. Lo miré, estando tan cerca de mí que podía oler el perfume de Reyna que emanaba de su torso desnudo.

—¿Cuánto tiempo, cuánto tiempo llevas acostándote con ella?

—No puedo.

—¿No puedes? —La amargura agudizó mi voz, queriendo arañar sus ojos—. Eso es lo que deberías haberle dicho a Reyna antes de meterle el pito.

Se quitó el pelo despeinado de la frente.

—No quiero decírtelo.

—¡Contéstame, maldita sea! —grité, lágrimas llenaban mis ojos.

—Mierda, Chloe. ¿Importa?

—¿Me estás tomando el pelo? A mí me importa.

—Dos meses —murmuró.

—Idiota. —siseé, ahogando la bilis que se elevaba en mi garganta—. ¿Cómo pudiste? Pensé que…

—¿Qué? ¿Qué te amaba? Maldita sea, Chloe. Llevamos juntos cuatro meses. ¿Cómo puedo amar a alguien con quien no me he acostado ni una vez?

La rabia en mis ojos se encontró con su rostro impasible. Mi corazón explotó por el furioso infierno creciendo en mi pecho.

Luke nunca me amó. Dios, me sentí tan estúpida.

La sangre calentada se precipitó de mi cara a mis manos, se cerró en puños, clavando las uñas en mis palmas.

—¿Estás diciendo que amas a Reyna?

—No. No la amo. Solo sucedió. Pero un hombre tiene necesidades, nena.

Mi puño voló conectando con su mandíbula.

—Vete al infierno. —El dolor en mi mano era bastante, pero valió la pena—. ¡Y no soy tu nena, gilipollas!

Azoté la puerta principal cerrándola detrás de mí. Si mi madre todavía estuviera viva, se habría indignado y lamentado habérmelo presentado en la gala de recaudación de fondos.

Después de que Phoebe se enterara lo que Luke me hizo, mi mejor amiga lívida llamó anónimamente a una de las estaciones de enfermeras para comenzar un rumor. Estas enfermeras son implacables con los chismes. En poco tiempo, el Doctor-tumba-bragas se hizo conocido como doctor-no-funciona-Jensen, quien tomó píldoras para poder levantar el ánimo. El rumor duró varias gloriosas semanas.

Aunque no pude apoyar lo que hizo mi amiga, aprecié los esfuerzos de Phoebe hacia una dulce venganza y solidaridad.

—Chlo, eres mi persona —dice Phoebe, trayéndome de vuelta al aquí y ahora—. El doctor-no-funciona-Jensen es historia antigua.

Hace una pausa como si una epifanía la golpeara.

—Tienes que echártelo.

—¿A quién, a Luke? —Echo la cabeza hacia atrás—. ¿Estás bromeando no?

—No, tú idiota. Me refiero al señor Irresistible, lame-su-paleta-latina Julian. —Phoebe se ríe—. Y si no funciona, nos iremos en unas semanas. Sin daño, sin repercusiones.

—¿Siempre tienes sexo en el cerebro? —No quiero admitirlo, pero la imagen de Julian me debilita las rodillas.

—Estás en lo correcto. —Menea las cejas.

—¿Cómo somos amigas, grandísima zorra?

—No puedo evitar estar en contacto con mi sexualidad. Además, desde que fui abandonada por ese imbécil de Bryan, me he convertido en una persona diferente. Que te rompan el corazón realmente puede joder la mente y el corazón de una mujer, hablando de joder.

Miro a los ojos esmeralda de Phoebe.

—¿Por qué estás tan interesada sobre mí y Julian?

—Nena, quiero que la pases bien en nuestras vacaciones. Lo dije una vez y lo diré de nuevo. Saldrás de esta hermosa isla con una nueva perspectiva de la vida y los rayos no caen dos veces en el mismo lugar.

—Voy a disfrutar mis vacaciones independientemente. Y Julian no está en la agenda.

—Lo está ahora —responde Phoebe.

—Ríndete, Feebs.

—Más bien tú necesitas rendirte. Dios sabe que tienes telarañas allí.

—No voy a tener sexo con Julian. Además, me estoy guardando. —Me apoyo contra la pared, reprimiendo un suspiro.

Phoebe se mete el dedo en la boca para gesticular con una arcada.

—Oh por favor. No te hagas la honorable conmigo. Te quiero como a una hermana, Chloe Harper Channing, pero necesitas sacar tu cabeza de las nubes y de esos libros de romance. Estamos en el siglo XXI y la caballerosidad ya no existe. El príncipe azul es el chico de al lado. Ese caballero de brillante armadura es un abogado de divorcios con un traje de tres piezas. Además, ¿Blancanieves no salió de la casa de pan de jengibre para encontrarse con su corpulento Fabio?

—En primer lugar, Blancanieves vivía en una cabaña con los siete enanitos. En segundo lugar, Hansel y Gretel fueron abandonados por sus padres y vivían en la casa de pan de jengibre, y en tercer lugar, no leo sobre Fabio.

—Una mujer que vive con siete hombres me suena como una gran orgía. Y los padres que abandonan a sus hijos demuestran que los cuentos de hadas son una mierda. De todos modos —argumenta Phoebe—, has captado el mensaje.

—No tiene sentido. Julian vive aquí y mi vida está en San Francisco. Soy patética, lo sé. Soy una virgen de veintinueve años que busca a alguien con quien compartir su vida y él está en San Francisco en algún lugar. Lo sé.

—¡Vive por una vez y quítate ese maldito cinturón de castidad! —Phoebe exhala—. Mira, sé que te estás guardando para el hombre perfecto. ¿Pero y si Julian es ese hombre?

—Esta conversación terminó y estoy cansada. —Bostezo—. Ahora, puedes ir a tu propia cama o quedarte para que pueda contarte un cuento sobre Hansel y Gretel antes de dormir.

Phoebe arruga la nariz.

—No, gracias, lo dejaré pasar. Pero no he terminado de hablar de esto. —Se escabulle de la cama—. Comienza la Operación-Lame-Su-Paleta-Latina.

Phoebe se ríe mientras esquiva una almohada que le tiro.

Pongo los ojos en blanco.

Ryland, ¡desearía que estuvieras aquí!





Siete

Julian



—Céntrate, maldita sea, estás en una asignación —me reprendo a mí mismo mientras acelero. Necesito correr por la mañana para liberar la tensión sexual y las emociones abrumadoras que invaden mi cuerpo.

El sol se asoma sobre la cima de la colina y la temperatura en el aire se eleva a casi insoportable. El sudor me cae por la frente, mis puños se aprietan mientras mis pies golpean la grava y hacen vibrar mis piernas.

El In the End de Linkin Park resuena en mis audífonos. Parece encajar de alguna manera con la situación mientras escucho el zumbido de las letras en mis oídos. Corro más rápido para calmar mi excitación. Esperaba que el bajo atronador pudiera dominar mis pensamientos de culpa de mi pasado y la atracción que me lleva más cerca de Chloe.

Necesito bloquearlo, dejar a un lado mis sentimientos y recordar por qué estoy aquí.

Mi trabajo: protegerla de un psicópata desconocido.

No puedo olvidar mi primera prioridad. Hacerlo nos pondría en peligro a los dos y no puedo vivir ese tipo de infierno nuevamente. Apenas sobreviví al dolor la última vez que bajé la guardia y todavía me estoy atormentando porque todo fue mi culpa

Recuerda tus instrucciones. Es un cliente. Por mucho que odies el término, ella es el contrato.

Ya me he sobrepasado con Chloe, pero lo atribuiré como coqueteo juguetón e inocente. Las imágenes roban mis pensamientos. Sus mejillas se sonrojan, la forma en que se revuelve el cabello, cuando se chupa el labio inferior entre los dientes, este último casi hace que mi polla palpite.

Mi madre me enseñó a comportarme. Soy un caballero e inmediatamente me avergüenzo de imaginarme a Chloe en mi cama mientras hago todo lo que quiero con ella. Pero no puedo evitarlo. Estar cerca de Chloe valida que hay algo entre nosotros.

Estoy seguro de que sintió la misma atracción, ¿o leí mal su lenguaje corporal?

Su cuerpo, esbelto y elegante. Delgado y con curvas en todos los lugares correctos. Esas piernas larguísimas y esas tetas que están hechas para mis manos. ¿Mierda, qué me está haciendo ella?

He trabajado con mujeres atractivas y sensuales que casi se me tiraron encima. Me han tentado con ropa reveladora, de vez en cuando me invitaron a su habitación y algunas incluso me han manoseado. Algunos de mis compañeros de equipo habrían aprovechado la oportunidad de tener sexo con esas mujeres.

Yo nunca crucé esa línea. Cada una de ellas era sólo un contrato. Trabajo, única y exclusivamente trabajo.

Pero Chloe, ella es diferente, como una droga de la que no puedo tener suficiente y no puedo esperar a mi próxima dosis. Y no he recibido mi dosis. Pero a la mierda si no quiero. Quiero besar sus labios y probar su lengua y sentir su piel contra la mía.

Corro otra milla, empujándome hasta que no tengo más fuerza en el cuerpo. Cuanto más corro, mi mente piensa más, de vuelta a mi oficina.

Había papeles y fotos del caso Channing esparcidos por mi escritorio. Acababa de obtener la aprobación de Knox para trabajar en el caso.

Dejé de hacer clic en el bolígrafo con el pulgar y tomé el marco que estaba en la esquina de mi escritorio. Suaves rizos color cenizo caían sobre sus hombros. Sus ojos color avellana brillaban y tenía la sonrisa más bonita.

Amber. Dios, te extraño mucho.

Mi pulgar acarició el vidrio sobre la cara de la mujer. Esta es mi foto favorita de ella. Fue el día que le propuse matrimonio.

Frente a mí, sentí el peso de los ojos de Lincoln que me miraban desde su propio escritorio. Pude sentir que Lincoln quería decir algo, probablemente una observación con la que meterá la pata.

La honestidad de Lincoln es algo que respeto y, a menudo, hay palabras de sabiduría. En este momento, sin embargo, no estaba de humor.

Lincoln enderezó una pila de papeles y los hizo a un lado.

—¿No crees que es hora de dejarla descansar en paz?

—Linc —espeté—. Hoy no.

Sé que tiene buenas intenciones. Pero pedirme guardar la última foto que tengo de Amber en una caja con los demás es como enterrarla de nuevo.

—Lo siento, hombre, odio verte así.

Suspiré, volviendo el marco a su lugar correcto en mi escritorio.

—Se fue hace cinco años y todavía la extraño.

—Lo sé. Yo también la extraño, hermano. —La frente de Lincoln se arrugó—. Tienes que seguir adelante.

Le escuché decir a Lincoln antes de cerrar su computadora portátil.

Me froté la cara con frustración. El dolor en mi corazón descendió, encontrando residencia en lo profundo de mi alma.

—Lo estoy intentando. Mi alma ha estado negra desde el día de su muerte. Cinco putos años. ¿Tienes la respuesta, Linc? Dime, ¿cómo sigo adelante?

—No lo sé, hombre. Solo tú puedes averiguar eso.

—Todo lo que tú estás averiguando es cómo rascarte la próxima picazón —le respondí. Tan pronto como las palabras salieron de mi boca, deseé haberlas recuperado—. ¿Qué sabes de esto? Tu esposa no murió en tus brazos.

—Eso era innecesario. —Lincoln me entrecerró los ojos y se rascó la mandíbula—. Pero estás en lo correcto. JoJo no murió en mis brazos, pero ella me dejó y tuve que lidiar con eso.

—Lo siento, hombre. No quise…

—Sé que mi situación es diferente y no puedo imaginar el dolor que has pasado todos estos años. Pero también sé que no es saludable. Estoy sinceramente preocupado por ti. Te ahogas con el trabajo como voluntario para cualquier asignación que puedas tener para mantenerte ocupado. Date un descanso. Tómate unas vacaciones.

—No sé si puedo. Debería haber actuado según mis instintos cuando vi a ese cabrón atravesar esas puertas. Yo debería estar dos metros bajo tierra, no ella.


✽✽✽



Mis piernas finalmente ceden y me dejo caer en la arena. Tomo un sorbo de la botella de agua, mis codos sobre las rodillas dobladas mientras veo las olas romper contra la playa.

El dolor es como las olas del océano. A veces son fuertes y feroces, ahogándome donde me hundo más en el dolor.

Otras veces, el océano es pacífico y tranquilo, y me brinda el consuelo que necesito. No puedo olvidar a Amber, pero necesito aprender a vivir sin ella y seguir adelante.

El día que murió Amber Cruz no fue un día normal, fue su cumpleaños.

Un SEAL podría ser llamado en cualquier momento y aprovechaba el tiempo libre.

Estuve en Estados Unidos durante dos semanas y sorprendí a Amber con un viaje por carretera hasta Santa Bárbara. Teníamos reservación en un B&B, planeé una cena romántica y esperaba hacer el amor con mi esposa todo el fin de semana.

Vivíamos en una ciudad acogedora a las afueras de la Base Naval en Coronado, a unas cinco horas en auto del B&B. Salimos temprano cuando el sol no había roto el horizonte, esperando llegar antes del mediodía.

Aunque había un toque de naranja en el cielo, todavía estaba oscuro cuando estacioné el auto en la estación de servicio. Al ser un SEAL, era natural que mis instintos estuvieran en alerta máxima.

Escaneé el área y noté una camioneta Ford solitaria que había visto mejores días. Vi al hombre salir de su camioneta y entrar a la tienda.

—Voy a correr adentro para tomar un par de bebidas y refrigerios —dijo Amber después de abrir su puerta.