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Cuando todo se derrumba: Palabras sabias para momentos difíciles (Budismo)

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2009
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Der Stuermer - 1940 Nr. 25

Language:
german
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Cuando tú llegaste

Year:
2004
Language:
spanish
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qwertyuiopasdfghjklçzxcv Pema Chödron – Cuando todo se derrumba 1

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2 Pema Chödron – Cuando todo se derrumba



Índice



Introducción ......................................................................... 3

Intimar con el miedo ........................................................... 7

Cuando todo se derrumba .................................................. 15

Este mismo momento es el profesor perfecto ................... 23

Relájate en lo que es ........................................................... 33

Nunca es demasiado tarde ................................................. 43

No hacer daño .................................................................... 53

Desesperanza y muerte ...................................................... 61

Los ocho dharmas mundanos ............................................ 71

Seis tipos de soledad ........................................................... 81

Curiosos respecto a la existencia ....................................... 91

No agresión y los cuatro maras .......................................... 99

Crecer................................................................................ 111

Ampliando el círculo de la compasión ............................ 117

El amor que no morirá ..................................................... 127

Ir contra el miedo ............................................................. 137

Servidores de la paz .......................................................... 143

Opiniones .......................................................................; .. 157

Instrucciones orales secretas ............................................ 165

Tres métodos para trabajar con el caos ........................... 173

El truco de no tener elección .......................................... 183

Revertir la rueda del samsara .......................................... 197

El sendero es la meta ........................................................ 205



Pema Chödron – Cuando todo se derrumba 3



I n t r o d u c c i ó n



En 1995 me tomé un año sabático. Durante doce meses no hice prácticamente nada. Fue el tiempo en que más inspirada espiritualmente me he sentido en toda mi vida.

En buena medida, lo único que hice fue relajarme. Leí, caminé y dormí. Comí, medité y escribí. No tenía programa ni agenda ni «obligaciones». Durante este tiempo libre de programaciones digerí muchas cosas. Una de éstas fue empezar a leer lentamente dos cajas de cartón llenas de transcripciones de charlas mías, un tanto toscas e inéditas, impartidas entre 1987 y 1994. A diferencia de las charlas dathun que componen La sabiduría de la no evasión y las enseñanzas lojong que forman parte de Comienza dónde estás, aquellas charlas no parecían tener un hilo unificador. De vez en cuando miraba algunas transcripciones. Las había de todo tipo, desde pedantes hasta deliciosas. Fue interesante y vergonzante tener que enfrentarme a semejante profusión de mis propias palabras. Gradualmente y a medida que avanzaba la lectura empecé a ver que, fuera cual fuese el tema elegido para la charla, el país en el que estuviera o el año en que la escribí, había enseñado incansablemente sobre los mismos temas: la gran necesidad de maitri (bondad amorosa hacia uno mismo) y el desarrollo de una actitud

4 Pema Chödron – Cuando todo se derrumba compasivamente intrépida hacia nuestro propio dolor y el de otros. Me pareció que la visión detrás de cada una de las charlas era que podemos entrar en territorio desconocido y relajarnos en la insondabilidad de nuestra situación. El otro tema subyacente era disolver la tensión dualista entre nosotros y ellos, esto y aquello, bueno y malo, invitando a eso que solemos llamar vacío. Mi profesor, Chógyam Trungpa Rinpoche, lo describió como

«reclinarse sobre los puntos más afilados». Se me ocurrió que durante aquellos siete años sólo había tratado de di-gerir y comunicar las provechosas e intrépidas instrucciones que Trungpa Rinpoche daba a sus discípulos.

Al sumergirme en los textos pude ver que aún me quedaba mucho camino antes de poder apreciar plenamente lo que se me había enseñado. También me di cuenta de que, poniendo en práctica los consejos de Rinpoche lo mejor que podía y tratando de compartir mis experiencias con otros, había encontrado una especie de felicidad fundamental que nunca antes había tenido. Me dio risa comprobar que, tal como él solía decir, hacernos amigos de nuestros demonios y de las inseguridades que les acompañan nos lleva a una relajación y alegría muy simples y nunca suficientemente valoradas.

Hacia mediados de año mi editora, Emily Hilburn Sell, me preguntó si tenía alguna charla más que pudiera ser utilizable para un tercer libro. Le envié aquella caja de cartón. Leyó las transcripciones y se sintió inspirada para decir a Shambala Publications: «Tenemos otro libro.»

Pema Chödron – Cuando todo se derrumba 5

A lo largo de los seis meses siguientes, Emily seleccionó, borró y editó, y yo pude darme el lujo de reelaborar a mi gusto, cada capítulo. Cuando no estaba descansando, mirando al mar o caminando por las colinas, me absorbía totalmente en estas charlas. Rinpoche me dio una vez el consejo de «relajarme y escribir». En aquellos tiempos no parecía que pudiera hacer ninguna de las dos cosas, pero años después allí estaba: siguiendo sus instrucciones.

El resultado de esta colaboración con Emily y de mi año de no hacer nada es este libro.

Ojalá te estimule a serenarte en tu vida y a tomar estas enseñanzas con honestidad, bondad y valentía. Si vives una vida caótica y llena de tensiones, aquí hay muchos consejos para ti. Si estás experimentando una transición, si sufres alguna pérdida o te sientes básicamente inquieto, estas enseñanzas están hechas a tu medida. El punto clave es que todos necesitamos que se nos recuerde y se nos anime a relajarnos ante cualquier cosa que surja, y que llevemos al sendero todo lo que encontramos.

Al poner estas instrucciones en práctica nos unimos a un largo linaje de profesores y estudiantes que han hecho que el dharma del Buda sea relevante en medio de las subidas y bajadas de sus vidas cotidianas. De la misma forma que se hicieron amigos de sus egos y descubrieron su mente sabia, también podemos hacerlo nosotros.

Agradezco al Vidydhara, el Venerable Chógyam Trungpa Rinpoche, por comprometer su vida totalmente con el dharma y por estar tan ansioso por transmitir su esencia a la gente occidental. Ojalá la inspiración recibida

6 Pema Chödron – Cuando todo se derrumba de él pueda contagiarse, y que nosotros, como él, llevemos la vida del bodhisattva sin olvidar su declaración de que el

«caos debe ser considerado como una muy buena nueva».



PEMA

M

A CHÓ

H DR

D ÓN

N Abadía Gampo

Pleasant Bay, Nueva Escocia, 1996





Pema Chödron – Cuando todo se derrumba 7

Capítulo 1



I n t i m a r c o n e l m i e d o



El miedo es la reacción natural al acercarse a la verdad.



EMBARCARSE EN EL CAMINO ESPIRITUAL es como meterse en un bote muy pequeño y aventurarse en el océano en busca de tierras desconocidas. Cuando practicamos de todo corazón nos sentimos inspirados, pero antes o después acabamos encontrándonos con el miedo.

Pensamos que al llegar al horizonte estaremos en el fin del mundo y nos caeremos al vacío. Como todo explorador, nos sentimos atraídos a descubrir lo que nos está esperando ahí fuera, sin saber aún si tendremos el valor necesario para hacerle frente.

Si nos interesamos por el budismo y decidimos descubrir lo que tiene que ofrecernos, pronto descubriremos en su oferta varios matices distintos. En la meditación intuitiva comenzamos practicando la conciencia del instante, estar plenamente presentes en todas nuestras actividades y pensamientos. En la práctica del Zen escuchamos las enseñanzas sobre el vacío y enfrentamos el reto de conectar con una claridad mental abierta e ilimitada. Las enseñanzas del Vajrayana nos introducen a trabajar con la energía en todas las situaciones y nos hacen ver que cualquier cosa que surja es inseparable del estado de despertar. Cualquiera de los planteamientos anteriores puede engancharnos y

8 Pema Chödron – Cuando todo se derrumba entusiasmarnos para continuar explorando, pero si queremos profundizar y seguir practicando sin vacilación, inevitablemente llegará un momento en que sentiremos miedo.

El miedo es una experiencia universal; lo sienten hasta los insectos más pequeños. Cuando vamos chapoteando entre los charcos que quedan tras la bajada de la marea y acercamos el dedo a los cuerpos suaves y abiertos de las anémonas, podemos ver cómo se cierran. Lo mismo les ocurre espontáneamente a todos los demás animales.

Sentir miedo cuando nos enfrentamos a lo desconocido no es algo terrible; más bien es una parte integral del hecho de estar vivos y que todos compartimos. Reaccionamos ante la posibilidad de encontrarnos con la soledad, con la muerte, ante la posibilidad de no tener nada a lo que agarrarnos. El miedo es una reacción natural al acercarse a la verdad.

Pero si nos comprometemos a quedarnos donde estamos nuestra experiencia se vuelve muy vivida; las cosas se ven muy claras cuando no hay escape posible.

Mientras estaba en un largo retiro tuve una revelación que pareció conmover cielos y tierra: ¡no podemos estar en el presente y al mismo tiempo planificar nuestra vida!

Ya sé que parece algo muy evidente, pero cuando descubres algo así por ti mismo, te cambia. La impermanencia se vuelve algo vivido en el presente, y lo mismo ocurre con la compasión, el coraje y la capacidad de maravillarse. Y también con el miedo. De hecho, cualquiera que esté en el límite de lo desconocido, plenamente en el presente sin punto de referencia,

Pema Chödron – Cuando todo se derrumba 9

experimenta la ausencia de base o fundamento, de un lugar donde agarrarse. Cuando nuestra comprensión se hace más profunda descubrimos que el presente es un lugar muy vulnerable, lo que puede ser una experiencia absolutamente

enervante

y

al

mismo

tiempo

absolutamente tierna.

Cuando empezamos nuestra exploración, tenemos todo tipo de ideales y expectativas. Buscamos respuestas que satisfagan el hambre que hemos sentido durante largo tiempo, pero lo último que deseamos es que nos vuelvan a hablar del hombre del saco. Evidentemente, la gente intenta avisarnos. Recuerdo que la primera vez que me dieron instrucciones de meditación, la profesora me describió la técnica, me dio las instrucciones necesarias para la práctica y luego añadió: «Pero, por favor, no salgas de aquí pensando que la meditación te va a dar unas vacaciones de la irritación.» De alguna manera, todas las advertencias del mundo no llegan a disuadirnos; de hecho, nos acercan más al sendero.

De lo que estamos hablando es de llegar a conocer el miedo, de familiarizarnos con él, de mirarle directamente a los ojos; no como una forma de resolver los problemas, sino como una manera de deshacer completamente las viejas maneras de ver, oír, oler, saborear y pensar. La verdad es que, cuando realmente comencemos a hacerlo, nos encontraremos con que somos humillados continuamente. No va a quedar mucho espacio para la arrogancia que resulta de aferramos a nuestros ideales. La arrogancia que inevitablemente aflorará va a ser vapuleada de continuo por nuestro propio coraje de ir un

10 Pema Chödron – Cuando todo se derrumba paso más allá. Los descubrimientos que experimentaremos mediante la práctica no tienen nada que ver con ninguna creencia. Tienen mucho que ver con tener el coraje de morir, el coraje de morir continuamente.

Las instrucciones sobre la conciencia del momento, la vacuidad o el trabajo con la energía apuntan hacia el mismo hecho: estar en el sitio justo nos deja clavados, clavados al punto del espacio y del tiempo en el que nos encontramos. Cuando nos detenemos allí mismo y no expresamos ni reprimimos, no nos culpamos ni culpamos a los demás, nos encontramos frente a una pregunta abierta que no tiene respuesta conceptual. También nos encontramos con nuestro corazón. Un estudiante lo expresó muy elocuentemente: «La naturaleza de Buda, astutamente disfrazada de miedo, nos da una patada en el culo para que estemos receptivos.»

En una ocasión asistí a una conferencia sobre la experiencia espiritual que vivió un hombre en India durante la década de los sesenta. Nos contó que estaba absolutamente dispuesto a librarse de sus emociones negativas: luchaba contra la ira y la lujuria, luchaba contra la pereza y el orgullo, pero sobre todo quería liberarse del miedo. Su profesor de meditación le decía una y otra vez que dejase de luchar, pero él consideraba que aquello no era más que otra manera de explicarle cómo superar los obstáculos.

Finalmente, el profesor lo envió a meditar en una pequeña cabana al pie de las montañas. El cerró la puerta y se dispuso a comenzar con la práctica. Al llegar la noche, encendió tres pequeñas velas. Hacia medianoche

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oyó un ruido en una esquina de la habitación y en la oscuridad pudo distinguir una gran serpiente. Estaba justo delante de él, balanceándose, y le miraba como una cobra real. Estuvo toda la noche totalmente alerta, manteniendo los ojos en la serpiente: tenía tanto miedo que no podía ni moverse. Sólo estaban él, la serpiente y su miedo.

Justo antes del amanecer se apagó la última vela y él empezó a llorar, pero no lloraba de desesperación sino de ternura. Sintió el anhelo de todas las personas y animales del mundo; conoció su lucha y su alienación. Todas sus meditaciones no habían sido más que lucha y separación.

Entonces aceptó —verdaderamente aceptó de todo corazón— que era iracundo y celoso, que se resistía y luchaba, y que tenía miedo. También aceptó que era un ser precioso más allá de toda medida: sabio y estúpido, rico y pobre, y totalmente insondable. Se sentía tan agradecido que se levantó en medio de la oscuridad total, caminó hacia la serpiente y le hizo una reverencia. A continuación se tumbó en el suelo y se quedó profundamente dormido. Cuando despertó, la serpiente había desaparecido. Nunca supo si se lo había imaginado o si realmente había sucedido, pero no parecía importarle mucho. Como dijo al final de la conferencia, el contacto íntimo con el miedo hizo que sus dramas personales se colapsaran, y finalmente el mundo que le rodeaba pudo llegar hasta él.

Nadie nos dice nunca que debemos dejar de huir del miedo. Raras veces se nos dice que nos acerquemos más, que sigamos allí, que nos familiaricemos con él. En una ocasión le pregunté al maestro zen Kobun Chino Roshi

12 Pema Chödron – Cuando todo se derrumba cómo se relacionaba con el miedo, y me dijo: «Concuerdo con él; concuerdo.» Pero el consejo que solemos recibir es el de edulcorarlo, diluirlo, tomar una píldora o distraernos: cualquier cosa para hacerlo desaparecer.

En realidad, no hace falta que nos animen a hacer este tipo de cosas porque lo que solemos hacer de modo natural es disociarnos del miedo. Ante la menor insinuación de su presencia nos descentramos y nos evadimos. Cuando sentimos que viene, desaparecemos. Y

es bueno saber que solemos actuar así, pero no para castigarnos por ello, sino para desarrollar la compasión incondicional. Lo más descorazonador de todo es nuestra forma de engañarnos para evitar el momento presente.

Sin embargo, a veces estamos acorralados: todo se cae en pedazos y desaparece la posibilidad de escapar. En momentos así, las verdades espirituales más profundas parecen muy evidentes y ordinarias. No hay dónde esconderse. Podemos ver este hecho tan bien como cualquiera, incluso mejor que cualquiera. Antes o después entendemos que, aunque no podemos hacer que el miedo tenga una apariencia agradable, él será el que nos introduzca a todas las enseñanzas que hemos leído u oído.

Por eso, la próxima vez que te encuentres con el miedo, considérate afortunado. Aquí es donde el coraje entra en escena. Generalmente, pensamos que la gente valiente no tiene miedo, pero la verdad es que conocen el miedo íntimamente. Al principio de nuestro matrimonio, mi esposo me dijo que yo era una de las personas más valientes que conocía. Cuando le pregunté por qué, me

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dijo que porque era una cobarde total, pero a pesar de todo seguía adelante y hacía las cosas.

El truco consiste en seguir explorando y no abandonar aun cuando descubramos que algo no es lo que pensábamos, porque eso es lo que nos va a ocurrir una y otra vez. Nada es lo que pensábamos; esto es algo que puedo afirmar con toda confianza. El vacío no es lo que pensábamos, y tampoco lo son la conciencia del presente o el miedo. Tampoco la compasión es lo que pensábamos, ni el amor ni la naturaleza de Buda. Ni el coraje. Éstas no son más que palabras en clave para describir cosas que no conocemos mentalmente, pero que cualquiera de nosotros puede experimentar. Son palabras que señalan lo que verdaderamente es la vida cuando dejamos que las cosas se caigan a pedazos y nos dejamos clavar al momento presente.

14 Pema Chödron – Cuando todo se derrumba



Pema Chödron – Cuando todo se derrumba 15

CAPÍTULO 2



C u a n d o t o d o s e

d e r r u m b a



Cuando todo se derrumba y estamos al borde de no se sabe qué, la prueba para cada uno de nosotros es permanecer en ese punto y no concretar. El camino espiritual no consiste en tratar de llegar al cielo y acabar accediendo a un lugar magnífico.



LA ABADÍA GAMPO está en una vasta explanada donde el cielo se funde con el mar. El horizonte se extiende has-ta el infinito, y en ese vasto espacio vuelan las gaviotas y los cuervos. El marco es como un enorme espejo que exagera la sensación de que no hay lugar donde ocultarse.

Además, como es un monasterio, hay pocas vías de escape: nada de mentir, de robar, de alcohol, de sexo o de salir.

La abadía de Gampo era un lugar al que yo había añorado ir, y como Trungpa Rinpoche me pidió que fuera su directora, acabé instalándome en él. Estar allí me permitió comprobar mi gusto por los grandes desafíos, porque el primer año que pasé allí me sentí como si me hubieran hervido viva.

Lo que me ocurrió al llegar es que todo se me cayó a pedazos. Todas las formas que había tenido de protegerme, de engañarme, todas las vías que había empleado para mantener mi brillante autoimagen... todo

16 Pema Chödron – Cuando todo se derrumba se cayó a pedazos. Por mucho que lo intentara no podía manipular la situación. Mi manera de hacer las cosas estaba volviendo locos a todos los demás, y eso era algo de lo que no me podía esconder.

Siempre había pensado que yo era una persona flexible y servicial que caía bien a casi todo el mundo. Había sido capaz de arrastrar conmigo dicha ilusión a lo largo de mi vida, pero durante los primeros años en la abadía descubrí que había estado viviendo en una especie de espejismo.

No es que no tuviera buenas cualidades; simplemente, ya no era la mujer absolutamente maravillosa que me creía.

Había invertido mucho en esa imagen de mí misma y ya no podía mantenerla más. Todos mis asuntos pendientes quedaron expuestos vívidamente, con precisión y en tecnicolor; y no sólo para mí misma, también para todos los demás.

Todo lo que no había sido capaz de ver de mí misma quedó patente de súbito y, como si eso no fuera suficiente, los demás podían opinar libremente sobre mí y mi manera de hacer las cosas. Me resultó tan doloroso que me preguntaba si volvería a ser feliz alguna vez. Sentía que me lanzaban bombas casi continuamente y que mis autoengaños estallaban por todas partes. En un lugar donde se practicaba tanto la meditación y el estudio no podía perderme en justificaciones e intentar culpar a los demás; esa vía de salida no estaba disponible.

Por aquel tiempo nos visitó un profesor, y recuerdo que me dijo: «Cuando seas una buena amiga de ti misma, tu situación también se volverá más amistosa.»

Pema Chödron – Cuando todo se derrumba 17

Ya había aprendido previamente esa lección y sabía que era el único camino posible. Solía tener un cartel puesto en la pared que decía: «Sólo en la medida en que nos exponemos a la aniquilación una y otra vez podemos hallar en nosotros aquello que es indestructible.» De alguna manera, antes incluso de oír las enseñanzas budistas, sabía que ése es el espíritu del verdadero despertar; tiene mucho que ver con soltarlo todo.

En cualquier caso, cuando nos desfondamos y no podemos encontrar nada a lo que agarrarnos, sentimos un gran dolor. Es como el lema del Instituto Naropa: «El amor a la verdad te pone en el sitio.» Puede que tengamos una visión romántica de lo que eso significa, pero cuando la verdad nos tiene clavados, sufrimos. Nos miramos en el espejo del baño que refleja nuestros granos, nuestro rostro que revela el paso de los años, nuestra falta de bondad, nuestra agresión y timidez... todo ese material.

Aquí es donde entra en escena la ternura. Cuando las cosas se muestran inestables y nada funciona quizá nos demos cuenta de que estamos a punto de entrar en algo.

Tal vez entendamos que es un lugar muy tierno y vulnerable, y que la ternura puede ir en ambos sentidos.

Podemos encerrarnos en nosotros mismos y estar resentidos o podemos entrar en contacto con esa cualidad palpitante. Definitivamente, hay algo tierno y palpitante en la sensación no tener dónde agarrarse.

Es una especie de prueba, el tipo de prueba que necesitan los guerreros espirituales para despertar sus corazones. A veces nos encontramos en ese lugar a causa de una enfermedad o de una muerte, y experimentamos

18 Pema Chödron – Cuando todo se derrumba una sensación de pérdida: pérdida de nuestros seres queridos, pérdida de nuestra juventud, pérdida de nuestra vida.

Tengo un amigo que se está muriendo de sida. Antes de que me fuera de viaje, estuvimos hablando y me dijo: «Yo no quería que me sucediera esto, lo odié y me dejó aterrorizado. Pero esta enfermedad ha terminado siendo el mayor regalo.» Y continuó: «Ahora cada momento es precioso para mí. Toda mi vida significa mucho para mí.»

Algo había cambiado realmente y se sentía preparado para morir: algo horroroso y pavoroso se había convertido en un regalo.

Que todo se nos venga abajo es una prueba y también una especie de curación. Pensamos que la cuestión es pasar la prueba o superar el problema, pero en realidad las cosas no se resuelven. Las cosas se caen a pedazos y después éstos se vuelven a juntar. Simplemente sucede así.

La curación proviene del hecho de dejar espacio para que todo esto ocurra: espacio para la pena, para el alivio, para la aflicción y para la alegría.

Podemos pensar que algo nos va a producir placer, pero no sabemos qué va a ocurrir en realidad. Podemos pensar que algo nos va a hacer sufrir, pero tampoco lo sabemos con certeza. Lo más importante de todo es dejar sitio para el no saber. Tratamos de hacer lo que pensamos que nos puede ayudar, pero no sabemos. Nunca sabemos si nos vamos a caer redondos o si vamos a poder aguantar derechos. Cuando vivimos una gran decepción, no sabemos si ahí se acaba la historia; también podría ser el principio de una gran aventura.

Pema Chödron – Cuando todo se derrumba 19

Leí en alguna parte sobre una familia que tenía un único hijo. Eran muy pobres y su hijo era la cosa más preciosa para ellos; lo único importante era que algún día les podría aportar prestigio y ayuda financiera. Un día el hijo se cayó de un caballo y quedó cojo. Aquello parecía el final de sus vidas. Dos semanas después llegó el ejército al pueblo y reclutó a todos los jóvenes sanos y fuertes para enviarlos a la guerra, mientras que a él se le permitió quedarse y cuidar de su familia.

La vida es así. No sabemos nada. Decimos que las cosas son buenas o malas, pero en realidad no lo sabemos.

Cuando todo se derrumba y estamos a punto de no se sabe qué, la prueba para cada uno de nosotros es quedarnos en ese punto, en ese límite, y no concretar. El camino espiritual no consiste en tratar de llegar al cielo y finalmente acceder a un lugar magnífico. De hecho, esta manera de mirar las cosas es lo que nos hace ser desgraciados. Pensar que podemos encontrar placeres duraderos y evitar el dolor es lo que en budismo se llama samsara, un ciclo sin salida que da vueltas y vueltas interminablemente y nos causa un gran sufrimiento. La primera de las nobles verdades del Buda señala que el sufrimiento es inevitable para los seres humanos mientras pensemos que las cosas son duraderas, que no se desintegran, que podemos contar con ellas para satisfacer nuestra necesidad de seguridad. Desde este punto de vista, la única vez que podemos estar plenamente seguros de lo que está ocurriendo es cuando nos quitan la alfombra de debajo de los pies y no encontramos dónde aterrizar.

Podemos emplear estas situaciones para despertar o para

20 Pema Chödron – Cuando todo se derrumba echarnos a dormir. Este momento —este mismo instante sin base ni lugar al que aferrarse— es la semilla para cuidar de aquellos que necesitan nuestros cuidados y para descubrir nuestra bondad.

Recuerdo vívidamente un día de principios de primavera en el que toda mi realidad se desfondó ante mí.

Aunque era antes de haber oído hablar de las enseñanzas budistas, experimenté algo que algunos describirían como una auténtica experiencia espiritual. Ocurrió cuando mi marido me dijo que estaba teniendo una aventura sentimental. Vivíamos en el norte de Nuevo México y yo me encontraba de pie frente a nuestra casa de adobe tomando una taza de té. Oí llegar su coche y el golpe de la puerta al cerrarse. A continuación giró la esquina y sin previo aviso me dijo que tenía una aventura y quería el divorcio.

Recuerdo el cielo y lo grande que era. Recuerdo el sonido del río y el vapor que salía de la taza de té. No había tiempo ni pensamiento, no había nada: sólo una quietud profunda e ilimitada. Poco después volví en mí, tomé una piedra del suelo y se la tiré.

Cuando la gente me pregunta cuál fue mi vía de entrada en el budismo siempre les digo que entré porque estaba muy enfadada con mi marido, pero la verdad es que me salvó la vida. Cuando mi matrimonio se desmoronó, traté denodadamente, por todos los medios a mi alcance, de volver a encontrar algún tipo de comodidad, de seguridad, algún lugar de descanso que me fuera familiar.

Pema Chödron – Cuando todo se derrumba 21

Afortunadamente para mí no pude encontrarlo. Sabía instintivamente que mi única salida era la aniquilación de mi viejo yo dependiente. Entonces fue cuando puse en la pared el cartel que antes he mencionado.

La vida es un buen maestro y un buen amigo. Con sólo que podamos darnos cuenta de ello, vemos que las cosas están siempre en transición. Nada sucede al gusto de nuestros sueños. El hecho de sentirse fuera de sitio, en un estado de descentramiento, es una situación ideal, una situación en la que ya no permanecemos atrapados y podemos abrir nuestros corazones y mentes más allá de sus anteriores límites. Es un estado muy sensible, no agresivo y de final abierto.

Permanecer en esa agitación —permanecer con el corazón roto, con el estómago revuelto, con el sentimiento de estar desvalido y queriendo venganza—, ésa es la senda del verdadero despertar. Adherirse a esa incertidumbre, pillarle el truco a relajarse en medio del caos, aprender a no tener pánico: ésta es la senda espiritual. Desarrollar la habilidad de pillarnos a nosotros mismos, de pillarnos bondadosa y compasivamente: ésta es la senda del guerrero. Pillarnos una y otra vez, nos guste o no, cada vez que estemos aferrándonos al resentimiento, a la amargura o a la justa indignación, y cada vez que estemos aferrándonos a lo que sea, incluso a la sensación de alivio o al sentimiento de estar inspirados.

Podemos pensar cada día en las agresiones que ocurren en el mundo, en Nueva York, en Los Ángeles, Halifax, Taiwan, Beirut, Kuwait, Somalia, Irak, en todas partes. En todos los lugares del mundo alguien golpea a su enemigo y

22 Pema Chödron – Cuando todo se derrumba el dolor va aumentando en una espiral infinita.

Reflexionemos

sobre

este

hecho

cada

día

y

preguntémonos: «¿Voy a añadir más agresividad al mundo?» Cada día, cuando las cosas llegan al límite, planteémonos la pregunta: «¿Voy a practicar la paz o voy a ir a la guerra?»

Pema Chödron – Cuando todo se derrumba 23





CAPÍTULO 3



E s t e m i s m o m o m e n t o e s e l p r o f e s o r p e r f e c t o



Podemos toparnos con un perro de lanas o con un perro guardián rabioso, pero la pregunta interesante es: ¿qué ocurre a continuación?



HABLANDO EN GENERAL, cualquier tipo de incomodidad nos suele parecer una mala noticia. Pero para los practicantes del camino o guerreros espirituales —la gente que tiene cierto hambre de conocer la verdad— los sentimientos como la decepción, la vergüenza, la irritación, el resentimiento, la ira, los celos y el miedo, en lugar de ser una mala noticia son en realidad momentos de gran claridad que nos enseñan dónde estamos pillados. Nos enseñan a erguirnos y seguir adelante cuando preferiríamos colapsar y retirarnos. Son como mensajeros que nos muestran, con una claridad terrorífica, el lugar exacto donde estamos atascados. Este mismo momento es el profesor perfecto y, por fortuna, está con nosotros allí donde estemos.

Podemos considerar que los sucesos y las personas que activan los asuntos irresueltos de nuestra vida son una buena nueva.

24 Pema Chödron – Cuando todo se derrumba No tenemos que ir en busca de nada, no tenemos que tratar de crear situaciones para llegar al límite; ya ocurren por sí mismas con la regularidad propia de un mecanismo de relojería.

Cada día se nos dan muchas oportunidades de abrirnos o de cerrarnos. La oportunidad más preciosa se presenta cuando llegamos a ese lugar donde pensamos que no podemos con lo que está pasando, que es demasiado, que las cosas han ido demasiado lejos. Nos sentimos mal con nosotros mismos pero no tenemos forma de manipular la situación para preservar nuestra autoimagen; por mucho que

lo

intentemos,

simplemente

no

funciona.

Básicamente, lo que ha ocurrido es que la vida nos tiene clavados.

Es como si te miraras al espejo y vieras un gorila. El espejo está delante de ti, te miras a ti mismo y lo que ves tiene un aspecto horrible. Tratas de mirarte desde otro ángulo para cambiar de aspecto, pero hagas lo que hagas sigues pareciendo un gorila. A eso se le llama estar clavado por la vida a ese lugar en el que no tienes otra elección que aceptar lo que está pasando o retirarte.

La mayoría de nosotros no solemos considerar que estas situaciones tienen algo que enseñarnos; las odiamos automáticamente y huimos de ellas como locos, empleando todo tipo de vías de escape: todas las adicciones surgen de ese momento en el que llegamos al límite y no podemos soportarlo. Sentimos que tenemos que suavizarlo, acolcharlo de alguna manera, y nos hacemos adictos a cualquier cosa que parezca aliviar nuestro dolor. De hecho, el materialismo rampante que vemos en

Pema Chödron – Cuando todo se derrumba 25

el mundo es producto de esos momentos. Soñamos con muchas formas de distraernos de este momento, de suavizar la dureza de su filo, de amortiguarlo para no sentir el pleno impacto del dolor que sentimos cuando no podemos manipular la situación para mantener nuestra mejor apariencia.

La meditación es una invitación a notar el momento en el que llegamos al límite y a no dejarnos arrastrar por la esperanza o por el miedo. A través de la meditación podemos ver con claridad lo que está ocurriendo con nuestros pensamientos y emociones, y también podemos dejarlos ir. Lo bueno de la meditación es que, aunque nos cerremos, ya no podemos cerrarnos de manera ignorante, porque vemos claramente que lo estamos haciendo y este mismo hecho empieza a iluminar la oscuridad de la ignorancia. Podemos ver cómo corremos, nos ocultamos y nos mantenemos ocupados para no tener que dejar que nos penetren el corazón. Por otra parte, la meditación también nos permite encontrarla forma de abrirnos y relajarnos.

Básicamente, la decepción, la vergüenza y todos los demás espacios emocionales donde no podemos sentirnos bien son una especie de muerte. Hemos perdido completamente nuestra base, el lugar al que aferramos; somos incapaces de mantenerlo en su sitio y de sentirnos por encima de las cosas. En lugar de darnos cuenta de que la muerte es necesaria para que exista el nacimiento, nos limitamos a luchar contra el miedo a la muerte.

Llegar a los propios límites no es ningún castigo. En realidad, sentir miedo y temblores cuando estamos cerca

26 Pema Chödron – Cuando todo se derrumba de la muerte es una señal de salud. Otra señal de salud es no quedarnos deshechos por el miedo y el temblor, sino tomarlos como un mensaje de que ya es hora de cesar la lucha y de mirar directamente a lo que nos está amenazando. Ciertas emociones, como la decepción y la ansiedad, nos avisan de que estamos a punto de entrar en territorio desconocido.

Para algunos de nosotros, nuestro propio armario ropero puede ser un territorio desconocido, mientras que para otros lo será el espacio exterior. Las cosas que a mí me dan miedo y esperanza serán diferentes de las que producen eso a ti. Mi tía llega a su límite personal cuando muevo una lámpara de su salón; mi amiga lo pierde completamente cuando tiene que trasladarse a un nuevo apartamento; mi vecino tiene miedo a las alturas.

Realmente no importa mucho lo que nos haga llegar al límite, la cuestión es que antes o después es algo que nos ocurre a todos.

La primera vez que me encontré con Trungpa Rinpoche estaba con una clase de cuarto grado y los niños le plantearon muchas preguntas sobre su infancia y adolescencia en Tíbet y su huida de la China comunista a India. Un niño le preguntó si había pasado miedo.

Rinpoche contestó que su profesor le había animado a ir a lugares que le daban miedo, como los cementerios, y le había propuesto experimentar con cosas desagradables.

Después contó una historia sobre un viaje que hizo con sus ayudantes a un monasterio en el que no había estado nunca anteriormente. Cuando se fueron acercando, distinguieron junto a las puertas a un gran perro guardián

Pema Chödron – Cuando todo se derrumba 27

de enormes dientes que tenía los ojos rojos. Aullaba ferozmente y luchaba por soltarse de la cadena que lo sujetaba. El perro parecía estar desesperado por atacarles.

Cuando Rinpoche se acercó un poco más, pudo distinguir su lengua azulada y las babas que le caían de la boca.

Caminaron a su lado manteniendo la distancia y entraron por la puerta. De repente, la cadena se rompió y el perro corrió hacia ellos. Los ayudantes gritaron y se quedaron congelados de terror. Rinpoche se dio la vuelta y corrió todo lo rápido que pudo, ¡directamente hacia el perro! El perro se quedó tan sorprendido que puso el rabo entre las piernas y se alejó.

Podemos toparnos con un perro de lanas o con un furioso perro guardián, pero lo interesante es: ¿qué ocurre a continuación?

El camino espiritual implica ir más allá de la esperanza y del miedo, entrar en territorio desconocido, avanzar continuamente. El aspecto más importante del camino espiritual puede ser simplemente seguir moviéndose.

Generalmente, cuando llegamos a nuestro límite nos sentimos exactamente como los ayudantes de Rinpoche y nos quedamos congelados de miedo. Nuestros cuerpos se quedan congelados y nuestras mentes también.

¿Qué hacemos con la mente cuando nos encontramos con nuestro rival? En lugar de quejarnos o rechazar la experiencia, podemos dejar que la energía de la emoción, la calidad de lo que estamos sintiendo, nos atraviese el corazón. Esto es más fácil de decir que de hacer, pero es una manera noble de vivir. Se trata, en definitiva, del

28 Pema Chödron – Cuando todo se derrumba camino de la compasión, el camino de cultivar la valentía y la bondad de corazón.

En las enseñanzas budistas oímos hablar del estado de ausencia de ego. Es algo que parece muy difícil de entender: ¿de qué estarán hablando? Sin embargo, cuando las enseñanzas hablan de neurosis, nos sentimos en casa, es algo que podemos entender perfectamente. ¿Pero la ausencia de ego? Cuando llegamos a nuestro límite, si aspiramos a conocer ese lugar plenamente —es decir, si aspiramos a no ceder ni reprimir— una dureza se disolverá en nosotros. La fuerza misma de aquello que haya surgido —la energía de la ira, la energía de la decepción, la energía del miedo— nos suavizará. Cuando la energía no está solidificada en una dirección u otra, nos traspasa el corazón y nos abre. Ahí es donde descubrimos la ausencia de ego: cuando todos nuestros esquemas se caen a pedazos. En vez de ser un obstáculo o castigo, llegar al límite es como encontrar el pasadizo hacia la salud y la bondad incondicional de la humanidad.

El lugar más seguro y protegido para empezar a trabajar en este sentido es durante la meditación formal. Sentados en meditación empezamos a vislumbrar las claves de no ceder ni reprimir, así como la sensación que nos produce dejar que la energía esté simplemente ahí. Por eso es tan bueno meditar cada día y seguir haciéndonos amigos de nuestros miedos y esperanzas una y otra vez. Así sembramos la semilla que nos permite estar despiertos en medio del caos de lo cotidiano. El despertar es algo gradual y acumulativo. No nos sentamos en meditación

Pema Chödron – Cuando todo se derrumba 29

para convertirnos en buenos meditadores, sino para estar más despiertos en nuestra vida cotidiana.

La primera cosa que ocurre en la meditación es que empezamos a tomar conciencia de lo que ocurre. Aunque sigamos huyendo y siendo indulgentes, podemos ver claramente que lo hacemos. Uno pensaría que el hecho de ver las cosas claramente las haría desaparecer, pero no es así. Por tanto, durante largo tiempo simplemente vemos las cosas con claridad. En la medida en que estamos dispuestos a ver nuestra indulgencia o nuestra represión con claridad, empiezan a perder fuerza y desgastarse, aunque desgastarse no sea lo mismo que desaparecer. En su lugar empieza a surgir una perspectiva más amplia, más generosa, más iluminada.

La forma de mantenerse en el punto medio entre la indulgencia y la represión es reconocer lo que surge sin juzgarlo, dejando que los pensamientos simplemente se disuelvan; después volvemos a la apertura del momento presente. Esto es lo que hacemos durante la meditación: surgen multitud de pensamientos, pero en lugar de suprimirlos u obsesionarnos con ellos, los reconocemos y los dejamos pasar, y a continuación volvemos a estar simplemente aquí. Como dice Sogyal Rinpoche:

«Llevamos nuestra mente de vuelta a casa.»

Después de cierto tiempo llegamos a relacionarnos meditativamente con las esperanzas y miedos de nuestra vida diaria. De repente, dejamos de luchar y nos relajamos. Dejamos de hablarnos a nosotros mismos y volvemos a la frescura del momento presente.

30 Pema Chödron – Cuando todo se derrumba Y esto es algo que va evolucionando gradualmente, pacientemente, a lo largo del tiempo. ¿Cuánto dura este proceso? Yo diría que dura el resto de nuestra vida.

Básicamente seguimos abriéndonos más, aprendiendo más, conectando con las profundidades del sufrimiento y de la sabiduría humanos; llegamos a conocer estos dos elementos total y completamente, y nos hacemos más amorosos y compasivos con la gente. Y las enseñanzas siguen, siempre hay algo más que aprender. No somos como esos ancianos complacientes que han renunciado a todo y ya no tienen que responder a ningún desafío. En los

momentos

más

sorprendentes

seguimos

encontrándonos con los perros feroces.

Podríamos pensar que, a medida que nos vamos abriendo harán falta cada vez mayores catástrofes para llevarnos al límite, pero lo interesante es que, a medida que nos abrimos, las grandes catástrofes nos despiertan súbitamente

y

las

pequeñas

cosas nos

pillan

desprevenidos. Sin embargo, sea cual sea su tamaño, color o forma, la cuestión es inclinarse hacia las incomodidades de la vida y verlas con claridad, en lugar de protegernos de ellas.

Al practicar la meditación no estamos intentando estar a la altura de ningún ideal; muy al contrario, nos quedamos con nuestra experiencia tal como es. Si experimentamos que a veces tenemos cierta amplitud de perspectiva y otras veces no, bueno, pues ésa es nuestra experiencia. Si nos ocurre que a veces podemos acercarnos a lo que nos da miedo y otras no, ésa es nuestra experiencia. Seguimos una instrucción muy profunda:

Pema Chödron – Cuando todo se derrumba 31

«Este mismo momento es el profesor perfecto porque siempre está con nosotros.» La enseñanza es ver, simplemente, lo que está pasando. Podemos quedarnos con lo que está pasando y no disociarnos. El despertar se encuentra en el placer y en el dolor, en la confusión y en la sabiduría, está disponible en cada momento de nuestra extraña, insondable y ordinaria vida cotidiana.





Pema Chödron – Cuando todo se derrumba 33

CAPÍTULO 4



R e l á j a t e e n l o q u e e s



Una vez que sabemos las instrucciones, podemos ponerlas en práctica. Lo que ocurra a continuación dependerá de nosotros. En último término, todo se reduce a la cuestión de hasta qué punto estamos dispuestos a aligerarnos y soltar nuestros apegos. ¿Hasta qué punto estamos dispuestos a ser honestos con nosotros mismos?



LAS INSTRUCCIONES de meditación dadas por Chógyam Trungpa Rinpoche a sus estudiantes reciben el nombre de sha

h ma

m th

a a

th -vipa

p s

a hy

h an

a a.

a Al principio de su labor docente en Occidente, Trungpa Rinpoche dijo a sus estudiantes que simplemente abrieran su mente y se relajaran. Si se veían distraídos por sus pensamientos, habían de dejarlos disolverse y volver al estado mental de apertura y relajación.

Después de unos años, Rinpoche se dio cuenta de que a algunas de las personas que acudían a él les resultaba imposible seguir estas instrucciones: necesitaban un poco más de técnica para seguir adelante. En ese punto, y sin cambiar básicamente la intención de la meditación, empezó a dar unas instrucciones ligeramente diferentes.

Puso más énfasis en la postura y enseñó a la gente a dirigir su atención muy ligeramente hacia la espiración. Más tarde, comentó que la espiración es lo máximo que uno se puede acercar a dejar descansar a la mente de manera na-

34 Pema Chödron – Cuando todo se derrumba tural en su estado de apertura y seguir teniendo un lugar al que volver.

Insistió en que la espiración debe ser natural, sin manipulación de ningún tipo, y que la atención debe dirigirse suavemente, en una especie de tocar-y-soltar.

Comentó que aproximadamente un 25 por 100 de la atención debe dirigirse a la respiración y con el resto se debía seguir siendo consciente del entorno sin considerarlo una intrusión ni un obstáculo para la meditación. Años después, empleó una analogía divertida que comparaba la meditación con alguien vestido de etiqueta y sosteniendo una cuchara llena de agua. Uno podía estar cómodamente asentado allí, en su elegante indumentaria, sin distraer la atención de la cuchara llena de agua que tenía en la mano. La cuestión era no tratar de alcanzar algún estado especial o transcender los sonidos y el movimiento de la vida ordinaria, Más bien nos animaba a relajarnos más completamente en nuestro entorno, a apreciar el mundo que nos rodea y la verdad ordinaria que sucede a cada momento.

La mayoría de las técnicas de meditación emplean un objeto de meditación, algo a lo que volver una y otra vez pase lo que pase por la mente. Llueva, nieve o granice, haga buen o mal tiempo, uno continúa volviendo al objeto de meditación. En este caso, el objeto de meditación es la espiración, la elusiva, fluida y siempre cambiante espiración que, aunque inasible, continúa surgiendo continuamente. Cuando inspiras, es como una pausa o una apertura. No hay nada especial que hacer aparte de esperar a la siguiente espiración.

Pema Chödron – Cuando todo se derrumba 35

En una ocasión expliqué esta técnica a una amiga que había pasado años practicando una concentración muy enfocada en las dos fases, inspiración y espiración, y en otros objetos. Cuando escuchó las instrucciones, dijo:

«¡Pero eso es imposible! ¡Nadie puede hacerlo! ¡Hay toda una parte en la que no hay nada de lo que ser consciente!»

Fue la primera vez que me di cuenta de que la instrucción integraba la posibilidad de abandonarse completa-mente: Había oído decir a algunos profesores Zen que la meditación es estar dispuesto a morir una y otra vez, y allí estaba: a medida que cada espiración salía y se disolvía, había una oportunidad de morir a todo lo anterior y relajarse, en lugar de sentir pánico.

Rinpoche nos pidió a los instructores de meditación que no habláramos de «concentrarse» en la espiración, sino que debíamos emplear un lenguaje mucho más fluido. Por eso decíamos a los estudiantes que «tocaran la espiración y soltaran», o que «dirigieran la atención ligera y suavemente hacia la espiración», o que «fueran uno con la espiración mientras sale relajadamente». La directriz básica seguía siendo la de abrirse y relajarse sin añadir nada extra, sin conceptualizar, sino volviendo a la mente tal como es, clara, lúcida y fresca.

Después de cierto tiempo, Rinpoche añadió otro refinamiento a la instrucción. Comenzó a pedirnos que pusiéramos a nuestros pensamientos la etiqueta de

«pensamiento». Estábamos allí sentados dirigiendo la atención a la espiración, y antes de que nos diéramos cuenta ya nos habíamos ido: planes, preocupaciones, fantasías; estábamos completamente en otro mundo, en

36 Pema Chödron – Cuando todo se derrumba un mundo totalmente hecho de pensamientos. La instrucción era que, en el momento en que nos diéramos cuenta de que nos habíamos ido, debíamos decirnos a nosotros mismos «pensamiento» y volver a la espiración sin hacer nada especial de ello.

Una vez vi a una persona hacer una coreografía con el proceso de meditación. El bailarín salió al escenario y se sentó en postura de meditación. A los pocos segundos comenzaron a surgir pensamientos de pasión sexual. El bailarín entró en ese proceso mientras el frenesí iba en aumento, un pequeño vislumbre de pasión fue desarrollándose hasta convertirse es una fantasía sexual plenamente desplegada. Entonces sonó una pequeña campana y una voz calmada dijo «pensamiento», y el bailarín volvió a relajarse en postura de meditación, Unos cinco segundos después surgió un baile iracundo, una vez más empezando desde una pequeña irritación y aumentando hasta una explosión cada vez más salvaje.

Después vino el baile de soledad, el de la somnolencia, y cada vez que sonaba la campana y la voz decía

«pensamiento», el bailarín se relajaba un poco más hasta que entró en lo que parecía ser la inmensa paz y el vasto espacio de estar simplemente sentado allí.

Al decir «pensamiento», entramos en un punto muy interesante de la meditación, el punto en el que podemos practicar conscientemente la suavidad y mantener la actitud de no juzgar. La palabra sánscrita empleada para describir el amor compasivo es maitri, que también se traduce como amistad incondicional. Así, cada vez que te dices «pensamiento» estás cultivando esa amistad

Pema Chödron – Cuando todo se derrumba 37

incondicional hacia lo que surge en tu mente. Como la compasión incondicional es muy difícil de encontrar, este método tan sencillo y directo de desarrollarla es enormemente valioso.

A veces nos sentimos culpables y otras arrogantes, a veces nuestros pensamientos y recuerdos nos aterrorizan y nos hacen sentirnos totalmente desgraciados. Los pensamientos pasan por nuestra mente continuamente y, cuando nos sentamos, les damos mucho espacio para que puedan surgir. Damos espacio para que aparezcan todos nuestros pensamientos, como nubes en el ancho cielo u olas en el vasto océano. Si uno de ellos se queda con nosotros y nos barre, sea agradable o desagradable, la instrucción es etiquetarlo de «pensamiento» con toda la apertura y la bondad que podamos reunir, y dejar que desaparezca en la enormidad del cielo. Las nubes y las olas vuelven a surgir inmediatamente, pero eso no es ningún problema. Simplemente las reconocemos una y otra vez con amistad incondicional, poniéndoles la etiqueta de

«pensamiento» y dejándolas pasar una y otra vez.

A veces, la gente emplea la meditación para tratar de evitar sentimientos desagradables y pensamientos que les alteran. Podríamos tratar de usar la etiqueta para librarnos de lo que nos molesta, y si conectamos con algo agradable o inspirador, podríamos pensar que ya lo tenemos y tratar de quedarnos en esa paz y armonía donde no hay nada que temer.

Desde el principio mismo es una gran ayuda recordarnos constantemente que la meditación tiene que ver con abrirse y relajarse con lo que surja, sin escoger ni

38 Pema Chödron – Cuando todo se derrumba elegir. No está diseñada ni para reprimir nada ni para predisponernos al apego. Allen Ginsberg emplea la expresión «mente sorpresa». Te sientas y —¡toma ya!—

surge una sorpresa desagradable. De acuerdo, que así sea.

No debemos rechazarla sino reconocerla compasivamente como «pensamiento», y a continuación dejarla pasar. Al momento siguiente —¡genial!— aparece una sorpresa deliciosa. De acuerdo, que así sea. Tampoco debemos aferramos a ella, sino reconocerla compasivamente como

«pensamiento» y dejarla pasar. Las sorpresas, según vamos descubriendo a medida que practicamos la meditación, son innumerables. Milarepa, un yogui tibetano del siglo XII, cantaba unas canciones preciosas sobre la manera justa de meditar. En una de sus canciones dice que la mente tiene más proyecciones que motas de polvo hay en un rayo de sol, y que incluso cientos de lanzas no podrían acabar con ellas. Así pues, cuando meditamos, más nos vale dejar de luchar con los pensamientos y darnos cuenta de que la honestidad y el sentido del humor nos ayudan más que cualquier tipo de solemne lucha religiosa a favor o en contra de algo.

En cualquier caso, la cuestión no consiste en librarnos de nuestros pensamientos sino en contemplar su verdadera naturaleza. Si entramos en ellos, nos harán dar vueltas en círculo, pero en realidad son como imágenes oníricas, como una ilusión, no son verdaderamente sólidos. Son, tal como decimos, simples pensamientos.

A lo largo de los años, Rinpoche continuó refinando las instrucciones sobre la postura. Dijo que luchar durante la meditación nunca es una buena idea; por eso, si nos dolían

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las piernas o la espalda, podíamos movernos. Sin embargo, fue quedando claro que, al trabajar con la postura justa, era posible relajarse y asentarse en el propio cuerpo realizando algunos ajustes muy sutiles. Si hacíamos grandes movimientos nos aportaban comodidad durante unos cinco o diez minutos, pero después queríamos volver a cambiar.

Finalmente, comenzamos a seguir los seis puntos de la postura justa para sentirnos realmente bien asentados. Los seis puntos son: (1) asiento, (2) piernas, (3) torso, (4) manos, (5) ojos y (6) boca, y las instrucciones son las siguientes:

1. Sea cual sea nuestro asiento —un cojín, el suelo o una si-11a—, debe ser plano y no estar inclinado ni hacia adelante ni hacia atrás, ni hacia la izquierda ni hacia la derecha.

2. Las piernas deben estar cómodamente cruzadas delante de ti; si estás sentado en una silla, debes poner los pies planos sobre el suelo dejando entre las rodillas unos centímetros de distancia.

3. El torso (desde la cabeza hasta el trasero) debe estar en postura erecta, con la espalda firme y la parte delantera abierta. Si te sientas en una silla es mejor no inclinarte hacia atrás. Si comienzas a flojear, vuelve a sentarte derecho.

4. Las manos deben estar abiertas, con las palmas hacia abajo y descansando sobre los muslos.

5. Los ojos han de estar abiertos, indicando la actitud de permanecer despierto y relajado ante cualquier cosa

40 Pema Chödron – Cuando todo se derrumba que ocurra. La mirada se enfoca ligeramente hacia abajo y se dirige como a metro y medio por delante de ti.

6. La boca queda muy ligeramente abierta para que la mandíbula esté relajada y el aire pueda fluir fácilmente a través de la boca y la nariz. La punta de la lengua puede colocarse en el paladar.

Cada vez que te sientes a meditar repasa estos seis puntos, y cada vez que te sientas distraído durante la meditación, reorienta la atención hacia el cuerpo y repásalos. Después, vuelve otra vez a la espiración con la sensación de empezar de nuevo. Si descubres que los pensamientos te han llevado muy lejos, no te preocupes.

Simplemente, dite a ti mismo «pensamiento», y vuelve a la apertura y a la relajación de la espiración. Vuelve una y otra vez a estar exactamente donde estás.

Al principio, la meditación suele resultarle divertida a la gente. Es como un nuevo proyecto y piensas que, si lo realizas, desaparecerá todo el material indeseable y te convertirás en una persona abierta, libre de prejuicios e incondicionalmente amistosa. Pero al tiempo, la sensación de proyecto se desvanece. Simplemente buscas tiempo cada día para sentarte contigo mismo. Vuelves a la respiración una y otra vez, en medio del aburrimiento, la irritación, el miedo o el bienestar. Esa perseverancia y repetición —cuando se hace con honestidad, un toque de ligereza, humor y bondad— es su propio premio.

Una vez que sabemos las instrucciones, podemos ponerlas en práctica. Después dependerá de nosotros lo que ocurra a continuación. En último término, todo se

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reduce a una cuestión de hasta qué punto estamos dispuestos a aligerarnos y soltar nuestros apegos. ¿Hasta qué punto estamos dispuestos a ser honestos con nosotros mismos?

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CAPÍTULO 5



N u n c a e s d e m a s i a d o t a r d e



Lo que hace que el planteamiento de maitri sea tan diferente es que no estamos tratando de resolver ningún problema. No estamos luchando por hacer que el dolor desaparezca o por ser mejores personas. De hecho, estamos renunciando completamente a controlar y dejamos que los conceptos e ideas se caigan en pedazos.



RECIBO MUCHAS CARTAS de la «peor persona del mundo».

A veces son de una persona que envejece y siente que ha perdido su vida. Otras veces se trata de una adolescente suicida que está pidiendo ayuda. Las personas me lo pasan así de mal pueden tener cualquier edad, forma o color, y lo que todas ellas tienen en común es que no sienten amor compasivo por sí mismas.

Recientemente me encontraba hablando con un hombre que conozco desde hace mucho tiempo. Siempre le había considerado una persona tímida y de buen corazón que dedicaba más tiempo que la mayoría a ayudar a los demás. Aquel día se sentía desalentado y sentía que no había esperanza para él. Tratando de tomarle un poco el pelo le pregunté: «Bueno, ¿no crees que en algún lugar de este planeta debe de haber alguien peor que tú?»

44 Pema Chödron – Cuando todo se derrumba Respondió con una sinceridad desgarradora: «No. Si quieres saber lo que siento realmente es que no hay nadie tan malo como yo.»

Este encuentro me hizo pensar en una viñeta de Gary Larson que vi una vez. Dos mujeres están observando por la mirilla detrás de una puerta cerrada al monstruo que está al otro lado. Una de las señoras dice: «Cálmate, Edna.

Sí que es un insecto gigantesco y apestoso, pero puede que sea un insecto gigantesco y apestoso que necesite ayuda.»

En el caso de muchos de nosotros, los que peor nos lo hacemos pasar somos nosotros mismos. Sin embargo, nunca es demasiado pronto o demasiado tarde para practicar el amor compasivo. Es como si tuviéramos una enfermedad terminal pero aún fuéramos a vivir cierto tiempo. Como no sabemos cuánto tiempo nos queda, empezamos a pensar que estaría bien reconciliarnos con nosotros mismos y con los demás en las horas, meses o años que nos queden.

Se dice que no podemos alcanzar la iluminación, por no hablar de sentirnos felices y alegres, sin ver quiénes somos y lo que hacemos, sin darnos cuenta de nuestros patrones y hábitos. A esto se le llama maitri, a desarrollar la amistad incondicional y el amor compasivo hacia nosotros mismos.

La gente suele confundir este proceso con la construcción o la mejora de uno mismo. Podemos estar tan pillados en ser buenos con nosotros mismos que no prestemos ninguna atención al impacto que ejercemos en los demás. Podemos pensar erróneamente que maitri es

Pema Chödron – Cuando todo se derrumba 45

una forma de encontrar una felicidad duradera; como suelen prometer seductoramente los anuncios publi-citarios, con maitri podríamos sentirnos bien durante el resto de nuestra vida. Maitri tampoco es darnos una palmada en la espalda y decirnos, «eres el mejor”, o «no te preocupes, cariño, que todo se va a resolver». Más bien es un proceso que expone el autoengaño tan cuidadosa y compasivamente que ya no hay máscara que nos pueda ocultar.

Lo que hace que el planteamiento de maitri sea tan diferente es que no estamos tratando de resolver ningún problema. No estamos luchando por hacer que el dolor desaparezca o por ser mejores personas. De hecho, estamos renunciando completamente a controlar nuestra situación y dejamos que los conceptos e ideas se caigan hechos pedazos.

Este proceso empieza cuando nos damos cuenta de que lo que estamos haciendo no es el principio ni el fin, sino que es el mismo tipo de experiencia humana normal que le ha estado ocurriendo a la gente corriente desde el principio de los tiempos. Los pensamientos, emociones, estados de ánimo y recuerdos vienen y van, y el ahora básico está siempre aquí.

Nunca es demasiado tarde para observar nuestra mente.

Siempre podemos sentarnos y dejar espacio para que surja cualquier cosa, lo que desee surgir. Algunas veces tenemos una experiencia de nosotros mismos que nos conmociona; otras veces tratamos de huir; otras, la experiencia de nosotros mismos nos sorprende; a menudo nos dejamos llevar. Sin juicio, sin ceder a los gustos y disgustos,

46 Pema Chödron – Cuando todo se derrumba siempre podemos animarnos a estar en el aquí y ahora una, y otra, y otra vez más.

Lo doloroso es que cuando aceptamos la desaprobación, estamos practicando la desaprobación; cuando aceptamos la rudeza, estamos siendo rudos. Y cuanto más lo hagamos, más fuertes se vuelven estas cualidades. Es muy triste que nos hayamos hecho expertos en hacernos daño a nosotros mismos y a los demás. El truco, en este caso, consiste en practicar la suavidad y en saber soltar.

Podemos aprender a encontrarnos con lo que surja con curiosidad y sin hacer gran cosa de ello. En lugar de luchar contra la fuerza de la confusión, podemos encontrarnos con ella y relajarnos. Cuando lo hacemos, vamos descubriendo gradualmente que la claridad siempre está presente. En medio de las peores circunstancias de la peor persona del mundo, en medio del pesado diálogo con nosotros mismos, el espacio abierto siempre está disponible.

Llevamos con nosotros una imagen de nosotros mismos, una imagen que mantenemos en mente. Una manera de describirla es llamarla «pequeña mente».

También puede ser denominada sem. En tibetano hay varias palabras que significan mente, pero dos de ellas son particularmente útiles de conocer: son sem y rikpa. Sem es lo que experimentamos como pensamiento discursivo, una corriente de parloteo que siempre está reforzando la imagen que tenemos de nosotros mismos. Rikpa significa literalmente «inteligencia» o «brillantez». Detrás de toda planificación y preocupación, detrás de todos los deseos y querencias, detrás de todas nuestras elecciones, la mente

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no creada, la mente sabia de rikpa siempre está presente.

Rikpa está aquí en el momento en que dejamos de hablarnos a nosotros mismos.

En Nepal los perros ladran durante toda la noche.

Aproximadamente cada veinte minutos todos se callan a la vez y se pueden disfrutar unos momentos de inmenso alivio y quietud. A continuación vuelven a empezar. La pequeña mente, o sem, nos produce una sensación muy parecida. Cuando empezamos a practicar la meditación es como si los perros nunca dejaran de ladrar. Después de un tiempo, empieza a haber descansos. El pensamiento discursivo se parece mucho a un perro salvaje que necesita ser domado, pero en lugar de golpearlo o de tirarle piedras, lo vamos domando con la compasión. Nos observamos una y otra vez con precisión y bondad para permitirle que se vaya calmando gradualmente. A veces tenemos la sensación de que hay mucho más espacio, sólo alguna pequeña alteración por aquí o por allá.

Evidentemente, el ruido va a continuar, pero no estamos tratando de librarnos de los perros. Sin embargo, una vez que hemos conectado con el amplio espacio de rikpa, comienza a impregnarlo todo. Una vez que hemos vislumbrado esa amplitud, si practicamos con maitri, se seguirá expandiendo. Se expande entre nuestro resentimiento, impregna nuestro miedo, se extiende por nuestros conceptos y opiniones sobre las cosas y, también, dentro de lo que pensamos que somos. A veces podemos llegar a sentir que la vida es como un sueño. | Cuando tenía unos diez años, mi mejor amiga empezó a tener pesadillas: iba corriendo en medio de un gran edificio

48 Pema Chödron – Cuando todo se derrumba oscuro perseguida por horribles monstruos. Llegaba a la puerta, luchaba por abrirla y en cuanto la cerraba tras de sí, oía que era abierta por los monstruos que volvían a pisarle los talones. Se despertaba llorando y pidiendo ayuda.

Un día estábamos sentadas en su cocina hablando de sus pesadillas. Cuando le pregunté qué aspecto tenían sus demonios me dijo que no lo sabía porque siempre había huido de ellos. Después de que le hiciera mi pregunta, mi amiga comenzó a plantearse preguntas sobre los monstruos. Se preguntaba si tendrían aspecto de brujas y si alguno de ellos llevaría un cuchillo. La próxima vez que tuvo la pesadilla, cuando los monstruos estaban empezando a perseguirla, se paró y se dio la vuelta.

Necesitó un coraje enorme, su corazón latía tan fuerte que parecía que se le iba a salir del pecho, pero apoyó la espalda contra la pared y los miró de frente. Todos se detuvieron justo delante de ella y empezaron a dar saltos arriba y abajo, pero ninguno se acercó más. Eran cinco en total y cada uno de ellos se parecía a un animal. Uno era un oso gris que en lugar de zarpas de oso tenía unas largas uñas rojas, otro tenía cuatro ojos y el tercero tenía una herida en la mejilla. Mirados de frente tenían un aspecto menos monstruoso y se parecían más a dibujos en dos dimensiones, de esos que aparecen en los libros de cómics.

A continuación, poco a poco, comenzaron a desvanecerse.

Después mi amiga se despertó y ése fue el fin de sus pesadillas.

Existe una enseñanza que habla de los tres tipos de despertar: el despertar del sueño del dormir ordinario, el

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despertar del sueño de la vida al morir y el despertar del sueño de la ilusión a la plena iluminación. La enseñanza añade que cuando morimos, experimentamos la muerte como el despertar de un largo sueño. Cuando recibí esta enseñanza pensé en las pesadillas de mi amiga, y en ese instante se me ocurrió que si todo esto es realmente un sueño, podía dedicarlo a tratar de ver qué es lo que me da miedo en lugar de huir. No siempre me ha resultado fácil de hacer, aunque a lo largo del proceso he aprendido mucho sobre maitri.

Nuestros demonios personales tienen diversos disfraces. Los experimentamos como vergüenza, como celos, como abandono, como ira. Son cualquier cosa que nos haga sentirnos tan incómodos que tenemos que huir constantemente.

Nos escapamos a lo grande: expresamos nuestras emociones reprimidas, gritamos, damos un portazo, pegamos a alguien o tiramos un tiesto para no tener que enfrentar lo que está ocurriendo en nuestro corazón. U

ocultamos los sentimientos amortiguando de alguna manera el dolor. Podemos pasar toda la vida huyendo de los monstruos que viven en nuestra cabeza.

En todo el mundo la gente está tan ocupada corriendo de aquí para allá que olvidan disfrutar de la belleza que Ies rodea. Estamos tan acostumbrados a huir ciegamente hacia adelante que nos robamos los momentos de alegría.

Una vez soñé que estaba preparando una estancia para Khandro Rinpoche y que me apresuraba a limpiar y cocinar. De repente llegó el coche y allí estaba ella con sus

50 Pema Chödron – Cuando todo se derrumba asistentes. Cuando corrí a saludarles, Rinpoche sonrió y me preguntó: «¿Has visto salir el sol esta mañana?» Yo le respondí: «No, Rinpoche, no lo he visto. Estaba demasiado ocupada para ver el sol.» Ella se rió y me dijo: «¡Demasiado ocupada para vivir la vida!»

A veces parece que preferimos la oscuridad y la prisa.

Podemos protestar, quejarnos y estar enfadados durante mil años, pero aun en medio de la amargura y el resentimiento podemos vislumbrar la posibilidad de maitri. Oímos llorar a un niño u olemos el pan que alguien está haciendo; sentimos la frescura del aire o vemos el primer azafrán de primavera, y a pesar nuestro nos sentimos transportados por la belleza de nuestro propio patio trasero.

La forma de disolver nuestra resistencia a la vida es encontrarnos con ella cara a cara. Cuando nos sentimos molestos porque la habitación está demasiado caliente, podemos entrar en contacto con el calor y sentir su fogosidad y su pesadez. Cuando nos sentimos molestos porque la habitación está demasiado fría, podemos contactar con el frío y sentir cómo nos hiela. En lugar de quejarnos de la lluvia, podemos sentir su humedad.

Cuando nos preocupamos porque el viento hace temblar nuestra ventana, podemos conectar con él y escuchar sus sonidos.

Podemos hacernos el regalo de soltar nuestras expectativas porque no existe cura posible para el frío o el calor, seguirán presentándose siempre. Cuando hayamos muerto, el flujo y reflujo, las olas del mar, el día y la noche continuarán; así es la naturaleza de las cosas. Ser

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capaces de apreciar, ser capaces de mirar de cerca, ser capaces de abrir nuestra mente: ése es el núcleo de maitri.

La polución de los ríos y del aire, las guerras familiares y nacionales, los vagabundos sin hogar llenando las autopistas... son los signos tradicionales de una era de oscuridad. Otro de los signos es que las personas están envenenadas por las dudas respecto a sí mismas, y se vuelven cobardes.

Practicar el amor compasivo hacia nosotros mismos parece una buena forma de empezar a iluminar la oscuridad de los tiempos difíciles.

Estar preocupado por la autoimagen es como ser ciego y sordo; como estar en medio de un gran campo de flores silvestres con una capucha cubriéndonos la cabeza; como estar ante un árbol lleno de pájaros cantores con tapones en los oídos.

En todas las naciones, en todas partes, hay mucho resentimiento y mucha resistencia a la vida; es como una plaga fuera de control que está envenenado la atmósfera del mundo. Llegados a este punto, puede ser sabio reflexionar sobre lo que estamos comentando y empezar a pillarle el truco al amor compasivo.

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CAPÍTULO 6



N o h a c e r d a ñ o



Hacer una pausa en lugar de llenar inmediatamente el espacio es una experiencia transformadora. Cuando esperamos, empezamos a conectar tanto con la inquietud fundamental como con la amplitud fundamental.



NO HACER DAÑO ABARCA, , evidentemente, no matar, no robar y no mentir a la gente. Pero también incluye no ser agresivos: no ser agresivos en nuestras acciones, en nuestro discurso o en nuestra mente. La más importante de las enseñanzas budistas sobre el poder curativo de la no agresión es aprender a no hacernos daño a nosotros mismos ni a los demás.

La base de la sociedad iluminada es no dañarnos a nosotros mismos ni a los demás al principio, en el medio y al final. Para crear un mundo sano, hemos de empezar creando ciudadanos sanos, y esos ciudadanos somos nosotros mismos. La agresión más grave hacia nosotros mismos, el daño más fundamental que podemos hacernos es permanecer en la ignorancia por no tener el coraje y el respeto de mirarnos a nosotros mismos honesta y delicadamente.

El requisito para no hacernos daño es permanecer atentos, una sensación de ver lo que estamos viendo claramente, con respeto y compasión. Esto es lo que nos

54 Pema Chödron – Cuando todo se derrumba ensena la práctica básica. Pero la atención no se detiene en la meditación formal, sino que nos ayuda a relacionarnos con todos los detalles de nuestra vida. Nos ayuda a ver, oír y oler sin cerrar los ojos, los oídos ni las narices. Relacionarnos honestamente con la inmediatez de nuestra propia experiencia y respetarnos lo suficiente como para no juzgarnos es un largo camino que dura toda la vida.

A medida que nos comprometemos más plenamente con este camino de honestidad, resulta muy chocante darnos cuenta de hasta qué punto estamos ciegos a nuestras formas de hacer daño. Es algo que tenemos tan integrado que no podemos oír que los demás traían de decirnos, nula 0 delicadamente, que quizá estamos haciendo daño a algo o a alguien con nuestra forma de ser y de relacionarnos. Estamos tan acostumbrados a nuestra forma de hacer las cosas que de alguna forma pensamos que los demás también están acostumbrados a ella.

Tomar conciencia de cómo dañamos a los demás es doloroso y requiere tiempo. Este camino es posible gracias a nuestro compromiso con la suavidad y la honestidad, a nuestro compromiso de permanecer despiertos, de estar atentos. La atención nos permite ver nuestro deseo y nuestra agresividad, nuestros celos y nuestra ignorancia.

Pero no hacemos nada con ellos, simplemente los vemos; la atención es lo que nos permite verlos.

El siguiente paso es refrenarse. La atención es la base y el camino es refrenarse. Refrenarse es una de esas palabras rígidas que suenan un poco represoras. Pensamos que seguramente las personas vivas, jugosas e interesantes no

Pema Chödron – Cuando todo se derrumba 55

se refrenarían. Quizá se refrenasen de vez en cuando, pero no harían de ello su estilo de vida. Sin embargo, en este contexto, el refrenamiento es en gran medida el método empleado para hacerse una persona dhármica. Refrenarse es la cualidad de no buscar entretenimiento en el momento en que nos sentimos ligeramente invadidos por el aburrimiento, es la práctica de no rellenar inmediatamente el espacio porque hay una brecha.

Una vez me dieron una práctica de meditación muy interesante que combinaba la atención y el refrenamiento.

Se nos dijo que debíamos notar cuáles eran nuestros movimientos físicos cuando nos sintiéramos incómodos.

Yo empecé a notar que cuando estaba incómoda hacía ciertas cosas, como estirarme la oreja, rascarme la cabeza o la nariz aunque no me picaran, y enderezar el cuello.

Hacía todo tipo de pequeños movimientos saltarines y nerviosos cuando empezaba a sentirme insegura. Nuestras instrucciones eran que debíamos tratar de no cambiar nada y de no criticarnos por lo que estuviéramos haciendo; simplemente debíamos ver que lo hacíamos.

Una de las formas de entrar en contacto con la ausencia de suelo bajo los pies es percibir cómo tratamos de evitarlo. Refrenarse —no actuar siguiendo un hábito cuando notamos un impulso— tiene que ver con renunciar a la mentalidad del entretenimiento. AI refrenarnos, vemos que hay algo entre el surgimiento del anhelo —o la agresión, o la soledad, o lo que sea— y cualquier acción resultante. Hay algo en nosotros que no queremos

experimentar

y,

de

hecho,

no

lo

experimentamos porque actuamos muy rápidamente.

56 Pema Chödron – Cuando todo se derrumba Debajo de nuestras vidas ordinarias, debajo de todo lo que hablamos, de todo lo que nos movemos, de todos los pensamientos de nuestra mente, hay una fundamental falta de suelo bajo los pies. Esta ausencia está allí, borboteando constantemente; la experimentamos como inquietud y nerviosismo, y también como miedo. Es lo que motiva la pasión sexual, la agresión, la ignorancia, los celos y el orgullo, pero nunca descendemos hasta su esencia.

Refrenarse es el método que permite llegar a conocer la naturaleza de la inquietud y del miedo, es un método para asentarse en esa falta de suelo bajo los pies. Si nos entretenemos inmediatamente con charlas, actos, pensamientos —si no hacemos ninguna pausa— nunca podremos relajarnos. Pasaremos toda la vida acelerados, siempre seremos lo que mi abuelo llamaba un buen caso de espasmo nervioso. Refrenarse es la forma de hacerse amigo de uno mismo al nivel más profundo posible.

Podemos empezar a relacionarnos con lo que está debajo de las burbujas, de los pedos y eructos, de todo el material que se expresa como rigidez, control, comportamiento manipulativo o lo que sea. Por debajo de todo eso hay algo suave, muy tierno, que experimentamos como miedo o nerviosismo.

Había una vez una joven guerrera. Su profesora le dijo que tenía que luchar con el miedo, pero ella no quería hacerlo. Le parecía algo demasiado agresivo, temerario; le parecía poco amistoso. Pero la profesora insistió y le dio las instrucciones para su batalla. Llegado el día, la estudiante estaba de pie en un lado y el miedo estaba al

Pema Chödron – Cuando todo se derrumba 57

otro lado. La guerrera se sentía muy pequeña y el miedo parecía muy grande e iracundo. Ambos tenían asidas sus armas. La joven guerrera se levantó, fue hacia el miedo, se postró tres veces ante él y le preguntó: «¿Me das permiso para entrar en esta batalla contigo?» El miedo dijo:

«Gracias por mostrar tanto respeto al pedirme permiso.»

La joven guerrera volvió a preguntar: «¿Cómo puedo derrotarte?» Y el miedo replicó: «Mis armas son que hablo muy rápido y me sitúo muy cerca de tu cara. Entonces te pones muy nerviosa y haces lo que te digo. Si no hicieses lo que te digo, no tendría ningún poder. Puedes escucharme y puedes respetarme, puedo incluso conven-certe con mis argumentos; pero si no haces lo que te digo, no tengo poder.» De esta forma la estudiante guerrera aprendió a derrotar al miedo.

Así es como funcionan las cosas en la realidad.

Tenemos que sentir cierto respeto por el nerviosismo, tenemos que comprender que nuestras emociones tienen el poder de hacernos dar vueltas en círculos. Dicha comprensión nos ayuda a descubrir cómo aumentamos nuestro dolor y confusión, cómo nos dañamos a nosotros mismos. Por medio de nuestra bondad básica, de nuestra sabiduría básica, de nuestra inteligencia básica, podemos dejar de hacernos daño a nosotros mismos y a los demás.

La atención nos permite ver las cosas cuando surgen, y la comprensión nos permite no aceptar la reacción en cadena que las hace tomar una dimensión incontrolada.

Mantenemos las cosas en su tamaño diminuto; las mantenemos pequeñas. No se expanden hasta convertirse en la Tercera Guerra Mundial ni derivan en violencia

58 Pema Chödron – Cuando todo se derrumba doméstica. Y todo ello viene de aprender a detenernos un momento, de aprender a no repetir las cosas impulsivamente una y otra vez. Detenerse un momento en lugar de llenar el espacio de manera inmediata es una experiencia

transformadora.

Cuando

esperamos,

comenzamos a conectar con la inquietud fundamental y con la amplitud fundamental.

Así es como dejamos de hacer daño. Empezamos a conocernos completamente y a respetarnos. Podemos permitir que ocurra cualquier cosa; podemos encontrarnos con cualquier cosa sentada en el comedor de casa sin perder el control. Hemos sido procesados completamente por el autoconocimiento, procesados por esta atención honesta y delicada.

Este proceso nos conecta con el fruto de no hacer daño, que es un bienestar fundamental de cuerpo, discurso y mente. El bienestar corporal es como una montaña, y en una montaña ocurren muchas cosas: graniza, soplan los vientos, llueve y nieva. El sol la calienta mucho con sus rayos, las nubes pasan, los animales defecan y orinan en ella, y la gente también. Alguna gente deja sus basuras por allí y otros las recogen. En la montaña vienen y van muchas cosas, pero ella siempre permanece allí. Cuando nos hemos visto completamente, hay una quietud en el cuerpo que es como una montaña. Ya no damos saltos ni tenemos que rascarnos la nariz, tirarnos de la oreja, golpear a alguien, ir corriendo de un lado a otro o beber para olvidar. El resultado de una relación óptima con nosotros mismos es que permanecemos tranquilos, lo que no significa que no corramos, saltemos o bailemos.

Pema Chödron – Cuando todo se derrumba 59

Significa que no hay compulsión. Ya no trabajamos en exceso, no comemos en exceso, no fumamos en exceso y no seducimos en exceso. En resumen, empezamos a dejar de hacer daño.

El bienestar del discurso es como un laúd sin cuerdas.

Aun sin cuerdas, este instrumento musical habla por sí mismo. Esta imagen quiere indicar que nuestro discurso se asienta, lo cual no significa que lo controlemos, que seamos rígidos o que tratemos de no decir cosas equivocadas. Más bien significa que nuestro discurso es directo y disciplinado. No comenzamos a soltar palabras simplemente porque nadie habla y nos ponemos nerviosos; tampoco parloteamos como urracas o cuervos.

Ya lo hemos oído todo: hemos sido insultados y hemos sido alabados, sabemos lo que es estar en situaciones en las que todo el mundo está enfadado y en las que todo el mundo está pacífico. Nos sentimos en casa en el mundo porque nos sentimos en casa con nosotros mismos, por eso no tenemos la sensación de tener que dar curso a las palabras por hábito o por estar nerviosos. Nuestro discurso está domesticado, y cuando hablamos, comunicamos. No echamos a perder este don expresando nuestra neurosis.

El bienestar mental es como un plácido lago de montaña en el que no se levantan olas. Cuando no hay olas el agua es transparente, pero cuando el agua está agitada no se puede ver nada. El lago sereno es una imagen de nuestra mente en paz, tan amistosa con todas las basuras del fondo del lago que no necesitamos agitar sus aguas para evitar mirar lo que hay allí abajo.

60 Pema Chödron – Cuando todo se derrumba No hacer daño requiere estar despierto. Parte de estar despiertos es ralentizarnos lo suficiente como para tomar conciencia de lo que decimos y hacemos. Cuanto más vemos nuestras reacciones emocionales en cadena y entendemos su funcionamiento, más fácil es refrenarse.

Estar despierto, ralentizarse y percibir se convierten en un estilo de vida.

En la raíz de todo el mal que causamos está la ignorancia, y empezamos a deshacerla a través de la meditación. Cuando nos damos cuenta de que no ponemos atención, de que raras veces nos refrenamos, de que apenas tenemos bienestar, eso no es confusión sino el principio de la claridad. A medida que transcurren los momentos de nuestras vidas, nuestra habilidad de hacernos los sordos, ciegos y mudos deja de funcionar. Y

lo interesante de este proceso es que, en lugar de hacernos más rígidos, nos libera. Es la liberación que surge naturalmente cuando estamos completamente aquí, sin ansiedad, ante la imperfección.

Pema Chödron – Cuando todo se derrumba 61



CAPÍTULO 7

D e s e s p e r a n z a y m u e r t e



Si estamos dispuestos a renunciar a la esperanza de que la inseguridad y el dolor pueden ser exterminados, entonces podemos reunir el coraje de relajarnos en nuestra situación sabiendo que no podemos aferramos a nada. Este es el primer paso del camino.



ORIENTAR LA MENTE HACIA EL DHARMA no te aportará seguridad ni certeza. Volver tu mente hacia el dharma no te aporta una base sobre la que descansar. De hecho, cuando tu mente se vuelve hacia el dharma, reconoces sin miedo la impermanencia y el cambio, y empiezas a pillarle el truco a la desesperanza.

En tibetano hay una palabra interesante: ye tan ta g che

h .

Ye

Y significa «totalmente, completamente», y el resto de la palabra significa «exhausto». En conjunto, ye tan ta g che

h

significa «totalmente agotado», o también podríamos decir

«completamente harto». Describe una experiencia de total desesperanza, de renunciar a la esperanza completamente.

Este es un punto importante, es el principio del principio.

Si no renunciamos a la esperanza —de que hay otro lugar mejor en el que estar, de que tenemos que ser otra persona mejor— nunca nos relajaremos en el dónde estamos y en quiénes somos.

Podríamos decir que la palabra atención señala el hecho de ser uno con nuestra experiencia, de no estar disociados, de estar allí mismo cuando nuestra mano toca la manilla

62 Pema Chödron – Cuando todo se derrumba de la puerta, cuando suena el teléfono o surgen todo tipo de sentimientos. La palabra atención describe el hecho de estar donde estamos. Ye tang che, sin embargo, no se digiere tan fácilmente. Expresa la renuncia esencial del camino espiritual.

Pensar que finalmente podemos tenerlo todo en orden no es realista. Buscar una seguridad duradera es fútil.

Deshacer nuestros patrones habituales, tan antiguos y arraigados, requiere poner del revés a algunas de nuestras suposiciones más básicas. Creer en un yo sólido y separado que busca continuamente el placer y evita el dolor, pensar que alguien «ahí fuera» tiene la culpa de nuestro dolor...

uno tiene que hartarse completamente de esta manera de pensar. Uno tiene que renunciar a la esperanza de que esta forma de pensar le aportará satisfacción. El sufrimiento empieza a disolverse cuando cuestionamos la creencia o la esperanza de que hay algún lugar donde ocultarse.

Desesperanza significa que ya no tenemos el coraje de mantener nuestra fantasía de una pieza. Quizá sigamos deseando mantenerla, anhelemos tener un suelo fiable y cómodo bajo los pies, pero hemos intentado mil formas de ocultarnos y mil formas de atar los cabos sueltos, y el suelo bajo nuestros pies sigue moviéndose. Tratar de conseguir una seguridad duradera nos enseña muchas cosas, porque, si no lo intentamos, nunca nos daremos cuenta de que no se puede hacer. Orientar nuestra mente hacia el dharma acelera este proceso de descubrimiento.

Cada vez volvemos a darnos cuenta de que no hay esperanza posible: no podemos ponernos ningún suelo bajo los pies.

Pema Chödron – Cuando todo se derrumba 63

La diferencia entre el teísmo y el ateísmo no es si uno cree o no cree en Dios, y es una cuestión aplicable a todo el mundo, tanto budistas como no budistas. El teísmo es una profunda convicción de que hay una mano a la que agarrarse: si hacemos las cosas adecuadas, alguien nos apreciará y cuidará de nosotros. Implica pensar que siempre habrá una niñera disponible cuando la necesitemos, y así tendemos a abdicar de nuestras responsabilidades y a delegar nuestra autoridad en algo externo a nosotros. El ateísmo es relajarse en la ambigüedad e incertidumbre del momento presente sin tratar de echar mano de algo que nos proteja. A veces pensamos que el dharma es algo fuera de nosotros, algo en lo que creer, algo que alcanzar. Pero el dharma no es una creencia ni es un dogma; es la apreciación total de la impermanencia y el cambio. Las enseñanzas se desintegran cuando tratamos de agarrarlas, tenemos que experimentarlas sin esperanza. Mucha gente valerosa y compasiva las ha experimentado y enseñado. El mensaje es intrépido, el dharma nunca estuvo destinado a ser una creencia que pudiéramos seguir ciegamente, no nos da nada a lo que agarrarnos.

El ateísmo es tomar plena conciencia de que no hay ninguna niñera con la que puedas contar. Cuando consigues un buen niñero o niñera, al poco tiempo se va.

El ateísmo es darse cuenta de que no son sólo las niñeras las que vienen y van. Toda la vida es así. Ésa es la verdad, y la verdad resulta incómoda.

Pero para quienes buscan algo a lo que aferrarse, la vida es todavía más incómoda. Desde este punto de vista, el

64 Pema Chödron – Cuando todo se derrumba teísmo es una adicción: todos somos adictos a la esperanza, a la esperanza de que la duda y el misterio desaparecerán.

Esta adicción tiene un efecto doloroso en la sociedad, y una sociedad basada en muchas personas adictas a tener un suelo bajo los pies no es un lugar muy compasivo.

La primera noble verdad del Buda es que el hecho de sufrir no indica necesariamente que algo esté equivocado.

¡Que alivio!

Por fin alguien dijo la verdad. El sufrimiento es parte de la vida y no tenemos que sentir que ocurre porque hemos hecho un movimiento equivocado a nivel personal.

Pero, en la realidad, cuando sufrimos, solemos pensar que algo está mal. Mientras seamos adictos a la esperanza sentiremos que podemos matizar nuestra experiencia, o animarla, o cambiarla de alguna manera, y seguiremos sufriendo mucho.

En tibetano, esperanza se dice rewa y miedo se dice dokpa, pero la palabra más utilizada es re-dok, que es una combinación de ambas. Esperanza y miedo es un sentimiento que tiene dos bandas. Mientras una esté presente, también lo estará la otra. Este re-dok, esperanza-miedo, es la raíz de nuestro dolor. En el mundo de la esperanza y del miedo siempre tenemos que cambiar de ca n al , s i em pr e tenemos que cam b iar de temperatura, de música, porque algo nos resulta incómodo, algo está inquieto, algo está empezando a doler y continuamos buscando alternativas.

En un estado mental no teísta, abandonar la esperanza es afirmarse, y ése es el principio del principio. Puedes

Pema Chödron – Cuando todo se derrumba 65

poner la frase: «Abandona la esperanza» en la puerta de tu frigorífico, en lugar de otras aspiraciones más convencionales como: «Voy mejorando cada día de todas las formas posibles.»

La esperanza y el miedo surgen del sentimiento de que estamos incompletos; surgen de un sentimiento de pobreza. No podemos relajarnos con nosotros mismos sin más. Nos aferramos a la esperanza, y la esperanza nos roba el momento presente. Sentimos que debe haber alguien que sepa lo que está ocurriendo, pero que a nosotros nos falta algo y por tanto hay algo que falta en nuestro mundo.

En lugar de permitir que la negatividad se lleve lo mejor de nosotros, podemos reconocer que en este mismo momento estamos por los suelos y no ser quisquillosos a la hora de echar un vistazo a lo que pasa. Es lo más compasivo y lo más valiente que podemos hacer. Podemos oler nuestra porquería, sentirla; ¿qué textura, qué color y qué forma tiene?

Podemos explorar la naturaleza de la porquería; podemos conocer la naturaleza del disgusto, de la vergüenza, del azora-miento y no creer que haya nada malo en ellos. Podemos abandonar la esperanza fundamental de que hay otro «yo» mejor dentro de nosotros que emergerá algún día. No podemos saltar por encima de nosotros mismos como si no estuviéramos allí.

Es mejor echar una mirada directamente a todas nuestras esperanzas y miedos básicos. Entonces surge una especie de confianza en nuestra cordura fundamental.

66 Pema Chödron – Cuando todo se derrumba Y aquí es donde la renuncia entra en escena: renuncia a la esperanza de que nuestra experiencia podría ser diferente y renuncia a la esperanza de que podríamos ser mejores. Las reglas monásticas budistas que aconsejan renunciar al licor, al sexo, etc., no señalan que dichas cosas sean malas o inmorales, sino que las usamos como niñeras. Las empleamos como una forma de escapar; las empleamos para sentirnos cómodos y distraernos. El verdadero objeto al que renunciamos es la tenaz esperanza de que se nos puede salvar de ser quienes somos. La renuncia es una enseñanza que nos inspira a investigar lo que está ocurriendo cada vez que nos aferramos a algo porque no podemos soportar enfrentar lo que viene hacia nosotros.

Una vez viajé en avión junto a un hombre que interrumpía una y otra vez nuestra conversación para tomar diversas píldoras. Cuando le pregunté: «¿Qué estás tomando?», me respondió que eran tranquilizantes. Le dije: «¿Estás nervioso?» y me contestó: «No, ahora no, pero cuando llegue a casa sí que voy a estarlo.»

Puedes reírte de esta historia, pero ¿qué pasa contigo cuando empiezas a sentirte incómodo e inestable? Percibe tu pánico y el momento en que instantáneamente echas mano de algo. Ese agarrarte a algo está basado en la esperanza; no agarrarse a nada es perder la esperanza.

Si la esperanza y el miedo son los dos lados de la misma moneda, también lo son la desesperanza y la confianza. Si estamos dispuestos a renunciar a la esperanza de que la inseguridad y el dolor pueden ser eliminados, entonces podemos reunir el coraje suficiente para relajarnos en la ausencia de una base sólida que caracteriza nuestra

Pema Chödron – Cuando todo se derrumba 67

situación. Este es el primer paso del camino. Si no nos interesa ir más allá del miedo y de la esperanza, no tiene sentido tomar refugio en el Buda, en el dharma y en la stingha

h .

a Tomar refugio en el Buda, en el dharma y en la sangha tiene que ver con renunciar a la esperanza de contar con un suelo bajo los pies. Estamos preparados para tomar refugio cuando este tipo de enseñanza —nos sintamos completamente abiertos a ella o no— sea para nosotros como oír algo vagamente familiar, como el niño que se encuentra con su madre después de una larga separación.

La desesperanza es el fundamento, de otro modo haremos el camino con la esperanza de conseguir alguna seguridad, y si hacemos el camino para conseguir seguridad, perdemos su sentido completamente. Podemos hacer nuestra práctica meditativa con la esperanza de conseguir seguridad; podemos estudiar las enseñanzas con la esperanza de conseguir seguridad; podemos seguir las directrices e instrucciones con la esperanza de conseguir seguridad; pero si buscamos seguridad, toda nuestra práctica sólo nos llevará a la decepción y al dolor.

Podemos ahorrarnos mucho tiempo tomándonos este mensaje en serio ahora mismo. Empieza el viaje sin esperanzas de ponerte un suelo bajo los pies, empieza el camino sin esperanza.

Toda ansiedad, toda insatisfacción, todas las razones para esperar que nuestra experiencia podría ser diferente de lo que es, están enraizadas en nuestro miedo a la muerte. El miedo a la muerte siempre es el trasfondo.

Como dijo el maestro Zen Shunryu Suzuki Roshi, la vida

68 Pema Chödron – Cuando todo se derrumba es como montarse en una barca que va a salir a navegar al mar y se va a hundir. Pero, por mucho que hayas oído hablar de la muerte, es muy duro creer en tu propia muerte. Aunque muchas prácticas espirituales nos aconsejan tomarnos la muerte en serio, es sorprendente lo difícil que resulta dejarlas llegar. La única cosa con la que verdaderamente podemos contar resulta increíblemente lejana para todos nosotros. No llegamos a afirmar descaradamente: «De ninguna manera, no me voy a morir”, porque evidentemente sabemos que sí, pero está claro que será después. Ésta es la mayor de las esperanzas.

Trungpa Rinpoche dio una vez una conferencia pública titulada: «La muerte en la vida cotidiana.» Hemos sido criados en una cultura que teme la muerte y nos la oculta.

Sin embargo, la experimentamos constantemente, la experimentamos en forma de decepciones, de cosas que no funcionan. La experimentamos en la forma de que todas las cosas están en un proceso de continuo cambio. El final del día, el final de un segundo, la espiración... eso es la muerte en la vida cotidiana.

También podríamos definir la muerte en la vida cotidiana como la experiencia de todas las cosas que no deseamos: nuestro matrimonio no funciona, nuestro empleo no se estabiliza. Tener una relación con la muerte en la vida cotidiana significa que empezamos a ser capaces de esperar, de relajarnos en la inseguridad, en el pánico, en la vergüenza, en las cosas que no funcionan. A medida que pasan los años, no llamamos a la niñera tan rápidamente.

Pema Chödron – Cuando todo se derrumba 69

La muerte y la desesperanza nos proporcionan la motivación adecuada para vivir una vida llena de entendimiento y compasión. Pero casi todo el tiempo nuestra principal motivación es defendernos de la muerte.

Habitualmente tratamos de defendernos de cualquier sensación problemática, siempre estamos intentando negar que el cambio es algo natural, que la arena se desliza entre nuestros dedos. El tiempo pasa. Es algo tan natural como el cambio de estaciones o que el día se convierta en noche. Pero envejecer, enfermar, perder a los seres queridos, no solemos considerarlos eventos naturales. Pase lo que pase queremos defendernos de la muerte.

Cuando algo nos recuerda la muerte, sentimos pánico.

No es que simplemente nos hayamos cortado el dedo, que la sangre fluya y que nos pongamos una tirita. Siempre añadimos algo más, algo de nuestra cosecha personal.

Algunos nos sentamos estoicamente y sangramos sobre nuestra ropa. Otros nos ponemos histéricos; no sólo nos ponemos una tirita, sino que llamamos a la ambulancia y vamos al hospital. Hay quien se pone tiritas de diseño.

Pero, sea cual sea nuestro estilo, no es algo simple, no es algo desnudo y sin artificio.

¿Podemos volver a lo desnudo y sin artificio? ¿Podemos volver atrás? Este es el principio del principio: lo desnudo y sin artificio, nuestro viejo y conocido dedo sangrante.

Volver a lo recto, a lo íntegro, a los mínimos de lo desnudo y sin artificio. Relajarnos en el momento presente, relajarnos en la ausencia de esperanza, relajarnos en la muerte, no resistirnos al hecho de que las cosas se acaban, de que las cosas pasan, de que no tienen sustancia

70 Pema Chödron – Cuando todo se derrumba duradera, de que todo está cambiando constantemente: éste es el mensaje básico.

Cuando hablamos de la desesperanza y de la muerte estamos hablando de enfrentar los hechos, de no escaparnos. Puede que sigamos teniendo adicciones de todo tipo, pero dejamos de creer que vayan a darnos la felicidad. Muchas veces hemos cedido a nuestra adicción a la gratificación inmediata; lo hemos hecho tantas veces que aferramos a la esperanza ha pasado de ser un placer a corto plazo a convertirse en un infierno a largo plazo.

Renunciar a la esperanza te anima a quedarte contigo mismo, a ser tu propio amigo, a no huir de ti mismo, a volver a lo simple y sin artificio, pase lo pase. El telón de fondo de toda esta cuestión es el miedo a la muerte: es lo que nos inquieta, lo que nos hace sentir pánico, lo que nos pone ansiosos. Pero si experimentamos completamente la desesperanza, renunciando a toda alternativa al momento presente, podemos tener una relación alegre con nuestras vidas, una relación honesta y directa, una relación que ya no ignore la realidad de la impermanencia y de la muerte.

Pema Chödron – Cuando todo se derrumba 71



CAPÍTULO 8



L o s o c h o d h a r m a s

m u n d a n o s



Puede que sintamos la necesidad de erradicar de alguna manera los sentimientos de placer y dolor, de pérdida y ganancia, de alabanza y culpabilidad, de fama y ofensa.

Pero otro planteamiento más práctico es el de llegar a conocer estos sentimientos, ver cómo nos enganchan, ver cómo colorean nuestra percepción de la realidad, ver que no son tan sólidos. Entonces, los ocho dharmas mundanos se convierten en un medio para hacernos más sabios, más buenos y más alegres.



UNA DE LAS ENSEÑANZAS clásicas del budismo sobre el miedo y la esperanza trata de lo que se conoce como los ocho dharmas mundanos. Son cuatro pares de opuestos: cuatro cosas que nos gustan y a las que nos apegamos y cuatro cosas que no nos gustan y tratamos de evitar. El mensaje básico es que cuando nos vemos pillados en los ocho dharmas mundanos, sufrimos.

En primer lugar, nos gusta el placer y nos aferramos a él. Por el contrario, nos disgusta el dolor. En segundo lugar, nos gustan las alabanzas y nos apegamos a ellas; tratamos de evitar las críticas y la culpa. Tercero, nos gusta y estamos apegados a la fama; nos disgusta el oprobio y tratamos de evitarlo. Finalmente, estamos

72 Pema Chödron – Cuando todo se derrumba apegados a la ganancia, a conseguir lo que deseamos, y no nos gusta perder lo que tenemos.

Según esta sencilla enseñanza, sumergirnos en los cuatro pares de opuestos —placer y dolor, pérdida y ganancia, fama y oprobio, alabanza y culpa— es lo que nos mantiene atascados en el dolor del samsara.

Cuando nos sentimos bien, nuestros pensamientos suelen versar sobre cosas que nos gustan: alabanzas, ganancia, placer y fama. Cuando nos sentimos incómodos, irritables y hartos, es probable que nuestros pensamientos y emociones den vueltas alrededor de cosas como el dolor, la pérdida, el oprobio o la culpa.

Tomemos, por ejemplo, la alabanza y la culpa. Alguien se acerca a ti y te dice: «Eres un viejo.» Si se da la circunstancia de que deseas ser viejo, te sentirás estupendamente. Sientes que acabas de ser alabado, lo cual te da una tremenda sensación de placer, de ganancia y de fama. Pero supon que has estado obsesionado durante años con quitarte las arrugas y la papada. Cuando alguien te dice que «eres viejo» te sientes insultado y consecuentemente tienes una sensación de dolor.

Aunque no hablásemos más de esta enseñanza concreta, ya podríamos ver que muchos de los vaivenes de nuestro humor están relacionados con nuestra forma de interpretar lo que sucede. Si miramos de cerca nuestros cambios de humor nos daremos cuenta de que siempre hay algo que los pone en marcha. Llevamos con nosotros una realidad subjetiva que activa constantemente nuestras reacciones emocionales. Alguien nos dice: «Eres viejo», y

Pema Chödron – Cuando todo se derrumba 73

entramos en un estado mental concreto, nos sentimos felices o tristes, alegres o enfadados. Para otra persona la misma experiencia podría ser absolutamente neutral.

Hablamos, recibimos cartas, hacemos llamadas telefónicas,comemos, encontramos

o

dejamos

de

encontrar lo que buscamos. Nos despertamos por la mañana, abrimos los ojos y van pasando cosas durante todo el día hasta que nos vamos a dormir. Durante el sueño también ocurren muchas cosas. A lo largo de toda la noche nos encontramos con la gente y los sucesos de nuestros sueños. ¿Cómo reaccionamos a lo que pasa?

¿Estamos apegados a algunas experiencias? ¿Rechazamos y evitamos otras? ¿Hasta qué punto estamos en manos de estos ocho dharmas mundanos?

Lo irónico del caso es que somos nosotros los que despertamos los ocho dharmas mundanos, y lo hacemos en reacción a lo que nos ocurre en el mundo. Los dharmas no son nada concreto en sí mismos. Y lo que es todavía más extraño es que nosotros mismos tampoco somos muy sólidos. Nos formamos un concepto de nosotros mismos que vamos reconstruyendo momento a momento, y tenemos el reflejo de intentar protegerlo. Pero la idea misma de protegerlo es cuestionable porque el concepto que tenemos de nosotros mismos hace «mucho ruido y da pocas nueces»; es como tratar de manejar una ilusión que desaparece.

Puede que sintamos la necesidad de erradicar los sentimientos de placer y dolor, de pérdida y ganancia, de alabanza y culpabilidad, de fama y ofensa. Sin embargo, otro planteamiento mucho más práctico es el de llegar a

74 Pema Chödron – Cuando todo se derrumba conocerlos y ver cómo nos enganchan, ver cómo colorean nuestra percepción de la realidad, ver que no son tan sólidos. Entonces, los ocho dharmas mundanos se convierten en el medio para hacernos más sabios, mejores y más alegres.

Para empezar, en la meditación notamos que las emociones y los estados de ánimo estén conectados con haber perdido o ganado algo, con haber sido alabados o culpados, y así sucesivamente. Podemos percibir que lo que comienza como un simple pensamiento, una simple cualidad energética, florece rápidamente en un placer o dolor plenamente desplegados. Evidentemente, debemos tener cierta valentía, porque lo que nos gusta es que todo lo que surja esté en el lado del placer / alabanza / fama /

ganancia. Nos gusta asegurarnos de que todo sale a nuestro favor. Pero cuando miramos de verdad, vemos que no tenemos ningún control en absoluto sobre lo que ocurre. Sólo tenemos todo tipo de cambios de humor y de reacciones emocionales que vienen y van incesantemente.

Algunas veces nos vamos a encontrar completamente atrapados en el dharma. Nos sentimos tan enfadados como si alguien hubiera entrado en nuestra habitación y nos hubiera dado una torta en la cara. A continuación puede que se nos ocurra pensar: «Espera un momento, ¿qué está pasando aquí?» Entonces lo miramos de cerca y vemos que hemos sentido que perdíamos algo o que hemos sido insultados. No sabemos de dónde procede tal pensamiento, pero nos vemos, una vez más, atrapados en los ocho dharmas mundanos.

Pema Chödron – Cuando todo se derrumba 75

En el momento mismo que sentimos esa energía, podemos hacer lo posible por disolver el pensamiento y darnos un respiro. Más allá de todo ese follón está el ancho cielo. Allí mismo, en medio de la tempestad, podemos soltar y relajarnos.

O también podemos estar totalmente atrapados en una fantasía deliciosa y placentera. Cuando la miramos, vemos que, de repente, sentimos que hemos ganado algo, que hemos adquirido algo, hemos sido alabados por algo. Lo que surge está fuera de nuestro control, es totalmente impredecible, como las imágenes de un sueño. Pero surge y volvemos a estar enganchados en los ocho dharmas mundanos.

La raza humana es muy predecible. Surge un pequeño pensamiento, se desarrolla y antes de que sepamos qué es lo que nos ha impactado, nos vemos atrapados en la esperanza y el miedo.

En el siglo VI

V II

I un hombre notable introdujo el budismo en Tíbet. Se llamaba Padmasambhava, el nacido del loto, y también se le conoce por el nombre de Gurú Rinpoche. La leyenda dice que simplemente apareció una mañana sentado en un loto en medio de un lago. Se dice que este niño tan especial nació completamente despierto, sabiendo desde el primer momento que los fenómenos —

internos y externos— no tienen realidad alguna. Lo que no sabía era cómo funcionaban las cosas cotidianas del mundo.

Era un niño muy perspicaz, y el primer día ya se dio cuenta de que su irradiación y belleza atraían a todo el

76 Pema Chödron – Cuando todo